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Full text of "Rius Fascius Antonio Mejico Cristero"

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Antonio Ríus Facius 


MEJICO 
CRISTERO 


HISTORIA DE LA ACJM 
1925 a 1931 


Grabado en madera de la camisa y viñetas de 


ANGEL ZAMARRIPA 


EDITORIAL PATRIA, S. A. 
Av. Uruguay 25-29 Apartado 784 
MEXICO, D. F. 
- - MCMLX 


ADIOS 


Poned un crespón fúnebre al pie del asta rota... 
Que los clarines trémulos inicien un “adiós”: 
La Guardia está de luto... su enseña ya no flota, 
la enseña que no supo de vientos de derrota 
fue a desplegar sus ínclitos jirones ante Dios. 


Marchósenos el jefe que resumió en sí mismo 
la gesta fulgurante de aquella Juventud: 
la gesta prodigiosa de trágico heroísmo. 
que desafiara en Méjico al monstruo del abismo, 
reposa para siempre... reposa en su ataúd. 


Era credo viviente del acejotaemero: 
un credo de combate, magnífico y leal; 
firme, gallardo, rápido y limpio como acero... 
Por eso lo despiden la salva del cristero, 
el canto de los mártires y el Himno Nacional. 


Redoblen los tambores con sones apagados; 
un intimo sollozo desgarre el corazón; 
recíbanlo con júbilo los mártires cruzados... 
Y guarden reverentes, los campos desolados, 
jel eco moribundo del último león! 


Junio J. Vértiz, S.J. 


Á mu gumi Japewino Laia Tu m, finti 
Simo anugo ¿te Vedamoriao de akiba) pot da terfuación Hen! ta 


da bat dei Raraasdo D Y 


Mexico 1° 4 bend, de és 


R. P. Bernardo Bergoénd, S. J., fundador y asistente eclesiástico general de. la ` 
Asociación Católica de la Juventud Mejicana, crisol de mártires y héroes de la epo- 
peya cristera, fallecido en la ciudad de Méjico el dia 7 de octubre de 1943. E 


CONSPIRACION CONTRA-LA IGLESIA 


El perfil de la persecución.—Primeros escarceos pe- 
riodísticos.—El rigorismo de la ley. 


El perfil de la persecución.—La Revolución mejicana había deri- 
vado, por natural inercia, a un sistema organizado de persecución reli- 
giosa. Obregón primero y Calles después, trataron de ajustar su go- 
bierno a los postulados materialistas preconizados por la revolución, 
contrarios a la existencia de la fe; y como Méjico es un país predomi» 
nantemente católico, era claro que sus ataques fuesen dirigidos contra 
el catolicismo. 

La masonería y el protestantismo yanquis simpatizaron abierta- 
mente con esta política de opresión, que minaba la unidad del pueblo” 
y lo hacía presa fácil de sus viejas ambiciones, mal disimuladas en una 
campaña constante contra el catolicismo, al que consideraban religión 
medieval, oscurantista y retrógrada, en oposición al progresista pro» 

` testantismo, fundador de ciubes deportivos y hermandades extrava- 
gantes. 

Para lograr sus fines de conquista no repararon en medios, tales cos 

-mo el de la imposición descarada de gobernantes a su servicio. l 

De éstos fue Plutarco Elías Calles, según testimonio del Dr. Robert 

A. Greenfield: «...nosotros los protestantes aplaudimos la actitud de 
Calles contra el catolicismo... por lo que nos ofrece una garantía para 
nuestro plan. 

»El imperialismo americano radica ahora en los Consejos Episeo- 
pales protestantes y en algunos altos jefes de la masonería. La ventaja 

- de que esto sea así, es muy obvia: las fuerzas espirituales estadouni- 
9 


10 Antonio Rius Facius 
A e eaaa oa, 


“denses que invaden América Española no emplean ejércitos: si acaso 
"se servirán, para imponerse, de los mismos caudillos militares de cada 
país, como ocurre en Méjico».* * 

Esta opinión predominaba decisivamente en las altas esferas oficia- 
les de los Estados Unidos. Dábanle vigencia y solidez la actitud sumisa, ` 
cubierta de hipócrita dignidad, que observaban los jefes en turno de 
“los gobiernos revolucionarios, 

El general Plutarco Elías Calles, presidente de los Estados “Unidos 
"Mejicanos, se aplicó a la decretada destrucción de la Iglesia Católica 
en su patria, usando y abusando de la violencia, groseramente disimu- 
“lada tras de leyes persecutorias que, por razón natural, no podían ser. 
acatadas por quienes resultaban perjudicados en sus más irrenuncia- 
-bles derechos. y 

Ante esta agresión de acendrado fanatismo antirreligioso, no podía 
permanecer sumiso un pueblo que nunca tuvo alma de esclavo, y los- 
acontecimientos se sucedieron sin que la buena fe y voluntad de le 
católicos oprimidos pudieran ponerles fin. 

«Al comenzar el año de 1926, los síntomas desfavorables a la bal 
y a la tranquilidad se fueron haciendo más patentes y angustiosos. - 

Plutarco Elías Calles, desde la Presidencia de la República, se había 
"convertido en enemigo declarado de la religión que profesaba su pie- 
blo. Para acabar con ella y justificar su absurda pretensión, comenzó 

' por ajustar la ley a sus propósitos. 

“En el texto constitucional la Revolución había vaciado su espíritu 

sectario y materialista, del que eran testimonio irrefutable algunos dé 
sus más caracterizados artículos, atentatorios a la libertad de ( creer y 
actuar. 
` -El Episcopado mejicano había protestado, virilmente, por el atro- 
pello de los derechos inalienables de la Iglesia, cuya personalidad jurí- 
. dica se le negaba oficialmente, privándoseles también, a la vez, de todo 
derecho ciudadano a sus ministros, sin que aquella protesta encontrara 
eco en la conciencia de los legisladores. 

“La aplicación total y desenfrenada de las aberraciones constitucio- 
les no se hizo sentir de inmediato, por la falta de una adecuada regla- 
-mentación a las mismas. Pero Calles estaba dispuesto a destruir a la 
Doru y vio, en aquellos artículos, el arma que necesitaba para hacerlo, 


* Véase el final de la obra las fuentes de donde proceden las transcripciones y citas de 
_ acuerdo con su número. : 


“Méjico Cristero  -. i 1: 


`y presentó a las Cámaras la Ley Reglamentaria del Art. 130, que fue 
aprobada el 4 de enero de 1926. o 
Si el texto constitucional era a todas luces ilegal, por carecer de 
los atributos mínimos de justicia, a más de ser contrario a los intereses: 
de la nación, su reglamentación lo hizo inadmisible y atentatorio. 
«La disposición principal contenida en él, y a la que más se opo- 
` nian, y siguen oponiéndose los católicos, pues aún persiste, es: que- 
la autoridad federal tiene competencia para regular la disciplina de la 
Iglesia; que la Iglesia no tiene personalidad jurídica de ninguna clase; - 
. que los ministros del culto quedan clasificados como simples profesionis- 
' tas, pero en cambio, no gozan de los mismos derechos que éstos; que las 
legislaturas de los estados tienen la facultad de determinar el número 
máximo de ministros del culto; que para ser ministro de cualquier 
culto hay que ser mejicano por nacimiento; que no pueden abrirse luga- 
res destinados al culto sin el permiso de la Secretaría de Gobernación, 
- y que las apelaciones contra estas disposiciones nunca serán tratadas . 
en juicio.» ” 

La reglamentación suspendia una espada de Damocles sobre la Igle- 
sia y todos y cada uno de sus miembros, lo que en Méjico venía a sig- 
. nificar la mayoría abrumadora de sus nacionales, amenazándolos con 
, la aplicación del Código Penal si no acataban esa ley, hecha según el 
` capricho: y conveniencia de aquel gobierno sectario. : 

Como remate a sus perniciosas declaraciones, Calles pidió, y obtuvo 
de las Cámaras tres días después, poderes extraordinarios para refor-' 
“mar el Código Penal en lo concerniente a materias religiosas, con lø- 
que gozó de libertad sin límites para perseguir legalmente a la Iglesia. 
O Todas las libertades habían sido atropelladas en la Reglamentación: ` 
_él delegado apostólico era considerado como simple sacerdote extran- 
“jero y, por consiguiente, no podía ejercer su ministerio; la libertad 
de prensa se reducía, si la publicación era hecha por alguna asociación. 
* católica, al consentimiento para mencionar asuntos exclusivamente re- 
“«ligiosos, sin que pudiera hacerse en ella el más leve comentario sobre' 
cuestiones políticas o simplemente administrativas. 
«La ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones réli- 
giosas denominadas iglesias —establecía el artículo 5% de la reglamen» 
tación—, las que, por lo mismo, no tienen los derechos que la ley concede 
a las personas morales.» Es decir, que a un delincuente se le reconocían 
derechos que a la Iglesia se le negaban. : 


12 Antonio Ríus Facius 


El Código Penal establecía penas severísimas a los infractores: 
expulsión del sacerdote extranjero que ejerciera su ministerio; multas 
y cárcel a quienes, siendo religiosos o sacerdotes, enseñaran doctrina 
en las escuelas o se hicieren cargo de ellas; prohibición de órdenes mo- 
násticas con pena de seis años de cárcel para «los superiores, priores, 
prelados, directores o personas que tengan calidad jerárquica en la 
organización o dirección del claustro»; las personas que indujeran a 
otras al estado religioso, así fueran los padres a sus hijos, serían casti- 
gadas «con pera de arresto mayor y multa de segunda clase»; a quienes 
incitaran al desconocimiento de tan prudentes leyes, también se les 
castigaría, no pudiendo los sacerdotes hacer crítica, ni aun privada- 
mente, de tales leyes o de los encargados de aplicarlas, bajo pena de. 
uno a cinco años de cárcel; ningún estudio hecho en escuelas particu- 
lares tendría validez oficial; quien osare referirse a «actos de las au- 
toridades del país o de particulares» relacionadas con instituciones 
oficiales en periódicos religiosos o de simples tendencias en favor de 
determinada creencia religiosa por su programa o por su título, sería 
castigado con arresto mayor y multa de segunda clase. 

_.. Pero basta ya de enumerar delitos: la lista resultaría excesivamente 
larga, pues tanto lo era rezar un rosario en el atrio de un templo como 
en una reunión familiar en la intimidad del hogar. f 

- ¿Quién, que no fuera de la misma calaña de los perseguidores, podía 
quedar a salvo de quebrantar tan estúpidas e infamantes disposiciones? 
Y entonces, ¡sería tan fácil decir ante la faz del mundo que la Iglesia 
era rebelde, ..! 

Calles había planeado estratégicamente su ofensiva; el respaldo de 
la masonería y el protestantismo yanquis lo ponían a salvo del fracaso. 
Para provocarla le bastaba recordar la protesta publicada por el Epis- 
copado siete años atrás, y mandar un reportero a visitar al arzobispo 
de Méjico. Y ambas cosas se hicieron, 


Primeros escarceos periodísticos.—El día 27 de enero de 1926 apa- 
reció en las columnas de El Universal, diario capitalino de gran circula» 
ción, la noticia insidiosa de que los católicos emprenderían tn breve 
una campaña contra los artículos anticatólicos de la Constitución. 

El fin que se perseguía era del todo tendencioso, a pesar de la jus- 
tificación de la tal supuesta campaña contra unas leyes que no mere- 
cían el nombre de tales. 


“Méjico Cristero A l 13 


Creo necesario, antes de seguir adelante, dar a conocer los artículos 
que habían sido públicamente rechazados desde un principio por. la 
Jerarquía y pueblo de Méjico. 

El 3%, sobre educación, legislaba: 

«La enseñanza es libre; pero será laica la que se dé en los estable- 
cimientos oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza primaria, 
elemental y superior que se imparta en los establecimientos particu-_ 
lares.» (Luego entonces no era libre, como afirmaba el primer párrafó 
del artículo). 

«Ninguna corporación religiosa, ni ministro de algún culto, podrán 
establecer o dirigir escuelas de instrucción primaria.» (Los miembros 
del clero vuedaban descalificados para. la enseñanza, no así cualquier 
vicioso o criminal). , 

«Las escuelas primarias particulares sólo podrán establecerse suje- 
tándose a la vigilancia oficial. 

»En los establecimientos oficiales se impartirá gratuitamente la en- 
señanza primaria.» i 

El artículo 5% establecía: 

«El Estado no puede permitir que se lleve a efecto" ningún contrato, - 
pacto o convenio que tenga por objeto el menoscabo, la pérdida o el 
irrevocable sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa de 
trabajo, de educación o de voto religioso. La ley, en consecuencia, 
no permite el establecimiento de órdenes monásticas, cualquiera que 
“sea la denominación u objeto con que pretendan erigirse.» 

El texto transcrito habla por sí solo. > 

«Artículo 24: Todo hombre es libre para profesar la creencia reli- 
giosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o. 
actos de culto respectivo, en los templos o en su domicilio particular, 
siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley. i 

»Todo acto religioso de culto público deberá celebrarse precisa- 
mente dentro de los templos, los cuales estarán baĵo la vigilancia de la 
autoridad.» f e 

La pregonada libertad no era más que un sofisma: el culto quedaba 
vigilado y recluido al interior del templo, pero podía ser considerado - 
como delito, a juicio del Estado, cualquier acto religioso. 

El artículo 27 privaba a la Iglesia del derecho de posesión: 

«II.—Las asociaciones religiosas denominadas iglesias, cualquiera 
que sea su credo, no podrán en ningún caso tener capacidad para adqui- 


14 . . y Antonio Rius Factús 


rir, poseer o administrar bienes raices, ni capitales impuestos sobre 
ellos; los que tienen actualmente, por sí o por interpósita persona, en- 
trarán al dominio de la nación, concediéndose acción popular para 
denunciar los bienes que se hallaren en tal caso. f 

»La prueba de presunciones será bastante para declarar Sda 
la denuncia. Los templos destinados al culto público son de propie- 
dad de la nación, representada por el Gobierno Federal, quien deter- 
minará los que deban continuar destinados a su objeto. Los obispados, 
casas curales, seminarios, asilos o colegios de asociaciones religiosas, 
conventos o cualquier otro edificio que hubiere sido construido o des- 
tinado a la administración, propaganda o enseñanza de un. culto reli- 
gioso, pasará desde luego, de pleno derecho, al dominio directo de la 
nación, para destinarse exclusivamente a los servicios públicos de 
la federación ò de los estados en sus respectivas jurisdicciones, Los- 
templos que en lo sucesivo se erigieren para el culto público serán pro- 
piedad de la nación.» 

Finalmente el artículo 130, cuya reglamentación ya extracté al prin- 
cipio de este capítulo, era un tratado completo de cómo se puede escla- 
vizar a la Iglesia. . 

Esta situación intolerable se fue agravando durante aquellos días. 
Habíase iniciado el choque doctrinal entre el materialismo ateo y el- 
dogma católico. 

Una semana después de haber sido dada a la publicidad la tenden- 
ciosa nota periodística, El Universal publicó en lugar destacado unas 
declaraciones hechas por Mons, Mora y del Río, que decían así: «El ilus- 
trísimo señor arzobispo de Méjico se sirvió hacer a nuestro redactor; 
señor Ignacio Monroy, la siguiente declaración dictada por él: “La doc- 
“trina de la Iglesia es invariable, porque es la verdad divinamente 
revelada. La protesta que los prelados mejicanos formulamos contra 
Ja Constitución de 1917, en los artículos que se oponen a la libertad y 
. dogmas religiosos, se mantiene firme. No ha sido modificada, sino ro- 
“bustecida, porque deriva de la doctrina de la Íglesia. La información 
<que publicó El Universal de fecha 27 de enero, en el sentido de que: 
se emprenderá una campaña contra las leyes injustas y contrarias al 
derecho natural, es perfectamente cierta. El episcopado, clero y cató- 
licos no reconocemos y combatiremos los artículos 3%, 59, 27 y 130 de 
la Constitución vigente, : 

Este criterio no podemos por ningún motivo variarlo sin hacer trai- 
ción a nuestra fe y a nuestra religión.” 


Méjico Cristero . l l 15: 


Aunque el tèxto fue maliciosamente alterado, como lo hizo saber 
públicamente el Lic. Telesforo Ocampo, abogado del arzobispado, no 
cabe duda que el contenido era cierto, pues no podía el arzobispo. 
aceptar la legalidad de esas leyes sin traicionar la doctrina inefable de 
la. Iglesia, 

En un consejo de ministros se dio lectura a las anteriores, declara- 
ciones y Calles externó su propósito de que fuese consignado Mons. 
Mora y del Río a la Procuraduría General de la República. l 

Morones, su ministro de Industria y Trabajo, secundó con entu- 
siasmo la idea del presidente, que los demás miembros del gabinete- 
aprobaron también, y, pretextando que la palabra combatir usada en 
las declaraciones, entrañaba una amenaza para la estabilidad del régi- 
ten, por medio del susceptible secretario de Gobernación, que no 
admitía más combates que los de. la Revolución, el día 5 de febrero, 
noveno aniversario de la promulgación del código queretano, fue con- 
signado el arzobispo al procurador general, por considerar que sus 
declaraciones entrañaban rebeldía contra las leyes fundamentales y 
las instituciones de la República. 

Al día siguiente, en una nueva entrevista, negó el prelado el cargo 
‘que se le hacía y recalcó que no era delito rechazar los artículos cons- 
titucionales que no correspondían a ùn sentimiento de justicia ni mẹ- 
nos a una aspiración nacional. 

La consignación no prosperó, porque el juez, ante la negativa del- 
arzobispo de haber pronunciado la palabra: combatir, no encontró delito 
que castigar. 

Pero la maquinaria de la persecución estaba en marcha y Calles era 
él primer interesado en que no se detuviera. 

El día 8, sin que se supiera quién había ordenado su publicación, 
se reprodujo la protesta de los obispbs, hecha el 24 de febrero de 1917, 
contra la Constitución. En ella se decía que el Código de 1917 procla- 
maba «principios contrarios a la verdad enseñada por Jesucristo» y 
arrebataba a la Iglesia los pocos derechos reconocidos en la Constitu- 
ción de 1857. 

Sin pretender inmiscuirse en cuestiones políticas, protestaban c con- 
tra tales leyes y daban una serie de razonados argumentos sobre la, 
fracción IV del artículo 130 que negaba toda personalidad a la Iglesia, 
a la que, sin embargo, era innegable que asistía un derecho anterior al 
Estado. - E 


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Monseñor José Mora y del Rio, Arzobispo Primado de Méjico. 


Méjico Cristero ` 17 


Citaban los textos constitucionales y añadían: «Por una parte- se 
restringe la libertad de enseñanza, toda vez que se prohibe la instruc- 
ción religiosa aun en las escuelas privadas, y por otra, se coarta en los 
sacerdotes la que todo hombre tiene de enseñar y, por último, se ataca 
el derecho de los padres de familia a educar a sus hijos según su con- 
ciencia y religión.» 

La protesta acerca del artículo 5%, decía «que sobre impedir una: 
práctica de la vida religiosa, coarta la libertad de asociarse para un 
fin honesto como es el ejercicio de la caridad, y limita el derecho que 


“todo hombre tiene de normar su vida conforme al dictado de su con- 


ciencia. 

«Protestamos, pues —decían al final de sus argumentos contra el 
artículo 27—, contra el doble despojo inferido a los católicos en el ar- 
tículo citado, quitándoles la propiedad de los templos y el derecho de 
adquirirlos, protestamos, asimismo, contra la violación de la libertad 
religiosa que ese despojo lleva consigo.» 

Y respecto al artículo 130 formulaban una pregunta: «¿Se impone 


‘una exclusión ignominiosa para el ministerio sacerdotal, pues, por qué 


no se limitan, ni por el número ni por la nacionalidad de los que las 
ejercen, las demás profesiones?» 

Concluía aquel documento con las siguientes palabras: 

«Por todo lo dicho, protestamos contra semejantes atentados en 
mengua de la libertad religiosa y de los derechos de la Iglesia, y decla- 
ramos que deseconoceremos todo acto o manifiesto, aunque emanado de 
cualquiera persona de nuestra diócesis, aun eclesiástica y constituida 
en dignidad, si fuera contraria a estas declaraciones y protestas.» 


El rigorismo de la ley.—Dos días después el feroz coronel Adalberto 
Tejeda, secretario de Gobernación, comenzó a aplicar arbitrariamente 
la prohibición de ejercer el ministerio sacerdotal a los extranjeros, 


“contenida en el oprobioso artículo 130 y que, durante nueve años, había 
. sido intencionalmente ignorada por el gobierno. 


` Momentos antes de la salida del tren nocturno a Veracruz, los agen- 


tes de Gobernación se presentaron en los domicilios de conocidos 


“sacerdotes extranjeros y en los templos donde ejercían. Aprehendie- 
-ron a cuantos encontraron, aun arrancándolos a viva fuerza de sacris- 


tías y confesiónarios y, sin permitirles cambiar su indumentaria, los- 
condujeron a los tenebrosos sótanos de la Inspección de Policia para 
AÉXICO CRISTERO.—2 


18 Antonio Rius Facius 


trasladarlos, después, a la estación del ferrocarril, donde se les subió 
al tren que partía para Veracruz, y embarcarlos, finalmente, el día 
11 de febrero, a bordo del Espagne, en tercera clase, rumbo a La Haba- 
na. Por supuesto que a ninguno se le dio oportunidad siquiera de llevar 
el más indispensable equipaje o recoger sus legítimas pertenencias. 

Las víctimas de esta expulsión despiadada fueron más de doscien- 
tas en la capital y en otras ciudades, en los dos meses siguientes. 

La ley caía con todo rigor sobre la Iglesia. 

' Quedaba aún pendiente la promulgación de la reforma al Código 
Penal, pero Calles tenía ya la autorización debida para hacerlo. 

El gobierno revolucionario comenzaba a cumplir sus postulados. 

El mismo día que el vapor, conduciendo a los primeros sacerdotes 
expulsados, zarpaba de Veracruz, Calles telegrafió a todos los gober- 
nadores ordenándoles que se ocuparan inmediatamente de la regla- 
rmentación del artículo 130 constitucional. i 

Tres días más tarde Gobernación giró instrucciones a toda la 
República, ordenando la clausura de todos los colegios que no funcio- 
naran conforme a las reglamentaciones antirreligiosas puestas en vigor. 

Con este motivo los atropellos cometidos en todo el país sumaron 
cientos, dejando sin hogar a niños hospiciarios y sin clausura a multi- 
tud de religiosas. Según datos proporcionados por el mismo secretario 
de Gobernación, fueron clausurados entonces 93 conventos y colegios 
en el Distrito Federal, 23 en Michoacán, 19 colegios en Querétaro, 9 co- 
legios y conventos en Durango, 8 en Aguascalientes, 6 en el estado de 
Méjico, 6 en Zacatecas, 5 en San Luis Potosí, 5 en Coahuila, 4 en Oa- 
jaca, 4 en Tamaulipas, 3 en Guerrero, 2 en Colima, y 1 en cada estado 
siguiente: Campeche, Chiapas, Chihuahua, Jalisco y Puebla. ** 

No quedaron exentos de tan radical medida ni las benefactoras Sier- 
vas de María, quienes fueron expulsadas de su convento, ubicado en 
la calle de Sor Juana Inés de la Cruz, de la capital de la República, 
el 23 de febrero de ese año. 


El secretario de Educación Pública del gabinete callista, Puig Ca- 
sauranc, creyó, a su vez, llegada su hora, y el 23 de febrero apareció la 
reglamentación que hizo, por sí y ante sí, del artículo 3% constitucional. 

En ella prohibía que se aplicara el nombre de algún santo u orden 
religiosa a las escuelas, y hacía absolutamente obligatoria la ense- 
ñanza laica. A esta reglamentación se opusieron los padres de familia 
sin que, naturalmente, se les hiciera el menor caso. 


“Méjico Cristero , 19 


PEN o 5 A NO A A A a EN 


; 
4 


La policía clausurando centros escolares, 


Y para redondear esta situación de apariencia legal, el general 
“Calles declaró al diario neoyorkino The World, que los sacerdotes ex- 
tranjeros habían estado violando la prohibición constitucional de ejer- 
cer su sagrado ministerio, y que por eso había ordenado que se les 
'echase del país. Cosa distinta habían estado haciendo otros —natural- 
mente protestantes— al dedicarse «a otras actividades legales como la 
de enseñanza en colegios de educación secundaria», sin tomarles a ellos 
en cuenta la prohibición contenida en el artículo 39. 

«Estos ministros no han sido ni serán molestados», afirmaba, y los- 
Estados Unidos podían estar seguros que el problema religioso en Mé- 
“jico había sido desfigurado. Negaba, con pasmoso cinismo, que se 
hubieran cerrado colegios, cuando su secretario de Gobernación afir- 
maba públicamente lo contrario, consecuente, él sí, con la realidad 
.puesta a la vista de todos. 


20 Antonio Rius Facius 


Veía Calles como un gran peligro dejar que el clero ejerciese su 
ministerio con libertad, y por eso ponía especial cuidado en CTi 
cumplir la ley. 

Ley ignominiosa contraria al bienestar social del S T a su ideo- 
logía y a su sentimiento. 

¿Hasta dónde llegaría la paciencia de ése pueblo de esencia cató- 
lica, generoso y sufrido como ninguno? 


II 


GALLARDA ACTITUD DE PROTESTA 


Carta Apostólica.—Convención en Guadalajara.— 
Ataque al templo de la Sagrada Familia.—Protesta. 
de la ACIM. 


Carta Apostólica.—Los católicos, agrupados en distintas institucio- 
nes de acción cívico-social, previeron los difíciles tiempos que se ave- 
cinaban para la religión en Méjico y, a mediados de 1925, la Liga 
Nacional Defensora de la Libertad Religiosa envió a Roma a su vice- 
presidente, abogado Miguel Palomar y Vizcarra, para que entregase 
un memorial explicativo de la situación y expresase, de viva voz, la 
necesidad de que Su Santidad hablase sobre ello. 

El día 18 de septiembre de ese año, Palomar y Vizcarra, en repre- 
sentación de la Liga, la Unión de Damas Católicas, la Confederación 
Católica del Trabajo y la Asociación Católica de la Juventud Mejicana, 
entregó el memorial y sostuvo decisiva entrevista, acompañado del que 
fue presidente del Partido Católico, Gabriel Fernández Somellera, con 
el cardenal Pedro Gasparri, secretario de Estado. de Sú Santidad 
Pío XI i 

Cumplida su delicada misión, regresó el licenciado Palomar a Mé- 
jico y, a su paso por La Habana, se cruzó con el arzobispo de Durango, 
Mons. González y Valencia, y el obispo de San Luis, Mons. De la Mora, 
quienes iban a Roma con el mismo propósito que lo había llevado a él. 

Sus gestiones alcanzaron éxito completo, pues al dar la respuesta 
a las preguntas que el episcopado y los católicos de Méjico le hacían 

21 


22 Antonio Ríus Facius 


sobre la conducta que debían observar frente a la difícil situación polí- 
tica y social, Su Santidad Pío XI escribió su carta apostólica Paterna 
sane sollicitudo el 2 de febrero de 1926, dirigida «a los venerables 
hermanos José, arzobispo de Méjico, y a los demás arzobispos y obis- 
pos de la República Mejicana.» 

En ella expresaba su especial afecto hacia Méjico y el pesar que 
le producían las vejaciones hechas por «los gobernantes enemigos de la 
Iglesia», al sancionar determinados mandatos y prescripciones «que 
ni siquiera parecen merecer el nombre de leyes» y que, con anteriori- 
dad, habían sido rechazadas por su ilustre predecesor Benedicto XV. 

Dadas las difíciles circunstancias que prevalecían, era necesario 
que el episcopado, el clero y las sociedades católicas, se mantuvieran 
apartados de la política, para no dar pretexto a la persecución. La prohi- 
bición hecha anteriormente, de constituirse en un partido denominado 
católico, no era impedimento para que los católicos, como ciudadanos, 
ejercitaran sus irrenunciables derechos, «antes bien —subrayaba— su 
misma profesión de católicos exige que de tales derechos y deberes 
hagan el mejor uso, para el bien insuperable de la religión y de la 
patria.» 

Las disposiciones del Papa fueron estrictamente observadas por los 
católicos mejicanos, pues con entusiasmo contagioso, se inscribieron en 
gran número en la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa 
para mantener sus derechos espirituales, dando por resultado que en 
poco tiempo contara esta “institución con el respaldo y la simpatía 
populares. 

Tanto en el interior como en la capital de Méjico, fueron los 
socios de la acim los principales promotores y organizadores de la 
Liga. Su mayor experiencia y su prestigio innegable, como invictos 
defensores de la fe, los autorizaba para ello. 

El primer delegado nacional en el Distrito Federal fue Armando 
Téllez Vargas, destacado acejotaemero que dio muestras, desde un prin- 
cipio, de arrojo y valentía tales, que le merecieron ser nombrado secre- 
tario del Comité Ejecutivo de la Liga, el 7 de julio de 1925. 

Lo primero que hizo fue escribir al gobernador de Jalisco, José 
Guadalupe Zuno Hernández, una carta con motivo de la opresión des- 
encadenada contra los católicos jaliscienses, que había dado como resul- 
tado la incautación del Instituto Regional y la prisión de varios estu- 
diantes por el delito de proclamar su catolicismo. 


Méjico Cristero 23 


En su carta le decía que a su Delegación Regional habían llegado 
los pormenores de sus excesos, motivados por «la debilidad moral de 
su gobierno», enumeraba otros más de los atentados cometidos y ter- 
minaba su escrito afirmando que se dirigía a él para «probar a los per- 
seguidores de la libertad que el pueblo no vive engañado.» 

Esta carta, fechada el 13 de julio, coincidió con los telegramas cam- 
biados entre Manuel Velázquez, acejotaemero que presidía la jefatura 
local de la Liga en Coyoacán, y el gobernador Zuno, de Jalisco: 

«Gobernador del Estado.—Guadalajara. 


«Pueblo católico Coyoacán, agrupado LNDER, advierte usted inicia 
campaña en su contra por cobarde e injusta persecución Iglesia Cató- 
lica ese estado.—Manuel Velázquez, jefe local.» 

La respuesta no se hizo esperar; con la altanería característica de 
los déspotas contestó Zuno Hernández: E 

«Manuel Velázquez,—Coyoacán. 

«Suyo 14, Usted y su campaña me tienen sin cuidado, pues los co- 
nozco suficientemente como cobardes.—J. G. Zuno.» 

A un acejotaemero no se le podía hacer el cargo de cobarde impu- 
nemente, y Velázquez le envió este mensaje imponderable: 

«Gobernador del Estado.—Guadalajara. 

«Cobarde no es pueblo inerme, sino usurpadores que lo insultan y 
vejan validos apoyo bayonetas: individualmente son incapaces hasta 
enfrentarse mujeres.—Manuel Velázquez.» ** 

- La campaña de defensa, que había sido ordenada por la Liga en un 
acuerdo tomado por la Convención General en su sesión del 26 de junio 
anterior, dio como resultado la devolución del Instituto y la asi 
de los prisioneros, 

La Liga se había atraído a todas las organizaciones afines que ya 
funcionaban en algunos lugares con magníficos resultados. 

En Guadalajara, la Unión Popular, presidida por el indómito ace- 
jotaemero Anacleto González Flores, al conocer el manifiesto funda- 

cional de la LNDLR, envió un telegrama, el 24 de marzo de 1925, 
para adherirse a ella, convirtiéndose en su Delegación Regional, aun- 
«que conservando su propio nombre, y una casi absoluta autonomía en 
sa, gobierno interior, 

- No solamente en Guadalajara, sino en casi todos los estados de la 
“República, encontró eco el llamado hecho por la Liga. 


«DA. Antonio Rius Facius 


` Durante los primeros días de abril varios grupos de la Aacim se 
encargaron de su organización en Michoacán, San Luis Potosí, Puebla 
y Aguascalientes, y fundaron los respectivos comités regionales. 

En junio ya había grupos importantes en Chihuahua, Durango y 
‘Nuevo León. 

Para propagar la institución y recaüdar fondos, realizó Capistrán 
Garza, el antiguo primer presidente general de la Acsm, una gira por 
esos estados, con poco provecho económico, pero halagador éxito en 
la difusión de la Liga. 

En Guerrero los acejotaemeros impidieron, en aquel entonces, la 
promulgación de una arbitraria reglamentación del artículo 130 cons- 
titucional y, en Sahuayo, durante los primeros días de junio, sufrieron 
prisión varios jóvenes de la AciM por repartir folletos de la “Decla- 
ración de cardenales y arzobispos de Francia, acerca de las leyes lla- 
madas de laicización y de las medidas que deben emplearse para com- 
batirlas”, editados por la sección de propaganda de la Liga que ellos 
habían establecido en aquella población. 

Mientras tanto, el Comité Directivo se ocupó en reglamentar sus 
actividades y su forma interior de gobierno para el caso de que, al ser 
aprehendidos algunos de sus jefes, otros más ocuparan sus lugares inme- 
diatamente. Esta previsora reglamentación dio benéficos resultados 
posteriormente. 

En un balance de fuerzas hecho al finalizar junio de 1925, el Comité 
Directivo dio a conocer la suma de 36,000 miembros en todos los esta- 
dos de la República, excepto Sonora, Campeche, Chiapas y el territorio 
de Quintana Roo. 

El estado que contaba con mayor número de simpatizadores era el 
de Guanajuato con, 8,600. Capistrán Garza, en un segundo recorrido de 
propaganda, esta vez por (Querétaro, Celaya, Guanajuato y Guadala- 
jara, reunió la cantidad, importante en ese tiempo, de cinco mil qui- 
nientos pesos. 

Este impulso ascendente en favor de la Liga culminó con la reso- 
lución del Cuarto Consejo Federal de la acsm, de fecha 16 de sep- 
tiembre de 1925, ordenando que «los Grupos Locales de la ACIM coope- 
rarán con todas sus fuerzas en los trabajos de la Liga Nacional de la- 
Defensa Religiosa», acuerdo que fue respaldado por el arzobispo de 
Méjico Mons. José Mora y del Río, al recomendar a la juventud cató- 
lica que trabajara con decisión y entusiasmo por ella. 


Méjico Cristero 25 


Convención en Guadalajara.—Guadalajara, donde el fervor social 
católico era desbordante, celebró su primera y única gran convención 
la Unión Popular Jalisciense, presidida por Anacleto González Flores, 
quien fue confirmado en el cargo de presidente de la Unión. Desde las 
páginas de Gladium, órgano oficial de ésta, se hizo la convocatoria, 

* y en los primeros días de enero de 1926 llegaron delegados de todas las 
poblaciones situadas dentro del arzobispado y otros más de distintas 
regiones del país. Ello ocasionó que el Comité Directivo de la Liga, 
por conducto del Lic. Miguel Palomar y Vizcarra, pidiera a Miguel 
Gómez Loza, compañero inseparable de Anacleto, que aclarase la situa- 
ción de la Unión; a lo que respondió que ésta era «la Delegación Regio- 
nal de la Liga en Jalisco y que si se invitaron a personas fuera del 
estado fue solamente con el carácter de visitantes.» * 

En esta Convención tomaron parte los socios de la Acim tapatía e 
hicieron uso de la palabra el asistente eclesiástico de la Unión Dioce- 
sana, canónigo Garibi Rivera —quien al correr del tiempo habría de ser 
nombrado primer cardenal en Méjico—; el R. P. Méndez Medina, S. J., 
el R. P.: Ocampo, el P. Higinio Gutiérrez, el Lic. Agustín Navarro 
Flores y Agustín Yáñez, este último director del periódico La' Epoca, 
fundado por el dinámico caballero de San Gregorio Magno, Pedro Váz» 
quez Cisneros, Seis lustros más tarde, Agustín Yáñez ocuparía la 
gubernatura de su estado como representativo de la Revolución. 

El programa aprobado comprendía tres aspectos esenciales: cate- 
cismo, escuela y prensa. Para dar cima a la fecunda actividad de la 
Convención, una romería de unas diez mil personas se dirigió hacia 
el Santyario de Zapopan, donde el cura Vicente Camacho, más tarde 
primer obispo de Tabasco, subido sobre una silla bajo el pórtico del 
“templo, pronunció un encendido discurso que terminó con el solemne 
juramento hecho por aquella multitud, prometiendo fidelidad irrevo- 
cable a su doctrina, a su prensa y a su escuela. 

Cuando la grandiosa manifestación se disolvió y las colinas de Zapo- 
pan se fueron perdiendo en la penumbra, el alcalde de aquel municipio 
aprehendió a varios vecinos, para saciar con este acto ridículo su des- 
pecho ante el nuevo triunfo de la fe. 

Los sucesos ocurridos en. la capital de la República a principios 
de 1926, repercutieron, con mayor o menor intensidad, en todos los es- 
tados. En Guadalajara el cierre de escuelas y asilos exacerbó los áni- 
mos de la población que se lió, en ocasiones, a palos con los ejecutores 


26 Antonio Rius Facius 


de la ley, quienes muchas veces salieron mal librados de los altercados. 

Para atacar la raíz de aquella justa reacción ciudadana, el gobierno 
de Jalisco ordenó el asalto y clausura del Comité Diocesano de la 
ACJM, lo que realizó el 23 de febrero y que no pudieron evitar sus 
once ocupantes defensores, quienes fueron a parar a la cárcel. Entre 
ellos estaba el aguerrido Miguel Gómez Loza. 

Los acejotaemeros, al enterarse del despojo, se agruparon para la 
reconquista del local que alcanzaron a viva fuerza, una vez que se 
repusieron de la sorpresa del asalto, interpusieron un amparo que los 
confirmó en la posesión. 

Al día siguiente lograron la libertad de sus compañeros, a excep- 
ción de la de Miguel, quien fue trasladado a la penitenciaría del estado, 
donde permaneció hasta el 1% de marzo siguiente, no obstante haber 
sido condenado únicamente a 15 días de reclusión. 

Durante esos días Miguel dio, una vez más, pruebas de la firmeza 
de su carácter e inconmovilidad de sus principios, haciendo las veces 
de consejero «y apóstol entre los penitenciarios, para quienes siempre 
tuvo palabras de aliento que hicieron multiplicar las manos que opri- 
mieron las suyas, como muestra de simpatía, cuando abandonó su in- 
justa prisión. 

El mismo día que las fuerzas policiacas asaltaban en Guadalajara 
las oficinas de los acejotaemeros, en la ciudad de Méjico se Aena 
un grave atentado. 


Ataque al templo de la Sagrada Familia.—Con el pretexto de que 
en el templo de la Sagrada Familia, situado en la colonia Roma, ofi- 
ciaban algunos sacerdotes extranjeros, ordenó el coronel Tejeda un 
cateo y el cierre del templo. 

Cuando entraron los agentes de Gobernación, se celebraban en el 
interior ejercicios espirituales para damas, las que, al darse cuenta de 
lo que sucedía, se aprestaron a la defensa, de tal manera que cuando 
llegaron las tropas para hacer cumplir la orden de clausura, ocupaban 
la calle tres o cuatro mil personas, en su mayoría mujeres, quienes 
opusieron resistencia a los soldados, que se vieron precisados, para 
evitar una sangrienta matanza, a llamar en su ayuda a los bomberos, 
los cuales arremetieron contra los defensores con chorros de agua. 

Lejos de ceder, aquella multitud se dirigió a la calle de Bucareli, 
frente a la Secretaría de Gobernación, para pedir que una comisión 


Méjico Cristero i 27 


Bomberos y policias atacan a los católicos frente al templo de la Sagrada Familia 
de la ciudad de Méjico. 


fuera escuchada por el ministro. Pero éste se negó y los bomberos 
volvieron a hacer uso de sus mangueras contra las damas indefensas, y 
como esto no bastara, el inspector general de Policía, jinete en nervioso 
caballo al frente de sus hombres, la emprendió a latigazos contra el 
pueblo que había tenido la osadía de pretender ser escuchado por 
el secretario de Gobernación. Sólo así lograron aquellos cobardes disol. 
ver la manifestación que espontáneamente habían organizado las mu- 


jeres mejicanas. 


Protesta de la acim.—El Comité General de la acīm consideró 

- que tal situación era insostenible y que la juventud tenía que “salir a 
la calle a gritar su inconformidad, como lo había hecho valerosamente 

en incontables ocasiones anteriores, y el día 25 de febrero lanzó su 


28 Antonio Rius Facius 


Los bomberos dispersan con chorros de agua a quienes se acercan a la Secretaria 
de Gobernación para protestar contra la clausura del templo de la Sagrada Familia. 


varonil Mensaje a la Nación, firmado por todos y cada uno de los 
miembros del Comité que presidía Octavio Elizalde y Ramos Natera 
y otros jefes más de prestigio indiscutible, como lo eran el Lic. Miguel 
Palomar y Vizcarra y René Capistrán Garza. 

Ese notable documento comenzaba diciendo: 

«En estos momentos de intensa persecución religiosa, en que por 
medio de la legislación antidemocrática e impía se pretende esclavizar, 
si no destruir, a la Iglesia Católica Apostólica Romana en nuestra pa- 
tria, la Asociación Católica de la Juventud Mejicana siente la imperiosa 
necesidad de elevar una voz franca de protesta dignamente airada.» 

«En nombre de la civilización (protestaba) contra los ataques 
a la libertad de conciencia», contra el cierre de templos y asilos, que 
en el desamparo a inválidos y ancianos; contra la exclaustración de re- 

“ligiosos y religiosas; contra la expulsión de los sacerdotes extranjeros, 


Méjico Cristero ' 29 


quienes llevarían «con su historia el desprestigio de la patria» y, por: 
último, contra los atentados sufridos por «heroicas damas y valientes 
muchachos de nuestro incomparable pueblo católico.» 

Protestaban «en nombre de la más elemental justicia y buen sen- 
tido, que proclaman que una ley contraria al derecho natural no es ley; 
que una ley que provoca la indignación de una nación entera debe ser 
reconsiderada; que una ley, en fin, antirreligiosa es absolutamente 
imposible que haya sido forjada en nombre de un pueblo esencial- 
mente religioso.» 

Protestaban «en nombre de los derechos de Cristo, rey del mundo, 
proclamado particularmente por Méjico en el último congreso euca- 
rístico». 

«La Asociación Católica de la Juventud Mejicana, deseosa siempre 
' de concordia y de paz, ha querido contribuir a la terminación del viejo. 
conflicto religioso en el terreno legal en Méjico, por medio del pací- 
fico acercamiento del pueblo y sus representantes, aun a costa de renun- 
cias lícitas, pero dolorosas, con la esperanza de días mejores; pero una 
vez que se atacan los postulados de la civilización, los derechos del 
pueblo y las divinas prerrogativas de Cristo, los miembros todos de 
esta Asociación, como católicos, proclamamos que no estamos confor- 
mes con la intromisión del poder civil en los asuntos que son propios 
de la Iglesia; y como mejicanos exigimos la reforma de la Constitución. 

* que atenta a nuestra libertad religiosa; y juramos ante la nación en- 
tera que emplearemos nuestras energías, dentro de los medios lícitos, 
para conseguir esta reforma.» * 

La juventud, en pie contra el egoísmo, desenvainaba su espada jus- 

ticiera. 


mn 


LA ASOCIACION CATOLICA DE LA JUVENTUD 
MEJICANA ACTUA 


Consejos Diocesanos.—Sexto Consejo Arquidiocesa- 
no de Puebla.—Segundo Consejo Provincial de Mon- 
_terrey —En Zacatecas cunde el malestar.—Manifiesto 
- gcejotaemero.—La reglamentación del artículo 130 
en los estados.—San Luis Potosí rechaza la regla- 
mentación.—Otros estados afectados. > j 


Consejos Diocesanos.—El hecho de que los acejotaemeros se dedi- 
caran, con renovada energía, a la fundación de jefaturas de la Liga, 
siguiendo en ello las disposiciones emanadas del Cuarto Consejo Fede- 
ral de la acim, no fue obstáculo para que continuaran sus propias y 
conocidas actividades, tales como crear nuevos grupos en los lugares- 
donde antes no existían, entre otros los de Cuautla, Mor.; Tamazun- 
chale, S. L. P.; Arroyo, N. L., y principalmente en la arquidiócesis 
de Oajaca, la que visitó el presidente de la Asociación, Lic. Octavio 
Elizalde y Ramos Natera, a principios de 1926, con halagadores resul-” 
tados. 

El arzobispo de Oajaca, Mons. José Othón Núñez y Zárate, lo reci- 
bió cordialmente y lo alojó en su palacio arzobispal, demostrando con 
ello el gran cariño que sentía por la Asociación. 

Á su regreso a Méjico, el Lic. Elizalde propuso al Comité que reco- 
nociera al Comité Provisional Arquidiocesano establecido en la vieja 
capital de Antequera, y tal proposición fue aprobada. 

i 31 


32 oo Antonio Rius Facius 


En las ciudades de Colima, Puebla, Querétaro, Saltillo y San Luis 
Potosí se reunieron, respectivamente: el Segundo Consejo Diocesano 
` de la Unión Diocesana de Colima, el Sexto Consejo Arquidiocesano de 
Puebla, el Cuarto Consejo Diocesano de la Unión Diocesana de Queré- 
taro, el Segundo Consejo Provincial de la Provincia Eclesiástica de 
Monterrey y el Cuarto Consejo Diocesano de la Unión Diocesana de San 
_Luis Potosí. f 


Sexto Consejo Arquidiocesano de Puebla.—Los días 5 y 6 de enero 
de ese año se efectuó en la ciudad de Puebla el Sexto Consejo de la 
Unión Arquidiocesana de la acim, en el que se dieron a conocer los 
progresos allí alcanzados y el establecimiento de cuatro nuevos grupos 
en formación: Tepeaca, Tochimilco, Tlaxcala y Huejotzingo, para lo 
cual había prestado su decidido apoyo el arzobispo poblano Mons. Pe- 
dro Vera y Zuría, al recomendar a los curas y vicarios de su arquidió- 
cesis la organización de Grupos de ACM. 

De mayor importancia tal vez que la difusión de la acim en estas 
poblaciones, fue la designación de diez nuevos asistentes eclesiásticos 
para los Grupos Locales salidos del Grupo Motolinía, instalado en el 
seminario conciliar: sacerdotes imbuídos de doctrina acejotaemera, 
jóvenes y entusiastas, eran la mejor garantía del funcionamiento de la 
Asociación. a 

Las reuniones del Consejo tuvieron lugar en el domicilio del Comité 
Diocesano, calle del 16 de Septiembre 307. Los temas estudiados fue- 
ron los siguientes: “Formación de la élite de nuestros grupos”, “Disci- 

` plina en los grupos de la Unión”, “Reclutamiento de socios”, “Encuesta 
sobre nuestros trabajos” y “La Liga Nacional de Defensa Religiosa”. 

Basta observar el enunciado de los títulos para conocer el espíritu 
predominante del Consejo. Junto a la necesidad permanente de orga- 
nización general y formación individual, no se descuidaba el ejercicio 
de la acción; acción defensiva con la suma de esfuerzos en la Liga. 

Nada mejor para precisar este hecho que citar algunos párrafos 
ilustrativos de la importancia concedida al tema: «Nuestra ACIM 
—dijo el Lic. Herminio Nuño y Flores— tiende a formar jefes: estos 
jefes los está necesitando la Liga. Nuestra acsm, institución bastante 
arraigada en el medio de nuestra juventud sana, debe prestar a la Liga 
la garantía de su estabilidad... El pasado Consejo Federal puso todo 
su empeño en imponer a todos los grupos de la República el punto de: 


“Méjico Cristero 33 


“mira en que debe colocarse la AcM para con la Liga Nacional de 
. Defensa Religiosa. No hemos de fundir nuestros grupos en la Liga, 
hemos de compenetrarnos con ella, conservando la independencia de 
nuestra institución y el carácter peculiar que ella nos confiere, al 
formarnos para el efército católico.» 
Las conclusiones adoptadas al respecto, y que tuvieron decidida 
“influencia en toda la acsm, fueron éstas: 

«El VI Consejo de la acm de la arquidiócesis de Puebla decreta: 
la Unión de la acīm Arquidiocesana de Puebla secunda los fines de 
la Liga Nacional de la Defensa Religiosa, en cuanto permiten el pro- 
grama y los estatutos de nuestra Asociación. 

»Encarece a todos los socios de la Unión que se afilen a la LNDR. 

»Encomienda a todos los núcleos o grupos selectos de los Grupos 
Locales asentados en poblaciones donde aún no se establece la Liga, 
que procedan a su inmediato establecimiento. 

»Prescribe, como obligatorio a todos los Grupos de la Unión du- 
rante el año de 1926, el estudio de materia cívica en sus círculos, salvo 
la fracción 1 de las Conclusiones que, acerca del tema Vida Nacional 
de la acm, aprobó el pasado Consejo Nacional. 

»Impone al Comité la obligación de proporcionar a los Grupos 

. de la Unión el programa de materia cívica que habrá de estudiarse en 
los círculos. 

»Dispone que los Grupos de la Unión, durante el año de 1926 y 
dentro del cumplimiento del II postulado de nuestro programa, den 

` toda la preferencia posible a los trabajos de la LNDR.» 

El Lic. Octavio Elizalde leyó al final el tema “Propaganda de la 
ACJM”, que era en sí todo un programa de acción cívica social. 

La elección del nuevo Comité Arquidiocesano dio el siguiente resul- 

“tado: presidente, Salvador Marín H.; secretario del exterior, Gustavo 
Fernández Isla; secretario del interior, Víctor Manuel Tron; tesorero, 
Fernando Albursúa; jefe de publicaciones, Lic. Herminio Nuño y Flo- 
res, y como asistente eclesiástico del Comité, por designación del arzo- 
bispo, continuó en el cargo el Pbro. José Ignacio Márquez y Tóriz, años 
* después arzobispo de Puebla y director pontificio de la Acción Cató- 
: lica Mejicana. 


Segundo Consejo Provincial de Monterrey.—La provincia eclesiás- 
tica de Monterrey celebró, durante los dias 1, 2, 3 y 4 de abril de 1926, 
MÉxco CRISTERO.—3 


34 Antonio Rius Facius 


el Segundo Consejo Provincial de la AcJM, al que asistieron 45 dele- 
gados de los grupos pertenecientes a los estados de Coahuila, San Luis - 
Potosí, Tamaulipas y Nuevo León y, con el carácter de miembros de 
adhesión, varios acejotaemeros de los grupos de Monterrey, Torreón y 

` Saltillo, ciudad, esta última, sede del Consejo ~ 

Asistió como representante del Comité General, Luis Mier y Terán, 
quien tomó parte activa con varias intervenciones oratorias que le fue- 
ron muy aplaudidas. . 

«Los actos religiosos del consejo —dice la crónica— fueron: dos so- 
lemnes comuniones generales de delegados y visitantes el Jueves Santo 
y Domingo de Resurrección; la visita en grupo a los monumentos el 
Jueves por la tarde y el rezo de un Vía Crucis, en grupo también, 
el Viernes Santo en la iglesia catedral». 

En las sesiones de estudio se trataron los temas siguientes: “Forma- 
ción en el conocimiento de las leyes de la acīm”, a cargo del delegado 
por San Luis Potosí; “Formación Religiosa”, a cargo del delegado por 
Coahuila; “Formación Cívica” y la jornada de Vanguardias, a cargo de 
la delegación de Nuevo León; y “Formación Social”, que correspondió . 
a los acejotaemeros de Tampico. Hubo, además, tres temas libres, que 
versaron sobre “Ahorro”, “Visita al Santísimo” y “Formación depor- 
tiva”, .que trataron los socios de los grupos regiomontanos. 


En Zacatecas cunde el malestar.—Las actividades zacatecanas estu- 
vieron salpicadas, por aquellos días, de incidentes precursores de la 
gravedad social que se avecinaba, 

. El domingo 2 de agosto de 1925 reunió al padre Adolfo Arroyo, en 
su casa de Valparaíso, Zac., a doce jóvenes, algunos de los cuales habían 
formado anteriormente un Grupo de acim, el que, por falta de aten- 
ción, se había disuelto poco tiempo antes. Con ellos formó uno nuevo 
que habría de cobrar merecida fama al correr de los meses, presi- 
dido por Lucilo J. Caldera. La primera aparición del Grupo en pú- 
blico fue hecha una semana después, para conmemorar el quincuagésimo 
aniversario de la muerte del gran patriota ecuatoriano Gabriel García 
Moreno. Antes de finalizar agosto los socios sumaban ya más de me- 
dio centenar. 

Veinte días de lluvia pertinaz y continua, que ocasionó graves de- 
rrumbes en las casas de la población, finalizaron el 3 de enero de 1926 
como presagio de los graves acontecimientos que se avecinaban. 


Méjico Cristero 35 


Grupo de la acsm de Valparaiso, Zac., al salir de una tanda de ejercicios 

espirituales impartida por el P. Mateo Correa, durante la cual estudiaron 

el grave problema social y religioso que significaba la creciente persecución 
a la Iglesia, 


El obispo de Zacatecas, Mons. Placencia, nombró párroco de Val- 
paraiso al Pbro. Mateo Correa, quien llegó a la población para tomar 
posesión de su cargo el 1° de marzo de 1926. Su llegada coincidió con 
la del general Eulogio Ortiz, que arribó al día siguiente al mismo lugar. 

Vicente Rodarte y Pascual Padilla, miembros del grupo acejotaeme- 
ro, cumpliendo una orden del Comité General de recoger firmas de adhe- 
sión a la protesta lanzada por la acsm en toda la República, recorrían 
casa por casa de Valparaiso, sumando pliego tras pliego de adhesiones 
espontáneas, Al enterarse el general Ortiz de la labor de los jóvenes 
acejotaemeros, ordenó la inmediata aprehensión de éstos, así como de 
los sacerdotes que se encontraban en la población. Un teniente se pre- 
sentó en la casa del padre Arroyo, a quien acompañaba en esos mo- 
mentos el presidente del Grupo de la acsm, Lucilo J. Caldera, exigiendo 
la entrega de los documentos relacionados con la recolección de firmas. 
“Lutilo le dio la carta del Comité General y la copia recibida del ma- 
"nifiesto. Después se dirigieron el teniente, el sacerdote y Lucilo al 
domicilio del padre Correa, quien fue a su vez aprehendido y, segui- 
dos de algunos vecinos que se habían enterado de las detenciones, se 
presentaron al general Ortiz. s 


Antonio Rius Facius 


36 


Después de interrogarlos ordenó que encerraran a Lucilo y a los 
dos sacerdotes y que éstos se dispusieran a marchar a Zacatecas. La 
noticia pronto fue conocida por todo el pueblo; los acejotaemeros fue- 
ron visitados por sus compañeros y los sacerdotes consultados sobre 
la actitud que deberían asumir los católicos en su defensa. Ante el con- 
sejo de ponderación, todos permanecieron a la expectativa, aunque en- 
viaron correos a las poblaciones y rancherías cercanas para poner sobre . 
. aviso a todos los habitantes de la región. Al día siguiente Valparaíso 
amaneció lleno de gente. En las afueras del pueblo, varios grupos arma- 
dos esperaban la primera indicación para acabar con el general Ortiz 
y los miembros de su escolta, Al enterarse de la amenaza que se cer- 
nía sobre su cabeza, el general abandonó el pueblo inmediatamente y 
pidió a los prisioneros que se presentaran, por sí solos y cuanto antes, 
en Zacatecas. Para evitar algún daño a la población, los padres Arroyo 
y Correa cumplieron lo ofrecido y fueron a parar a la cárcel zacatecana 
el día 10, donde permanecieron hasta el 16, en que, después de engo- 
rrosos trámites y visitas al general Ortiz, fueron puestos en libertad. 

No habían sido los únicos; otros sacerdotes y acejotaemeros de la 
` Unión Diocesana de Zacatecas también estuvieron presos por el delito 
de ser católicos cabales, entre ellos el prestigiado Guillermo López de 
Lara, obligándosele, bajo amenaza de muerte, a que abandonase Zaca- 
tecas, cosa que hizo el 3 de enero de 1926, para dirigirse a la ciudad 
de Méjico, de donde marchó, meses después, hacia Europa. 

El regreso de los sacerdotes a Valparaíso fue entusiasta: flores, 
campanas a vuelo y una multitud clamorosa. Los muchachos de la 
ACJM fueron de los más animosos en la recepción y su actividad les 
ganó nuevos prosélitos. 

Sin desmayar en su entusiasmo, la directiva del Grupo nombró pro- 
pagandistas a varios de sus miembros, para que se encargasen de fun- 
dar nuevos Grupos en las poblaciones colindantes. Estos iniciaron sus 
actividades el 9 de mayo y, antes de finalizar el mes, los habían fun- 
dado en el Capulín, en la hacienda del Astillero y en la de San Mateo. 
En esta última estaba el seminarista José Antonio Salas, quien había 
sido hecho prisionero anteriormente por el general Ortiz. 

Tales actividades no tendrían nada de peculiar si no fuese por el 
peligro que los acejotaemeros afrontaban. A fines de abril habían lle- 
gado, enviados por el Comité General, ejemplares del manifiesto y pro- 
grama de la Liga. Los muchachos del Grupo los pegaron en los muros, 


Méjico Cristero 37 


pero por orden expresa del presidente municipal fueron arrancados el 
mismo día por el personal del municipio. Al cabo de tres semanas fue 
detenido Manuel Tabuyo, principal autor de la difusión del manifiesto, 
y Jesús Pérez, por pretender defenderlo. Al día siguiente, 27 de mayo, 
apresaron al vicepresidente del Grupo, Francisco González, al ir a 
visitar a sus compañeros. El padre Arroyo envió mensajes al Grupo 
de Fresnillo y al Comité Diccesano de Zacatecas para que tramitaran 
un amparo que, aunque fue concedido, no favoreció a los prisioneros 
por la arbitraria oposición del encarnizado enemigo de los católicos, 
general Eulogio Ortiz, jefe militar de la zona. El 29 los condujeron a 
Fresnillo, de allí a Zacatecas y de Zacatecas a Méjico; aquí perma- 
necieron hasta el 29 de junio, que salieron libres por falta de méritos. 
| e 
Manifiesto acejotaemero.—Estos movimientos defensivos correspon- 
dían a un plan que, en el Comité General de la acim, se estaba 
fraguando poco a poco, de acuerdo con los directores de la Liga. El ma- 
nifiesto del 25 de febrero había llegado a todos los Grupos afiliados 
'a la Asociación, y fue tan palpable el efecto que surtió que, en la sesión 
ordinaria del Comité del 8 de marzo, dio cuenta Octavio Elizalde de que 
dicho escrito había merecido ser consignado. Y no satisfechos con la 
rápida y eficaz distribución de la protesta, a la que en-todas las-pobla- 
' ciones en que había sido dada a conocer se le añadían nuevas firmas, 
en el último número del boletín Juventud Católica, órgano oficial 
del Comité General, correspondiente a abril de 1926, fue publicada esta 
valerosa consigna: — 

«En estos momentos de aguda, tenaz y violenta persecución reli- 
giosa, el Comité General cree de su deber dirigirse a la Asociación 
para unificar criterios, orientar la acción y encauzar las energías de 
los grupos.» 

A continuación hacía «una llamada al espíritu de piedad intensa 
que debe reinar en la Asociación», y pedía a los Grupos. que organiza- 
ran frecuentes comuniones, visitas al Santísimo, peregrinaciones, etc. 

«A la oración se añadirá la acción constante, tenaz, abnegada, pru- 
dente y valerosa; sin temerarios alardes, pero sin cobardías, cauta, pero 
decidida; en que los esfuerzos individuales se sumen en un gran esfuerzo 
colectivo, de tal modo que la Asociación, bajo las órdenes de sus jefes, 
se mueva como un solo hombre, transformando su natural impulsivo - 
en fría y férrea voluntad de constante trabajo.» 


38 ` i Antonio Rius Facius 


Para hacer esa labor recomendaba que se promovieran reuniones 
en los Grupos, a las que deberían invitarse a antiguos acejotaemeros 
para unificar criterios y que, de ninguna manera, se perdiera «él con- 
tacto entre los socios de un mismo Grupo, ni entre los Grupos de una 
Unión, ni entre las Uniones y el Comité General.» 

Pedía especial «empeño en recoger el mayor número de firmas para 
el manifiesto que oportunamente se les remitió» y que servirían para 
formar un gran referéndum nacional. 

«Además —concluía— presten su apoyo más efectivo a la Liga Na- 
cional de Defensa Religiosa, cuya jefatura en materia cívica han reco- 
nocido todas las instituciones de propaganda general establecidas en la 
República.» 

Estas instrucciones estaban apegadas a la más apremiante necesidad. 


La reglamentación del artículo 130 en los estados.——La reglamen- 
tación del artículo 130 constitucional avanzaba por la República como 


‘peste implacable. Las órdenes_de Calles se cumplían con excesivo rigor 


y. las legislaturas de los estados, asumiendo prerrogativas indebidas, 
lanzaban las más descabelladas leyes, limitando el número de sacerdo- 
tes que podían oficiar en cada estado. Ya anteriormente había habido 
algún intento similar, que fracasó debido a la reacción violenta del pue- 
blo y a la situación de inseguridad que reinaba en todo el país al que dis- 
tintos grupos armados imponían sus propias leyes. 

El 24 de abril de 1919, el Congreso local de Sonora decretó que 
en el estado sólo podría ejercer un sacerdote por cada diez mil habi- 
tantes y, al recrudecerse la persecución, lo único que se hizo allí fue 
actualizar tal decreto. 

Tabasco, durante el gobierno de Carlos Green, fue el siguiente 
estado en dar ese paso, decretando, el 15 de diciembre de ese año, que 
sólo podría haber un sacerdote por cada treinta mil habitantes o frac- 
ción. Pero, pareciéndole a la camarilla revolucionaria que tal ley era 
harto benigna, la modificó el gobernador Tomás Garrido Canabal el: 
6 de marzo de 1925, estableciendo que las condiciones necesarias para 
poder ejercer allí el ministerio sacerdotal eran: 1? ser tabasqueño o 
mejicano por nacimiento, con cinco años de residencia en el estado; 
2% ser mayor de 40 años; 3% haber cursado estudios primarios y prepa- 
ratorios en escuela oficial; 4% ser de buenos antecedentes y moralidad; 
5% ser casado, y 6? no haber estado o no estar sujeto a proceso alguno. 


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Méjico Cristero - 39 


EOM 


¿Podían darse disposiciones más arbitrarias? Con ellas se preten- 
día eliminar definitivamente a la Iglesia Católica en Tabasco, y no vale 
la pena detenerse a estudiar todos y cada uno de los seis párrafos trans- 
critos que hablan por sí solos. i 

También en Coahuila hubo una reglamentación del artículo 130. 
El decreto de fecha 3 de abril de 1918 establecía el número de sacer- 
dotes para cada ciudad o población del estado y que eran: para Salti- 
llo, la capital, hasta 12 sacerdotes; para Torreón 5, Piedras Negras 3, 
Monclova 3, Parras 3, San Pedro de las Colonias 3, Matamoros de la 
Laguna 2, y 1 para los demás poblados. 

El 17 de mayo de 1923 el gobierno estatal de Durango decretó que 
no podría haber más de 25 sacerdotes en toda la entidad, que contaba 
con una población de cerca de medio millón de habitantes, desperdi- 
gados en vastísima dimensión territorial. En aquella ocasión las pro- 
testas del pueblo no valieron para hacer derogar el decreto, pero atem- 
peraron su aplicación. 

¿La acm tomó parte activa y eficaz en las manifestaciones de pro- 
testa que hubo contra ese decreto, que llevaba el número 136 de la 
legislatura duranguense. 

Estos antecedentes legalistas favorecieron los propósitos persecuto- 
rios del general Calles, para ordenar a los gobiernos de los estados la 
reglamentación del artículo 130 constitucional. Las legislaturas locales 
obedecieron la consigna, a cual más, de manera perversa y disparatada, 

En Colima fue donde primero se dejó sentir esta tiránica política. 
que excedía en su rigorismo absurdo a la seguida por la misma Rusia 
“en la imposición del más obsecado y cruel materialismo ateo, aus- 
piciado por la revolución mundial, de la que ella era maestra y el 
gobierno mejicano aventajado discípulo. El estado de Colima contaba 
a principios de 1926 con 62,000 habitantes, y el 24 de febrero su legis- 
latura decretó que el número máximo de sacerdotes para toda la enti- 
dad sería de 26. : ; : 

Un mes más tarde expidió un reglamento de cultos en el que orde- 
naba que en cada cabecera de municipio sólo podría ejercer un sacer- 
dote, con excepción de Manzanillo y Tonalá, donde podrían haber 2, 

. y para el municipio de Colima, la capital, hasta 10, El 5 de abril, una 
multitud de quince mil personas, acaudillada por los acejotaemeros 
colimenses, se reunió frente al palacio de gobierno para dar testimo- : 
nio de su repulsa al artículo 130 y su reglamentación. 


O AAA á _—— A a 
40 k Antonio Rius Facius 


El encarcelamiento que habían sufrido al salir de una sesión, un 
mes antes, todos los. componentes del Comité Regional de la Acīm 
presidido por J. Trinidad Castro, prisión que se prolongó durante cinco 
días, acusados de rebeldía contra el Gobierno, les quitó definitivamente 
el miedo, si es que alguno tenían, para enfrentarse gallardamente a la 
persecución, sin importarles el peligro de volver a la cárcel. 

. Mons, José Amador Velasco y Peña, bbispo de Colima, adelantán- 
dose a una medida que toda la jerarquía católica de Méjico se vería 
precisada a tomar más adelante, suspendió el culto público que exige 
la intervención de sacerdotes, en los templos de su diócesis. ` 

A esa extrema, pero necesaria medida, respondió uno de los Grupos 
de la acm de Colima con un emotivo mensaje, en el que decía: 

* «Preferimos carecer de sacerdotes a que ellos, con mengua de la dig- 
` nidad del ministro de Dios, entren en el Santuario por la puerta de- 
las claudicaciones... ¿Cederemos? No. Ceder hoy es sucumbir ma- 
. ñana...» 

«La Asociación Católica de la Juventud Mejicana se dirige a todas 
las asociaciones de católicos, cualesquiera que sean sus fines particu- 
lares, para invitarlas a emprender una acción general y enérgica a fin 
de obtener la derogación del decreto 126 y el reglamento de cultos. 
Y señala como orden del día, como algo de trascendencia y eficacia, 
esta conducta: abstenerse de paseos, diversiones, cines, teatros, uso 
de coches y autos, compras de cosas que no sean indispensables.» "3 

Este ejemplo de voluntad sería imitado más tarde por casi toda la 
nación. + 

Firmaban este documento fechado en julio de 1926, por el segundo 
Grupo Local de la acsm en Colima, el presidente C. Basilio Cisneros; 
vicepresidente, J. Jesús Dueñas; representante del Círculo Cardenal 
Mercier, Miguel Anguiano, y Rafael Borjas Vargas, del Círculo Bene- 
dicto XV. Miguel Anguiano Márquez sería después heroico general 
cristero —y hoy celoso sacerdote— y Rafael Borjas Vargas esforzado 
cruzado en la epopeya cristera y luego glorioso mártir* de Cristo Rey. 
Sus firmas fulguran luminosas en el documento, cuyo texto fue pre- 
cursor de la adopción del bloqueo económico-social que, en el mismo 
mes de julio, adoptó la Liga Nacional de Defensa Religiosa para todos 
los católicos del país. 


* El autor advierte que el empleo del adjetivo “mártir”, no significa en nin- 


gún caso anticipo al juicio innefable de la Iglesia, 


Méjico Cristero . i 41 


Nayarit fue el siguiente estado que fijó el número de sacerdotes 
que podían oficiar en su territorio, habitado por 167,000 personas: 
el decreto, de fecha 26 de febrero, lo' fijaba en 40. 


San' Luis Potosí rechaza la reglamentación. —Cuando en la ciudad 
.de Méjico un grupo de prominentes católigos estudiaba el proyecto del 
padre Bergoénd, para establecer una Liga Cívica de Defensa Religiosa, 
el obispo de San Luis Potosi, Mons. Miguel de la Mora, exhortaba a sus 
diocesanos para que constituyesen la Liga Católica Popular Potosina, 
cuyos estatutos redactó, con el fin de fomentar la religiosidad del pue- 
blo y oponer un frente organizado a la persecución católica “por medios 
pacíficos y legales”. Desde esa fecha —4 de marzo de 1925—, no dejó 
de ocuparse en la realización de su proyecto hasta que, en compañía 
del arzobispo de Durango, Mons. González y Valencia, partió a Roma 
en octubre de ese año para informar de la situación en que se encon- 
“traba la Iglesia en Méjico y hacer su visita ad límina apostolorum. 

El 26 de febrero de 1926 arribó de regreso a su diócesis y, el 13 de 
marzo siguiente, la legislatura del estado expidió el decreto número 85 
que limitaba a 10 el número de sacerdotes para la ciudad, que contaba 
con 90,000 habitantes, 2 en los municipios de Matehuala, Río Verde y 
Santa María del Río, y 1 por cada municipio restante, con la obliga- 
ción de que los sacerdotes diesen aviso previo al presidente municipal 
respectivo. ¡ 

Inconformes con esta reglamentación del artículo 130 constitucio- 
` nal, una comisión de respetables "ciudadanos presentó un proyecto de 
ley derogativa al gobernador de San Luis Potosí, Dr. Adolfo Cano, 
y a la Comisión Permanente del Congreso local; ésta se reunió el 
día 8 y dictaminó que hasta el próximo período de sesiones del Con- 
greso podría ser discutida, por lo que había de aplicarse, mientras tanto, 
el decreto 85. El gobernador giró entonces una circular a todos los - 
“presidentes municipales para que concediesen un plazo de 24 horas a 
los párrocos y sacerdotes del estado para que se sujetasen a la ley. 

El obispo De la Mora, al frente de su clero, interpuso el recurso 
de amparo de la Justicia Federal, que le fue concedido provisional. 
mente por un juez íntegro, que no era creyente, el Lic. Agustín Téllez. 
` El día 15 terminaba el plazo señalado y, como la audiencia de derecho 
para resolver si era o no de concederse la suspensión definitiva estaba ` 
fijada para el día siguiente, el obispo ordenó la suspensión del culto 


42 Antonio Rius Facius 


durante la tarde del 15 y la mañana del 16, y evitar así que los sacer- 
dotes violaran esa disposición, que no les era lícito obedecer. 

Efectuada la audiencia, fue concedido el amparo definitivo, que- 
dando sin efecto, en todas sus partes, el decreto 85 del Congreso del 
estado. 

Las fuerzas tenebrosas que manejaban desde los altos círculos polí- 
ticos la persecución religiosa, no podían conformarse con el restable- 
cimiento de la legalidad en parte alguna de la República, y San Luis 
Potosí no iba a ser la excepción. En la madrugada del día 18 se apos- 
taron grupos de policías a las puertas de algunos templos de la capital 
potosina y, sin mostrar orden escrita de la autoridad competente, clau- 
suraron el Carmen, San Juan de Dios, la Compañía, Tercera Orden, 
el Sagrado Corazón, Capilla de Guadalupe y San José. Las fuerzas 
federales, en unión de las policiacas, recorrieron las calles a bordo de 
camiones armados con ametralladoras. 

El obispo ordenó que fuesen cerradas las demás iglesias y retirado 
de ellas el Sagrado Depósito. El pueblo, alarmado ante los inesperados 
acontecimientos, se reunió frente a los palacios municipal y de gobierno 
y, en gran cantidad, en la calle de la Fuente, donde estaba el obispado. 

El general Saturnino Cedillo, señor de horca y cuchillo del estado, 
amenazó por teléfono al prelado, en nombre del presidente de Méjico, 
“con ametrallar al pueblo si no se disolvía y ordenaba la reapertura de 
los templos que no habían sido cerrados por las tropas, a lo que el 
obispo respondió que le era moralmente imposible acatar la reglamen- 
tación dada al artículo 130 de la Constitución, aunque, para evitar que 
la indefensa muchedumbre fuese agredida, se esforzó en calmar a la 
multitud que rodeaba su domicilio, 

El gobernador hizo circular la noticia de que no había dictado orden 
de aprehensión contra el obispo de San Luis, por lo que, después de 
conferenciar entre sí algunos intermediarios, pareció aliviarse la ten- 
sión reinante. 

Declinaba el día y el número de fieles engrosaba en fima notoria 
por la llegada de los trabajadores y campesinos que habian rendido 
su jornada, pero la oportuna palabra del R. P. Rábago, hizo que em- 
pezasen éstos a disolverse. Una comisión de sacerdotes, por mandato 
del prelado, solicitó de los soldados que custodiaban con una ametralla- 
dora una de las bocacalles, que se retirasen para facilitar la progresiva 
disolución de la gente; pero se opuso el teniente coronal Rubio, que, 


Méjico Cristero 43 


jinete en brioso caballo, arremetió con la espada desenvainada contra 
los inermes ciudadanos que aún no abandonaban la calle de la Fuente, 
provocando con ello una sangrienta refriega. 

Fueron reforzadas las guardias armadas en las esquinas contiguas 
al obispado y patrullada la ciudad durante dos días. Mientras tanto 
continuaron las negociaciones entre los representantes de los poderes 
civil y eclesiástico con resultados satisfactorios para ambas partes, pues 
llegóse a un acuerdo en el que los derechos de la Iglesia quedaron reco- 
nocidos y el obispo dispuso la reanudación del culto en los templos de 
la ciudad el día 20 de marzo. Pero una vez más quedó confirmada la 
falta de buena fe en las altas esferas oficiales y burlado el buen deseo 
y sano juicio de un gobernador que no disponía de más poder que' el 
de ajustarse a las consignas recibidas. La persecución se reanudó y 
muchos municipios quedaron privados del uso de sus templos, pues no 
pudieron ser reabiertos por sus párrocos, a quienes se les quería im- 
poner la ley que el obispo había rechazado —y así lo había reconocido 
un juez justo— por inaceptable. 

En el mes de noviembre de ese año, el Sr. De la Mora, para evitar 
ser aprehendido, tuvo que ocultarse y buscar refugio, finalmente, en la 
capital de la República. 


Otros estados afectados.—El 8 de marzo tocó a Michoacán legislar 
contra la Iglesia, El gobierno local dividió los municipios en cinco 
categorías, concediendo a los de primera 10 sacerdotes, a los de se- 
gunda 4, a los de tercera 3, a los de cuarta 2, y a los de quinta categoría 
1 sacerdote, y sancionaba con un año de prisión el ejercicio del minis- 
terio sin permiso de la autoridad. A consecuencia del decreto, la ACIM 
en Zitácuaro organizó, el día 27 de abril de 1926, una exaltada mani- 
festación de protesta que fue repelida por las fuerzas armadas y-poli- 
ciacas con el consiguiente saldo de muertos y heridos, lo que más vino 
a exaltar los ánimos de los católicos, a quienes no valían manifestaciones 
pacíficas, las cuales eran rechazadas sistemáticamente por el Gobierno. 

` El 12 de marzo la legislatura tamaulipeca decretó que no podían 
admitirse más de 13 sacerdotes para todo el estado, que contaba con 
350,000 habitantes. 

El 24 de ese mismo mes, en Aguascalientes, sobrepasando tan absur- 
das y atentatorias disposiciones,. se decretó que allí no podía ejercer 
. más de un sacerdote por cada 50,000 habitantes. 


44 ] . Antonio Rius Facius 


El 10 de abril Yucatán dispuso que no hubieran más de 40 sacer- 
dotes en todo el estado, que alcanzaba cerca de 400,000 habitantes. 

En Puebla el decreto reglamentario fue más benigno; dejó un sacer- 
dote por cada 4,000 habitantes a partir del 16 de abril, fecha del decreto. 

El estado de Hidalgo, el 15 de mayo, reglamentó el artículo 130 
con un decreto concediendo el ministerio de un sacerdote por cada mu- 
_nicipio, a excepción de la capital, Pachuca, en donde admitía 2, e igual 
número en Tulancingo. 

El 17 de mayo tocó a Tlaxcala demostrar su obediencia a la perse- 
cución ordenada por Plutarco Elías Calles, al fijar el número máximo 
de 36 sacerdotes para toda la entidad, con la prohibición de que se reu- 
nieran más de 6 en una población «y esto sólo de manera transitoria». 

El 21 de mayo el Congreso local de Sinaloa, obediente a las consig- 
nas del Gobierno Federal, aprobó que sólo 45 sacerdotes pudieran aten- 
der a todo el estado. 

El de Méjico, del que era gobernador Carlos Riva Palacio, decretó 
que, para el millón de habitantes con que contaba, bastaban y sobra- 
ban 140 sacerdotes. Esto representaba una mejoría, visto con criterio 
revolucionario, en relación al decreto expedido por el general Fran- 
cisco Munguía el 30 de septiembre de 1914, por el que se prohibía 
predicar sermones, aconsejar ayunos, cobrar diezmos o derechos de bau- 
tizos y responsos, pedir limosnas, decir misas de difuntos, y otras 
“imposiciones que rubricaba con la condición de que las misas no podían 
celebrarse más que los domingos, siempre y cuando no fuesen más de 2. 

. Manuel Bouquet gobernaba Jalisco cuando, el 3 de julio de 1918, 
expidió el decreto limitando a 1 el número de sacerdotes por cada 
5,000 habitantes. El pueblo, a cuyo frente estaba la acsm, logró su 
derogación. Aquel episodio fue ejemplo para todo el país, 

Los jaliscienses pensaron que podrían hacer lo mismo en 1926, 
cuando el 18 de marzo el gobierno de Jalisco expidió un nuevo orde- 
namiento autorizando a 250 sacerdotes el ejercicio de su sagrado mi- 
nisterio para todo el estado, que contaba con 1.256,000 ‘habitantes; 
pero la persecución organizada en la República surgía potente e im- 
placable y, antes de que el pueblo alcanzara, no ya el triunfo, sino un 
alivio, tuvieron que caer muchos mártires. 

Ese decreto fue ampliado posteriormente, el 25 de agosto de ese 
año, con el fin de puntualizar los precisos y rigurosos requisitos nece- 
sarios para ejercer el ministerio sacerdotal. 


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Méjico Cristero i 45 


e 


A Chihuahua le llegó su turno el 8 de julio de 1926, en lo que 
a reglamentación del malhadado artículo 130 se refiere. La legislatura 
local decretó que sólo podía haber un sacerdote por cada 9,000 habi- 
- tantes, y siendo Chihuahua uno de los estados en que, por sus gran- 
des dimensiones, más desperdigada se encontraba su población, hacía 
del todo ineficaz la labor de un solo sacerdote para tan elevado número 
de habitantes. 

Los acontecimientos nacionales alcanzaron su máxima gravedad en 
agosto de 1926, pero no fueron óbice para que el plan perseguidor 
detuviera su marcha implacable. El 22 de septiembre Campeche de-, 
. cretó que sólo podían haber 3 sacerdotes en todo el estado, rectifi- 
cando el decreto de fecha 3 de noviembre de 1917, que autorizaba 
5 en total. 

El 5 de octubre fijó el gobernador de Guanajuato, que era Enrique 
Colunga, la proporción de un sacerdote por cada 5,000 habitantes. 

El 30 de noviembre fueron autorizados en Zacatecas 30 sacerdotes 
- para la capital y 1 para cada uno de los restantes municipios.” 

La lista continúa, y, en los años siguientes, los estados que aún 
no lo habían hecho fueron lanzando sus decretos respectivos, limitando 
© el número de sacerdotes y condicionando su actuación. 


IV 


ATAQUES A LA JERARQUIA CATOLICA 


Expulsión del delegado apostólico. — Valerosa acti- 
tud del obispo de Huejutla. — Memorial del obispo 
de Tacámbaro.—Primera Carta Pastoral Colectiva. 


Expulsión del delegado apostólico.—El 4 de marzo de 1926 cruzó 
la frontera norte de Méjico el nuevo delegado apostólico, Mons. Jorge 
José Caruana, de nacionalidad norteamericana, enviado por el Papa 
Pío XI para hacerse cargo de su elevada representación en aquellos 
delicados momentos. 

Mons. Caruana permaneció discretamente en Méjico, sin tratar de 
hacer valer su posición ni tomar parte en los asuntos públicos del país. 
Su labor era de concordia y no de provocación, y estuvo, en todo mo- 
mento, a la altura de su deber. Pero al Gobierno le molestaba su pre- 
sencia y, sin que mediara ninguna causa que lo justificara, se presentó 
'en el domicilio del obispo el jefe de los agentes confidenciales de la 
Secretaría de Gobernación, conminándolo con una orden de Calles a 
que abandonara el país en el término de tres días. 

La expulsión había sido decretada con el pretexto de que el dele- 
gado apostólico había violado el artículo 130 de la Constitución. 

Cuando, al término del plazo fijado salió de Méjico, hizo las si- 
guientes declaraciones que aclaraban la verdadera causa de su inopi- 
“nada expulsión: A 

«El miércoles 12 de mayo, el coronel Francisco M. Delgado, jefe 
del Departamento Confidencial de la Secretaría de Gobernación, visitó 

47 


48 ' : i Antonio Rius Facius 


mi residencia y me mòstró un documento dirigido a él y redactado en 
forma de decreto ejecutivo. Por medio de este*documento se me noti- 
ficaba, por el ministro de Gobernación, que el presidente de Méjico 
había ordenado mi expulsión del territorio mejicano, fundándose en que 
yo había hecho falsas declaraciones acerca de mi nacimiento, profesión 
y religión, violando el artículo 130 de la Constitución mejicana...» 

Los Estados Unidos, que siempre habían sido extremadamente sus- 
ceptibles en cuanto a las ofensas figuradas o ciertas hechas a sus ciu- 
dadanos, no mostró en esta ocasión el más mínimo disgusto por la - 
vergonzosa expulsión de tan relevante personaje. 

Las protestas elevadas por los miembros más eri de la 
jerarquía eclesiástica no fueron tomadas en cuenta, a no ser para con- 
signarlas al Ministerio Público por el delito de disolución social. 
Y el Gobierno, haciendo uso de todos los medios de propaganda a su 
alcance, difundió al mundo entero sus propias e interesadas versiones 
sobre los graves acontecimientos. En esta campaña tomó parte activa 
Plutarco Elías Calles, principal interesado en aceptar entrevistas ten- 
denciosas con reporteros extranjeros, 


. Valerosa actitud del obispo de Huejutla.—Para acallar tantas men- 
tiras y calumnias, la Iglesia, por voz de uno de sus más prestigiados 
" prelados, Mons. José de Jesús Manríquez y Zárate, obispo de Hue- 
jutla, expuso la verdad con asombroso valor y precisión en su Sexta 
Carta Pastoral de fecha 1% de marzo de 1926. 

Mons. Manríquez y Zárate ya había dedicado con anterioridad dos 
cartas pastorales más a sus diocesanos sobre el mismo tema, la cuarta 
y la quinta, en las que con diáfana claridad había expuesto la doc- 
trina de la Iglesia sobre sus derechos, indebidamente usurpados por . 
el gobierno civil. Aunque en ellas hacía una franca exposición de los 
acontecimientos, su protesta era comedida y esperanzada. 

Ante la sordera incurable del Gobierno, que nada ponía de su parte 
* para encontrar un principio de solución a los problemas por él auspi- 
ciados, desafiando las iras del tirano, el ilustre prelado escribió su céle- 
bre Pastoral, de la que son algunos de los siguientes párrafos: 

«Declara el señor presidente de la República recientemente a un 
periódico norteamericano que la persecución religiosa en Méjico obe- 
dece a la intromisión del clero católico en los asuntos políticos del 
país, al contrario de lo que sucede en los Estados Unidos, en donde 


Méjico Cristero 


49 


el clero y las monjas jamás se entrometen en la política del gobierno 
temporal. Miente el señor presidente de la República al asegurar tal 
cosa. Si algún delito ha cometido el clero. de Méjico, es precisamente 
el no haber tomado participación alguna en la política sucia y de en- 


juagues por la que resultan repre- 
` sentantes del pueblo aquellos su- 
jetos que éste ni conoce, ni ama, 
sino en la política de principios; 
aquella que se ocupa en las gran- 
des verdades del orden social so- 
bre las que descansan la paz, la 
«felicidad y el bienestar de los pue- 
blos. Por esta no intervención o 
- abstinencia criminal, es por lo que 
“ahora estamos sufriendo los terri- 
“les azotes de la Providencia Di- 
vina de quien el jacobinismo me- 
. “jicano no es sino un simple instru- 
¿+ mento. 
¿< »Mucho complace al gobierno 
la actitud cobarde y medrosa de 
¿“fos católicos mejicanos en frente 
“vde la persecución; claro está, de 
sta manera no habrán de fati- 
arse ciertamente los sayones en 
* cortar cabezas de cristianos, ni los 
:- gobernantes sufrir las fiebres bi- 
iosas que casi siempre ocasionan 
“preparación de la injusticia y 
+ “del crimen. Pero esto mismo cons- 
. lituye un argumento colosal en 
' contra de las declaraciones del 
+ señor presidente, pues no puede 
éscápar a su penetración, ni mu- 


A * mizico CRISTERO.—4 


Integérrimo obispo de Huejutla, Mons. 

Jesús Manrique y Zárate. Nació en León, 

Gto., el 7 de noviembre de 1884; fue 

electo el 11 de diciembre de 1922 y con- 

sagrado en su ciudad natal el 4 de fe- 
brero de 1923. 


e menos a la del mundo civilizado que nos contempla, que si el: 
: Méjico católico estuviera bien organizado para la defensa, nada vak 
* dríantodos los ardies del jacobinismo en contra suya. 


50 : Antonio Rius Facius 


»Tanto el señor presidente de la República como el señor ministro 
de Gobernación, hacen alarde de valor en estos momentos solemnes en 
que se estrangula implacablemente la religión del pueblo mejicano y se 
admiran de que no haya hombres que presenten el pecho descubierto 
a los esbirros jacobinos armados de balas hasta los dientes. 

»Ha declarado también últimamente el señor presidente de la Repú- 
blica, que considera que de la aplicación de los artículos atentatorios de 
la Constitución en materia religiosa, no ha surgido ningún problema 
de importancia en el país y que todo se ha reducido a protestas más o 
menos escandalosas en que actúan solamente mujeres, sin tener los 
individuos del sexo masculino el valor suficiente para presidirlas y 
capitanearlas en sus heroicas empresas. Miente el señor presidente de 
la República al asentar tal afirmación. 

-——— » Debe saber que acá, en estas lejanas tierras sumidas perpetuamente 

- en la barbarie y bañadas por un sol africano, existe un hombre, un cris- 
tiano que tendrá el valor, con la gracia divina, de sufrir el martirio 
si es necesario, por la causa sacrosanta de Jesucristo, si es que el jaco- 
binismo puede conceder favores: de que no se le asesine por la espalda. 
Si el gobierno jacobino exige de los católicos mejicanos el verdadero 
valor cristiano, nosotros tenemos derecho de exigir de nuestros verdu- 
gos siquiera el valor y la osadía de los césares de la Roma pagana...» * 

Por fin la dignidad episcopal alcanzaba su justa dimensión. El Excmo. 
Sr. Manríquez y Zárate había señalado, con índice de fuego, cuál debía 
ser la conducta erguida y viril de los católicos mejicanos frente a la 
tiranía. ` 

El obispo de Huejutla recibió incontables mensajes de adhesión y 
simpatía que respaldaron su conducta de obispo y de mejicano. Pero 
Calles no podía sufrir que nadie se le enfrentara con la verdad. La carta 

` pastoral de Mons. Manríquez y Zárate, a la que siguió un memorial. 
del obispo de Tacámbaro y la Carta Pastoral Colectiva del Episcopado 
Mejicano, se convirtieron en un excelente pretexto para justificar su 
. odio a la Iglesia y su sed de. venganza contra aquél que había osado 
" acusarlo públicamente. 
El 13 de mayo citó el juez de primera instancia al obispo para al 
día siguiente, pero Manríquez y Zárate se negó a comparecer porque 
-no reconocía competencia a los tribunales del orden civil para conocer: 
de asuntos eclesiásticos. La segunda cita enviada por el juez recibió 
igual respuesta y, el día 15 a las 4.45 de la tarde, se presentó el coro-- 


Méjico Cristero k l 51 


nel Enrique López Leal, quien había llegado a Huejutla dos días antes 
al mando de un regimiento de caballería, para notificar al obispo que 
desde ese momento quedaba preso en su residencia y que al día si- 
guiente saldría hacia la capital del estado, de acuerdo con una orden 
transmitida de la Jefatura de Operaciones Militares a petición del juez 
-de distrito de Pachuca, 

Al cabo de una hora, al ser conocida la noticia, una gran muche- 
dumbre se acercó a la casa del prelado, por lo que, a las siete de la 
noche, se apostó a sus puertas una escolta de soldados. El obispo no 
pareció preocuparse por lo que le acontecía y continuó su vida normal 
'con el rezo del Oficio Divino y del Santo Rosario, acompañado de la 
gran multitud de fieles que habían logrado entrar a su reducida resi- 
dencia. A las cinco de la mañana del día 16, Mons, Manríquez y Zárate 
estuvo listo para el viaje, y a las siete, cuando se presentó su custodio, 
montó en su cabalgadura, no sin antes dirigirse en los siguientes ter= 
minos a quienes lo rodeaban: 

.- «Protestamos enérgicamente contra este atropello hecho a la digni- 
dad episcopal que, aunque indignos, representamos, y sobre todo por 
ir directamente contra la Iglesia de Dios.» 

Desde su cabalgadura bendijo a su pueblo fiel que lo acompañaba: 
y que no pudo seguirlo por impedirlo un escuadrón de caballería del 
„ejército, Las campanas de la catedral tocaron a rogación. La AcJM se 
. dirigió telegráficamente al presidente de la República y al juez de dis- ` 
trito de Pachuca para protestar por el atentado. El 21 de mayo llegó" 
el mitrado a Tulancingo, donde permaneció media hora, para salir 
hacia Pachuca y llegar a esa ciudad a la una de la madrugada del 
-sábado 22. 

Ese mismo día la Jefatura de Operaciones de Hidalgo puso al diia. 
-a disposición del Juzgado de Distrito. Son dignas de mencionarse las 
cartas que se cruzaron, por medio de la prensa, el arzobispo de Du- 
_rango, Mons. José María González y Valencia, y el obispo de Huejutla,' 
«Mons. Manríquez y Zárate, este último desde su prisión, 

Las peticiones hechas a Calles por el Comité Episcopal y el arzo- 
bispo de Méjico, Mons. José Mora y del Río, tuvieron esta respuesta: 

- «No hay otro camino para que ustedes eviten dificultades y, asi- 
«mismo, las eviten al Gobierno, que someterse a los mandatos de la ley... 
“La situación en que se encuentra el obispo de Huejutla es consecuen- 
cia de sus mismos actos y de su actitud altanera y falta de respeto 


== 


52 Antonio Rius Facius 


para las autoridades y la ley» (siempre la sacrosanta ley, que la tiranía 
ejercía exclusivamente contra los derechos de la Iglesia); «y en este 
caso y en todos los que se presenten, se obrará de la misma manera, 
sin que haya influencias interiores o exteriores que hagan cambiar esta 
` actitud del Gobierno de la República.» 

Pero no sería esta actitud intransigente de Calles la que hiciera 
doblegar el espíritu de Manríquez y Zárate, quien se negó «a nombrar 
defensor por no reconocer ni lejana o implícitamente la jurisdicción 
civil en asuntos eclesiásticos», sólo aceptó la asistencia del Lic. Barrios, 
que le proporcionó Pablo González Verazueta. 

Tras dos humillantes audiencias, fue declarado formalmente preso 
el 24 de marzo, sin que fueran tomadas en cuenta las apelaciones hechas 
por el Lic. Barrios. Al prisionero le fueron puestos guardias armados 
en las mismas habitaciones que ocupaba. 

Las plumas de escritores sin miedo esparcieron la noticia. Los ace- 
jotaemeros de Jalisco protestaron por el atentado; Armando Téllez 
Vargas escribió en La Epoca un artículo que reflejaba el estado de 
efervescencia que dominaba al pueblo católico a la vista de tal ini- 
quidad. o i 
“o Durante once meses permaneció el obispo de Huejutla bajo la insul- 
tante acción de la justicia. Cuando en octubre de 1929 visitó a su emi- 
nencia el cardenal Pedro Gasparri, secretario de Estado. en la Ciudad 
del Vaticano, el prelado de Huejutla sostuvo el siguiente diálogo con ' 
el cardenal, según dejó escrito en sus impresiones inéditas: 

- “Buenos días, Emmo. señor —el cardenal hablaba perfectamente 
el español. O 
*. “—Buenos días —le contestó. 
. “—Yo soy el obispo mejicano, prelado de la diócesis de Huejutla. 
- “Ah — replicó—, ¿y cuándo fue expulsado de la diócesis?” 
“—El 22 de abril de 1927, y estuve un año en la cárcel, y dos he 
“ permanecido en el destierro. 
¿< (Diecisiete años tendría que sumar en total, comiendo el pan amargo ' 
. del exilio, Mons. Manríquez y Zárate.) : 

“¿Estuvo usted en la cárcel pública? 

“_No, eminencia, sino primero en la casa anexa a la parroquia 
de la Asunción de Pachuca y el resto en casas particulares; pero tenía” 
constantemente conmigo dos o tres esbirros armados que me seguían 


Méjico Cristero 53 


a todas partes y querían enterarse de mi correspondencia, y aun pre- 

tendin dormir conmigo en la misma pieza. i 
—;Qué bárbaros!, ¿y cómo lo trataron? 
“Como se trata a cualquier criminal.” 

La conducta del Gobierno era del todo injuslficabile. desde el mo- 
mento que el abogado de monseñor había obtenido oportunamente la 
libertad caucional del acusado bajo la fianza de $2,500.00 oro, que 
el ingeniero Gómez entregó al Juzgado. 

Para no interrumpir el orden cronológico de los acontecimientos, 
quede hasta aquí el relato de lo sucedido al heroico obispo y sigamos 
con la resuelta actitud asumida por sus hermanos de la jerarquía. 


Memorial del obispo de Tacámbaro.—El 16 de marzo de 1926, Mons. - 
Leopoldo Lara y Torres, primer obispo de Tacámbaro, dirigió un ex- 
tenso “memorial al presidente Plutarco Elías Calles, a las Cámaras 
legisladoras de la Unión y al gobernador del estado de Michoacán, 

. Gral. Enrique Ramírez, En él hacía una exposición imparcial y obje- 
tiva de los hechos. 

«Hablo —decia— en nombre propio y de ciento cincuenta mil dio- 
cesanos», puesto que si fuera posible hacer un plebiscito, era seguro 
- que todos suscribirían su memorial. 

En bien de la paz, durante mucho tiempo habían callado; por eso, 
después de la protesta hecha por el Episcopado mejicano a raíz de 
haberse promulgado la Constitución, no habían vuelto a manifestar pú- 
blicamente su justo rechazo al código queretano. 

Cuando, después de nueve años en que la carta magna se había 
aplicado con relativa moderación y prudencia, y aun hubo intentos de 
hacerle reformas sustanciales —como constaba por el proyecto publi- 
cado en el Diario Oficial del 27 de diciembre de 1918—, el gobierno del.. 
presidente Calles pretendía hacer sentir todo el rigor de la ley injusta 
sobre los católicos, haciendo más amargo su pesar de no ver realiza- 
dos sus anhelos de armonía, orden y justicia, al arrebatarles los pocos 
derechos civiles y negarles las garantías individuales más sagradas y - 
justas. Para probar sus afirmaciones exponía algunos ejemplos de lo ` 
sucedido en su diócesis, que eran claros ejemplos de lo que estaba ocu. 
rriendo en toda la República: 

Un señor acompañado del agente del Ministerio Público y del admi-. : 
nistrador de Rentas de Tacámbaro, respaldados por dos centenares de. z 


54 ; ~ Antonio Rius Facius 
aeea er 


soldados, se había presentado en el humilde seminario el 26 de febrero 
a las 8 de la mañana, para exigir que de inmediato desalojaran el local 
los seminaristas y le entregaran las llaves de la casa. En vano inten- 
taron ampararse judicialmente, pues el juez se hizo ojo de hormiga 
y, cuando se pretendió hacerlo en Morelia telegráficamente, «apareció 
un aviso en la oficina de telégrafos en que se decía que no se reci- 
birían telegramas que no fueran oficiales» y el despojo quedó consu- 
mado. 

Al obispo no le quedó otro remedio que sostener a sus sesenta seri- 
náristas repartidos en distintas casas de la población que le hicieron 
la caridad de recogerlos. : 

Igual procedimiento se siguió en el Colegio Guadalupano, no obs- 

tante que, para evitarse dificultades, se habían plegado en todo a los 
requisitos absurdos de la ley. : 

La Escuela Providencia también fue clausurada y arrojados los 
alumnos y el mobiliario a la calle, a pesar de que esos establecimien- 
tos «no estaban sostenidos por el gobierno eclesiástico, sino por modes- 
tas y escasísimas pensiones de los padres de familia y, más que todo, 
por la abnegación y caridad de sus maestros». 

»Hechos semejantes, a veces más, a veces menos abusivos, se han 
registrado en Morelia, en Colima, en Zamora, en Zacatecas, en Oajaca 
y en otras muchas partes de la República, como puede verse por los 
informes diarios de la prensa.» 

A continuación enumeraba el memorial las principales arbitrarie- 
dades e injusticias cometidas por el gobierno civil, que había desoído 
sistemáticamente las justas peticiones de los católicos para que rectifi- 
case a tiempo su absurda y violenta actitud. i 

«Y como si no fueran bastantes tamañas calamidades, el señor 
ministro de Gobernación, con sincero aplauso vuestro, Sr. presidente, 
ha ordenado y apremiado indebidamente a las legislaturas de los esta- 
dos para que procedan en el acto a hacer la reglamentación del ar- 
tículo 130 de la ley constitucional, sobre la limitación de sacerdotes y 
ministros de los cultos; y las legislaturas en gran parte se han apre- 
surado servilmente, olvidando en esta vez sus humos de soberanía 
a cumplir con las órdenes superiores, por razones que son de todos 
-bien conocidas.» 


Terminaba el memorial con los siguientes puntos concretos: 
1° Estaba dispuesto a probar la verdad de lo que afirmaba. 


e A _ 0 q 


Méjico Cristero í 55 


20 Reiteraba su fiel adhesión al gobierno constituido «porque no 
queremos la revolución, que detestamos, sino el verdadero progreso y 
la verdadera libertad de nuestra patria.» 

39 Protestaba contra los atropellos cometidos en la diócesis de 
Tacámbaro y en toda la República, y «contra la falta de garantías de 
que somos víctimas los católicos en el libre ejercicio de nuestros dere- 
chos ciudadanos.» 

49 Contra la expulsión de sacerdotes, religiosas, profesores y maes- 
tros. «Vergüenza es para Méjico —decía— el que se arroje de su seno 
a los que han venido a traernos el contingente de su ciencia y caridad 
siempre fecundas.» 

59 Se unía a las protestas hechas en otros rincones del país. 

62 Pedía a todos trabajar por conseguir las libertades simboliza- 
das en la bandera nacional: Religión, Unión, Independencia. 

79 «Nos unimos —se lee textualmente en el memorial— a las inicia- 
tivas que se han hecho en Méjico, en Morelia, en Guadalajara, en Pue- 
bla, en Aguascalientes, en Pachuca, en Veracruz, y en otras partes del 
país, para pedir, como pedimos, respetuosa, pero insistentemente a las 
cámaras legislativas federales y de los estados, al Sr. presidente y a los 
gobernadores de los distintos estados de la República, la reforma de 
los artículos constitucionales que lesionan nuestros derechos de católi- 
“cos, y principalmente del 3, 5, 27 y 130, en lo que fuere necesario.» ** 

Finalmente pedía al gobierno de Michoacán, especialmente, que 
_atendiera el anhelo popular como lo había hecho «el Sr. gobernador 
Enríquez, de Chihuahua, y el Gral. Jesús Agustín Castro, guienes han 
tenido el tino de haber sabido interpretar la voluntad de su pueblo, 
“el valor muy raro de acatarla y seguirla, y el de haber dejado en paz 
a sus súbditos antes que verse cubiertos ellos de oprobio, maldición e 
ignominia.» 

Como resultado de este llamado oportuno a la comprensión y res- 
peto mutuos, el obispo fue consignado a las autoridades, acusado de 
ataques a la paz pública, injurias, difamación y calumnias al presi- 
dente de la República, cargos todos fundados en la ley de imprenta. * 
Dejó su diócesis y el 23 de abril se presentó en el juzgado de la ciu- 
dad de Morelia para responder de todos los cargos que se-le hacían, 
pero éstos no pudieron resistir el más leve análisis del ilustre prelado 

_quien, no obstante, fue declarado formalmente preso, aunque de hecko E 
no pisó las losas de la cárcel.. : 


56 " Antonio Rius Facius 


Primera Carta Pastoral Colectiva.—Dos días atrás, los obispos de 
la República, unidos por la doctrina infalible de la Iglesia frente al 
común enemigo de la fe, suscribieron su celebérrima Primera Carta 
Pastoral Colectiva para fijar, en tiempo oportuno, el sentir de la Igle- 
sia frente a la situación que dominaba al país, las relaciones que debían 
haber o podían tolerarse entre el Estado y la Iglesia, y deducir de esas 
enseñanzas las obligaciones de los católicos mejicanos: 

«En tam aciagos momentos toca a nosotros los pastores puestos por 
“el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios, dirigiros palabras de 
instrucción, aliento y concordia.» 

Así comenzaba el notable documento, y continuaba: 

«Palabras de instrucción, porque es preciso que conozcáis clara- 
mente cuál es la naturaleza de la Iglesia y del Estado derivadas de 
su origen, constitución y fin, cuáles sus mutuas relaciones, y cuáles, 
por tanto, nuestras obligaciones y derechos como católicos y como ciu- 
dadanos. 

»Palabras de aliento, a fin de que no sucumbáis en la prueba. 

»Palabras de concordia, porque a pesar de las persecuciones de 
que somos objeto, y de la dura ley que quiere imponérsenos, nuestro 
ánimo sincero es exhortaros a la reconstrucción de la patria querida 
sobre las bases del amor y de la libertad bien entendidos.» 

En esta Carta, cuajada de doctrina, escrita con claridad y expüésta 

` con lógica, los obispos alentaban a todos los mejicanos al fiel cumpli- 

miento de su deber. Comenzaba su exposición explicando el concepto 
general de la Iglesia para concretar que era «la consagración de todos 
los hombres, que peregrinos sobre la tierra, profesan la misma fe, par- 
ticipan de los mismos sacramentos, y obedecen a los mismos pastores, 
principalmente al Romano Pontífice, sucesor de Pedro.» 

Daba cuenta del origen de la Iglesia, su fin, su naturaleza y sus 
peculiares propiedades. 

El segundo capítulo versaba sobre las Relaciones de la Iglesia y el 
Estado y explicaba cuáles debían ser realmente éstas, desde el punto 
de vista estrictamente legal. . 

El tercer capítulo exponía cual era el estado legal y real de la Igle- 
sia en Méjico y abarcaba los siguientes puntos: 

I—Personalidad jurídica de la Iglesia. 

I1.—Ministros del culto. 

HI.— Votos y órdenes religiosas. 


Méjico Cristero : 57 


La Carta continuaba examinando otros aspectos de la situación real 
de la Iglesia en Méjico, bajo el subtítulo de Cosas. 

1.—Matrimonio. 
TI.—Culto público. 
TII.—Enseñanza. 
IV.—Prensa. 
V.—Templos. 

VI.—Propiedad de la Iglesia y de sus ministros. 

VI.—Cláusula única. 

En este capítulo demostraba, con los textos vigentes, el ataque lega- 
lizado y sistemático de que se hacía víctima a la Iglesia, de cuyos 
resultados daba cuenta en el segundo párrafo titulado Persecución 
actual, 

Explicaba los hechos, pasaba a examinar cuáles eran los «deberes- 
actuales de los católicos», a los que agrupaba en tres aspectos esencia- 
les: de acción religiosa, acción social y acción política. De esta última 
“decía en uno de sus párrafos esenciales: «Dejamos exclusivamente a 
los seglares el ejercitar la acción política, no la personalista y mez- 
quina, sino la alta y profunda que se guía por principios y busca el 
bien público», y añadía más adelante: 

«En cumplimiento, pues, de nuestro deber, exhortamos a los cató- 
licos a que trabajen por el bien de la nación; y les aconsejamos que se 
. inscriban en organizaciones, que enseñen al pueblo teórica y práctica- 
mente sus derechos y obligaciones de ciudadanos y organicen la nación 
para la defensa de la libertad religiosa, conservándose, empero, fuera 
de todo partido y sobre todo partido.» 

Esta invitación hablaba, sin mencionarlas, de dos sociedades que se 
apegaban al espíritu de la Carta y que eran: la Asociación Católica de 
la Juventud Mejicana y la Liga Nacional Defensora de la Libertad 
- Religiosa. 

. — Este trascendental documento estaba suscrito por los arzobispos de 
Méjico, Michoacán, Guadalajara, Oajaca, Durango, Monterrey, Puebla . 
y Yucatán; por los obispos de Aguascalientes, Cuernavaca, Colima, Sal- 
tillo, León, Zacatecas, San Luis Potosí, Tulancingo, Zamora, Sonora, * 
Chilapa, Querétaro, Veracruz, Tepic, Chiapas, Chihuahua, Tacámbaro, 
Campeche, Sinaloa, Papantla, Tabasco, Huejutla, Tehuantepec, Tamau: . 
lipas y Huajuapan, y por los titulares de De Derbe, Anemur, Debora * 
y Cina de Galacia. 5 


58 Antonio Rius Facius 
A A A A A O a NS 
== __—_____——__— _ __  _ ___ __—_..——____—_— 


A nadie extrañó que tan ponderada y justiciera Carta Pastoral 
fuera consignada por el secretario de Gobernación, quien no desapro- 
, vechaba la oportunidad de lanzar sus dardos contra el catolicismo en 
Méjico, aunque con poca fortuna esta vez, pues al poco tiempo las 
autoridades se vieron precisadas a reconocer que en ella no había de- 
lito que perseguir, 

Pero antes de conocer el desenlace de esta consignación, Anacleto 
González Flores esgrimió su pluma justiciera desde Guadalajara; en 
“un artículo pleno de interés y valentía como todos los suyos, al que 
tituló “En la Cárcel”, hizo la defensa cabal y decisiva de la Iglesia, 
civilizadora de Méjico, a la que se atacaba de manera tan canallesca. 

«Pero de sobra sabemos ya que en estos momentos —concluía su 
magistral estudio— bajo los brazos demacrados de la Iglesia mejicana,- 
alzan su frente, estremecidos de un entusiasmo más fuerte que nunca 
y de un respeto decidido, -los propios y extraños... Y en las pági- 
nas de la Historia del Cristianismo siempre se va a la cárcel un día 
antes de la victoria.» 


vV. 
PROMULGACION DE LA LEY CALLES 


Los atentatorios articulos de la ley—Integración del 
Comité Episcopal. — Aprehensión de los directivos 
de la Liga. 


Los atentatoriós artículos de la ley.—Plutarco Elías Calles era ma- 
són grado 33 y, en premio a su implacable campaña de persecución 
nacional contra el catolicismo, le fue impuesta el 28 de mayo de 1926, 
de manos del supremo gran comendador del Rito Escocés, Luis Ma- 
nuel Rojas, la medalla del Mérito Masónico. La ceremonia se efectuó 
-n el salón verde del palacio nacional. El comendador dijo en su dis- 
curso alusivo: «La orden que tengo el honor de presidir no ha con- 
cedido jamás esta alta distinción; ella ha sido decretada al extraordi- ' 
nario mérito del cual os habéis hecho acreedor como presidente de la 
República, resolviendo, en tan poco tiempo, los más graves proble- 
mas...» * 

Ya se ha visto cómo resolvía Calles esos problemas. Animado por 
sus hermanos pensó que era llegado el momento de dar el golpe de 
gracia a la libertad religiosa y, haciendo uso de las facultades que le 
concedió el Congreso el 7 de enero de 1926, expidió el 14 de junio 
siguiente la “Ley que reforma el Código Penal para el Distrito y Terri- 
torios Federales sobre delitos del fuero común y para toda la Repú-. 
blica sobre delitos contra la Federación.” A esta ley, la número 515, 
“se le dio el nombre de su autor, y el objeto de ella era fijar rigurosas - 
sanciones a los infractores de los artículos 3, 5, 24, 27 y 130 constitu- 

a : 


-60 Antonio. Rius Facius 


£ 


cionales, aderezados debidamente para hacerlos francamente impracti- 
cables por los católicos mejicanos. 

La Ley Calles constaba de 33 artículos, de los que a continuación 
copio algunos y extracto otros, por la importancia decisiva que alcanzó 
en el conflicto religioso. 

Artículo 1°) Sanciona con quinientos pesos de multa o quince dies 
de cárcel a quien ejerza en Méjico el ministerio sacerdotal, sin ser me- 
“jicano, además de ser expulsado del país. 

Artículo 2°) «Para los efectos penales se reputa que una persona 
ejerce ministerio de culto, cuando ejecuta actos religiosos o ministra 
sacramentos propios del culto a que pertenece, o públicamente pronun- 
cia prédicas doctrinales, o en la misma forma hace labor de proseli- 
tismo religioso.» 


Artículo 3°) La enseñanza de las escuelas oficiales y particulares 
será laica; al infractor se le multará con quinientos pesos o arresto has- 
ta de quince días. «En caso de reincidencia; el infractor será castigado 

_ con arresto mayor y multa de segunda clase, sin perjuicio de que la 
autoridad ordene la clausura del establecimiento de enseñanza.» 

Artículo 4%) El mismo castigo del artículo anterior a las corpora- 
ciones religiosas o ministros de cultos que establezcan o dirijan escue- 
las de instrucción primaria. 

Artículo“5%) «Las escuelas primarias particulares podrán es 
cerse sujetándose a la vigilancia oficial» Pena de quinientos pesos o 
quince días de arresto a los infractores. 

Artículo 6%) Quedan prohibidos los votos religiosos y las órdenes 
monásticas; los conventos «serán disueltos por la autoridad» y, a quie- 
nes vuelvan a reunirse en comunidad, serán castigados con uno o dos 
años de prisión y los superiores de la orden con seis años de cárcel. 
«Las mujeres sufrirán las dos terceras partes de la pena.» 

Artículo 79) Las personas que induzcan a un menor a ingresar en 
una orden monástica, sufrirán «la pena de arresto mayor y multa de 

. segunda clase». Si quien escuche el consejo es mayor de edad, la pena 
será, para el que lo induzca, de arresto menor y multa de primera clase. 

Artículo 82) Pena de seis años de reclusión y multa de segunda 
clase al sacerdote que, de palabra o por escrito, incite al desconocimien- 
to de las instituciones políticas o a la desobediencia de las leyes. 

Artículo 9%) Si como consecuencia de dicha incitación intervienen 
menos de diez individuos contra la autoridad, así sea empleando la 


Méjico Cristero UE © e 


“fuerza o la amenaza, cada uno sufrirá un año de prisión y multa de 
- segunda clase. A los sacerdotes que se les responsabilice por la acti- 
“tud de los inconformes, se les impondrán seis años de prisión, «más 
las agravantes de primera a cuarta clase, a juicio del juez.» 
Artículo 10%) Ni privada ni públicamente podrán formular los 
sacerdotes crítica alguna de las leyes, o del Gobierno, bajo pena de 
uno a cinco años de prisión. : 
Artículo 11°) Tampoco podrán asociarse con fines políticos, pues 
serán castigados: con arresto menor y multa de primera clase. 
_ Artículo 12?) No se les dará validez a los «estudios hechos en los 
establecimientos destinados a la enseñanza profesional de los minis- 
- tros de los cultos.» Los infractores serán destituidos y la dispensa será 
nula, y sin validez el título profesional así obtenido. 
`. Artículo 139) Las publicaciones periódicas religiosas, o de tendencias * 
religiosas por su programa `o por su título, no podrán comentar ningún 
asunto político. El director de la publicación sufrirá, en este caso, la` 
pena de arresto mayor y multa de segunda clase. i 
` Artículo 149) A falta de director, sufrirá la pena el jefe de redac- 
_ción, autor o quien esté al alcance de la justicia. En caso de reinciden- 
- cla «se ordenará la suspensión definitiva de la publicación periódica.» 
Artículo 15%) Ninguna agrupación política podrá llevar un título 
* que la relacione con alguna religión. 
Artículo 169) No podrán celebrarse en los templos reuniones de 
” carácter político. En caso de hacerlo, los encargados sufrirán arresto 
mayor y multa de segunda clase y el «Ejecutivo Federal podrá ordenar, 
. además, la clausura temporal o definitiva del templo.» 
Artículo 17°) «Todo acto religioso de culto público, deberá cele- 
~ brarse precisamente dentro de los templos, los cuales estarán siempre 
bajo la vigilancia de las autoridades.» Si se hacen fuera de ellos, los” 
: organizadores o ministros celebrantes serán castigados ton arresto ma- 
yor y multa de segunda clase, $ 
l Artículo 189) Fuera de los templos, los sacerdotes y religiosos tam-. 
` poco podrán usar sus trajes característicos, bajo pena de quinientos 
“pesos o arresto hasta de quince días. La reincidencia ¡ameritará arresto 
mayor y multa de segunda clase. 3 
: Artículo 19°) «El encargado de un templo, dentro del, término des 
un mes, contado desde la vigencia de esta ley, o dentro del mes si- 


A al día en que se haya hecho cargo de un malo destinado: 


$2 , oo Antonio Rius Facius 


al culto, deberá dar los avisos a que se refiere el párrafo undécimo 
del artículo 130 de la Constitución. La falta de aviso dentro de los . 
términos señalados, hace incurrir al encargado del templo en multa de 
quinientos pesos, o en su defecto, en arresto no mayor de quince días. 
La Secretaría de Gobernación ordenará, además, la clausura del tem- 
plo entre tanto queden llenados los requisitos constitucionales.» l 

Artículo 202) «Se concede acción pública para denunciar las faltas - 
y los delitos a que se refiere la presente ley.» 

Artículo 21%) La Iglesia no podrá adquirir, poseer o administrar 
bienes raíces, ni capitales impuestos sobre ellos. Se concede «acción 
popular para denunciar los bienes que se hallen en tal caso», y quie- 
nes los oculten serán castigados con la pena de uno a dos años de. 
prisión. 

Artículo 22°) El Gobierno Federal determinará qué templos deben 
ser destinados al culto, y los obispados, conventos, casas curales, semi- 
narios, asilos, colegios y todo edificio destinado a la administración, - 
propaganda o enseñanza de un culto religioso serán expropiados por 
la Federación o los estados en sus jurisdicciones, 

Artículo 23%) «Corresponde principalmente a las autoridades fede- 
rales cuidar del cumplimiento de esta Ley. Las de los estados y. muni- `- 
cipios son auxiliares de las primeras, y por consiguiente, igualmente 
responsables, cuando por su causa deje de cumplirse cualquiera de los. : 
preceptos de la presente ley.» l 

Siguen las disposiciones adjetivas y finalmente los artículos transi--` 
torios. El último dice: «Un ejemplar de esta ley, impreso en caracteres 

` fácilmente legibles, será fijado en las puertas principales de los tem- 
plos. . .» 
«La Iglesia no podía aceptar estas disposiciones. Calles tenía la. 
fuerza suficiente para imponerlas. El resultado fue que Méjico aña- ` 
giera a su trágica historia un capítulo de dolor y martirio.» Y . 
- La jerarquía eclesiástica había tomado posiciones defensivas en es- : 
+ pera del ataque, que sería de mucha mayor gravedad de lo esperado. . 


de Integración del Comité Episcopal.—A sugestión hecha, antes de su- 
expulsión, por el delegado apostólico, monseñor Jorge José Caruana, : 
~el 10 de mayo quedó integrado un Comité Episcopal. Fue primer pre~; 
sidente del Comité el arzobispo de Méjico, Mons. José Mora y del Río, 
y secretario el obispo de Tabaseo, Mons. Pascual Díaz Barreto, quien . 


Méjico Cristero 63 


había sido recientemente expulsado de su diócesis por el goberñador 
tabasqueño Tomás Garrido Canabal. , 

La Ley Calles fue dada a conocer por medio de la prensa el 3 de 
julio; entraría en vigor el 31 de ese mes. El mismo día de su publi- 
“cación, los reporteros entrevistaron a los dirigentes de varias asocia- 
ciones católicas, a Capistrán Garza entre otros, como vicepresidente de 
la Liga, y todos estuvieron acordes en condenar esa ley y afirmar que 
sus sociedades no se disolverían.. 

El Comité Directivo de la Liga, ante el ataque desenfrenado que 
enunciaba en su contenido la Ley Calles, estudió las medidas que po- 

' drían resultar más eficaces para la defensa de los intereses espirituales 
_del pueblo mejicano. 

El bloqueo económico nacional, ensayado con todo éxito anterior- 
mente en Guadalajara, les pareció que era la actividad más adecuada 
para resolver favorablemente la situación y, tras maduro examen, se 
“decidieron a decretarlo para toda la República, pues contaban, para 
el buen éxito de su empresa, con infinidad de centros locales de la 
Liga en todos los estados. 

En busca del necesario apoyo moral de la autoridad eclesiástica, 
solicitaron una audiencia al Comité Episcopal. El 7 de julio de 1926, 
a las 10 de la mañana, se reunieron en el arzobispado, situado en la 
calle de Santo Domingo (hoy Brasil No. 20), los principales diri- 
gentes de la Liga, la acsm, la Unión de Damas Católicas y otras socie- 

“dades. En el salón donde tuvo lugar la conferencia se hallaban reunidos 
los arzobispos José Mora y del Río, Leopoldo Ruiz y Flores, Francisco 
Orozco y Jiménez y Pedro Vera, y los obispos Manuel Fulqueri, Genaro 
Méndez del Río y Pascual Díaz. 

El presidente de la Liga, Lic. Rafael Ceniceros y Villarreal, fue el 
primero en tomar la palabra para exponer los propósitos que a todos 
animaban, y la conveniencia de llevar adelante la idea del boicot. 

: Un acejotaemero entusiasta, Manuel de la Peza, reforzó los argumen- 
tos expuestos por el Lic. Ceniceros; cuando terminó, todos guardaron 
emocionado silencio, hasta que el arzobispo de Méjico les pidió que 

` Formularan su petición por escrito. En pocos minutos se aplicaron los. 

"visitantes a la tarea de redactar el ocurso que entregaron, allí mismo, 

-al secretario del Comité Episcopal, Mons. Díaz y Barreto, 

Una semana después recibieron por escrito la siguiente respuesta.a 
su solicitud: 


ği l Antonio Rius Facius 


«Correspondencia particular del obispo de Tabasco. 

»Méjico, 14 de julio de 1926. 

»Sres. Lic. D. Rafael Ceniceros y Villarreal, D. Luis G. Bustos y 
D. René Capistrán Garza.—Presentes. 

»Muy señores nuestros: 

»En la sesión del día 7 de julio próximo pasado del Comité Episco- 
pal, se estudió la comunicación presentada por Uds., en la que se pedía 
la cooperación de nuestra autoridad para la campaña pacífica denomi- 
nada Bloqueo Económico Social, que emprenderá la Liga Defensora 
de la Libertad Religiosa, a fin de obtener la derogación de las leyes que 
se oponen a dicha libertad. 

_»Examinado detenidamente el proyecto de Uds., nos pareció digno: 
de todo encomio, tanto por el fin que se propone, como por la forma 
ordenada y pacífica con que se llevará a efecto. 

»Estamos con Uds. en esta obra reivindicadora de da dere- 
chos, y recomendamos eficazmente a nuestro clero y fieles la partici- 
pación más efectiva posible a tan laudable empresa.» 


José, Pascual, 
arzobispo de Méjico, obispo de Tabasco, 
presidente. secretario. 


Dicho documento fue transcrito en la circular 2-A de la Liga, que 
contenía su Programa de Acción, y señalaba propósitos y remedios? 
Fijaba el día 31 de julio, fecha en que entraría en vigor la Ley 
Calles, para dar comienzo a la paralización de la vida social y econó- 
mica, de acuerdo con determinados lineamientos allí especificados. 
Firmaban la circular Rafael Ceniceros y Villarreal, presidente; 
. René Capistrán Garza, primer vicepresidente, y Luis G. Bustos, se-. 
gundo vicepresidente. Estos habían sido electos para ocupar dichos 
. cargos durante la convención celebrada en. el domicilio de la Dele- 
gación Regional, situada en la calle de Donceles, durante la que se fijó. 
~. el procedimiento definitivo a seguir en caso de tener que suplir a “los 
- dirigentes cuando éstos faltaran o fuesen hechos prisioneros. Para 'ocu- . 
_ par los puestos vacantes fueron elegidos el Lic. Miguel Palomar y 
- Vizcarra, el Ing. Carlos F. de Landero y Cano, y Luis B. Beltrán, 
y Mendoza. 
- El 22 de julio fue un día de excepcionales acontecimientos: Por una 
parte, Calles y su secretario de Educación Pública, Juan Manuel Puig 


"Méjico Cristero 


Casaurane, expidieron un decreto más, contrario a los intereses catós. 
-Heos del pueblo: el “Reglamento para la inspección y vigilancia de las A 
“escuelas primarias particulares del Distrito y Territorios Federales”, 
“en el que se actualizaban los postulados laicizantes de la Constitución, 
y se imponían trabas invencibles a las escuelas particulares que se apar- 
tasen de esa doctrina. 
Por otra parte, Mons. Mora y del Río recibió el cablegrama de Roma 
` que rechazaba la aceptación de la Ley Calles: 
_- «Roma, julio 22. Santa Sede condena Ley a la vez que ado acto 
; que pueda significar o ser interpretado por el pueblo fiel como reco- 
“nocimiento o aceptación de la misma ley. A tal norma debe acomo- 
" darse el episcopado mejicano en su modo de obrar, de suerte que tenga” 
“la mayoría y a ser posible la uniformidad y dar ejemplo de concordia.— 
Card. Gasparri.» 
; Este cable respondía a las preguntas hechas por el Comité Episco- 
pal al Vaticano, enviadas por conducto del delegado apostólico. 
< Decía textualmente la consulta: «Beatísimo Padre: los obispos de 
la República Mejicana, representados por el Comité Episcopal de Mé- 
jico, ante Vuestra Santidad humildemente exponen: 1) Que el pre- 
` sidente de la República ha dado un decreto anticonstitucional, que 
: -empezará a regir el 31 de este mes, en el que bajo severas penas de 
“cárcel y cuantiosas multas impone el cumplimiento de los artículos. 
.. impíos y reprobados por Vuestra Santidad, de la Constitución de 1917. 
- Los principales puntos son: prohibición de.escuelas primarias en que 
Se enseñe la religión, o dirigidas por corporaciones religiosas o sacer- 
+ dotes; de existencia de congregaciones, aunque sus miembros dispersos 
“vivan en casa diversa; del uso del traje eclesiástico o de cualquier dis- 
‘tintivo, y de libertad a la prensa católica; exige que los sacerdotes en- 
cargados de los templos se presenten con diez vecinos al presidente 
municipal y que éste mande cada mes acta del registro a la Secretaría. 
-.de Gobernación; ordena que todos los bienes de la Iglesia pasen a pleno 
: dominio del Gobierno y da acción popular para denunciar las infrac- 
etones de la ley. 2) El Comité Episcopal ha resuelto hacer un esfuerzo: 
supremo para conservar la vida de la Iglesia, y emplear el único me-. 
dio que cree eficaz, y que consiste en que unidos todos los obispos pro~ 
` testen contra ese decreto declarando que no pueden obedecer y que ' 
no obliga en conciencia; y suspender el culto público en toda la nación 
por no paa ejercitar conforme lo piden los sagrados cánones Y da, 
: mico CRISTERO.—5 . 


06 , Antonio Rius Facive: 


estructura divina de la Iglesia. Cree también que esa suspensión ser- 
virá de estímulo al pueblo para que por los medios legales insistente- 
` mente recomendados por nosotros, trabaje para conseguir la derogación 
de las leyes contra la iglesia. 3) Para obrar con plena seguridad y obte- 
ner la uniformidad de acción, indispensable para el éxito, el Comité 
Episcopal pide a Vuestra Santidad su aprobación y bendición. 4) Se 
-encomiendan todos los-obispos y fieles a las valiosas oraciones de Vues- 
“tra Santidad, le dan rendidas gracias por las preces que ha ordenado 
a la cristiandad y por la Santa Misa que se dignará celebrar el día pri- 
mero del próximo agosto. Besan reverentes el pie de Vuestra Santidad.». 
Manuel de la Peza y Lazo de la Vega, prominente miembro de la: 
Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, había sido comisio- 
“nado para llevar ese documento a Mons. Jorge José Caruana, arzo- 
bispo de Sebaste y delegado apostólico en Méjico, quien residía: en- 
La Habana, Cuba, donde luego fue nuncio appstólico, Y el día 19 de 
julio de 1926, en que llegó a la capital cubana el emisario del Cómité - 
Episcopal de Méjico, puso el documento preinserto en manos de Mons. - 
Caruana, que inmediatamente dirigió este telegrama al secretario de 
Estado de la Santa Sede: «La mayoría del episcopado mejicano pre- 
tende suspender el culto en las iglesias de la República antes del 31: 
del corriente, no pudiendo ejercitar culto conforme cánones, entrando 
en vigor la nueva ley el 31 de los corrientes. El episcopado pide 
„aprobación a la Santa Sede. La persona encargada espera respuesta. 
Habana.» A 
El respaldo del Papa dio seguridad y fuerza a los obispos. La de- 
fensa de los derechos esenciales conculcados por la ley, no podía ni 
debía quedar únicamente en manos de los católicos seglares y, el 23 
de julio, expidieron su Segunda Carta Pastoral Colectiva, en la cual,- 
después de reiterar la condenación hecha por los soberanos pontífices: 
. Benedicto XV y Pío XI de los artículos sectarios de la Constitución, 
- explicaban la situación angustiosa en que había sido colocada la Igle- 
sia en Méjico: «... La ley del Ejecutivo Federal promulgada el dos de 
-julio del presente año, de tal modo vulnera los derechos divinos de la. 
Iglesia encomendados a nuestra custodia; es tan contraria al, derecho 
natural, que no sólo asienta como base primordial de la civilización 
la libertad religiosa, sino que positivamente prescribe la obligación. 
individual y social de dar culto a Dios es tan opuesta, según la opinión 
de eminentes jurisconsultos católicos y no católicos, al derecho consti- 


“Méjico Cristero EN - 8T 
tucional mejicano, que ante semejante violación de valores morales tan 
“sagrados, no cabe ya de nuestra parte condescendencia alguna.» 
< Seguían algunas sabias consideraciones y decretaban: «En la impo- 
'sibilidad de continuar ejerciendo el ministerio sagrado según las con- 
diciones impuestas por el derecho citado, después de haber consultado 
a nuestro santísimo padre, su santidad Pío XI, y obteniendo su apro- 
bación, ordenamos que, desde el día treinta y uno de julio del presente 
_año, hasta que dispongamos otra cosa, se suspenda en todos los tem- 
-plos de la República el culto público que exija la intervención del 
 Ssácerdote.». , A 
Daba algunas disposiciones sobre el cuidado de los templos y adver- 
.tía, en relación al desconocimiento hecho por la ley de las escuelas - 
católicas: «... gravamos la conciencia de los padres de familia para 
«que impidan que sus hijos acudan a planteles de. educación donde peli- 
| gran su fe y buenas costumbres, y donde los textos violen la neutra- 
lidad religiosa reconocida por la misma Constitución. de 
»Manifestad externamente vuestro duelo, absteniéndoos de diversio- 
"nes mundanas. Procurad por todos los medios lícitos y pacíficos la dero- 
gación de esas leyes que a vosotros y a vuestros hijos os arrebatan el- 
tesoro necesario e inestimable de la vida religiosa.» 
Daba a conocer algunas penas en las que incurrían canónicamente 
-i quienes desobedecieran los mandatos de la Iglesia, y terminaba la Carta 
¡exhortando al pueblo a la oración. : 


>.: Aprehensión de los directivos de la Liga.—Al día siguiente, en el 
< Juzgado Primero de Distrito, donde se había iniciado la causa criminal. 
correspondiente, fue decretada la formal prisión de los líderes de la 
: Liga: Rafael Ceniceros y Villarreal, René Capistrán Garza y Luis G. 
Bustos, como presuntos responsables del delito de provocación al des- 
' obedecimiento de la ley. Habían sido detenidos desde el día 22, cada 
uno en su respectivo domicilio, y conducidos a los separos de la Pro- 
euraduría General de la Nación. Allí se les interrogó y estuvieron 
“acordes en asumir la responsabilidad de incitar al pueblo a la inacción. 
:, . Al día siguiente fueron trasladados a la prisión militar de Santiago, 
“ven la que fueron muy visitados por numerosos católicos interesados .en- 
-¿conseguir su libertad, que al fin lograron tras de pagar la crecida 
“fianza que se les fijó. Su libertad, más que a estricta justicia, se debió 
-a una favorable omisión del juez encargado de la causa, quien no supo 


B 


68 . . Antonio Rius Facius. 


plegarse a tiempo a la consigna recibida, pues la actitud del gobierno i 
'era inflexible. 

La Liga, sin embargo, no quedó acéfala durante aquellos tres días 
Al ser conocida la noticia de la detención de sus principales E 
conforme estaba previsto, asumieron su cargo los suplentes. 

Para reforzar su campaña, el secretario de Gobernación giró una 
circular a todos los gobernadores, en la que decía: «Tiene conocimiento 
„el Gobierno de que el clero católico, en un alarde de rebeldía y en una `. 
manifestación de desconocimiento a los preceptos constitucionales, ha: 
dispuesto suspender el servicio del culto público religioso a parin del . 

| 31 del corriente mes.. 
. »Como el Ejecutivo. considera esta medida como una nueva manio- 
_bra del clero para desvirtuar la vigencia de la ley suprema de la Repú- 
blica, agitar la opinión pública y procurar que surjan alteraciones del 
orden, por acuerdo del C. presidente, recomiendo a Ud. dicte las dis- 
posiciones OS para que la ley, sin distingos de ningún género, 
sea respetada.» * 

El pretexto estaba dado y, cuantas más protestas verbales expusie-' 
ran los católicos, tanto mejor le resultaban al Gobierno como justifi- 
cantes de su intransigencia. Así lo dio a entender el mismo Calles en 
sus declaraciones publicadas en el New York Times el 27 de julio” 
de 1926. A 

En ellas pretendía rebatir las razones dadas por el episcopado en` 

su Segunda Carta Pastoral Colectiva y restaba importancia al con- 
flicto religioso, cada día más complicado. Confesaba su personal anta~ 
gonismo hacia quienes pretendían suspender el estado de opresión al ` 
que había conducido a la Iglesia: «Naturalmente que mi gobierno 
. —expresó textualmente— no piensa siquiera suavizar las reformas y. 
“adiciones al Código Penal. Y cada nueva manifestación de animosidad 
- w Oposición o estorbo a las tareas administrativas de mi Gobierno, se ` 
traducirá forzosamente en nuevas medidas de represión para quienes 
no acaten o desconozcan las leyes de Méjico.» 


vi 


¡BOICOT! 


La Liga decreta el boicot.—La acim propaga la resis- 
tencia pasiva.—Suspensión del culto público en los' 
3 ; templos.—Efectos del boicot.—El bloqueo económico 
E . en Colima.—En León.—En Monterrey —En J alisco.— 
En Pénjamo y en Ciudad Juárez. 


La Liga decreta el boicot.—No le era posible a la acīm permanecer 
al margen de aquellos trascendentales acontecimientos. En cuanto su 
“constitución se lo permitía tomó parte en ellos, no sólo prestando 
sús contingentes humanos a la Liga, sino organizando sus propias 
campañas y la ayuda necesaria a otras instituciones, encaminada al 
logro del fin común. En la sesión del día 3 de mayo de 1926, cele- 
brada por el Comité General, se planteó la necesidad de elegir un 
comité ejecutivo que atendiera, por sí mismo, los problemas de más 
urgente resolución, para los cuales no fuese posible convocar a junta 
del Comité General. Los nombramientos recayeron sobre el Lic. Octa- 
vio Elizalde, presidente de.la Asociación; Manuel Velázquez y Luis B: 
Beltrán y Mendoza; Antonio Díaz Fuenlabrada quedó señalado para 
súplir a cualquiera de los-tres, en caso necesario. 

Sin embargo, estos nombramientos no tuvieron vigencia alguna, 
ipues fueron revocados posteriormente en atención a que la Liga, per- 
fectamente organizada en ese sentido, había adquirido primacía en la. 
“defensa organizada de los derechos de la Iglesia. Y para suplir ausen- 
clas, los miembros del Comité convinieron en que se aplicara el regla» 

69 


Ea 


o o António Rius Facius 


“mento en las cláusulas que legislaban sobre la paulatina desintegración 

del Comité- y, en caso extremo, que el padre Bernardo Bergoénd, S. J. 
asistente eclesiástico general, fuese quien hiciese los nombramientos. 
El 11. de mayo, fecha de la siguiente reunión del Comité General, Luis 
G. Ruiz y Rueda, primer vicepresidente general de la acsm, hizo cons- 
tar en el acta «que en una junta celebrada con las otras instituciones. .. 
la AcIJM se comprometió a obedecer a la Liga de Defensa Religiosa en 
todos los asuntos que se refieren a la defensa de la libertad religiosa. 
Al efecto, trae recado del Rvdo. P. Bergoénd encargando que se respete 
este compromiso y entrega para el archivo copia del acta correspon- 
diente a la junta en que se contrajo tal compromiso.» * 

Una semana después de haber sido publicada la Ley Calles, el 
Comité General volvió a reunirse para tratar sobre la conducta que 
debía observar toda la Asociación, y como no solamente Capistrán 
Garza, sino multitud de acejotaemeros formaban parte de la LNDLR y 
trabajaban con ella en estrecha colaboración, convinieron los miem- 
bros del Comité secundar los planes formulados por la Liga, y al 
efecto se envió a los secretarios de los Grupos Locales y Comités Dio-, 
cesanos la circular A-8, para comunicarles que se estaba «elaborando 
un programa de resistencia pasiva, dentro de la legalidad, contra tal 
"ley; que pronto se les hará conocer en detalle... por lo que todos los 
grupos y miembros de la acim deberán apoyar en absoluto el plan de 
resistencia pasiva que dicte la Liga Defensora de la Libertad Reli- 
giosa, so pena de ser expulsados de la Asociación.» 

Efectivamente, en una vieja casona de las estrechas calles de Moto- 
linía, se habían reunido la víspera algunos de los más prominentes 
miembros del Comité -Directivo de la Liga, para dar forma al pro- 
yecto de combatir al Gobierno con las armas demoledoras de un blo- 
queo económico nacional, 

Miguel Palomar y Vizcarra, el dinámico maestro en cuestiones so- 
ciales de la Acim, con su. peculiar concisión; René Capistrán Garza, 
con su verbo fogoso y convincente; su compañero en la Asociación, 
Antonio Ruiz y Rueda, mesurado y laborioso, y el jalisciense J. Manuel 
Delgado, amigo y colaborador del maestro Anacleto, permanecieron 
hasta la media noche redactando y corrigiendo las bases del boicot, . 
para difundirlas al día siguiente por toda la República. o 

Además del acuerdo anterior, la circular de la acīm transcribía 
««los acuerdos tomados por el Comité General que marcan con precisión ' 


“Méjico Cristero Ca i 71 


la actitud que deberán asumir los grupos y miembros de la Asocia- . 
ción, respecto a la persecución religiosa que intensificarán las autori- ` 
dades federales del país con la aplicación de la Ley del Ejecutivo sobre 
delitos del orden común y delitos contra la Federación en materia 
.del Culto Religioso y Disciplina Externa, que empezará a regir el día 
31 de este mes. 

»Contra el artículo 18 de la misma ley, que dice: “Fuera de los tem- 
plos tampoco podrán los miembros de los cultos, ni los individuos de 
amo u otro sexo que los profesen, usar trajes especiales ni distintivos 
que los caractericen, bajo la pena gubernativa de quinientos pesos de 
- multa, o en su defecto, arresto que nunca exceda de quince días”, se. 
ordena: es obligatorio para todos los miembros de la acsm usar el dis- 
tintivo, a partir del 31 de julio del año corriente... : 
`.. »No necesito hacer notar a Uds. la urgencia de qüe sean dangie 
estrictamente las disposiciones que anteceden, pues sería lamentable 
que en la lucha, tal vez decisiva que se va a librar, fracasáramos sólo 
¿por la falta de unión.» 

Días después, el 19 de julio de 1926, el secretario general de la 
Acim suscribió la circular A-9, en la que, en previsión de los -perjui- 
-cios que pudiera ocasionar la persecución a algunos acejotaemeros, 
hacía ver la conveniencia de abrir colectas en ayuda de los perjudi- 
-cados y, en caso de, no utilizar tales ingresos en el lugar de la colecta, 
que fuese enviada al Comité General para que éste dispusiera de los 
fondos reunidos en los lugares donde fuere necesario, 

- . El 26 de julio celebró el Comité General su última sesión en el 
local que, en la calle de Capuchinas, ocupaba el Centro de Estudiantes 
Católicos, el cual pronto tuvo que ser abandonado para evitar un asalto 
-de la policía. En esa junta discutieron los dirigentes de la Asociación 
la conveniencia de excusar del uso del distintivo a los miembros de la 
-ACJM en el Distrito Federal, para evitar que fueran aprehendidos, y 
dejaron a los socios del Grupo de Coyoacán, quienes así lo habían soli-. 
citado, en libertad para usarlo como todos los acejotaemeros del inte- 
-rior de la República, en donde la obligación de portarlo quedó en pie, 
aunque por poco tiempo, pues la pravedad de la situación hizo inútil- 
i mente arriesgado su uso. 


La acsm propaga la resistencia pasiva.—La acsm fue la primera 
que se hizo cargo de distribuir propaganda y cumplir la consigna de 


7 ` Antonio Rius Fación 


organizar la defensa nacional, pero como la propaganda escrita no bas- 
taba, a pesar de producirse en cantidades fabulosas, la prédica de los 
entusiastas muchachos se hizo día a día más necesaria y provechosa, 
por lo que hubo de organizarse un grupo inicial de 45 acejotaemeros, 
bajo las órdenes de un Comité de Conferencias dependiente de la Liga, 
que actuaron en el Distrito Federal, dividido en seis sectores, cada uno 
a cargo de un miembro del mencionado Comité. Dos de los más soli- 
citados conferencistas eran Luis Segura Vilchis y Humberto Pro Juárez. 
Ambos exponían la realidad con exáctitud y sabían despertar en sus. 
.oyentes el deseo de proseguir la resistencia pasiva a la persecución. 
- Era presidente del grupo y encargado de fijar los temas el padre 
. Miguel Agustín Pro Juárez, S. J., para lo cual se reunían los confe- 
rencistas una vez por semana, daban cuenta de la acción desarrollada: 
y se ponian de acuerdo en la continuidad de su labor. 

El padre Pro tenía que dar respuesta a las múltiples preguntas qüe 
sobre filosofía, moral, sociología, política y civismo le hacian- aquellos 
jóvenes, casi todos profesionistas. ; 
© Los`acejotaemeros recorrían en su misión las poblaciones cercanas 
al Distrito Federal y algunas de los estados de Méjico e Hidalgo. Esta 
propaganda consistía fundamentalmente en explicar al pueblo los mo-. 
tivos que habían obligado al clero a suspender el culto público, dándo 
amplias explicaciones desde lo que es una ley hasta el por qué, cuando 
es contraria al bien común, no obliga en conciencia, Tal labor la hacían 
casi siempre en el interior de'los templos, llamando previamente a 
los fieles por medio de las campañas, y cuando lograban reunir a un 
buen número de ellos, uno detrás de otro, los acejotaemeros subían al 
piilpito a pronunciar, desde allí, sus doctrinales discursos. 

Pronto las frecuentes aprehensiones comenzaron a diezmar al grupo 
‘de conferencistas que, entre acejotaemeros y no acejotaemeros, llega- 
ton a sumar ciento cincuenta entusiastas propagandistas de la verdad 


y el derecho. 


Suspensión del culto público en los templos.—El día 31 de julio 
de 1926, el culto público fue suspendido en toda la nación, de acuerdo 
“con la orden dada por el episcopado mejicano en su Segunda Carta 
Pastoral Colectiva. En los días anteriores a tan drástica medida, el 
pueblo fiel se volcó en los templos. Miles de matrimonios, bautizos y- 
cónfirmaciones fueron hechas en todos los rincones de la, República. 


e ha 


¡Méjico Cristero i 73 


«El secretario de Gobernación, Adalberto Tejeda, en una circular: 
¡girada el 27 de ese mes, ordenó a las autoridades municipales de . 
“cada población, «con la urgencia que el caso amerita, que tan luego 
tengan noticia de que los sacerdotes católicos tratan de abandonar- los- 
templos, prevengan a los demás sacerdotes que les hagan entrega de 


«ellos, mediante riguroso inventario y bajo su más estricta responsa- 
bildad, ». 


Gran cantidad de fieles concurre a la Catedral la vispera de la suspensión del culto 
j público. Escenas análogas se repitieron en todos los templos de la República. 


Así se hizo, aunque el cumplimiento de tales disposiciones dio mar- 
' gen a que los católicos defendieran sus templos cuando los agentes 
«del Gobierno se presentaron a posesionarse de ellos el mismo 31 de 
julio, lo que ocasionó los primeros atentados y choques armados en 
distintos lugares del país: Puebla, Pue., “Torreón, Coah., Guadalajara, 
‚Jal, y Sahuayo, Mich. 
En la defensa del Santuario de Guadalupe, de Guadalajara —de la 
"que me ocuparé en:un próximo. capítulo—, fue jefe de la resistencia 


Ta Antonio Rius Facius 
bélica un acejotaemero, casi un niño, que, después se hafía famoso en. 
:los campos de batalla cristeros, a causa de lo cual fue cobardemente' 
asesinado: Lauro Rocha González. A AN 
El recurso de la defensa armada espontánea ni fue previsto ni mu- 
‘cho menos ordenado, en aquellos dramáticos momentos, por la Liga,: 


Ocupada en fomentar la campaña económica cuyos primeros resultados 
eran sumamente halagiieños. 7 


VS es bo” 


y 


Efectos del boícot.-—El 12 de agosto de 1926, suscrita por el Segundo 
Comité Directivo Sustituto de la Liga, apareció la circular número 6-A, 
dirigida a los delegados regionales y jefes locales de ésta, que el Comité 
General de la acsm remitió a los Grupos Locales de toda la República, 
calzada con la firma del secretario general de la Asociación. q 

En esa circular, impresa en mimeógrafo, la Liga pedía a todos los 
jefes “no desmayar en la campaña emprendida”, pues los resultados ya 
alcanzados habían superado a las más optimistas previsiones, 

«La fuerza incontrastable del boicot se ha hecho sentir en toda la 
nación —decía la circular—, y casi se puede decir que no hay lugar 
en la República en donde la crisis económica no se haya hecho pal. 
pable, siendo la mejor prueba de ello las medidas que el Gobierno ha, 
dictado, tendientes a contrarrestar una acción que se hace intangibles» 

Una de estas medidas fue la de adelantar la hora astronómica, para 
dar al comercio una hora más de luz en la tarde y posibilidad de acre- 
centar sus decaídas ventas. 

Los efectos inmediatos del boicot obligaron al Ayuntamiento dé la 
ciudad de Méjico a reducir el monto de las contribuciones a los cines: 
75% la primera semana, 50% la segunda y 25% la tercera. Eso no 
obstante, en pocos días se cerraron 15 cines y 3 teatros, lo que equiva- 
lía a un porcentaje elevadísimo en relación con las salas de espectácu- 
los que entonces existían en la capital. 

El comercio se vio también seriamente afectado en sus ingresos, 
principalmente aquéllos dedicados a la venta de artículos de lujo. Del 
Banco de Méjico, recientemente creado por Calles como banco del 
Estado, se retiraron siete millones de pesos, cantidad enorme para las 
reservas con que contaba. Bajó también el movimiento de transportes 
y de carga en toda la República. El Gobierno se vio obligado, por læ 
falta de ingresos previstos, a prorrogar sus plazos para el pago de los 
pedidos que hacía a la industria y comercio nacionales. 


Méjico Cristero a l i A 15 


_. "En el interior de la República el boicot fue secundado con mar- 

cado interés. La propaganda impresa repartida por los acejotaemeros 

, surtía efectos inmediatos entre la población. Para aquellas personas 

que por flaqueza o ignorancia querían quebrantar ese estado de para- 
lización general, estaba siempre la heroica mujer mejicana sirviendo 

con su ejemplo y su labor de convencimiento. 

En los cines y teatros formaban grupos a la hora de la entrada 
“para lograr que el público se abstuviese de concurrir. Muchas de ellas 
cayeron en manos de la policía, pero ni prisiones, ni multas, ni ofen- 

sas, apagaron el ardor de aquellos corazones enamorados de la causa 
“de Dios y de su Iglesia. 

Al ser informado, el procurador general de la República, Lic. Ro-- 
“mero Ortega, del ultraje sufrido por una señorita, dijo frotándose las ' 
_manos: “Esta suerte deben correr todas: las fanáticas.” 

Añadía la circular 6-A que informasen sobre los acontecimientos 
-más notables y las labores desarrolladas por las jefaturas y delega- 

ciones, y daba aviso de haber sido decretado “un boicot nacional con- 
“tra la fábrica de cigarros El Buen Tono, S. A.” 

¿En estos momentos —terminaba la circular de la Liga—, en que 
el mundo entero tiene puesta su atención en el conflicto religioso ten 
nuestra patria, es necesario que todos los católicos demos una muestra 
. ejemplar de lo que puede un pueblo que lucha por su libertad.» 

Varios Grupos de la acm contestaron esta comunicación: Juan O; 
Ramos, secretario del “Benedicto XV”, de San Juan de los Llanos, Jal., 
«escribió al Comité de la Liga que la actividad del Grupo, “además de 
. la fundación de las subdelegaciones”, había emprendido con buenos 
, Tesultados el boicot contra los productos de la mencionada fábrica de 

cigarros. 

Las fundaciones a que hacía referencia abarcaban diez subdelega- 
. tiones con un total de 2,024 afiliados. Los Grupos Locales de la Aso- 
' tiación Católica de la Juventud Mejicana y los acejotaemeros en ge- 
“neral supieron cumplir, a riesgo de su propia seguridad, el bloqueo 
“económico decretado por la Liga con plena aprobación del Comite 
"Episcopal. 
` El 22 de agosto apareció el primer número de un pequeño -perió- 
dico que, al correr de los meses, alcanzaría gran difusión: Desde. mi 
: Sótano, impreso clandestinamente en el sótano de la casa del acejota- 
:emero Andrés Barquín y Ruiz, cuya decidida participación en aqué- 


DESD 


E MI SOTANO 


DIOS Y MI DERECHO 


Registrado como artículo de Primera Necesidad. 


virecror: SILVIO PELLICO 


RESPONABLES 10? CAUBANTES DEL CONFLICTO - 


Precio elástico desde un centavo hasta el infinito. 


La, EPOCA Ú 


pi 


Otra Vez en la 
Brecha 


Escurriendo agua y medio 
asfixiado todavía, por el remo- 
jón- que me dí en las famosas- 
inundaciones de marras, me.he 
presentado de. nuevo en MI. 
“SOTANO, donde hé sido cari- 

*fosamente acogido por mis ab- 
negados: compañeros... Y aquf- 
estoy de fuevo pära «servir a 
Dios ya, Uds. 

SILVIO PELLICO. 


Silencio: Habla. 


f TF 
Obregón: 
—Hola! ¿Y con qué nos vie- 
ne ahora el Gran Títere? 
—Con.lo de siempre, viene a 
"dar lecciones al Orbe. mpi- 


„nado en la Cátedra que èn tan. 


mala hora asentó.zobre eu pira- 
midal vanidad, y con un tono 
de suficiencia tan hueco como 
el abismo de su tontería, excla- 
ma, mufñon en ristre; Oh! .pe- 
+iodistas nacionales y extranje- 
ros. Oh -directores de la opinión 
mundial, oid: — 

“La última .Ericción. (que me 
““rfo de la friega) entre el clero 
tty el Gobierno... Constituye 
“uno de tantos erróres de los 
tique ha cometido el clero ca- 
“tólico, oponiéndose sistemáti- 

‘` “'camente'a la evolución social 
*terror éste (ef hombre, éste) 
“que YO me permiti sefalar 
“en carta que dirijí a los arzo-. 


NOVIEMBRE 25 DE 1926 


umEro12 


¡Mentira! ¡Mentiral |Mentiral - 


Tal parece ser el lema del desgobierno mexicano. 
No hay modo de que diga la. verdad en ninguna. 
Cosa. . ; a a 
¿Se trata de las Notas de nuestros primos los yan- 
kees, que ya-se van ¡pónieno 'pesados....!ca no se-. 


* fñor,—dicen nuestros gobernantes— ¡si 0'no- hay tales 


notas! o si nos las mandan -es para, decirnos requiebros, 


“de amor! 


¡Nunca-han sido mejores nuestras relaciones im- 
ternacionales!: z 

¿Se trata de la paz de la República, que se va pa-: 
reciendo a una cena de “negros?....no lo créan uste-. 
desl, nos afirman muy orondos, todo-el país' está en 
una paz que ríanse ustedes de la octaviána. i 

Se trata del Boycot de los católicos, que ya nos 
hace llegar el agua al pescuezo? ....el Boycot}, ex- 
claman, ¿hay cosa más ridícula que eso? de 

¡Ahí, está nuestro héroe de Celaya, que-con toda 
su experiencia, afirrha que el Boycot será la salvación 
financiera del país]... a E 

Se trata de là industria, la agricultura.o el comer- 
cio nacional, ya por los suelos.. .. ? la situación de to- 
do-eso, es de lo más halagadora! 

Se trata de lẹ campaña de los Yaquis....?; hace 
Sigue en la 2a, plana . 
*i¡Carta.:..preveía (caracolescon ' 
“la carta ie larga vista) la si- * 
“tuación que ahora se ha pror 
“ducido y en ella se exponen 
“ton toda claridad cuales fue- 


“peraban ustedes, esta salida?) 
que, está significando en los: 
“tiempos modernos el objetivo 
“máximo de todos Jas massa 


‘ron desde entonces MIS pun- 
‘ftos de vista (mo es poca mo. 
tdestia la del vidente) para el 
“*día en que el clero incurrie- 


*binpos .....y Obispos.... «(cui -**ra en el error de enfrentarse 


**da: a con la enciclica) con fe- 
“cha 25 de mayo de 1923. Esa 


“franca y decididamente con 
*tel movimiento socialista (¿es- 


“*proletarias do los campos y. 
de las cindades”....(aquí hay 
un montón de disparátes pero 
se adivina lo qué quiso decir-el 
trapajoso parlante.) un 
—Que Vd. descanse, Befior 
previsor ojos de lince y abore 
Sigue en la 4a, 


La solicitada publicación de cuatro páginas “Desde mi Sótano”, editada en un” 
mo oscuro rincón de la ciudad de Méjico. 


Méjico Cristero 17 


lla empresa editorial primero, y su importante ayuda prestada desde: 
'Bélgica después, al frente de una comisión informativa internacional, 
le costaron el despojo de los bienes de su familia, hecho por el Gobierno. 

La aparición de aquella hoja impresa, de “precio elástico desde 
un centavo hasta lo infinito”, fue irregular. En su membrete aparecían 
como “Responsables: Los causantes del conflicto”. Contenía artículos 
y comentarios sobre los más palpitantes acontecimientos, id las 
más de las veces, con fina ironía. 

- Mucho tiempo tardó la policía en descubrir el escondite donde se 
imprimía Desde mi Sótano, lo que no impidió a sus audaces editores, 
“cuando esto ocurrió, buscar otro, donde continuaron su eficiente labor 
"periodística. 

. El bloqueo económico en Colima.—“Oración, más luto, más boicot, 
igual a victoria”. Tal era la leyenda que, impresa en pequeños volantes, 
circuló por millares por toda la diócesis de Colima, pues los colimen- 
ses fueron los primeros que se vieron afectados 'con la suspensión del. 
culto público por no querer aceptar su obispo, Mons. José Amador 
Velasco, lasrestricciones a la libertad que pretendía imponer el gober- 
nador del estado, Solórzano Béjar. 

Un modesto periodiquillo titulado Acción Popular, editado por la 
delegación regional de la Liga, que los acejotaemeros se encargaban 
de distribuir aun a costa de su propia libertad, pues no pocas veces 
fueron encarcelados por. esa causa, unificaba la acción colectiva del 
pueblo. 

En Colima, como en la mayoría de los estados de la República, 
“el ayuno y la penitencia, el luto en el vestir, la abstención de asistir 
«a toda clase de espectáculos y el uso reducido de transportes públicos o 
particulares, era norma seguida estrictamente por la mayoría de los 
habitantes. El gobernador, alarmado por la fuerza que adquiría el 
boicot en su estado, propuso a la jerarquía católica «que la ley no se 
pondría en vigor; pero que se reanudase el culto; que la ley quedaría 
-en pie, mas sin cumplimiento; que no había por lo tanto qué temer y 
Y que todo se reduciría a una mera apariencia de sujeción.» ”* 

No era tan ingenuo el obispo colimense para caer en esa burda 
celada y dio respuesta a los intermediarios en forma clara y concisa, 
“haciéndoles ver que, cuando la legislatura local derogase el decreto, 
“desaparecería la angustia terrible que ahogaba al pueblo católico de' 


_-A>E > >5A=> > A —  ___—— —_  _ —_A —_ Q_“____ __ 
78 . Antonio Rius Facius 


Colima, pues —decía en uno de sus considerandos—: «la palpitante 
cuestión religiosa pide urgentemente no simples componendas, sino un 
arreglo que deje claramente a salvo los sagrados cánones.» < 

La resuelta actitud tomada por el episcopado nacional en pleno, 
decretando la suspensión de cultos tres meses despúés de que en Co- 
lima se habían suspendido, confirmó la razón de la conducta rígida y 
.ejemplar observada por Mons. Velasco en su diócesis. El boicot en- 
tonces cobró mayor fuerza y el jefe militar de la plaza, general Benito 
García, de instintos sanguinarios, ordenó la aprehensión, la noche del 
15 de septiembre, de varios pacíficos vecinos, que aparecieron asesi- 
- nados al día siguiente. 

«Entre estos ocho muertos estaba don Francisco Zapién, honrado 
comerciante a quien arrancaron del seno de su hogar, de los brazos 
mismos de su esposa, para llevarlo a la muerte. Estabán también dos 
jovencitos, hijos de una viuda que vivía cerca de la huerta de la Flo- 
Tida... la mujer aquella, con la angustia de una madre que pierde a 
sus hijos en una sola noche sin motivo ninguno, sin ninguna formación 
de «causa, de tan villana y criminal manera, no vaciló en presentarse 
ante el mismo criminal, general Benito García, para echarle en .cara 
su infamia... Dos o tres días después apareció un cadáver de mujer 
colgado de un árbol, cerca del paseo de la Piedra Lisa.» 7? i 

En esa angustiosa situación transcurrió el tiempo, sin que los intré- 

pidos acejotaemeros y las valientes señoritas y señoras, dirigidos por 
-el joven socio de la acsm y jefe local de la Liga en la capital de Colima, 
_ Antonio C. Vargas, desmayaran en su activa propaganda en favor del 
-boicot, repartiendo los volantes que circulaban por todos lados y a 
todas horas en la ciudad, sin que la policía pudiera evitarlo, pues 
cuando recibía aviso de que los muchachos de la población los estaban 
repartiendo o pegando en los coches, las fachadas de los edificios y-en 
la puerta misma del palacio de gobierno, los audaces propagandistas 
del boicot se escondían y no había manera de dar con ellos. 


. - En León.—El 29 de agosto de 1926, el Grupo Local de la colonia 
Iturbide, de la ciudad de León, Gto., informó al Comité General de la 
Asociación que, de acuerdo con la circular suscrita por la Liga, los' 
socios del Grupo habían repartido propaganda y reimpreso algunas de 
las hojas enviadas por la LNDLR, dando como resultado la abstención 
Casi total de público a los cines de la ciudad. 


-Méjico Cristero ; . 79 


.. . En Monterrey.—Jesús M. Leal, presidente de la Unión Arquidio- 
“cesana de la Asociación Católica de la Juventud Mejicana en Monte- 
` rrey, había sido a la vez delegado regional de la Liga en Nuevo León . 
“hasta el mes de octubre de 1925, fecha en que renunció para poder 
atender mejor la ACJM. 

Emeterio Martínez de la Garza, otro acejotaemero de gran pres- 
tigio, asumió entonces la Delegación Regional y organizó, con la ayuda 
eficaz de sus compañeros, las brigadas de propagandistas, mismas que, 
durante el mes de julio de 1926, repartieron millares de hojas recibi- ` 

“das de Méjico y reimpresas por ellos en Monterrey, lo que dio ocasión 
de que fueran arrestados algunos muchachos que, a solicitud del mis- 
mo licenciado Emeterio Martínez de la Garza, declararon en su con- 
tra, imposibilitándolo para seguir al frente de la Delegación Regional 
- de la Liga. 

~- „Por aquellos días llegó a Monterrey el R. P. Fray Mariano Nava- 
rro, O. P., disfrazado bajo el seudónimo de ingeniero Ruanova, para 
` celebrar una junta con la Unión de Damas Católicas y la Acim, a la 
' que asistieron también algunos miembros de la Orden de Caballeros 
de Colón que habían sido acejotaemeros con anterioridad. En esa reu-* 
-nión volvió a constituirse la Delegación Regional de la LNDLR, a cuyo 
¿frente quedó de nuevo Jesús M. Leal. En poco tiempo la agrupación 
“alcanzó la cifra de diez mil adeptos, que unieron su esfuerzo para hacer 
- triunfar el boicot en el estado de Nuevo León. 

`“ En un informe enviado por Leal al Comité General de la acīm 
-decía que los acejotaemeros, “únicos que forman la Liga en esta ciu- 
“dad”, habían impreso las hojas “por acuerdo expreso del Comité de 
„la, acm” que él presidía y que una exposición que se estaba organi- 
«zando en Monterrey estaba al borde del fracaso, pues hasta “las seño- 
.ritas que habían postulado para reina renunciaron” a su candidatura, 
lo que obligó a los organizadores llamar en su reemplazo a otras chicas 
“desconocidas en el medio, que hicieron desairado papel en aquella 
É exposición que pasó sin pena ni gloria. 


En Jalisco.—En Jalisco había asumido el cargo de gobernador del 
“estado el antiguo miembro del Comité Regional de la Asociación, Sil- 
, vano Barba González, el 28 de julio de 1926. 

: Contra toda optimista previsión, dado su antecedente social en las 
filas del catolicismo, Barba González despreció la amistad de sus anti- 


80 Antonio Rius Facjus 


guos compañeros y trató de borrar toda huella de su pasado, renegando: 
de sus creencias e iniciando una política de cerrada y nefasta intran-. 
sigencia antirreligiosa. No faltaron a su conducta cuchufletas y coplas 
humorísticas que corrieron de boca en boca e hicieron alegre la tarea 
del boicot, intensamente organizado por la Unión Popular. La inago- 
table actividad del presidente de la Unión, Anacleto González Flores, 
se hizo sentir en todos lados con su presencia, su fácil palabra y sus 
valerosos escritos. 

Anacleto era hábilmente secundado por todos sus compañeros de 
la acm que formaban en las filas de la Unión, de la que era secreta” 
rio Heriberto Navarrete, también acejotaemero, futuro eristero y pos- 
teriormente destacado sacerdote jesuíta. Para dar cuenta de las ačti- 
vidades desarrolladas en todo el estado, enviaron el 6 de septiembre 
un extenso informe al departamento de propaganda de la Liga. 

En él decían que el boicot se estaba intensificando, para lo cual se 
había organizado la Cruzada Femenina por la Libertad, compuesta por 
más de cuatrocientas muchachas de toda condición social, divididas en 
cuatro comisiones encargadas: la primera de hacer que se devolviéra' 
a la oficina de tránsito el mayor número de placas de autos particu-. 
lares; la segunda de continuar la campaña contra las diversiones; la ter- 
cera de restringir las compras al comercio; y la cuarta de intensificar.. 
‘la huelga escolar. 

Los resultados de las cuatro comisiones fueron altamente PS 
torios: doscientas placas de automóviles devueltas; notoria reducción: 
de asistentes a las salas de espectáculos, a pesar de la detención su- 
frida por algunas señoritas, y positiva reducción de ventas en todo el- 
comercio. 

. «Por otra parte A r dl informe—, se tiene también orgaz! 
nizado un grupo de jóvenes, aproximadamente 35, que se dedican a' 
dar conferencias en todos los barrios de la ciudad, acerca de lo que es 
el boicot y la obligación de secundarlo. Se dan aproximadamente cinco. 
conferenciás diarias y unas dos veces por semana van grupos de ace- 
jotaemeros a las poblaciones cercanas a hacer la misma propaganda. 

` »Los resultados son los siguientes: los comerciantes acaban de ren- 
dir informes a la Cámara de Comercio acerca de las rebajas que se 
han notado en las ventas, comparando las de la primera quincena de. 
agosto de 1925 y 1926. El promedio de los informes es el siguiente: . 
Abarrotes, se vendió el 52%; ropa y calzado, se vendió el 29%; auto-. 


Méjico Cristero i o SN 81 


móviles e implementos, se vendió el 9%; varios, se vendió el 38%; pro- 
medio total, 43%. Es de notarse que debido a la propaganda que se 
. había hecho este año la proporción en la venta de automóviles debería: 
haber aumentado considerablemente y así se había notado antes del. 
boicot. Han corrido rumores de que se clausurará la agencia del “Chrys- 
ler” y algo debe haber de cierto, porque su local tiene rótulos anun- 
_ciando que se renta y no dice adónde se cambia. 

>En Gladium no se ha dejado de tratar el asunto del boicot en^ 
general y especialmente contra “El Buen Tono”. Estamos también en 
contacto frecuente con todos los centros del estado y constantemente les 
“recordamos la propaganda del boicot. Todos los informes que reci- 
“bimos son satisfactorios, y para formarse una idea baste decir que en 

` los pueblos de todo el estado se está dejando sentir la acción del boicot 
mucho más intensamente que en ésta (ciudad).. 

»En cuanto al número de personas adheridas a este grupo, infor- 
maré que los datos que podemos proporcionar —ya que no tienen tis- - 

_tas ni padrones— son que nuestro órgano periódico Gladium se vende 

exclusivamente a los socios y todos tienen obligación de comprarlo; 

pero en cada casa sólo reciben un ejemplar. Como el último número 

alcanzó el tiró de 72,500, estamos en condiciones de asegurar que en %4 
esta Delegación Regional hay alrededor de 400,000 socios. Se cuenta ' 
con 108 centros foráneos. 

»Por último informaré que se están desplegando actividades para” 
.unificar en todo el endo la huelga escolar y la fundación de centros 
de instrucción católica.» * 

No me detendré en reseñar los incidentes y éxitos alcanzados en. 
la campaña en todos los rincones de Méjico. La repetición de aconte- 
cimientos era síntoma de la unidad que reinaba en toda la nación. 


Pénjamo y Ciudad Juárez.—Sólo dos casos más, tomados al azar, 
de dos pequeñas ciudades muy distantes una de la otra: Pénjamo, Gto., 
¿y Ciudad Juárez, Chih., centro y frontera norte de la República, res-. 

_pectivamenté, 

En la primera de estas ciudades era jefe del movimiento absten- 
‘cionista Luis Navarro Origel, acejotaemero de espíritu resuelto, quien 
había logrado, en poco tiempo, paralizar la compañía de luz y fuerza 
porque los moradores de Pénjamo acordaron usar para su alumbrado 
velas de sebo, mechones de manteca y maderas resinosas. El consumo 
"MECO CRISTERO.—8 


i Si gecesita . 
Trou-Trou 


mdándelo hacer 
en Madero s | 


GLADIUM 


SEMANARIO DE COMBATE 


na BR DUERMA!!! 
partuslidad es indispenán- 
ble en todo empleado y hombre 
de regocios. 

tiene despertador? ¿Rel 
PA e de Ae 
lemania un extenso surti lo. Vi- 
siteme! Mis precios son de pro- 
paganda! ADULFO OCHOA. 
8. E. 0,16 (Antos P. Loza No, 88 


(EEOÓR———— 


i Por la organización hacia la libertad— La preusa siempre ha podido matar y enterrar tiranos. 


Registrado camo Artículo de %a. Clase [ 1ér. grupo ], con fecha 7 de Febrero de 


GUADALAJABA, JUNIO 21 DE 1925. 


92. 


EL FUROR SECTARIO ARREMETE CONTRA EL PORVENIR 
-DE LA NIÑEZ Y DE LA JUVENTUD CON SANA IMPLACABLE 


y 
Expulsados 


El agtual tirano de Jalisco no quer 

36 contento con que los muchachos 
que tuvieron el atrevimiento de pro- 
testar contra el cierre de el “Insti-" 
tuto de Ciencias de Jalisco” hayan 
ido a-los calabozos hayan tenido que 
ser víctimas de las majaderfas de 
Seogandino Delgadillo. Director de la 

~ Penitenciarí», quien se portó pési- 
'mwamente con log detenidos y ha da- 
do orden de que sean expnisados va- 
rioa alumnos: tres de la Escuela de 
Medicina, uno de la Preparatoria O- 


a 


per medio de la violencia a las per- 
sonas que protestaron contra el cie- 
rre de el '* Instituto” y cuando estu- 
vieron algunas de ellas ante él. con 
grande sorpresas pudieron ofr” de 
los lablos del actual Gobernador la 
declaración de que los mandó llamar 
para darles una explicación acérca 
d- los hechos y demostrarles que no 
hizo más que cumplir la ley con ls 
clausura de aquel establecimiento. 
LY tiene, señor Zuno, alguna expli- 
cación esa expulsión arbitraria y o0- 
barde de loa nifios y de los jóvenes 


“GLADIUM” ha querido ser un grito despertador de la conciencia individual y co- 


de la expulsión, tomo se les aplicó, 
Luego esa expulsión noñolamente - 
es un abuso cobarde da la fucrza y 
del poder contra la niñez inerme y 
lu juventud indefensa, sino que es 
brútalmente arbitraria e ilegal, 

La Salida 


Sin embargo es saguro que el ac- 
tual sátrapa va a decir que las razo” 
nes que tuvo para expulsar a esos s 
lumnos fueron estas: que están en 
un establecimiento oficial; que po” 
nen el ejemplo de violar las leyes y 
que el goblerno sostiene los estable” 


leotíva tan dolorosamente atrofiada en nuestro pasa causa de la inacción de muchos años y de la falta de 
uns honda y recla conviceióu acerca del valor de los principios, como fuerzas que deben impulsar y diri- ` 
gir cuerpos, almas y colectividades. Y no descansará hasta lograr que el reinado de los principios, el im- 
perio de las ideas se restablezca en los espíritus, pues la decadencia y el empobrecimiento espiritual y mo- 
ral que posan sobre el alma nacional y sobre cada individue arrancan más que de otra parte de que bajo el. 
rescnido de nuestras buncarrotas ue hallan olvidadas, reducidas a factores de ínfima categoría las ideas i 
centrales que en la vida homana ben sido y deben ser siempre la raíz auprema de donde emerjan los altos 
caracteres, los gestos de altiveza :rreduotible delants de todas las crisis, de todas las catástrofes y delante 
de todos los perseguidores de las conciencias. Hacer que echen: raíces profundas, vivas y fuertes en la 
carne, en la sangre y en la sustancia palpitante del espíritu nacional e individusl y que todo e) torrente de 
nuestra vida «bandone el cauce infecando. el desierto dasolado del mercantilismo para que éntre en ruido" --| 
sa invasión por la ruta del ideal y del respeto y de la práct.ca inristente y firma de les principios. es labor 
fandamental para que surja en plenitud avasalladora la conciencia con teda la enérgica e iriesfstible signi- 
ficación que tiene como poder de reconquista, como bandera de combata contra los profanadores del de~: 
~ recho y como entronque vital que realice el milagro de juntar todos los penexmientos, los brazos, los ca~ 
ractares dispersos y haga salir del crisol ardiente de la unidad, la mole corpnlenta del titán amasado y he 
cho del polvo de nuestro desierto con el sudor y lan fatigas de un trabajo de renrganizsción interior. Con- 
ciencia individual y colectiva: he aquí lo que intentará hacer surgir “GLADIUM” con cada una de sus 


ficini y cinco niños del Orfanatorio 


del refior Silva: De esta manera el 
sátrapa del Estado desfog asu ira so- 
bre niños inermes y jóvenes indefen- 
sos y lea trunca de un solo golpe to- 
do su porvenir. En esta actitud del 
“déspota que por espacio de tanto 
tiempo hs venido burlando los inte- 
Teses más altos de la suciedad ¡hay 
un fondo muy marcado de cobardía 
y de abuso increíble de la fuerza. 
Goilat contra David sin bonda y sia 
piedras. 
Les explicaciones 
Zuno había estado haciendo venir, 


palabras y lo que deben intentar formar todos los portavoces de la opinión. 


arrojados a la alle? Desde luego ca” 
si todos los expulsados eatnvieron 
presos por haber hecho la manifeste’ 
ción; luego ya habían sido castiga- 
dos por haber protestado, si es que 
el Regiamento de manifestaciones no 
es, como de hecho io es, anticonati- 
sucional. Por tanto los que estuvie* 
ron presos ya no podían haber sido 
castigados. Por lo que toca a los 
que habían estado presos hay qué 
notar que debieron padecer el mis’ 
mo castigo que los demás, puesto 
que se trata de la miema falta; pero 
nunca debió- aplicárseles el castigo 


“Gladium”, el pequeño gigante, portavoz del maestro 


cimientos de donde fueron expulsa 
dvs esos alumnos. Pero en esto no 
hay más que una salida de pie de 
banco! ‘Porque no por estar er un 
establecimiento oficiel se pierde el 
derecho de protestar contra los-atén 
tados de los gobiernos, Es teoría ú- 
nicamente propia de los déspotas, de 
los opresores, la que últimamente se 
ha sacado a relucir còn motivo de 
ciertos bechos como el cese del Li": 
cenciado Pallares, y que consiste ea 
sostener que el que desempeña un: 
cargo público o- recibe instrucción 


Pasa a la 45. plana, ` 


Anocleto González Flores 


y sus denodados compañeros de la Unión Popular. de 


Méjico Cristero , 83 
_-_-l A  -=-=--- -Z24f€á-— — — —— ——— a AAA A A A A e 


de la carne se redujo la décima parte de lo normal. «Navarro extendió 
el boicot hasta los más dilatados confines del municipio, y por este 
medio obtuvo que la población no contara con entradas de mercancía 
de lugares foráneos. Tan apremiantes medidas obligaron a las auto- 
. ridades a dejar sus cargos a causa de no tener un solo centavo de 
entrada por concepto de contribuciones.» * ] 

Esta situación, aunque no en grado tan extremo, comenzó a surtir 
sus efectos en todo el territorio nacional. 
~ En üna comunicación recibida por el comité directivo de la. Liga, 
«proveniente del grupo “Benedicto XV” de la acim de Ciudad Juárez, 
-Chih., y fechada el 5 de septiembre, se informaba que los afiliados 
al movimiento de defensa ascendían allí a 2,500, quienes hacían sentir al 
gobierno municipal los efectos del boicot, nó obstante que la prensa, 
¿obedeciendo consignas recibidas, trataba de desvirtuar los aconteci- 
mientos y negar los efectos de crisis que comenzaban a experimentarse 
en aquella ciudad fronteriza. l 

Este tipo de comunicaciones llegaba, en gran número, al Comité 
` General de la Acym y al Comité Directivo de la Liga, debido, como queda 
dicho, a que los acejotaemeros, tanto del interior como de la capital 
«de la República, tomaron entusiasta y eficaz parte activa en las dispo- 
siciones emanadas de la Liga. 
~ La última de las actas, correspondiente a la postrera sesión regu- 
lar del Comité General de la Asociación Católica de la Juventud Meji- 
cana en 1926 —pues no volvería a reunirse sino hasta fines de 1929—, 
"levantada por el secretario general de la institución, Manuel Dávalos 
"Lozada, comenzaba con estos dos párrafos: 

«En la ciudad de Méjico, el día 16 de agosto de 1926, se reúnen en... 
(en el original puntos suspensivos para evitar perjuicios a los dueños 
de la casa en que se reunieron, en caso de caer ese documento en 
manos de la policía)... los señores Elizalde, Márquez, García, Bar- 
quera, Díaz, Velázquez, Avalos, Barquín y el suscrito, para celebrar 
la junta ordinaria del Comité General, que dio principio a las 20 horas 
y 30 minutos, con el rezo de las oraciones acostumbradas. 
<- »La presidencia hace notar que se están recogiendo magníficos fru- 
tos del esfuerzo de la juventud católica en la actual persecución reli- 
giosa, siendo muy satisfactorio ver que el nervio de la acción de los 
católicos lo forma la ACJM.» * 


LIGA NACIONAL DEFENSORA DE LA LIBERTAD RELIGIOSA 
BOLETIN NUM 16. — DELEGACION DEL D. F. 
¡EL ESPBOTAOULO DEL AÑO! 
"DIOS Y MI DERECHO” 12 DE DIC. DE 1926. 
[¡SRAVISIMOS ERRORES8!! [FUNESTA TERQUEDAD!! 

Tres errores gravísimos ha cometido el Gobierno Me- 
xicano al plantear el conflicto religioso: Plantearlo, 
arrebatar a los Católicos todos los medios legales de 
defensa y negarse a resolverlo. 

a Y  12-Plantearlo ha sido un error de Justicia, de Política 
> y de Diplomacia. 

24 2$-Es un error de Justicia; porque el Gobierno debe 
saber que es con la recta razón y mirando al bien común, y no con'“*Criterios 
Filosóficos” disparatados e impopulares, como se gobierna a los pueblos. 

Es un error de política: porque lo primero de lo primero que debe mirar 
muy bien un gobernante empeñado en imponer al pueblo sus “Criterios 
Filosóficos” es ver si el flamante “Criterio ilosófico” encajará o no bien en 
el pueblo y si éste lo recibirá y aceptará. Pero el Gobierno se ha empeña-, 
do en no ver más que ““pujidos de beatas y muecas de sacristanes'' y por 
eso le está saliendo “el tiro por la culata.” 
Es un error de diplomacia; porque en verdad muy poco olfato se necesitaba 
para sospechar que la audaz empresa, no sólo podría resultar antipatrió- 
tica por impolítica, sino también por antidiplpmática, puesto que podía 

ovocar, como está provocando, al Intervencionismo Yanki, que siempre 
E estado a caza de pretextos, para.... ya Ud. lo sabe, señor Presidente. 

Luego el Gobierno Mexicano ha cometido un gravísimo error plantean- 
do el conflicto religioso. 

El segundo error del Gobierno ha sido arrebatar a los católicos todos los 
medios legales de defensa. 

Ante todo, porque los católicos tienen justísimo derecho de impedir que 
les sea arrebatada suReligión,que es lo que más estiman en el mundo,que 
es lo que no hay gobierno «civilizado que no conceda, que es lo que por 
honesto, necesario e imprescindible, no debe quitarse a nadie, máxime, 
cuando, como en este caso, se trata de la íínica religión verdadera. Luego 
perseguir, encarcelar, multar, y aúñ golpear y fusilar a los católicos por 
que escriben, hablan, imprimen, protestan y ponen en juego todos los 
medios legales injustamente declarados sediciosos, para defender su reli- 
gión contra un gobierno injusto y tirano que la atropella y persigue con 
una seña que envidiaría Nerón, es un error tanto más grave, cuanto que 
no sólo priva a los católicos de lo que justísimamente les pertenece, sino por 
que los provoca y los incita vivísimamente a los tumulios y aún a la franca 
rebelión armada. ¿Quién es, por tanto, el verdadero culpable del peligro- 
sisimo caos en ique estamos envueltos? ¿Son los católicos, que defienden sus 
más sagrados derechos, o es el Gobierno que, con medidas tan legalmente 
injustas, tan impolíticas y tan antidiplomáticas está provocando sus iras 
sin necesidad? 

El tercer error del Gobierno es su funesta terquedad en negarse a resolverlo 

En mil tonos hemos repetido al Gobierno que, si él fué quien provocó 
el conflicto, es él el único llamado a resolverlo, Y repetimos ahora que es 
absolutamente inútil esperar que la Iglesia ceda; si esta esperanza es lo que 
mantiene al Gobierno “en sus trece” le advertimos que ello será sucuaria 

lancha monumental. En cambio, el Gobierno tiene en sus manos la so- 
ución; porque los únicos medios posibles los tiene él. Así es que el señor 
Calles, con sólo querer lo arreglará todo sin perjuicio ningnno de nada, 
ni de nadie, vamos, que quizá se pudiera salvar hasta su “criterio filosó- 
fico,” que ahora está en tanto peligro. 

Deje pues el Gobierno de achacar al clero lo que exclusivamente le 
corresponde a él. ` Es él, el Gobierno, quien por injusto, por impolitico y 
por antid:plomático, o lo que es lo mismo. quien por maulo, por tonto y por 
terco, se ha echada encima a la nación y al mundo. 


El día 19 de diciembre de 1926, previo anuncio de “Un gran espectáculo aéreo”, 
fueron soltados en la ciudad de Méjico, cientos de globos que dejaron caer millares 
de:estas hojas informativas de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa., 


VII 


PROPAGANDA IDEOLOGICA 


Apoyo de la crom a Calles.—Primera controversia 
. pública. — Segunda controversia. — Tercera contro. 
versia. . 


Apoyo de. la crom a Calles.—La Confederación Regional Obrera 
Mejicana, de la que era secretario general el diputado Ricardo Treviño, 
incondicional del Gral. Plutarco Elías Calles, lanzó un manifiesto al 
pueblo mejicano el día 28 de julio de 1926, en el que culpaba al clero 
«de originar el conflicto religioso «al manifestar abiertamente su rebel- 
día para sujetarse a las leyes del país en lo que al ejercicio del culto 
se refiere», y que la crom apoyaba y sostenía «al gobierno de la Repú- 
blica, presidido por el señor general Plutarco Elías Calles, en su. acti- 
tud resuelta de hacer que se cumplieran las leyes que habían provo-. 
eado el conflicto.» 

, -~ Suponía la Confederación Regional Obrera Mejicana que el remoto 
origen del grave conflicto social se encontraba en la inconformidad 
de los políticos derrotados por la Revolución, pues nadie pretendía 
arrebatarle al pueblo sus creencias. 

«Por su parte —afirmaba el manifiesto—, la Confederación Regio- 
„hal Obrera Mejicana se permite hacer del dominio público que está 
dispuesta a contrarrestar, en apoyo del gobierno y consecuente con las 
resoluciones adoptadas en las convenciones sexta y séptima, la acción 
del clero católico ya citada, que tiende a paralizar la vida social y 
económica de Méjico.» 

: 85 


086 f , Antonio Rius Facius 

El boicot se cernía amenazador sobre la estabilidad del régimen 
. y, para desvirtuar las causas que lo habían originado, por medio de 

, su engañosa proclama pretendía la poderosa central obrera que el pue- 
blo se convirtiese en aliado de quien le quería privar de sus derechos 
civicoreligiosos. 

En ese documento se repetía el sofisma de afirmar que el clero era 
el que no se sometía al gobierno, puesto que éste era respetuoso de 
«las conciencias y, por lo mismo, estaba justificado en su proceder, al 
que respaldaba con la desafiante frase de “nosotros iremos al terreno 
que el clero elija”, queriendo significar que por la fuerza habría de 
someterlo, cuando era sabido que al clero se le cerraban hermética- 
mente las puertas del derecho con leyes convertidas en fieros instru- 
mentos de ataque y opresión, contrarias a todo espíritu justiciero; 
«en la inteligencia —terminaba el documento— de que el cumplimiento 
de las leyes no sólo se exige a aquél, sino a todos los habitantes de 
país.» i 

Al día siguiente de suscribir este manifiesto, la Federación de Sin- 
dicatos Obreros del Distrito Federal, perteneciente también a la crom, 
entregó a Calles un pliego de adhesión, en el que se confundía lamen- 
tablemente la dictadura porfirista, de irrefutable esencia y ascendencia 
liberal y anticatólica, con la Iglesia, a quien se le había arrebatado 
el derecho de la enseñanza. Eso no obstante, afirmaba ese texto dema- 
gógico que «esa misma ignorancia es la que pretende aprovechar una 
vez más el clero para mantener, en la conciencia de nuestros com- 
pañeros y del pueblo en general, el error de que es algo inseparable 
la religión y el clero; de que aquella dulce doctrina del Crucificado 
es la misma profanación que de sus ideales de paz y de amor hicie- 
ron los mercaderes que se dicen representantes de Dios sobre la tierra 
y que en un esfuerzo supremo, con una audacia inaudita, pretenden 
aprovecharse del fanatismo de las masas, que por fortuna es hoy mu- 
cho menor que hace quince años, para que al grito estriderite de Reli- 
gión y Fueros, el pueblo destruya su propia obra ¡la Revolución!» 

Era la misma cantilena conteniendo la misma falsedad y la misma 
calumnia, para ocultar mañosamente el odio anticristiano que movía 
las conciencias de los perseguidores de Dios y de su Iglesia. 

El Gral. Calles recibió complacido aquel mensaje, reflejo fiel de. 
sus propios sentimientos, y contestó a sus visitantes con palabras que 
no dejaban lugar a duda sobre la índole de sus propósitos, 


Méjico Uristero . 87 


, Para defender su política ante la opinión pública de su poderoso 
vecino, Manuel Téllez, embajador de Calles en Washington, dio a co- 
nocer, el 31 de julio, el punto de vista de su gobierno: 

«Durante tres centurias el clero dominó al. país sin realizar obra 
constructiva de ninguna clase, ni elevar el nivel moral del pueblo», 
afirmó sin morderse la lengua, cuando la misión civilizadora de la 
Iglesia había fijado, en esas mismas tres centurias, la cultura más 
aventajada en su época en el Nuevo Mundo, incluyendo a los Estádos 
Unidos. 

No podía faltar, en este maratón de calumnias, la voz autoritaria 
del Gral. Obregón, la sombra tras el trono, quien, desde su apartado 
rincón de Cajeme, Son., hizo declaraciones a tono con las anteriores 
a un periodista que lo entrevistó. 

- Para dar, finalmente, plena apariencia de apoyo a su política, el 

' general Calles, por medio de la crom, fue ensalzado en una obligada’ 

manifestación pública efectuada el 19 de agosto de 1926, para la cual 
“amenazó esa central obrera con el cese inmediato a todos sus agre- 
miados que faltaran a ella, a la que también fueron obligados a con- 
currir los empleados públicos. Aquel desfile vergonzoso de gente que 
luchaba entre sus creencias y sus necesidades cruzó las calles de la 
. capital hasta llegar al Zócalo. El presidente Calles, desde un balcón 
del palacio municipal, situado a un costado del palacio nacional, al que 
entonces se le estaba añadiendo un piso más, contempló aquella mani- 
festación organizada en apoyo de su política anticlerical. 

Aún quedaba un recurso más para desvirtuar la verdadera esencia 

. del problema y dar, al pueblo, la sensación de que gozaba de libertad 
completa para actuar, pensar y decir. Este medio, hábilmente prepa- 
rado por la Federación de Sindicatos Obreros del Distrito Federal, 
«consistió en invitar a Capistrán Garza y otros prominentes catélicos 
a unas controversias religiosas en el teatro Iris. 

René consultó con Rafael Ceniceros y Villarreal, presidente de la. 
“Liga, la conveniencia de aceptar la polémica. Este le hizo ver que 
la experiencia aconsejaba rechazar tal invitación, ya que «generalmente 
nada- de provecho se saca de tales controversias públicas, pues a la 
` postre cada parte se adjudica el triunfo y los ánimos quedan más cal- 
'deados que antes de la discusión.» No obstante, viendo el entusiasmo 
del acejotaemero y “conociendo su acometividad y competencia”, ló 
autorizó para aceptar el reto. 


88 ` Antonio Rius Faċius 


«Las condiciones propuestas por la croM y aceptadas por Capis- 
trán Garza, no pudieron ser más ventajosas para aquélla. La crom' 
elegía el tema del discurso sin darlo a conocer a su adversario sino 
«hasta que éste lo oyera en el teatro. Concluido el discurso era refutado 
inmediatamente y después volvía a hablar el orador de la crom sin que- 
su adversario tuviese derecho a refutarle. Sólo hubo una excepción 
en lo pactado: la última discusión entre el señor Morones y el joven 
"estudiante Luis Mier y Terán. El señor Morones, alardeando de sufi- 
ciencia, quiso que el representante de la Liga eligiera, al discutir con él, 
el tema y refutara a Morones cuantas veces quisiera.»? 

_ A estas polémicas tenían preferencia de paso los incondicionales” 
de la Federación, y se procuró darles la mayor publicidad posible, 
hasta el grado de instalar micrófonos en el escenario del teatro para 
que aquellos discursos llegaran a todas las personas que contaban en 
aquella época con aparatos receptores de radio. 


. Primera controversia- pública.—La primera conferencia, pronum- 
ciada el día 2 de agosto, estuvo a cargo del entonces secretario de 
Educación Pública, doctor José Manuel Puig Casauranc, y para: reba- 
-tirlo se le enfrentó René Capistrán Garza, el señalado acejotaemero - 
que ocupaba la vicepresidencia de la Liga. El tema de aquella pri- 
mera controversia pública fue: El problema religioso desde el punto de * 
vista educacional. El doctor Puig Casauranc comenzó diciendo que el 
único propósito de Calles era “cumplir y hacer cumplir estrictamente 
nuestras leyes constitucionales”, que habían sido rechazadas por el 
episcopado. 

Asido a este principio, hizo historia de “aquel tibio artículo tercero 
de la Ley Fundamental de 1857” que establecía “que la enseñanza 
sería libre”, hasta la proclamación, en 1917, del laicismo obligatorio. 
“Definía el laicismo como el medio adecuado para prescindir, elimi- 
nando toda posible neutralidad, de la enseñanza religiosa, sustituyendo 
la moral cristiana por un enrevesado “código de la moralidad” perge- 

“ñado por él mismo. Dicho código trataba de suplantar los manda- 
mientos del Decálogo por otros en los que se eliminaba a Dios, Hace- 
dor de todas las cosas, y se abusaba de un falso y rimbombante patrio- 
terismo materialista. ` 

“Después de asegurar el orador que «no enseñaremos ni atacaremos 
—<omo si la omisión no encerrara en sí un ataque—, ni defenderemos 


"Méjico Cristetro o Fe 


religión alguna», terminaba aquella parte de su discurso con esta atre- 
vida afirmación: «hemos de esforzarnos siempre en hacer... hombres 
útiles a la sociedad, hombres que, de haberlos conocido Cristo, los 
hubiera aceptado como cristianos de los primeros tiempos de la Iglesia.» 

La continuación de su tesis versaba sobre los deseos de los revo- 
lucionarios de librar a los niños “del fardo demasiado complicado y 
peligroso” de la fe, por lo menos hasta los doce años de su edad, y acep- - 
taba, como magnánima concesión, que podía llegarse «al extremo de- 
“sostener que deben y pueden existir, conforme a la ley, capillas. den- 
tro de los séminarios, no para el culto público» sino para que practi- 
caran el oficio divino los seminaristas. 

El tiempo se encargó de desmentir al orador, cuando seminarios 

y conventos fueron saqueados y destruidos por las hordas revolucio-- 
narias encumbradas en el poder. 
/ Siguió en su perorata haciendo gala de sus ampulosos y falsos cono- 
cimientos de la historia de Méjico y negando que los componentes del 
clero hubiesen tenido adecuado concepto de la patria, a través de las 
vicisitudes históricas de Méjico. Para endulzar los oídos de su opositor 
y ¡quedar a salvo. de toda inguina personal, hizo halagadoras refe- 
rencias de René Capistrán Garza, al que llamó “un bello tipo de mu- 
chacho valiente”, pensando quizás que con estas frases podría des- 
armar del ardor apostólico que animaba a su opositor y, tras de insistir 
en süs inculpaciones al clero, terminó su discurso con estas atrevidas 
afirmaciones: «Si pudiéramos utilizar a la Virgen de Guadalupe, Vir- 
gen india, de nuestra raza y nuestro color... que es, al mismo ca 
y sobre todas las cosas, culto de nuestra raza y nuestro país.. 

Las galerias del teatro premiaron con frecuentes aplausos pe fra- 
ses más brillantes del orador y, fieles a la consigna de dar al acto 
apariencias de imparcialidad, cuando René Capistrán Garza salió a 
medio escenario, fue recibido con cerrada ovación. La intervención 
" oratoria de René, forzosamente improvisada, pues estaba dirigida hacia 
la refutación de los conceptos que acababa de escuchar, fue, aunque 
breve, brillante y certera. 

«El señor doctor Puig nos ha leído algo así como un código de la 
: moralidad —dijo textualmente—. No está del todo mal ese código: 

anoté sus analogías con el código cristiano. Ahora bien: ¿Qué probó. 
' el doctor Puig? ¿Que es bueno el código o que es buena la doctrina 
- cristiana?» Y afirmó vigorosamente: «Ese código es una pequeña fal- 


[j 


René Capistrán Garza en su réplica a Puig Casauranc, —sentado, al fondo—, 
durante las controversias sostenidas en el Teatro Iris, de Méjico, D. F. 


Méjico Cristero i l E : e +91 


«sificación de algo que vive hace veinte siglos. No falsifiquemos, ese 
-código es un Hombre colgado de una Cruz.» 

Rechazó la polémica a que su oponente quería llevarlo en el terreno 
histórico, pues no podía, sin previa preparación, rebatir un estudio 
minucioso con improvisaciones, aunque eran palpables las falsedades 
imputadas a los católicos de ser traidores a la patria: “Queremos 
nuestra libertad”, dijo con emocionada energía. 

Las voces airadas de la concurrencia obligaron a René a retirarse 
de la tribuna. Cuando el doctor Puig Casaurane volvió al centro del 
escenario para declamar su contrarréplica, de todos los rincones del ' 
teatro brotaron gritos de: ¡Viva la Revolución! 

La contrarréplica de Puig Casauranc, incisiva e irónica, terminó con 
estos conceptos: «Para responder al grito de los católicos de: ¡Viva 
Cristo Rey!, las organizaciones de trabajadores oponían este otro: 
¡Viva Cristo, apóstol de un ideal socialista!» 

René Capistrán Garza, quien había abandonado la cárcel reciente- 
mente, tuvo que salir, disfrazado, pocos días después hacia los Esta- 
dos Unidos. Ninguna polémica pública podía resolver el fondo del 
grave problema planteado por el poder público, pues éstas no. fueron, 
en sí, más que astutos medios publicitarios de que se valió. el gobierno 
ji acreditar su sinrazón. 


Segunda controversia.—Estas controversias continuaron el día 4 
cor el discurso del ingeniero Luis L. León, ministro de Agricultura 
del gabinete callista, sobre el tema El movimiento revolucionario y el 
-elericalismo mejicano, a quien refutó el licenciado Herrera y Lasso. 

Sería volver a repetir frases y conceptos usados en exceso por los 
elementos anticlericales el detallar su ampuloso discurso, en el que 
desvirtuó la historia patria, desde la conquista "hasta nuestros días, 
pata justificar sus ataques a la Iglesia, ponderando, en algunos pasa- 
jes de su discurso, a “los primeros misioneros (que) son de las figuras 
“más grandes y más nobles de nuestra historia” y concluyendo: que 
los conquistadores habían sido aves de rapiña, sin caer en la cuenta 
-que fueron éstos, precisamente, quienes trajeron a los frailes misio- 
“neros. l l 

Más de una hora duró la lectura de su larguísima conferencia, pre- 
ñada de insultos y ataques a los católicos mejicanos de todos los 
tiempos. 


92 Antonio Rius Fácius 


El Lic. Herrera y Lasso fue breve en su respuesta; frente a um 
auditorio cansado y predispuesto a rechazar sus argumentos, -habló de- 
concordia, de unión, y rechazó las falsas imputaciones hechas al cato- 
licismo mejicano de ser traidor a la patria, cuando los hechos siem- 
' pre habían demostrado lo. contrario. 

La contrarréplica del ministro de Agricultura prolongó, hasta la 
media noche, aquel pesado monólogo. 


Tercera controversia.—La tercera controversia, efectuada en el mis-- 
mo lugar el día 9, entre el ministro de Industria, creador de la crom, 
Luis N. Morones, y el estudiante acejotaemero Luis Mier y Terán, 

- alcanzó momentos verdaderamente emocionantes. i 

El orador oficial habló de una falsa- historia, con la seguridad y aplo- 
mo que le daban su alto puesto político y un auditorio parcial. Pero fue 
superado por el fervor apostólico, por el entusiasmo juvenil del imberbe 
acejotaemero quien argumentó «que el señor Morones confundía a la 
Iglesia Católica con la escuela liberal...» 

En la contrarréplica, Luis N. Morones lanzó la hravata de que po- 
„dían los católicos, si no estaban conformes con ese estado de cosas, 
tomar las armas para defender sus derechos, e 

No fue lejos por la respuesta; Luis Mier y Terán, en medio de una 
gran rechifla, desafió al ministro de Industria y a sus secuaces con 
estas palabras: E 

«El señor Morones nos invita a los católicos a tomar las armas. 

- Yo le respondo que no lo hemos hecho porque no nos sentimos ven- 
cidos en la disputa. de razones, por eso nos reta a disputar por la` 
fuerza.» 

Y en el terreno de la fuerza, al que fueron llevados los católicos, 

_se tuvo que sostener la razón y el derecho del pueblo contra la tira- 

nía atea que lo atropellaba. Antes, sin embargo, agotaron éstos sus 
últimos recursos jurídicos, que se estrellaron contra la consigna y el 
odio. 

Fue tal el prestigio alcanzado por el brillante opositor del Eb 
Hllado Morones, que el mismo Calles mostró deseos de conocerlo per=” 
sonalmente y lo invitó a tener una entrevista con él, durante la cual 
le insinuó la conveniencia de pasarse a las filas de la Revolución.” 
Luis Mier y Terán escuchó respetuosamente al jefe del Poder Ejecutivo 
y no réplicó una sola palabra. 


“Méjico Cristero e 93 


i 


` La Confederación Regional Obrera Mejicana no pudo resistir la' 
hümillación sufrida por su antiguo líder y publicó, en su órgano ofi- 
“cial, la revista CROM, un virulento editorial en su número del 15. de 
agosto. En él no hacía sino repetir por enésima vez la gran mentira 
+. que trataba de ocultar la confabulación contra la Iglesia Católica. 

«El llamado conflicto religioso —asentaba en su comienzo el edi- 
torial— no ha sido en realidad sino el eterno combate entre la sombra 
‘y la luz, entre el antaño y el progreso, la vieja pugna entre el tradicio- 
nal Partido Conservador y el antiguo Liberal, hoy Revolucionario.» 
` Efectivamente, era aquélla una fase más de la eterna lucha entrei 
las tinieblas satánicas de los hombres sin Dios y la luz invencible 
de la fe. 


VIII 


EN BUSCA DE UNA SOLUCION LEGAL 


Entrevista de los obispos con Calles. —El informe de 
Calles a las Cámaras.—Memorial de los obispos.— 
Dos millones de firmas. 


` : Entrevista de los obispos con Calles.—El 2 de agosto de 1926 circu- 
larón insistentes rumores de que se avecinaba un pronto arreglo del 
«conflicto, pues el obispo de Tabasco, Mons. Pascual Díaz, secretario 
del Comité Episcopal, había tenido una plática privada con el procura- 
dor general de la República. i 

Por otra parte, Eduardo Mestre y Agustín Legorreta, prestigiados 
hombres de negocios, se decía que buscaban un acercamiento entre el 
episcopado y el ejecutivo federal, aunque con escasas posib „idades de 
“éxito, dada la intransigente actitud de Calles, o: 
Mons. Díaz declaró a los periodistas extranjeros que lo entrevis- 
taron, «que, en sus conversaciones extraoficiales con el procurador, 
había discutido una mediación sobre las bases de suspender los efec- 
tos de las leyes en vigor, un plebiscito nacional para conocer el sentir 
del país, y hacer algunas modificaciones a la Constitución.» * 

Sin embargo, transcurrieron algunos días sin que noticia alguna 
confirmara la esperanza de encontrar una solución digna al conflicto. 
El Comité Episcopal, que presidía el arzobispo de Méjico, Mons. José 
¿Mora y del Río, presentó un extenso memorial el día 16 de agosto al 
presidente Calles. 
+. En él, en nombre de todos los arzobispos y obispos de la República 
Mejicana, y de los sacerdotes y pueblo catolico, en uso de un derecho 

95 


eS e Antonio Rius Facius' 


: reconocido por la Constitución, rechazaba “el cargo de rebeldía por- 
“haber suspendido el culto público en los templos”, pues “el no ejercer 
ún acto penado por una ley no es rebeldía”. 

Explicaba que si no habían hecho anteriormente uso del derecho 
de petición, se debía a que las leyes persecutorias no habían sido apli- . 
cadas con el rigorismo con que ahora se pretendia hacerlo, pues el' 
mismo Carranza había propuesto la modificación de esas leyes. 

Pedía que Calles interpusiera su influencia para que fueran «refor- 
mados de la manera más efectiva los referidos artículos y, por consi- 
guiente, las prescripciones penales con que se les ha(bía) sancionado.» 

Con ello no se pretendía otra cosa que hacer efectiva “la más sin-: 
“cera independencia de la Iglesia y del Estado” y que no legislara éste 
en asuntos religiosos, pues no le correspondía hacerlo de acuerdo con 
el “verdadero concepto de la ley civil”. 

«En consecuencia —concretaba el Comité Episcopal—, pedimos las 
libertades siguientes, a que tenemos derecho como. cristianos, como 
ciudadanos de una nación culta y hasta como hombres: libertad de ' 
conciencia, de pensamiento, de culto, de enseñanza, de asociación, de 
prensa.» 8 

No pedían privilegios, sino el reconocimiento de la personalidad 
juridica de la Iglesia. Ninguna razón, por bien fundada que fuese, 
podía ser aceptada por Calles, que se había propuesto exterminar al. 
catolicismo en Méjico, cuya respuesta, dada tres días después, se ajus- 
taba en todo a ese propósito. En ella decía que, aunque encontraba 
natural la petición del Comité Episcopal, él era el menos indicado 
para atenderla, porque los artículos constitucionales impugnados iban 
enteramente de acuerdo con su convicción política y filosófica y, por 
consiguiente, no pensaba derogar o cambiar su propia ley, que si que- 
rían podían dirigirse a las Cámaras EE o pedir Empero. a los: 

¡ tribunales. 

Esta negativa del jefe del Estado en un país como Méjico, de régi- 
men presidencialista, no podía significar otra cosa que advertir a los 

‘obispos de lo infructuoso que resultaba buscar, por los cauces legales; 
una solución. Continuaba aquella respuesta haciendo consideraciones 

sobre la improcedencia de conceder libertad a la Iglesia, y sacaba a, 
relucir viejos textos legales en los que apoyaba su convicción revolu- 
cionaria. Concluía afirmando que la libertad de conciencia, de pen- 
.samiento, de culto, de enseñanza, de asociación y de prensa, estaban: 


Méjico Cristero i 97 


consignadas, dentro de ciertos términos y alcances, en los artículos 3, 
6, 7, 9 y 24 de la Constitución. 

Al día siguiente, 20 de agosto, el episcopado hizo nuevas declara- 
ciones a la prensa, en las que, aunque insistía sobre la necesidad de 
dar fin a la situación prevaleciente, daba por cierta la buena fe de Ca- 
lles para llegar a un arreglo satisfactorio. 

El Lic. Eduardo Mestre, presidente de la Beneficencia Pública, 
amigo de los prelados y bien relacionado con Calles, arregló, después 
de algunas negativas, una entrevista del presidente con representantes 
del episcopado. Fueron escogidos para esta delicada misión el obispo 
de Tabasco, Mons. Pascual Díaz y Barreto, y el arzobispo de Michoa- 
cán, Mons. Leopoldo Ruiz y Flores. A las 10.30 del día 20 de agosto 
se presentaron, acompañados del Lic. Mestre, en el castillo de Cha- 
pultepec, residencia oficial del primer magistrado. 

Sin dilación fueron introducidos al gabinete presidencial y, hechas 
las presentaciones, Mons. Díaz inició aquella entrevista con la expo- 
sición de motivos que habían originado la suspensión del culto en los 
templos de la República. 

Suponían los obispos, de acuerdo con unas declaraciones que Calles 
había hecho a la prensa norteamericana, que el registro de sacerdotes 
no tenía otro fin que el de estadística, y siendo esto así, bastaba con 
que el presidente ratificara esta declaración y suspendiera la aplica- 
ción del reglamento al Código Penal, mientras se solicitaban a las 
Cámaras la derogación o modificación de los artículos constitucionales 
que maniataban a la Iglesia, para que los cultos volviesen a reanudarse. 

Pero la actitud del general Plutarco Elías Calles era intransigente; 
dijo en forma enfática que no daría un paso atrás, ni haría valer 
su influencia para que los legisladores modificaran las leyes a las que 
todos tenían el deber de someterse. 

En el informe rendido al episcopado, Mons. Ruiz y Flores trans- 
cribió las palabras finales de aquella conferencia, que sintetizan el 
criterio sostenido por ambas partes: «Al terminar la conferencia, ya 
de pie, nos dijo el señor presidente: “Pues ya saben ustedes; no les 
queda más remedio que las Cámaras o las armas”; y se le contestó: 
“Nos alegramos, señor presidente, de que nos diga usted eso. La Iglesia 
„no quiere defender sus derechos por la violencia, cuyos triunfos son 
efímeros; Ella quiere algo más sólido y por lo mismo prefiere los me- 
dios legales y pacíficos.”» * 


98 Antonio Ríus Facius. 


Una vez enterados los obispos del fracaso de la entrevista, pero 
firmemente decididos a rechazar las ilegales disposiciones contrarias ' 
a los derechos inalienables de la Iglesia, convinieron agotar todos los 
recursos que la Constitución les ofrecía y pedir a las Cámaras legisla- 
tivas la modificación de -las leyes antirreligiosas. 

Sin embargo, las noticias que circularon respecto a la entrevista, 
fueron del todo contrarias a la conducta seguida hasta entonces por el 
episcopado, ocasionando que -Roma, justamente alarmada, se pusiese 
en contacto inmediato con el arzobispo de Méjico, a quien envió el 
siguiente cable suscrito por el cardenal Gasparri, secretario de Estado 
de Su Santidad: 

«Los periódicos anuncian que hay arreglos no conformes con las 
instrucciones dadas por la Santa Sede. Esperamos- informe. Entre- 
tanto, no os apartéis de las determinaciones que el episcopado desde 
el principio tomó con tanta firmeza, elogiado por el mundo entero. 
Responda al punto y sin dilación telegráficamente.» 

Ese mismo día, 24 de agosto, contestó Mons. Mora y del Río: «Las 
noticias de los periódicos absolutamente falsas. De ninguna manera 
nos apartaremos, con el favor de Dios, de las instrucciones dadas por 

. la Santa Sede. Firmísimo es el sentir de los obispos todos, absoluta 
su obediencia y filial amor con que imploran del Santo Padre su ben- 
dición apostólica.» 

El cardenal Gasparri correspondió a ese cable con el siguiente: 


«Le doy las. gracias por su telegrama. Su Santidad unido a vosotros 
con sus oraciones y bendiciones.» 


El informe de Calles a las Cámaras.—El mensaje anual que tendría 
que rendir ante las Cámaras el presidente Plutarco Elías Calles era 
esperado con natural impaciencia por toda la nación. Deseaba el pue- 
blo conocer la opinión oficial sobre el problema religioso, esperanzado 
de que hubiera tenido algún cambio favorable que hiciese posible un 
pronto arreglo. Pero la realidad vino a desbaratar, una vez más, las es- 
peranzas de los que aún creían en la buena fe de aquel régimen repre- 
sentativo de la Revolución. 

En su mensaje del día 1% de septiembre des 1926, Calles dijo: 

«Nada ha habido, en el fondo de lo que se ha dado en llamar pro- 
blema religioso, que pueda reputarse como una verdadera novedad en 
materia de acción del gobierno. 


"Méjico Cristero y 99 


»Ni el Ejecutivo ni la Secretaría de Gobernación han introducido 
modalidades que pudieren causar alarma, con fundamento racional y 
justo, a las iglesias ni a sus adeptos.» 

_Es decir, Calles negaba que se hubiera privado de derecho alguno 

a la Iglesia, puesto que las leyes que se habían reglamentado para 
sancionar a quienes las quebrantaran estaban incluidas en la reciente 
Constitución y tenían como fundamento las leyes de Reforma. El que 
no se hubiesen aplicado anteriormente con todo rigor no se debía 
«a que los elementos identificados con la Revolución, y el Gobierno 
mismo, hubiesen abjurado de esos principios» sino a que «cambiar de 
de un día para otro íntegramente, en forma tal y completa, la vida y 
el régimen legal de un pueblo, no es tarea fácil.» 

A confesión de parte, relevo de pruebas. El Gobierno de la Revo- 
lución estaba empeñado en la empresa antipatriótica y absurda de 
modificar la esencia tradicional del pueblo, pues «unas disposiciones 
se encontraban ya en la ley del 14 de diciembre de 1874 y toda alarma 
a ese respecto es injustificada y fuera de tiempo. Otras sólo fijan las 
sanciones o penas por inobservancia en lo previsto en materia de cul- 
tos o de enseñanza, por la Constitución de 1917. La agitación y la 
alarma por esta causa es meramente artificial, toda vez que basta no 
violar la ley, que como ley es obligatoria, para escapar al castigo.» 
Y confesaba paladinamente: «Por violaciones al artículo 27, fueron 

` clausurados 42 templos en todo el país, así como también las capillas 
en los asilos de beneficencia privada que estaban abiertas al culto 
público, sin haber cumplido los requisitos de la ley, suprimiéndose, 
además, toda intervención de religiosas, u órdenes religiosas en gene- 
ral, en las instituciones de beneficencia. Igualmente, de conformidad 
con lo prevenido sobre el particular por la Constitución General de la 

* República, fueron cerrados 73 conventos, ubicados 43 en el Distrito 
Federal y el resto en diferentes estados.» 

Y continuaba la enumeración de las obras consumadas por el Go- 
- bierno, fiel a su principio de que bastaba no violar la ley para esca- 
. par al castigo: 

«Atento a lo dispuesto en el octavo párrafo del artículo 130 de la 
Constitución, se obligó a los sacerdotes extranjeros a no ejercer el culto, 
habiendo abandonado el territorio nacional 185 de ellos, que fueron 
considerados como extranjeros perniciosos. Fueron clausurados tam- 
bién, en cumplimiento a lo prevenido en los artículos 27 y 130 de la 


100 Antonio Rius Facius 


Carta Magna, 7 centros de difusión religiosa que se amparaban con 
las denominaciones de recreativas, culturales o de enseñanza social, 
por tener anexos donde se verificaban, sin el permiso correspondiente, 
actos del culto.» Entre ellas no se encontraba, naturalmente, la YMCA, 
sociedad de penetración protestante en Méjico. 

«El Ejecutivo de mi cargo está firmemente resuelto a proseguir 
la línea de conducta que hasta aquí se ha trazado, en cumplimiento 
de los principios que sustenta la ley suprema...» 

El diputado Gonzalo N. Santos fue el encargado de contestar, con 
servil verborrea, el mensaje presidencial, diciéndole a Calles que, la 
representación nacional «viene... por mi conducto, a felicitaros calu- 
rosamente por la firme y patriótica actitud que habéis asumido ante 
el llamado conflicto religioso.» 


Memorial de los obispos.—A pesar de todo, los obispos no podian 
darse por vencidos en su lucha para lograr, por cuantos medios paci- 
ficos y legales estuviesen a su alcance, un avenimiento con el poder 
civil: Desde antes del informe, y a raíz de su conferencia con Calles, 
prepararon minuciosamente un memorial para enviarlo a las Cámaras, 
como el mismo presidente les había dicho. 

El propósito del Comité Episcopal fue conocido públicamente y, 
a pregunta hecha por un reportero al futuro líder camaral, general 
Arturo Campillo Seyde, respondió éste que «siendo revolucionaria la 
Cámara de la XXXII Legislatura, sería el criterio revolucionario el 
que imperaría en sus decisiones.» 

En el mismo diario en que se dieron a conocer estas declaraciones 
se informó que la Secretaría de Gobernación había terminado el pro- 
yecto de Ley Reglamentaria del Artículo 130, que facultaba a los po- 
deres federales para ejercer la intervención que designaran las leyes 
en materia de culto religioso y disciplina externa. y 

Aun así, la jerarquía eclesiástica quiso emplear el último recurso 
legal y presentó a la Cámara de Diputados, el 6 de septiembre, su 
anunciado memorial, que comenzaba así: «En el ejercicio del derecho 
de petición garantizado por el artículo 8° constitucional y atendiendo a 
la invitación que se ha servido hacernos, al efecto, el ciudadano presi- 
dente de la República, venimos a demandar, en nombre del pueblo 
católico mejicano, la derogación de algunas disposiciones de la Cons- 
titución general vigente y la reforma de otras, con el propósito pa- 


“Méjico Cristero 101 


triótico de poner término al actual conflicto religioso; de obtener para 
los católicos mejicanos la libertad de su Iglesia; de purgar la Consti- 
tución de preceptos contradictorios e injustos que, por una parte de- 
claran que el Estado ignora la realidad religiosa de nuestro país y, 
por otra, la limitan y organizan con normas de esclavitud; y de poner 
de acuerdo, en bien de Méjico, la ley constitucional y los postulados de 
la civilización.» 

El documento, firmado en nombre de todos los arzobispos y obis- 
pos de la República Mejicana por el presidente y el secretario del 
Comité Episcopal, Mons. José Mora y del Río y Mons. Pascual Díaz, 
respectivamente, contenía sólidos argumentos en apoyo de las peticio- 
nes que formulaba. 

Hasta el 22 de septiembre fue dado a conocer el dictamen de la 
comisión de peticiones encargada de estudiar, en la Cámara de Dipu- 
tados, el memorial. La sesión dio comienzo a las 5 de la tarde y fue 
presidida por el diputado José Aguilar y Maya. La comisión rechazó, 
por improcedente, la petición de los obispos, porque, de acuerdo con 
la Constitución que negaba la calidad de ciudadanos a los señores Mora 
y Díaz, «porque no observan ni observarán la presente Constitución, 
de acuerdo con el pontífice romano, no estaban «capacitados legal- 
mente para ejercitar el derecho de petición firmada por ellos.» Sin 
embargo, la comisión había juzgado prudente estudiar dicha solicitud 
y, tras de negar la razón a los argumentos expuestos, rechazaba la con- 
veniencia de modificar un ápice las leyes establecidas. 

Los diputados aplaudieron el dictamen y lanzaron vivas a la Revo- 
lución. Al día siguiente y tras de virulentos discursos, se aprobó el 
dictamen por 171 votos contra 1, del diputado Ernesto Hidalgo. 


Dos millones de firmas.—<«No por eso se dieron por vencidos los 
católicos. Sin género de duda, ld sí eran ciudadanos y no habían 
perdido el derecho de petición.» ? 

La Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa tomó a su 
cargo presentar al Congreso el testimonio irrefutable de todo Méjico, 
para que las leyes contrarias a la libertad humana fueran derogadas o 
modificadas y organizó, por medio de sus delegaciones en toda la Repú- 
blica, la recolección de firmas al dorso de un documento que decía: 

«Los infrascritos, ciudadanos mejicanos, sin distinción de partidos, 
sino ligados en una sola aspiración por la libertad, ocurrimos a pedir 


102 Antonio Rius Facius 


empeñosamente a ese soberano Congreso se digne tomar en conside- 
ración y resolver en todo favorablemente la iniciativa de reformas de 
las artículos 39, 4%, 24, 27 y 130 de la Constitución de 1917, presen- 
tada por el episcopado nacional, en uso legitimo del derecho de peti- 
ción que consagra el artículo 8? de la misma Constitución.» Funda- 
mentaba, en seguida, las reformas que solicitaba de cada artículo y 
terminaba con esta solicitud: . 

«Creemos que estas breves y someras consideraciones bastan para 
fundar sólidamente la reforma que pedimos en este artículo. Por lo 
expuesto, de la manera más respetuosa, pedimos al H. Congreso de la 
Unión que, escuchando el clamor de la nación, se digne votar las re- 
formas constitucionales que solicita el episcopado nacional y que el 
pueblo apoya con entusiamo, energía y convicción, juzgando que tales 
reformas son absolutamente indispensables para dejar establecida en 
nuestra patria la inapreciable conquista de la libertad de conciencia.» 

La acm, brazo derecho de la Liga, tomó a su cargo la recolección 
de firmas en apoyo del memorial, con el resultado asombroso de alcan- 
zar dos millones, cantidad inusitada en Méjico, donde, hasta entonces, 
ninguna votación había alcanzado tal número de sufragios. 

Y no únicamente fueron estas hojas las que llenaron y enviaron 
por millares los católicos a la Cámara, sino telegramas que anticipa- 
ban ese envío y que decían: «A la H. Cámara de Diputados del Con- 
greso de la Unión. Méjico, D. F. 

»Innumerables vecinos de este lugar están firmando ocurso para 
apoyar petición Venerable Episcopado Mejicano seis actual dirigido 
esa Cámara. Apoyados artículo 8% constitucional, suplicamos que vo- 

- luntad nacional que anhela reformas propuestas citado ocurso sea fiel- 
a interpretada y acatada. Enviaremos ese ocurso. Atentamente... 
. de septiembre de 1926.» * 

«Pero el Congreso, ni siquiera se dio por enterado. Hizo más el 
oficial mayor de la Cámara de Diputados requerido públicamente para 
ello por el diputado Manlio Fabio Altamirano, tuvo la avilantez de 
afirmar que no se había recibido en la Cámara ni el memorial ni las 
firmas que lo acompañaban, siendo así que las copias fotostáticas de 
que hemos hecho mención contienen la firma del oficial mayor, quien 
oficialmente se dio por recibido del memorial y de las firmas. Además 
de estos dos memoriales, envió por separado el suyo un selecto nú- 
mero de profesionistas... pero sufrió la misma suerte.» * 


LIGA NACIONAL DEFENSORA 


DE LA LIBERTAD RELIGIOSA 
DIOS Y MI DERECHO 
COMITE EJECUTIVO 


AL H. CONGRESO DE LA. UNION: 


Los infrascritos, cindadanos mexicanos, sin distinción de partidos, sino ligados en una sola aspi- 
ración por la Libertad, ocurrimos, a pedir empeñosamente a ese Soberano Congreso, se digne tomar 
en consideración y resolver en todo favorablemente, la iniciativa de reformas de los artículos 30., 
50., 24, 27 y 130 de la Constitución de 1917, presentada por el Episcopado Nacional, en uso legíti- 
mo del derecho de petición que consagra el artículo 8”. de la misma Constitución. 


Es de tal manera evidente la justicia y necesidad de las reformas que se pide, que todo espíritu 
sereno e imparcial tiene que reconocerlo así, por el respeto que merecen los derechos de nuestros 
semejantes, especialmente los que se relacionan con la libertad de conciencia. 


Se pide la reforma del artículo 3o constitucional, en el sentido de establecer la absoluta liber- 
tad de enseñanza, sin que se prohiba en las escuelas particulares la instrucción religiosa Es una 
verdadera tiranía, de todo punto intolerable, el prohibir a los padres de familia el instruir a sus hi- 
jos en la religión que ellos mismos profesan; y si se leg reconoce el derecho de hacerlo por si mis- 
mos, ¿por qué se les niega el de hacerlo por medio de los maestros? 


Solicitamos la reforma del artículo 50., en el sentido de que puedan existir en nuestra patria 
comunidades religiosas, porque no debe impedirse a nadie el que, precisamente en uso de su liber- 
tad, se consagre a ocupaciones que conforme ala moral y a la ley natural, son lícitas; y porque 
consideramos, por otra parte, que muy lejos de perjudicar muestro país, les serán altamente bené- 
ficas, principalmente las que se dedican a la instrucción de la niñez y de la juventud, así como a 
lá práctica de la caridad 


Se pretende la modificación del artículo 24, como un anhelo patriótico para que nuestra nación 
a semejanza de otros países de indiscutible cultura, pueda gozar, en determinadas circunstancias; 
de manifestaciones públicas de la libertad de conciencia, reconocidas universalmente como exponen" 
tes de tolerancia y elevada civilización» 


Se pide la reforma de los incisos II y III del artículo 27, en tales términos que las asociaciones 
religiosas denominadas Iglesias puedan adquirir y Poseer aquellos bienes raíces que fueren indispensa- 
bes para su objeto Es un absurdo el que los Templos construídos por los católicos, no scan propie- 
dad de ellog mismos, o que los construídos por las colonias extranjeras no sean de su propiedad. 
Es un contrasentido, igualmente, el que se diga que puede haber ministros y seminarios, pero que 
no pueden tener casas donde vivir, expuestos a Ser Arrojados, como lo han sido, aun de las casas 
que tenían alquiladás. Es una injusticia dejar al arbitrio del Ejecutivo el disponer libremente de 
esos edificios construídos por sus bienhechores para determinado objeto. 


Finalmente, urgimos la reforma del artículo 130, en todo lo que tiene de perseentorio, tirá»: 
nico e injusto. Propugnamos porque se establezca la separación emtre la Iglesia y el Estado. No 
pretendemos fueros, ni privilegios de ninguna clase, queremos únicamente la libértad religiosa, co. 
mo se reconoce y practica en todos los pueblos cultos. + 


La facultad indebidamente atribuida a las Legislaturas, de limitar el número de ministros de los 
cultos, sólo se ha traducido en persecuciones intolerables que ham producido inauditos sufrimientos, 
tanto a los sacerdotes comio a todo el pueblo en general. Sólo los mismos creyentes pueden determi- 
nar sus necesidades de esa índole. No hay base de justicia para la odiosa exclusión de los ministros 
extranjeros, como no la hay para otras profesiones, y las colonias extranjeras tienen derecho al ser- 
vicio de ministros de su propia lengua. 

Creemos que estas breves y someras consideraciones, bastan para fundar sólidamente la refor- 
ma que pedimos de este artículo. 


Por lo expuesto, de la manera más respetuosa pedimos al H: Congreso de la Unión, que escu- 
chando el clamor de la Nación, se digne votar las reformas constitucionales que solicita el Episco- 
pado Nacional y que el pueblo apoya, con entusiasmo, energía y convicción, juzgando que tales re- 
formas son absolutamente indispensables para dejar establecida en nuestra patria la inapreciable 


conquista de la libertad de conciencia SÍ 
i E ei Ac ae 1t E 


Anverso y reverso (a la vuelta) de un pliego de peticiones al Congreso, con 27` 
dy firmas, Decenas de miles de documentos análogos fueron enviados a las Cámaras. 


FOBLACIO 


2 e 


PROFESION 


DOMICILIO 


| Av, Pata La AL. 


La I 
EPR 


Méjico Cristero .105 


No podían los diputados, serviles comparsas del callismo, atender 
la petición que les hacía una mayoría de mejicanos, para cambiar esas 
leyes que no eran más que el instrumento adecuado para esclavizar 
las conciencias. Se trataba, como había dicho L'Osservatore Romano, 
“* ..de un gobierno perseguidor que quiere la supresión de la Iglesia 
Católica en Méjico.” 

La sangre de los mártires había de subrayar el clamor de un pue- 
-blo dispuesto a hacer valer sus irrenunciables derechos a la fe y a la 
libertad, que sus gobernantes querían arrebatarles, 


IX 


LOS CRISTEROS 


José Garcia Farfán.—Mortífero encuentro en Gua. 
dalajara.—Los mártires de Chalchihuites.—El prin- 
cipio de la lucha cristera. 


José Garcia Farfán.—La situación se perfilaba con. matiz de tra- 
gedia. Ya habían caído los primeros defensores de Cristo Rey en la 
dulce provincia mejicana. 

A Puebla tocó la gloria de recibir las primicias de esa sangre gene- 
rosa que habría de redimir a Méjico. Dos días ante de la supresión 
de cultos en toda la República decretada por el episcopado, caía un 
viejo y modesto comerciante de aquella ciudad, José García Farfán, 
originario de Tlaxco, estado de Tlaxcala, quien contaba a la sazón 
,66 años de edad. De carácter enérgico, era ampliamente conocido y 
estimado en su barrio, por sus frecuentes gestos de caridad y su pie- 
dad acrisolada. Había impulsado, en su pequeño comercio de misce- 
lánea, las publicaciones católicas; y precisamente para arreglar algún 
asunto pendiente con la revista El Mensajero del Corazón de Jesús 
y hacer una visita a la Virgen de Guadalupe, estuvo en la ciudad de 
Méjico unos días del mes de junio de 1926. A su regreso a Puebla 
llevó consigo varios letreros que le fueron proporcionados por la Liga 
Defensora de la Libertad Religiosa, a la que se había adherido desde 
un principio. 

- Puso en su aparador, en forma ostensible, aquellas leyendas que 
decían: ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Sólo Dios 
no muere!, ete. 

107 


108 ~ Antonio Rius Facius 


El día 28 de julio fue a comulgar, como si presintiera el próximo 
fin de su vida. A media mañana entró en la miscelánea el asistente 
del general Juan Guadalupe Amaya, que venía acompañado del gene- 
ral Daniel Sánchez y otro soldado, en un coche que se detuvo enfrente. 
Ordenó el asistente a Farfán que saliera a ver al general Amaya que 
lo llamaba. 

»—¿Donde está? 

>—En su automóvil, allí a la puerta. 

»—Pues digale usted a su general, que hay 
la misma distancia de su automóvil a mi mos- 
trador, que de mi mostrador a su automóvil. 
Y que si quiere hablarme que venga él aquí, 
donde estoy a sus órdenes.» *” 

Ambos generales entraron en la tienda y 
llenaron de improperios al anciano propieta» 
“rio, a quien ordenaron quitar los letreros del 
aparador. José García Farfán se negó, pues 
en su casa sólo mandaban, primero Dios y 
después él, y si alguien se atrevía a quitar 
de allí esos letreros tendría que atenerse a las 
consecuencias. Amaya sacó su pistola y dis- 
«paró a quemarropa al anciano, quien por suerte no fue herido, y em- 
pezó a arrancar de la vitrina los letreros. 

García Farfán no resistió tal atentado y, lleno de ira, tomó un 
frasco de cristal que contenía chiles en vinagre y lo arrojó al militar. 
El general Sánchez detuvo el improvisado proyectil con el brazo y re- 
cibió una herida en la muñeca, Eso bastó para que García Farfán se 
:serenara y pidiera una disculpa a su contrincante. Y mientras curaba 
al herido con humildad franciscana, Amaya continuó destrozando el 
contenido del aparador. Sólo dejó, por descuido, un letrero que decía: 
¡Dios no muerel 

García Farfán fue apresado por los militares y conducido al cuar- 
tel de San Francisco, sin que valieran las peticiones del vecindario 
que trataba de rescatarlo, ni la intervención de un abogado que inter- 
puso un amparo que no fue tomado en cuenta por sus aprehensores. 

En la mañana del 29 de julio, Amaya formó el cuadro para fusilar 
al católico anciano y, momentos antes de dar la orden de fuego, con 
despiadado sarcasmo dijo a García Farfán: 


José Garcia Farfán. . 


Méjico Cristero i 109 


—A ver ahora cómo mueren los católicos... 

— Así —respondió el mártir, y estrechó el crucifijo de su rosario 
contra su pecho, al tiempo que gritaba: ¡Viva Cristo Rey! 

Las balas atravesaron su cuerpo; pero allá, en el aparador de su 
comercio, un letrero proclamaba: ¡Díos no muere! 

García Farfán fue el primero, a partir de esa fecha, de una larga 
lista de víctimas inmoladas por el odio ateo. Tras él, con frecuencia 
agobiadora, irían al martirio miles de hombres, mujeres y niños. 


Mortífero encuentro en Guadalajara.——En otro rincón de la provin- 
.Cia mejicana, el 19 de agosto de 1926, ocurrieron graves acontecimien- 
tos que presagiaron el rigor de la lucha que se avecinaba. 

En Guadalajara, ese día, al atardecer, una turba de chiquillos co- 
rreteaba por el jardín frontero al Santuario de Guadalupe y solicita- 
ban a todos los transeúntes que gritaran: ¡Viva Cristo Rey! 

Al paso de un coche, los chiquillos lo interceptaron y pidieron al 
chofer y a su ocupante que diera el consabido grito, cosa a la que se 
negaron, continuando su camino en medio del griterío de los chiqui- 
llos que arrojaron alguna piedra al vehículo. El general vestido de 
civil que ocupaba el coche, ordenó a su chofer hacer alto, bajó y dis- 
paró sin más provocación su pistola; a esa inesperada acometida con- 
testaron de igual forma algunos hombres que se encontraban ahí cerca, 
lo que obligó al oficial a huir hacia el hospital militar, situado a corta 
distancia de aquel lugar. Desde allí pidió fuerza federal a la Jefatura 
de Operaciones y, media hora después, se presentaron veinticinco sol- 
dados al mando de un oficial frente al templo, donde ya se había reu- 
nido gran cantidad de gentes. 

Veinte soldados quedaron distribuidos en el jardín y cinco hicie- 
* ron el intento de entrar a la iglesia. De entre la muchedumbre que 
había quedado afuera, una muchacha del pueblo se acercó al oficial 
y le hundió un puñal en la espalda. Sus soldados, ante tal acto de 
audacia, permanecieron indecisos, viendo recoger a la valiente mujer 
la espada y la pistola de su víctima, que fue a entregar a los hombres 
que contemplaban aquella escena tras el cancel del templo, diciéndoles: 
“Tengan esto para que se defiendan...” 

Los cinco soldados que pretendían entrar a viva fuerza en el tem- 
plo se retiraron hacia el jardín y, junto con sus compañeros, abrieron 
fuego contra la multitud, que abandonó el atrio para entrar en el inte- 


110 Antonio Rius Facius 


rior de la iglesia, pues pocos eran los que en ese momento llevaban 
armas. Los federales enviaron refuerzos considerables para apoyar 
a sus compañeros, pero, no advertidos éstos de su llegada, y como 
llovía torrencialmente en esos momentos, en medio de la oscuridad 
los recibieron con una descarga cerrada, lo que causó muchas bajas 
a unos y otros. 

Lauro Rocha, un decidido joven que habría de distinguirse por su 
arrojo, don de organizador y valentía, asumió el mando de los defen- 
sores y les ordenó suspender el fuego para ahorrar los escasos cartu- 
chos con que contaban. Sitiados y sitiadores permanecieron así toda 
la noche, hasta que a las seis de la mañana se presentó el general Juan 
Izaguirre para solicitar la rendición de los católicos, que la aceptaron 
después de condicionarla a dejar en libertad a todas las mujeres y 
niños menores de quince años. 

Trescientos hombres quedaron presos, no sin antes ocultar sus armas 
en la caja del órgano, de donde volverían a sacarlas, meses después, 
para repartirlas entre los cristeros. 

Gracias a la providencial amistad que existía entre el vicario de 
la parroquia del santuario de Guadalupe y el diputado Castillo, que 
ocupaba provisionalmente la gubernatura del estado, en tres días que- 
daron libres casi todos los prisioneros, y en seis más Lauro Rocha y 
sus principales ayudantes. 

El saldo sangriento de aquel combate fue de 5 muertos y 7 heridos 
de la parte del pueblo, y 38 muertos y 47 heridos de los federales. 

La sangre que había empezado a correr formaría torrentes incon- 
tenibles en casi toda la República. La consigna de muerte había sido 
dictada por el jefe del Estado, y sus secuaces, fieles hasta la igno- 
minia.a sus tenebrosos designos, la cumplirían ciega y apasionada- 
mente. 


Los mártires de Chalchihuites.—Apenas habían transcurrido dos 
semanas de estos acontecimientos, cuando en un pequeño pueblecito 
del estado de Zacatecas brotó la chispa que encendería la pasión cris- 
tera de todo un pueblo. 

Perteneciente a la arquidiócesis de Durango, la parroquia de Chal- 
chihuites estaba, desde un año atrás, a cargo del Pbro. Luis G. Bátiz 
“hombre de ciencia y de esclarecida virtud que habia sido secretario 
de la Sagrada Mitra en la ciudad de Durango”. 


ý 


Méjico Cristero 111 


Desde que llegó allí, el padre Bátiz se había esforzado en reorga- 
nizar el grupo local de la ac3m, fundado en junio de 1924, con tal acierto 
que pronto alcanzó el número de 56 socios, cifra importante en pro- 
porción al número de habitantes del lugar. 

Tres miembros de aquel Grupo 
estaban llamados a ser conocidos 
en todo el orbe católico: Manuel 
Morales Cervantes, David Roldán 
Lara y Salvador Lara Puente. El 
primero era originario de Mesi- 
llas, una ranchería cercana a Som- 
brerete, Zac., donde nació el 8 de 
enero de 1898. A los cinco años 
quedó al cuidado de sus abuelos q 
en San Andrés del Teúl, Zac., para . 
que cursara sus primeros años es- o 


q. as 
colares, y de allí fue trasladado : 
a Durango, en cuyo seminario con- 
ciliar continuó sus estudios hasta 
la muerte de su abuelo; entonces x 
fue a radicarse, en compañía de 
su abuela, a Chalchihuites. En 1921 
contrajo matrimonio y al fundarse re . 


la Acim ingresó en ella. Cuando 

se extendió la Liga al estado de 

Durango, el delegado regional lo Manuel Morales, acejotaemero de Chal- 
nombró jefe local de la misma chihuites, Zac. 

en Chalchihuites. 

David Roldán Lara era cuatro años más joven que su compañero, 
pues había nacido en Chalchihuites el 2 de marzo de 1902. Quedó 
huérfano de padre al año de edad y por ese motivo desde muy joven 
tuvo que dedicarse al trabajo para ayudar al sostenimiento de su casa. 
Cuando se fundó el Grupo Local de la acym en su pueblo, fue designado 
vicepresidente del mismo, y al renovarse la mesa directiva en septiem- 
bre de 1925, fue electo presidente, La víspera de la suspensión de 
cultos fue establecida oficialmente la Liga Nacional Defensora de la 
Libertad Religiosa en Chalchihuites y David recibió el cargo de sub- 
jefe de esa jefatura. 


þa G, 


112 i Antonio Rius Facius 


Salvador Lara Puente nació el 13 de agosto de 1905 en la hacienda 
de Bolsa en el estado de Durango. A la edad de ocho años inició su 
instrucción primaria en el colegio católico “La Divina Providencia”, 
en el que, asimismo, empezó a estudiar David Roldán Lara. A los die- 
ciocho años entró a estudiar en el seminario 
conciliar de Durango, en el que también estu- 
dió Manuel Morales Cervantes; ahí, como éste, 
sólo estuvo cuatro años, pues tuvo que inte- 
rrumpir la vida estudiantil por motivos de 
salud, que lo obligaron a volver al lado de su 
familia. Una vez restablecido, meses después, 
entró a trabajar en las oficinas de la mina 
“El Conjuro”, en que trabajaba Roldán Lara. 
Junto con Roldán y Morales fundó, en junio 
de 1924, el Grupo Local de la Acīm en Chal- 
chihuites y, el 29 de junio de 1926, la jefatura 
local de la Liga, en la que desempeñó el cargo 
David Roldán, de la acm de secretario; fue también socio de la Unión de 

de Chalchihwites, Zac. - Obreros Católicos de aquella villa, adherida a 
la Confederación Nacional Católica del Trabajo.** A 

Estos tres jóvenes, en compañía de algunos otros, se reunían con 
frecuencia en la casa del señor cura Bátiz, para tratar los asuntos rela- 
cionados con la Asociación. La suspensión de cultos advirtió a todos 
` del peligro que se cernía sobre quienes osaran oponerse a las arbitra- 
riedades que cometían los esbirros del gobierno, pero los jóvenes ace- 
jotaemeros, lejos de arredrarse, redoblaron sus esfuerzos para presentar 
un solo frente a los que pretendiesen atropellar sus derechos. 

En esos momentos tal actitud entrañaba un reto a la muerte, y así. 
lo expresó el señor cura en una de las juntas, al preguntar de impro- 
viso a sus jóvenes amigos: 

-—Compañeros, ¿quién quiere morir conmigo? porque, según pa- 
rece, la muerte nos espera: Jesucristo quiere este sacrificio. l 

Y Manuel Morales, seguro de sí mismo, le respondió: 

—Yo, señor cura; yo muero con usted. 

, A lo que el padre Bátiz le argumentó: 

—No, tú eres casado, tienes tu esposa y tus hijos —tenía tres— a 
quienes les haces falta. 

Pero Manuel no se dejó vencer y, anticipándose a su destino, replicó: 


Méjico Cristero 113 


—Allí está Dios, El es, antes que yo, su verdadero Padre. El velará 
por ellos. 

Era jefe de operaciones en la zona de Zacatecas el general Eulogio - 
Ortiz, quien tanto habría de distinguirse desde entonces por su ensaña- 
miento contra los católicos. A él se dirigió Refugio García, secretario 
del juzgado de Chalchihuites, para 
denunciar el fervor apostólico del 
padre Bátiz y los acejotaemeros 
que se reunían en distintos luga- 
res de la población. El general pal- 
paba el disgusto popular y, teme- 
roso de que ocurriera un levanta- 
miento, ordenó al teniente Blas 
Maldonado Ontiveros que se hicie- 
se acompañar de una docena de 
soldados, apresara al sacerdote y 
diera fin al imaginario complot. 
Maldonado llegó a la población a 
las 9 de la noche del día 14 de 
agosto de 1926; disparó su pistola 
para amedrentar a los, hasta en- 
tonces, pacíficos habitantes; luego 
preguntó groseramente a un ar- 
ciano y dos mujeres, que vivían 
en una casa frontera a la parro- 
quia, por el señor cura; una vez 
obtenida su respuesta se dirigió 
hacia ella, hizo que le abrieran 
la puerta, y penetró hasta la habi- 
tación donde dormía el párroco; Salvador Lara Puente, joven acejota- 
lo obligó a que se vistiera en se- emero de Chalchihuites, Zac. 
guida y lo condujo preso al juzgado 
de letras. Regresó el teniente a la casa del padre, despidió a la servi- 
dumbre y recogió cuanto papel encontró en la casa. 

«Tres veces en esa noche de amarguras para el digno sacerdote, 
fue visitado en su prisión por el brutal Maldonado. Con insultos y 
palabras soeces y amenazas, pretendía el teniente que su víctima de- 
clarase quiénes estaban inodados en el complot de que se le acusaba. 


MÉXICO CRISTERO.—8 


114 Antonio Rius Facius 


A esto contestó el señor Bátiz que no existía ningún complot y que 
las juntas que tenía en su habitación eran simplemente de obreros, 
de jóvenes de la acym, etc. Para lograr su necio intento, Ontiveros 
llevó en esas tres veces al párroco a una tapia destruida que se en- 
cuentra cerca del juzgado y, siempre insolente y brutal, asestó allí al 
sacerdote tres cachetadas y le amenazó con la pistola.» ** p 
f El teniente y sus secuaces re- 
corrieron la población haciendo 
aprehensiones, principalmente en- 
tre los acejotaemeros, hasta com- 
pletar veintidós prisioneros. 

Al amanecer del dia 15, el ve- 
cindario, sabedor del arbitrario 
proceder de los militares, comen- 
zó a reunirse en la plaza del pue- 
blo. Varios vecinos se acercaron 
al oficial para interceder, infruc- 
tuosamente, por los prisioneros, 
entre ellos la esposa de Manuel 
Morales. A media mañana fueron 
conducidos a los autos en que 
habían llegado los soldados, el pa- 
dre Luis G. Bátiz y los acejota- 
emeros Manuel Morales Cervan- 
tes, Salvador Lara Puente y Da- 
vid Roldán Lara. Los feligreses 
querían rodearlos, y fácil les hu- 


ME a biera sido liberar al padre y a 
Pbro. Luis Bátiz, cura de Chalchihuites, sus compañeros de las: manos 
Zac., asistente eclesiástico del Grupo 


“Local de la ACM. de sus aprehensores, si aquél no 
les hubiese pedido serenidad. 

Los autos avanzaron y fueron seguidos por la multitud en su ca- 
mino hacia la estación de Walterio. El jefe de la escolta, para evitar 
que los siguiesen, ordenó a sus soldados hacer fuego: siete personas 
quedaron heridas, una de ellas con el estómago perforado. 

Nadie en el pueblo ignoraba lo que sucedía y el clamor de la pro- 
testa llegó a oídos de Pedro Quintanar, un comerciante de Hueju- 
quilla que se encontraba ocasionalmente en Chalchihuites. Al conocer 


Méjico Cristero 115 


los detalles del atentado del que habían sido víctimas el sacerdote y 
los jóvenes acejotaemeros, su indignación pudo más que la prudencia 
e invitó a los amigos que lo rodeaban a rescatar los prisioneros. Em- 
prendieron el camino y fuéronse acercando donde éstos se encon- 
traban. Uno de los coches militares se había atascado en el camino. 
Era un sitio denominado “El Baluarte”; ahí fueron obligados a bajar - 
los prisioneros y el teniente les anunció que serían fusilados inmedia- 
tamente. 

«El padre Bátiz se arrodilló ante el geniene y los soldados y les 
dijo: “Mátenme a mí si quieren, pero por amor de Dios no hagan mal 
a éstos jóvenes. Recuerden que éste, Manuel Morales, es casado y 
tiene esposa y tres hijos pequeñitos. Estos otros dos jóvenes son el 
único sostén de su familia, y por su muerte dejarian a sus dos ancia- 
nas madres privadas de todo apoyo en el mundo.” 

»Manuel Morales, irguiéndose gallardamente, exclamó dirigiéndose 
al sacerdote: “Señor cura: Yo doy gustoso mi vida, o mejor dicho la 
devuelvo a Dios. Yo muero; Dios no muere. El velará amorosamente 
por mi esposa y por mis hijos. Hágase en todo su santa voluntad.» ** 

Salvador Lara y David Roldán añadieron: «Señor cura: usted sabe 
que queremos morir con usted porque vamos a morir por Cristo.» 

Entonces el padre Luis G. Bá- 
tiz, dando un ejemplo de valor 
cristiano, exclamó gozoso: «¡Mu- 
ramos por la causa de Dios! Nues- 
tra muerte no importa. Otros ve- 
rán el triunfo de la Iglesia. ¡Viva 
Cristo Rey!» 

Los soldados dispararon a que- 
marropa y cayeron el padre Bátiz 
y Manuel Morales. Obligaron a 
caminar unos cuantos pasos más 
a Lara y a Roldán y, como a sus 
compañeros de martirio, les dispa- 
raron a la cabeza. . 

Pedro Quintanar y su grupo se batieron a tiros con los victima- 
rios del sacerdote y dos acejotaemeros y, cuando al fin huyeron los 


soldados, Quintanar no pudo hacer más que recuperar los cuerpos 
sangrientos de los mártires, 


El cadáver del P. Bátiz cubierto por las 
flores ofrendadas por sus feligreses. 


, 


116 i Antonio Rius Facius 


El principio de la lucha cristera.—En ese instante se inició la rebe- 
lión cristera. Pedro Quintanar regresó a Chalchihuites para hacer jus- 
ticia con los que habían acusado a las víctimas, pero no encontró a 
nadie; quienes se sintieron con culpa se encondieron. Pedro Quintanar 
se declaró en franca y justa rebelión contra Calles. Abrió las arcas 
de la tesorería municipal y tomó los exiguos fondos que en ellas había 
y, para comenzar su lucha, salió del pueblo. 

No faltó quien comunicara a las autoridades de Valparaíso lo suce- 
dido, para que los agraristas persiguiesen a Quintanar; pero Valparaíso 


Huejuquilla, Zac., ocupada por las fuerzas cristeras. Al fondo, el lugar preciso 
e la entrevista entre Quintanar y Robles Acevedo. 


también hervía de indignación; no había otro recurso, decían algunos, 
que levantarse en armas, y para ello le pidieron a un vecino, socio de 
la acim, llamado Aurelio Robles Acevedo, que los acaudillara; éste, 
prudentemente, buscó a Quintanar, quien ya tenía experiencia en asun- 
tos militares por haber alcanzado con anterioridad, en la rebelión dela- 
huertista, el grado de coronel, que encabezara el movimiento. 

Cuando se encontraron estos dos hombres en un lugar llamado la 
Mesa de Piedras, sostuvieron el siguiente diálogo: f 

«—Bueno muchachos, ¿qué es, pues, lo que ustedes quieren? 


Méjico Cristero 117 


»—Sabemos que usted se ha declarado en rebelión contra el ca- 
lismo y deseamos ponernos a sus órdenes; pues teniendo algo prepa- 
rado, carecemos de un jefe de prestigio que encabece el movimiento. 

»—¿Cuál es el plan que tienen? 

»—No tenemos ningún plan, sólo sabemos que es necesario defen- 
der a la Iglesia de la brutal opresión de Calles, es todo. 

»Confieso que al formular esta respuesta —narra el autor de esta 
entrevista, Aurelio Robles Acevedo— tuve miedo de una negativa de 
Quintanar, pues, efectivamente, no había formulado ningún plan, espe- 
rándolo todo de los directores (de la Liga Nacional Defensora de la 
Libertad Religiosa) de la capital. Pero aquella fiereza que yo suponía 
en Quintanar se desvaneció con mis palabras de explicación sobre los 
elementos con que contábamos y la forma en que creía yo sería posi- 
ble aprovecharlos, respondiéndome Quintanar: 

»Pues, hombre, yo ya me iba; pero si es que ustedes tienen ya algo 
prevenido, está bien; mientras ustedes se levantan allá, yo levanto aquí 
a dos o trescientos hombres y le pegamos a Huejuquilla y después nos 

vamos al valle.» ” 

Al regresar a su casa de Potrero, Robles Acevedo se encontró con 

“la noticia de que los conjurados de Peñitas y Peña Blanca, anticipán- 
dose al plan preconcebido, se habían levantado en armas la noche del 
lunes 23 de agosto, obligados por la impaciencia de Trinidad Castañón, 
del rancho de Viudas, quien había escrito a los de Peñitas para que 
lo hicieran, no sin antes avisar a los de Peña Blanca. 

Una comisión del grupo de Peñitas trató de disuadir a Castañón 
de hacer un movimiento tan precipitado, pero éste los amenazó con 
atacarlos en caso de que se negasen. Y para evitar el peligro de ser 
aprehendidos por los federales, ese primer grupo cristero, de no más 
de veinte hombres, salió al campo en franca rebeldía contra el go- 
bierno, dedicándose a recoger las armas que podían de los agraristas 
dispersos que encontraban a su paso. Los días siguientes fueron in- 
ciertos, nadie sabía qué hacer ni a quién obedecer. Los agraristas se 

: lanzaron a cometer graves tropelías en la región, principalmente en 

* Potrero, donde sabían que se preparaba un levantamiento. Allí ase- 
sinaron, el día 28, a Manuel Luna, connotado vecino de Valparaíso, 
jefe del Sindicato Obrero Católico de aquella villa. 

Aurelio Robles Acevedo se había unido al pequeño grupo rebelde 

y, de acuerdo con Pedro Quintanar, decidió atacar Huejuquilla. La 


113 . Antonio Rius Facius 


mañana del domingo 29 de agosto llegó solo furtivamente a esa pobla- 
ción y dejó a sus compañeros cerca de allí, en espera de los aconte- 
cimientos. A las 11 de la mañana, Pedro Quintanar, al grito de ¡viva 
Cristo Rey!, entró con sus hombres en la población y aprehendió al 
presidente municipal y algunos empleados, a los que puso después en 
libertad. Pocos momentos después entraron en Huejuquilla los guerri- 
lleros de Aurelio Robles Acevedo y, de acuerdo con Quintanar, orga- 
nizaron ambos la defensa de la población, amenazada con la presencia 
de tropas federales que intentaban recuperar la plaza. 

. El combate duró desde las dos de la tarde hasta las once de la no- 
che, hora en que quedó Huejuquilla definitivamente en poder de los 
cristeros, quienes hicieron 26 bajas, entre muertos y dispersos, a las 
tropas atacantes, formadas por el 6% y 59° regimientos de la Federación. 

«Vueltos todos a Huejuquilla el lunes 30 —narra el mismo testigo ` 
y protagonista, Aurelio Robles Acevedo— y pasadas las consiguientes 
desorientaciones de un pueblo que se convierte en ejército cuando me- 
nos lo espera: carreras, abrazos, despedidas de las familias, ete., ete., se 
procedió a la elección de jefe, elección que resultó en extremo reñida, 
pues había dos hombres con iguales simpatías y prestigio: don Justo 
Jaime y don Pedro Quintanar, resultando este último electo como 
jefe.» % 

La primera batalla y el primer triunfo de las fuerzas cristeras 
había quedado impresa en las páginas gloriosas de la historia de Méjico. 

Cuando el general gobiernista Eulogio Ortiz recibió el parte de la 
derrota inflingida a sus tropas al mando del coronel Arredondo, tomó 
el mando de cuatrocientos hombres y emprendió la marcha hacia Hue- 
juquilla el 4 de septiembre. Los defensores, por su corto número, 
avisados de la cercanía de sus atacantes, abandonaron la población 
y el general Ortiz entró a ella dando muerte a Manuel Llamas y a su 
hijo Hilario, por vitorear a Cristo Rey. ` 

Posesionadas del pueblo, las tropas de Ortiz se dedicaron al saqueo 
desenfrenado. Digna manera de rubricar su efímero triunfo. 

Unas semanas después, aislados, perseguidos y hambrientos, aque- 
llos hombres que habían sido los primeros en levantarse en franca 
rebelión, depusieron su actitud, y Pedro Quintanar se rindió al gene- 
ral Ortiz en Zacatecas, de donde regresó a su rancho de Milpillas, a 
esperar mejor oportunidad para continuar su lucha contra los enemi- 
gos de su fe y de su derecho. 


HACIA LA DEFENSA ARMADA 


Víctimas de Momax, Zacatecas.—Convención Nacio- 
nal de la Liga.—Capistrán Garza sale en busca del 
general Estrada. 


Víctimas de Momax, Zacatecas.—Manuel Campos era un anciano 
venerable y respetado por todos sus vecinos de Momax. Dos de sus 
hijos habían seguido la carrera religiosa y él los alentaba a continuar 
por el camino de su vocación, cumpliendo, como buen cristiano, con 
sus deberes religiosos. Cuando la orden de cerrar los templos llegó a 
aquella pequeña población zacatecana, el pueblo se volcó material- 
mente en la iglesia para recibir, durante los últimos días, el sacramento 
de la confesión y la comunión. 

«Desde el día 26 de julio hasta el 30 fue una verdadera misión 
—escribía a su hijo—, pues el sacerdote de este lugar dormiría apenas 
dos o tres horas por la noche y, la noche anterior, el viernes 30, no 
durmió nada.» 

Esta, que había de ser- su última carta, concluía así: “¡Adiós, hijo 
mío; tal vez hasta el Cielo nos veremos! Pide mucho por tu padre.” 

Al pueblo llegaron rumores de que las tropas del gobierno iban a 
cerrar el templo de Momax, no obstante que el culto había sido sus- 
pendido con anterioridad; y para tratar de evitarlo, se reunieron los 
vecinos el día 20 de agosto. En aquella reunión convinieron en pre- 
sentarse diez de ellos a los soldados callistas cuando pretendieran cerrar 
el templo para tratar de disuadirlos y, en caso de no lograrlo, emplear 
la fuerza para repeler el ataque. 

119 


120 Antonio Rius Facius 


Manuel Campos conminó a sus compañeros al cumplimiento de la 
palabra empeñada y a guardar el secreto de lo allí tratado; pero des- 
graciadamente no faltó un traidor —un antiguo socialista que presidia 
aquella reunión—, que revelase lo acordado, de manera que, cuando 
al día siguiente llegaron los callistas a las ocho de la noche, aprehen- 
dieron a cuantos hombres encontraron por las calles y los condujeron 
al cementerio. 

El coronel que mandaba las tropas fue el primer sorprendido del 
curso que seguían los acontecimientos. El sabía que allí se conspi- 
raba, según la delación hecha por el presidente de la junta, aunque en 
realidad no había habido ningún levantamiento. El militar se comunicó 
telefónicamente con el jefe de operaciones militares de Zacatecas y 
recibió órdenes de pedir a los prisioneros su adhesión al Gobierno 
y un acto claro y terminante de apostasía. 

Los prisioneros, por boca de uno de ellos, confirmaron su respeto 
al Gobierno en todo aquello que no atacase su libertad. El coronel, 
iracundo por la entereza de aquellos hombres, pidió de nuevo instruc- 
ciones a sus superiores. La Jefatura de Operaciones ordenó que fusi- 
lara a varios de ellos y a los demás, después de azotarlos, los dejara 

~en libertad. En vano intentó el coronel que sus prisioneros renega- 
ran de su fe y ordenó que fuesen azotados. 

Manuel Campos, su hermano Rafael y Benjamín Díaz fueron los 
últimos en ser apresados y conducidos al cementerio, cuando sus com- 
pañeros sufrían el castigo que se les había impuesto. 

El coronel los amenazó con fusilarlos si no renegaban de sus creen- 
cias y conminó a Benjamín Díaz, que había sido socialista, a que re- 
“gresara al partido. Díaz le respondió con la firmeza que la fe inspira: 
«He prometido a Dios que no volvería a hacerlo y no tengo más que 
una palabra.» 

Al grito viril de ¡viva Cristo Rey!, que salió de los labios de Ma- 
nuel Campos, cayeron, para resucitar en el Señor, aquellas nuevas víc- 
timas del odio perseguidor de la fe. 

Ante estos acontecimientos, el clima de fervor patrio y actividad 
religiosa fue dominando al país. A la medida que las autoridades ata- 
caban los derechos esenciales del pueblo, éste se unía a la lucha em- 
prendida por la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, 
cuyas delegaciones se multiplicaron en poco tiempo en la casi tota- 
lidad de los estados de la República. 


¡Méjico Cristero 


121 


Convención Nacional de la Liga.—Este repentino crecimiento hizo 
necesaria, para unificar criterios y encauzar actividades, una conven- 
ción en la ciudad de Méjico, que tuvo lugar a fines del mes de agosto 


en el local de la Delegación 
Regional, situada en una casa 
de la calle de Donceles. 

Rafael Ceniceros y Villa- 

rreal, presidente de la Liga, 
tuvo a su cargo la parte prin- 
cipal de los trabajos de orga- 
nización y orientación, que 
se iniciaron con el impres- 
cindible discurso a los dele- 
gados asistentes «exhortán- 
dolos —escribió más tarde— 
a trabajar empeñosamente en 
la Liga para hacer de esta 
“institución nacional bien or- 
ganizada», un baluarte de la 
unión, cimentado en la res- 
ponsabilidad cívica de los 
mejicanos, defensores de la 
` Iglesia y de la patria. 

Antes de dar por conclui- 
dos los trabajos de aquella 
fructífera reunión les dijo, 
señalando una imagen de 
Cristo crucificado: 

«Ved allí al Perseguido: 
con ser Dios no pudo hacer 
por nosotros más de lo que 
hizo y, no obstante esto, si 
de nuevo bajara a predicar 


Lic. Rafael Ceniceros y Villarreal, presidente 
de la Liga Nacional Defensora de la Libertad 
Religiosa. 


su Evangelio, de nuevo le crucificarían y quizás con mayor encono y 
furor. ¿No hacemos algo por El en correspondencia a su amor? 
»—¡Sí, sí! —contestaron todos. 
»—Pues juremos luchar por su causa hasta morir u obtener la 


victoria. 


A AA E EA 
122 : Antonio Rius Facius 


»Todos se pusieron en pie como movidos por un resorte, extendie- 
ron el brazo derecho con la mano abierta hacia abajo y exclamaron: 

»¡Lo juramos!» *% 

La emoción más intensa embargaba a los concurrentes; al terminar 

la sesión dos delegados se acercaron al Lic. Ceniceros y Villarreal 
para pedirle una audiencia privada ese mismo día. Uno de ellos era 
delegado regional de Chihuahua, quien, en nombre de su delegación 
y de otras más, le dijo que ya era hora de cambiar los argumentos 
verbales por los más convincentes de las armas. 
7 «Si la Liga quiere ayudarnos y dirigirnos en esta gloriosa em- 
presa, estamos a sus órdenes; si no puede o no quiere, nosotros la 
emprenderemos por nuestra propia cuenta y bajo nuestra responsa- 
bilidad» —concluyó el delegado.” 

Don Rafael se mostró acorde con su modo de pensar y le preguntó 
con qué elementos contaba para el levantamiento, a lo que respondió 
el chihuahuense que con ochocientos hombres, algunas armas de las 
que Pancho Villa había dejado ocultas en la sierra y la colaboración 
de algunos de sus famosos dorados. 

El presidente de la Liga pidió al delegado regional de Chihuahua 
que esperase unos días para consultar con el Comité Directivo. 

Pero Nicolás Fernández, el principal impulsor del movimiento, nada 
pudo hacer «por la acción rápida y enérgica del Ilmo. Sr. obispo de 
Chihuahua, don Antonio Guízar Valencia, quien recorrió su diócesis 
- predicando la paz», y dando órdenes a los católicos que disolvieran los 
grupos armados y cancelaran los preparativos para la lucha.” 

- Algunos días después se le acercó al Lic. Ceniceros y Villarreal, 
haciéndole igual proposición, Luis Návarro Origel, acejotaemero de 
Pénjamo, Gto. 

«En su primera sesión el Comité Directivo se ocupó de estudiar este 
importante asunto. Fundada la Liga para defender todas las liberta- 
- des, y de una manera especial la libertad religiosa, la acción armada, 
como medio de defensa, no estaba excluida de su programa; por el 
contrario, estaba incluida en él, pues era el más eficaz, desde el mo- 
mento en que «había sido un mito la libertad del sufragio en Méjico, 
y el constante fraude electoral un hecho público y' notorio. En conse- 
cuencia, la Liga aceptó tomar bajo su cargo la defensa armada.» ”' 

Entonces se formó una nueva sección denominada Comité de Guerra 
y se puso a su frente a Bartolomé Ontiveros, de manera provisional, 


Méjico Cristero 123 


mientras se encontraba un militar competente que pudiese hacerse 
cargo de ella. 


Capistrán Garza sale en busca del general Estrada.—La necesidad 
de ir a la defensa armada estaba ya, desde días antes, en el ánimo de 
los directores de la Liga, a quienes había llegado la noticia de que el 
general Enrique Estrada, antiguo secretario de Guerra y Marina en 
el gabinete de Alvaro Obregón, desterrado en los Estados Unidos a 
raíz de un fracasado levantamiento en favor de Adolfo de la Huerta, 
preparaba una fuerza militar de cierta importancia para derrocar al 
gobierno de Calles. El gobierno de los Estados Unidos conocía estos- 
preparativos y no se oponía a ellos, para lograr, usando su clásica polí- 
tica de chantaje, las máximas ventajas del régimen revolucionario en 
favor de los petroleros americanos establecidos en Méjico. «El intenso 
malestar del ambiente creado por la persecución religiosa y el impacto 
causado en el poder público por el.boicot económico» —abstención en el 
pago de los impuestos y reducción al mínimo de los consumos—, hacía 
propicia la aventura con fines meramente políticos del general Estrada, 
«sin tomar en cuenta, sino en la medida que le fueran útiles, los inte- 
reses fundamentales de los católicos». En esas circunstancias, un día 
- del mes de agosto se reunieron secretamente algunos de los dirigentes 
de la Liga en la casa del Dr. José Meza Gutiérrez, ubicada en la ca- 
lle de Gómez Farías, para decidir la conducta por seguir en esas cir- 
cunstancias.** 

Ahí se tomó el acuerdo de que René Capistrán Garza, como el más 
representativo personaje de la causa cívico-católica de aquellos días, 
saliese inmediatamente a los Estados Unidos, para reunirse con la expe- 
dición del general Estrada y darle el apoyo de los católicos, a cambio 
del suyo para éstos. 

La vida de Capistrán Garza peligraba; de todos era sabido que, 
de caer en manos de los agentes del gobierno, sería sacrificado, por lo 
_ cual se había visto precisado a ocultarse. Para poder dar cumplimiento 
al acuerdo tomado de entrevistarse con el general Estrada, el 14 de 
agosto salió disfrazado de la ciudad de Méjico en el tren de Laredo. 
Dos días después cruzó la frontera clandestinamente, con la ayuda de 
Roberto Zúñiga, propietario de una agencia aduanal establecida en los 
dos Laredos. Pasó a las 3 de la tarde y «a las 7 de la noche de ese 
mismo día aparecían extras periodísticas anunciando la captura del 


AA _ o —_—_Q_JJJ—_ a aaa aaao aa aa 
124 Antonio Rius Facius 
L PRENSA 
-SS 


general Enrique Estrada por las autoridades norteamericanas, acusado 
de violar las leyes de neutralidad.» ** 

- El general Estrada había sido apresado, cerca de la línea divisoria, 
cuando intentaba cruzarla para apoderarse de la Baja California, con 
fiado en las promesas hechas por el 
Gobierno americano de que no se- 
ría molestado en su intento. Y allí 
perdió no sólo su libertad y la de 
sus amigos, sino todos los pertre- : 
chos de guerra que había adquirido. 

Fue juzgado en la Corte Fede- 
ral, ante el juez Hennings, por vio- 
lación a las leyes de neutralidad; 
pero gracias a la brillante defensa 
hecha a su favor y la de los de- 
más acusados, poco tiempo después 
alcanzó la libertad, pero quedó 
imposibilitado de llevar adelante 
sus proyectos contra el Gobierno 
de Méjico. 

Esta desafortunada contrariedad 
dio al traste con la misión que lle- 
vaba Capistrán Garza a los Esta- 
dos Unidos y escribió a Méjico so- 

licitando instrucciones de la Liga. 

René Capistrán Garza al salir hacia Para llevar adelante cualquier 

los Estados Unidos. proyecto era necesario contar con 

dinero suficiente. El temor de los 

ricos y la miseria de los pobres hacía poco factible conseguirlo, con la 

abundancia requerida, entre los católicos mejicanos. Además, ninguna 

lucha que no contara con la simpatía de una parte de la opinión pú- 

blica.de los Estados Unidos, parecía estar condenada al fracaso, por la 

decidida ayuda que el Gobierno americano seguiría prestando a los 
gobernantes de Méjico, impuestos a su propio servicio. 

La Liga, y al mencionarla no debe escapar al entendimiento del 
lector que con ella estaban los católicos, tanto individual como colec- 
tivamente, representados por la Acim, los Caballeros de Colón, las 
Damas Católicas, los Operarios Guadalupanos, etc., comisionó a Capis- 


Méjico Cristero 125 


trán Garza para que hiciese en los Estados Unidos «amplias y activas 
gestiones cerca del episcopado y de los católicos norteamericanos, enca- 
"minadas a obtener de ellos un firme apoyo moral y económico a la 
acción de la Liga.» ** 

A colaborar con él envió a sus compañeros de la acym, los herma- 
nos Ramón y Luis Ruiz y Rueda, quienes, fieles al espíritu de com- 
pañerismo característico de los acejotaemeros, salieron a reunirse con 
el antiguo presidente general de la Acum, el 7 de septiembre de 1926. 


XI 
SILVA Y MELGAREJO 


Joaquín de Silva.—Manuel Melgarejo.—La partida.— 
El sacrificio. 


se había reunido ese día con el presidente general de la acsm, Octavio 
Elizalde, los hermanos Armando y Jorge Téllez, y Ramón y Luis Ruiz 
Rueda, compañeros suyos también en la Asociación. 

Sin mayores preámbulos, Joaquín dijo a sus amigos que ese día se 
marcharía a Zamora para levantarse en armas. «Elementos no tenía 
ninguno —cuenta el testigo de la entrevista, Ramón Ruiz y Rueda—, 
preparación en aquel lugar, tampoco; pero contaba con los ofrecimien- 
tos que algunos rancheros le habían hecho en un viaje anterior. Octa- 
vio agotó su elocuencia, tratando de convencerlo en el sentido de que 
esperara la organización de la resistencia armada, ya inevitable, apo- 
yándolo nosotros; pero Joaquín se enfureció y levantándose violenta- 
mente declaró que lo único que pretendíamos era atemorizarlo, pero 
él ya tenía tomada su resolución, por lo cual esa misma noche se 
marcharía a Zamora.» * 

Ante la inutilidad del intento de disuadirlo, Octavio Elizalde le 
sugirió que aceptase la jefatura de René Capistrán Garza en el mo- 
vimiento, pues, precisamente para coordinarlo, iría a entrevistarse con 
él Luis Ruiz y Rueda. 


127 


E 
128 Antonio Rius Facius 
A A A A A A A 
qqqAÓAAÓAÓAÓAÓAKÁ<Á<Á<Á === — — _— _——_———————Á 


Joaquín se despidió en buenos términos de sus amigos y, más tarde, 
fue en busca del padre Joaquín Cardoso, S.J. Cuando se presentó ante 
él, llevaba «botas fuertes, pantalón de pana hasta la rodilla y, sobre un 
suéter azul, un saco ligero lleno de bolsas.» 

Joaquín expresó al padre su deseo de confesarse; al terminar de 
hacerlo, le reveló que una hora después saldría hacia Michoacán, para 
levantarse en armas en defensa de la 
Iglesia. El sacerdote, sorprendido, tra- 
tó de impresionarlo haciéndole ver que 
dejaba a su madre y a sus hermanas. 

«—¡Ah, padre! -—respondió Joa- 
quín—. ¡Si ellas son las que más me 
han alentado en mi proyecto! ... no, 
no. Si los jóvenes católicos no vamos 
a luchar por Cristo Rey, bien pronto 
habrán acabado los malvados con el 
catolicismo en Méjico... Ya nos han 
quitado nuestras iglesias... Ya han 
obligado a nuestros obispos a suspen- 
der el culto... se cierran nuestras 
escuelas... se hacen laicos nuestros 
hospitales... se asesina a los sacerdo- 
tes después de autormentarlos... y es- 
tán llegando, bajo la dirección de un 

rabino judío, Martín Zielam, bandas 
jotaemero de Tacubaya, ejemplo de numerosas de emigrados rusos que 
hombría y desinterés, muerto por : E 
su fe en Zamora, Mich, el 12 de Vienen a sustituir a nuestros campe- 


Joaquin de Silva y Carrasco, ace- 


septiembre de 1926. sinos que huyen de la persecución a: 
los Estados Unidos... no: ¡Ya basta! 
No queremos ser católicos de nombre... ¡Me voy al ejército de Cristo 


Rey! ¿Mi pobre madre y mis buenas hermanas?... No tema usted, las. 
dejo en buenas manos. 

»—¿Quién se encargará de ellas? 

»—¡Dios! ¿Le parece que hay mejores manos que las suyas» *? 

El sacerdote bendijo a aquel cruzado de 27 años, quien, en com- 
pañía de sus camaradas de la acsm, Manuel Melgarejo y Armando J. 
Ayala, partió esa noche rumbo a su glorioso sacrificio. 


Méjico Cristero 129 


Joaquín de Silva era un convencido de la misión sobrenatural de 
la Iglesia y a sus mandatos había plegado, desde niño, su voluntad. 
Era originario de La Presa, Gto., donde nació el 5 de noviembre de 1898, 
e hijo del ingeniero Luis de Silva y de Guadalupe Carrasco de Silva. 

En su casa y con profesores particulares hizo sus primeros estudios 
que continuó en la escuela del padre Hernández, 'en la ciudad de 
Guanajuato. En 1906 fue enviado por sus progenitores a Morelia para 
estudiar en el Instituto del Sagrado Corazón de Jesús, que regenteaba 
el arzobispo de Michoacán, don Atenógenes Silva, hermano de su padre. 
En 1911 se trasladó la familia a la ciudad de Méjico e ingresaron, 
Joaquín y su hermano Luis, en el colegio Luz Saviñón, de los hermanos 
maristas, establecido en Tacubaya. De allí pasó Joaquín al colegio de 
Mascarones, a cargo de los padres jesuitas, para cursar preparatoria 
hasta que, al clausurar el colegio el gobierno de Carranza, tuvo' que 
continuarla en la Escuela Nacional Preparatoria, de donde salió por 
las frecuentes disputas con sus maestros sobre cuestiones religiosas. 
Entonces tomó a su cargo la atención de la modesta fábrica de cho- 
colate que su padre había 'instalado en su propio domicilio, y en ella 
obtuvo provechoso beneficio económico, debido a su capacidad y dedi-* 
cación al trabajo. 

Joaquín perteneció, casi desde sus principios, al Centro de Estudian- 
tes Católicos, grupo fundador de la acm. Su actividad en la Asocia- 
ción, según la describe el padre Escandón, era la siguiente: «Durante el 
día repartía chocolate... y luego, con sus amigos, se iba a enseñar a los 
obreros en algunos círculos, pues tenían varios. Para esto se preparaba 
estudiando buenos autores, pero con empeño asombroso, Amaba inten- 
: samente la religión, de modo que no sólo quería que todos la respe- 
tasen, sino que fuesen todos buenos cristianos; de ahí el ardiente em- 
peño de instruir a los obreros y de inculcarles los sentimientos de 
‘amor a Dios, a Jesucristo y a la Santísima Virgen, a quienes tanto él 
amaba.» l 

En 1919 hizo su traslado del Centro de Estudiantes al Grupo “Agus- 
“tín de Iturbide” de la colonia Roma. En el mismo año ingresó a la 
Congregación Mariana, establecida en el templo de Santa Brígida, y los 
domingos por la mañana los dedicaba a la enseñanza del catecismo. 
En los círculos de estudio de sociología e historia, la acm proclamaba 
su fundada aversión a la doctrina liberal y sus prohombres. Joaquín, 
con fuego apostólico, los combatía con ahinco en aquellos círculos. 

MÉXICO CRISTERO.—9 


-180 : : Antonio Rius Facius 


Un día consultó con su amigo Manuel Jiménez Rueda un audaz pro- 
yecto que se había formado: «La víspera del 18 de julio —dice tex- 
‘tualmente el segundo—, aniversario de la muerte de aquel corifeo de 
los liberales, de aquel Benito Juárez de raza de víboras, a quien sus 
admiradores han levantado un monumento marmóreo en el centro de 
la capital de la República, (deseaba) destruir, o al menos descabezar, 


Arriba.—Casa que ocupó la ACIM que Pinda, en EE D. F., 
Joaquin de Silva. Abajo.—Corredor de la casa de Joaquin de Silva, 
en Tacubaya, D. F., donde, de noche y a solas, solia rezar el rosario. 


la estatua- 
del caudi- 
llejo, para 
dar al dia. 
siguiente 
una des 
agradable 
sorpresa a 
los que ha- 


- bían de tri- 


butar ala- 
banzas al 
pie del mo- 
numento.»!! 
Su deseo 
no pudo 
verlo cum-' 
plido, antes 
al contrario, 
fue a dar 
con sus hue- 
sos a la cár- 
cel por ha- 
ber gritado: 
¡Muera Be- 
nito Juás 
rez!, en una 
manifesta- 
ción en la 
que tomaba, 
parte a prin- 
cipios de 


1921. 


Méjico Cristero 131 


Fundó en Tacubaya, en la parroquia de la Candelaria, el Grupo de 
la-aciM “Gabriel García Moreno”, y, cuando surgió la Liga Defensora 


“de la Libertad Religiosa, él fue uno de los primeros en adherirse a-ella' 
: y hacer intensa labor propagandística cuando se recrudeció la perse- 


cución religiosa. 
—¡Esto no se puede tolerar más!—, solía decir a la vista de los 


‘atropellos que diariamente se sucedían, y muchas noches, sin poder 


conciliar el sueño, paseaba por el corredor de su casa rezando el rosario 


-frente a la claridad de las estrellas, 


Cuando partió a los campos de la libertad se despidió de su madre 
con estas palabras: «Mira mamá, es mejor que muramos antes de con- 


«seguir el triunfo; pues quizá el dinero y los honores puedan envane- 


a 


cernos y desvirtuar nuestras rectas intenciones.» 


Manuel Melgarejo.—Junto con él partió Manuel Melgarejo, nacido 
el 17 de octubre de 1908 en la ciudad de Méjico; contaba, por lo tanto, 


-17 años de edad. Era hijo de Manuel Melgarejo y María de Jesús 
-Nápoles de Melgarejo, quienes tuvieron tres hijos en su matrimonio. 


Manuel, como Joaquín, era casto y religioso, varonil y noble. Estu- 


dió en el mismo colegio Luz Saviñón —de los hermanos maristas— en 


: Tacubaya, y fue de los primeros socios del grupo acejotaemero fun- 
“dado por Joaquín en aquella población del Distrito Federal. 


«Joaquín de Silva —dice su biógrafo— tuvo predilección por Ma- ` 
nuel, porque éste se señaló desde un principio como un recio paladin 
de Cristo. Melgarejo cumplía fielmente con todos sus deberes de ace- 
jotaemero tanto en la piedad, como en el estudio y la acción; en la 
ACJM se iba formando sólidamente y todo hacía esperar que con el 
tiempo llegaría a ser un jefe católico, 

«Manuel iniciaba su vida acejotaemera cuando Joaquín levia ya 
varios años en la Asociación; imposible sería querer que la acción de 
ambos fuera igualmente extensa: constantes ambas, la del primero 
tenía que ser: más copiosa: Joaquín era un antiguo propagandista; 
Manuel tenía más madera de jefe.» * 

Cuando Silva reveló a su amigo sus intenciones de levantarse en 
armas, éste se entusiasmó con la idea, consiguió algún dinero para la 
empresa y pidió a Joaquín que le permitiese acompañarlo. 

Solicitó permiso a sus padres y ellos se lo concedieron: «...conos 
cíamos la noble intención que lo llevaba en compañía de Joaquín de 


132 Antonio Rius Facius 


Silva, a aquellos lugares —escribió después su padre—; sabíamos a lo 
que iba y los riesgos que iba corriendo; de todos sus planes y pro- 
yectos teníamos pleno conocimiento; y contaba el pobre, el abnegado 
muchacho, con nuestro entero y abierto consentimiento, con nuestra 
franca y decidida aprobación y también con la fuerza y el consuelo 
'de nuestra humilde y espontánea bendición.» ** ` 
Armando J. Ayala, el tercero del grupo, tenía 21 años y había 
estudiado también con los hermanos maristas. A los 16 años ingresó al 
Grupo Local de la acsm “Círculo de 
. Estudios Jaime Balmes”, perteneciente 
a la parroquia de Coyoacán y, por su 
celo apostólico, su amor al trabajo y 
sus cualidades de jefe, llegó a la pre- 
sidencia de su Grupo, cargo que ocu-. 
paba cuando, acompañando a Joaquín 
y a Manuel, se lanzó a iniciar la rebe- 
lión cristera. 

Su piedad, grande y ejemplar, le 
mereció el cargo de presidente de la 
Adoración Nocturna y de la Sociedad 
Catequística en la misma población, 
de Coyoacán. 

Cuando se fundó la Liga Defen- 
sora de la Libertad Religiosa, siguien- 
do la consigna dictada por el comité 
general de la Acim primero, y el IV 
Consejo Federal después, se inseri- 
bió en ella y trabajó en su organiza- 
ción en Coyoacán y su fundación en 
la colonia Portales, de la que fue nom- 
“brado jefe. 


y 


Manuel Melgarejo, acejotaemero La partida.—Salieron los tres ace- ` 


pi Mo á d on sens jotaemeros el 6 de septiembre, rumbo 
tiembre de 1926. a Los Reyes, Mich., pero no pudieron 


iniciar allí su rebelión por no inspirar 
“suficiente confianza a las personas de quienes esperaban ayuda; enton- 
ces Joaquín resolvió dirigirse a Cotija, lugar donde confiaba obtener - 


Méjico Cristero 133 


“el apoyo de la población. Los tres muchachos tomaron el tren de Tin- 
gúindín, para desde ahí continuar a caballo hacia su destino final. 

En el vagón en que viajaban no venían más pasajeros que ellos y 
un ranchero, quien puso gran interés en trabar conversación. Les dijo 
ser el general Francisco Zepeda, retirado del servició y dedicado al 
. cultivo de un rancho que había adquirido con dinero que el general 
Obregón le había dado en premio a su fidelidad. Para demostrarles sus 
méritos en campaña se abrió la camisa y mostróles una cicatriz en el 
pecho, dejando ver unos escapularios, reliquias y medallas que llevaba 
pendientes al cuello. Joaquín se las quedó viendo y le preguntó: 

«—¿Es usted católico, general? 

»—Sí —le contestó Zepeda—. Ya lo ve usted. 

»—¿Y qué opina usted de la actitud del gobierno respecto a la re- 
¿ligión? 

»—Pues que no tiene derecho a perseguir a la Iglesia.» 

. Joaquín, tan ingenuo como impulsivo, reveló a su interlocutor su 
personalidad y sus proyectos, sin que valieran las señas que le hacía 
Armando para que se callara. 

Antes de llegar a la estación de Tingilindín, Joaquín de Silva invitó 
al general a sumarse a la causa católica y éste les propuso que fueran 
a buscarlo a su rancho para ver “qué tan hombrecitos eran”. 

En Tingiindín no hubo quien les alquilase caballos para ir a Cotija; 
Joaquín vio en esto un llamado de la Providencia y dijo a sus com- 

. pañeros: 
«—Dios nos está marcando el camino. Vamos a buscar a Zepeda.» 
. Lo encontraron vigilando el trabajo de los peones. De Silva dis: 
cutió con él la posibilidad de apoderarse de la población de: Zamora 
con los doscientos hombres armados con que contaba el general. 

En la noche regresó Joaquín a hablar con él para puntualizar de- 
talles; dio órdenes a Armando para que regresase a Méjico y comu- 
nicara a la Liga el comienzo de las operaciones; pero dos veces cambió. 
de opinión y a punto estuvo Armando de quedarse allí. 

«Mientras yo me vestía —escribió Armando posteriormente— me 
dio instrucciones, nombres, direcciones, ete. Noté que Zepeda anotaba 
todos estos datos en una libreta. Aquello me chocó, pero vi tan con- 
fiado a Joaquín que mis dudas se disiparon.» ; 

Y Armando regresó a Méjico. Cuando los acejotaemeros del Comité 
General fueron enterados de lo sucedido, recibieron órdenes inmedia- 


134 Antonio. Rius Facius 


tas de ocultarse y avisar al presidente de la Liga para evitar un ase- 
sinato colectivo, a la vez que comisionaron a Manuel Velázquez, direc- 
tivo del Comité General de la ac3m, para ir en busca de Silva y Mel. 
garejo y obligarlos a retornar; pero llegó tarde, pues el día 11 el ge- 
neral Zepeda se había apoderado de los dos improvisados rebeldes, a 
quienes condujo a la Presidencia Municipal de la villa, donde se levantó 
un acta con sus declaraciones. En ella se decía que habían llegado 
allí el día 8 con el objeto de “investigar con qué elementos de guerra 
se contaba en la localidad, para asimismo fomentar una revolución” 
contra el poder despótico de Calles. De Silva dijo que su compañero 
había ido a Méjico, pero que nadie, sino él mismo, era el único res- 
ponsable y que podían fusilarlo si así lo consideraban conveniente, 
porque si lo dejaban libre, se levantaría en armas contra el gobierno 
de Plutarco Elías Calles. 

Melgarejo, con gallardía acejotaemera, interrumpió a su compañero 
para decir “que no tan sólo el señor Silva era responsable, sino, tam- 
bién él, porque ambos defendían las mismas ideas y la misma causa.” 

A continuación registraron el equipaje de los prisioneros y encón- 
traron en sus petaquillas una pistola calibre 38 y medio centenar de 
cartuchos, un mapa del Distrito Federal y estado de Morelos, otro 
de los estados de Guanajuato, Hidalgo y Querétaro y otro más de los. 
estados de Aguascalientes, Colima, Jalisco y Nayarit. En la capa de 
Melgarejo hallaron dos pistolas calibre 32 largo y cerca de 150 car-. 
tuchos. a 

Después de estas declaraciones quedaron prisioneros en su mismo' 
hotel, sin que nadie intentara rescatarlos debido a que los vecinos de 
Tingiiindín creían, por las frecuentes visitas que había hecho Joaquín al' 
general Zepeda, que eran espías del callismo. Luego fueron trasladados 
por tren hasta Zamora. Al despedirse Joaquín de su delator, le dijo: 

«—Usted me entrega a la muerte; pero yo le ofrezco que al togar 
a la presencia de Dios le pediré por usted.» 

Med o 

El sacrificio.—En Zamora fueron encarcelados en el antiguo cole- 
gio del Sagrado Corazón, convertido en cuartel ocupado por fuerzas 
del 50% regimiento al mando del general Tranquilino Mendoza, quien 
‘pidió instrucciones a Plutarco Elías Calles sobre el destino de sus 
prisioneros, a lo que Calles respondió telegráficamente: Fusílelos, ha- 
ciendo caso omiso de todo juicio. 


Méjico Cristero i 135 


La terrible orden fue comunicada a los acejotaemeros, «quienes 
a la una de la tarde fueron sacados del cuartel en medio de fuerte 
escolta que mandaba el capitán Epigmenio Medrano; y las personas 
que los comenzaron a seguir escucharon que Joaquín decía a Manuel: 

»—Vamos a morir por Jesucristo y pronto estaremos en el cielo. 

»Los dos jóvenes caminaban a pie, sacaron su rosario y comenza- 
ron a rezarlo en voz alta. Al ver esto, uno de los soldados les dijo: 

»—Tiren eso. 

»Joaquín respondió: 

»—Mientras tenga vida, nadie me quitará mi rosario. 

»Por el camino una persona les preguntó: 

»>—¿Van ustedes al patíbulo? 

»De Silva respondió: 

»—No, vamos al calvario.» * 

Llegaron al cementerio, 

Joaquín fue colocado primero ante el pelotón: en su mano derecha 
apretaba nerviosamente su rosario, movía sus labios como quien reza 
y miraba a lo alto. Rechazó que le vendaran los ojos diciendo: 

. —No me venden porque no- soy criminal. Yo mismo les daré la 
señal para disparar. Cuando diga ¡viva Cristo Rey!, ¡viva la Virgen 
de Guadalupe!, entonces pueden tirar. 

. Y volviéndose a los soldados gritó: ¡Viva Cristo Rey!, ¡viva la Vir- 

gen de Guadalupe! Una descarga ahogó su último grito. Joaquín cayó 
. muerto y recibió después el tiro de gracia. 

` «Manuel Melgarejo” y Nápoles contempló serenamente el fusila- 
miento de Joaquín; conmovido sí, con el corazón estrujado también, 
“pero sereno, sin desmayar... Manuel fue colocado al lado izquierdo 
-de lá puerta de entrada del cementerio, de espaldas a la clausurada 
primitiva entrada del mismo, como a doce metros del lugar en que su 
` compañero había sido fusilado; empuñó su rosario en la diestra mano, 
“dirigió su mirada al cielo, irguió su cuerpo, ofreció su pecho a los 
verdugos y vitoreando a Cristo Rey recibió la muerte.» ** 

Su santidad Pío XI, cuando fue informado del dramático fin de 

estos jóvenes cruzados, escribió en su encíclica Iniquis aflictisque: 
«Algunos de aquellos adolescentes y de aquellos jóvenes —y al decirlo, 
apenas podemos contener las lágrimas—, con el rosario en la mano y 
. con el grito de ¡viva Cristo Rey! en los labios, han ido voluntaria- 
. mente al encuentro de la muerte. . 


136 Antonio Rius Facius 


»jOh espectáculo bellísimo dado al mundo, a los ángeles y a los 
hombres! ¡Oh hechos dignos de todo encomio!» 

Silva y Melgarejo, en la unión de sus nombres por el martirio, escri- 
bieron una página más de la historia heroica y gloriosa de la Asocia- 
ción que les imbuyó su espíritu. Del árbol de la acim empezaban a 
desprenderse copiosos frutos maduros. 


XII 


LA GIRA DE RENE CAPISTRAN GARZA 


Preparativos para la gira.—Con la jerarquía católica 
de los Estados Unidos. 


Preparativos para la gira.—Para ayudar a René Capistrán. Garza 
en su misión, salieron hacia los Estados Unidos, el 7 de septiembre 
de 1926, sus antiguos compañeros de la acim, Ramón y Luis Ruiz y 
Rueda, acompañados de Antonio Correa, quien iba a Laredo para el 
arreglo de sus negocios particulares. En aquella ciudad permaneció 
‘Ramón mientras Luis marchó a Nueva York a reunirse con René. 

El día 15 fue sorprendido Ramón Ruiz y Rueda por la noticia del 
fusilamiento, en Zamora, de sus amigos Silva y Melgarejo, con quienes 
había estado antes de salir hacia los Estados Unidos. Bajo la impre- 
sión de la triste nueva telegrafió a René lo acontecido y éste le con- 
testó que se trasladara a San Antonio Tejas, a donde le enviaría 
instrucciones. , 

Dos días después llegó de la capital de la República, Eduardo Bel- 
trán, con el recado del padre Bergoénd de que no regresasen él ni su 
hermano Ramón a Méjico, pues Joaquín de Silva había revelado todo 
lo que sabía, incluso los motivos que habían originado el viaje de los 
hermanos Ruiz y Rueda. 

En San Antonio se reunieron René, Ramón Ruiz y Rueda y José 
Gaxiola, mientras Luis salía ocultamente hacia Méjico a solicitar las 
-credenciales que permitieran a Capistrán Garza hablar, con pleno de- 
recho, en nombre, de la Iglesia Católica de Méjico, al episcopado y pue- 

137 i 


138 ` Antonio Rius Facius 


blo americanos, en solicitud de ayuda para la defensa de la libertad reli- 
. giosa en Méjico, tal como Eamón de Valera, lider católico de los irlan- 
deses, lo había hecho para alcanzar la autonomía política de su pueblo. 

Contagiados con el entusiasmo de René, los tres amigos hicieron 
rápidamente los planes de la expedición que habría de proporcionar- : 
les montones de dólares, con los cuales pensaban inclinar a su favor el 
éxito de la lucha emprendida en Méjico por los católicos. Compraron, 
‘a bajo precio, un automóvil Studebaker abierto, modelo 1925, sin tomar: 
en cuenta la crudeza del invierno que se avecinaba en aquellas lati- 
tudes. 

. En espera de las credenciales se trasladaron René, que era el jefe 
del grupo, Pepe Gaxiola, que hacía las veces de intérprete, y Ramón ' 
Ruiz y Rueda, al volante del automóvil, a Brownsville, con el fin de - 
entrevistarse con el general César López de Lara y ver qué posibili- 
dades había de contar con él, o con otros generales desterrados por 
la Revolución, para organizar un movimiento armado contta el go- 
bierno callista; pero no obtuvieron éxito sus gestiones, pues ninguno ` 
de aquellos revolucionarios disponía en Méjico de otra cosa que no 
fuera su fanfarronería y su clara incultura, y desistieron definitiva: 
` mente de contar con liberales o revolucionarios para reconquistar la 
libertad. 
~ A Brownsville llegó Luis con las credenciales esperadas del Comité 
. Episcopal y de la Liga, cuyo texto señala la importancia de la repre- 
sentación dada por la jerarquía y. el Comité Directivo de la LNDLR al 
“antiguo presidente de la ACIM: 

«Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.—Comité Beci 
tivo.—El señor don René Capistrán Garza, primer vicepresidente de 
esta Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, está amplia- 
mente facultado por el Comité Ejecutivo que suscribe, para representar 
a la misma institución en los Estados Unidos de América, ante la jerar- 

_quía católica y ante cualquiera asociación o persona particular del 
. Citado país, en el concepto de que la Liga tendrá por hecho cuanto 
fuese arreglado por el propio Capistrán Garza. —Dios y mi Derecho.-— 
| En la ciudad de Méjico, a 7 de octubre de 1926.—El presidente, Lic. 
. Rafael Ceniceros y Villarreal.—El segundo vicepresidente, -Luis G. 
Bustos.—El primer vicepresidente sustituto, Lic. Miguel Palomar. y 
Vizcarra.—Certifico la autenticidad de las firmas que preceden, tJ osé, 
arzobispo de Méjico. . 


Méjico Cristero 139 


»Méjico, a 8 de octubre de 1926.—A la Jerarquía Católica de los 
Estados Unidos de América.—Tenemos el honor de presentar a los emi- 
nentísimos señores cardenales y a los excelentísimos señores arzobis- 
pos y obispos de esa jerarquía, a nuestro muy amado hijo el señor 
don René Capistrán Garza. Hacemos constar que durante muchos años 
ha figurado prominentemente como defensor de la causa católica, sobre- 
saliendo por su inquebrantable firmeza de principios, valor civil y 
cristiano, por su espíritu organizador y práctico y por su innegable 
popularidad conquistada por la acción y la palabra. Conocedores los 
perseguidores de la Iglesia de la influencia que podía ejercer en Méjico 
el señor Capistrán Garza, lo obligaron prácticamente a abandonar el 
país para salvar la vida. En estas circunstancias tuvimos a bien apro- 
vechar su estancia en los Estados Unidos para encomendarle cerca de la 
jerarquía católica y cerca del pueblo americano, nuestra representa- 
ción a fin de hacer más efectiva la comunión religiosa entre ese pueblo 
y el nuestro. Con ocasión a la venida a esta ciudad de un represen- 
tante suyo le reiteramos nuestra confianza, suplicando a esa venerable 
jerarquía le conceda una favorable y benigna ayuda. Sinceramente 
vuestro en Cristo, t José, arzobispo de Méjico.» 

Posteriormente el mismo arzobispo de Méjico envió a mister Fla- 
herty, caballero supremo de la Orden de Caballeros de Colón, el si- 
guiente documento, que confirmaba, en su espíritu y en su letra, la 
representación que el episcopado mejicano le había conferido: 

«Méjico, noviembre 1% de 1926.—Mr. James A. Flaherty, New 
Haven, Conn.—Apreciable Mr. Flaherty:—Con fecha 8 de octubre del 
año en curso expedimos en favor de nuestro muy amado hijo, el señor 
don René Capistrán Garza, una credencial dirigida a la jerarquía ca- 
tólica de esa nación y cuyo texto se servirá usted ver en la copia 
adjunta. Dados los nobilísimos esfuerzos que usted y la benemérita 
'Órden de los Caballeros de Colón han desarrollado en pro de la liber- 
tad, religiosa en Méjico, creemos convenientísimo suplicar a usted y a 
sus hermanos se sirvan tener dicha credencial como extendida espe- 
cialmente para la citada Orden, en el concepto de que el señor Capis- 
trán Garza es, entre los seglares, el único representante Nuestro y de 

. los intereses de los católicos mejicanos en esa nación. De usted afectí- 
simio amigo y capellán que lo bendice, + José, arzobispo de Méjico.» 

Pocos días después se consultó desde los Estados Unidos al Comité 
-Episcopal de Méjico si las credenciales expedidas por el presidente 


140 Antonio Rius Facius 


de éste, Mons. José Mora y del Río, en favor de René Capistrán Garza, 
lo acreditaban como representante seglar en Norte América de la 
jerarquía católica en Méjico, y el Comité respondió, por conducto de 
su secretario, Mons. Pascual Diaz y Barreto, afirmativamente. De esa 
-` manera hubo un acejotaemero que representó en los Estados Unidos 
a todo el episcopado mejicano. 


Con la jerarquía católica de los Estados Unidos.—Una vez desechada 
. la conveniencia y posibilidad de contar con la ayuda de los desterra- 
dos por el callismo, y en su poder las cartas credenciales arriba. co- 
piadas, Capistrán Garza y sus compañeros iniciaron su gira —que se 
prometían provechosa por todo lo que esperaban de los católicos yan- 
quis, visitando la diócesis de Corpus Christi. 

Fueron recibidos por el obispo, quien, después de escuchar la larga 
exposición de René, traducida por Gaxiola, y la solicitud de ayuda eco- 
nómica para la defensa de la Iglesia en Méjico, les contestó que les 
enviaría su respuesta al hotel. 

Los aguerridos jóvenes quedaron estupefactos al recibirla en un tele- 
grama que decía: Nothing doing. They do not like mexican people in. 
this diocese (Nada se puede hacer. No tienen' simpatías los mejicanos: 
en esta diócesis). ¡Y estaban al sur del río Nueces, el territorio más 
injustamente arrebatado a Méjico! F 

De Corpus Christi se dirigieron a Galveston. La misma exposición, 
la misma petición, el examen minucioso de credenciales y la respuesta 
inmediata por parte del obispo, contenida en un billete de diez dólares 
que sacó de su billetera y entregó a Capistrán Garza, dando por termi- 

- nada la entrevista. 
Esa fue toda la ayuda de la diócesis de Galveston para la defensa 
de la Iglesia en Méjico. En contraste, ¡cuán importante derrame de 
: dólares hacía la masonería de la Unión Americana para el fomento de 
las revoluciones anticristianas en Méjico! 
Houston, Dallas, Little Rock no dieron mejor resultado: veinte, 
- treinta, cincuenta dólares que no alcanzaban a cubrir los gastos mismos 
de la expedición. 

Con el cuerpo maltrecho, pero con el ánimo entero, sin desmayar 
ante tan señalados fracasos, empeñando René una pistola y Luis su 
reloj de oro, regalo de su padre, llegaron, con el auto descompuesto, 

“a San Luis Missouri, donde recibieron mil dólares que, de su propio 


Méjico Cristero 141, 


peculio, les entregó el Lic. Jenaro Núñez Prida para continuar su in- 
fructuosa gira. 

«La -entrevista con el arzobispo de San Luis tuvo características 
especiales —narró más tarde un testigo de aquella odisea, Ramón Ruiz 
y Rueda, el acejotaemero de 22 años que acompañaba al infatigable 
Capistrán, 6 años mayor que él—: después de que René expuso una vez 
más con redoblado calor la situación legal de la Iglesia en Méjico y 
la situación práctica de los católicos mejicanos, su ilustrísima se in- 
dignó, y golpeando su escritorio dijo que si eso pasara en los Estados 
Unidos, el gobierno que a tal cosa se atreviera sería aplastado por los 
católicos americanos, que sabrían hacer valer sus derechos. Magnífico 
“arranque que por un momento hizo concebir esperanzas de empezar 
a resolver el problema, ya que el pueblo mejicano lo único que pedía 

` eran elementos para luchar contra el tirano, que coraje y decisión dio' 
pruebas sobradas de tenerlos. Pero el relámpago de esperanza bien 
pronto se disipó: un billetito de cien dólares, insuficiente para el equipo 
de guerra de un solo hombre, fue el exponente práctico de tanta for- 
taleza moral. 

»East San Luis, Indianápolis, Dti Columbus, Pittsburgh, Alto- 

ona, Harrisburgh, todas estas sedes episcopales fueron visitadas con 
un resultado desastroso: ninguno de los Ilmos. señores visitados llegó 
a tener la generosidad del arzobispo de San Luis Missouri.» * 

Finalizaba el mes de noviembre. El frío era intenso, las carreteras 
estaban cubiertas de nieve, y, sin embargo, ni las inclemencias del 
tiempo ni las terribles incomodidades que sufrían los viajeros a bordo 
de aquel cochecillo abierto fueron capaces de detenerlos; el calor de 
los ideales que la acim había impreso en su espíritu los hizo vencer 
obstáculos para llegar a la meta prefijada: Nueva York. 

Pero no se detuvieron en esa ciudad cosmopolita, sino que siguie- 
ron hasta Boston, pues les aseguraron que allí encontrarían recursos 
suficientes para resolver con facilidad el problema de la libertad reli- 
giosa en Méjico, por residir en esta importante población muchos mi- 
lonarios, algunos de ellos católicos, y el cardenal O'Connell, dignatario 
de gran prestigio que podría influir fácilmente en favor de los cató- 
licos mejicanos. 

Su eminencia los recibió afablemente y, tras de examinar las cre- 

- denciales de Capistrán Garza, escuchó: la exposición que le hicieron 
sin interrupción alguna, al término de la cual los exhortó a sufrir con 


— mx _ _-A--=3-=_22 A aaam amamaaaeaaaa‘ħĂÁ 
-142 Antonio Rius Facius 
<A A ÁC__ AA A AA A A 
H————------——_——_—_—  ___>=< ADM 


paciencia las pruebas que Dios les estaba mandando, «palabras suyas 
que podían trasmitir a quienes los habían comisionado; y por lo que 
personalmente se refería a René, que se quitara de cosas y que bus- 
cara un empleo, para lo cual, si René lo deseaba, le daría una carta 
de recomendación para los Caballeros de Colón. 

»Y así terminó aquella gira. A la petición que el Comité Episcopal 
Mejicano y la Liga Defensora de la Libertad Religiosa formalmente 
hicieron al venerable episcopado americano, se había contestado con 
una rotunda negativa.» * 


XIN 
NUEVOS BROTES DE REBELION 


Luis Navarro Origel.—Santiago Bayacora, Dgo. 


~ Imis Navarro Origel.—Luis Navarro Origel andaba taciturno y silen- 
ciosó. La hondura de su preocupación era claramente advertida por su 
esposa, que no se atrevía a preguntarle cuáles eran los motivos 

. que lo habían hecho ir dos veces a la ciudad de Méjico, de donde había 
regresado más arisco y preocupado. 

Hacía un mes que los templos católicos de toda la República per- 
manecían desiertos, la Iglesia aherrojada y el pueblo sin libertad. Na- 
varro Origel no se resistía a sufrir aquella esclavitud; su indomable 
espíritu cristiano se rebelaba contra aquel estado de cosas y, tras larga 
meditación, se acercó a su esposa y le dijo: «Tengo que confiarte un 
secreto; tú ves la situación de la Iglesia y yo no puedo ser ajeno a lo 
que ella sufre. Siento un llamado de Dios interiormente, que me pide 
mi sangre y mi vida. Si yo desoigo este llamado me condenaré irremi- 
siblemente. Carmela, me voy a levantar en armas. Todo lo estoy pre- 
parando, pero antes de ejecutar mi proyecto quiero tu aprobación, pues 
tú te sacrificarás conmigo. Piénsalo delante de Dios y resuelve después 
de haberlo pensado.» ** 

Era el 2 de septiembre de 1926, Aquellas almas afines, que tanto 
se amaban, resolvieron dar a Dios heroicamente el dolor de su sepa- 
ración, el propio sacrificio de su vida y la de sus hijos. 

Al amanecer del día 28 el vecindario se enteró de que los cables 
del telégrafo y teléfono habían sido cortados. Un tiroteo, con duración 
143 


144 ! l Antonio Rius Facius 


de una hora, puso en pie de alerta a toda la población. Luis Navarro 
Origel había salido temprano de su casa y, pasadas las ocho, regresó 
en busca de su equipo; sus hijos, abrazados a sus piernas, indagaban 
qué era lo que sucedía. ' 

—Es una enorme empresa conseguir la libertad de la Iglesia —dijo 
a su esposa—. Anoche muchos se me cuartearon. 


Al dejar de nuevo su hogar, 
ella le preguntó que cuándo se 
volverían a ver. i 

—Aquí no, Carmela —le res- 
pondió—; nos veremos en el cielo. 

Montó su caballo y arrancó 
al galope hasta perderse a lo lar- 
go de la calle. 

¡Pénjamo estaba por Cristo 
Rey! La noticia corrió alegre- 
mente por los alrededores. 

Sin embargo, el golpe había 
fallado por la pusilanimidad de 
un subalterno, que dejó en liber- 
tad a unos hombres que habían 
entregado al callismo a los sacer- 
dotes de Cuerámaro. Los traido- 
res revelaron al general Amari- 
llas, que comandaba aquella zona, 
los. planes de los rebeldes, y éste 

- movilizó sus tropas para detener 
el avance inicial de Luis Navarro 
Origel, que aun sostuvo combates 
en Cuerámaro y Barajas antes 
de que fuera dispersada su gente 


General cristero Luis Navarro ass al ser atacado, cerca de Corra- 
miembro de la acim de Pénjamo, Gto., 
que con el seudónimo de Fermin Gutié- lejo, por el general callista, 


rrez combatió en la costa de Michoacán. Junto a Luis quedaron sus 
i tres hermanos: Jesús, Manuel e 
Ignacio. Dio instrucciones a los dos primeros para que se trasladaran 
a los Estados Unidos; Ignacio permaneció junto a él, sin que nunca 
más volvieran a separarse. 


¿Méjico Cristera l 145 


Había transcurrido una semana y el aguerrido acejotaemero y al- 
calde de Pénjamo resolvió abandonar las llanuras del Bajío para orga- 
„nizar sus fuerzas en la sierra de Michoacán. Llegó a Uruapan y de 
allí partió hacia el cerro de Tancítaro, en la cañada:del Durazno, donde 
permaneció escondido por espacio de seis meses, preparándose espiritual- 
mente para la cruzada que se había impuesto, que lo llevaría, en medio 
de su fe acrisolada y su humildad franciscana, hasta el triunfo casi 
completo de sus legiones y el sacrificio total de sí mismo. 

Antes de seguir adelante, conviene hacer un bosquejo biográfico del 
héroe, ejemplo de juventud mejicana, poseedor de -grandes virtudes, 
enmarcadas dentro de una voluntad absoluta y una fe inquebrantable. 

Nació el 15 de febrero de 1897 en Pénjamo, Guanajuato, lugar en- 
clavado en la región más fértil y bella de Méjico: el Bajío. Fue el 
décimo hijo de los 15. que tuvieron Bardomiano Navarro y su esposa 
Guadalupe Origel. Desde niño, en aquel hogar cristiano, Luis se dis- 
tinguió por su piedad y amor a la eucaristía, y al llegar a la adoles- 
cencia se inscribió en la Tercera Orden de San Francisco, en la que 
ocupó el cargo de maestro de novicios. Después fundó en su ciudad 
natal la Adoración Nocturna. De la escuela parroquial de Pénjamo 
pasó a continuar sus estudios al Seminario Conciliar de Morelia, donde 
cursó filosofía y humanidades. Frente a la encrucijada entre seguir la 
carrera sacerdotal o ser apóstol seglar, optó por lo segundo, y dirigió 
su vida hacia el más estricto cumplimiento de sus deberes de cristiano; 

La orgía de sangre en que degeneró la Revolución lo afirmó: más 
en su propósito de luchar por la reconquista espiritual de Méjico. 

«Desde muy niño, con su talento, elocuencia y firmeza —escribió 
de él su hermano Ignacio—, defendió a cualquiera víctima de una injus- 
ticia. Decía que si fuéramos de verdad católicos y hombres los meji- 
canos, no habríamos tolerado que los carrancistas y revolucionarios 
subsecuentes hubieran hollado lo más sagrado que hay para el 'hom- 
bre; Dios en sus templos, sacerdotes y religiosas; la patria con la ocu- 
pación de Veracruz y la expedición punitiva yanqui; y la familia con 
innumerables violaciones: la implantación de las leyes del divorcio y 
con imposibilitar a los padres para educar cristianamente a sus hijos. 
Estaba entonces muy chico.» * 

La acym establecida en Pénjamo le abrió sus puertas. Allí estaba 
la respuesta a sus inquietudes y en ella desarrolló una labor fecunda 
y eficaz de proselitismo. 

. MÉXICO CRISTERO.—10 


146 ` “Antonio Rius Facius 


«Luis Navarro trabajó con su fibra característica por fortalecer los 
cuadros de la acm y no hubo medio legítimo al que no recurriera para 
hacer prosélitos. El deporte, que encauza los impulsos combativos fuera 
del campo de las riñas tabernarias, tan frecuentes en nuestros pueblos, 
Tue uno de esos medios. Luis organizó formidables oncenas de futbol 
y clubes cinegéticos, competencias y excursiones. Pero también formó- 
bibliotecas y círculos de estudio que permitieron a los muchachos ins- 
truirse acerca de su propia religión y de los deberes que les impone.» ?* 

La acsm había organizado en muchos lugares sindicatos, coopera- 
tivas, cajas de ahorro, etc., y Luis, siguiendo esta sana corriente social, 
formó la Unión de Comerciantes en Pequeño, a la que proveyó de una 
caja de ahorros, una mutualidad y una cooperativa. Más tarde trató 
de fundar, sin conseguirlo, un Consejo de la Orden de Caballeros de” 
Colón, y posteriormente organizó un Centro de la Unión Nacional de 
Padres de Familia. . ] 

Luis contrajo matrimonio con Carmen Alfaro Madrigal, el 5 de 
mayo de 1917. El tenía 20 años y ella 16. Su hogar se vio bendecido 
por la presencia de cinco hijos, sin que la atención asidua y cariño- 
sa que dedicaba a su familia y a sus múltiples ocupaciones de pe- 
queño terrateniente lo apartaran de los deberes sociales que se había 
impuesto. ` 

Su innegable prestigio de hombre de bien y capaz le granjeó las' 
simpatías de sus vecinos, que le pidieron participara en las elecciones 
para la renovación del gobierno municipal de Pénjamo en 1923. 

Los resultados de la votación lo favorecieron por un margen abru- 
mador y «en pleno obregonismo, o sea bajo un régimen ateo y perse- 
guidor del creyente, un alcalde de un pueblo mejicano —Luis Navarro 
Origel, de Pénjamo— proclamaba, al tomar posesión de su cargo, el 
principio eterno de que toda autoridad viene de Dios.» ” 

Su labor al frente del municipio estuvo acorde con sus rígidos prin- 
cipios cristianos, pues no buscó en ningún momento beneficios que no 
fueran para su pueblo, tanto en el orden moral como en el material. 

Tenía por costumbre visitar diariamente a los presos, entre los que 
repartía la miel de sus panales; emprendió una provechosa campaña 
contra la prostitución; impartió eficaz justicia arbitrando en los pe- 
queños litigios, y distribuyó con honradez inmaculada el dinero que 
recaudó el municipio, en la atención de las obras necesarias, tales 
como la ampliación de la presa que proveía de agua a la ciudad. 


Méjico Cristero ` i o “147 


Estaba por concluir su gestión al frente de la Presidencia Munici- 
pal cuando estalló la rebelión delahuertista contra Obregón. Luis Nava- 
rro no podía sentir simpatía por quien tiranizaba a Méjico y fue acu- 
sado de tomar parte en el levantamiento del general Enrique Estrada. 

El general Escobar se presentó en Pénjamo para cumplir la orden 
de Obregón de disolver aquel ayuntamiento. Los munícipes la acata- 
“ron sin chistar, pero Luis Navarro respondió: 

—El pueblo me nombró alcalde y sólo él me puede quitar. Yo no 
obedezco órdenes ilegales, aunque vengan del presidente de la Repú- 
blica. 

Y no obstante el alarde de fuerza que Jere frente a él el gene- 
ral Escobar, Navarro Origel no cedió. ' 
“Con una docena de alcaldes como éste, nos arriábamos”, cuentan 
que dijo el general Obregón al conocer la valerosa negativa del alcalde 
de Pénjamo. 

Al concluir su labor de presidente municipal, Luis volvió a sus 
panales y sementeras, pero no gozó en paz su nueva vida. 

La persecución cobraba fuerza y la acción de la Liga Nacional 
Defensora de la Libertad Religiosa se hacía sentir cada día más firme, 
más alegremente, para contrarrestar el odio ateo que pretendía dominar 
las conciencias. 

. Luis fue de los primeros que se inscribió en la Liga y trabajó por 
ella con tesón infatigable. «Fundó comités en Pénjamo, Abasolo, Ira- 
puato, La Piedad y Zacapu. Fielmente seguía las instrucciones de los 
: directores en todos sus pasos. Anduvo repartiendo hojas impresas por 
: toda su región, levantó el ánimo acobardado de muchos y puso en pie 
ún ejército de inermes soldados. Y con esta actividad puso en riesgo 
‘Su propia persona, la de su familia, sus bienes y cuanto tenía.» 

El boicot, las protestas, los ocursos a las cámaras no habían ali- 
viado la situación de los católicos; 'entonces pensó Luis en recurrir a 
las armas. Ya lo hemos visto pasar lista de presente en una reunión 
habida en la ciudad de Méjico con los directores de la Liga. 

- Y a quienes, conociendo sus proyectos, trataron de disuadirlo, les 
respondió: «Voy a matar por Cristo a los que a Cristo matan; si nadie 
me sigue en esta empresa, voy a morir por Cristo, que harta falta 
hace, para que de la sangre venga, como está escrito, la redención. 
Siempre he acariciado la esperanza suprema de llegar a ser mártir, 
y la ocasión presente me ofrece un lugar de honor del que no puedo 


148 / , i Antonio Rius Facius 


desertar sin engaño de los que me conocen y sin escándalo de los que 
en mí confían.» l 

Nada lo detuvo: ni su porvenir, ni su ternura hacia su “esposa 
adorada”, como la llamaba; ni sus hijos, a quienes quiso darles la lec- 
ción suprema de amor a Dios, escribiéndola con su propia sangre. 

El 23 de septiembre de 1926 Luis Navarro Origel, a los 29 años de 
su edad, acompañado de sus hermanos Jesús, Manuel e Ignacio, se 
levantó en armas al grito de ¡viva Cristo Rey!, en Pénjamo, Guana- 
juato, corazón de la provincia mejicana. 

Por feliz coincidencia, ya que por ser regiones tan separadas des- 
conocían mutuamente sus propósitos, el 29 de septiembre, en otro rin- 
cón lejano de Méjico, el grito de guerra cristero se dejó oír. 


Santiago Bayacora, Dgo.—Tocó su turno a Santiago Bayacora, del 
estado de Durango, rebelarse contra la tiranía. 

En los últimos días de julio las autoridades duranguenses hicieron 
circular un manifiesto que imponía la pena de multa y cárcel a todo 
aquel que enseñase a rezar a sus hijos, tener imágenes en su casa y 
portar medallas o relicarios. Los vecinos del pueblo se reunieron en 
asamblea y eligieron como jefe a Trinidad Mora para que éste se hiciese 
cargo de organizarlos militarmente, en el caso de tener que recurrir 
a las armas en defensa de sus derechos. 

A los pocos días llegó al pueblo otra orden consistente en que el 
templo parroquial fuese inventariado y retiradas todas sus imágenes, 
cosa a la que de nuevo se opusieron los vecinos, sin que nadie se atre- 
viera a contrariarlos hasta que, a las 8 de la mañana del 29 de sep- 
tiembre, llegaron a la población tres enviados de la capital del estado 
para hacer cumplir dicha orden. Enterarse unos vecinos de su preten- 
sión y emprenderla a pedradas contra ellos hasta hacerlos huir, fue 
todo uno. En seguida se reunió el vecindario y, bajo el mando del jefe 
elegido, se formó un pequeño grupo rebelde integrado por dos cente- 
nares de hombres mal armados que, temerosos de ser atacados por las 
fuerzas del gobierno, prefirieron salir a su encuentro en un lugar lla- 
mado Cerrito Verde. 

Pasado el medio día, un numeroso contingente de soldados callistas 
que se dirigía hacia Santiago Bayacora fue atacado por aquellos noveles 
cristeros hasta hacerles retroceder, después de causarles gran número 
de bajas y arrebatarles considerable cantidad de armas y municiones. 


¿Méjico Cristero ` l 149 


Dos horas después se volvió a repetir el ataque con el mismo resul. 
tado desastroso para los callistas, quienes se vieron obligados a pedir 
refuerzos, sin que ni con ellos pudieran vencer, aquel día, a los ague- 
..rridos soldados de Cristo Rey. Estos, sin embargo, para evitar ser 

sitiados por el ejército enviado a combatirlos, abandonaron el día 30. 
la población y se dispersaron en las montañas, reduciéndose así a 88 el 
número de alzados. En busca de alimentos y refugio anduvieron 
a salto de mata por algunos días hasta que, rudimentariamente orga- 
nizados, volvieron a presentar batalla a las fuerzas del gobierno, esta 
-vez en un lugar llamado Mesa de Piedra, de la que salieron vencedores 
tras de causar un elevado número de bajas al enemigo. 
Ante las derrotas sufridas, Calles ordenó al general Ismael Lares 
que exterminara aquel núcleo de alzados. Corría el mes de noviembre 
_ cuando el general Lares salió de Durango, al frente de 275 hombres 
perfectamente pertrechados, en busca de los cristeros. Al llegar a la 
` hacienda de Santa Elena, sin que ni unos ni otros estuvieran sobre 
“aviso, se encontraron cristeros y callistas, con fatales resultados para 
.los segundos, pues fueron exterminados con su general a la cabeza, 
haciéndose los cristeros de importante cantidad de pertrechos, alimen- 
_ tos y dinero. . 
Dámaso Barraza, de Yonora, Durango, preparaba otro levanta- 
miento. Había estado a las órdenes del gobierno, pero frente a la tira- 
nía que significaba el callismo, se decidió a luchar por la fe de sus 
máyores en el campo cristero y se puso en comunicación con Trinidad 
Mora, para sumar las fuerzas con que contaba a la causa de Dios. 
— Y el 19 de enero de 1927, en El Mezquital, bajo los pliegues ondu- 
lantes de la bandera nacional que flotaba al viento, tres jefes cristeros 
hicieron su entrada triunfal: Trinidad Mora, Dámaso Barraza y Valente 
_Acevedo, al frente de 1,200 hombres dispuestos a luchar y morir por 
- la libertad de la Iglesia. 


XIV 


LOS PRELADOS MEJICANOS ANTE LA DEFENSA ARMADA 


Inculpación a la jerarquía católica. — Negativa del 
Comité Episcopal. — Petición de la Liga al Comité 
Episcopal. — Declaración de la licitud del movi- 
miento.—Declaraciones públicas de los prelados, 


Inculpación a la jerarquía católica.—El 11 de agosto de 1926 pu- 
blicó L'Osservatore Romano un largo artículo titulado «La verdadera 
causa de los actuales desórdenes en Méjico. Contestación al presi- 
dente Calles», que la Secretaría de Estado del Vaticano transmitió tres 
días después oficialmente, como criterio pontificio, a los nuncios y 
delegados pontificios, así como al cuerpo diplomático' acreditado ante 
la Santa Sede. En este artículo se decía que los católicos mejicanos no 
podían «unirse y organizarse para intentar una defensa por medios lega- 
les», porque la Ley Calles lo prohibía estrictamente bajo las penas más 
graves. «No queda, pues, a las masas —añadía .el artículo—-, ...a las 
que ya no contienen las pacíficas exhortaciones del clero, más que la 
rebeldía armada. ..», pues todos los medios pacíficos empleados hasta 
la fecha no habían dado los resultados apetecidos y, «sobre la base 
de la Ley Calles que destruye todos los principios del catolicismo, todo 
acomodamiento es imposible». 

En el ánimo de muchos estaba la necesidad de recurrir a las armas, 
y las circunstancias favorecieron los primeros brotes rebeldes en va- 
rios puntos de la República, sin que para ello tuviese intervención 
alguna la jerarquía eclesiástica. 

i 151 


152 Antonio Rius Facius 


De sobra conocía el gobierno esta realidad, no obstante lo cual 
arrojó desde un principio la responsabilidad de la iniciación y direc- 
ción de aquella gloriosa rebeldía sobre los prelados, como quedó ma-' 
nifestado en el Boletín Oficial del Estado Mayor Presidencial, al dar 
a conocer la siguiente noticia, suscrita por el general José Alvarez, 
antiguo seminarista y luego implacable clerófobo: - 

«La gavilla de fanáticos encabezada por el ex general Rodolfo Ga- 
llegos, quedó ayer completamente aniquilada. Le fue recogida una 
bandera y distintivos que revelan claramente que estos motines esta- 
ban siendo promovidos por el clero.—Gallegos huyó acompañado úni- 
tamente por un cura. Estos datos, contenidos en los mensajes que se 
insertan a continuación, robustecen el informe que oportunamente sé 
dará a conocer respecto a la sublevación que ha estado organizando 
el episcopado católico.» 


Negativa del Comité Episcopal.—El Comité Episcopal negó ese mis- 
mo día —1% de noviembre de 1926—, la calumniosa afirmación en un 
escrito que fue necesario dar a conocer por medio de hojas volantes, 
cuya edición y reparto estuvo a cargo de la LNDLR. 

En él expresaban los mitrados que habían callado hasta ese día 
porque querían “alentar en la paciencia” al pueblo, “sufriendo, resig- 
nados, tratamientos tan humillantes”, pero que, ante las calumniosas 
afirmaciones lanzadas por el general Alvarez, no podían hacer menos 
que levantar la voz contra ellas, pues el episcopado siempre había 
recomendado a los católicos que se limitasen a «usar de los medios 
legales y pacíficos para alcanzar, como se alcanza en todo país donde 
vale algo la opinión pública, la reforma de la Constitución y sus leyes, 
de acuerdo con los derechos inalienables de libertad que ninguna cons- 
titución puede desconocer. : 

»En cuanto a rebeliones, sediciones y conspiraciones contra la auto- 
ridad legítima, hemos siempre enseñado lo que la Iglesia enseña —decía 
textualmente el escrito—, a saber: que esos medios están reprobados 
por la moral católica, la cual reprueba el llamado derecho de rebelión. 
Casos hay en que los teólogos católicos autorizan, no la rebelión, sino 

- la defensa armada contra la injusta agresión de un poder tiránico, des- 
“pués de agotarse inútilmente los medios pacíficos.» 

Terminaba esta declaración afirmándo que nadie podría demostrar 

la participación de la jerarquía católica en los brotes rebeldes y cul- 


Méjico Cristero 153 
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paba de éstos a quienes habian desoído el clamor justiciero de todo 
el pueblo. 


Petición de la Liga al Comité Episcoval.—En esta situación, cuando 
el movimiento armado se extendía y las frases mal interpretadas podían 
significar grave peligro para el éxito de la defensa bélica, un tanto - 
` cuanto anárquica por la falta de una orientación precisa, el Comité 
Directivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, aten- 
* diendo los deseos expresados por los mismos jefes cristeros, resolvió 
ponerse al frente de esa cruzada y dar a la misma unidad de mando 
y de programa. 

Antes de asumir de hecho la dirección y responsabilizarse total- 
mente de la empresa, quiso consultar al episcopado sobre la licitud 
del derecho a la rebeldía armada de los católicos mejicanos, y se diri- 
gió al secretario del Comité Episcopal, Mons. Pascual Díaz y Barreto, 
en solicitud de una reunión de los miembros de los dos comités —Epis- 

: copal y de la Liga—, para formular la importante consulta. 

El Comité Episcopal accedió a lo solicitado por los jefes de la Liga 
y convocó a una asamblea conjunta, por conducto de Mons. Díaz, en la 
residencia de éste. 

La tarde del 26 de noviembre de 1926 tuvo logat la trascendental 
reunión. Asistieron a ella: Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo 
de Morelia y vicepresidente del Comité Episcopal, quien en esta oca- 
sión ocupó la presidencia por enfermedad del arzobispo de Méjico; 
el arzobispo de Oajaca, Mons. José Othón Núñez y Zárate; el obispo 
de Aguascalientes, Mons. Ignacio Valdespino y Díaz; el de Saltillo, 
Mons. Jesús María Echevarrieta y Aguirre; el de San Luis Potosí, Mons. 
Miguel María de la Mora; el de Tulancingo, Mons. Vicente Castellanos 
y Núñez; el de Chiapas, Mons. Gerardo Anaya y Diez de Bonilla; el de 
Chihuahua, Mons. Antonio Guízar y Valencia; el de Tacámbaro, Mons. 
Leopoldo Lara y Torres; el de Papantla, Mons. Nicolás Corona; Mons. 
Pascual Díaz y Barreto, obispo de Tabasco y secretario del Comité 
Episcopal, y Mons. Luis María Altamirano y Bulnes, entonces obispo 
de Huajuapan de León. 

. Por el Comité Directivo de la LNDLR concurrieron, asistidos por uno 
de sus consejeros eclesiásticos, el R. P. Alfredo Méndez Medina, S.J., 
el presidente, Lic. Rafael Ceniceros y Villarreal; Luis G. Bustos y 
Lic. Miguel Palomar y Vizcarra, primero y segundo vicepresidentes, 


154 Antonio Rius Facius 


y los vocales, Ing. Carlos F. de Landero, Manuel de la Peza y Juan 
Lainé. ; 

Abierta la sesión, el Lic. Ceniceros dio lectura a un documentado 
memorial en el que hacía somera relación de los acontecimientos hasta 
el momento en que «ocurrieron delegados de casi todos los estados 
de la República urgiendo, apremiando, para echar mano de ese recurso 
supremo» de las armas. Ante las peticiones de los cristeros para que 
la Liga asumiera la jefatura del movimiento, el Comité Directivo había 
decidido «tomar una acción resuelta, que pudiera encauzar la defensa 
de los propios intereses y no estar a las resultas de un movimiento que 
ofreciera. serios obstáculos, (porque) no es digno ni conveniente dejar 
a otros la propia defensa.» i 

Así es como la Liga, que no había iniciado ni fomentado el movi- 
miento armado, se había visto obligada a encauzarlo por medio de una 
sección especial. ; 

«La Liga ha llegado a la convicción —decía en una de sus partes 
medulares el escrito presentado a los prelados—, de que siendo incon- 
tenible el movimiento resultaría perjudicial, si en lo más leve se quie- 
bra la unidad que en el terreno cívico ha desarrollado el episcopado 
con el concurso de la Liga. Venimos, pues, a pedir que se sostenga 
esa unidad, por medio de la conformidad del episcopado con un plan 
y con un caudillo... Puede asegurarse que nunca en la historia de 
nuestra patria, ha estado formada la conciencia colectiva en el sen- 
tido de una resistencia armada.—Dicho movimiento no puede ni debe 
ser ignorado por el episcopado, pues quiérase o no, la bandera de com- 
bate enarbolada es la de la libertad religiosa y el grito de viva Cristo 
Rey es inevitable. No puede condenarse el movimiento porque es el 
caso gravísimo de legítima defensa de los derechos e intereses más 
caros. Si se resistiese al movimiento, lo único que se lograría seria 
corromperlo y se crearía un sentimiento de desagrado contra el episco- 
pado y se debilitaría toda acción de defensa, aun la pacifica.» 

A continuación, los miembros del Comité Directivo de la Liga formu- 
laron la petición del memorial: 

«Atentas estas consideraciones, con toda reverencia solicitamos del 
episcopado:— 1) Una acción negativa, que consista en no condenar 
el movimiento. 2) Una acción positiva, que consista en: a) Sostener la 

' unidad de acción, por la conformidad de un mismo plan y un mismo 
caudillo. b) Formar la conciencia colectiva, por los medios que estén 


Méjico Cristero ` . 155. 


.al alcánce del episcopado en el sentido de que se trata de una acción 
laudable, meritoria, de legítima defensa armada. c) Habilitar canóni- 
tamente vicarios castrenses... d) Urgir y patrocinar una cuestación 
“desarrollada enérgicamente cerca de los ricos católicos, para que sumi- 
“nistren fondos que se destinen a la lucha, y que, siquiera una yez en la 
* vida, comprendan la obligación en que están de contribuir.» ë 

'. ' Ese memorial quedó, para su estudio, en poder del Comité Episcopal. 


Declaración de licitud del movimiento.—Mons. Díaz y Teres, por 
“conducto de Juan Lainé, a temprana hora del día 30 de noviembre 
de 1926, citó al Comité Directivo de la Liga para las 10 de la mañana, 
hora en que entregaría la respuesta al memorial del 26 del mismo mes. 
- Lo corto del plazo hizo que sólo acudieran a la entrevista el Lic. Rafael 
: Ceniceros y Villarreal, Luis G. Bustos, Lic, Miguel Palomar y Vizcarra 
y Juan Lainé, acompañados por los asesores eclesiásticos de la Liga, 
reverendos padres Alfredo Méndez Medina, S.J., y Rafael Martínez del 
Campo, S.J. 
Fueron recibidos por Mons. Ruiz y Flores y “Mons. Díaz y Barreto, 
- y el primero expresó en tono jovial: «Ustedes, como de costumbre, se 
«salieron con la suya: han triunfado esta vez»; y a continuación, ya en 
serio les comunicó: «que se había hecho el estudio del memorial por 
los ilustrísimos prelados que asistieron a la mencionada junta del Comité; 
que se había puesto en conocimiento del Ilmo. Sr. D. José Mora y del 
Río, arzobispo de Méjico, y que los diversos puntos señalados en el 
memorial habían sido aprobados por unanimidad, en lo que se refiere 
a la parte que, según el mismo documento, toca al episcopado, con estas. 
dos modificaciones: No se podía otorgar por el Comité la habilitación 
de vicarios castrenses en los términos que expresa el inciso c) del 
punto 2%, porque carece de facultades para ello, pero se podrían otorgar 
las autorizaciones o permisos necesarios a cada sacerdote que pretenda 
ejercer su ministerio entre los que se levanten en armas, ocurriendo 
al secretario del Comité, por estar conformes los ilustrísimos prelados 
en dar las correspondientes licencias por lo que se refiere a sus respec- 
tivas diócesis. El Comité estima muy difícil, casi imposible y particu- 
larmente peligrosa, la acción que de los ilustrísimos prelados se pes 
` ta, cerca de los ricos católicos, según se pide en el punto 2? inciso d).»? 
La Iglesia reconocía, con esta declaración, la licitud de la a o 
cristera. 


1 


156 ; Antonio Rius Faciws 


. Declaraciones públicas de los prelados.—Dos meses y medio después, 
el 15 de enero de 1927, aparecieron en los diarios informativos de la 
ciudad de Méjico nuevas declaraciones del citado general revoluciona- 
tio José Alvarez y Alvarez de la Cadena, jefe del Estado Mayor de Plu- 
tarco Elías Calles, arremetiendo nuevamente contra la jerarquía cató- 
lica en Méjico, a cuya iniciativa y dirección imputaba la existencia y el 
desarrollo de la creciente lucha cristera, y cuyos miembros, por con- 
ducto del Comité Episcopal, hicieron, ese mismo día, las declaraciones 
cuyos puntos esenciales fijaban la posición del episcopado: 

Mantenían su inconformidad “con las leyes atentatorias de la liber- 
tad de conciencia” y su propósito de trabajar “hasta lograr su reforma”. 

Afirmaban que el episcopado erà ajeno a los movimientos armados, 
aunque hubiesen declarado «que hay circunstancias en la vida de los 
pueblos en que es lícito a los ciudadanos defender por las armas 

los derechos legítimos que en vano han procurado poner a salvo por 
medios pacíficos.» : 

Este era el caso actual «como lo saben muy bien quienes en públicas 
asambleas han desoído la voz del episcopado y desatendido las firmas 
de prominentes intelectuales y de cerca de dos millones de ciudadanos. 
mejicanos, emplazando a un pueblo inerme, con alarde de fuerza y de 
desprecio, al campo de batalla.» ; 

Deshacían las pruebas presentadas por el jefe del Estado Mayor 
Presidencial sobre la supuesta convivencia con los levantados en armas 
y, el hecho de que hubiesen algunos sacerdotes en las filas cristeras, 
atendiendo las necesidades espirituales de los que defendían con las 
. armas en la mano sus derechos ciudadanos y religiosos, demostraba 
que éstos «son perfectamente libres, al igual que los demás ciudada- 
nos; y para normar su conducta tienen suficiente conciencia de sus 
derechos y conocimiento de la filosofía cristiana.» 

Por último rechazaban la inculpación hecha a los cristeros de haberse. 
levantado en armas cuando la situación internacional era ciertamente 
delicada, pues no habían sido éstos los causantes de las dificultades 
internacionales. «Es manifiesto —concluía la respuesta al impugnador 
revohucionario—, ... nuestro acendrado patriotismo a pesar de las ya 
viejas calumnias que han sido victoriosamente refutadas.» 

El arzobispo de Durango, Mons, José María González y Valencia, 
confirmó, por medio de su famosa Primera Carta Pastoral expedida en 
Roma, el 11 de febrero de 1927, el criterio de sus hermanos del episco- 


“Méjico Cristero : l l 157 


/ 


pado, alentando a sus diocesanos “que anden levantados en armas por 
la defensa de sus derechos sociales y religiosos”, que estuviesen tran- 
: quilos en sus conciencias. 
o Estas directrices espirituales, llenas de vigor y valentía, acabaron 
por exasperar a Calles, que no esperaba tan viril actitud de los cató- 
licos mejicanos, y ordenó que fuesen expulsados del país varios obispos. 
Seis, de los quince obispos que se encontraban materialmente se- 
cuestrados en la ciudad de Méjico, fueron llevados, a las 7 de la ma- 
ñana del 21 de abril, a la presencia del secretario de Gobernación, 
Adalberto Tejeda, quien les hizo saber que, por órdenes personales del 
presidente de la República, debían salir esa misma noche del país. Ante 
la natural sorpresa de los prelados, que preguntaron las causas de tal 
“ proceder, Tejeda les explicó: . 
—-Ustedes son los jefes de la revolución y por su silencio, después 
de la pastoral del arzobispo de Durango en la que declara que los 
seglares católicos están justificados al recurrir a las armas para defen- 
erse, son culpables de tomar parte en ella. 
El arzobispo de Méjico, allí presente, rechazó tan calumniosa afir- 
mación y puntualizó que el episcopado no había promovido ninguna 
- revolución, sino declarar, de acuerdo con la moral católica, que los 
seglares estaban en su derecho de defender por la fuerza sus libertades 
esenciales que, por medios pacíficos, no habían podido proteger. 

—Esto es rebelión —repuso el secretario callista. 

—Esto no es rebelión —explicó el anciano arzobispo—: es legíti- 
ma defensa contra la tiranía injustificable. 

—Contra la autoridad legal —afirmó disgustado Tejeda. 

—En cuanto a la autoridad de su gobierno, todo el mundo sabe cuál 
es la legalidad de las elecciones que lo elevaron al poder —respondió 
Mons. Mora y del Río, 

—No es éste el momento de discutir —dijo por último el secretario 
- de Gobernación, optando por la retirada, y ordenó al coronel Delgado, 
jefe de la Policía Secreta, que fueran conducidos los obispos esa noche 
al tren que partía para la frontera. Y de acuerdo con esa orden, escol- 
tados por guardia armada, salieron hacia Laredo: Mons. José Mora y 
del Río, Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, Mons. Ignacio Valdespino y Díaz, 
Mons. Francisco Uranga y Sáenz, Mons. Gerardo Anaya y Mons. Mario 
Echevarrieta y Aguirre. Jorge Núñez, en representación de la Liga, los 
acompañó hasta cruzar la frontera con los Estados Unidos. 


158 Antonio Rius Facius 


La mayor parte de los desterrados se dirigieron a la ciudad de San 
Antonio, Tejas, y allí radicaron durante su largo destierro, del que 
sólo Mons. José Mora y del Río no pudo retornar, pues falleció en el 
hospital de Santa Rosa, en aquel lugar, un año más tarde, el 22 de 
abril de 1928. 

Fue así como los prelados de la jerarquía católica en Méjico die- 
ron su aprobación a los católicos mejicanos para que ejercitasen su 
derecho a la rebeldía bélica, a la que la Santa Sede había pronosticado 
que esos fieles tendrían que recurrir, por ser el único camino que les 
quedaba para no sujetarse a la tiranía anticatólica. 


XV 


LA DEFENSA ARMADA 


Comisión de obispos ante la Santa Sede.—Nombra- 
miento del jefe del movimiento armado.—Descono- 
cimiento del gobierno callista.—Los conjurados. 


Comisión de obispos ante la Santa Sede.—Antes de verse precisado 
a tomar la radical decisión de declarar la licitud de la defensa armada, 
el Comité Episcopal, viendo el grave cariz que tomaban los aconteci- 
“mientos, se reunió a los pocos días del informe presidencial del 1° de 
septiembre para estudiar la conducta a seguir. 

En aquella junta fue nombrada una comisión integrada por Mons. 
.José María González y Valencia, Mons. Emeterio Valverde y Téllez y 
Mons. Jenaro Méndez del Río, respectivamente presidente, secretario 
y vocal de la misma, para que fueran a Roma a informar a su santidad 
Pío XI acerca de los sucesos ocurridos en Méjico a partir de la expul-. 
sión del delegado apostólico Mons. Jorge José Caruana. 

El día 19 de septiembre de 1926 salieron de la capital los compo- 
nentes de la comisión y llegaron a su destino el 27 de octubre siguiente. 

De aquella delicada encomienda dejó testimonio escrito el arzobispo 
de Durango, a quien sigo en un minucioso relato, inédito hasta hoy, 
que hizo de todos los incidentes y resultados de la misión cumplida 
por los obispos. , 

Tuvieron éstos su primera entrevista con el cardenal secretario de 
Estado, Mons. Pedro Gasparri, en cuyas manos pusieron un memorial 
en el que daban a conocer a la Santa Sede los acontecimientos habidos,, 

159 


160 , - Antonio Rius Facius 


'la formación del Comité Episcopal y las principales actividades des- 
arrolladas por las distintas agrupaciones católica, como la Liga, la ACJM, 
la Unión de Damas Católicas, ete. 
= De viva voz explicaron al cardenal cuál era la situación reinante 
en la lejana tierra mejicana y le hicieron un emocionado relato del 
_ asesinato de los acejotaemeros Silva y Melgarejo, de quienes dijo el 
cardenal que “éstos son verdaderos mártires”. 

Dos días después fueron recibidos por «el Papa en audiencia, con 
grandes muestras de cariño, aprobando y alabando la conducta del: 
- venerable episcopado.» Le rogaron al pontifice que expidiera una en- 

cíclica sobre la situación de México y su santidad respondió:  ' 

—Lo faremo. 

Esta encíclica, la Inquis Afflictisque, fechada el 18 de rs 
siguiente, estuvo inspirada en el texto del memorial presentado por los 
obispos mejicanos, s 

Ya para entonces los cristeros desafiaban en el monte, con las armas 
en la mano, al mílite grado 33 de la masonería, que presidía el go- 
bierno de Méjico. ; ; 

Mons. González y Valencia y sus compañeros consultaron al Papa 
sobre cuál debería ser la actitud de los obispos ante esa situación, a lo 
que Pío XI les respondió: 

—No les digan nada. Que ellos, que están sobre el terreno, hagan 
lo que juzguen conveniente. 

Mons. Méndez del Río preguntó: 

—¿De manera que nosotros debemos ser imparciales? 

El Papa, dando con el puño cerrado un golpe en su escritorio, con- 
testó lo siguiente (textual): 

—«Nosotros no podemos ser imparciales: debemos estar siempre del 
lado de la justicia.» 

La actitud asumida por el Comité Episcopal en la ciudad de Méjico, 
respecto a su declaración de la licitud del movimiento armado estaba, 
pues, acorde con el sentir de la Santa Sede. 

Sin embargo, cuando pidieron los obispos mejicanos en Roma al 
cardenal Gasparri que se les proporcionara ayuda a los cristeros, éste 
se mostró escéptico sobre la necesidad del movimiento armado, a lo 

' que argumentó Mons. González y Valencia: 

—TEminencia: estamos en un círculo vicioso: unos dicen que no se 

les ayuda, porque el movimiento no es serio, y otros que no es sufi- 


Creemos como un deber de conciencia dejar consig- 
nados los siguientes puntos y hechos relacionados con nues 
tros trabajos y gestiones hechos en Roma desde octubre de- 
mil novecientos veintiseis hasta enero de mil novecientos» 
veintiocho. 


1.- En septiembre de mil novecientos veintiseis = 
reunidos en la capítal de la República los Obispos mexica 
noa, nombraron a Nos, como Presidente, de una Comisión que 
fuera a Roma a informar a Su Santidad el Papa, de las cog 
diciones de la Iglesia Católica en México. Completó- esa > 
Comisión el Exmo. y Rmo. Sr. D, Emeterio Valverde y Telles 
Obispo de León. Gto. Antes de partir, el Exmo, Sr. Arzobíg 
po D. José Mora y del Rio, estimó conveniente que se agre- 
gara a la Comisión el Exmo. Sr. Dr. Genaro Mendez del Rio. 
Obispo de Tebuantepec. Los demás Exmos. Sres. Prelados que 
estaban en México y que se reunían todos los días en el Ap 
` zobispado, gustosos aceptaron lo propuesto por el Sr. Arzo 

¿ bispo de México, 


2.- Eramos esperados por su Santidad y por el — 
Exmo, Cardenal Secretario de Estado de Su Santidad con su- 
mo interés y fuimos recibidos con los brazos abiertos. 


ps 


3%- En el barco habíamos preparado un memorial to 
cando todos los puntos relativos a la situación mexicana. 
Se hablaba allí de 10s atropellos consumados en aquellos = 
tiempos y de las leyes sectarlas que se estaban aplicando- 
y expidiendo. Se hacía mención especial de la actitud enér 
gica tomada por el V, Episcopado, que fué alabada por la =- 
Santa Sede. 


A 


4.- La primera entrevista fué celebrada con el == 
Emmo. Sr. Cardenal Secretario de Estado. Mons. Pedro Gaspg 
Tri, en cuyas manos pusimos el memorial. Esto fue en los ~ 
primeros dias de octubre; inmediatamente después que llega 
mos a Roma, En esa entrevista le expusimos sintéticamente= 
la situación de México y le referimos el asesinato de Joa 
quin de Silva y Manuel Melgarejo, lo cual lo conmovió hon- 
damente hasta derramar abundantes lágrimás. "Estos son ver 
daderos mártires", dijos =- Nos retiramos de la Secretaria- 
de Estado my satisfechos y consolados. i 


E 5.- Dos días después o al día siguiente, nos recj 
bio el Papa en audiencia, con grandes mestras de cariño 
aprobando y alabando la conducta del V. Episcopado, y eol 
citamos la expedicción de una Encíclica tratando de la si~ 
tuación mexicana, y nos respondió Su Santidad inmediatemop 
te: "Lo farem", 


6.- Seguimos informando periódicamente a Su Santá 
dad y al Emmo, Cardenal Secretario de Estado. 


, Te- A los pocos días de nuestra llegada a Roma, =. 
fué expedida la Enciclica. Su texto está tomado en gran 
parte del memorial que presentamos al Santo Padre. 


Primera página del importante y hasta ahora inédito documento escrito por el arzo- 
bispo de Durango, monseñor José Maria González y Valencia, con la relación 
escueta y precisa de sus actividades al frente de la Comisión de Obispos Mejicanos 
ES ante la Santa Sede. 

MÉXICO CRISTERO.—11 


162 - Antonio Rius Facius 


cientemente serio, porque no se les ayuda. Eminencia, hay que romper 
ese círculo ayudando al movimiento para que, si no es serio, se haga. 

«Pocos días después, el señor don Luis G. Bustos, del Comité Direc- 
tivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, dirigió 
una carta a la Comisión preguntando si los prelados podían disponer 
de los bienes de la Iglesia para la defensa armada... los excelentísimos 
señores obispos Valverde y Méndez fueron a consultar el caso con el 
eminentísimo cardenal Buenaventura Cerretti... (éste) les hizo saber 
que el eminentísimo cardenal secretario de Estado decía que sí se podía 
disponer de los bienes de la Iglesia con tal que esos bienes no tuvieran 
un fin determinado, como fundaciones de misas, etc. Más todavía: dijo 
que él, el secretario de Estado de Su Santidad, si fuera obispo meji- 
cano, vendería sus alhajas para el caso.» 


Nombramiento del jefe del movimiento armado.—Entretanto, el Co- 
mité Directivo de la Liga se había reunido en Méjico para nombrar un 
jefe que encabezara el movimiento armado y, a propuesta del Lic. Ceni- 
ceros y Villarreal, fue elegido René Capistrán Garza para ese puesto 
de inmensa responsabilidad, pues aún estaba en el ánimo de todos su 
brillante actuación como presidente general de la AcM y el gran pres- 
tigio personal de que gozaba, aun entre sus propios enemigos: «De espe-. 
ciales dotes oratorias, de probado valor personal y civil, de clara 
inteligencia, de inquebrantable firmeza de principios y de magnífica 
preparación obtenida en ese seminario de católicos prácticos y de insig- 
nes patriotas, gloria inmortal del R. P. D. Bernardo Bergoénd: “La Aso-- 
ciación Católica de la Juventud Mejicana”.» * 

El Comité Directivo, asistido por el consejo de los reverendos padres 
_ Méndez Medina y Martínez del Campo, empleó varios días en la dis- 
cusión y redacción de un programa y un proyecto de régimen provi- 
sional de gobierno. 

Al fin, después de varios años, los acontecimientos venían a justi- 
ficar nuevamente la previsión clarividente del fundador y asistente ecle- 
siástico de la acym, quien había alentado a los acejotaemeros a. asumir 
una actitud valiente y resuelta, como cuando las hordas revolucionarias 
asaltaron el Centro de Estudiantes Católicos. En aquella ocasión había 
proclamado René Capistrán Garza la necesidad de permanecer vigilantes 
y en pie de lucha, actitud que no todos supieron aquilatar debidamente, 
aun cuando había advertido que era «una llamada de atención que debe 


Méjico Cristero 163 


ser oída por todos y dehe ser punto de partida para una organización 
de defensa material para repeler las agresiones.» 

Cuando René salió de Méjico el 14 de agosto, aún no se hablaba 
de la posibilidad de ir a la resistencia armada, aunque los aconteci- 
mientos no hacían difícil su vaticinio; así, pues, cuando recibió el nom- 
bramiento de jefe supremo del movimiento quedó sorprendido, y eseri- 
bió a la Liga rechazando una elección que le parecía desacertada. 
Pero el Comité Directivo consideró que no eran de tomarse en cuenta 
sus razones y tornó a escribirle, haciéndole ver que no podía desertar 
'de su deber a la hora suprema en que la Iglesia y la Patria requerían 
de sus servicios. 

Es posible que la desilusión, causada por su fracasada gira en soli- 
citud de apoyo de los obispos americanos a la causa católica de Méjico, 
le hayan predispuesto a un incipiente pesimismo, pues no creyó posi- 
ble alcanzar el triunfo de un alzamiento, puesto que no se contaba con 
recursos económicos ni con armamentos, lo que significaba ir “a la más 
completa derrota”.1* 

Pero la vanidad y el amor propio de sus veintiocho años pudieron 
más en su ánimo que su propio criterio y aceptó asumir el cargo de 
jefe supremo del movimiento. 


Desconocimiento del gobierno callista.—Al asumir la jefatura civil 
suprema dio a conocer el manifiesto “A la nación” que había sido ela- 
borado por el Comité Directivo de la Liga, al que hizo ligeras modifi- 
«caciones y en el que decía lo siguiente: 

«El régimen actual, que oprime a la nación mejicana... pretende 
convertir a la patria en un campo de brutal explotación y a los ciuda- 
danos en un conglomerado sujeto a la esclavitud. 

»Destrucción de la libertad religiosa, de la política, de la enseñanza, 
del trabajo, de la prensa, negación de Dios y creación de una juventud 
atea; destrucción de la propiedad privada por medio del despojo, socia- 
lización de las fuerzas productoras del país, ruina del obrero libre por 
medio de organizaciones radicales; despilfarro de los bienes públicos 
y saqueo de los bienes privados; desconocimiento de las obligaciones 
internacionales. .. 

»En una palabra, la destrucción sistemática y deliberada de la na- 
ción mejicana, aniquilando su ser en el interior y concitando el odio 
en el exterior; el dominio implacable de un régimen de bandoleros 


164 Antonio Rius Facius 


sobre una población inerme, honrada y patriótica; la relajación total 
y cínica de los derechos ajenos en todos los órdenes, políticos, cívicos, 
morales, económicos y religiosos... 

»El santo derecho de la defensa, he ahí toda la base moral de este 
movimiento. A este derecho inalienable se adhiere fuertemente la con- 
ciencia nacional. 

` »La necesidad vital de destruir para siempre los viciosos regimenes 
de facción para crear un gobierno nacional. Méjico necesita salvarse de 
sus tiranos y para eso necesita destruirlos. 

»No es una revolución: es un movimiento coordinador de todas las 
fuerzas vivas del país. 

»No es una rebelión: es la enérgica e incontenible presión contra 
los verdaderos rebeldes, que desafiando la voluntad popular están ejer- 
ciendo el poder. 

»La rebelión está ahí, en el llamado gobierno, que contra la misión 
propia de los verdaderos gobiernos está destruyendo el bien común. 
La rebelión está en la justicia negada, en la libertad+destruida, en el 
derecho atropellado, y es tanto más inicua y criminal esa rebelión con- 
‘tra la sociedad y la patria, cuanto que para legitimarla se usurpan las 
augustas funciones de la autoridad pública... Méjico está sojuzgado; 
pero vive y alienta en él una fuerte voluntad... 

»No queremos privilegios para nadie; queremos justicia para todos, 
libertad y garantías dentro de la libertad. He ahí el programa. dea; 

»La hora de la lucha ha sonado. La hora de la victoria pertenece 
a Dios. 


»Puntos básicos del programa: I—Libertad religiosa y de concien- 
cia. Independencia absoluta entre la Iglesia y el Estado. II.—Libertad 
de enseñanza. IIMI.—Libertad política. IV.—Libertad de imprenta. 
V.—Libertad de asociación. VI—Garantías para el trabajador. VIL— 
Garantías para el capital nacional y extranjero. VIII.—No retroacti- 
vidad de las leyes. IX.—Respeto a la propiedad privada, X.——Justa 
dotación ejidal y creación de la pequeña propiedad.» 

A continuación, y a lo largo de ocho artículos, se explicaba el des- 
conocimiento de todas las autoridades del país, se planteaba la reorga- 
nización política provisional y se daba cuenta de las leyes básicas que 
subsistirían, tomadas unas de la Constitución de 1857 y otras de la 


de 1917. 


Méjico Cristero 


165 


A LA NACION: 


El régimen actual que oprime a la Nación 
Mexicana manteniéndola humillada bajo la 
férula de un grupo de hombres sin con- 
ciencia y sin honor, está sustentado sobre 

“dos principios destructores y subversivos 
de una política que 'pretende convertir a 
la Patria en un campo de brutal explota- 
ción y a los ciudadanós en un congloméra- 
do sujeto a la esclavitud. 


Destrucción de la libartad religiosa, de 
la política, de la enseñanza, del trabajo, 
«de la prensa, negación de Dios y creación 
de una, juventud atea; destrucción de la 
propiedad privada por medios del des- 
pojo, socialización de las fuerzas producto- 
ras del q ruina del obrero libre por 
medio de organizaciones radicales; despil- 
farro de los bienes publicos y saqueo de 
los bienes privados, desconocimiento de las 
obligaciones internacionales, tal es sustan- 
cialmente el monstruo programa del régi- 
men actual, 


En una palabra, la destrucción sistemá- 
tica y deliberada de la Nacion Mexicana, 
aniguilando su ser en el interior y consi- 

o al odio en el exterior; el dominio 
implacable de un régimen de bandoleros 
sobre una población inerme, honrada y 
patriótica; la relajación total y cínica de 
los derechos ajenos en todos los órdenes, 
políticos, cíticos, morales, económicos y 
religiosos. Una esclavitud ferrea impues- 
ta con las armas y el terror por los tiranos, 
a quienes es preciso destruír por el terror 
y las armas. 


El santo derecho de la defensa, he ahí 
toda la base moral de este movimiento A 
este derecho inalienable se adhiere fuerte- 
mente la conciencia nacional. 


La ne.-esidad vital de destruir para 
siempre los viciosos regímenes de facción 
para crear un gobierno naciónal; la aspi- 
ración incontenible de abolir las prerroga- - 
tivas-de la fuerza con la fuerza irresisti- 
ble del dereeho de ahí toda la razon de ser 
de este movimiento que es el impulso po- 
pular hecho realidad viva. 


México, está en la necesidad de salvarse 
de sus tiranos y para eso necesita des- 
truirlos. ] 

No es una revolución; es un movimiento 
coordinsdor de todas las fuerzas vivas del 
país. 


Noes una rebelión; es la enérgica e 
incontenible represión contra los verdade- 
ros .rebeldes que desafiando la voluntad 


popular están ejerciendo el poder. 


La rebelión está ahf, en el llamado go- 
bierno, que contra la misión propia delos 
verdaderos gobiernos está destruyendo el 
bien común. La rebelión está en la justi- 
cia negada en la libertad destruida, en el 
derecho atropellado, y es tanto más inicua 
y criminal esa rebelión contra la sociedad 
y la Patria, cuanto que para legitimarla se 
usurpan las augustas funciones de la auto- 
ridad pública. z 


El pueblo de México, quiere renacer 


Primera plana del manifiesto suscrito por René Capistrán Garza en su carácter 
de jefe del Poder Ejecutivo, a principios de 1927. 


Claro es que este plan estaba subordinado a la doctrina católica 


social, de tal manera que la independencia absoluta entre la Iglesia y 
“el Estado no eliminaba la necesaria y mutua colaboración, conforme 
a las enseñanzas de las encíclicas pontificias. 


166 Antonio Rius Facius 


Los primeros pasos dados por Capistrán Garza estuvieron encami- 
nados a obtener dinero y el reconocimiento de la beligerancia por el 
gobierno de Washington. 


Los conjurados.—Al mismo tiempo que esto ocurría del otro lado 
de la frontera, en Méjico se presentó a los principales directivos de 
la Liga un joven mejicano que residía, desde muchos años atrás, en 
El Paso, Tejas, en donde era miembro del Grupo Local de la Ac™M y 
uno de sus fundadores en ese lugar. 

Se llamaba José Gándara y era de carácter alegre, ánimo despierto 
y agradable apariencia. Con estos atributos dejó gratamente impresio- 
nados al Lic. Rafael Ceniceros y Villarreal y sus compañeros. 

Gándara les reveló que en El Paso se había formado una junta revo- 
- lucionaria que conspiraba contra el gobierno de Méjico para derribarlo, 

y que su presencia en la capital obedecía al deseo de obtener el apoyo 
de la Liga y darles a conocer un plan financiero, con posibilidades de 
éxito seguro, consistente en la designación de determinados y valiosos 
bienes nacionales para garantizar con ellos un préstamo de algunos 
millones de dólares. Sólo hacía falta contar con la influencia de cierto. 
personaje radicado en Europa para que el prestamista facilitase el 
dinero. , f 

Gándara les propuso hacer el viaje a Europa para entrevistarse 
con dicho señor, y los directivos de la Liga, una vez comprobada la 
seriedad de la oferta, prometieron ayudarle. 

José Gándara efectuó el viaje, pero su imprudente exigencia para 
con el personaje en cuestión, a quien visitó a hora inoportuna causán- 
dole con ello justo enojo, a pesar de lo cual nada hizo Gándara por 
disculparse ni por volverlo a ver, dieron al traste con el brillante plan 
financiero. 

A su regreso a Méjico insistió nuevamente con el Comité Directivo 
en su proyectada toma de Ciudad Juárez, y pidió a la Liga le fuese 
extendido nombramiento de jefe supremo, a lo que se le respondió que 
ya había sido nombrado René Capistrán Garza y que tendría que subor- 
dinarse y colaborar con él, cosa a la que, después de algunos reparos, 
accedió al fin. e 

A la salida de Gándara hacia los Estados Unidos, el Lic. Ceniceros 
y Villarreal escribió a René, poniéndolo en guardia contra los “graví- 

' simos defectos” del que enviaban a colaborar con él, a pesar de que 


Méjico Cristero | 167 


sabían «que como director dará un pésimo resultado por su intempe- 
rancia e impulsivismo. .. y por su ignorancia puede comprometer gran- 
demente los intereses de la causa.» °! 

Capistrán Garza, con tales informes, que desgraciadamente no se 
apartaban de la verdad, no encontró más salida que nombrar a Gán- 
dara jefe del control militar. Este se sintió dueño de la situación y 
“escribió a la Liga insistiendo en que, para el día 12 de enero de 1927, 
fecha en la que tenía planeada la toma de Ciudad Juárez, era necesa- 
rio que estallaran simultáneamente otros movimientos armados en dis- 
tintas regiones del país. 

La Liga movilizó todos sus elementos para dar cumplimiento al plan 
previsto en la fecha indicada. Su correspondencia y enviados cruzaron 
al territorio nacional, y en cada grupo de la Liga se dió la voz de alerta. 
Los acejotaemeros, entregados de lleno a la defensa de la libertad reli- 
giosa, se aprestaron a luchar por Dios y por la Patria. 

Y el día 1% de enero la epopeya cristera renovó su ímpetu y al grito 
de ¡viva Cristo Rey!, cobró fuerza de secular heroísmo. 

Ciudad Juárez, sin embargo, permaneció silenciosa y quieta. José 
Gándara había mentido, comprometiendo “grandemente los intereses 
de la causa” y el prestigio y autoridad de la Liga y de su jefe supremo: 
René Capistrán Garza. 


XVI 


EL PLEBISCITO DE LOS MARTIRES 


Ocultación del arzobispo de Guadalajara. — Primer 
brote cristero en Jalisco.—Anacleto González Flores 
frente a la situación.—La acsm, peldaño de gloria.— 
Hacia el calvario.—Los hermanos Vargas González.— 
Luis Padilla Gómez.—El triunfo del martirio. 


Ocultación del arzobispo de Guadalajara.—El 24 de octubre de 1926 
visitó al arzobispo de Guadalajara, Mons. Francisco Orozco y Jiménez, 
un sacerdote jesuita, enviado por el obispo de Tabasco, Mons. Pascual 
Díaz y Barreto, para notificarle que, de parte del ministro de Gober- 
nación, se presentase voluntariamente a las autoridades civiles o sería 
conducido a ellas por la fuerza. 

Mons. Orozco y Jiménez, después de pensarlo, reunió a sus más pró- 
ximos colaboradores y consultó con ellos su decisión de no acatar esa 
intimación, en lo que todos se mostraron de acuerdo, pues era un atro- 
pello que “violaba las mismas leyes que se pretendía hacer cumplir y 
estaba encaminada al mal de la Iglesia.” ” 

La conducta posterior del gobierno, al expulsar a los prelados que 
se presentaron en Méjico, justificó la resuelta actitud de: Mons. Orozco 
y Jiménez, quien se acogió desde entonces a la discreción de sus dio- 

` cesanos, los cuales guardaron durante tres años el secreto de su pre- 
sencia, lejos siempre de aquellos lugares ocupados por las fuerzas 
eristeras, no como desaire a los cruzados de la causa de Dios, sino para 
. mejor consolar a los que padecían persecución y muerte en territorio 
callista. 
169 


170 l Antonio Rius Facius 


Esta ausencia indefinida y mortificante del arzobispo tuvo reper- 
cusiones inmediatas en toda la diócesis, y hasta es posible que haya 
servido de provechoso acicate para que, los más decididos, hayan optado 
por seguir el camino de las armas. 


Primer brote cristero en Jalisco. —A la recatada y tibia población 
jalisciense de San Juan de los Lagos, en donde se venera la imagen 
de la Santísima Virgen del mismo nombre, llegaron el domingo 6 de 
septiembre, 25 soldados de caballería, al mando del coronel Coello, 

Los rancheros portaban en sus sombreros de ala ancha imágenes 
de la Virgen o pequeños letreritos con la leyenda “Viva Cristo Rey”. 
Placenteramente cruzaban por la plaza que lucía la animación propia 
de todos los domingos. 

El coronel, molesto por la pública exhibición de fe que hacían los 
pacíficos habitantes de San Juan de los Lagos, arrebató a algunos las 
insignias que portaban. Esta injustificada provocación estuvo a punto 
de ocasionar un tumulto que fue contenido, primero por los soldados, 
y después por la pacífica mediación del agente del Ministerio Público, 
persona conocida y estimada por los vecinos del lugar. 

Para apaciguar definitivamente los ánimos, éste invitó al coronel 
a comer. Cuando hubieron terminado, el militar salió solo hacia el 
mercado, indiferente al disgusto popular que había provocado su intem- 
pestiva conducta. Allí lo esperaban algunos exaltados rancheros dis- 
puestos a vengar la humillación sufrida, y entre ellos un jovenzuelo de 
12 años llamado Sabás Hermosillo, quien saliéndole al paso al coronel, 
le disparó su pistola, matándolo en el acto. El grupo de rancheros se 
dirigió entonces hacia el lugar donde estaban los soldados y los obli- 
garon a salir del pueblo, 

Estos se fueron, pero aquella misma noche regresaron con refuerzos 
al mando del mayor Crespo Cantú y tomaron por asalto la población, 
cayendo en la lucha varios vecinos y haciendo huir al monte a los 
rancheros que pudieron hacerlo. 

El primer grupo improvisado de rebeldes había quedado constituido, 
pero no intentaron probar fortuna hasta alcanzar un mínimo de orga- 
nización, que les fue dada por Miguel Hernández, a quien nombraron 
jefe de aquel grupo, integrado por 40 hombres. 

En la plaza del cercano pueblo de San Julián, el día 1% de enero 
de 1927 a las 4 de la tarde, recibieron la bendición de manos de un 


Méjico Cristero 1711 


sacerdote de apellido Elizondo, iniciándose así la rebelión cristera en 
los Altos de Jalisco. 

Al amanecer el 2 de enero atacaron San Juan de los Lagos, mal 
defendida por el presidente municipal José María López, su hijo Mi- 
guel, el director de la escuela oficial y 6 policías más. Después de 
apoderarse de la población, siguiendo la táctica de guerra de guerrillas 
que los hizo invencibles, salieron de , 
allí, de manera que, cuando el ge- | 
neral callista Ubaldo Garza llegó 
para combatirlos, al mando de un 
regimiento, no los encontró. 

Pronto estalló, en otros lugares 
.y con diversa fortuna, la rebelión 
cristera, y las hazañas de Victo- 
riano Ramírez, apodado El Catorce; 
Toribio Valadés, Fernando Pedroza, 
Lauro Rocha, el padre Vega y otros 
valientes cruzados, casi todos ellos 
de extracción acejotaemera, corrie- 
ron de boca en boca. 


Anacleto González Flores frente 
a la situación. —Anacleto González 
Flores, al frente de la Unión Popu- 
lar, en vano predicaba que el triunfo 
Megaría por la fuerza de la razón: 
los acontecimientos habían superado 
sus previsiones y la fe del pueblo 
hecha fuego y pasión depositaba su 
voto en lo que él llamó acertada- 
mente el plebiscito de los mártires. Lic. Anacleto González Flores, diná- 
_ La situación había alcanzado el oa nen? pasan aslaganin de 
límite en que la paciencia se con- la Liga en Jalisco. 
vierte en colaboracionismo, cuando 
no en traición, y el maestro comprendió que su lugar estaba, una vez 
más, a la vanguardia del peligro y el ejemplo. 

¿No había sido nombrado acaso su antiguo amigo y compañero de 
la acim, René Capistrán Garza, jefe supremo del movimiento? Pronto 


172 Antonio Rius Facius 


entraría en territorio nacional para acaudillar las fuerzas cristeras y, 
para entonces, Jalisco debería estar organizado. 

Sus proclamas en Gladium, sus latigazos a la conciencia católica 
del pueblo, a quien dice: “Tú Serás Rey”, galvanizan los ánimos de 
innumerables lectores. 

Su amigo y camarada de la Asociación, Miguel Gómez Loza, aban- 
dona sus actividades en “El Refugio” y sostiene varias entrevistas con 
Anacleto, para dar los toques necesarios al programa de acción. 

«El maestro asumirá la jefatura del movimiento en Jalisco para 
unificar y dirigir a los alzados desde su escondite de Guadalajara; pero 
el impetuoso abogado refugiano partirá al campo a transmitir la acción 
coordinadora, cumplimentando en esto, como en todo lo demás, la obra 
admirable de esta singular e insuperable dualidad.» *” Y el día 5 de enero 
se despide de su esposa sin decirle cuál es el motivo de su viaje y parte 
para “El Refugio”. Al llegar allí hacen su entrada las primeras fuerzas 
cristeras de la región, y cuida, desde luego, del orden y el respeto que 
deben caracterizar a los hombres que luchan por la causa de Dios. 

Dos días después de su arribo le llegó la imprenta del pequeño sema- 
nario Gladium, pues la situación violentísima que prevalecía en Gua- 
dalajara hacía expuesta su impresión y distribución allí. 

Cada día se hicieron más frecuentes e intensos los combates soste- 
nidos por los cristeros contra las fuerzas del Gobierno, por lo que Gómez 
«Loza tuvo necesidad de cambiar el lugar de su residencia a Cerro 
Gordo, en plena sierra, donde continuó la impresión de Gladium, la 
dirección de algunos grupos armados y la organización de la Unión 
Popular. 


La acim, peldaño de gloria.—La acim en Guadalajara, como en 
todas partes, se había volcado a colaborar en las actividades de la Liga, 
de la que la Unión Popular era delegación regional, y los acejotaeme- 
ros, cuando no marchaban directamente al campo de batalla, llevaban 
a él cartuchos y provisiones, repartían proclamas y se reunían en pe- 
queños grupos para organizarse permanentemente en la defensa. 

Los círculos de estudio y las grandes reuniones se habían suspen- 
dido y a los muchachos que, al calor de la fe contagiosa de todos, que- 
rían ingresar a la AcJM para recibir sus enseñanzas y participar de su 
heroico espíritu, no les era fácil conseguirlo, pues socios y directivos 
andaban a salto de mata, rehuyendo el encuentro con la policía. 


“Méjico Cristero 173 


El gran acejotaemero y jefe de la Unión Popular, Anacleto Gon- 
zález Flores, conocía ese problema y, como todos los que requerían su 
atención, hizo lo posible por resolverlo, aceptando junto a sí, con ma- 
nifiesta imprudencia para su seguridad, a cuantos jóvenes querían 
recibir sus enseñanzas y hacer de ellos nuevos apóstoles de la verdad. 
Había llegado a la cumbre de su fe y su pasión apostólica. Con pulso 
firme y seguro continuaba escri- 
biendo para Gladium, el pequeño gl- Y 
gante de papel que llenaba de rabia + P 
impotente a los enemigos de Dios. p 
La noche del 31 de marzo de 
1927 la dedicó a esculpir sobre el 
papel, con su letra pequeña, clara, 
fácilmente legible, el mensaje pro- 
fético de su propia plenitud: 
- «El espectáculo que ofrecen los 

defensores de la Iglesia es sencilla- 

mente sublime. El cielo lo bendice, 

el mundo lo admira, el infierno lo 

ve lleno de rabia y asombro: los ver- 

dugos tiemblan. Solamente los co- 

bardes no hacen nada; solamente los 

críticos no hacen más que morder, 

solamente los díscolos no hacen más 

que estorbar; solamente los ricos 

cierran sus manos para conservar su 1 3 7 

dinero, ese dinero que los ha hecho > 

tan inútiles y tan desgraciados.» : 

Casa de la familia Vargas González, 


Toda la fuerza de su generosi- Mezquitán 407, Guadalajara, Jal., en la 
dad, de su confianza en el triunfo que Anacleto González estuvo oculto. 
que él no vería, se trasladaba a 
sus palabras: «Hoy debemos darle a Dios fuerte testimonio de que 
de veras somos católicos. Mañana será tarde, porque mañana se abri- 
rán los labios de los valientes para maldecir a los flojos, cobardes 
y apáticos. 

»Todavía es tiempo de que todos los católicos cumplan su deber; 
los ricos que den, los críticos que se corten la lengua, los díscolos qué 
se sacrifiquen, los cobardes que se despojen de su miedo, y todos que se 


174 Antonio Rius Facius 


pongan de pie porque estamos frente al enemigo y debemos cooperar 
con todas nuestras fuerzas a alcanzar la victoria de Dios y de su Iglesia.» 


Hacia el calvario.—Amaneció el viernes 1? de abril. Por las calles 
transcurrían los primeros madrugadores que, en lugares escondidos, 
iban a recibir el pan de los ángeles, 

A las 6 de la mañana, estratégicamente situados, los esbirros del 
gobierno avanzaron por la calle y las azoteas colindantes sobre la casa 

` de la familia Vargas González, donde se ocultaba Anacleto. Los mora- 
dores de la casa apenas tuvieron tiempo de ponerlo sobre aviso cuando 
se dieron cuenta del ataque de que eran víctimas. 

Anacleto, que pretendía ocultar su identidad tras de sus crecidas 
barbas, comenzó a vestirse precipitadamente cuando fue sorprendido 
por sus perseguidores, quienes, pistola en mano, lo conminaron a darse 
preso. . - 

—A este barbón buscábamos. Diga, hijo de tal: ¿verdad que estuvo 
escondido en tal parte? —le preguntaron con saña impertinente, a lo 
que, con entereza, respondió el prisionero: 

—No sé, no me pregunten más. 

Dirigió aún una mirada de congoja para el ama de la casa, implo- 
rando perdón por los daños que en su prole iba a acarrear.** 

Los agentes cogen presos a tres de los jóvenes Vargas González 
bajo el cargo de haber dado albergue al maestro. Anacleto intercede 
por ellos, pero su ruego no es escuchado. 

Todos los habitantes de la casa abordaron el camión de la policía, 
a excepción de Anacleto y los hermanos Vargas González, que son con- 
ducidos a pie a la Inspección. 

Doña Elvira González de Vargas se despide de sus hijos con esta 
frase que encierra un terrible presentimiento: “¡Hijos míos, hasta el 
cielo!” 4 

Los hermanos Vargas González.—Jorge y Ramón habían de alcan- 
zar, horas más tarde, la palma de los mártires. Eran hijos del doctor 
Antonio Vargas —el mismo que en la defensa del santuario de Guada- 
lupe se había encargado de atender gratuitamente a los deferisores 
heridos—, y nacidos en Ahualulco del Mercado, Jalisco, uno el 28 de 
septiembre de 1899 y otro el 22 de enero de 1905; tenían, por lo tanto, 
27 años, Jorge y 22, Ramón. 


Méjico Cristero 175 


La familia se radicó en Guadalajara; Jorge entró a trabajar en la 
Compañía Hidroeléctrica y Ramón se dedicó a estudiar medicina, en 
cuya facultad cursaba el cuarto año, penúltimo de la carrera. Tanto 
ellos como su hermano Florencio pertenecían a la Asociación Católica 
de la Juventud Mejicana y eran discípulos y amigos de Anacleto. 

«Leales a su causa, lo eran también a su jefe y maestro, Anacleto, 
a quien abrieron las puertas de su casa (Mezquitan 405, Guadalajara, 


“Cuartel Colorado”, al que fueron conducidos para ser asesinados Anacleto Gon- 
zález Flores, los hermanos Vargas González y Luis Padilla, acejotaemeros 
jaliscienses todos ellos. 


Jal.) cuando vieron que tenía que ocultarse para continuar defen- 
diendo a Cristo. Este fue su crimen, para los bandoleros que mandaban 
en Guadalajara.» * , 

De la Inspección de Policía los hermanos Vargas y Anacleto fueron 
conducidos al Cuartel Colorado, donde se encontraron con el presidente 
del Comité Arquidiocesano de la acsm de Guadalajara, Luis Padilla 


- 176 Antonio Rius Facius 


Gómez, que había sido aprehendido, a las 2 de la mañana de ese mismo 
día, por soldados de la guarnición de la plaza, quienes penetraron por 
un balcón a su casa, como viles bandoleros que eran, para sorprenderlo 
en su habitación, donde dormía tranquilamente. De allí lo condujeron, 
entre golpes e insultos procaces, al Cuartel Colorado para encerrarlo 
en una mazmorra a la que llevaron, horas más tarde, a su madre y 
a su hermana. 

Después de consumada la aprehensión de Luis, los esbirros se diri- 
gieron a casa del doctor Vargas para sorprender al gran jefe cató- 
lico de Jalisco. . 

Y aquí hago un pequeño paréntesis para decir quién era ese mu- 
chacho de 27 años, presidente arquidiocesano de la Acim de Jalisco. 


Luis Padilla Gómez.—Luis Padilla Gómez, hijo de Dionisio Padilla 
y Mercedes Gómez de Padilla, nació en Guadalajara, Jal., el 9 de diciem- 
bre de 1899, Fue educado cristianamente desde su primera edad y 
estudió la primaria en el colegio Tomás Fregoso y después en el Insti- 
tuto San José, de los reverendos padres jesuitas. 

A los 17 años de edad ingresó en el Seminario Conciliar de Guada- 
lajara y en él permaneció hasta el 1% de noviembre de 1921, fecha en 
que abandonó la carrera sacerdotal por no sentir la suficiente vocación 
para seguirla, 

Desde su más corta edad, Luis perdió a su padre, y sus sentimien- 
tos afectivos enmarcados dentro de la fe en Dios, supieron encontrar 
cumplida correspondencia en su madre, sus dos hermanas y un hermano. 

Era de conducta intachable, firme voluntad y pureza de costumbres. 
Pródigo de sí mismo, en su casa daba clases gratuitas a los que se lo 
solicitaban, y su labor social y apostólica dentro de la acsm fue tan 
distinguida que se hizo merecedor al puesto de presidente arquidio- 
cesano, así como al de secretario de.la Unión Popular cuando ésta se 
convirtió en delegación regional de la Liga Nacional Defensora de la 
Libertad Religiosa. i 

Su acción estaba basada en una sólida piedad que practicaba no 
sólo en el templo sino en su propio hogar, donde había construido 
un artístico altarcito. 

De él es esta oración que trasluce su devoción mariana: 

«María: antes que el mundo fuera, Tú ya eras en la mente del 
Altísimo, pura como la luna, Tú en tu concepción sin mancha, vence- 


Méjico Cristero 177 


dora del dragón. Tú en tu nacimiento, esperanza del Mesías. Tú en el 
templo, modelo de vida oculta. Tú en la Encarnación, punto de unión 
entre la humanidad divinizada y el Dios humanizado. Tú en Belén, 
primer altar del Niño Dios. Tú en el Calvario, supremo sacerdote 


Arriba: Luis Padilla Gómez, 
cuya vida estuvo enmarcada 
en un propósito ascendente de 
perfección eristiana.—Izquier- 
da: Casa en que nació Luis 
Padilla, en Guadalajara. 


que ofreces a tu propio Hijo Divino. Tú en el Cielo; nuestra única espe- 
ranza. Tú siempre ¡Madre!» 

Cuando la persecución religiosa se recrudeció en 1926, Luis des- 
plegó toda su actividad al frente de sus compañeros de la AciM para 
hacer sentir eficazmente el boicot y colaboró con Anacleto en las acti- 
vidades de la Liga. Fue entonces cuando su vocación sacerdotal des- 


-MÉXICO, CRISTERO.—12 


i 


178 Antonio Rius Facius 


pertó nuevamente en su espíritu con fuerza incontenible y quiso seguir 
el camino por el que Dios lo llamaba; camino de gloria que los desig- 
nios divinos hicieron breve, luminoso y ejemplar. 

Con absoluto desprendimiento de sí mismo ofrendó su vida al Señor 
de los cielos en esta bellísima oración: 

* «¡Oh, Jesús mio!, símbolo del amor y del dolor. 

»Tú me has amado hasta el presente, hasta el Calvario, hasta el altar. 

»Yo quiero amarte y hacer de Ti solamente mis delicias. l 

»Sólo Tú, Jesús mío, y para siempre. 

»Yo te seguiré por el camino de todos los olvidos, de todos los des- 
precios, de todos los dolores. 

>Si alguno quiere venir en pos de mí —dices—, niéguese a sí mismo, 
tome su cruz y sígame. ` . 

>Si, Jesús, yo te seguiré, pasando sobre todo el mundo, sobre todo 
el infierno y sobre mí mismo; entre tanto, Señor, yo te ruego: entre 
tus llagas escóndeme.» 


El triunfo del martirio.—Los tres hermanos Vargas González y Ana- 
cleto llegaron al Cuartel Colorado a media mañana. Entraron los cinco 
prisioneros a un mismo salón y dio comienzo el interrogatorio. Ana- 
cleto aceptó la responsabilidad de sus actos, pero se negó a revelar los 
secretos que poseía sobre la organización del movimiento cristero. Para 
obligarlo a delatar a sus jefes y compañeros la soldadesca comenzó a 
golpearlo, sin resultado alguno. 

El general Ferreira, su principal verdugo, ordenó que fuese suspen- 
dido de los pulgares y allí' golpeado y herido en las plantas de los pies 
con una navaja, pero su resolución de callar superó al dolor del tor- 
mento. En vano lo interrogaron sobre el paradero del arzobispo de Gua- 
dalajara, pues persistió en callar lo que sabía. Al fin fue descolgado 
y un sayón le dio tan fuerte golpe con la culata de su fusil en el hom- 
bro, que se lo fracturó. 

El interrogatorio y los golpes continuaron con sus compañeros, pero 
éstos, siguiendo el ejemplo del maestro, se negaron a revelar dato al- 
gune que pudiese perjudicar la causa que defendían. Los verdugos 
suspendieron por unos momentos el tormento y el general Ferreira 
ordenó que ahí mismo se improvisase un consejo de guerra sumarí- 
simo. Farsa inútil para justificar un crimen premeditado que violaba 
“la suspensión federal, las garantías humanas, la humanidad misma”. 


Méjico Cristero 179 


Cuatro de los cinco prisioneros fueron condenados a muerte “por 
estar en connivencia con los rebeldes”. 

«Al oír la sentencia, Anacleto respondió con estas recias palabras: 
“Una sola cosa diré; y es: que he trabajado con todo desinterés por 
defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Vosotros me mataréis, 
pero sabed que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de 
mí dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la segu- 
ridad de que veré pronto, desde el cielo, el triunfo de la religión en 
mi patria”»* 

La soldadesca separó a Florencio Vargas González del número de 
sentenciados, por creer, erróneamente, que aún no cumplía la mayoría 
de edad. 

Anacleto sangraba abundantemente y el general ordenó que se le 
formase el cuadro de ejecución, pero éste pidió que se fusilase primero 
a los hermanos Vargas y a Luis Padilla para poder confortarlos hasta 
el último momento. l 

Dominando sus dolores físicos exhortó a sus hermanos de martirio 
a sufrir con entereza su liberación eterna, y como Luis le hiciese saber 
su deseo de confesarse, Anacleto le respondió: i 
- —No hermano, ya no es tiempo de confesarse, sino de pedir per- 
dón y perdonar. Es un Padre, y no un Juez, el que te espera. Tu mis- 
ma sangre te purificará. 

Los cuatro rezaron, en voz alta, el acto de contrición. 

"No bien hubieron terminado de hacerlo, Jorge y Ramón Vargas Gon- 
zález fueron fusilados. 

Luis Padilla pidió a sus verdugos unos momentos más de vida para 
ofrendársela a Dios. Se arrodilló y, reconcentrado en sí mismo, debe 

“haber repetido la plegaria que él mismo compusiera tiempo atrás: 
«¡Tú, señor, dijiste que cuando fueras levantado entre el cielo y la 
tierra, atraerías hacia Ti todas los cosas! Señor: elévate en mi alma 
por la contemplación de tus dolores y por la participación de tu cruz! 
.¡Señor, mi miseria, mi egoísmo y mis pecados me impiden pedirte dolo- 
res; pero si ellos han de elevar mi alma uniéndola contigo... Señor, 
elévate en mi alma!» 

De rodillas, absorto en su oración, recibió la descarga que le abrió 
las puertos del cielo. 

Anacleto se dirigió al general Ferreira y, con voz emocionada, pero 
firme, le dijo: 


180 ra Antonio Rius Facius 


Arriba: Cadáver del licenciado Anacleto González Flores.—Abajo: Jorge y Ramón 
González Vargas, compañeros de martirio del maestro. 


Méjico Cristero i 181 


—General, perdono a usted de corazón; muy pronto nos veremos 
ante el tribunal divino; el mismo Juez que me va a juzgar, será su 
Juez, y entonces tendrá usted en mí, un intercesor con Dios. 

«Sus últimas palabras se dirigieron a los soldados que iban a eje- 
cutarlo, los cuales se negaron a disparar sobre ese hombre de elocuen- 
cia divina, de asombroso valor, de santidad de mártir. Entonces el jefe 
de las armas hizo una seña a un capitán que estaba al lado de Ana- 
cleto, el cual comprendió la orden muda que se le daba, hundió un 


Al sepelio de los hermanos Vargas y Luis Padilla concurrió en masa el pueblo 
` tapatio, como público homenaje a los heroicos acejotaemeros sacrificados. 


marrazo en el costado izquierdo de la víctima, la que cayó bajo una 
lluvia de balas que entonces dispararon los soldados.» 

-~ Antes de expirar el héroe, haciendo un supremo y postrero esfuerzo, 
"pronunció estas sublimes palabras: 

—Por la segunda vez oigan las Américas este santo grito: Yo muero, 

pero Dios no muere. ¡Viva Cristo Rey! 

:. «Muere a los treinta y ocho años, a medio día —vida y jornada— 
en viernes primero y en primavera.» * - 


182 ` Antonio Rius Facius 


En una ambulancia fueron trasladados los cuatro cuerpos a la Ins- 
pección de Policía y arrojados en el patio. Ahí permanecieron toda la 
tarde y hasta la noche fueron entregados a sus familiares. 

Un tropel de gente invadió las casas donde se velaba a los márti. 
res, y aquel río humano fue superado al día siguiente, cuando fueron 
conducidos al cementerio. e 

Aquello, dijeron los cronistas, no parecía un sepelio, sino un triunfo. 
Un triunfo que el raciocinio infantil de un hijo de tres años condensó 
en esta frase: 

«Unos hombres malos lo mataron porque amaba mucho' al Niño 
Jesús.» 


XVII 


FUEGO EN EL BAJIO 


Levantamiento anticipado.—José Valencia Gallardo. 
Ezequiel Gómez.—Salvador Vargas.—Nicolás Nava- 
rro.—Alistándose a la defensa.—Conspiración des- 
cubierta. 


Levantamiento anticipado.—Las delegaciones locales de la Liga, 
gobernadas casi todas ellas por acejotaemeros, estudiaron la posibilidad 
de iniciar el movimiento anunciado en el “Manifiesto a la Nación”, de 
René Capistrán Garza, el 1? de enero de 1927, día en que se esperaba 
que éste lo iniciara en la frontera norte de la República. 

Anacleto González Flores, desde la capital de Jalisco, movilizó sus 
huestes acejotaemeras y de la Unión Popular para ejecutar en su re- 
gión la parte que le correspondía del proyectado plan. El occidente 
de Méjico estaba en sus manos, y, con incansable dinamismo, recibía 
y despachaba diariamente emisarios de todo el Bajío, a quienes im- 
partía órdenes e instrucciones. 

El estado de Guanajuato era punto clave para dar el golpe de sor- 
presa. En la ciudad de León y poblaciones circunvecinas, durante los 
últimos días del mes de octubre de 1926, se efectuaron varias juntas 
secretas para estudiar los distintos aspectos del levantamiento. 

A la última reunión de los conjurados, celebrada la noche del 27 de 
diciembre, concurrieron más de doscientas personas. En ella se' con- 
vino que, debido a dificultades imprevistas surgidas a última hora, el 
levantamiento se aplazara para la noche del 3 de enero. 

183 


184 - Antonio Rius Facius 


Esta decisión no pudo ser comunicada a todos los grupos compro- 
«metidos fuera de la ciudad, por lo que en Jalpa de Cánovas, Gto., y San 
Diego de Alejandría, Jal., situados a diez kilómetros de distancia uno 
del otro, se adelantaron a la fecha posteriormente convenida. 

En Jalpa de Cánovas, el Pbro. Pedro N. González se había hecho 
cargo de la vicaría por órdenes del arzobispo de Guadalajara, Mons. 
Orozco y Jiménez, en el año de 1920. 


Desde entonces databa la meritoria e intensa labor social que entre 
todos los vecinos había desarrollado hasta culminar con la fundación 
y posterior desarrollo de la acym en aquella población. 

Cuando se hizo improrrogable el plazo para detener la resistencia 
armada contra la tiranía, fue el padre González el amigo fiel y con- 
sejero prudente que templó los ánimos y dio confianza a sus feligreses 
para que siguieran el único camino que les trazaba el deber. 

El Grupo Local de la Acsm, que presidía Víctor López, estaba for- 
mado por una treintena de muchachos decididos. Con ellos se dio co- 


Méjico Cristero 185 


mienzo a la formación del primer núcleo de defensores que organizó 
Agustín Gutiérrez, secundado por Severiano Gallegos. 

En San Diego de Alejandría, Jal., se había formado otro contingente 
de combatientes jefaturados por Silvano Valdés Aceves. En uno y otro 
lugar acordaron apoderarse de San Francisco del Rincón, Gto., el día 
2 de enero, encontrándose antes en un lugar llamado Purísima del 
Rincón, situado a dos kilómetros de San Francisco. En la madrugada 
de ese día salieron los de San Diego y se apoderaron, sin gran difi- 
-cultad, del pequeño poblado de la Purísima y de allí continuaron solos 
hasta San Francisco del Rincón, inmovilizaron a la policía, destruye- 
-ron las líneas del telégrafo y cerraron los caminos que conducían a la 
ciudad de León. 

Llenos de júbilo asistieron en la plaza a la primera misa oficiada 
por el padre Fernando Escoto, capellán de los cristeros de San Diego. 
Aún no terminaba el oficio divino cuando corrió la noticia de que se 
acercaban, procedentes de León, varios camiones cargados de soldados 
callistas; como los entusiastas y novatos cristeros no tenían sino pocas 
armas y escasas municiones, optaron prudentemente por abandonar la 
plaza. Su salida coincidió con la llegada de las primeras avanzadas de 
los de Jalpa, y juntos retrocedieron por el camino andado para dividirse 
en varios grupos. Algunos de los que no tenían armas regresaron a 
sus hogares, otros emigraron hacia el norte y sólo un pequeño grupo 
permaneció en pie de lucha, internado en el monte hasta que pudo 
unirse a las fuerzas que comandaba Miguel Hernández, quien al frente 
de sus hombres entró en la hacienda de Jalpa de Cánovas el 11 de marzo. 
A este pequeño regimiento se le dio el nombre de Libres de Jalpa. 

El mismo padre González tuvo necesidad de ausentarse de Jalpa 
para ir, de un rancho a otro, ejerciendo su ministerio sacerdotal. 

La noticia de la entrada de los cristeros en la importante villa de 
San Francisco del Rincón, Guanajuato, se supo en la ciudad de León 
ese mismo día, provocando, a la vez que un excesivo e imprudente 
optimismo, no poca confusión sobre la fecha señalada para el levan- 
tamiento de la comarca. 


José Valencia Gallardo.—Se impone, antes de seguir adelante, pre- 
sentar a los principales personajes de esa jornada tan sangrienta cuanto 

` gloriosa, que hizo exclamar a su santidad Pío XI cuando se le dio a 
conoce: et palmae in manibus eorum... gloria Christi, Sanguis marti- 


186 Antonio Rius Facius 


rum semen (...y la palma está en sus manos. La sangre de los már- 
tires es semilla de cristianos). 

José Valencia Gallardo era, al tiempo de ocurrir estos sucesos, pre- 
sidente del Grupo Local de la acim de León. Contaba, por consi- 
guiente, con amplísimo prestigio personal, no sólo entre sus compa- 
ñeros, sino entre todos los leoneses. 

Originario de Buenavista Toma- 
tlán, estado de Michoacán, era hijo 
de dos cristianos vecinos de Coti- 
ja: Felipe Valencia y Martina Ga- 
Hardo de Valencia. A los ocho me-- 
ses de edad quedó huérfano de 
padre, y su madre estableció en- 
tonces una pequeña escuela para 
ganar en ella el sustento. Allí educó 
al pequeño José, a quien, cuando 
contaba cuatro años, consagró a 
Cristo y a la Santísima Virgen, con- 
sagración que quedó indeleblemen» 
te fijada en la memoria del niño. 

Su despierta inteligencia asimi- 
ló con facilidad la enseñanza prima- 
ria y, a los nueve años, ingresó de 
interno en Guadalajara al Orfana- 
torio del Sagrado Corazón, pero no 
permaneció allí ni en otros cole- 
gios mucho tiempo, pues a la edad 
de quince años comenzó a trabajar 
como director en la pequeña escue- 
lita parroquial de Los Reyes, pue- 
José Valencia Gallardo, presidente del blo cercano a Buenavista. Su inex- 
Grupo Local de la acīm de León, Gto. periencia lo obligó a cambiar de 

trabajo y, a los diecisiete años, era 
¡secretario de juzgado! En busca de mejor fortuna se marchó a Tam- 
pico para trabajar en los campos petroleros, pero no logró su intento 
y tuvo que conformarse con un modesto puesto burocrático. 

Fue entonces cuando intensificó su labor social. Ingresó en la acim 
y en ella hizo sus primeras armas como escritor en el periódico Lumen. 


Méjico Cristero : f 187 


Además se hizo socio de la Adoración Nocturna. Seis meses más tarde 
se trasladó a El Ebano, San Luis Potosí, para hacerse cargo de la escuela 
de aquel lugar y volvió a reunirse con su madre. No obstante sus pocos 
años, su sólida cultura y su entrega fervorosa al trabajo le granjearon 
las simpatías populares y el encono y la envidia de los mediocres al 
servicio incondicional del cacique lugareño. 

Pero su entusiasmo y actividad se sobrepusieron a las críticas de 
sus enemigos y pronto logró reunir numerosos obreros católicos con 
los cuales fundó un Grupo Local de su querida acsm. Esto ocasionó que 
el odio de sus enemigos se desbordara y, con el fútil pretexto de que se 
había negado a prestar el local de su escuelita para hacer en él un 
baile, fue golpeado bárbaramente. 

Pero no era con golpes como podían amedrentar a un hombre del 
temple y entereza de José, quien continuó valientemente su camino de 
apostolado en aquel pueblo, que carecía de sacerdote, hasta que, en 1924, 
decidió ir con su madre a radicar a León, donde recomendado por el 
obispo De la Mora, ocupó el puesto de profesor en un colegio católico. 

En León, Valencia Gallardo se inscribió como socio efectivo en el 
Grupo Local de la acym. Su presencia se hizo notable desde el primer 
momento: sobresalían su talento y sus conocimientos en los círculos 
de estudio, era modelo varonil de piedad y autor de iniciativas concretas, 
prácticas y eficaces, para hacer que la acción social del Grupo fuera 
más amplia y diera mejores resultados. Su esfuerzo se vio coronado 
con la publicación de una revista mensual titulada Argos, de la que 
él fue director, y Salvador G. Vargas, administrador. 

Al recrudecerse la lucha contra el catolicismo en Méjico, se ins- 
cribió de los primeros en la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, 
y, para ampliar su labor de propaganda católica, fundó un pequeño y 
combativo periódico al que tituló La Voz del Pueblo. Desde sus co- 
lumnas, como hacía Anacleto en las de Gladium, Valencia Gallardo 
flageló implacablemente a los enemigos de Dios, a los perversos que 
desde la cumbre del poder predicaban el respeto a la ley con las manos 
sucias de sangre y de oro. 

Su probada capacidad de jefe pronto fue conocida por los directivos 
de la Liga y recibió el nombramiento de delegado regional de ésta en 
León. Fue así como organizó primero la defensa pasiva por medio del 
boicot, y después el golpe armado para apoderarse del municipio de 
León. 


i 
188 ` Antonio Rius Facius 


Ezequiel Gómez.—Secundaba la audaz empresa Ezequiel Gómez, 
originario de León. Nació el 9 de abril de 1902. Fueron sus padres 
Felipe Gómez y Lucina Martínez. Desde pequeño se distinguió por 
su acrisolada piedad que se manifestaba en la frecuencia con que se 
acercaba al divino banquete eucarístico, y su integridad física que con- 
,servó hasta el fin de sus días. En 1920 su familia fue a radicar a Indian 
Harbor, Estados Unidos, y allí permaneció tres años, ayudando con su 
trabajo al sostenimiento de su hogar. A su regreso a León se afilió a la: 

Asociación de la Vela Perpetua, a la Congregación Mariana y a la ACJM. 
Juan Carpio Ornelas, otro már- 
tir acejotaemero, decía de él: 
«Conocer a Ezequiel era esti- 
marlo: daba la impresión de un 
hombre feliz y su carácter jovial 
siempre le abrió paso fácilmente 
y le ganó muchas amistades. Per- 
sonificaba a la juventud con to- 
das sus ilusiones y su entusiasmo, 
con sus generosas esperanzas.» 
Un carácter tan integro como 
el suyo no podía eludir la respon- 


Ezequiel Gómez, acejotaemero qwe per- 
dió la vida al lanzarse a la defensa a a ñ 
armada en León, Gto. sabilidad de participar activamen- 


te en la defensa de los derechos 
humanos; así, pues, cuando la Liga hizo su angustioso llamado nació- 
nal, Ezequiel fue de los primeros en pasar lista de presente. 


Salvador Vargas.—Otro representante auténtico del pueblo meji- 
cano era Salvador Vargas, joven obrero que se dedicaba a la industria. 
doméstica del calzado. Hijo de Emiliano Vargas y María de la Luz 
González de Vargas, nació en la ciudad de León el 17 de noviembre 
de 1903, y no obstante el medio humilde en que siempre vivió, logró 
conservar su pureza física y moral con ayuda de una fe sólida y activa, 
pues «encontraba fuerzas en la comunión diaria. He ahí el secreto de 
aquella alma; he ahí la fuente de donde sacaba su fortaleza y más tarde 
su heroísmo. Salvador era de esas almas privilegiadas que se trans- 
forman al recibir la sagrada comunión. Verlo arrodillado con profundo 
respeto y devoción después de la comunión, era sentirse edificado y 
conmovido», atestiguó su amigo y compañero Carpio Ornelas. 


Méjico Cristero 


189- 


- En el Grupo Local de la acim, Salvador se entregó con fruición al 


estudio de los problemas so- 
ciales, y pronto su modesta 
biblioteca se enriqueció con 
libros sobre religión, moral, 
sociología cristiana e historia 
patria, con cuya lectura acre- 
centó los conocimientos adqui- 
ridos en los círculos de es- 
tudio. 

No sólo dentro de la Aso- 
ciación, sino fuera de ella, 
Salvador ejerció saludable in- 
fluencia entre sus amigos. In- 
vitó a muchos de sus compañe- 
ros de oficio a ingresar en la 
ACJM y a otros en la Confede- 
ración Católica del Trabajo; 
y todos, finalmente, engrosa= 
ron las filas de la Liga Defen- 
sora de la Libertad Religiosa. 
Su ejemplo subrayó la sinceri- 
dad de su palabra, aun antes 
que su sangre diera testimo- 
nio definitivo de su fe. 

Cuando el boicot se exten- 
dió por casi toda la nación 
para demostrar a los perver- 
sos que Méjico no se rendía 
a los perseguidores, fue José 
Valencia Gallardo el que diri- 
gió en León la organización 
del bloqueo económico social, 
y Salvador Vargas su más in- 


Juan Carpio Ornelas, acejotaemero, testigo 

de los acontecimientos ocurridos en León, 

Gto., al iniciarse la rebelión cristera. Por 

su decisiva actuación durante el conflicto 

religioso fue recluido dos veces en el penal 

de las Islas Marias y finalmente asesinado el 
23 de diciembre de 1933. 


mediato colaborador, junto con los demás acejotaemeros de la ciudad. 

Una de las acciones ejecutadas para obtener los fines propuestos 
fue la de abstenerse de concurrir a toda clase de diversiones públicas 
o privadas. El domingo 29 de agosto de 1926, Salvador Vargas, al frente 


190 - Antonio Rius Facius 


de un grupo de damas, se situó frente al Teatro Doblado, suplicando 
a todas las personas que se acercaban a la taquilla que se abstuvieran 
de entrar, en demostración de luto nacional. A las 12 del día fue 
aprehendido y llevado a la cárcel. 

Los acejotaemeros, con Valencia Gallardo a la cabeza, se movili- 
zaron para conseguir la libertad de su compañero. Entrevistaron al 
presidente municipal Guadalupe Núñez y le hicieron ver la inconsis- 
tencia de la acusación que pesaba sobre Vargas, pero aquél «que era 
muy falto de valor civil y de criterio propio, dijo que él no era culpa- 
ble de la prisión de Vargas, sino que el síndico, licenciado Santiago 
García, era quien había ordenado su aprehensión.» 

Igual orden había sido dada contra las damas que, frente al mismo 
teatro, continuaron ejerciendo su labor de convencimiento. Varios po- 
licías, a bordo de un camión, llegaron para aprehender a esas vale- 
rosas propagandistas, pero el pueblo que se había reunido en gran 
número en aquel lugar lo impidió, y marcharon voluntariamente las 
mujeres por en medio de la calle, acompañadas de la multitud, hacia 
la cárcel. Frente a la Inspección de Policía el pueblo leonés ocupó 
toda la calle para pedir la libertad de los prisioneros. 
`. Temerosos de la ira popular, aquellos sátrapas dejaron marchar a 
las damas, pero esto no satisfizo a la multitud, que amenazó con asaltar 
la prisión para libertar a Vargas. El presidente municipal no tuvo 
más remedio que obedecer la voluntad soberana del pueblo y ceder al 
terrible miedo que se había apoderado de él. 

«La multitud, capitaneada por los acejotaemeros, fue a las puertas 
de la cárcel a recibir a Salvador, quien, al salir de la prisión, tuvo un 
gesto de gallardía juvenil que jamás olvidaremos —dice un testigo pre- 
sencial—: en los umbrales de la prisión vio a la multitud que se api- 
ñaba, y descubriéndose bruscamente, con gran audacia gritó: ¡Viva 
Cristo Rey! Electrizada la multitud le contestó con un atronador viva 
el Rey de reyes, y tomando a Vargas lo llevó en silla de manos, mien- 
tras lanzaba estruendosos gritos y vitores a Cristo, a la Guadalupana, 
a la Iglesia, a la Liga, a la acīm y al joven libertado.» ** 


Nicolás Navarro.—De aquel grupo selecto de acejotaemeros era tam- 
bién Nicolás Navarro, quien nació en el barrio del Coecillo, en la ciu- 
dad de León, el 10 de diciembre de 1905, y era hijo de Hilario Navarro 
y Andrea Hidalgo de Navarro. Cursó su primaria en el colegio del 


Méjico Cristero . 191 


i 


Sagrado Corazón de Jesús y, en 1918, ingresó en el Seminario Con- 
ciliar, donde cursó latinidad. Al no sentir firme vocación para el sacer- 
docio, dejó el seminario y se dedicó al pequeño comercio. 

-«En 1925 contrajo matrimonio con una virtuosa joven llamada Sole- 
dad Durán. Empezaban a gozar de la dulce paz y contento de su cris- 
tiano enlace, cuando se levantó la borrasca de la persecución religiosa. 
La grande fe cristiana y el ardor juvenil de Nicolás no podían sufrir 
impasibles los ultrajes hechos a su religión. Cuando el 31 de julio 
apareció el decreto de Calles fijado en el cancel del templọ de San 
Francisco, lleno de santa indignación lo arrancó de allí y lo puso fuera, 
sobre el muro, diciendo: “ese papel no debe profanar el lugar santo”.» ™! 

Fue nombrado jefe de la Liga en su barrio y allí desplegó gran 
actividad apostólica en la organización del culto hasta lograr que, en 
su propia casa, se celebrase diariamente la santa misa. 

Protagonistas también de la heroica tragedia leonesa fueron Agus- 
tín Ríos, casado, padre de una pequeñita de nueve meses dé edad, 
obrero del barrio del Coecillo, humilde e ignorado hasta que votó, con 
su sangre cristiana, en el plebiscito de los mártires. Y José Gasca, 
arriero, originario de Ibarrilla, distrito de León, de 35 años, dedicados 
„al merecimiento cotidiano de la palma con la que Dios premió su 
ignorada entrega a su voluntad divina. 


Alistándose a la defensa.—El conocimiento previo de los principa-. 
les personajes de aquel episodio resalta el significado nacional que 
alcanzó. Eran, todos ellos, representantes auténticos de la sociedad 
mejicana, enlazados entre sí por un ideal común que ahondaba el sen- 
tido-de la hermandad, natural en un pueblo que siempre ha preferido 
los valores eternos del alma sobre todo interés mezquino y utilitario. 

Aquella noche del 27 de diciembre de 1926 se había planteado, en 
definitiva, la necesidad de sostener, con las armas en la mano, este 
derecho irrenunciable a ser dueños de su propio destino. 

Se formularon varios proyectos y quedó aprobado definitivamente 
el más viable y espectacular de todos, consistente en apoderarse, por 
medio de un audaz golpe de mano, de la ciudad de León. Contaban 
para ello con suficiente número de hombres que podían enfrentarse 
con éxito a la escasa guarnición militar de la ciudad. 

Nicolás Navarro emprendió rápida gira por todas las rancherías de 
los alrededores, para poner de acuerdo a todos los grupos comprome- 


` 192 P Antonio Rius Facius 


tidos sobre la manera de actuar en el momento decisivo. Y en el barrio 
- del Coecillo invitó al comisario de policía, Domitilo Torres, de quien 
había sido padrino de matrimonio, a unirse a la conjuración con sus 
subordinados. Domitilo mostró gran entusiasmo y prometió la total 
ayuda solicitada. 

También le fueron dados a conocer estos preparativos del levanta- 
miento al inspector de policía de la ciudad de León, J. Natividad López. 
Este se mostró de acuerdo con el plan y prometió su colaboración y 
la de cuarenta rurales a su mando, con la única condición de que se le 
diera el grado de coronel en el ejército libertador. 

La modificación, a última hora, de la fecha convenida para el ata- 
que a la ciudad, provocó la salida y posterior desintegración de los 
primeros alzados que se apoderaron de San Francisco del Rincón, Gto. 

Pero el optimismo de los jóvenes cruzados no sufrió mengua y la 
noticia de su próximo levantamiento corrió de boca en boca hasta oídos 
del mismo gobernador del estado, Ing. Enrique Colunga. ` 

Durante la mañana del 2 de enero en el domicilio de Carpio Orne- 
las hubo gran actividad: de allí salieron las últimas órdenes precur- 
soras del levantamiento. Y allí recibieron el pan de los fuertes aquellos 
heroicos cruzados. 

Nicolás Navarro obtuvo la bendición de sus padres y, cuando se 
despidió de su esposa, ésta le dijo tratando de retenerlo: 

—Qué ¿no te duele dejarnos a tus hijos y a mí? - 

—No —contestó el héroe—, primero debo defender la causa Ve Dios, 
y si tuviera diez hijos, los diez los dejaría por Dios. Cuando mi hijo 
crezca le dirás que su padre ha muerto por defender la religión. 

Ezequiel Gómez participó a su madre, antes de partir, el presen- 
timiento que lo embargaba, incapaz, sin embargo, de doblegar su espí- 
ritu: 

—Yo deseo morir —le dijo— porque sé que el Señor quiere mi san- 
gre para salvar a la patria. 

Salvador C. Vargas G. presentía también que su gran aventura podía 
ser definitiva en su trayectoria hacia Dios. Cuando un amigo le pre- 
guntó, horas antés de salir: 

—¿Y qué posibilidades tienen ustedes del triunfo? 

Salvador respondió con serenidad y entereza: 

—Creo que nosotros moriremos. No veremos el triunfo, pero Mé- 
jico necesita sangre, mucha sangre para su purificación. Le aseguro 


Méjico Cristero l 193 


que el triunfo llegará. Cristo recibirá el homenaje que le es debido. 
Se lo aseguro, tan cierto como que estoy aquí vivo y mañana muerto». 

Carpio Ornelas, testigo presencial de aquellos preciosos momentos 
que elevaron el destino de la nación mejicana hacia la cumbre del 
ejemplo universal, dejó escrito lo que vio: 

«El domingo fatal, José (Valencia Gallardo) se esmeró en poner 
ternura en las últimas caricias que prodigó a su madre. Recibió la 
sagrada comunión muy entrado el día y, por última vez, sin decirle 
el proyecto que lo atormentaba, pidió 8 bendición de su madre, y la 
besó largamente. 

'»Conservando su carácter sereno en aquellas últimas horas, ¿tuvo 
el presentimiento de la muerte que lo aguardaba?; en varias ocasiones 
expresó estos presentimientos y su conformidad de acatar en todo la 
voluntad divina. Este último día.obró con extraordinaria sangre fría. 

»Esa noche se reunieron aquellos entusiastas. José, según nos han 
referido testigos presenciales, estaba poseído de una alegría desbor- 
dante. A él y a su íntimo amigo Salvador les tocó en suerte montar la 
primera y la última guardia.» 

Esta guardia fue hecha en “La Brisa”, una huerta situada en la 


orilla del barrio del Coecillo. 


Conspiración descubierta.—A las diez de la noche el número de los 
que se habían reunido en ese lugar no llegaba a 25, por lo que se deci- 
dieron esperar al inspector de policia y sus 40 rurales montados. 

Pero Domitilo Torres, al retirarse de la última reunión, fue al en- 
cuentro de Natividad López y Alejandro Carlín, para denunciar los deta- 
lles del levantamiento al presidente municipal. 

El día 1? de aquel año había tomado posesión de la Junta de Admi- 
nistración Civil de León, Ramón Velarde, un tipo despreciable que 
contaba en su haber el asesinato de su propio hermano. 

«Cuando terminaron los delatores de referir el plan que se tenía 
preparado y de describir el lugar exacto en que los jóvenes católicos 
se encontraban, se encaminaron al portón de “La Brisa”, del barrio 
de El Coecillo: en un automóvil iban. José Rodríguez C., Pascual Urtaza 
Gutiérrez y Antonio Gálvez; y en otro coche los agentes de policía y 
dos desconocidos. Se dirigieron a la comisaría de Coecillo, mientras 
Natividad López marchaba a pie y se destacaba la gendarmería mon- 
tada al mando del oficial Joaquín Chávez.» 

MÉXICO CRISTERO.—13 


194 Antonio Rius Facius 


Al pasar por la calle de El Chayote, encontraron a Nicolás Navarro 
y a su asistente José Vázquez quienes, sorprendidos, no pudieron es- 
capar y fueron amarrados y conducidos por delante hasta llegar a 
La Brisa. 

Cuando escucharon los pasos y las voces de los que se acercaban, 
Salvador Vargas, José Valencia Gallardo y Ezequiel Gómez fueron 
a su encuentro y con un “¿quién vive?” marcaron el alto a los desco- 
nocidos. 

—Cristo Rey —contestó débilmente Domitilo Torres, al mismo 
tiempo que, por sorpresa, ordenó a los hombres que lo acompañaban 
que desarmasen a los tres muchachos. 

Sus compañeros, acampados en las cercanías del río Turbio o de 
Los Gómez, al oir tales ruidos sospechosos ordenaron a Ezequiel Gó- 
mez y Agustín Ríos que investigaran lo que sucedía en La Brisa, y al 
llegar éstos allí fueron aprehendidos. Otros jóvenes más que salieron 
tras ellos, corrieron la misma suerte, pero uno pudo regresar a tiempo 
para avisar a sus compañeros, que se dispersaron, 

Los prisioneros fueron conducidos a la Inspección de Policía; ahí 
ya los esperaba el presidente municipal quien, con el diputado José - 
Rodríguez C., Pascual Urtaza, Alejandro Carlín, Antonio Gálvez, 
J. Natividad López y otros de la misma ralea, improvisó un tribunal 
para formar un consejo de guerra, contra la opinión expresa del ca- 
pitán Alcántara, jefe de la guarnición, quien opinó que se les debía de 
poner a disposición de la Jefatura de Operaciones de Guanajuato. 

«Los jóvenes declararon unánimemente que habían resuelto tomar 
las armas impulsados por la fuerza de sus convicciones, para conse- 
guir la libertad de la Iglesia y de la patria. Firmaron sus declaracio- 
nes, que no eran sino rotundas confesiones de su fe, y esperaron el 
fallo de aquel espurio y parcial consejo de guerra. Velarde, amo y se- 
ñor de los otros, pronunció el fallo al decir al capitán Alcántara: 

»—Capitán, se los entrego y los fusila por rebeldes. 

»Alcántara se niega a ejecutar una orden que provenía de persona 
incompetente para darla y asegura que necesita recibir órdenes de la 
Jefatura de Operaciones, insistiendo en que los presuntos deben ser 
puestos a disposición de aquélla. 

>»José Rodríguez C. intervino: Nada de poner a la disposición de 
- nadie, Lo que no se hace en caliente, después ya no se hace. Y en ca- 
liente se decidieron a cometer el gran crimen.» ™ 


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Méjico Cristero 195 


Fueron conducidos de nuevo a La Brisa, y en el camino, al aflo- 


jársele las ligaduras que lo sujetaban, pudo escapar uno de los sen- 
tenciados. 


Transcurrían las primeras horas del día 3 de enero de 1927. Al lle- 
gar al lugar escogido para cometer el crimen, los soldados comenzaron 
a disparar sobre los prisioneros para simular que éstos habían muerto 
en combate. Antes de morir, le cortaron la lengua a José Valencia 
Gallardo para que no siguiera alentando a sus compañeros con el grito 
desafiante de ¡viva Cristo Rey!, y a Nicolás Navarro le destrozaron 
la boca a culatazos de fusil. 

De aquella vorágine sangrienta pudieron escapar con vida, mila, 
grosamente, J. Isabel Juárez, quien quedó ligeramente herido, y otro 
más. 

«Como a las cinco de la maña- 
na entró por el sur de la ciudad 
una partida de campesinos proce- 
dentes de la hacienda de Santa 
Rosa y rancherías circunvecinas, 
quienes, sin saber lo ocurrido, se 
encaminaron a la Inspección de x. 

Policía y al Cuartel de los Angeles. ón neo 

- — »Los gendarmes de la monta- p 

da (los charros) tan luego como i EN 

se dieron cuenta de que se acer- Cadáveres de Ezequiel Gómez, José Va- 
caba gente armada, emprendieron lencia Gallardo, Salvador Vargas y Nico- 
la fuga escondiéndose donde po- lás Navarro. 

dian y despojándose del uniforme. 

»Dos de aquellos ingenuos campesinos que se dirigieron a atacar 
el Cuartel de los Angeles al grito de ¡viva Cristo Rey!, perdieron la 

. vida a la descarga que hicieron sobre ellos los soldados federales, pues 
uno de dichos campesinos sólo llevaba una carabina gúilotera. 

»Entre las seis y las siete procedieron los esbirros del gobierno a 
recoger los cadáveres de las víctimas. Ya sin miramiento alguno los 
habían arrastrado y llevado para amontonarlos muy cerca del portón 
que da entrada al establo de La Brisa.. 

- '':»Los cuerpos de los jóvenes sacrificados fueron expuestos durante 
“toda la mañana en la plaza principal y frente al palacio municipal para 
oprobio de ellos y escarmiento de los demás, según los planes del go- 


196 Antonio Rius Facius 


bierno; pero en realidad para su glorificación y aliento de los cató- 
licos, pues nunca dejará de ser verdadero el apotegma de Tertuliano: 
La sangre de los mártires es semilla de cristianos. 

»De allí los llevaron al Hospital Civil, donde permanecieron inse- 
pultos durante dos días, pues no permitieron a sus familiares llevarlos 
a sus domicilios, como una manifestación de odio a los muertos; mas 
disponiéndoló así Dios, para que recibieran sus mártires los homena- 
jes del pueblo fiel. Grande era la fe, y entusiasmo con que todos acu- 
dían a pedir algodones empapados en su sangre. 

>El sepelio se verificó el día cinco por la tarde y fue para las vícti- 
mas toda una apoteosis, pues grande era el concurso de gente que los 
acompañaba y grande el empeña en cortar de su ropa partecitas para 
conservarlas como reliquias.» % 

Aquella exaltación popular pronto se cohvertiría en caudal mag- 
nífico de héroes cristeros. 


XVII 


COLIMA RECURRE A LAS ARMAS 


Dionisio Eduardo Ochoa.—Los primeros cruzados del 
Volcán, —Sangre de martirio. 


Dionisio Eduardo Ochoa.—En el mes de diciembre de 1926, el epis- 
copado mejicano expidió una Carta Pastoral Colectiva para consagrar 
a Méjico a la Virgen María en el misterio de su Inmaculada Concep- 
ción. - 

Con este motivo, los acejotaemeros se encargaron de pegar y re- 
partir, por toda la ciudad de Colima, pequeñas tiras de papel que 
decían: “¡Oh María concebida sin pecado, rogad por nosotros que recu- 
rrimos a Vos!” 

En la capital del estado culminó esta propaganda los días 8 y 12, 
con la emotiva demostración de fe y amor que el pueblo rindió a la 
Santísima Virgen. Cada hora, durante todo el día, se estuvo recitando 
el acto de consagración en la catedral y todos los templos, que se vie- 
ron sumamente concurridos. 

«Llegó el invierno. Hacía nueve meses que se había suspendido el 
culto en la diócesis de Colima y cinco en toda la República. Los cató- 
licos habían trabajado ya hasta más no poder; todos los medios legales 
para reconquistar la libertad perdida estaban agotados y el pueblo no 
obtenía del perseguidor otra contestación que un gesto de desprecio. 
Probado estaba que todos los medios pacíficos eran inútiles; se debía, 
pues, trabajar en otro terreno, en el terreno de la lucha armada. Era 
evidente que Calles, en unión de sus cómplices, era un infame e injusto 

a 197 


198 - Antonio Rius Facius 


agresor y había justo y santo derecho para repeler la fuerza por la 
fuerza.» 

Tocó a Dionisio Eduardo Ochoa, ex presidente del Comité Diocesano 
de la acm de Colima, ser el que «enarbolase la bandera de la liber- 
tad, blandiera la espada de la justicia, e iniciase, en aquellas regiones, 
la defensa armada de los sacros derechos de la Iglesia y. la patria, 
arrebatados por la tiranía.» 

Hijo de Dionisio Ochoa Gutié- 
rrez y María Santana, nació en 
Colima el 14 de octubre de 1900. 
Huérfano de padre al cumplir un 
año de edad, fue educado al amparo 
de su tío, él Pbro. J. Angel Ochoa; 
hizo sus estudios primarios en el 
colegio San Luis Gonzaga, de su 
ciudad natal; ingresó después en el 
Seminario Conciliar Diocesano y 
allí permaneció tres años, al tér- 
mino de los cuales lo dejó para po- 
der atender a su anciano tío. 

Cuando en abril de 1917 se fun- 
dó la ac3m en Colima, fue Dionisio 
Dionisio Eduardo Ochoa, ex presidente Eduardo Ochoa uno de los miem- 


del Comité Diocesano de la ACIM en : 
Colima e iniciador de la lucha cristera bros fundadores que firmaron el 


en dicho estado. acta de adhesión enviada a Méjico. 

Sus primeros trabajos dentro de la 

Asociación consistieron en enseñar doctrina cristiana a los niños y re- 
partir propaganda impresa de casa en casa. 

Al morir su anciano protector en junio de 1920, tuvo que hacer 
frente, con su trabajo, al sostenimiento de su casa, pues aunque tenía 
un hermano mayor —el hoy canónigo Enrique de Jesús Ochoa—, éste 
seguía en aquel tiempo la carrera sacerdotal en el Seminario Conciliar 
Diocesano de Colima. 

En 1924 ocupó la presidencia del Comité Diocesano de la ACJM y 
dirigió con acierto el semanario católico La Reconquista. Esto le oca- 

- sionó la pérdida de su empleo en la Tesorería del Estado, pues no se 
plegó a las súplicas ni a las amenazas que, para abandonar la ACIM, 
le hizo el entonces gobernador Francisco Solórzano Béjar. 


Méjico Cristero 199 


Su actividad apostólica le ganó el odio de la gente del Gobierno y, 
“el 19 de octubre de 1925, fue encarcelado por esta causa. Allí se le 
golpeó para obligarlo a desistir de sus labores católicas, pero se mos- 
tró inflexible en sus propósitos y pocos días después se le dejó en 
libertad. 

Dionisio comprendió que peligraba su vida y salió hacia Guadala- 
jara. En aquella ciudad retornó a los estudios en la preparatoria ofi- 
cial, viéndose obligado a presentar examen de sexto año de primaria 
para poder ser admitido. Quince meses permaneció en la perla tapa- 
tía, con tal aprovechamiento que, al regresar a la ciudad de Colima en 
diciembre de 1926, con el fin de pasar con su familia las vacaciones 
navideñas, llevaba ya presentados más de la mitad de los exámenes 
de preparatoria, habiendo alcanzado, además, merecido prestigio de 
jefe entre sus compañeros, gracias a su franca y ejemplar profesión 
de fe, que hizo perder a los timoratos el miedo de mostrar su religio- 
sidad en público. 


Los primeros cruzados del Volcán.—<Vino la noche del 2 de enero, 
año de 1927; la señorita María Guadalupe Guerrero llegó ese día de 
Guadalajara, y se presentó a decir a Dionisio Eduardo Ochoa y a Rafael 
G. Sánchez, joven de la AcM, amigo y compañero de luchas periodís- 
ticas de aquél, que todo estaba dispuesto, que la hora de la lucha había 
sonado ya y que a los tres días, o sea, el 5 de ese mismo mes, se ini- 
-ciaría la lucha armada en pro de la libertad. 

»El mensaje venía del maestro Anacleto González Flores.» * 

Dionisio sabía cuál era su sitio y no rehuyó la responsabilidad que 
se le ofrecía. Se reunió con sus antiguos compañeros y envió. instruc- 
ciones y propaganda a diversos lugares. En compañía de Rafael G. 
Sánchez y Antonio C. Vargas, estuvo en su casa la noche anterior a 
la partida, al pie del sagrario, cambiando impresiones con ellos; cuando 
la madrugada enrojeció el horizonte, su hermano el sacerdote dio a 
los tres valientes la sagrada comunión. 

No contaban con recursos pecuniarios, tenían sólo dos pistolas ca- 
libre 38 y no conocían la región del volcán de Colima, donde pensaban 
operar, pero su confianza en Dios y la justicia de la causa que defen- 
dían les puso alas en el corazón. 

El día 5 de enero de 1927 salieron los tres jóvenes de la capital 
colimense y se dirigieron a Tonila, allí se les unió otro acejotaemero, 


200 Antonio Rius Facius 


Miguel Anguiano Márquez, que había sido seminarista y era buen co- 
nocedor de aquellos rumbos. Transcurridos cinco días partieron los 
cuatro rumbo al volcán y se establecieron en Caucentla, situada al sur 
del mismo y vecina de varias rancherías y pequeñas haciendas, cuyos 
habitantes eran de rancio abolengo católico. De allí salió Ochoa días 
más tarde a Guadalajara para recibir instrucciones del jefe indiscu- 
tible del movimiento católico para todo el Occidente: Anacleto Gon- 
zález Flores. Juntos estudiaron las posibilidades de levantar en armas 
la región y, portador de promesas e ilusiones, regresó Dionisio Eduardo 
Ochoa a su improvisado cuartel el 14 de enero. 

Sus primeros compañeros y algunos rancheros que se habían su- 
mado a la defensa, bajaron a recibirlo. Ocuparon los días siguientes 
en hacer planes y prepararse para la lucha; después, en un breve, 
pero solemne acto, juraron fidelidad a la causa. 

«Aquel fuego se propagó en un momento. Entusiastas propagan- 
distas cruzaron la región del volcán de Colima en todas sus direccio- 
nes, y llegaron a todas sus rancherías, formando en todas ellas pequeños 
núcleos de cruzados de Cristo Rey, quienes luego se dirigían a Cau- 
centla, en donde, como se ha dicho, se instaló desde luego el cuartel 
general, para recibir instrucciones de los labios de los jefes. El entu- 
siasmo era tanto y Dionisio Eduardo les hablaba con tal ardor y vida, 
que no había quien se excusara de pertenecer al ejército libertador, 
sin que les importase la falta de armas, parque y demás recursos.» ” 

En tales ocasiones hacía resaltar la obligación que contraían los 
cristeros de conducirse en todo momento con dignidad, para acreditarse 
como ejemplares soldados de Cristo Rey. 

Aquel primitivo grupo no contaba, como es de suponerse, con arma- 
mento ni equipo adecuado; cada quien portaba armas distintas, cara- 
binas calibre 38, 32-20, 44 ó 30-30, armas cortas o simplemente cuchillos. 

En estas condiciones tuvieron su primer encuentro, el 23 de enero, 
con el jefe de la gendarmería de Colima, el comandante Urbano Gó- 
mez. Éste, con el pretexto de buscar a los sacerdotes Mariano de. Jesús 
Ahumada e Ignacio Ramos, se había internado por las rancherías en 
busca de posibles alzados, pues ya era conocida la existencia del núcleo 
rebelde en la zona del. volcán. 

A su paso cometió toda clase de arbitrariedades, obligando a huir 
a los pacíficos rancheros pará saquear sus pobres chozas. Antes del 
amanecer del día mencionado cruzó por Montitlán y Montegrande sin 


Méjico Cristero - l 201- 


encontrar resistencia por parte de los vecinos al cometer sus fecho- 
rías, continuando hacia La Arena, a donde llegó a las 9 de la mañana. 

Urbano Gómez, al frente de sus sesenta hombres bien montados y 
equipados, se posesionó de la ranchería, sembrando el terror entre sus 
habitantes, que huyeron para evitar caer en la terrible balacera des- 
atada por aquellos bandoleros uniformados de policías. 

No lejos de allí quedaba Caucentla, y el sonar de los disparos llegó 
a oídos de los novatos soldados de Cristo Rey. Dionisio Eduardo Ochoa 
dispuso que inmediatamente saliese una pequeña fuerza compuesta de 
quince hombres a defender la ranchería. A paso veloz se dirigieron 
éstos al lugar del tiroteo, pero cuando llegaron allí los policías huían 
hacia Quesería. Cambiaron rápidas impresiones con Natividad Agui- 
lar, jefe local de la defensa cristera en el poblado, y se parapetaron 
tras una cerca que bordeaba una pequeña barranca. ; 
© Los policías, que se retiraban por un camino contrario, vieron que 
un hombre se ocultaba tras unas piedras y, tratando de evitar una 
emboscada, variaron el rumbo que seguían para ir a caer, precisamente, 
donde los esperaban los cristeros. 

Al grito de ¡viva Cristo Rey! y ¡viva Santa María de Guadalupe!, 
éstos dispararon sus armas contra los sorprendidos policías, que se 
dieron a la huida abandonando pertrechos, caballos y el producto de 
sus robos, con tal mala fortuna, que ocho de ellos quedaron muertos 
en el campo, y prisioneros su comandante y tres más, quienes en juicio 
sumarísimo y después. de oírlos en defensa, fueron sentenciados a 
muerte y pasados por las armas allí mismo. 

Dos expediciones enviadas por el Gobierno no se atrevieron a llegar 
hasta allá para recoger a los muertos, hasta que la intervención de 
una mujer permitió un corto armisticio para dejar que fuesen reti- 
rados los cadáveres cuando empezaban a descomponerse. A éste, que 
fue el primer triunfo alcanzado por los aguerridos cruzados del volcán, 
siguieron otros más, 

El día 31 de ese mes, ocho libertadores al mando de Dionisio 
Eduardo Ochoa y J. Natividad Aguilar, sostuvieron un combate cerca 
_ de la hacienda del Fresnal, Jal., contra seiscientos soldados federales, 
comandados por el general Ferreira, al que hicieron cincuenta y cinco 
muertos y numerosos heridos, sin que ellos sufrieran una sola baja. 

Ese mismo día, en Lo de Clemente, Col., el general Talamantes, 
con trescientos soldados, atacó a catorce libertadores al mando de 


202 Antonio Rius Facius 


“Dionisio Carbajal, que no tuvo más bajas que un muerto y un herido 
contra más de cuarenta entre muertos, heridos y dispersos que sufrió 
la fuerza atacante. . 

Casos como éste se repitieron con una frecuencia que escapa a toda 
lógica humana, si no se contara con el factor decisivo del milagro para 
ser explicados. . 

La sola enumeración de los triunfos alcanzados por los cristeros, 
desprovistos hasta de lo indispensable, haría largo, aunque no tedioso, 
este panorama increíble de la fe hecha decisión y sacrificio por aque- 
llos hombres, que se entregaron confiadamente a luchar por su Dios 
y por su patria. 

Un mes transcurrió sin que hubiese algún cambio notable en la 
región, por lo que, para propagar la defensa cristera, salió Miguel 
Anguiano Márquez a recorrer el sur y el oriente del estado. 

La difícil misión encomendada a aquel acejotaemero fue coronada 
por la formación de tres núcleos armados más en Villa de Alvarez, 
Pihuamo y Coquimatlán. Fue nombrado jefe del grupo de Villa de Alva- 
rez otro distinguido acejotaemero, J. Jesús Peregrina, quien rindió su 
juramento ante Anguiano en un lugar oculto de la capital colimense. 
De allí partió a iniciar su campaña, al frente de algunos coterráneos 
suyos, el 9 de marzo, y tuvo su primer combate en Campo Seis. 

Jefe de la región de Pihuamo y hacienda del Naranjo fue Gildardo 
Anguiano Mázquez, hermano de Miguel. 

Todos ellos unieron, días después, sus propias fuerzas, a las que 
se sumaron las de Plutarco Ramírez para atacar, venturosamente, la 
plaza de Pihuamo, la mañana del 19% de abril. 

Pronto corrió la fama de los cristeros por toda la comarca, y, para 
dehacerla, se montaron ejércitos que salieron a su encuentro; pero ni 
el general Ferreira, ni Talamantes, ni Avila Camacho lograton vencer 
a los jefes del novato ejército libertador: Ochoa, Carbajal, Salazar, 
Cárdenas, Peregrina, Ortiz, López Ramírez, Torres y tantos otros que 
merecieron la admiración y gratitud de sus coterráneos. 

No en vano la sangre de los mártires fecundaba los campos de Mé- 
jico y su ejemplo cundía y ponía ansias de martirio en la juventud. 


Sangre de martirio.—De aquellos jóvenes miembros de la Acsm, fue 
Guadalupe Delgado, oriundo del pueblo de Coquimatlán, Col., situado 
al noroeste de la capital, a una distancia aproximada de diez kiló- 


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Méjico Cristero.. 203 
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metros. Contaba dieciocho años de edad y era huérfano de padre y 
madre; vivía con sus hermanos mayores y se dedicada a las labores 
del campo. Su actividad en la acsm no había desmerecido junto a la 
de sus compañeros, siempre dispuesto al apostolado y a todas aquellas 
labores especiales ordenadas por su grupo parroquial con motivo del 
“boicot decretado por la Liga. 

A las 8 de la mañana del día 5 de abril tres jóvenes de Coquima- 
tián, montados en buenos caballos y con pistola al cinto, se dirigieron 
donde se encontraban los dos o tres policías del pueblo, los desarmaron 
y salieron al campo. Tras ellos salió el jefe de la Acordada de un pue- 
blo vecino, al que se le unieron algunos campesinos que se sumaron 
a los audaces jóvenes cristeros, i 

El día 6, antes del amanecer, entró de nuevo el grupo de alzados 
al pueblo þara aprovisionarse de armas, municiones y comestibles, y se 
retiraron a las 10 horas con rumbo al cerro del Chical. Una hora más 
tarde, el presidente y secretario del municipio llegaron al pueblo acom- 
pañados de un contingente de soldados federales, a quienes apostaron 
en sitios estratégicos para que vigilaran la salida y llegada de cualquier 
persona. Después de medio día regresaban unos jornaleros de su tra- 
bajo, ajenos al estado de alarma en que se encontraba el pueblo, cuando 
fueron aprehendidos. 

Sus familiares y amigos intercedieron por ellos, sin lograr su liber- 
tad; antes al contrario, en medio de una escolta fueron subidos a un 
camión y conducidos a la ciudad de Colima. Tras de ellos llegaron sus 
parientes y patrones, confiados en que ahí quedaría todo aclarado y 
serían puestos en libertad. Los prisioneros fueron conducidos a la Jefa- 
tura de Operaciones Militares, instalada en la antigua casa del semi- 
nario recientemente arrebatado a la Iglesia. 

El padre de J. Jesús Zárate, uno de los cuatro jóvenes campesinos, 
pidió entrar en la oficina del general para abogar por su hijo y fue 
hecho también prisionero. A todos se les interrogó insistentemente sin 
que, como era verdad, confesaran ser cristeros, 

La noche había llegado y el militar no encontró más solución, para 
concluir el asunto, que ordenar la muerte de aquellos cinco inocentes. 

Fueron sacados al amparo de la oscuridad y conducidos a la cal- 
zada P. A. Galván (ahora calzada de la Independencia), hasta un lugar 
llamado Piedra Lisa. Allí los colgaron de un sauce a cada uno; sólo 
el padre y el hijo fueron ahorcados en un mismo árbol. 


— 


204 Antonio Rius Faciús 


Amanecía el viernes 8 de abril, día de los Dolores de María, la 
Madre de nuestro Señor Jesucristo. Cinco cuerpos colgados daban 
testimonio del odio insaciable de la tiranía. Entre ellos estaba el de 
J. Guadalupe Delgado, el primer acejotaemero de Colima que ofrendó 
su vida por la causa de Cristo Rey. 

Contra el efímero triunfo de su muerte y la de sus compañeros: 
alcanzado por sus verdugos, se alzaba, en todo el estado de Colima, 
la prometedora realidad de más de quinientos cruzados, repartidos por 
las regiones del volcán. Los de Pihuamo, Cerro Grande y Zapotitlán, 
mal armados y municionados, pero confiados en la justicia de su santa 
rebelión. 

El cuartel general permanecía en Caucentla sin que las tropas fede- 
rales hubieran logrado desalojar a sus ocupantes, pues cuantas veces 
lo habían atacado, después del primer combate habido allí el 31 de 
enero, otras tantas habían sido rechazados. 

«El entusiasmo de los soldados de Cristo Rey había sido siempre 
y en todas partes desbordante: el miedo no se conocía. Cuando los eris- 
teros oían hablar de la venida del enemigo, saltaban verdaderamente 
de contento, llenos de una fe admirable, y con sus pistolas mohosas, 
sus carabinas de caja, o con lo que tenían, salían al encuentro del per- 
seguidor, sin importarles que ellos fueran ocho o diez y los. callistas 
quinientos o más; la ayuda de Dios había estado siempre a la medida 
de su fe.» *? 


XIX 


LA REBELION CRISTERA SE EXTIENDE 


Herminio Sánchez.—Pedro Quintanar.—El martirio 
del padre Correa.—Los cristeros de El Saltillo.— 
Vanguardia cristera de Parras.—Concepción del Oro, 
Zacatecas. 


Herminio Sánchez.—Pedro Quintanar, que había regresado a Hue- 
juquilla después de deponer las armas, comprendió que la situación, 
lejos de mejorar, iba de mal en peor, por lo que resolvió volver al 
campo rebelde y, el 1° de diciembre de 1926, ton gente de Valparaíso 
y de los ranchos cercanos, entró en Huejuquilla en son de guerra, se 
apoderó de armas y caballos y reforzó su incipiente ejército con sus 
antiguos compañeros y vecinos que quisieron engrosar sus filas. 

Al frente de doscientos hombres salió hacia el sur el día 8 de diciem- 
bre; el 11 llegó la columna cristera a un rancho llamado El Gato, donde, 
al siguiente día, les fue oficiada una misa de campaña por el Pbro. 
Buenaventura Montoya, para celebrar la festividad de Nuestra Señora 
de Guadalupe. 

En Huejuquilla también se conmemoró jubilosamente dicha fiesta 
religiosa. Desde la parroquia hasta el cercano cerro de Tamachaco, fue 
trasladada en solemne procesión la imagen de la Guadalupana, cele- 
brando en seguida el santo sacrificio de la misa el padre Mateo Correa. 
Entre los que asistieron a dichos actos se encontraban media docena 

' de cristeros de Sombrerete, Zacatecas. 
205 


206 Antonio Rius Facius 


Las fuerzas reunidas en El Gato se pusieron a las órdenes del ge- 
neral Herminio Sánchez, y tuvieron su primer encuentro contra los 
federales el día 14, saliendo airosos de él. 

Este jefe cristero era un acomodado agricultor que vivía en Tota- 
tiche, Jal., y gozaba de merecido prestigio entre sus vecinos por su 
honradez, valor y entereza personales, virtudes que lo señalaron para 
ser de los primeros iniciadores, en Jalisco, de la rebelión cristera. 

A. T. Sánchez P., vicepresidente del Comité Arquidiocesano de la 
ACJM de Guadalajara y emparentado con él, fue invitado por Carlos 
Blanco, acejotaemero muy allegado al Lic. Anacleto González Flores, 
-a emprender una gira de preparación para la lucha armada y eseri- 
bieron a Herminio Sánchez diciéndole que el día 25 de noviembre lle- 
garían a Totatiche. Éste comprendió el significado del mensaje y ese 
mismo día, con los hombres que pudo reunir, atacó a la guarnición de 
Tlaltenango, Jal., iniciando así su rebelión armada. 

_Con los refuerzos adquiridos en El Gato, emprendió la marcha 
hacia Colotlán, Jal. Allí se dividió la columna en dos grupos; uno 
compuesto por 105 hombres regresó a Huejuquilla y el resto se dirigió 
a Copulitón, donde, a consecuencia de un combate trabado con los ca- 
listas, fueron dispersados, pero volviéronse a reunir el día 20 de no- 
viembre en Villa Guerrero, Zac. Continuaron con variados incidentes 
su incansable peregrinación y el día 26 se enfrentaron en Las Atar- 
geas, entre Colotlán y Totatiche, a un enemigo cinco veces superior: 
53 cristeros contra 240 callistas. Causáronles 41 muertos y 30 heridos, 
pereciendo, por parte de los cristeros, el general Herminio Sánchez 
y el coronel Miguel Jaime. El general recorría sus líneas montado en 
su brioso caballo cuando fue alcanzado por una bala enemiga. Al sen- 
tirse mortalmente herido, arengó a los hombres que se acercaron a 
socorrerlo: 

—Ya me hirieron, pero no se rajen muchachos; ¡que viva Cristo 
Rey y Santa María de Guadalu...! 

Un borbotón de sangre ahogó sus últimas palabras. 

Al levantar el campo, los soldados de Cristo Rey se apoderaron 
de algunas armas y más de un millar de cartuchos, con los que refor- 
zaron sus menguados pertrechos militares. 

Ese mismo día en Huejuquilla los cristeros de Sombrerete se ente- 
raron que se acercaba a la población ùn centenar de soldados callistas 
al mando del mayor José Contreras y salieron a esperarlo en un rancho 


Méjico Cristero 207 


Hamado Jimulco; allí, los 16 católicos que formaban la fuerza rebelde, 
obligaron a huir a los federales. Seguir paso a paso los encuentros 
de los cristeros contra soldados y agraristas al servicio del gobierno 
haría interminable este relato que no pretende ser una historia del 
movimiento militar, sino un esbozo general de sus iniciación y des- 
arrollo. : 


Pedro Quintanar.—Las tropas cristeras al mando de Pedro Quin- 
tanar, movilizándose constantemente, continuaron presentando comba- 
tes en toda la región en pequeños o grandes grupos, que nunca llegaron 
a ser excesivamente numerosos, pues desde un principio la táctica de 
hacer la guerra de guerrillas les exigía gran movilidad y pocos con- 
tingentes. 

El día 4 de enero de 1927 salió de Huejuquilla el coronel Quintanar 
con 90 hombres de Sombrerete, Chalchihuites y Valparaíso para reco- 
rrer, en son de guerra, pequeñas poblaciones, presentar varios com- 
bates y regresar, triunfalmente, al lugar de partida el día 20 de ese 
mismo mes. 

El día 25 los federales y agraristas armados de Valparaíso y otros 
ranchos atacaron Huejuquilla, apoderándose de la población al final 
de un día de fiero combate. Los defensores, en su retirada, lograron 
dominar a la escolta que resguardaba Timulco y apoderarse de 1,200 
cartuchos y 6 armas de otros tantos soldados muertos, pero no pudie- 
ron, de momento, recuperar su centro de operaciones, que fue ocupado 

- el día 29 por una guarnición de 150 hombres. 

Este continuo combatir tenía al mayor callista José Contreras exas- 
perado; la zona militar a su cargo era un verdadero polvorín y veía 
rebeldes por todos lados. Cuando regresó a Valparaíso injurió a unas 
señoras que en la puerta de su casa habían puesto la inscripción: “¡Viva 
Cristo Rey!” Necesitaba encontrar a quien responsabilizar del movi- 
miento armado en contra del gobierno y dar cuenta, a su superior inme- 
diato, el general Eulogio Ortiz, de un triunfo definitivo. 


El martirio del padre Correa.—La simpatia y cariño alcanzados por 
el padre Mateo Correa entre la gente de la región, por su incansable 
apostolado e innata bondad, pronto lo hicieron blanco de la ira de los 
militares callistas, quienes le atribuyeron la jefatura de una rebelión 
en la que ciertamente no había tomado parte activa alguna. 


208 poe Antonio Rius Facius 


El Pbro. Mateo Correa Magallanes, párroco de Valparaíso, se ha- 
llaba, desde el 23 de diciembre de 1926, en la hacienda de San José 
de Sauceda. El día 30 de enero de 1927 un ranchero fue a pedirle que 
fuese a confesar a su madre, que yacía gravemente enferma. Sin hacer 
caso del peligro que corría al abandonar su refugio, comunicó su deseo 
a José María Miranda, propietario de la hacienda, quien se ofreció a 
acompañarlo; tomaron un boguecito de cuatro ruedas que uncieron a un 
tronco de mulas y partieron a San Antonio de Sauceda, para de allí 
tomar el camino que conduce a La Manga, punto final de su viaje. 

. Al bajar la mesa de San Pedro se encontraron con el malhumorado 
mayor. Contreras, que venía rumiando su derrota al frente de su pol- 
vorienta tropa. Alguien identificó a los viajeros aunque éstos inten- 
taron eludir un interrogatorio, pero al abrir una petaquilla que Heva- 
ban, encontraron en ella los santos óleos, la bolsa de corporales, una 
patena y un mantel. El mayor José Contreras los obligó a regresar, 
al frente de la tropa, por donde habían venido. En la hacienda toma- 
ron un automóvil del hacendado y subieron a él acompañados por la 
madre de Miranda y la hermana del padre, quienes después de ir de 
Herodes a Pilatos, suplicando al general Ortiz la liberación de sus 
deudos, tuvieron que regresar a la hacienda al final de su fracasada 
peregrinación. . 

Custodiados por tres soldados fueron llevados los prisioneros a Fres- 
_nillo, Zac., donde llegaron a las 5 de la tarde, y se les encerró en la 
enfermería de la cárcel. El día 1% de febrero los sacaron para con- 
ducirlos en el mismo automóvil en que habían hecho el viaje a Fres- 
nillo, sólo que esta vez dicho auto estaba sobre una plataforma de 
ferrocarril. . 

A las once de la noche llegó el tren militar que conducía las últi- 
mas tropas del general Eulogio Ortiz que estaban en Zacatecas y 
se dirigían hacia Durango, pues se le había cambiado de Jéfatura de 
Operaciones. A este tren fue enganchada la plataforma que transpor- 
taba el auto, en la que viajaban también numerosos soldados. Toda 
esa noche y el día siguiente duró el pesado recorrido hasta la ciudad 
de Durango, y allí, trepados en aquel incómodo coche, permanecie- 
ron los dos prisioneros. Al amanecer se les condujo al cuartel y pos- 
teriormente al antiguo seminario, ocupado por la Jefatura de Opera- 
ciones Militares de Durango que servía, a la vez, de: cárcel militar. 

En la noche del 5 de febrero el padre Correa fue sacado de su 
prisión, despidióse de su amigo José María Miranda y bendijo a sus 


Méjico Cristero + 209 


compañeros de reclusión, Llevado a la presencia del general Eulogio 
Ortiz, le dijo éste: 

«—Primero va usted a contes a esos bandidos rebeldes que ve 
allí y que van a ser fusilados en seguida, después veremos lo que hace-. 
mos con usted. 

»El buen sacerdote confesó y alentó a bien morir a aquellos valien- 

tes católicos, que habían sido hechos prisioneros al luchar con las armas 
en la mano en defensa de su fe. 
* »—Ahora —dijo el militar al sacerdote—, va usted a revelarme lo 
que esos bandidos le acaban de decir. 

»—Jamás lo haré —respondió indignado el párroco. 

»—¿Cómo que jamás? —replicó irritado el general—. Voy a man- 
dar que lo fusilen en seguida, 

»—Puede usted hacerlo —concluyó el mártir—, pero no olvide que 
un sacerdote debe guardar el secreto de la confesión. Estoy dispuesto 
a morir. 

»Horas después, al comenzar el 6 de febrero de 1927, entre cuatro 
y cinco de la mañana, lo sacaron de su prisión en un auto sin que la 
gente se diera cuenta y, a un kilómetro de distancia del panteón, lo 
mataron.» ** 

Así murio, mártir del secreto de la confesión, aquel anciano sacer- 
dote que había sido condecorado, el 17 de julio de 1926, con el distin. 
tivo de la acim, por el Grupo Local de Valparaíso. 

Milagrosamente, no obstante el deseo sanguinario del general Ortiz, 
salió libre, a los pocos días, José María Miranda. 


Los cristeros de El Saltillo.—Antonio Acuña Rodríguez, no obstante 
carecer de recursos económicos, hizo dos viajes a la capital de Méjico 
desde Saltillo, Coah., en su calidad de delegado local de la Liga, para 
recibir instrucciones de los altos jefes de la misma sobre el levanta- 
miento que, unánimemente, se planeaba en las principales ciudades de 
la República. 

El domingo 2 de enero de 1927 prestó juramento a la bandera de 
. Cristo con todos sus jóvenes compañeros, casi todos acejotaemeros 
como él, y después de confesar y comulgar terminó los últimos prepa- 
rativos para emprender su heroica jornada. 

Al romper el alba del 3 de enero partieron de una finca cercana a 
la ciudad de El Saltillo, hacia la sierra de Arteaga, los cuarenta y dos 
* méxico crusremo.—14 l 


210 ' Antonio Rius Facius 


inexpertos cruzados que componían el grupo; número insuficiente para 
apoderarse de la ciudad y dar cumplimiento, así, a la parte del plan 
general que les correspondía ejecutar, consistente en tomar simultá- 
neamente El Saltillo y Parras, Coah., y Concepción del Oro, Zac., para 
presentar con estas ciudades un frente estable a lo largo de la región 
norte de la República. 

El 12 de enero llegaron a Huamúchil, Coah. Eran 56 hombres al 
mando de Luis Cadena, a quien nombraron coronel, y de Eusebio Flo- 
res, al que reconocían como teniente coronel. El cargo de pagador le 
fue dado a Antonio Acuña. A-las dos de la tarde fueron sorprendidos 
y atacados por un destacamento callista, y tu- 
vieron que dispersarse debido a la escasez de 
parque y su inexperiencia militar; dividié- 
ronse en dos grupos, uno al mando de Luis 
Cadena, y otro, formado por siete hombres, 
a las órdenes de Eusebio Flores; entre éstos 
quedó Antonio Acuña, quien, acompañado de 
Teodoro Segovia, fue enviado a localizar el 
grueso de la expedición. 

La noche los sorprendió en lo alto de la sie- 
rra y allí pernoctaron. En la madrugada del 


Antonio Acuña Rodriguez, ; é : j 
de la acim de Saltillo, día 13 emprendieron su camino hacia el ran- 


Coah., fusilado en la ha- cho El Cedrito, en el que fueron hechos prisio- 


cienda El Cedrito, Coah., 


el 13 de enero de 1927. Neros e interrogados. Al ser registrado Acuña, 


le fueron recogidos una libreta con los nom- 
bres de todos sus compañeros, manifiestos de la Liga y otros docu- 
mentos comprometedores. Y sin darles oportunidad para defenderse, 
se les sentenció, entre insultos procaces, a morir fusilados. 

Antonio pidió a sus verdugos la gracia de escribir una carta a sus 
familiares. En aquellos momentos debió de pasar por su mente la breve 
historia de su vida. Había nacido en El Saltillo, capital del estado de 
Coahuila, el 17 de enero de 1905. Iba a cumplir, por consiguiente, 
22 años y era hijo de Manuel Acuña Bosques y Sara Rodríguez de 
Acuña. Cuando tenía seis años ingresó como párvulo en una escuela 
municipal y al siguiente año comenzó su primaria con los padres je- 
suitas en el colegio de San Juan Nepomuceno. Allí hizo su primera 
comunión el 8 de diciembre de 1912, día de la Inmaculada Concepción 


de María 


Méjico Cristero 


211 


` 


En 1914 la Revolución clausuró el colegio y pasó al “Miguel Hidalgo” 
para terminar, después, sus estudios superiores en el Colegio Cató- 
lico de la Paz. En la misma ciudad de El Saltillo recibió clases del 


capellán del santuario, presbítero 
Francisco Recio, ayudándolo a 
cambio en la Escuela Doctrinal, 
distinguiéndose por su obediencia, 
aplicación y buena conducta. 

En 1917 murió su madre y en 
1919 su padre. Dos años después 
contrajo matrimonio su hermano 
mayor, Francisco, y él quedó al 
frente de sus hermanos menores. 

La acsm había sido para Anto- 
:nio campo fecundo de activida- 
des. En el Comité Diocesano de la 
Asociación estuvo trabajando al- 
gún tiempo en su revista Militia, 
-y cuando escuchó el llamado de 
su conciencia para salir en de- 
- fensa de su fe y de su patria; se 
entregó de lleno al destino que 
"Dios le señalaba. 

Aquella carta, escrita momen- 
tos antes de morir, no llegó jamás 
a su destino, pues sirvió de escar- 
nio y mofa a los esbirros que lo 
habían apresado. 

Acuña escogió el lugar del fu- 
silamiento en una de las colinas 
cercanas al rancho, bajo el follaje 
de un viejo pino. De pie, frente a 


SUR, 


Lugar donde fue fusilado Antonio Acu- 
ña. En ese féretro fueron trasladados 
posteriormente sus restos al cementerio 


de Saltillo. 


sus verdugos, pronunció estas palabras, que eran síntesis y plegaria 


de su propia vida: 


—Ustedes son soldados pagados, son del mal gobierno y van a dis- 
parar sus armas contra mí, que soy soldado de Cristo Rey. Tal vez 
entre ustedes haya algunos católicos que van a matar a un hermano; 
pero ustedes no son culpables, pues cumplen sólo un deber, obede. 


212 ` Antonio Rius Facius 


ciendo la orden de su jefe, como yo obedezco al Mío, y en estos mo- 
mentos voy a darle cuenta... 

Y vitoreando a Cristo Rey, Antonio cayó atravesado por las balas 
asesinas. 

Teodoro Segovia, su compañero de la acm y de su locura de amor 
divino, corrió la misma suerte cinco horas más tarde en el mismo lugar 
en que había sido sacrificado Acuña. 

Frente al pelotón de fusilamiento Teodoro gritó con alegría cristiana: 

—Yo he venido a pelear por la Virgen de Guadalupe y Cristo Rey, 

- ¡viva Cristo Rey! 

Allí mismo fueron sepultados los mártires, y aquel lugar se con- 
virtió en secreto santuario hasta que, el 19 de septiembre de 1929, fue- 
ron trasladados sus restos al panteón de San Esteban, en la ciudad de 
El Saltillo. 

Los alzados, mientras tanto, continuaron su accidentado camino de 
lucha y sacrificio, pero la falta total de recursos y la incomprensión 
de muchos los hizo abandonar, poco a poco, su heroica aventura, hasta 
quedar dispersados, definitivamente, a mediados de aquel mismo año. 


Vanguardia cristera de Parras.—Parecida cosa sucedió con los ace- 
jotaemeros de Parras, Coah., que se lanzaron contra el gobierno tirá- 
nico y perseguidor. 

Eran solamente 35 hombres decididos y confiados los que, al grito 
de ¡viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! conquistaron, en 
un golpe de audacia, la ciudad, atacando por sorpresa a la policía y 
principales autoridades. 

El espíritu indómito, fervoroso y justiciero de la Asociación Cató- 
lica de la Juventud Mejicana había hecho posible la realización de tal 
empresa. 

Un grupo numeroso de acejotaemeros había llegado, el 3 de enero, 
a la decisión de dar su vida, si fuese preciso, a cambio de las liberta- 
des esenciales que les estaban vedadas al pueblo mejicano. 

El día 4, sin embargo, tuvieron que abandonar la ciudad porque se 
acercaba un tren militar que conducía a gran número de soldados 
callistas, a los que no estaban en condiciones de combatir, como lo 
habían hecho el día anterior, contra grupos aislados de atacantes a 
quienes habían ahuyentado. Se retiraron al rancho de La Soledad y allí 
pasaron lista de presentes cerca de cuatrocientos cristeros, la mitad a 


Méjico Cristero 213 


` caballo, aunque todos mal armados y peor municionados. Los de caba- 

llería se fueron rumbo al estado de Zacatecas y la infantería se remontó 
a las sierras vecinas. 

El día 8 acordaron formar pequeños grupos de ocho a diez hombres 

, para evitar un encuentro con las tropas federales que, en gran número, 

se acercaban a combatirlos. Dejo, en este punto, la palabra a Isidro 

Pérez Vázquez, acejotaemero que marchaba con los cristeros de Parras: 

«En uno de los grupos al mando de Antonio Muñiz, llegamos a un 
lugar que se conoce por el cañón de “La Cachetada”, donde nos tendió 
el enemigo una emboscada; nos defendimos lo mejor que se pudo y a 
cuerpo descubierto, pues es un lugar donde no se encuentra ni una 
sola roca donde defenderse, ya que solamente abunda la lechuguilla. 
En el grupo, además del jefe, iban José Rodríguez, José y Francisco 
Juantos, José Dolores Rodriguez, Plácido Arciniega, Juan Silva, Fran- 
cisco Guzmán, Jesús Rosales, Dionisio López e Isidro Pérez Vázquez, 
viendo lo irremediable, pues estábamos completamente cercados, caí- 
mos prisioneros, con excepción del compañero López que logró escapar. 

»Inmediatamente nos iban a fusilar, pero al poco tiempo dieron la 
orden de ponernos en marcha, habiendo llegado a la hacienda de San 
Carlos metiéndose el sol. La hora del encuentro con los callistas fue 
como a las ocho de la mañana. Llegando a esta hacienda, la gente de 
este lugar nos llevó mucho que comer, lo cual hicimos hasta hartarnos, 
pues en todo el día no habíamos tomado alimento porque no nos lo 
permitieron; nos llevaban a pie en medio de la tropa, soportando los 
insultos e injurias de todo género. 

»El día 10 nos condujeron a esta ciudad a donde creímos que nos 
irían a juzgar sumariamente para cubrir las apariencias, mas no suce- 
dió así, pues cuál no sería nuestra sorpresa que al llegar al panteón 
de esta ciudad, nos formaron el cuadro y nos fusilaron, excepto a Jesús 
Rosales, que le ordenaron retirarse del cuadro, y digo nos fusilaron 
porque el que esto escribe también recibió las descargas de ley, inclu- 
sive el tiro de gracia, que fue el único que me dieron, pues de las des- 
cargas no recibí ninguno, y no me explico el por qué caí, tal vez la 
impresión o los nervios me impulsaron a caer. 

»Fue de la manera siguiente: estaba yo caído, dándome perfecta 
cuenta de todo, cuando alguien de los mirones dio la voz de alarma 
de que uno estaba vivo, entonces uno de los oficiales que ordenaron 
la ejecución le dice a otro: dales un balazo en la cabeza a cada uno 


7 


214 i Antonio Rius Facius 


de estos tales, y así lo hizo, pero al llegar conmigo, tuvo que cortar 
cartucho tres veces, pues los cartuchos no reventaban; entonces el ofi- 
cial vuelve a ordenar que lo haga con la pistola y entonces sí recibí 
el impacto, solamente que como estaba de lado, el balazo entró por 
medio de la frente y salió por el parietal izquierdo, llevándome de paso, 
mi dedo meñique de la mano izquierda en la cual traía un anillo; de allí 


Los socios del grupo local de la ACJM de Sta. María de las Parras, Coah., Ricardo 
Morales y Manuel Avila Verástegui, fusilados en Río Verde, S. L. P., el 24 de 
marzo de 1927, 


nos levantaron para sepultarnos, pero al hacerlo se dieron cuenta de 
“que aún vivía yo y se me llevó al hospital de la ciudad, donde estuve 
tres meses hasta no reponerme para luego salir de contrabando a los 
Estados Unidos, ya que los enemigos estaban esperando que yo mejo- 
Tara para terminar con mi existencia.» * 

Los que murieron por defender la causa de Cristo Rey, fueron: 

Francisco Guzmán, nativo de Parras, de 36 años de edad, socio del 
Grupo Local de la acsm “José María de Jesús Portugal” y jefe de la 


Méjico Cristero 215 


_LNDLR èn esa ciudad; miembro, además, de la Adoración Nocturna y 
de la Confederación Nacional Católica del Trabajo. 

Antonio Muñiz, también originario de Parras, de 47 años de edad, 
jefe del grupo cristero apresado. 

Juan Silva García, nativo de la hacienda de La Concepción, S.L.P., 
de 26 años, casado y padre de un niño recién nacido, acejotaemero y 
miembro de la Confederación Nacional Católica del Trabajo. 

- Plácido Arciniega, acejotaemero parralense de 18 años de edad. 

José y Francisco Juantos Solís, de Parras, Coahuila, de 20 y 18 
años de edad, respectivamente, y miembros ambos del Grupo Local 
de la acim “José María de Jesús Portugal”. 

José Dolores Rodríguez, paisano y compañero de los hermanos Juan-, 
tos, de 25 años de edad. 

José Rodríguez González, parralense de 46 años, padre de una pe- 
queñita. 

No serían, sin embargo, los anteriores las únicas víctimas de la 
-defensa católica en Coahuila. 

El día 20 de ese mes fue hecho prisionero Antonio Verástegui, y 
fusilado, sin formación de causa, a las 4 de la mañana del día 21 en 
la alameda de la ciudad de Parras, Coah., por el delito de ser socio 
del glorioso Grupo Local de la acsm y miembro de la: jefatura local 
de la LNDLR. 


Concepción del Oro, Zacatecas.—El fracaso sufrido por los compro- 
metidos en el movimiento de Concepción del Oro, Zac., resultó, aun-. 
que menos sangriento, no menos real. 

Desde mediados del mes de octubre de 1926 había estado allí Antonio 
Acuña para conferenciar con el presidente del Grupo Local de la acym, 
Sixto Juárez, sobre los pormenores de un levantamiento militar coordi- 
nado. Todos los acejotaemeros del lugar respondieron con entusiasmo 
al llamado que se les hizo y se aprestaron a llevar adelante la conjura. 

A principios de noviembre de 1926 visitó Sixto Juárez al Pbro. 
Nicolás Montaño, párroco del mineral de Aránzazu para que él hablase 
con los obreros católicos de allí, y en el mineral de Salaverna enco- 
mendó igual tarea a Sixto Ortiz, quien, al saberse descubierto por las 
autoridades, tuvo que huir para no ser aprehendido. 

El día último del año de 1926 se dio aviso a los de Aránzazu para 
que, al día siguiente, se levantaran en armas, de acuerdo con la orden 


216 l Antonio Rius Facius 


recibida por el jefe del norte de Saltillo. A las 3 de la mañana los cris- 
teros de Concepción del Oro tomaron las posiciones que previamente 
_les habían sido asignadas y, combatiendo con arrojo y entusiasmo, lo- 
graron dominar la situación y hacer huir a la guarnición de la plaza. 

Por su triunfo se echaron al vuelo las campanas y los vivas a Cristo 
Rey y Santa María de Guadalupe atronaron el espacio. Al término de 
seis horas de combate desigual habían vencido los novatos cristeros, 
casi todos ellos pertenecientes a la AcM. Al medio día llegaron cua- 
renta muchachos de Aránzazu, bien montados y armados, bajo el mando 
de Ambrosio Magallanes. Los de Concepción del Oro, sin embargo, 
no obstante ser más de cien, no tenían armas ni municiones sino unos 
veinte de ellos. 

-El golpe de El Saltillo había fallado y de allí salió un tren con 
fuerzas del Gobierno a combatir a los cristeros de Concepción, por lo 
que, el día 2, éstos se replegaron hacia el mineral. Aquel fue el co- 
mienzo de un éxodo que. duró pocos días. Los cristeros, acosados por 
fuerzas superiores y bien organizadas, se desintegraron hasta desapa- 
recer totalmente aquel primitivo grupo. 

El saldo de aquel fracaso fue: fusilados en Mazapil, Joaquin Zavala 
y Máximo Silva; en Puerta Mina, de San Carlos de Aránzazu, David 
Salinas, y en El Cobre, Refugio Sánchez. 

El comienzo en firme de la lucha armada sembró de héroes y már- 
tires la región, que sirvieron, sin embargo, como ejemplo y acicate 
para otros. Ningún sacrificio resultó estéril en el resurgimiento cató- 
lico de un pueblo que, indefenso, despertaba de su letargo para de- 
fender los derechos de Dios y de su patria, mancillados por el odio- 
satánico de los perversos. 

Si bien se había detenido de momento la fuerza de la rebelión en 
algunas partes, en otras en cambio, cobraba amenazadora potencia. 


XX 


LOS CRISTEROS DEL AJUSCO 


Armando Téllez Vargas.—Solemne juramento.—La 
campaña.—El Diario de Manuel Bonilla.—En las ga- 
rras del enemigo. i 


Armando Téllez Vargas.—Cuando en enero de 1923 fue expulsado 
de Méjico, con injusticia manifiesta, el delegado apostólico Mons. Er- 
nesto E. Filippi, por haber bendecido la primera piedra del monu- 
mento a Cristo Rey que se alzaría en el Cerro del Cubilete, Armando 
Téllez Vargas, acejotaemero del Centro de Estudiantes Católicos de la 
ciudad de Méjico, envió. un viril telegrama de protesta al entonces pre- 
sidente Alvaro Obregón, al que contestó el interpelado diciendo que 
la expulsión del delegado apostólico no debía interpretarse como un 
ataque a las creencias del pueblo mejicano, sino como la exigencia de 
dar cumplimiento a las leyes del país. Este telegrama lo recibió Téllez 
Vargas en la sexta comisaría, donde estaba detenido con dos compa- 
ñeros más de la acm por el delito de repartir en la calle hojas de 
protesta, y allí mismo redactó y entregó a su padre, para que lo depo- 
_sitara, el siguiente telegrama: i 

«Señor Obregón. Palacio Nacional. 

»Su telegrama de ayer revela hipocresía e incultura Gobierno que 
preside y suya personal.» 

A este desafiante mensaje contestó Obregón: 

«Pueblos tienen gobierno que se merecen.» 

217 


218 ` Antonio Rius Facius 


Armando Téllez Vargas comentó, al enterarse del contenido de este 
cinico telegrama: 

—Tiene razón, los católicos somos unos cobardes que merecemos 
este gobierno y otro peor todavía. 

Y reanudó con mayores bríos su entrega apasionada a la recon- 
quista de los derechos que la Revolución había arrebatado a los cató- 
licos. 


¿Qué había, pues, de extraño que fuese nombrado delegado regio- 
nal de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa en el Dis- 
trito Federal y que, cuando comprendió que no era suficiente la lucha 
cívica, se lanzase con entusiasmo y decisión al campo de la defensa 
armada? f 

Desde niño había ingresado en la acym en el Centro de Estudian-. 
tes Católicos; ahí se inició en el estudio de la religión y las cuestiones 
sociales con tal aprovechamiento que, antes de cumplir los 20 años de 
edad, era colaborador asiduo de la página editorial del diario Excélsior 
y posteriormente de El País, hasta que este último fue confiscado por 
la crom. 

«Lo que en Armando Téllez Vargas sobresale —escribió su gran 
amigo y compañero, Fernando Díez de Urdanivia—, y puede ser con- 
siderado como la nota característica de su personalidad, es su vehe- 
mente amor a la causa del bien, es decir, a la causa de Cristo. 
` »Por ese amor violentó su juventud, haciéndose prematuramente 
hombre y lanzándose con arrestos de una edad superior; por ese amor 
cortó carrera, saltó sobre su porvenir y, entre los halagos de una posi- 
ción holgada, se consagró en cuerpo y alma a trabajar por la libertad 
del pueblo oprimido.» ** 


A fines del año de 1925, su hermano Jo orge había marchado a El Paso, 
Tejas, invitado a colaborar en el diario El Pueblo, que editaba el ace- 
jotaemero tapatío Pedro Vázquez Cisneros. Pero la prohibición hecha 
por el gobierno callista de que fuese vendido el periódico en territorio 
mejicano, hizo fracasar la empresa, y tuvo entonces Jorge que ganar su 
sustento en otras actividades hasta que, en septiembre de 1926, recibió 
la noticia de la trágica muerte de sus amigos Joaquín de Silva y Ma- 
nuel Melgarejo; Armando, su hermano, le hizo saber su resolución de 
preparar un movimiento bélico, invitándolo a tomar parte en él. Jorge 
aceptó y antes de regresar a su patria, visitó a René Capistrán Garza 
para ver qué podía ofrecérsele, 


Méjico Cristero . 3 219- 


El 1? de noviembre, de regreso en Méjico, Jorge informó a sus 

más allegados compañeros en la acm lo que René habíale dicho antes 
de partir. A media quincena del mes de diciembre llegó a la capital 
Camilo Verdín, acejotaemero de Guadalajara, enviado por Capistrán 
Garza. Nueva reunión, esta vez en unos billares; mientras jugaban 
escucharon los allí reunidos este mensaje: «Sus gestiones en los Esta- 
dos Unidos van por muy buen camino; pero es indispensable que pueda 
presentar algo creado y, por lo mismo, es necesario que para el día 12 
de año haya el mayor número posible de levantamientos.» 
En la casa de Mauricio Baz Viaud, avenida Isabel la Católica 20, 
se reunieron la noche del 28 de diciembre de 1926, Octavio Elizalde, 
- Luis Segura Vilchis, Manuel Bonilla, Armando, Jorge y Rafael Téllez 
Vargas, Manuel Velázquez, Armando Ayala y algunos más, todos miem- 
bros activos y entusiastas de la ac3m, para preparar su próximo levan- 
tamiento. Contaban para ello, según informó Bonilla, con el ex general 
zapatista Manuel Reyes y su hermano Gabino, a quienes la religiosa 
Concepción Acevedo —que andando el tiempo habría de ser mundial- 
mente conocida como la madre Conchita— había catequizado y espe- 
raban que se les ordenase empuñar las armas para lanzarse a la lucha 
con unos cuantos hombres bajo su mando; todo lo que pedían eran 
armas y cartuchos. 


Elizalde informó, a su vez, que contaba con el ex general federal 
Rasgado para iniciar un movimiento en Oajaca el siguiente mes de 
abril, a lo que replicó Armando Téllez Vargas: 

—Entonces nos uniremos todos a Manuel Reyes, pues no podemos 
esperar tanto tiempo al general Rasgado, quien a lo mejor ni siquiera 
llega a levantarse. 

Octavio intentó hacer valer su carácter de presidente general de la 
Asociación para convencer a sus compañeros de la conveniencia de espe- 
rar a que el general Rasgado iniciara su lucha armada; visiblemente 
contrariado y levantando la voz se encaró a Armando: 

—Ustedes están locos, se van a morir de hambre como perros; y tú, 
Armando, no lo tomes como maldición; pero no durarás ocho días en 
el Ajusco. 

—No te enojes, peloncito —le respondió éste con la cariñosa con- 
fianza que le tenía—, tenemos que hacer algo y pronto, y lo haremos. 
Además, para morir por Dios, lo mismo da el Ajusco que Oajaca o 
que cualquiera otra parte. 


220 - . Antonio Rius Facius 


La opinión unánime y optimista de sus compañeros convenció a 
Octavio, quien, al abrazarlos para despedirse, les dijo: 

—Está bien, muchachos, perdí y lo siento; voy a informar al padre 
Bergoénd de su determinación. 

El día 31, la mayoría de los conjurados, oyeron misa y comulgaron 
devotamente en el convento clandestino de la madre Conchita, quien 
entregó a Manuel Bonilla una hermosa bandera nacional en cuyo cen- 
tro, por un lado, estaba bordada la imagen del Sagrado Corazón y, pór 
el otro, la de Nuestra Señora de Guadalupe. 

Algunos muchachos intentaron despedirse del padre Bergoénd, pero 
no lograron encontrarlo. A las diez de la noche, Bonilla, con otros com- 
pañeros suyos de la acim de Tlalpan —Pedro y Manuel de la Rosa, 
Antonio Martínez Anaya y Luis Castro Becerril—, aguardaban la lle- 
gada del resto de los comprometidos en un bosquecillo llamado el 
Cedral. Poco a poco fueron juntándose los acejotaemeros de Ixtapa- 
lapa, Portales, Coyoacán y Centro de Estudiantes. Entre éstos estaban 
Armando y Jorge Téllez Vargas, Nahum Lamberto Ruiz y Armando 
J. Ayala. El recuento de armas dio el siguiente resultado: 8 máuseres, 
7 carabinas 30-30; 2 escopetas de retrocarga y 9 pistolas de distintos 
calibres, que fueron repartidas entre los 32 componentes de aquel grupo 
inicial de guerrilleros. 

A las doce de la noche los silbatos de las fábricas y las locomoto- 
ras anunciaron el nacimiento del nuevo año y, a la voz de ¡viva Cristo 
Rey!, se dio la orden de marchar. 

¡Qué angustiosa alegría la de aquellos jóvenes cruzados cuando 
avanzaban por el monte rumbo al sacrificio en aras de su fe! 

A las dos de la madrugada pasaron por un pueblecillo llamado San 
Pedro Mártir e iniciaron el ascenso a la montaña, tropezando, en me- 
dio de la oscuridad, con las piedras y accidentes del camino. Al ama- 
necer llegaron al cerro del Chitle. Durante un breve descanso, Armando 
Téllez Vargas reunió a su hermano Jorge, Manuel Bonilla, Arman- 
do Ayala, Mauricio Baz y Nahum Ruiz para revelarles que había visto 
al padre Bergoénd, pero que éste le había suplicado que no los llevase 
a Su presencia porque no habría podido resistir las despedidas y que 
les enviaba una moneda de oro de $20.00 para cada uno. Terminado 
el descanso, continuaron el ascenso hasta el rancho de Las Campanas, 

.donde los esperaba el general Reyes con diez hombres más. Juntos 
reanudaron la marcha hasta llegar a la cumbre para establecer su cam- 


Méjico Cristero 224 


pamento en el Pico del Aguila. Al atardecer, cuando el sol prendía 
fuego dorado en el valle y la montaña se estremecía con el viento frío 
de enero, se pasó lista de presentes, a la que contestaron los nombra- 
dos con el grito de ¡viva Cristo Rey! 


Solemne juramento.—Formada aquella heterogénea tropa, Bonilla 
colocó en sus astas dos banderas nacionales y leyó con voz emocio- 
nada el manifiesto de René Capistrán Garza; tomó después Armando 
Téllez Vargas una de las banderas y, frente al general Reyes, pro- 

* nunció estas palabras: 

—«Señor general don Manuel Reyes, ¿jura usted por su honor de 
hombre, de militar y de católico sostener y defender, aun a costa de su 
- vida, el manifiesto que se acaba de leer, defender la causa de la Reli- 
gión Católica, Apostólica Romana y evitar en lo posible causar daños 
en sus propiedades o vidas a los ciudadanos pacíficos?» 

Emocionado hasta las lágrimas, respondió el general Reyes con voz 
rotunda: 

«—¡Sí, lo juro! 

»—Si así lo hiciéreis que Dios y la patria os lo premien, y si no 
que ellos os lo demanden» —finalizó Téllez Vargas. 

Todos los presentes desfilaron para besar, como callado juramento, 
los pliegues de la bandera; después prorrumpieron en ¡vivas! a Cristo 
Rey, a la Virgen de Guadalupe, a la Liga, a Capistrán Garza y al 
general Reyes. 

Antes de entregarse al reposo rezaron ese frío amanecer, como 
siempre lo hicieron los ejércitos cristeros, el santo rosario. 


La campaña.—El 2 de enero bajaron al pueblo del Ajusco, requi- 
saron algunos caballos y armas y continuaron su marcha hasta la carre- 
tera que conduce de Méjico a Cuernavaca, 

El tránsito automovilístico en aquella época y por aquella carre- 
tera que seguía el mismo trazo dado desde tiempo del Imperio de Maxi- 
miliano, era sumamente escaso, pues ni los automóviles eran lo sufi- 
cientemente cómodos y eficaces para transitar por estas carreteras, sin 
asfalto en muchos tramos, ni el turismo había hecho de Cuernavaca la 
ciudad concurridísima que es hoy. 

Así, pues, en un tiempo relativamente largo, no cruzaron por ahí 
más de una veintena de automóviles, que fueron detenidos por aque- 


222 Antonio Rius Facius 


llos aguerridos cruzados que guardaban, por sus procedimientos inusi- 
tados, gran similitud con los caballeros medievales. 

Con todo comedimiento pedian a los viajeros la ayuda que buena- 
mente quisieran proporcionarles y, después de repartirles el manifiesto 
impreso de Capistrán Garza, los dejaban continuar. su camino entre 
vítores a Cristo Rey. Con poquísimo provecho económico abandona- 
ron, al anochecer, la carretera, para seguir su caminata hasta el cerro 
de El Chichinantzin, donde pernoctaron. 

El día 3 hizo el general Reyes, acompañado de unos cuantos hom- 
bres, una incursión a un pueblo cercano en busca de alimentos, de los 
que dieron pronta y buena cuenta los cristeros, que se quedaron allí 
en espera del general Vigueras, que había ofrecido unírseles. 

La noche del 4 de enero salieron a explorar el terreno el general 
Luis Castro, el coronel Reyes, hermano del general del mismo ape- 
llido, el mayor Copado, Armando Téllez Vargas y cinco hombres más. 
A su regreso fueron sorprendidos por sesenta soldados del 15% regi- 
miento al mando del coronel Anselmo Macías Valenzuela que los atacó 
sin darles tiempo a defenderse, persiguiéndolos hasta llegar al pueblo 
de Tulmiac, en donde les causó cinco bajas, entre ellas el general Luis 
Castro. Armando Téllez Vargas fue hecho prisionero y conducido a la 
presencia del capitán callista Gregorio Vargas. Éste le preguntó por 
quién peleaba, a lo que respondió Armando que por Cristo Rey. Esto 
encolerizó al capitán Vargas y retó a su prisionero a que gritara: 
¡Viva Cristo Rey! 

Armando, con voz firme y clara repitió el amado viva al Rey de 
reyes; entonces aquel asesino vestido de militar le vació la carga de su 
pistola en la cabeza, quebrando aquella provechosa vida de 22 años. 

Mientras tanto, el coronel Reyes y el mayor Copado, que habían 
podido escapar de la refriega al galope de sus caballos, llegaron al 
sitio donde los aguardaban sus compañeros y les dieron noticia del 
encuentro tenido con los callistas. 

Ante el peligro inminente de ser atacados se organizaron rápida- 
mente para la defensa; así, cuando llegaron los soldados federales, los 
recibieron con una descarga cerrada que les causó numerosas bajas y 
los hizo volver grupas a sus caballos, dejando abandonados en el campo 
a sus muertos y heridos, quince máuseres con su respectiva dotación 
de parque, ocho monturas y siete caballos ensillados, que fueron reco- 
gidos por los libertadores. 


rà A E ii e dis EA - 
Méjico Cristero 223 


— T 


Los cristeros se retiraron hacia el cerro del Capulín, al que llega- 
ron en la madrugada del día siguiente. 

Los cadáveres de Luis Castro, Armando Téllez Vargas y los de los 
otros católicos fueron despojados de todas sus ropas y colgados de 
los árboles de la serranía junto con los quince callistas muertos, a los 
que también desnudaron para que no fueran identificados y hacer creer 
que todos eran católicos para ocultar, de este modo macabro, la derrota. 

El cadáver de Luis Castro pudo ser recuperado a los tres días por 
sus familiares para darle cristiana sepultura, no así el de Armando, 
que se perdió para siempre, pero ¿qué importaba si su memoria no 
habrá de perecer jamás? 

El mejor epitafio que pudo escribirse sobre su ignota sepultura 
lo hizo con pluma conmovida Elena Gómez Puente de Jiménez: 


«Hermanito bueno... con qué mansedumbre 
nuestra madre santa le dijo al Señor: 
por el hijo amado que murió en la cumbre 
bendice Tu causa, que es causa de amor! 
»Por lecho las rocas, los cardos, los hielos... 
todo revestido de serenidad 
quedaste tendido de cara a los cielos, 
que son las pupilas de la eternidad. .. 
»Tú que amabas tanto los frescos jardines, 
las rosas, hermanas de tu juventud, 
los suaves renuevos, los blancos jazmines, 
¡no tuviste flores sobre el ataúd! 
»De tu herida abierta la púrpura ardiente 
dibujó en la roca, con trazo sutil, 
un lirio de grana, que piadosamente 
llevó a tus despojos un canto de abril. 
»Pero allá en la cumbre nevada y serena, 
ungiendo tu cuerpo con su bendición, 
¡estaba de hinojos la Virgen Morena, 
por quien cultivaste como una azucena 
la fe sacrosanta de tu corazón!» © 


Esa fe salvaría a Méjico silenciosa, lentamente, rociada con la san- 
gre de sus hijos. Bien lo sabían aquellos esforzados muchachos que 


224 - Antonio Rius Facius 


despertaban a la vida, entregándose generosamente al ideal de alcan- 
zar el reinado de Cristo en esta tierra bendecida por la presencia de 
su Madre en el cerro del Tepeyac. 

Los cristeros del Ajusco volvieron a su campamento del Pico del 
Aguila y ahí, padeciendo privaciones, permanecieron un mes dedica- 
dos a organizarse, hasta que recibieron aviso de que iban a ser ata- 
cados por los federales; entonces dejaron el lugar, a tiempo para no 
ser vistos por los callistas que llegaron pisándoles los talones. En su 
recorrido cruzaron por Santa Marta, San Juan Atzingo y llegaron a 
Ocuila de Arteaga; hablaron con el presidente municipal para sumarlo 
a su causa y siguieron para Chalma; descansaron un día y se comu- 
nicaron con el general Cuéllar, que estaba en Santa María Ahuitlán, 
Morelos, para pedirle que sumara su propio contingente al del general 
Reyes, cosa a la que accedió. De allí partieron los cristeros hacia Oco- 
tepec y Ahuatepec, donde consiguieron cabalgaduras para todos. 

- El 13 de febrero, al aproximarse a Tepoztlán, fueron atacados por 
fuerzas del gobierno y defensas sociales integradas por agraristas, sin 
recibir graves daños, pero obligándolos a continuar su agotador am- 
bular, empleando con poco provecho la táctica de guerrillas, pues aunque 
solían dejar maltrecho al enemigo cuando topaban con él, se veían cons- 
treñidos a cederle terreno por no poder hacerse fuertes en un punto. 

«Los ayunos y privaciones eran prolongados, pues los recursos y 
bastimentos que la Liga Defensora de la Libertad Religiosa podía pro- 
porcionarles eran demasiado cortos. Los combates se sucedían unos a 
otros. En el cerro del Tuniac, entre Copilejo y Parras, fue donde pri- 
mero combatió Manuel (Bonilla); la batalla no estuvo mala de parte 
de los católicos, sin embargo, una parte de sus combatientes, entre los 
que estaban nuestros muchachos acejotaemeros, inexpertos en estos 
trances, fue dispersada, y la misma inexperiencia de nuestros jóvenes 
hizo que no supieran fácilmente reunirse con el núcleo principal, por 
lo cual unos de ellos, viéndose perdidos entre los montes, desalentados 
y sin fuerzas morales quizá más bien que físicas, optaron por regresar a 
Méjico, escondiéndose entre los barrancos para no ser sorprendidos, 
y obligados también a esconderse en la capital para no ser descubiertos 
por la policía y entregados a la muerte.» ** 


El. Diario de Manuel Bonilla.—De aquellos días amargos datan las 
páginas del diario que Manuel Bonilla escribió y que fue recogido por 


Méjico Cristero 225 
A A A AA A A A AA 


sus enemigos. Éstos, para escarnecer su memoria, publicaron algunos 
párrafos mutilados que traslucen, a pesar de todo, la grandeza de aquel 
ser dotado de piedad, valor y voluntad ejemplares: 

«Marzo 5.—No llegó Cuéllar... A fin de evitar un encuentro con 
los federales, pues somos diecisiete nada más, salimos en dirección a 
Ixhuayesca; no hay qué comer y tenemos hambre. En el camino cogi- 

, mos dos terneras. ¡Qué día, Dios mío: cuánto sufro! Murmuramos 
todos por la falta de comida y de dinero. Se me figura que a los mios 
les sucede algo, no he dejado de pensar en 
mi madre y en Lucha —su novia—, quiero 
verla... ¡Madre mía, tú ves mis sufrimientos; 
alíviales; pienso que moriré y no veré a los 
que amo! Pasamos la noche en Huayacán, sin, 
novedad, comimos pura carne sin sal.» 

Manuel Bonilla Manzano aún no cumplía 
los 23 años —había nacido en Tlalpan, D. F., 
el 17 de junio de 1904—, edad luminosa en la 
que las ilusiones alcanzan máxima fuerza y 
el amor se convierte en una necesidad espiri- 
tual incontenible. 

La separación de los suyos tenía que afec- 
tarle singularmente, pues desde pequeño había 
vivido unido a ellos, ayudando con su trabajo 
al. sostenimiento de su madre y tres herma- 


Manuel Bonilla Manzano, 
7 ; presidente del Grupo Local 
nos —dos mujeres, una mayor que él, y UN de la acm de Tlalpan, 


varón—, lo que le había impedido continuar D. F., cristero de las fuer- 


sus estudios para hacer carrera profesional. %5 del general Manuel 
Reyes, levantado en armas 


Sin embargo, su deseo de prepararse más y en el Ajusco. 
mejor para la vida lo satisfizo en la ACJM, 
a la que ingresó como socio fundador del Grupo Local de Tlalpan. 

De sus méritos como acejotaemero habla, con veracidad plena, su 
heroica resolución de abandonar hogar, trabajo y novia, para hacer 
realidad los postulados sociales que proclamaba la Acsm. 

Aunque interesante, resultaría quizás desproporcionado este capí- 
tulo con la transcripción total de su diario, escrito precisamente cuando 
su esfuerzo por sobreponerse al sacrificio que le significaba seguir 
como soldado de Cristo, requería de su total convicción, fortaleza y 
voluntad: 


MÉXICO CRISTERO.—15 


226 Antonio Rius Facius 


«Marzo 9.—Dormimos dos horas, permanecimos a la expectativa y, 
no habiendo peligro, nos pusimos en marcha, llegamos a la Loma del 
Borrego y encontramos al general Reyes con la nueva de nuevas de- 
serciones. .. somos diez nada más. Estoy convencido de la sinceridad del 
Gral. Reyes; es hombre en quien se puede confiar. Tú, Señor, nos prue- 
bas con esta inconstancia de tus soldados, danos fuerza para servirte. 

»Marzo 15.—Llegaron noticias de más de 10 colgados vivos por los 
alrededores del sur del Distrito Federal. ¡Cuántos crímenes, cuántas 
iniquidades! Y el pueblo espera todavía... Tres y media: salimos .el 
coronel, seis muchachos y yo a una comisión a la Magdalena. Recibi- 
mos buenas noticias y dos altas. Vino mi madre. ¡Qué satisfacción! 
Gracias, Dios mío... y 

»Marzo 19... Tres y minutos de la mañana: ensillamos y nos pusi- 
mos en camino; en la Cima, camino de Cuernavaca, paramos diez co- 
ches, pidiéndoles de comer y dinero... 

»Marzo 24.—Tranquilidad en mi espíritu, no sufro tan atrozmente 
como hace pocos días. ¡Gracias, Señor! Cuida a mi madre, confío 
en Ti. Se ha movido la opinión en favor de la revolución en todo. el 
estado. Nos contó un individuo que el gobierno se alarmó mucho por- 
que pasamos por los pueblos de Morelos: cree que somos más de mil 
hombres y en realidad somos nueve... 

»Marzo 26.—Nos pusimos en marcha. Llegan el general Trujillo 
y Manuel Paredes, de la acm. ¡Oh Dios! por fin... 


»Marzo 28.—Llega a este lugar el general Bárcenas con cuarenta 
muchachos. 


»Abril 5—Llegamos al Plan de Gallegos... El general Trujillo 
me invita a acompañarlo a Morelos a organizar gente, trabajando jun- 
tos pero cada uno por su cuenta para presentar a Capistrán algo pro- 
pio. Me dice que debo hacerme militar para rodear al primer jefe de 
gente enteramente suya...» 

Antes de concluir con estas pequeñas notas entresacadas del diario 
de Bonilla, es pertinente advertir que todos los encuentros tenidos con- 
tra las tropas callistas, en los que con frecuencia estuvo la victoria de 
parte de los cristeros del Ajusco, fueron omitidos al ser publicado, 
en forma tendenciosa, el mencionado diario en la revista Argos, que 
se editaba en Toluca, Méjico. Y sólo desde el día 7 al 14 de abril con- 
servaron, los censores, la descripción hecha por Bonilla de los ataques 
realizados por aquellos modernos cruzados. El motivo bien pudo haber 


J 


Méjico Cristero 


-sido hacer resaltar la figura de aquel valiente aue, el día 15, cayó al 
fin en sus manos, justamente cuando cobraba nuevo vigor e importan- 
cia aquel grupo cristero del que Manuel Bonilla era segundo jefe. 

«Abril 7.—7 p.m.—En marcha. Llegamos a un punto entre Cajo- 
nes y Santa Fe, donde nos disponemos a asaltar un tren. El general 
intentó dos veces hacerlo, fracasando en ambas. Esta vez el general 
Reyes dirige el asalto. Se desclavan los rieles para impedir el retro- 
ceso del tren. No fijándose el maquinista cae en la trampa tendida, 
la máquina quedó clavada y el tanque del agua se salió de los rieles; 
en este momento dispararon nuestros muchachos sobre la escolta del 
tren pagador que resistió y se defendió por unos minutos. Los invitamos 
a rendirse, haciéndolo luego que uno de ellos se atrevió. Tuvieron una 
derrota completa, pues el tren lo tomamos en asalto rápido; tuvieron 
un muerto y siete heridos y, el resto de la tropa —8—, los hicimos pri- 
sioneros. Como botín, avanzamos cinco mil pesos, algunas piezas de 
manta; se hicieron notar por su valor cuatro de nuestros muchachos. 
El coronel Reyes se portó con mucho valor, arrojándose al lugar más 
peligroso. Igualmente el general Reyes, a cuya disposición se debe en 
gran parte el éxito del ataque. Llenos de contento nos retiramos con 
el herido que indiqué y un caballo menos. ¡Gracias, Dios mío, por el 
triunfo de nuestras armas en esta vez! En el camino se dejaron libres 
a los prisioneros sin hacerles ningún daño. 

»Abril 10.—Amaneciendo nos pusimos en marcha, llegando al pue- 
blo de Pilcaya; hasta ahora contamos con cincuenta y dos muchachos, 
y tomé la palabra después de reunido el pueblo, 3 p.m. 

-  » Llegamos al pueblo de Tonatico, a las 4.30. También tomé la pa- 
labra y el Sr. Ignacio Flores. Pasamos la noche en los Amates. 

»Abril 11.—4 a.m.—En marcha. Llegamos al pueblo de Tecomate- 
pec a las 7 am. Arengué al pueblo; se entusiasmó como en los ante- 
riores; se inscribió Rafael Villalón y se le da la comisión de organizar 
al pueblo. En marcha. Llegamos a Coatepec de Ánimas, pueblo de 
importancia. A las dos de la tarde, en la plaza, arengué al pueblo; 
tomamos el palacio municipal, rompimos el teléfono y exigimos un 
préstamo de doscientos cincuenta pesos. No se entregó luego y nos 
llevamos al secretario del Ayuntamiento y al oficial mayor. Recogi- 
mos algunos caballos y salimos de allí como a las tres de la tarde. 

»Abril 12.— 3. a.m..—Llegó un enviado con el dinero, se puso en li- 
bertad a los prisioneros. 5 a.m., caminamos rumbo a la sierra de Toluca. 


228 Antonio Rius Facius 


Desayunamos leche en un ranchito a las 7 a.m. Tocamos como a las 9 
el aserradero de las Lágrimas; recogimos caballos y dejamos carta al 
dueño pidiéndole dinero. Luego nos pusimos en marcha y llegamos 
al pueblo de Tequisquiapan a las 2 p.m. Recogimos caballos, le dirigí 
la palabra al pueblo de la Placita; firmó la adhesión a la revolución el 
jefe de voluntarios y pasamos la noche en Instancia. 

>»Abril 13.—Amanece. Permanecimos en Instancia. 9 am. Toca- 
mos Agua Blanca. 4.30 p.m. Cortadero. Aquí se dieron de alta dos y 
cogimos caballos. 

»Abril 14.—En marcha.» 

El día 15 de abril de 1927, después de sostener un reñido combate 
contra las fuerzas callistas, el grupo cristero fue dispersado. Manuel 
y su fiel asistente, montados en sus caballos, llegaron a una hacienda 
cercana a la ciudad de Toluca haciéndose pasar por compradores de 
ganado. El dueño de la hacienda simuló creer el inocente embuste y se 
apresuró a atenderlos con solicitud desmedida, invitándolos a desayu- 
nar mientras, secretamente, enviaba un aviso a las autoridades más 
cercanas. 


En las garras del enemigo.—Cuando Manuel fue sorprendido por 
los soldados callistas, apenas tuvo tiempo de ocultar los documentos 
comprometedores que portaba, entre ellos su propio diario y una ban- 
dera tricolor con la imagen de la Virgen de Guadalupe al centro, pero 
fueron fácil y prontamente descubiertos y entregados al general Urba- 
lejo. Manuel sabía que no le harían justicia ni tendrían piedad con él 
aquellos secuaces de la tiranía callista y escribió, apresuradamente, 
un recado a su madre que decía así: «Mamá, estoy preso en San Diego 
“Linares, cerca de Toluca. Mándame la bendición. Juan.» 

Como era costumbre más o menos generalizada entre los jefes del 
movimiento, para evitar represalias a sus familiares, solían cambiar 
de nombre; en este caso, Manuel se hacía pasar por Juan Bautista. 
Durante dos o tres horas estuvieron presos en la hacienda Manuel 
Bonilla y su asistente, tiempo que empleó en escribir sus últimas y 
sentidísimas cartas para su madre, su novia, su hermana mayor y su 
hermano menor, 

De la primera son estos párrafos finales: 

«...y a ti, madre mía, ¿qué puedo decirte?. Sólo que te amo y 
que el pensamiento de abandonarte, dejándote sin recursos, es lo que 


Méjico Cristero 229 


me desgarra el alma. Muero tranquilo, eso sí; Dios Nuestro Señor me 
está dando fortaleza; no llores, madrecita, reza nada más y confórmate; 
` te queda un hijo más bueno que el que se va. Adiós... En la otra vida 
nos uniremos para no separarnos ya jamás, y ofrece el sacrificio de 
tus lágrimas por la conversión de tantos hermanos nuestros que están 
ciegos y no quieren ver. 

>Tu hijo que te quiere.—Juan.» 

A su novia, María de la Luz García, le escribió: 

«Amada Lucha: En los postreros momentos de mi existencia te es- 
cribo las presentes letras; ha querido Dios aceptar el sacrificio de mi 
vida; mi sangre se derramará hasta la última gota por confesar la fe 
de quien es el Creador de todo lo existente: que el recuerdo mío jamás 
- se borre de tu mente, amada mía...» 

En la carta que escribió a su hermana mayor le hacía especial reco- 
mendación para que cuidase de su madre y hermanos. 

A Daniel, su hermano menor, le aconsejaba, con paternal- senti- 
miento, que fuese un hombre de provecho. 

Su ánimo se había serenado y aún tuvo tiempo para escribir un 
sentido mensaje de amor y de fe para todos, al que dio fin con estas 
palabras postreras: 

«El alma quiere volar por regiones etéreas y puras, quiere exten- 
der su ser amplísimo en el infinito, quiere gozar de paz, de dicha 
eterna para llenar el vacío que deja la vida material y así gozar posi- 
- tivamente de una dicha real: La vida perfecta. 

»Cuando se piensa así, no asusta la muerte; muy al contrario, ale- 
gra su llegada, pues adquiere el alma el verdadero gozo de la vida 
eterna. —Manuel Bonilla.» 

Él y su asistente habían sido sentenciados a muerte por el general 
Urbalejo, tras un juicio sumarísimo. Fueron conducidos en el propio 
auto del hacendado al cuartel de los Vidales, en Toluca, de donde, 
después del medio día, los sacaron a bordo de un camión perfectamente 
custodiado seguido de un automóvil en el cual iba el general Urbalejo, 
y tomaron la carretera que conduce a la ciudad de Méjico. A más o 
menos a la mitad del camino, en un lugar llamado Salazar, adelante 
~de la hermosa llanura donde comienza una tupida pinada, al pie mismo 
del histórico monte de las Cruces, los hicieron bajar. 

; Contraviniendo órdenes superiores para que presentase en Méjico 
“/a sus prisioneros, el general Urbalejo, usando el cómodo pretexto de 


3 


Antonio Rius Facius 


que dichas órdenes las había recibido demasiado tarde, ordenó la eje- 
cución de los muchachos para apoderarse del dinero que portaba Ma- 
nuel en el momento de ser aprehendido. 

Manuel pidió que se difiriera un tiempo su ejecución en espera de 
su madre, que ya estaba avisada, pero se le negó tal gracia, concedién- 
dosele únicamente el tiempo suficiente para orar. Tomó entonces su 
rosario en la mano y, de rodillas, elevó su pensamiento a Nuestro 


s z 


Lugar, en los llanos de Salazar, estado de Méjico, donde fueron fusilados Manuel 
Bonilla y su asistente. 


Señor. Después, con asombrosa serenidad, animó a su compañero a bien 
morir y en un papel escribió estas últimas palabras: Muero por Dios, 

Frente a los soldados, que ya le apuntaban con sus fusiles, abriendo 
los brazos en cruz, gritó con toda la fuerza de su voz entera: ¡Viva 
Cristo Rey! ¡Muero por Dios! 

El eco de sus palabras se confundió con la explosión unísona de 
los cartuchos. En el cielo gris galopó el bramido de un rayo, y un: 
cúmulo de nubes se convirtió en llanto. 


Méjico Cristero 


231 


Junto a Manuel cayó su fiel asistente. Era la tarde del Viernes 
Santo de 1927. Los vecinos de la ranchería, consternados ante la rá- 


pida sucesión de los acontecimien- 
tos, se ofrecieron a sepultar los cuer- 
pos de los fusilados. 

El verdugo, insaciable de sadis- 
mo, quería que los colgasen de las 
ramas de un árbol, pero ante las rei- 
teradas y amenazadoras súplicas ce- 
dió a lo que se le pedía y aban- 
donó con sus soldados el rancho de 
La Marquesa. Los dos cadáveres 
fueron velados por las gentes del 
lugar con religiosidad cristiana y al 
día siguiente sepultados allí mismo, 
entre dos petates que los protegían 
deficientemente del contacto directo 
de la tierra húmeda. 

Catorce días después, cuando tras 
dolorosas vicisitudes pudo la heroi- 
ca madre de Mánuel Bonilla exhu- 
mar el cadáver de su hijo amado, 
descubrieron con gran sorpresa que 
el cuerpo se encontraba incorrupto. 
Fue trasladado al cementerio de 
San Marcos, Tlalpan, y enterrado 
nuevamente dentro de una caja de 
zinc, herméticamente cerrada. 

El día 19 de julio de 1942 asistí 
a la nueva exhumación de sus res- 
tos: para darles definitiva sepultura 
en la iglesia parroquial de Tlalpan. 

La acim estaba presente, cua- 
renta banderas de los Grupos se in- 
clinaron reverentes a su paso. Fue 
aquella una singular manifestación 


Las banderas de la acIm se inclinan al 

paso de los restos del gran acejotan 

emero Manuel Bonilla, al ser traslada- 

dos a la parroquia de Tlalpan, D. F. 
el 19 de julio de 1942, 


“ de fe y afirmación de que el sacrificio de Bonilla y de todos los que, 
como él, murieron por “Dios y por la Patria”, no había sido estéril. 


232 . Antonio Rius Facius 


Antes de bajar la caja de zinc al foso abierto frente al altarcito de la 
Virgen, fue destapada. El cuerpo se conservaba incorrupto. 

El general Manuel Reyes, jefe del grupo armado al que pertene- 
ció Manuel Bonilla, fue aprehendido en combate y fusilado, junto con 
su secretario, en la Plaza de España, en la ciudad de Toluca, cuatro 
meses después, el 21 de agosto de 1927. 


XXI 


DESTITUCION DE RENE CAPISTRAN GARZA 


Informe sobre los levantados en armas.—Destierro 
del obispo de Tabasco. — Gestiones fracasadas. — 
Dos tendencias opuestas se encuentran en Roma.— 
Obligada renuncia, 


Informe sobre los levantados en armas.—El día 8 de enero de 1927, 
el Comité Directivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Reli- 
giosa envió este mensaje cifrado a René Capistrán Garza, dándole 
cuenta, en su calidad de jefe del movimiento cristero, de los grupos 
levantados en armas y los nombres de sus principales jefes, que refle- 
jaba, escueta y llanamente, la gran fuerza que había alcanzado la resis- 
tencia armada en todo el país: 

«Enviamos memorándum respecto de los grupos levantados en el 
país que siguen nuestra bandera y que, en junto, suman ocho mil hom- 
bres. Conviene decir que es el triple, pues creemos en la fecha lo 
reciba Hegará a esa cantidad.» 

Dicho cálculo pecaba un poco de exageración, sobre todo por supo- 
ner que los defensores podrían triplicarse rápidamente, habida cuenta 
de la angustiosa escasez de armas y pertrechos. 

«En León, jefe de policía traicionó la causa y asesinó a once de nues- 
tros compañeros, pero fuerzas de Arandas cayeron ese mismo día sobre 
esa ciudad y la tomaron, evacuándola después de haberse apoderado 
elementos de toda clase. Fue muerto jefe de policía.» 

La referencia, inexácta en su última frase, se hacía sobre los acon- 
tecimientos, ya relatados, del día 3 de enero en León, Guanajuato. 

233 


234 Antonio Rius Facius 


«Preparamos en estos días un buen golpé en el estado de Méjico 
para crear grave problema militar al gobierno. 

»Denunciamos como espía probable cerca de ustedes a J. A. For- 
neck, mejicano que se hace pasar como americano en El Paso.» l 

Y a continuación se enumeraban, por estados, los jefes comprome- 
tidos o ya en franca rebelión y lugar donde operaban: 

«Estado de Oajaca: 

»Por Huajuapan el general brigadier Ismael Guzmán. Por la mon- 
taña de Mixtepec el mayor José L. Salazar. Entre Oajaca y Puebla 
el coronel Eulogio Salazar. 

»Estado de Guerrero: 

»Por Santa Fe, Buenavista y Chilapa, generales Saldaña y Bárcenas. 

»Estado de Méjico: 

»En los límites del Ajusco general Manuel Reyes. Tenancingo, 
Pasos de Santa Rosa y San Bartolo, el coronel S. Sánchez. 

»Estado de Querétaro: 

»Sobre la vía ferrocarrilera F. Dávalos, existen varios grupos cerca 
de San Juan del Río y en la sierra de Querétaro. 

»Estado de Michoacán: 

»Por Tacámbaro, Pátzcuaro, Parácuaro, Jerécuaro y Curimeo, incur- 
sionan los coroneles Angel Martínez y Telésforo Acevedo. 

»Estado de Guanajuato: 

»Por San Miguel de Allende los cabecillas Loreto Montes, Refugio 
Avila y Fortino Sánchez. A inmediaciones de la montaña del Cubilete, 
el general Gallegos y el brigadier Rendón. En Irapuato el brigadier: 
Lunde. Por San Francisco del Rincón y Encarnación de Díaz, los cabe- 
cillas Rodríguez y Guzmán. 

»Estado de Jalisco: 

»Por Cuquio, Ixtlahuacán del Río y pueblos cercanos a Colotlán, 
el líder Carlos Blanco. Por Cerro Gordo, el Giiero Mónico y, el gene- 
ral Barajas, por los Altos. El cabecilla Sixto Contreras por Ostotipa- 
quillo; Etzatlán y demás minerales, Jesús Medina. Por Cocula y Ta- 
palma, las mismas poblaciones en masa se han declarado en rebelión, 
dando muerte a las guarniciones. Por Tonila, el cabecilla Flores, que 
ha desarmado a la guarnición. l 

»Estado de Colima: 

»Existen cuatro grupos regularmente armados. Localización, nú- 
mero, nombre de los cabecillas se' tendrán en breve.» 


A A A 
-Méjico Cristero 235 


— _ .—_ o QQ —____ o  _ RA 


La rebelión en este estado iba tomando preponderancia en el Occi- 
dente de Méjico, según queda dicho en capítulo anterior. 

«Estado de Zacatecas: 

»El coronel Quintanar que incursiona por los minerales de Som- 
brerete, Chalchihuites, Tlaltenango y Colotlán. 

»Estado de Aguascalientes: 

»G. Pérez por el distrito de Calvillo, 

>»Estado de Durango: 
.. »Gurrola y Galindo, que han tenido a raya a las tropas del gobierno, 
destruyeron casi por completo el tramo de vía de Tepehuanes-Santiago 
Papasquiaro, quemando más de veinte puentes y destruyendo comuni- 
caciones telegráficas. . 

»Estado de Tamaulipas: 

»Por la Huasteca el general Carlos Obregón. 

»Pronto detalles Nayarit, Saltillo y Sinaloa. 

»Esperamos acción parte de ustedes. 

»J. C. Price. Enero 8.» ° 

El rápido crecimiento de la defensa armada preocupó intensamente 
al gobierno, que daba palos de ciego para atajar la pujante rebelión. 


Destierro del obispo de Tabasco.—Adalberto Tejeda, el radical se- 
cretario de Gobernación, hizo aprehender al obispo de Tabasco, Mons. 
Pascual Díaz y Barreto, y ordenó que fuese llevado a su presencia, 

De manera insolente lo acusó de ser el principal promotor de la 
resistencia armada y, sin darle oportunidad para demostrar lo con- 
trario, dispuso que esa misma noche, debidamente custodiado, fuese 
conducido a la frontera. Mons. Díaz y Barreto salió de la ciudad de 
Méjico en el tren de Veracruz el 1? de enero de 1927. Al llegar a Cór- 
doba trasbordó, siempre acompañado de sus custodios, al tren del Istmo 
de Tehuantepec, para salir de la República por la frontera sur. 

En Guatemala fue acogido favorablemente por el presidente de 
aquel país e invitado a permanecer allí, a lo que rehusó porque deseaba 
trasladarse a los Estados Unidos, cosa que hizo al poco tiempo. A su 
paso por La Habana informó de la situación reinante en Méjico al anti- 
guo delegado apostólico, Mons. Caruana. 

El día 31 de enero la prensa de Norteamérica. publicó la noticia 
del próximo arribo del obispo de Tabasco. Capistrán Garza, que se 
encontraba en la ciudad de Washington, telegrafió a Luis Ruiz y Rueda, 


236 Antonio Ríus Facius 


que lo representaba en San Antonio, Tejas, ordenándole trasladarse a 
Nueva Orleáns para saludar, en su nombre, al secretario del Comité 
_ Episcopal. Este desembarcó en Nueva York el día 1% de febrero y 
Luis Ruiz Rueda no pudo llegar oportunamente a recibir al prelado. 
Una vez conocida por René esta involuntaria omisión, envió de Wash- 
ington a Nueva York al Lic. Jenaro Núñez para que saludara en su 
nombre al ilustre desterrado y le hiciese entrega de una carta personal. 

y 

Gestiones fracasadas.—Capistrán Garza estaba tratando en Wash- 
ington de que el Departamento de Estado levantase el embargo de 
- armas para el ejército libertador, a la vez que fuese impedida la adqui- 
sición de ellas al gobierno de Calles y que se reconociese beligerancia 
al movimiento cristero “inmediatamente después de tomada una plaza 
sobre la línea fronteriza”. 

Con este fin presentó un extenso memorándum que no fue nunca 
contestado oficialmente, por la cuenta que le tenía al gobierno ameri- 
cano de jugar con ambos contendientes en Méjico para obtener mayor 
beneficio, cosa vieja y bien sabida de la política yanqui. 

Una vez cumplida esta parte de su misión, Capistrán Garza regresó 
a San Antonio y allí recibió la visita de William J. Buckley, católico 
norteamericano, prominente en los círculos petroleros, con quien estaba 
«tratando lo relativo a financiar el movimiento», para lo cual éste había 
hablado a «Nicolás Brady, multimillonario americano residente èn 
Nueva York, católico ferviente, caballero de San Gregorio, duque de 
la Corte Pontificia y muy adicto a la Iglesia y a la Santa Sede Apos- 
- tólica. 

»Consideraba el señor Buckley que el terreno estaba suficiente- 
mente preparado y que era necesario plantear definitiva y formal- 
mente la cuestión al señor Brady. En alguna de sus conversaciones 
éste había preguntado al señor Buckley qué cantidad era la que, a su 
juicio, se necesitaría; Buckley respondió que de trescientos cincuenta 
a quinientos mil dólares, pues no se trataba de financiar todo el mo- 
vimiento, sino solamente. determinados objetivos militares que nos co- 
locarían en condiciones de financiarlo dentro del territorio mejicano; 
el señor Buckley se hacía solidario de la mitad del donativo firmando 
a Brady documentos a plazo por esa parte.» * 

Para formalizar la operación, salió Capistrán Garza hacia Nueva 
York el 19 de marzo y llegó el día 3. Allí se reunió con Manuel de 


Méjico Cristero 237 


la Peza, que había sido apresado días antes en la ciudad de Méjico 
y desterrado a los Estados Unidos; era de los principales directivos 
de la Liga y, al llegar a San Antonio el 17 de febrero, se puso bajo 
las órdenes de Capistrán Garza; éste dispuso que se trasladase a Nueva 
York para “que se encargara de contrarrestar la enervante labor disi-. 
dente” que había emprendido Mons, Pascual Díaz, quien consideraba 
desacertada la labor que venía desarrollando la Liga. 

Las opiniones vertidas por el obispo de Tabasco fueron de tal fuer, 
za, que el posible benefactor del movimiento armado en Méjico, Nico- 
lás Brady, se excusó de facilitar los fondos que ya estaba dispuesto 
a entregar. 

Esta actitud del obispo se debió, en gran sie a que al llegar a 
los Estados Unidos recibió informes, entre otros del padre Carlos Here- 
dia, S.J., referentes a la existencia de profundas desavenencias inter- 
nas entre algunas personas adictas a René y otras que no lo eran, 
pero que pretendían representar igualmente la causa católica en Méjico. 

Mons. Díaz creyó prudente buscar los medios para acabar con tal 
situación y solucionar, en forma pacífica, el conflicto religioso en Mé- 
jico, para lo cual consideraba necesario un cambio de gobierno que 
contase con el beneplácito de Washington. Con estos propósitos se em- 
barcó para Italia. También salió hacia la Ciudad Eterna, Manuel de la 
Peza, a la que llegó el día 4 de abril de 1927. 


Dos tendencias opuestas se encuentran en Roma.—«El mismo día 
de su llegada, el señor De la Peza solicitó por escrito del Emmo. carde- 
nal Gasparri una audiencia, y esa solicitud fue recomendada por la 
Comisión de Obispos. 

»Al siguiente día se recibió la contestación en el sentido de que el 
Santo Padre recibiría al propio señor De la Peza en audiencia pri- 
vada, el mismo día. Cosa inaudita, pues no había solicitado la audien- 
cia, ni siquiera se había pensado en ella. 

»El señor De la Peza fue recibido con los brazos abiertos por su 
santidad, con estas palabras: “Bravo por mis valientes mejicanos”. 

>El Papa estuvo tratando con el señor De la Peza sobre los asun- 
tos de Méjico, en términos muy cordiales, durante unos diez minutos, 
y lo remitió al Emmo. cardenal secretario de Estado para que con él 
“tratara los asuntos oficiales de la Liga, que llevaba el mencionado 
señor. 


A A A te E 
238 Antonio Rius Facius 
HAHAHA <A E í<á---z======== 

»El señor De la Peza tuvo cuando menos dos conferencias con el 
Emmo. cardenal secretario de Estado, tratando especialmente la nece- 
sidad de dinero para el sostenimiento de la defensa armada. 

»Dos o tres días después el Emmo. cardenal Gasparri en persona 
se presentó en al Colegio Pío Latino Americano, en donde residíamos 
dos prelados mejicanos y el señor De la Peza, como a eso de las cinco 
de la tarde, para darle, por conducto nuestro, la contestación al men- 
cionado señor. 

»La contestación fue que el Papa no ayudaba porque no tenía di- 
nero; que si tuviera, con mucho gusto lo daría. 

»El señor De la Peza regresó a los Estados Unidos, en donde estaba 
desterrado por Calles.» * 

El día 11 de abril llegó a Roma el obispo de Tabasco y se marchó 
el 25 del mismo mes. 

Extremadamente cauto y reservado con sus hermanos de la Comi- 
sión de Obispos ante la Santa Sede, no dejó, sin embargo, de externar 
su antipatía y desconfianza hacia la Liga Nacional Defensora de la 
Libertad Religiosa, añadiendo que no creía posible que en Méjico se 
pudiese establecer un gobierno de católicos, antes bien, estimaba con- 
veniente la formación de un gobierno de transición, integrado por per- 
sonas como Félix Díaz y Nemesio García Naranjo, de señalada tra- 
yectoria liberal. 

, Es fácil suponer que, en las dos audiencias privadas que le con- 
cedió el Papa, exteriorizó sus puntos de vista, opuestos a la política 
seguida hasta entonces por los directivos de la Liga y el mismo Capis- 
trán Garza, al que no sólo no reconocía como representante seglar del 
episcopado mejicano, sino que negaba que tuviese capacidad suficiente 
para desempeñar el cargo de jefe del movimiento. 

Esta opinión era compartida por el padre Heredia, entonces en el 
apogeo de su popularidad desenmascarando espiritistas, y por Juan 
Lainé, quien escribió a los directivos de la Liga haciéndoles ver los 
errores que había cometido y seguía cometiendo René, ignorante del 
idioma y la mentalidad de los americanos. Su opinión influyó decisi- 
vamente en el Comité Directivo de la Liga Nacional Defensora de 
la Libertad Religiosa, que envió a los Estados Unidos, para que inves- 
tigase la realidad de la situación, a Luis G. Bustos, acreditándolo como 
su único representante, sin cancelar previamente las credenciales de 
“René Capistrán Garza. 4 


Méjico Cristero 239 


Obligada renuncia.—Luis G. Bustos fue al encuentro de René los 

primeros días de mayo para explicarle que, si bien dejaba de ser repre- 

` sentante y jefe de la Liga en los Estados Unidos, cargo que se le había 

conferido a él, René seguiría conservando el título de jefe del movi- 

miento armado y continuaría controlando todo lo concerniente al as- 
pecto militar de la defensa armada. 

No muy convencido del giro que tomaban los acontecimientos, Ca- 
pistrán Garza continuó trabajando infructuosamente en Nueva York, 
mientras Bustos regresaba a San Antonio, donde empezó a tratar con 
todo mundo: obispos y seglares, católicos y políticos liberales incon- 
formes con el callismo. 

Esa situación tan incómoda en que estaba colocado; le hizo ver a 
Capistrán Garza la necesidad de renunciar, de una buena vez, al hipo- 
tético mando que ya no tenía, «después de haber luchado contra la 
hostilidad del episcopado, clero y católicos mejicanos residentes en los 
Estados Unidos.» ** Y se trasladó a San Antonio Tejas, pero Luis G. 
Bustos, el padre Martínez del Campo, S.J., y el doctor José Meza Gu- 
tiérrez, que habían llegado recientemente para ayudar a Bustos en sus 
trabajos, lo disuadieron de hacer tal cosa mientras, secretamente, en- 
viaban un informe al Comité Directivo de la Liga, proponiendo su des- 
titución por ser inadaptable al medio y tener “gran falta de tacto y 
una buena dosis de orgullo” que lo incapacitaba, no sólo para los tra- 
bajos preparatorios, sino para el desarrollo y consolidación futura de 
la empresa. 

Y uno de los primeros días del mes de mayo de 1927, René Capis- 
trán Garza, presidente honorario de la Acsm, jefe de la Liga en los 
Estados Unidos y del movimiento armado de los católicos mejicanos, 
fue relevado de su cargo por aquellos que habían colocado sobre sus 
hombros la inmensa responsabilidad de encabezar la causa más gene- 
rosa y limpia en la historia de Méjico: la causa de Cristo Rey. 


XXII 


PANORAMA DE LA SITUACION 


Preparativos para la reelección presidencial —Asalto 
al tren de Guadalajara.—Gestiones de Luis G. Bus- 
tos.—El Partido Unión Nacional.—Oposición de la 
ACJM al proyectado partido. 


Preparativos para la reelección presidencial.—Cuando el sonorense 
Alvaro Obregón traicionó a su amigo y jefe, Venustiano Carranza, para 
hacerse amo absoluto de Méjico, dejando que su coterráneo Adolfo de 
la Huerta acupase provisionalmente la Presidencia, pensó que era lle- 
gada su oportunidad para emular al anciano dictador que había go- 
bernado a Méjico durante treinta años. 

La Presidencia de la República, que ocupó después por cuatro años, 
no le fue cómoda, pues tuvo que defenderla de la ambición de sus ami- 
gos y de las desmedidas exigencias de los yanquis, que le habían pres- 
tado el apoyo moral y material que necesitaba para sostenerse a cambio 
de oprobiosas concesiones. Sus posibles o reales opositores fueron des- 
apareciendo del panorama nacional, víctimas de sus maquiavélicos pro- 
cedimientos que iban, desde dispararles sus famosos cañonazos de mil 
monedas de oro de cincuenta pesos, hasta mandarlos asesinar o, con tal 
amenaza, obligarlos a huir al extranjero. 

Para continuar ejerciendo el poder desde su cómodo retiro, hizo 
presidente a Plutarco Elías Calles, el más impopular de sus amigos, 
quien se resignó a gobernar con medida independencia, subordinado 
al capricho de su poderoso predecesor. Obediente hasta el servilismo 


241 
MÉXICO CRISTERO.—16 


242 . id Antonio Rius Facius 


hizo cuanto Obregón le ordenó para complacerle; por eso a nadie ex- 
_trañó la noticia, aparecida en los diarios capitalinos el 28 de agosto 
de 1925 —poco más de un año y medio después de haber tomado Calles 
posesión de la Presidencia—, de aue sería presentado a las Cámaras 
legislativas un proyecto de reforma al artículo 83 de la Constitución 
para que “...pasado un período constitucional, el ciudadano que haya 
desempeñado el puesto podrá ser nuevamente electo por una sola 
vez... 

Era claro el fin que con ello se perseguía y, el 21 de octubre, la. 
Cámara de Diputados aprobó dócilmente la consigna, que ratificaron 
con obediencia franciscana los senadores el 19 de noviembre de 1925. 

No a todos los componentes de la familia revolucionaria les pareció 
acertado' el cambio hecho al texto constitucional, pues había generales 
- sobrevivientes de la encarnizada lucha sostenida entre las distintas fac- 
ciones, que se habían hecho grandes ilusiones para ocupar —eso sí, 
por riguroso turno— la Presidencia, y el cambio a la Constitución apro- 
bado los ponía en difícil dilema frente a su jefe, el general Alvaro 
Obregón, quien, aparentando absoluta indiferencia, hacía vida de ha- 
” tendado en Cajeme, Sonora. 

Allí fueron a buscarlo dos de los más renombrados generales, go- 
bernador del Distrito Federal uno y jefe de las operaciones militares 
en el estado de Veracruz, otro: 

a «—Jefe, venimos a verlo —dijo Serrano— porque tal vez usted 
' sepa que algunos sectores revolucionarios se han dirigido a nosotros 
para ofrecernos nuestra candidatura a la Presidencia de la República... 

»—Estoy enterado, sí —contestó Obregón, mirándolos con sus ojos 
maliciosos y su rara sonrisa, mitad de conejo mitad de tigre—, y me 
da mucho gusto. ; , i 

»—Lo que queríamos es saber, jefe, si usted no se opone a los tra- 
bajos de nuestros partidarios —insistió Serrano, todo nervioso, mi- 
rando a Gómez, el gato montés, que miraba inquisidoramente a Obre- 
gón, el fígre. 

»—No. Yo no me opongo. La democracia... —Y aquí el tigre re- 
citó una de sus incomparables parrafadas demagógicas, esas parrafa- 
das que Gómez conocía tan bien. > 

»El gato montés decidió, entonces, atacar: 

»—La cuestión, jefe, es ésta: ¿Usted va a ser candidato a la Pre- 
sidencia?, porque si va a serlo... 


PE qQP-o o A A AA ES 
Méjico Cristero 243 


—_—— _ _—_— _————_— _ _ _  _____JJJJ———— As 
— T Él AA 222 


,  »Obregón esperaba la pregunta y precisamente de Gómez, el único 
con el valor necesario para hacerla. Tenía la respuesta preparada: 

»—No. Yo no seré candidato, porque aquí en el campo, estoy a 
gusto. Nosotros ya cumplimos. 

»Gómez no se dio por satisfecho: 

»—Es que esas reformas a la Constitución, mi general... 

»—Eso es pura lambisconeada, que a mí me tiene sin cuidado —res- 
pondió el tigre, que al fin enseñó fugazmente los dientes—, yo no vol- 
vería a aquello, a la lucha política, sino en el caso de que los altos 
intereses de la patria... 

»Serrano, que quiere creer, que quiere hacerse el tonto —más de 
lo que es—, sonríe, queriendo sentirse satisfecho: 

»—Entonces, jefe, ¿no se opone usted a esos trabajos? 

»—¡Claro que no! Les deseo la mejor suerte del mundo.» ** 

` Francisco Serrano y Arnulfo Gómez regresaron a la capital para 
seguir moviendo, combinando influencias con la tácita complacencia de 
Calles, que desconfiaba de todos, pero más que nadie de Obregón, el 
gran jefe ante quien había, de grado o por fuerza, de inclinarse reve- 
rente. 

El 25 de febrero de 1927, a bordo del tren presidencial, llegó el ge- 
neral Obregón a la ciudad de Méjico. Plutarco Elías Calles, presidente 
de la República, acompañado por miembros significados de su gobier- 
no, estuvieron puntualmente en la estación para recibirlo y acompa- 
ñarlo, con desusado comedimiento, al castillo de Chapultepec, residen- 
cia presidencial. 

Todo el mundillo oficial andaba inquieto, en espera de que el Ila- 
mado héroe de Celaya abriera la boca para decir quién sería el futuro 
candidato a la Presidencia. 

No se hizo esperar mucho tiempo; antes de una semana los diarios 
publicaron sus primeras declaraciones relacionadas con el futuro poli- 
«tico de Méjico, no por ambiguas menos decisivas en la interpretación 
de su pensamiento: 

` «...Les antirreeleccionistas han deslindado ya su campo y es lo 
único que les interesa, y yo deslindaré el mío cuando lo juzgue opor- 
tuno. .. 

»Será a los ciudadanos todos de la República a los que corresponda 
juzgar si la acepción de la palabra reelección comprende solamente a 
la prolongación por un nuevo período del ciudadano que actúe como 


a_a 


244 Antonio Rius Facius 


presidente de la República haciéndose figurar como candidato sin per- 
der su carácter de primera autoridad.» ** : 

Su dialéctica pertenecía a la más burda escuela de sofistas, cosa 
que no importaba, ¡qué va!, a la multitud de segundones que lo acla- 
maban para hacerse merecedores del mendrugo, más o menos sustan- 
cioso, que esperaban recibir de su magnanimidad cuando definitiva- 
mente fuese nuevamente amo del Poder Ejecutivo. 

Los banquetes se sucedieron uno tras otro y todos los oradores 
coincidieron en proclamar su, más que necesario, indispensable retorno 
al poder, llenando de zozobra y disgusto a dos de sus más fieles ami- 
“gos: los generales Francisco Serrano y Arnulfo R. Gómez. 

El general Obregón había recobrado, de golpe, su decisiva influen- 
cia política, y empezó a barajar hábilmente las cartas de su juego 
tortuoso. Una de ellas era, sin lugar a duda, el conflicto religioso. 
Le satisfacía plenamente la odiosidad popular que había acarreado a 
Calles y que le brindaba a él, en cambio, favorable postura para inter-- 
venir, como eficaz mediador, en la solución del grave problema. : 

No extrañó, por consiguiente, a los miembros del Comité Episcopal 
que aún permanecían en Méjico, la presencia en el palacio arzobispal, 
el 16 de marzo de 1927, de dos enviados del general Obregón, quien 
solicitaba, por mediación del licenciado Eduardo Mestre, una entrevista 
con algún representante de la jerarquía católica para buscar un enten- 
dimiento entre la Iglesia y el Estado. - 

Los prelados Ruiz y Flores, y Valdespino, asistieron a la cita qu 
cencertó el licentiado Mestre, sin que en ella se llegase al acuerdo 
previo que Obregón pretendía. 

Culminaron las diversas tentativas por parte de otros enviados del 
general Obregón con la entrevista que éste celebró, en la terraza del 
castillo de Chapultepec, con Mons. Fulcheri, obispo de Zamora, el 23 
de marzo, en la que no se llegó a ningún arreglo, pues Obregón deseaba 
que se reanudasen los cultos y que los obispos confiaran en la buena 
fe del gobierno; pero el representante del episcopado, con sabia pru- 

. dencia y atinado juicio, le hizo ver que la mejor manera de demostrar 
ésa buena fe era atendiendo las peticiones del memorial que, calzado 
con dos millones de firmas, se había enviado al congreso. > 

Es muy posible que el gobierno de Calles, no muy seguro de sus 
propias fuerzas, pretendiera ganar la partida empleando con los obis- 
pos su maquiavélica diplomacia. 

Pero un sonado acontecimiento le hizo cambiar de táctica. 


Méjico Cristero 245 


Asalto al tren de Guadalajara.—Comandaba un numeroso grupo de 
cristeros un sacerdote de apellido Reyes Vega, lo que era realmente 
excepcional, pues los obispos habían prohibido expresamente a los 
sacerdotes empuñar las armas, no así acompañar a los cristeros en 
calidad de capellanes: cosa distinta, necesaria y benéfica para la causa. 
El núcleo comandado por el padre Reyes Vega, en unión de otros más, 
entre ellos el de Victoriano Ramirez, El Catorce, dependientes de la 
comandancia de Jalisco, a cargo, desde la muerte del maestro Ana- 
cleto González Flores, de su íntimo amigo y compañero de la AcM, 
Miguel Gómez Loza, fue informado que el tren que partiría de Guada- 
lajara hacia Méjico el 19 de abril, conduciría pertrechos militares y 
una fuerte remesa de dinero que la sucursal del Banco de Méjico 
—institución financiera centralizadora creada por el general Calles en 
sustitución de la antigua Comisión Nacional Monetaria—, remitiría a 
su matriz en la capital de la República. 

A marchas forzadas el padre Reyes Vega congregó a sus hombres 
al norte de la importante población jalisciense de La Barca, entre las 
estaciones Pati y Yurécuaro, y les ordenó el levantamiento de un gran 
tramo de rieles y que amontonasen bastantes piedras sobre la vía; des- 
pués los distribuyó a ambos lados y aguardó la llegada del convoy. 

A las 8.30 de la noche llegó el tren procedente de Guadalajara al 
lugar donde se le había tendido la trampa y se descarriló. El destaca- 
mento militar a cuyo cuidado iban los pertrechos, se diseminó por todos 
los carros y, desde las ventanillas, comenzaron a disparar los soldados 
contra sus atacantes, sin importarles la seguridad del pasaje escon- 
dido a ras del piso para no ser blanco de la tupida balacera que, 
durante tres horas, sostuvieron los cristeros, hasta que sucumbió el 
último hombre de la escolta, que dicho sea en su honor, se portaron 
con fiera valentía. 

Alcanzado el triunfo, subieron los cristeros al tren y se apoderaron 
de las armas, pertrechos y setenta mil pesos que conducía; bajaron a 
todo el pasaje y los heridos, dejando únicamente dentro de los carros 
los cuerpos de los soldados muertos. Regaron después, con el petróleo 
-de la máquina, todo el convoy y le prendieron fuego. 

Es posible que el padre Reyes Vega pretendiese con ello realzar la 
importancia del asalto para que la prensa, al publicar la noticia, que- 
_brantase su política de obligado silencio en relación a las grandes 
proporciones alcanzadas por la lucha cristera. 


246 Antonio Ríus Facius 


Y así fue; el impacto que causó en la opinión pública este triunfo 
de las armas católicas resultó espectacular, y el gobierno, para con- 
trarrestarlo, envió informaciones falsas a los periódicos, cursó boletines 
a todas sus embajadas y usó de la calumnia para culpar a los “ban- 
doleros clericales, que mandan personalmente los presbíteros Vega, 
Pedroza y Angulo, quienes reciben instrucciones del episcopado de esta 


Estado en que quedó el tren procedente de Guadalajara, asaltado por los cris- 
teros cerca de la estación de La Barca, Jal., el 19 de abril de 1927. 


capital”; afirmación mentirosa, pues los obispos eran del todo ajenos, 
no sólo a los movimientos militares ordenados por sus respectivos 
jefes; sino a las disposiciones dictadas por la Liga para batir, en el 
campo de batalla, a los enemigos de la religión profesada por el pueblo 
mejicano. 

- La Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa protestó aira- 
damente, en su propio boletín del día 30 de abril, contra esa sostenida 
calumnia oficial. 


Méjico Cristero 247 


Días antes, a raíz del atentado al tren de Guadalajara, habían sido 
expulsados ignominiosamente seis de los obispos secuestrados en el 
Distrito Federal.* 

La persecución de los católicos fue extremada y la búsqueda de 
sacerdotes, religiosas y jefes de todas categorías de la Liga, la ACJM, 
la cncr, etc., se convirtió en obsesión para la gente del gobierno de 
Plutarco Elías Calles y en motivo de constante alarma para las posi- 
bles víctimas. 

Luis B. Beltrán y Mendoza era de los más destacados miembros de 
ias dos primeras sociedades mencionadas, y la Inspección de Policía 
ordenó su captura. Los agentes comisionados rodearon su domicilio y, 
por las azoteas vecinas, penetraron al interior sin que, felizmente, 
dieran con él, llevándose a cambio cuanto dinero y objetos de valor 
encontraron dentro de la casa. Ese día, como tantos otros, había salido 
Luis a cumplir una comisión a un lugar próximo a la capital y pudo 
ser avisado a tiempo de lo que sucedía y encontrar refugio en el hogar 
de su amigo y compañero de la acim, Luis Rivero del Val, en donde 
permaneció algún tiempo, sin que por ello descuidase sus delicadas 
comisiones, relacionadas principalmente con el abastecimiento de car- 
tuchos a los cristeros. i 

- Nadie que tuviera verdaderos sentimientos de fe y de justicia en 
el corazón podía permanecer al margen del peligro y el fervor religioso 
de aquellos aciagos días. 


Gestiones de Luis G. Bustos.—La presencia de los obispos meji- 
canos en los Estados Unidos coincidió con la llegada de Luis G. Bus- 
tos, su posterior distánciamiento con René Capistrán Garza y los pri- 
meros pasos para rehacer lo que los amigos de Gándara, en El Paso, 
y los de Mons. Díaz, en Nueva York, habían destruido de la labor em- 
prendida por René, culpándolo de paso de un fracaso que no había 
sido suyo. 

El Comité Directivo de la Liga veía multiplicarse las fuerzas cris- 
“teras con una rapidez más allá de sus propias posibilidades económicas, 
y, para activar las negociaciones encaminadas a conseguir el préstamo 
en los Estados Unidos, pidió al profesor Alberto María Carreño que 
investigase «lo que podía esperarse como ayuda del gobierno ameri- 
cano a los católicos, toda vez que por aquellos días se había manifes- 


* Ver el capítulo XIV, 


248 Antonio Rius Facius 


tado éste tan enemigo del encabezado por el general Plutarco Elías 
Calles, que el señor Frank Kellogg, secretario de Estado, no había 
vacilado en romper todos los moldes de la diplomacia, para emplazar 
a dicho gobierno ante el tribunal del mundo entero. La ayuda prestada 
por el de Méjico a los insurgentes de Nicaragua, la acción retroactiva 
de la ley del petróleo, considerada confiscatoria, ete., habían provo- 
cado aquella animosidad del gobierno de la Casa Blanca.» ” . 

El profesor Alberto María Carreño había mostrado siempre su des- 
acuerdo con la política seguida por los directivos de la Liga, y a pesar 
de ello, éstos le pidieron, y él aceptó, partir a los Estados Unidos pre- 
cisamente a colaborar con Luis G. Bustos en la consecución de los 
fines antes dichos. Carreño salió de la ciudad de Méjico el 21 de junio 
de 1927 y, al llegar a San Antonio, Tejas, celebró una junta con Luis 
G. Bustos, el padre Rafael Martínez del Campo, S.J., y el doctor José 
Meza Gutiérrez, en la que fue expuesta, con gran pesimismo, la difí- 
cil situación por la que atravesaban en su labor los miembros y sim- 
patizadores de la Liga en los Estados Unidos; pesimismo que se cimentó 
con un telegrama enviado desde Nueva York por Manuel de la Peza, 
en el que daba cuenta del desistimiento definitivo de la oferta de di- 
nero hecha por medio de la intervención de Nicolás Braddy. En cam- 
bio, Alvaro Obregón, en un viaje hecho subrepticiamente a Los Ange- 
les, California, había obtenido, a cuenta de futuras concesiones, un 
crédito de cinco millones de dólares para preparar su ofensiva contra 
sus numerosos enemigos políticos agrupados en el Partido Antirreelec- 
cionista, a quienes ya se habían confiscado grandes cantidades de armas 
_en territorio norteamericano. , 

Luis G. Bustos, convertido en jefe indiscutible de la Liga en los 
Estados Unidos, y en buenas relaciones con los antiguos enemigos de 
René, emboscados unos en El Paso y otros en Nueva York, no se dio 
por vencido e intentó conseguir dinero para incrementar el movimiento 
armado en Méjico, negando con ingenuidad manifiesta, la esencia reli- 
giosa del mismo. l 

A la vez dirigió, dos días después de celebrada la entrevista con 
Carreño, Meza Gutiérrez y el padre Martínez del Campo, un extenso 
memorijal al Comité Episcopal reunido en San Antonio, Tejas, solici- 
tando su ayuda económica, aunque para prestarla tuvieren los mitra- 
dos que empeñar los bienes de la Iglesia. El 4 de julio recibió respuesta 
del nuevo secretario del Comité Episcopal, Mons. Gerardo Anaya, 


Méjico Cristero * 249 


cbispo de Chiapas, negando que ellos tuviesen facultades para hacerlo 
sin el consentimiento previo de la Santa Sede, además de que, como 
era bien sabido, todos los bienes de la Iglesia en Méjico habían sido 
incautados por el gobierno. 

" Trámites fueron y respuestas vinieron sin que, al fin. se pudiese 
conseguir algo efectivo para el movimiento. Desde Roma intervinie- 
ron los obispos mejicanos representantes del episcopado para solicitar 
de la jerarquía católica norteamericana la ayuda que, para salvar a la 
Iglesia en Méjico, era necesaria, pero «los Emmos. cardenales de los 
Estados Unidos del Norte ni siquiera contestaron.» ** 

El auxilio que se recibió en Méjico de parte de los católicos norte- 
americanos, salvo raras excepciones, fue puramente moral, sintetizado 
en alguna protesta ante el congreso norteamericano, noticias periodís 
ticas y oraciones que no fueron apoyadas con la fe en la justicia de 
la causa católica. Y es que al ciudadano norteamericano en general le 
era antipática la idea de apoyar en Méjico una guerra santa. 


El Partido Unión Nacional.—En las ciudades fronterizas, distintos 
grupos políticos conspiraban contra Calles y todos se atribuían, a sí 
mismos, la calidad necesaria para formar un gobierno sano y unificado. 

Esta corriente de opinión tuvo que afectar forzosamente en su ideo- 
iogía a Luis G. Bustos, en comunicación con algunos de estos perso- 
hajes del momento, algunos de los cuales de extracción liberal, como 
lo eran lo mismo Carreño y Ortiz: Monasterio, con quienes llegó a la 
conclusión de que era conveniente arriar la bandera de la libertad 
religiosa para enarbolar la de la Constitución de 1857. 

«El problema lo hemos resuelto como sigue —escribió el 22 de ju- 
lio a Mons. José María González y Valencia—: en Méjico seguirá fun- 
cionando la Liga como siempre. Aquí presentaremos el movimiento 
como producto de una unión nacional, representada por tendencias y 
personas del porfirismo, de la revolución y del renacimiento católico 
que condensen todas las justas aspiraciones nacionales. Liberales, re- 
volucionarios honrados y católicos creerán tener cabida, a la par, en 
-esa unión. Pero bajo cuerda todo queda en manos de la Liga, y se 
admite como vigente el memorial del episcopado. De esta suerte, sin 
claudicar en lo más mínimo, sin acallar el grito de viva Cristo Rey, 
echamos tierra en los ojos de Washington y del público americano, 
y restamos elementos en Méjico a los presidenciales, próximos a lan- 


250 ( Antonio Rius Facius 


zarse a la lucha armada. Además, este plan quedará enteramente se- 
ereto, lo ignoran los mismos prelados fuera de D. José (Mora y del 
Río), y no saldrá al público sino hasta el momento de la ejecución 
para que sea sancionado por el éxito.» * 

Ese proyecto fue redactado por Alberto María Cro y suscrito 
. definitivamente por éste, Bustos y Ortiz Monasterio, en la ciudad de 
Nueva York el día último de julio y presentado desde luego, para su 
aprobación, a Mons. Pascual Díaz, con quien se reunieron el 5 de agosto 
para puntualizar el alcance de sus cláusulas. 

Dicho proyecto consistía sustancialmente en lo siguiente: 

I—-Constituir un partido político denominado “Unión Nacional”. 

TI.—Bustos, como representante de la Liga, se comprometía a apor- 
tar la organización total de ésta al nuevo partido. 

TI.—Carreño y Ortiz Monasterio aportarían los elementos pecunia- 
rios y políticos con que contaran. 

IV.—El programa del partido sería: restablecimiento de la Cons- 
titución de 1857, depurada de cuanto se opusiera al memorial del epis- 
copado enviado a las cámaras. 

Aceptación de todos los principios favorables al trabajador y al 
campesino sin perjudicar los legítimos intereses del capital y la pro- 
piedad rural. 

Libertad de enseñanza, prensa, etc. 

Procurar un entendimiento con los Estados Unidos, a base de una 
recíproca amistad, sin menoscabo de la dignidad, autonomía y terri- 
torio de la República Mejicana. 

Garantías para nacionales y extranjeros. 

Sufragio real y no reelección. 

Este plan habría de realizarse con la formación de un gobierno inte- 
grado por un triunvirato compuesto por un liberal, un revolucionario 
y un católico. 

Los directores de la Liga aceptaron este proyecto, del todo ajeno 
a las necesidades y motivos por los cuales luchaban, en el campo y 
en la ciudad, los católicos de la nación, y coincidieron esta vez con 
Mons: Díaz, quien acudió a la Delegación Apostólica para que ésta 
sometiera al Departamento de Estado en Washington dicho proyecto, 
para averiguar «si no entorpecería, con la fuerza de su oposición, los 
trabajos que aquéllos pensaban realizar.» * Y el Departamento de 
Estado, la Delegación Apostólica en Washington y Mons. Pascual Díaz 


Méjico Cristero 251 


juzgaron en extremo interesante que un liberal y un revolucionario 
gobernasen a Méjico, con un católico a su lado. 

Para vencer definitivamente los escollos que le cerraban el paso, 
Mons. Díaz se trasladó en el mes de octubre a Roma y, pocos días 
después, el cardenal secretario de Estado leyó a los obispos mejicanos 
que formaban la Comisión, una acusación contra ellos, porque “estaban 
` informando mal a la Santa Sede”. Sin que hubiera en tal acusación 
puntos concretos que pudieran rebatirse y, «como quince días más 
tarde, antes de que partiera de nuevo el señor Díaz y Barreto para 
Nueva York, la Secretaría de Estado nos llamó de nuevo (a la Comisión 
de Obispos) para decirnos que la Santa Sede creía conveniente que se 
se desintegrara la Comisión y que los prelados que la componían no 
residieran en ella... El señor Díaz partió dos días después de esto, 
a Nueva York, para continuar trabajando, de acuerdo con Mons. Fumas- 
soni Biondi, delegado apostólico en Washington, y Dios quiera que 
no en combinación de la Casa Blanca, en los arreglos con el gobierno 
de Calles.» * . 

Los creadores del proyecto se entrevistaron con distintas personas 
- influyentes y sin influencia para que, el Partido de Unión Nacional 
se convirtiese en una realidad. Pero encontró justificada oposición 
entre aquellos que, por propia experiencia, sabían que no podían con- 
tar con la colaboración bien intencionada y sincera de liberales y revolu- 
cionarios, deseosos de alcanzar el poder para satisfacer sus propios fines 
de lucro personal. 

Transcurrieron algunos meses y, felizmente para el prestigio de 
Méjico y de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa que 
lo representaba, la proyectada creación del Partido fue perdiendo inte- 
rés entre los directivos de la Liga. A ello contribuyeron, ¡qué duda 
cabe!, las críticas privadas y colectivas de los acejotaemeros. 


Oposición de la acm al proyectado partído.—Con la lucidez que en 
sus largos años de preparación en la acīm había alcanzado, Fernando 
Díez de Urdanivia expuso a su compañero, Juan Latapí, en una carta 
fechada el 20 de septiembre de 1927, la síntesis precisa de la cuestión. 

«Es inútil seguir esforzándose hasta dar vida y sangre en la lucha 
mientras los directores —prelados inclusive— sean no sólo tan mio- 
pes, sino tan desprovistos de unidad de criterio. Mientras exista entre 
ellos, además de sus muchos otros defectos, esa horrenda anarquía, todo 


252 Antonio Rius Facius 


está de más. Vale muchísimo más un grupo pequeño, pero unido y 
acostumbrado a trabajar al unísono, que ese mosaico-donde el que no 
intriga, yerra y el que no, vende la causa por un plato de lentejas.» 

Fernando Díez de Urdanivia se había establecido en El Paso, Tejas, 
llamado por los religiosos de la Compañía de Jesús para hacerse cargo 
de la dirección de El Diario de El Paso, que utilizó como tribuna para 
orientar, por medio de magníficos editoriales y veraz información, 
sobre el desarrollo de los trabajos de la Liga Nacional Defensora de la 
Libertad Religiosa y la acción desempeñada por la epopeya cristera. 

En el mes de marzo de 1928 se hallaban reunidos, en San Antonio, 
Tejas, un grupo selecto de expatriados miembros de la acsm; entre 
ellos se encontraba Pedro Vázquez Cisneros, que fue quien redactó un 
extenso, sincero y preciso memorándum a los directores de la Liga, 
firmado por él y los acejotaemeros Pedro González, Salvador y Luis 
Chávez Hayhoe, René Capistrán Garza, Luis y Ramón Ruiz y Rueda, 
Hilario Pérez y Carlos Blanco. 

Vale la pena reproducir literalmente algunos de sus párrafos, para 
que se vea hasta qué grado la acsm había penetrado en la esencia mis- 
ma de los problemas sociales y políticos de Méjico: 

«Algunas personas han concebido e intentan hacer triunfar un nuevo. 
plan de campaña... que consiste fundamentalmente en una política de 
acomodamiento y renunciaciones y trae como consecuencia inmediata 
el confiar los intereses de la libertad, del pueblo y de la justicia, a ene- 
migos nuestros, y el alzar como bandera la agresiva y decrépita Cons- 
titución de 1857.. 

»Se habla de unión nacional, entendiendo por ella... la mezcolanza 
absurda de la gran mayoría católica con las diversas minorías hostiles 
al catolicismo: liberales, porfiristas y revolucionarios. .. 

»Bien cara tendría que pagar el pueblo la cooperación con la mi- 
noría enemiga, El precio sería el trono de que acaba de expulsarse - 
al tirano. El resultado sería la continuación de la iniquidad y del 
despotismo. 

»Además de este inconveniente... se produciría... la división en- 
tre los católicos... tanto más cuanto que el pueblo, en estos días solem- 
nes de tragedia y de batalla, nada quiere menos que componendas y 
renunciaciones. .. 

»Un cuerpo con tres cabezas es un monstruo que no puede sub- 
sistir ni en el orden individual ni en el social. La certeza de la ante- 


Méjico Cristero : 253 


rior afirmación sube de punto si las tres cabezas, como sucede en el 
triunvirato de la unión nacional, han de ser diversas entre sí y adere- 
zadas para tirar cada una por lado distinto. Un católico, un liberal 
y un revolucionario formarían el triunvirato. Los intereses del pueblo 
que con admirable generosidad está derramando su sangre en una lu- 
cha gloriosa, quedarían confiados a un cuerpo en que los enemigos del 
pueblo formarían su mayoría. . 

»Y estallará la guerra en EP seno de las fuerzas triunfantes. La bata- 
lla por el botín de la victoria. En esa suerte de batallas la victoria es 
de los más desalmados y de los más perversos... El pueblo, cuya causa 
consideramos nuestra, y la libertad, y la justicia, continuarán oprimi- 
dos y destrozados. Cambiar de opresores y de verdugos será para ellos, 
en virtud de la unión nacional y del triunvirato, el fruto de la lucha 
y de la victoria. 

»La otra consecuencia fundamental de la tendencia que combati- 
mos, consiste en la proclamación, como bandera de la defensa armada 
del pueblo, de la Constitución de 1857. 

»La historia nos enseña que 1917 no fue sino la repetición de 1857. 

“Entonces, como en 1917, una revolución sectaria y desenfrenada aca- 
baba de triunfar sobre el pueblo por medio del terror y de la violencia. 
Entonces también las bestias triunfantes reventaban de odio a la Igle- 
sia y a los derechos espirituales del pueblo y también convocaron a 
un congreso que fuera, y fue casi, exclusivamente suyo, en el cual 
habían de dar, y en efecto dieron, rienda suelta a sus intemperancias 
jacobinas y a sus propósitos de dominación sectaria. Entonces también 
protestaron los obispos contra la cadena impía, también protestó y se 
defendió el pueblo, y por cierto, con mucho más vigor y constancia que 

_ por los alrededores de 1917. 

-  »La Constitución carrancista no es más que lodos de los polvos de 
Ayutla. Definitivamente vencido el pueblo en la batalla cuyo punto 
culminante fue 1857, el enemigo quiso dar un paso más hacia la ruina 
de la Iglesia y de la patria, y desencadenó el constitucionalismo y se 
realizó la abominación de 1917. 

»Hace setenta años nuestros padres combatían y derramaban su 
sangre en defensa de la libertad y de la justicia, contra la Constitu- 
ción de 1857 y contra los que a su sombra y en nombre de ella des- 
truían y sagueaban templos, disolvían comunidades religiosas, deste- 

“rraban obispos y asesinaban sacerdotes y ciudadanos intachables, Ahora, 


254 Antonio Rius Facius 


“vencidos, nosotros alzamos contra los verdugos de hoy la bandera de 
los verdugos de ayer, contra los que hoy nos azotan nos acogemos al 
azote mismo que flageló las espaldas de nuestros vadres y nuestras 
propias espaldas. ; 

ə» ¿Hasta dónde nos llevará esa tendencia derrotista, ese descenso 
fatídico y monstruoso? ¿Van nuestros hijos, dentro de setenta años, 
a proclamar contra los tiranos de entonces, como bandera, la Consti- 
tución de 1917?... No podemos echarnos por ese despeñadero. 

»Anacleto González Flores, Miguel Gómez Loza, Armando Téllez, 
Luis Segura y tantos otros mártires ilustres que han caído en torno 
de la bandera gloriosa de la LNDLR, no habrían muerto ni peleado por 
el guiñapo de 57. Alzarle ahora como bandera sería una profanación 
imperdonable de la sangre de nuestros héroes, un sacrilegio horrendo 
contra la sangre de nuestros mártires. Nuestros muertos tienen un 
derecho sagrado, que nos impone un deber ineludible y una respon- 
sabilidad tremenda... 

»Nuestro amor a la causa católica, en cuyas filas hemos militado, 
y en las cuales queremos militar hasta la muerte, y nuestro apego a 
los intereses fundamentales de la Iglesia y de la patria de Méjico, repe- 
timos, nos mueven a formular este memorándum. Al hacerlo, no sola- 
mente creemos cumplir con el deber que sobre nosotros pesa de pre- 
tender atajar. el mal a tiempo, sino que además estamos seguros de 
interpretar el sentir de la mayor parte de los católicos mejicanos... 
No podemos dejar que se haga sin nuestra inconformidad y nuestra 
protesta, lo que el honor y la conciencia no nos permitirán aceptar 
cuando se haya consumado.» * 

Aunque de momento el Comité Directivo de la Liga respondió al 
memorándum de los acejotaemeros de San Antonio, Tejas, con una 
comunicación iracunda e injusta, rectificó a tiempo lo que podía haber 
significado una grave escisión entre los católicos mejicanos; así pareció 
comprenderlo posteriormente el autor de esa comunicación, licenciado ` 
Ceniceros y Villarreal, cuando expresó en carta dirigida a Mons. Man- 
ríquez y Zárate, el 29 de junio de 1928, precisamente después de refe- 
rirse a dicho memorándum: «Felizmente la Unión Nacional a que 
dicho memorial se refiere, ha dejado de existir por el fracaso del re- 
presentante de la Liga en ésa, quien renunció la representación y tal 
renuncia fue desde luego aceptada. Por mi parte, diré a usted que 
la noticia del fracaso de la Unión Nacional me quitó un gran peso de- 


Méjico Cristero = 


encima. Ahora juzgo más fácil o menos difícil lograr la unión a la 
Liga de todos los elementos de buena voluntad, y es necesario que 
usted nos ayude con todas sus fuerzas a obtener esa unión.» 


XXII 


HEROINAS VICTIMAS DE LA PERSECUCION 


Las Brigadas de Santa Juana de Arco. — Mujeres 
ejemplares. — Deportados al penal de las Islas 
Marías. — Los mártires de San Joaquín. 


Las Brigadas de Santa Juana de Arco.—La mujer mejicana, prin- 
cipalmente la del centro de la República. ha sido vor tradición suma- 
mente religiosa; maestra que en el hogar ha enseñado el catecismo a 
sus hijos; ejemplo permanente de laboriosidad; firme apoyo de los 
ideales patrióticos del hombre. 
Al acercarse el conflicto religioso, ella estuvo en las primeras ba- 
rritadas alentando a los luchadores, ayudando generosamente a la causa 
sin rehuir peligros ni escatimar sacrificios, Por eso, cuando los cató- 
“licos empuñaron las armas para defender con ellas su fe y su libertad, 
la mujer mejicana pasó lista de presente para aprovisionar a las fuer- 
zas cristeras. 
El 21 de junio de 1927, un puñado de lindas jovencitas pertene- 

cientes a la Unión de Empleadas Católicas, se reunió en el pue- 
. blo de Zapopan, del estado de Jalisco, donde se venera la ima- 
gen de la Virgen del mismo nombre, para constituirse en la primera 
- Brigada de Santa Juana de Arco, la que, falta de organización, no co- 
menzó a trabajar de inmediato con intensidad. 

' En los primeros días del mes de noviembre partieron de Guada- 
` lajara hacia Colima, con el objeto de fundar allí la Brigada, tres mu- 
jeres: Sara Flores Arias, jefa de las Brigadas Femeninas de Occidente; 


; 257 
"MÉXICO CRISTERO.—17 


258 i Antonio Rius Facius 


Faustina Almeida y María de los Angeles Gutiérrez. En poco tiempo 
lograron su propósito y quedó integrado el primer grupo con señoritas 
salidas del antiguo Colegio del Sagrado Corazón, conocido entonces con 
el nombre de Colegio de la Paz. 

Ese primitivo grupo pronto se convirtió en un batallón, formado . 
por tres compañías, dos de las cuales trabajaban en la ciudad de Colima, 
y la tercera, subdividida en cuatro escuadras, operaba en Cuauhtémoc, 
Cornala, Tecomán y Manzanillo. 

La idea de contar con la ayuda franca y decidida de-la mujer en la 
lucha cristera, agrupada en una organización militarizada, encontró 
franca acogida entre los directores de la Liga y, el 7 de enero de 1928, 
hubo en la ciudad de Méjico el primer cambio de impresiones entre 
un delegado de Guadalajara y un representante de la Liga. Días, des- 
pués le fue asignado un consejero a las Brigadas y éstas comenzaron a 
extenderse por distintos estados de la República. 

«El 4 de marzo de 1928 fue constituido el Consejo Supremo de 
las B.B., con residencia en la ciudad de Méjico. A este fin un grupo 
de las B.B. de Méjico se trasladó a Guadalajara y tuvo una junta 
y en esa fecha se reconoció como jefa suprema de las B.B. a la seño- 
rita Celia Gómez, residente en la ciudad de Méjico y a quien el licen- 
ciado A. González Flores había designado jefa del movimiento femi- 
nista católico. Celia aceptó el nombramiento, y se giró oficio al Centro 
de Occidente que contestó protestando su obediencia. De este modo 
quedó constituída la jefatura de mando supremo que tenía jurisdiceión , 
sobre diez mil cruzadas que trabajaban en toda la República y cum- 
plían satisfactoriamente con las siguientes comisiones: finanzas, gue- 
rra, provisiones, beneficencia, información y sanidad.» ** 

Al ser publicado el Modus vivendi del 21 de junio de 1929, los en- 
tonces delegado apostólico y arzobispo de Méjico, Mons. Ruiz y Flo- 
res y Mons. Díaz Barreto, respectivamente, en su campaña seguida 
para modificar las instituciones católicas existentes, confiaron al padre 
Miguel Darío Miranda la tarea de intervenir en las Brigadas Feme- 
ninas de Santa Juana de Arco. Después de destituir al jefe de ellas, 
Luis Flores González, tomó posesión del importantísimo archivo y, 
dando un pretexto más o menos plausible, lo incineró, perdiéndese 
con ello no sólo algunos documentos que pudieron parecerle compro- 
metedores, sino la -fuente histórica más preciosa y extensa de una ins- 
titución ejemplar por todos conceptos. 


PPLOAqA A A e IA, 
Méjico Cristero 259 


Aun así, son inagotables los episodios de aquella desigual cuanto 
brava pelea en que tomaron parte las mujeres cristeras, cuyo número 
aumentaba constantemente. 

En los centros de abastecimiento concentrados en las poblaciones, 
se les entregaban cargas de pertrechos y municiones con un peso apro- 
ximado entre 15 y 25 kilos, que ocultaban entre sus ropas oscuras de 
: campesinas, no obstante que muchas eran hijas de familias acomodadas. 

Caminaban en fila, una tras otra, conducidas por una guía conoce- 
dora de la región, en grupos de 6 a 10, preferentemente de noche, ocul- 
tándose durante el día entre los matorrales, tras de las bardas y acci- 

- dentes de los apartados caminos. 

Muchas fueron sorprendidas y encarceladas; algunas sufrieron 
martirios inenarrables y otras fueron enviadas al penal de las Islas 
Marías. 


Mujeres ejemplares.—Una de aquellas valerosas chicas, que pro- 
veían a los cristeros colimenses de comida, medicinas y pertrechos, 
cayó en una emboscada y fue encerrada en la cárcel de Colima. 

«Su juventud y belleza provocaron desde el primer momento los 
bajos instintos de sus carceleros, que desgarraron sus ropas. La suje- 
laron a ininterrumpido interrogatorio. Querían saber cuál era el me- 
canismo de su organización, los nombres de sus jefes, sus lugares de 
reunión, pero ella guardó obstinado silencio. La jovencita apretaba 
fuertemente los labios y sólo los colores de su rostro y el brillo de sus 
ojos demostraban sus sentimientos de indignación, de eS o de 

“terror. 

»—Tu orgullo —le dijo el general— está en que eres virgen, pero 
si insistes en tu silencio te entregaré a los soldados en este mismo 
momento. 

»Los hombres aplaudieron la proposición con soeces comentarios y 
ruidosas carcajadas. La jovencita musitó una plegaria, levantando los 
ojos al cielo, y con la cabeza dijo no, a la repetida pregunta de que 
si estaba dispuesta a delatar a los suyos. 

»Entonces el jefe, lleno de cólera, gritó a sus soldados: 

»—¡Cójanla! Es de ustedes.»* 

Y aquella pobrecita pereció, víctima del sadismo de sus verdugos. 

Otro caso que, aunque menos vergonzoso, ejemplifica también el va- 
lor indomable de aquellas mujeres, fue el siguiente: Era usual para 


260 Antonio Rius Facius 


la protección de los cristeros que por algún motivo entraban en la ciu- 
dad, ir acompañados, al salir de ella, por alguna socia de las Brigadas 
para disimular su identidad en algún encuentro con la vigilancia mi- 
litar. 

En una de estas ocasiones —24 de junio de 1928—, tres soldados 
del ejército libertador, Benedicto Romero, Francisco Santillán y Ma- 
nuel Hernández, concertaron su salida de la ciudad de Colima para 
las ocho de la noche, acompañados por las hermanas Candelaria y 
Rosario Borjas. 

Mercedes Santillán, miembro de las Brigadas Femeninas, atendía, 
en unión de tres compañeras más, el pequeño hospitalito de los cris- 
teros del Volcán. Para que las ayudase había llamado, unos días antes, 
a su hermano Francisco, que aún no cumplía los 15 años de edad. 
Al poco tiempo éste fue enviado a la ciudad de Colima en busca de 
algunas provisiones y medicinas, acompañado de Benedicto Romero, 
soldado de Cristo Rey, quien tenía que ir en busca de algunos pertre- 
chos y la correspondencia, 

A su regreso había de unírseles Manuel Hernández, de escasos 
17 años, quien había estudiado en el seminario hasta que fue 'clau- 
surado, dedicándose, desde entonces, a colaborar con la tLNDLR en la 
provisión de municiones, ropa y medicinas para el ejército cristero, al 
que pensaba incorporarse. 

A la hora prevista abordaron el auto que habría de conducirlos 
fuera de la ciudad, manejado por un chofer conocido. En una calle 
les salió al paso un individuo para informarles que la salida estaba 
vigilada; Benedicto Romero ordenó al conductor del auto cambiar la 
ruta para salir por otro camino, pero el chofer, que se había puesto 
de acuerdo con el jefe de la guarnición para entregar a sus pasajeros, 
con el pretexto de que necesitaba cargar gasolina, regresó al centro 
de la población y, al llegar al edificio que ocupaba la Jefatura de Ope- 
raciones, detuvo bruscamente su auto y gritó, al tiempo de saltar para 
esconderse en el edificio: 

—¡Son cristeros! a 

Benedicto disparó su arma sin hacer blanco en el delator, mientras 
sus compañeros corrían a refugiarse en la casa frontera, tratando de 
escapar, seguidos por él, que se parapetó en el pasillo para detener a 
los soldados que estaban de guardia en la puerta de la Jefatura, hasta 
que fue muerto a tiros por el general Martínez. 


Méjico Cristero 261 


Francisco Santillán, Manuel Hernández y Candelaria Borjas caye- 
ron prisioneros; sólo Rosario logró huir por un corralón situado en la 
parte posterior de la casa. 

Los soldados se trasladaron al domicilio de la familia Borjas y, 
al encontrarla vacía por el aviso oportuno de Rosario, aprehendieron 
a varios vecinos, entre ellos a María Ortega, alta jefa de la Brigada. 
Manuel Hernández, Francisco Santillán y Candelaria Borjas fueron 
conducidos al cuartel para ser interrogados, y, al negarse a denunciar 
a sus compañeros, se les amarró fuertemente a los troncos de gruesas 
palmeras, para golpearlos cruel e impunemente hasta la media noche 
en que se retiraron los verdugos, dejando en el potro del tormento a 
los dos muchachos, 

Agotados por la sed y “el dolor de sus heridas, vieron amanecer el 
día 25. A las nueve de la mañana, fueron soltados de sus ligaduras, y 
pidieron que les dieran de beber. Los sayones cumplieron sus deseos 
llevándoles agua en una de las sucias escupideras de la Jefatura. Des- 
pués les anunciaron que serían inmediatamente fusilados. 

En medio de un piquete de soldados callistas iban los dos cristeros, 
Candelaria Borjas y María Ortega, cargando en una camilla el cadá- 
ver de Benedicto, y en otra las provisiones, medicinas, dos carabinas 
y las municiones que les habían recogido; también formaban aquel 
grupo otras señoritas de las Brigadas que habían sido aprehendidas. 

A espaldas de la catedral fueron colocados Manuel y Francisco, 
y junto a ellos Candelaria y María, que tenían al frente el cadáver de 
Benedicto y los pertrechos. La gente se agolpaba para contemplar 
aquel siniestro espectáculo. 

.—Mira —hace notar con manifiesta alegría Francisco a su compa- 
ñero—, vamos a morir a los pies de la Virgen de Guadalupe. Estamos 
bajo la ventana donde, en el interior, está su, imagen. 

Manuel sonríe; pide permiso al pelotón para hablar, pero tres veces 
le es negada esa gracia. Entonces dice a Francisco que se quite el 
. sombrero: 

—Dentro de unos momentos estaremos en presencia de Dios, no 
. debemos caer con la cabeza cubierta. 

Con doloroso esfuerzo Francisco obedece y, al hacerlo, un grueso 
hilo de sangre torna a correr de sus heridas por la sien y el cuello. 
Se persigna y es imitado por Manuel. Cuando los verdugos apuntan 
a sus pechos grita: 


262 Antonio Rius Facius 


—¡Viva Cristo Rey! 

Francisco rubrica este juramento y plegaria: 

—¡Y Santa María de Guadalupe! 

Candelaria y María cierran los ojos; junto a ellas dos cuerpos se 
desploman. Los militares se retiran y dejan una pequeña guardia para 
que vigile a las dos mujeres que permanecen de pie, contemplando el 
fruto cruento del martirio. El sol de julio, inclemente, alarga más las 
horas. Por fin, al medio día, son retiradas de allí las mujeres y los 
cadáveres. Unas manchas de sangre en el pavimento, que nadie se 
atreve a pisar, señalan el precio de la libertad. 


unir 
< 


Tres miembros de las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco hacen guardia 
obligada a los cadáveres de los cristeros sacrificados, Manuel Hernández, Bene- 
dicto Romero y Francisco Santillán, a espaldas de la catedral de Colima. 


«La noche de ese día 25 fue continuo martirio. Aisladamente, sepa- 
rada una de la otra, se les condujo, en medio de la oscuridad de 
la noche, a los patios interiores; se les abofeteó, azotó, injurió y ate- 
morizó de mil maneras, para obligarlas a confesar lo que los dos jóve- 
nes mártires no habían declarado y se habían llevado como secreto 
santo al sepulcro; mas aquellas vírgenes fueron amparadas por la Di-, 


Méjico Cristero ` l 263 


vina Providencia de Dios y nada -pudieron los perseguidores contra 
ellas. 

»Entonces se las amenazó con ahorcarlas, se puso la soga al cuello 
de Candelaria, y como ella prefiriese primero la muerte antes que ser 
infiel a la causa de Cristo, la víctima, en medio de aquellos inhuma- 
nos carniceros, fue suspendida en el aire. Pero el intento de sus ene- 
migos no era matarla, sino darle suplicio; se le bajó, mas ella estaba 
sin sentido. Helada y pálida, y en apariencia muerta, quedó tendida 
en el suelo en medio de las tinieblas de esa noche espantosa. Para 
volverla en sí la golpearon los soldados fuertemente con sus puños, 
y aún hubo necesidad de arrojar sobre su pecho y cara agua en abun- 
dancia. Después de largo rato se consiguió hacerla reaccionar y res- 
pirar de nuevo, pero su laringe, según dijo después el médico de la 
tropa, quedó lastimada y no pudo hablar en mucho tiempo. 

»A contemplar aquel cuadro de su compañera moribunda que yacía 
en el suelo, entre el estiércol de los caballos, fue llevada María Ortega, 
a quien también dio el Señor fuerza del Cielo, virtud sobrehumana 
para no flaquear, y no se atemorizó. Se le puso la soga al cuello y se 
la colgó, como se había hecho con Candelaria. Cuando volvió en sí, 
se encontró tirada en el suelo, rodeada de sus horribles verdugos que 
luchaban por hacerla revivir de nuevo para continuar haciéndola sufrir. 
La tomaron dos soldados, porque ella no podía permanecer de pie, y la 
condujeron en peso a la caballeriza, en donde quedó en medio de 
la oscuridad, tendida sobre las inmundicias, . 

»Al día siguiente reanudaron el suplicio; se dijo a las dos que iban 
a ser fusiladas y se les formó el cuadro. Las víctimas fueron obliga- 
das a ponerse de pie para recibir la descarga. El general empezó a 
.dictar las órdenes, se movieron los cerrojos de los máuseres que queda- 
ron en el tiro; luego se levantaron las armas... pero la fortaleza de 
„aquellas mujeres no fue vencida ni quebrantada su constancia.» 73 

Aquel nefasto episodio terminó con el destierro -a Monterrey de 
ambas doncellas, émulas de Santa Juana de Arco, que desafiaron todos 
los peligros por ver reinar a Cristo Rey en su patria. 


~ Deportados al penal de las Islas Marías. —Sería vergonzoso relatar 
la serie larguísima de atentados al pudor y a la vida contra tantas 
heroínas mejicanas como hubo, víctimas de la perversidad de un régi- 
men político surgido de la escoria de una revolución, que si bien se 


264 Antonio Rius Facius 


había hecho necesaria en 1910 para reponer la justicia social que me- 
dio siglo de liberalismo había arrebatado al pueblo, pronto degeneró 
al caer en manos de los audaces, de los ambiciosos y aun de los crimi- 
nales, cuyo fin era enriquecerse, hacerse poderosos para imponer la 


k > E h 
e ee 
p P ` a” 


Grupo de católicos 
enviados a las Islas 
Marias. 


t 

-El penal de las Islas 
Marias, donde fueron 
deportados, en` dis- 
tintas ocasiones, nu- 
merosos grupos de 
católicos apresados 

arbitrariamente. 


Méjico Cristero 265 


ley de su capricho a costa de rendir la nación al poderío yanqui, patro- 
cinador eficaz de todos los movimientos armados que culminaron con el 
«encumbramiento de Calles al poder. 

Pero Méjico no quiso sucumbir y desafió al tirano, y las cárceles 
comenzaron a llenarse de católicos por el sólo delito de serlo, sin dis- 
tingos de sexos ni edades. 

Los llamados sótanos de la Inspección en la ciudad de Méjico eran 
húmedas mazmorras, «donde el peor tormento no lo constituían las 
incomodidades materiales, sino la promiscuidad y el hacinamiento de 
personas que no podían moverse, en medio de un ambiente fétido.»*% 

Era esta cárcel la antesala del terrible penal de las Islas Marías, 
adonde eran enviados los más empedernidos viciosos, ladrones y ase- 
sinos. Ahí fueron a parar, durante el tiempo que duró la suspensión 
del culto público, multitud de católicos. 

Los primeros 37 deportados partieron sorpresivamente el 25 de 
mayo de 1927, sin que se les permitiera comunicarse antes con sus 
familiares ni llevar ropa adecuada. Dos meses después, sin mediar 
juicio que los condenara ni absolviera, fueron traídos a Méjico y pues- 
tos en libertad. 

Otros fueron menos afortunados, pues permanecieron allí más tiem- 
po, y aunque a todos se les trató con el rigorismo que se observaba 
en el penal, los católicos formaron grupos aparte para hacerse más 
llevadera su prisión. 

El último envío de católicos a las Islas Marías fue hecho el 8 de 
mayo de 1929 y constó de 150 hombres y 75 mujeres, procedentes de 
la capital y varios estados de la República, pero permanecieron poco 
tiempo, pues en el mes: de junio, al reanudarse los cultos en los templos 
de Méjico, pudieron regresar a sus hogares. 
un o a 
Je. 

Los mártires de San Joaquín.—Otra de las arbitrarias órdenes gira- 
das por el gobierno perseguidor fue la de encarcelar a todos los sacer- 
dotes que se encontraban en el foco de la rebelión de los estados de 
Jalisco, Guanajuato y Michoacán. Esto colocó a los ministros del Señor 
en situación difícil y peligrosa, pues de hecho se les consideraba res- 
ponsables de todos los levantamientos y, por lo mismo, enemigos del 
régimen, a quienes había que exterminar. 

Tan estúpida orden llegó a la ciudad de León, Guanajuato, el 7 de 
febrero de 1927 y los sacerdotes que no emigraron a otros estados 


266 Antonio Rius Facius 


— 


de la República tuvieron que esconderse y ejercer su santo ministerio 
aun a riesgo de perder la vida. 

Para dominar el latente fervor religioso del pueblo leonés, el secre- 
tario de Guerra, general Joaquín Amaro, envió, después de una desai- 
rada visita que hizo a aquella ciudad, al general de brigada Daniel 
Sánchez como jefe de la guarnición de la plaza de León. Era este torvo 
militar, «hombre de mal corazón, clerófobo recalcitrante, amante de 
lo ajeno y por añadidura morfinómano.» ** 

Una frase suya, dicha a un sacerdote a quien no pudo fusilar, lo 
pinta de cuerpo entero: «De siete curas que han caído en mis manos, 
usted es el primero que se me escapa.» 

El asalto al tren de Guadalajara y posteriormente el descarrila- 
miento causado por los mismos guerrilleros al tren militar del general 
Amarillas, jefe de las operaciones en el estado de Guanajuato, sirvie- 
ron de oportuno pretexto al general Sánchez para cometer otro de los 
más sonados crímenes de aquellos días. 

“San Francisco del Rincón, el pintoresco pueblecillo cercano a la 
ciudad de León, que había caído durante unas horas en poder de los 
cristeros al iniciar éstos su levantamiento en la región, era asediado 
constantemente por las guerrillas que operaban en sus alrededores, por” 
lo que frecuentemente ordenaba al agente del Ministerio Público que 
efectuase cateos en los domicilios particulares de las gentes que sospe- 
chaba pudiesen estar en connivencia con los rebeldes. 

Hospedábase en la casa de una de esas familias tradicional y cono- 
cidamente religiosas, un humilde sacerdote que había ido a celebrar 
los oficios divinos de Semana Santa a San Francisco del Rincón. Era 
éste el Pbro. Trinidad Rangel, capellán de la iglesia del Perdón de la 
ciudad de Silao, Gto. 

Al ser publicada la orden de que todo sacerdote se presentara a 
las autoridades para ser inscrito en un registro oficial, so pena de ser 
considerado rebelde, el padre Trinidad Rangel tuvo que ocultarse en 

“León, en la casa de unas antiguas amigas suyas, las señoritas Josefa 
y Jovita Alba. 

Había terminado su misión en San Francisco y estaba para regre- 
sar a León cuando, el día 22 de abril, se presentaron unos soldados a 
registrar la casa donde se hospedaba, en busca de armas. El padre 
Rangel no opuso resistencia a la orden de registro y él mismo se ade- 
lantó a abrir los roperos, sin que encontraran nada comprometedor, 


Méjico Cristero 267 


pero la figura humilde del sacerdote despertó las sospechas del jete 
de la escolta y llamó a la dueña de la casa para decirle: 

—¡Ese es un cura! 

La señora negó que lo fuese, pero el soldado insistió diciendo que 
su apariencia lo denunciaba y, por lo tanto, si no era cura, que, lo de- 
mostrase. Y se lo llevó a la cárcel. 

Esa misma noche, con tres arrestados más: el licenciado Dionisio 
Valdivia, Julio Orozco y José Quezada, fue conducido a la ciudad de 

León, y recluidos todos en una celda del seminario, convertido en cuar- 

tel. Allí fue soezmente increpado por el general Daniel Sánchez, espejo 

de vanidosos y cobardes. 

Al día siguiente recuperaron su libertad 
los tres compañeros de prisión del sacerdote, 
y la noticia de su detención pronto llegó a 
oídos de las señoritas que lo asistían, en cuya 
casa también se hospedaba el reverendo pa- 
dre Andrés Solá. 

Al conocer la ñoticia, el padre Solá orga- 
nizó la celebración de una hora santa y otras 
rogativas, mientras varias personas Se apres- 
taban a pedir la libertad del padre Rangel. 
El domingo 24 por la mañana se presenta- 
ron éstas ante el general Sánchez, quien se 
enfureció de tal manera por la súplica que 
se le hacía, que llegó al grado de empuñar R. P. Andrés Solá y Milist, 
la pistola para amenazar a los espontáneos Misionero hijo del Inmacu- 
defensores del sacerdote, quienes le pidieron lado Corazón de María, bár- 


ue, por lo menos, les fuese permitido Ile- duramente sacrificado junto 
E arl z a Faaa 2 p con el Pbro. Trinidad Ran- 


y i PE gel y Leonardo Pérez. el 
«El general accedió a esa nueva súplica; 25 de abril de 1927. 


mas apenas hubieron salido del cuartel man- , 

dó tras ellas un piquete de soldados, diciéndoles: “¡Sigan a esas bea- 
tas!” Las buenas mujeres, sin darse cuenta de que las iban siguiendo, 
encaminaron sus pasos a la casa de las señoritas Alba. Apenas lle- 
garon a la puerta, cuando uno de los esbirros del general Sánchez 
tomó del brazo a una de las señoras aludidas. Tocó en seguida él 
mismo la puerta, y al abrir una de las personas que estaban dentro, 
sin más, dio orden de pasar a las señoras; a poco entraron también 
los soldados.» "° 


268 Antonio Rius Facius 


Al encontrar allí al padre Solá, lo interrogaron y, aunque él negó 
en un principio su verdadera personalidad, un retrato en el que apa- 
recía dando la primera comunión a una niña, encontrado entre sus 
pertenencias, lo descubrió; fue apresado junto con las dueñas de la casa 
y Leonardo Pérez, un cumplido empleado de comercio al que sorpren- 
dieron orando frente al altar de la capilla de la casa, pues el padre 
Solá acababa de oficiar una hora santa. 

Era el padre Andrés Solá y Milist originario del municipio de Ta- 
randell, provincia de Barcelona, España. Aún no cumplía cuatro años 
de haber llegado a Méjico, enviado por los superiores de su orden para 
ejercer el ministerio sacerdotal. 

Su misma juventud le hacía ser confiado y optimista, a grado tal 
que, cuando esa misma tarde fue condenado a muerte, junto con el 
padre Rangel y Leonardo Pérez, acusados de ser salteadores de trenes, 
se encaró al general Sánchez y le dijo: 

-—Señor, séame lícito manifestar que no tengo más crimen, ni sé 
que haya cometido: otro, que el de haber cumplido con mi deber de 
misionero. Sepan, pues, ustedes, que tanto por eso como por ser extran- 
jero, no me pueden fusilar. 

A lo que lleno de iracundia y menosprecio contestó el ignorante e 
injusto juez: 

` —También para los extranjeros tenemos balas. 

Y, satisfechísimo de sí mismo, expidió ese general revolucionario 
el siguiente despacho oficial para su no menos arbitrario amo Joaquín 
Amaro, secretario de Guerra: «Acabo de aprehender a tres cabecillas 
asalto tren general Amarillas, y tres curiosos más.» 

A este mensaje respondió con despiadada crudeza el defensor mi- 
litar de las instituciones callistas. «Lléveselos lugar descarrilamiento, 
fusilese a los tres, y a los curiosos escarmiénteseles, y déjeles libres.» 

Los tres jóvenes a que se hacía referencia en estos mensajes habían 
sido apresados, al llegar a la casa de las señoritas Alba, por los sol- 
dados que la estaban custodiando. 

Los seis prisioneros fueron conducidos al tren de pasajeros, en gón- 
dola descubierta y acompañados de una escolta de cinco soldados. Mien- 
tras el convoy corría por las llanuras del Bajío, se confesaron en voz 
baja los seglares con los sacerdotes. Al llegar a Lagos se detuvo el 
tren y pudieron dofmir allí mismo hasta la madrugada del día 25. 
Se reanudó el viaje hasta llegar a Encarnación; allí fueron bajados 


-Méjico Cristero 269 


y pasados al tren explorador del general Amarillas, quien dio su visto 
bueno a la sentencia. f ; 

El tren militar emprendió su marcha, deshaciendo parte del ca- 
mino, hasta llegar al kilómetro 491, entre las estaciones de Mira y 
Los Salas. 

«El aspecto del paisaje —dice el señor don Isidoro Ch.— es sor- 
prendente. Hay por una parte un elevado cerro con exuberante vege- 
tación: es el lugar ocupado por las tropas del gobierno en el combate 
del 23. Luego otro cerro que sirve de paso para la vía; y hacia abajo, 
arroyos, árboles, matorrales espesos y hierba, hasta llegar a la hondo- 
nada de donde arranca otra elevación. En este sitio se ven multitud 
de cartuchos disparados en el mencionado combate.» ê i 
- El jefe de la escolta obligó a bajar a los dos sacerdotes y a Leo- 
nardo; los tres jóvenes permanecieron en el vagón y, con voz apagada, - 
oraron por los que iban a ser sacrificados. Los tres sentenciados baja- 
ron la hondonada seguidos por diez soldados y un oficial; en el fondo 
había un gran charco de petróleo perteneciente al tren asaltado. Al 
borde les ordenaron detenerse. «Se ponen en cruz después que disimu- 
ladamente se han absuelto. Leonardo dice que no es sacerdote; el pa- 
dre Solá se dispone a hablar, pero las balas le hacen rodar por el 
suelo... Eran las ocho y cuarenta y cinco de la mañana. Una detona- 
ción que repite la hondonada avisa a los de arriba que se ha cumplido 
la sentencia. Uno de aquellos tres jóvenes, al oír la descarga, se pone 
en pie y ve caer al padre, se sienta luego temblando... la emoción y el 
espanto no lo dejan ver ya lo que pasa.» * 

Los Soldados dieron el tiro de gracia a las víctimas y los despo-. 
‘jaron de lo que tenían. Subieron apresuradamente al tren y antes de 
partir ordenó el oficial a una brigada de ferrocarrileros que allí había 
que quemaran los cadáveres. Pero éstos desohedecieron la orden: 
el padre Solá se revolcaba quejumbroso aún en el charco de petróleo; 
sus compañeros habían muerto. Dos horas terribles se prolongó su 
angustiosa agonía, atendido caritativamente por los obreros, sin que 
pudieran hacer nada para salvarle la vida, que se le escapó bendi- 
ciendo los dulces nombres de Jesús y María. 


XXIV 


INTENSIFICACION DE LA CAMPAÑA CRISTERA 


Navarro Origel alcanza señaladas victorias.—Jesús 
Degollado Guízar, jefe de operaciones.—Rabia im- 
potente. 


Navarro Origel alcanza señaladas victorias.—El acejotaemero y ex 
alcalde de Pénjamo, Luis Navarro Origel, desde su refugio del Aserra- 
dero en el cerro de Tancítaro, estaba en comunicación con el Comité 
Directivo de la Liga en espera de reanudar la lucha armada en la región 
que le fue designada, pero como la Liga carecía de recursos económi- 
cos, fue retardando su decisión hasta que, sin esperar a obtenerlos, 
autorizó a Navarro Origel a operar en la región costera del estado de 
Michoacán, en sus distritos de Coalcomán, Arteaga y parte de Apatzin- 
gán, que le era completamente desconocida. 

_Era cura de Coalcomán el padre José María Martínez. Acatando 
las disposiciones de su obispo, había suspendido el culto público en su 
parroquia, cosa que, como en toda la República, tenía en constante 
disgusto a los habitantes del distrito, al grado de solicitar a su párroco 
que los acaudillara para levantarse en armas, no obstante que en ese 
lugar, desguarnecido de tropas, la Ley Calles no tenía vigencia alguna. 
El padre Martínez, que había ofrecido a sus feligreses acompañarlos 
como capellán castrense, se resistía a empuñar la espada, por no contra- 

: venir las disposiciones eclesiásticas. 

Por eso, cuando corrió la noticia por el pueblo de que llegaría 
“un general de Méjico”, los vecinos no disimularon su entusiasmo. 

. z1 


272 Antonio Rius Facius 


- Efectivamente, antes de finalizar el mes de abril, se presentó en 
Coalcomán el general Fermín Gutiérrez, que no era otro que Luis 
Navarro Origel, quien había adoptado ese nombre para lanzarse a la 
defensa armada. Inició sus gestiones con un cambio de impresiones. 
con el párroco; después convocó a una reunión de todos los vecinos 
y les expuso la licitud y necesidad de empuñar las armas contra el 
gobierno tiránico. El día 23 de abril de 1927 la población de Coalco- 
mán se declaró independiente del gobierno de Calles; Luis Navarro, 

< usando su seudónimo, comunicó la decisión del pueblo al gobernador 
del estado y al jefe de operaciones, y nombró autoridades municipales. 
Organizó un pequeñísimo ejército con los más decididos hombres del 
lugar, y al frente de ellos alcanzó, a los pocos días, su primer triunfo 
en Aguillillas, un pequeño pueblo dedicado a la cría de cerdos, con no 
más de dos o tres mil habitantes. Su éxito fue celebrado con una pro- 
cesión y una misa solemne en el templo, que ofició el párroco de Coal- 
comán. 

De esta manera, sin derramar una gota de sangre, otros humildes 
poblados fueron tomados por los eristeros, con lo cual quedó bajo el 
mando del general Gutiérrez parte de la faja costera de Michoacán. 

Aliado con dos caciques de la región, llamados Serapio Cifuentes 
y un tal Ibáñez, al que se conocía con el mote de El Perro, planeó apo- 
derarse de Tepalcatepec, «plaza tan importante o más que Coalcomán 
donde podían proveerse de elementos de guerra», situada a nordeste 
más allá de la sierra, en medio de una llanura seca y ardiente cono- 
cida por El Plan. 

«El camino de Coalcomán a Tepec, que corre por una cañada, cam- 
bia a partir de Las Ánimas, donde mueren las últimas estribaciones 
de la sierra y comienza El Plan». El grupo llegó, el 2 de mayo a las 
estribaciones de Tepalcatepec, pero fue sorprendido por los federales 
y desbaratado, sufriendo la pérdida de dos prisioneros. 

Esta dura experiencia le hizo ser más cauto y «después de la ocu- 
pación pacífica de Coalcomán, Aguilillas y Chinicuila y el descalabro 
sufrido en Tepalcatepec, a fines de mayo se inició el ataque de esta 
plaza, defendida por una guarnición de 105 soldados federales al mando 
del capitán Arreguín y por los agraristas del lugar, encabezados por 
Catarino Torres.» ™ 

El ataque a Tepalcatepec se inició el 29 de mayo y terminó el 19 de 
junio. En él perecieron la mayor parte de los soldados que lo defen- 


Méjico Cristero 273 


dían y sólo uno de los atacantes; éstos recogieron un valioso botín 
consistente en 89 máuseres, 50 pistolas, 60 caballos, 100 monturas y 
3 clarines. 

Una vez lanzado a la lucha, Luis Navarro no se detuvo; del 8 al 
11 de junio combatió contra 600 federales cerca de Coalcomán y los 
obligó a refugiarse en Chinicuila después de hacerles 145 bajas con- 
tra 7 de sus fuerzas, integradas en su inmensa mayoría por campe- 
sinos que, una vez iniciada la temporada de lluvias, abandonaron el 
ejército cristero para dedicarse a sus siembras. Coalcomán, desguar- 
_necido, fue ocupado sin resistencia por los guachos, como llamaban 
despectivamente a los soldados federales, el 12 de junio de 1927. 

Una semana más tarde, Luis Navarro, al frente de una pequeña es- 
colta compuesta por 15 hombres, en espera de que se le incorporase 
una fuerza de 125 más, fue sorprendido en Ahuijullo, Jal., por el ene- 
migo, y perdió al mayor Antonio Larios y al sargento José González 
Romo. 

Fue perseguido, durante los días siguientes, por varias columnas ene- 
migas, pero siempre salió bien librado, a veces milagrosamente, como 
sucedió en el cerro del Ojo del Agua, en donde, acompañado de 12 com- 
' pañeros, resistió a 687 federales que lo sitiaron durante seis días, al 
término de los cuales los sitiadores abandonaron el campo después de 
haber sufrido 28 bajas, contra 4 caballos enjaezados de los cristeros. 

En los primeros días de julio se sumaron numerosos adeptos a las 
filas del general Fermín Gutiérrez, quien alcanzó nuevos triunfos que 
culminaron con el combate de El Fresal, entre Coalcomán y San José 
de lá Montaña, en el que causó a una columna callista compuesta por 
350 soldados, 189 bajas, de las cuales 105 cadáveres quedaron tendidos 
en el campo. En esta acción perdió al capitán Salvador González Men- 
doza, al teniente J. Trinidad Gutiérrez y un soldado. El botín fue: 
123 máuseres, varias pistolas reglamentarias, una carga de cartuchos, 
otra de dinero y varias mercancías, producto del latrocinio de los fede- 
rales, que solían comportarse como verdaderos bandoleros cuando asal- 
taban alguna población. . 

Y por fin, el 16 de julio, inició el sitio a Coalcomán, sin que dos 
semanas de incesante tiroteo lograran rendir la plaza por falta de dina- 
mita, no obstante haber causado 133 bajas a la guarnición. Las escara- 
muzas y los combates se sucedieron con frecuencia; el cada día más 
poderoso ejército de Luis Navarro Origel, en comunicación con otros 
MÉXICO CRISTERO.—18 


274 Antonio Rius Facius 


generales cristeros, entre ellos Ignacio Sánchez Ramírez y Luis Gui- 
-zar Morfín, se organizó para limpiar de enemigos la vastísima región 
sur occidental que se le había asignado. 

En septiembre infligieron grave derrota a los callistas en Tehuan- 
tepec, Michoacán, causándole 200 bajas. Los días 11, 12 y 13 de octubre 
«se libró un combate en la 
cañada de Ticuilucán, entre 
Penolapa y La Limonera, con 
una columna de 100 soldados 
callistas y nuestras tropas de 
Coalcomán, al mando de los 
coroneles E. Mendoza Barra- 
gán y L. Guillén, logrando 
sitiar a los contrarios que, des- 
pués de tres días de combate, 
rompieron el sitio, dejando 
alrededor de 200 muertos en. 
el campo de combate; tres car- 
gas de rifles; dos de parque; 
dos de dinero; tres clarines; 
la bandera que nos habían 
quitado en el sitio de Ojo de 
Agua del Cobre, la bandera 
propia de esa columna callis- 
ta; la caballada, inclusive el 
caballo del general Tranqui- 
lino Mendoza, quien se escapó 
Coronel Ignacio Navarro Origel, su hermano entre unos arrieros, vestido 


el general Luis Navarro Origel y general José cö ñ A 
González Romo, tres valientes acejotaemeros o ellos, abandonando ver- 
que ofrendaron su vida a Cristo Rey. gonzosamente sus tropas y sa- 


liendo por otro rumbo. Se les 

recogieron innumerables chacós (moscovitas), uniformes, equipos, ga- 

nado vacuno y porcino que llevaban; cargas de mercancía y enseres; 

habiendo sólo una baja nuestra, el soldado Jesús González, y tres 

heridos leves, para que fuera más clara y espléndida la maravillosa 
intervención de la Santa Madre de Dios y Madre Nuestra.» *?* 

El último día de este venturoso combate, Luis Navarro Origel em- . 


prendió, con las fuerzas a su mando, el ataque y toma de su primitivo 
Y 


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Méjico Cristero ` 275 


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punto de partida: Coalcomán, que se mantuvo ininterrumpidamente, 
desde entonces y mientras su valiente libertador vivió, en poder de los 
católicos. 

Esta campaña victoriosa de la División del Suroeste del Ejército 
Libertador se desarrolló sin que, del centro, le fuese enviada la más 
mínima ayuda, antes al contrario, Navarro Origel, que era a la vez 
un gran estratega y habilísimo administrador, pedía insistentemente 
que cuanto pertrecho de guerra pudiese conseguirse, él estaba en con- 
diciones de recibirlo por la costa michoacana y liquidar su importe, 
pues podía proveerse en aquella región de cantidades verdaderamente 
importantes, tanto en dinero como en especies. Pero los Estados Uni- 
dos vedaban toda salida de armamento para los cristeros y, de otros 
países, principalmente los europeos, no era fácil adquirirlos a base de 
trueques, y menos aún transportarlos en barco en aquellos primeros 
tiempos, aún indecisos, de la rebelión cristera. 


Jesús Degollado Guízar, jefe de operaciones.—Para extender. y co- 
ordinar los levantamientos en las regiones colindantes en las que ope- 
raba Navarro Origel, el Comité Directivo de la Liga nombró a Jesús 
Degollado Guízar jefe de operaciones en el occidente de Michoacán, 
sur de Jalisco y estado de Nayarit. Aunque era el primer cargo mili- 
tar que recibía, Degollado Guízar había demostrado con anterioridad 
poseer excepcionales dotes de organizador, sangre fría a toda prueba 
y conocimiento de la región. 

En la casa de Andrés Barquín y Ruiz, en cuyo sótano se editaba 
el solicitado periodiquillo Desde mi Sótano, le fueron entregados algu- . 
nos miles de cartuchos que escondió convenientemente dentro de cajas 
de jabón, y las consignó a distintos destinatarios antes de salir rumbo 
a su destino, usando ingeniosos medios para evitar ser descubierto. 

El 4 de abril marchó para Guadalajara y al llegar allí entró en co- 
municación con los jefes del movimiento que habían sido puestos bajo 
sus órdenes, Hizo llegar algunas cajas de municiones a los grupos con- 
signatarios y, finalizados sus preparativos, anunció al general Luis 
Ibarra que el día 20 de mayo partiría para encontrarse con él en el 
rancho Zacatecas. El día señalado se despidió silenciosamente de su 
esposa y, acompañado por cuatro acejotaemeros, los primeros soldados 
bajo sus órdenes, tomó el tren para Sayula. De allí partieron a caba- 
llo, burlando la persecución de soldados federales, hacia el campa- 


276 Antonio Rius Facius 


mento donde estaban reunidos los jefes Ibarra, Bouquet y Cueva con 
150 hombres más. Repartió el parque que llevaba consigo y, antes 
de retirarse a descansar, rezaron todos esa noche, como era costum- 
bre, el:santo rosario. 

A la madrugada siguiente un clarín tocó la diana. Los cristeros 
se aprestaron a oir la misa que el padre Pedro Rodríguez, su capellán, 
ofició. En ella comulgaron oficiales y tropa y, al final, el padre Rodrí- 
guez tomó a los presentes el juramento de fidelidad a Cristo Rey. 

El general Degollado Guízar seleccionó a su Estado Mayor entre 
los acejotaemeros del grupo, que quedó integrado asi: Manuel Moreno, 
jefe de Estado Mayor; Miguel Rodríguez, teniente coronel; Eduardo 
Ugalde, capitán; Pedro Trejo, teniente, y Manuel de la Rosa, sub- 
teniente. 

Ordenó al coronel Carlos Bouquet que, con las fuerzas a su mando, 
lo acompañara a Michoacán, y que el general Luis Ibarra retornase a 
sus cuarteles de la Mesa de San Nicolás y Rancho Viejo de los Fletes, 
Su falta de experiencia lo hizo fracasar en su primer intento de atra- 
vesar las líneas callistas, lo que dio ocasión para que muchos de sus 
hombres desertaran. La segunda vez, acompañado tan sólo de 35 va- 
lientes, tuvo mejor suerte, pues aunque se vieron obligados a sostener 
algunos encuentros con fuerzas enemigas, pudo cumplir sus propósitos 
de recoger el resto de las municiones que a sí mismo se había remi- 
tido a la estación de Tingúindín y ponerse de acuerdo con los demás 
jefes cristeros bajo su mando. 

Los últimos días de junio sostuvieron sus fuerzas un duro encuen- 
tro, que duró tres días, en un lugar llamado El Perico. El primer día 
se dispersó el grueso de su tropa con el general Barragán a la cabeza. 
Sin embargo, a medida que el combate se hacía más reñido, fuéronse 
reintegrando muchos de sus hombres, dando como resultado que, con 
la derrota infligida al enemigo, al que le causaron más de 100 muer- 
tos y numerosos heridos, obligándolo a refugiarse en Cotija, Mich., 
de 60 cristeros que eran al comienzo de las hostilidades el día 26, 
subieron su número a más de 400 el día 30. Sobre el campo regado 
de cadáveres se recogieron 140 armas largas, algunas pistolas y 8,000 
cartuchos. De parte de los libertadores, milagrosamente, según afir- 
maron en sus verídicos informes los testigos de aquella jornada, no 
hubo más baja que un herido «y el caballo que montaba mi general, 
. también herido.» 


Méjico Cristero j 277 


«En los primeros días de julio, acompañado por el coronel Michel 
y al frente de 600 hombres, como ya se dijo, llegó el coronel Carlos 
Bouquet, procedente del sur de Jalisco. Rindió su parte de noveda- 
des manifestando que los cartuchos —que había embarcado Degollado 
desde Méjico— se habían recogido sin novedad y repartido entre las 
tropas de Michel y las demás de la división, dando preferencia al 
coronel Esteban Caro y al general Lorenzo Arreola, quienes no habían 
recibido ninguna ayuda; que a su regreso tocó El Durazno, donde fue 
recibido a balazos por los agraristas. Éstos fueron batidos: les hizo 
25 muertos en el combate y tomó preso al jefe, al que mandó fusilar 
después de ofrecerle un sacerdote.» %? 

El general Degollado Guízar, frente a las tropas formadas, felicitó 
a Bouquet y lo ascendió a brigadier. Su ejército, aún desorganizado, 
iba cobrando confianza en sí mismo y en su jefe. Lo sucedido en un 
lugar denominado Las Peñas, es clara muestra de tal afirmación: ahí 
quedaron copados, en una casa aislada en el campo, 22 cristeros. Las 
fuerzas atacantes eran superiores. El general Degollado Guízar se acercó 
para rescatarlos, pero el grueso de su columna fue obligado a replegarse 
hacia el monte; sólo sus más fieles compañeros resistieron la vigorosa 
acometida de los federales, muy superiores en número, antes de verse 
obligados a retroceder; lo que, visto por los que habían buscado refugio 
en las alturas, sirvió de acicate a todos y se lanzaron al rescate de los 16 
supervivientes sitiados que se habían negado a rendirse al enemigo. 

Y aquí me detengo en la narración de los triunfos alcanzados por 
su ejército, y de los éxitos personales logrados por los jefes y tropa 
bajo su mando, lo que haría interminable este relato. A lo largo de 
los meses siguientes los callistas confirmaron, con dura experiencia, 
el valor indomable de los cristeros, siempre en continua movilización, 
quienes abandonaban las poblaciones conquistadas únicamente para no 
ser víctimas de un ataque concentrado, logrando con esta táctica ser 
poco menos que invulnerables a la persecución de los federales. 

- Entre sus más sonados triunfos alcanzados en aquel tiempo estu- 
vieron: El combate de Juchitlán, Jal., el día 18 de septiembre, en el 
gue hicieron mucho daño al enemigo y cobraron abundantísimo botín 
de guerra, que fue repartido entre la gente de los generales Ibarra y 
Bouquet. El ataque y toma de la población de Cocula, Jal., el 29 del 
“mismo mes. La victoria alcanzada, con la destrucción total del ene- 
migo, en Unión de Tula, Jal., el 8 de octubre de 1927. 


278 : Antonio Rius Facius 


Rabia impotente.—Las tres importantes victorias obtenidas por los 
ceristeros de la región de Jalisco en sólo veinte días, alarmó de tal modo 
al gobierno que se vio obligado a movilizar una fuerte columna al 
.mando del general Juan B. Izaguirre, hombre tan cobarde como san- 
guinario, que tuvo que ser removido de su cargo, poco tiempo después, 
por su ineptitud y latrocinio. 

«De Ameca avanzó Izaguirre para Unión de Tula y de allí a Eju- 
tla, adonde entró sin resistencia. Siendo un representante del llamado 
gobierno, allanó moradas, ultrajaron sus tropas a multitud de mujeres 
e hizo prisionero al señor cura Aguilar, a quien en la plaza de la po- 
blación, en presencia de todo el pueblo, le ofreció la libertad porque 
gritara: Viva Calles, pues de este modo, él, Izaguirre, tendría la satis- 
facción de ver rajarse a un cura. El señor cura Aguilar le contestó: 

»—Nada tendría que ver que gritara que viviera Calles; pero como 
usted eso lo vería como una apostasía de mi parte, no lo conseguirá: 
¡Que viva Cristo Rey! —dijo el mártir con voz fuerte. 

»—Cuélguenlo —contestó Izaguirre. E 

»El señor cura Aguilar, que ya tenía la soga al cuello, fue sus- 
pendido unos momentos y a una orden del tirano, lo bajaron; el cuerpo 
del mártir quedó en el suelo; pero momentos después volvió a la vida 

y pudo pararse. Izaguirre volvió a hacer el mismo ofrecimiento, y el 
señor cura respondió: 

—»Si mil veces me cuelga usted y vuelvo a la vida, mil veces res- 
ponderé: ¡Que viva Cristo Rey! 

»De nuevo fue' suspendido, y esta vez hasta que murió.» * 

Frente a la muerte, los confesores de la fe se sublimaban. El grito 
de ¡viva Cristo Rey! no sólo era un reto al tirano, sino himno de amor 
y esperanza de una patria digna. Sacerdotes y seglares, de diversa con- 
dición social, se identificaron por su grandeza en las manos del verdugo. 

Eduardo Ugalde y Pedro Trejo, dos de los acejotaemeros miembros 
del Estado Mayor del general Degollado Guízar, iban acompañados de 
Vicente Flores y un viejo arriero a pagar unos cartuchos que se habían 
comprado, cuando fueron hechos prisioneros en el camino por el capi- 
tán Arnulfo Díaz, perteneciente al 38° regimiento al mando del general 
Manuel Avila Camacho, quien ordenó que Vicente Flores y el arriero 
fuesen colgados, tratando de amedrentarlos para que le dijesen si sa- 
bían dónde se encontraba Degollado Guízar; Ugalde se fingió mudo 
y Trejo contestó que sí lo sabía. 


Méjico Cristero 279 


—Lo dejo en libertad si me lleva al lugar donde se encuentra —le 
ofreció. 

—Eso no se le propone a un hombre, y yo me precio de serlo —res- 
pondió el bravo acejotaemero. 

El capitán callista ordenó que los amarraran y condujeran a Ciudad 
Guzmán, donde Trejo fue bárbaramente golpeado y condenados los dos 
a muerte. Frente al pelotón, un instante antes de la descarga, Eduardo 
Ugalde gritó: ¡Viva Cristo Rey!, lo que aterró a sus ejecutores porque 
creyeron que el mudo había hablado. 


XXV 


OTOÑO DE 1927 


El general Gorostieta entra en la lucha.—Armando 
J. Ayala.—Miguel Gómez Loza, gobernador de Ja- 
lisco. — Aprovisionamiento cristero. — Los bonos de 
la libertad. 


El general Gorostieta entra en la lucha.—El Comité Directivo de la 
Liga sentía la imperiosa necesidad de contar con militares capaces, co- 
nocedores y de intachable conducta, tanto para la instrucción de las 
novatas tropas cristeras como para la dirección técnica del movimiento 
que, a fines de 1926, se había extendido con fuerza incontrolada, espe- 
cialmente en Los Altos de Jalisco. Atendiendo la invitación hecha por 
J. Manuel Delgado, miembro de la Liga y acreditado católico jalis- 
ciense, el general Enrique Gorostieta Velarde se presentó, un día del 
mes de diciembre de 1926, al presidente de la Liga, licenciado Rafael 
Ceniceros y Villarreal. El Comité recibió afablemente al militar a las 
nueve de la mañana, y la conversación iniciada a esa hora terminó a 
las nueve de la noche. 

El general Gorostieta, nervioso, frecuentemente agresivo y apasio- 
nado, dejó magnífica impresión en sus interlocutores con su desbor- 
dante patriotismo e innegable buena fe. De carácter jovial y aspecto 
agradable; blanco, delgado, gran gimnasta y gallardo jinete, el general 
Enrigue Gorostieta Velarde era oriundo de Monterrey, Nuevo León, 
y descendiente del insigne militar español Velarde que, el 2 de mayo 
de 1808, inició, en unión de Daoiz, el glorioso movimiento de inde- 
pendencia contra las huestes de Napoleón Bonaparte. 

281 


282 o . Antonio Rius Facius 


En el Colegio Hidalgo, de su ciudad natal, cursó los estudios pre- 
paratorios e ingresó después en el heroico Colegio Militar de Chapul- 
tepec. En 1910 era cadete y, al sobrevenir el cuartelazo huertista 
en 1913, era oficial. Prestó sus servicios al régimen constituido como 
militar de carrera y, por méritos en campaña, pronto alcanzó el gene- 
ralato. Al tiempo del carrancismo salió de Méjico hacia los Estados 
Unidos primero, y hacia Cuba después, de donde regresó a su patria 
en 1919 para dedicarse a los negocios en el ramo de la química. No obs- 
tante su extracción liberal, poseía un criterio ortodoxo bien dirigido, 
cultura poco común, despejada inteligencia y acerada voluntad. 

La identificación espiritual de unos y otro fue inmediata y Goros- 
tieta aceptó servir lealmente a la Liga cuando se le llamara. La oca- 
sión no tardó en presentarse con la muerte de Anacleto González 
Flores. 

El Gobierno Federal había intensificado su ofensiva contra la cre- 
ciente rebelión «llevando a cabo algunas providencias'que aconsejaba 
la práctica y otras de carácter cruel e inhumanitario. Atendiendo a los 
postulados de la ciencia militar, la región de los Altos fue dividida en 
zonas, encargando cada una de ellas a un general con toda clase de 
elementos de guerra modernos. Estas zonas estaban perfectamente dis- 
tribuidas, principalmente en aquellos lugares donde se habían hecho 
fuertes los rebeldes; zonas que en casos apurados, como sucedió mu- 
chas veces, podían ayudarse mutuamente dando aviso sus explorado- 
res, ya del paso de las guerrillas rebeldes, ya de los sitios donde 
acampaban. A estas medidas tomadas por el gobierno, que nada tienen 
de censurables, fueron añadidas otras de carácter salvaje e inhumano. 
La principal fue la reconcentración de las familias campesinas a los 
poblados, dedicándose los odiados sardos a tomar en su provecho lo. 
mejor que las pobres familias tenían en sus casas campestres, aña- 
diendo a estos actos de rapiña el incendio de las granjas y de los gra- 
neros.» 7 

El general Enrique Gorostieta Velarde fue nombrado jefe de las 
fuerzas cristeras en el estado de Jalisco y, a finales del mes de julio 
de 1927, partió hacia su destino el aguerrido militar, acompañado de 
un miembro de la Liga y un guía. 

En.el estado de Zacatecas anduvieron dos semanas sin encontrar 
ningún grupo de alzados. Estuvieron en Guadalajara y de esta ciudad 
se dirigieron a un lugar cercano llamado La Escoba, donde se les unie- 


Méjico Cristero 283 ' 


` 


ron 6 acejotaemeros con cabalgadura y armados con pistola. El general 
Gorostieta y sus acompañantes se internaron en la sierra y, aunque 
fueron sorprendidos por soldados callistas, pudieron eludir audazmente 
al enemigo y llegar con bien a El Salvador. Desde allá envió mensa- 
jeros a Guadalajara y Méjico, para dar a conocer su posición y soli- 
citar elementos de guerra con los cuales proveer al naciente ejército 
que había empezado a formar; pero sus enviados regresaron con las 
manos vacías, aunque acompañados de otros acejotaemeros que fueron 
distribuidos en las poblaciones cercanas, para propagar la rebelión y 
conseguir nuevos reclutas. 

En El Salvador se presentaron, para recibir órdenes de Gorostieta, 
los jefes cristeros José María Gutiérrez, a quien extendió nombra- 
miento de coronel; Pedro Sandoval y Teófilo Valdovinos, con 400 
hombres bien armados y pertrechados. 

José María Gutiérrez, que habría de llegar a general del Ejército 
Libertador, era originario del rancho de Huaracha, del municipio de 
Jalpa, estado de Zacatecas, donde nació el 10 de noviembre de 1893. 
Huérfano desde muy pequeño, no pudo concurir muchos años a la es- 
cuela; contrajo matrimonio al cumplir los diecisiete años de su edad 
y fue arrebatado por la revolución de 1915. Al fundarse en su pueblo 
natal la acsm en 1920, ingresó a ella, y con sus enseñanzas modeló su 
espíritu en amor a Cristo y a su patria. Al extenderse la Liga Nacional 
Defensora de la Libertad Religiosa por el sur del estado de Zacatecas, 
fue nombrado jefe de ésta y más tarde jefe del movimiento armado en 
su estado. 

Pocos días antes de tomar las armas, Gutiérrez supo que un antiguo 
enemigo suyo, a quien había tenido que someter al orden en alguna 
ocasión, se disponía a levantarse en armas y fue en su busca para 
unir sus esfuerzos en defensa de la causa común. Teófilo Valdovinos 
se convirtió desde entonces en su amigo, colaborador y compañero leal. 
Convinieron en apoderarse de Jalpa, Zac., la noche del 2 de enero de 
1927, pero juzgando tener mayor éxito si efectuaban el ataque por la 
mañana, José María Gutiérrez se adelantó a los planes y, con 3 compa- 
fieros, derrotó a 22 policías del municipio, a quienes desarmó. El vecin- 
dario se reunió frente al palacio municipal y José María Gutiérrez 
leyó, desde un balcón, el Manifiesto a la Nación de René Capistrán 
Garza. Cuando llegó Valdovinos, Jalpa estaba en poder de los cató- 
licos y, desde entonces, siguieron juntos su camino de heroica rebelión. 


284 Antonio Rius Facius 


Gorostieta les ratificó y confirmó el mando otorgado anterior- 
mente a Gutiérrez, Valdovinos y Sandoval, quienes salieron después 
a recorrer sus respectivas zonas. El general, siempre acompañado por 
sus fieles acejotaemeros, pasó por Agua Zarca, Arroyo Hondo, Salto 
Prieto, Salto Colorado, La Campana y San Miguel. En este último 
punto pernoctó el segundo día de la jornada y, unas religiosas que se 
habían refugiado en aquel lugar huyendo de la persecución callista, 
atendieron a su grupo. Después continuó el camino hasta La Cam- 
pana y ahí se informó de la proximidad del coronel Felipe Sánchez; 
envió correos citando a una reunión de sus fuerzas y les repartió 6,000 
cartuchos y los primeros boletines de la guerra, editados por la Liga, 
que había recibido por aquellos días. 

La columna tomó rumbo a Florencia, cuya población recibió jubi- 
losamente al Ejército Libertador lanzando al vuelo las campanas y 
haciendo estallar ruidosa salva de cohetes. Pero no se detuvieron en 
ese lugar más que unas horas, las suficientes para tomarse un pequeño 
descanso antes de continuar al encuentro de las fuerzas al mando del 
coronel José María Gutiérrez y Teófilo Valdovinos, y más tarde las 
de Pedro Sandoval. 

Unidos todos, con el general Gorostieta al frente, se lanzaron en. 
busca del enemigo, al que encontraron en el municipio de Jalpa, Zaca- 
tecas. Combatieron contra él todo el día 15 de septiembre, derrotán- 
dolo a costa de catorce bajas, entre ellas cuatro acejotaemeros. La co- 
lumna de los federales, mandada por el general Anacleto López, jefe 
de las operaciones en Zacatecas, quedó tan quebrantada, que este mili- 
tar envió el siguiente mensaje, interceptado por los cristeros: 

«Los pocos soldados que me quedan se encuentran copados por los 
rebeldes en la población de Jalpa; no tengo parque ni dinero y la mo- 
ral de la tropa se encuentra perdida. Muchos miles de enemigos cubren 
las crestas de las montañas que rodean Jalpa; por lo que es imposible 
sostenerme en este lugar o salir de él si no recibo refuerzos de solda- 
dos, dinero y municiones de boca y guerra.» 

¡Y no había sino diez hombres, dejados por Gorostieta en un punto 
que dominaba la población, para observar los movimientos de los sol- 
dados encerrados allí! : 


Armando J. Ayala.—Acompañaba al general Gorostieta, entre el 
selecto grupo de acejotaemeros, Armando J. Ayala, muchacho capaz, 


Méjico Cristero 285 


valeroso y decidido que, desde el principio de la defensa pasiva pri- 
mero, armada después, se había distinguido por sus virtudes. 

Tenía 22 años de edad, pues había nacido en la ciudad de Méjico 
el 26 de septiembre de 1905. A los 16 años ingresó en el “Círculo de 
Estudios Jaime Balmes”, del Grupo de la acym de Coyoacán, D. F., en 
el que alcanzó el cargo de presidente, que tenía al incorporarse, el 
21 de agosto de 1927, al Estado Mayor 
de Gorostieta como oficial de órdenes. 

Su sólida piedad le ganó, a la vez, 
la presidencia de la Adoración Nocturna 
y la Sociedad Catequista en la misma 
población de Coyoacán. 

En capítulos anteriores queda escrita 
su actuación como jefe local de la Liga 
en la colonia Portales, y su primera sa- 
lida al campo de la rebelión, acompa- 
ñado de Joaquín de Silva y Manual Mel- 
garejo; su segunda salida para unirse 
con Manuel Bonilla a las fuerzas del 
general Reyes, que tuvo que dejar por 
órdenes de la Liga para marchar, el 3 de 
mayo, hacia Guadalajara a colaborar con 
los jefes de la LNDLR en esa capital, que 
eran dos acejotaemeros de probada cali- 


dad: Antonio Ruiz y Rueda y Jorge Armando J. Ayala, miembro dis- 
Téllez tinguido de la acim de Coyoa- 
o z P va cán, D. F., perteneciente a las 
Siempre en primera línea, perdió la fuerzas del general Gorostieta 


vida en el ataque a la estación de Pal- Velarde, muerto en la batalla de 
mira, Zac., el 17 de noviembre de 1927. Palmira, pai a Te PE 
El comentario hecho por su jefe, el ge- ' 
neral Gorostieta, al enterarse de su muerte, da la medida de la gran 
estimación que le profesaba: . 

“—Tenía muy pocos amigos —dijo— y Dios me acaba de quitar a 
uno de ellos”. 


Miguel Gómez Loza, gobernador de Jalisco.—La organización civil 
«y militar, aunque con grandes tropiezos, se iba completando, para apli- 
car, en cada región, las soluciones más adecuadas de acuerdo con lo 


286 Antonio Rius Facius 


que las circunstancias exigían. Al morir Anacleto González Flores, 
en Guadalajara no había nadie más indicado para sucederle en el mando 
que su fiel amigo Miguel Gómez Loza. El Comité Directivo de la 
LNDLR lo sabía y no dudó un momento en otorgarle. el título, colmado 
“de peligros y responsabilidad sin límites, de gobernador de Jalisco, 
cargo que no había llegado a desempeñar el maestro, pues éste había 
sido únicamente jefe regional y delegado de la Liga én el estado. 

Al día siguiente del magno funeral de González Flores, Padilla y 
los hermanos Vargas,* fueron aprehendidos en su casa de la ciudad 
de Guadalajara, «los hermanos Ezequiel y Salvador Huerta: pacífico 
cantor del templo el primero, y artesano fontanero el segundo; ambos 
en plena madurez de su paternidad prolífica, cristianos de abolengo y 
hombres de bien, quienes con sus hermanos los señores curas don Refu- 
gio y don Eduardo Huerta recibían de la ciudad entera el merecido 
tributo a sus cualidades y virtudes.» ** 

Al llegar a la Jefatura de Operaciones, sin dejarles recurso alguno 
para su defensa, fueron canallescamente sentenciados a muerte por- 
que sí, porque tal era el capricho del verdugo que mandaba en el cuar- 
tel y, al borde de unas fosas abiertas en el panteón de la ciudad, se les 
asesinó villanamente. 

La exaltación de los ánimos, provocada por estas manifiestas injus- 
ticias, puso en movimiento a todo el pueblo católico, desde sus re- 
ductos escondidos de la sociedad secreta denominada la “U”, la Unión 
Popular, dependiente de la LNDLR y la aciM. Y era Miguel Gómez Loza 
guien tenía que controlar, hasta donde le era posible, estas actividades 
juntamente con las que desarrollaban, sin más límite que sus propias 
posibilidades, los grupos alzados. 

La inseguridad en el estado se hizo tan manifiesta que, a raíz del 
venturoso asalto al tren de Guadalajara, las facciones políticas repre- 
sentadas por los partidarios del general Obregón y los antirreeleccio- 
nistas, en su juego por tomar posiciones, derrotaron al influyente 
gobernador de Jalisco, licenciado Daniel Benítez —que se perfilaba 
como simpatizante de los opositores de Obregón—, quien tuvo que 
dejar el puesto el 21 de abril de 1927 para ser reemplazado por el 
antiguo líder ferrocarrilero Margarito Ramírez, cuyo único mérito era 
el de haber ayudado a fugarse a Alvaro Obregón cuando éste cayó en 
poder de sus enemigos políticos, años atrás. 


* Ver el capítulo XVI. 


“¡Méjico Cristero l 287 


El movimiento cristero disminuyó en el estado de Jalisco durante 
la temporada de lluvias hasta que, a principios de julio, el acejota- 
emero Lauro Rocha organizó un nuevo grupo por ẹl lado de Picaderos, 
y Victoriano Ramírez, El Catorce, reanudó sus actividades por los mu- 
nicipios de Arandas, San Miguel el Alto y San Julián. 

Gómez Loza estableció su cen- 
tro de operaciones en el rancho 
Presa de López, del municipio de K 
Arandas, e instaló su pequeña 
imprenta en la que editaba el so- 
licitadísimo Gladium, en una cue- 
va del cerro La Culebra. 

En el desempeño de su fun- 
ción política giraba circulares y 
decretos, con el carácter de go- 
bernador provisional del estado, 
«imponiendo a los ciudadanos la 
obligación de entregar sus con- 
tribuciones fiscales al Gobierno 
Nacional Libertador y haciéndo- 
les saber que desde esa fecha en 
adelante, cualquier pago al go- 
bierno del general Calles será 
desconocido.» ** 

La LNDLR, reconociendo su 
honestidad M capacidad de orga- Lic. Miguel Gómez Loza, acejotaemero y 
nizador, le confió el 3 de septiem- gobernador cristero de Jalisco, conti- 
bre de 1927, “la administración nuador de la obra social y periodística de 
conjunta de la parte occidental Anacleto González Flores, 
del estado de Guanajuato.” 

Hacía tiempo que Gómez Loza, entregado de lleno a su misión, no 
visitaba a su familia y, a fines del mes de agosto, pasó con ella unos 
días en el rancho Los Salados, del estado de Guanajuato. A su regreso 
a Jalisco celebró el aniversario de la Consumación de la Independen- 
cia, el 27 de septiembre, con una misa a la que asistieron 500 cruzados, 
los cuales recibieron, en su mayoría, la sagrada comunión; pero a me- 
dia mañana fueron atacados por los federales al mando del general 
Ubaldo Garza y sufrieron 4 bajas. El 30 de octubre, fiesta de Cristo 


- 288 Antonio Rius Facius 


Rey, Gómez Loza organizó, en un lugar llamado Palmitos, pertene- 
ciente al municipio de San Julián, Jalisco, la celebración de una misa 
en la que comulgaron poco más de 1,200 hombres al mando del padre 
Pedroza, Victoriano Ramírez, Toribio Valdés y otros. No obstante que 
el ejército del general callista Garza estaba a cinco kilómetros de 
distancia, no se atrevió a atacar al crecido número de soldados del 
Ejército Libertador. 

En Palmitos constituyó Gómez Loza su nuevo centro de operacio- 
nes, desde donde giraba instrucciones y recibía las comunicaciones del 
movimiento jalisciense, y no fue sino hasta la primavera de 1928 cuando 
dejó ese lugar, testigo de su labor incansable por hacer reinar, en el 
suelo de su patria, la justicia y el bien. 


Aprovisionamiento cristero.—En Zacatecas, Nayarit, Durango y Co- 
lima continuaba la lucha con alternativas en favor o en contra de los 
cruzados quienes, a pesar de todo, ibán aumentando en número de 
combatientes. 

Algunos reveses de importancia no lograron desmoralizar a los cris- 
teros, que se sabían empeñados en una lucha desventajosa en relación 
con el poderío material del gobierno, pero justa y necesaria para la 
salvación de Méjico y, sacando energías de su fe, superaban los in- 
convenientes y salían triunfadores en la dura prueba a que estaban 
sometidos, : 

Para resolver la escasez de municiones, difícil de adquirir en los 
Estados Unidos, que apoyaban con creciente satisfacción a su incondi- 
cional gobierno callista, la Liga se vió obligada a contratar, con trafi- 
cantes sin escrúpulos, la compra de armas y municiones fabricadas en 
Méjico, a quienes había que pagar, a precios excesivamente altos, por 
adelantado. En más de una ocasión, una vez recibido el dinero, se negó 
alguno de estos traficantes a cumplir sus compromisos, valido de la 
cínica amenaza de revelar al gobierno las actividades subversivas de 
los intermediarios. 

El Comité Especial de la Liga, encargado del aprovisionamiento de 
las fuerzas cristeras, estaba a cargo del inteligente, sereno y valeroso 
jefe acejotaemero Luis Segura Vilchis, quien contaba con la ayuda de 
todos sus compañeros en la recaudación de fondos, cada vez más apre- 
miantes, para ayudar a los hombres que se jugaban la vida en el 
campo rebelde. 


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para el sostenimiento de 
la lucha cristera. 


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[COOPERACIÓN ESPECIAL] yo py 


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290 i : Antonio Rius Facius 


Los bonos de la libertad.—Para allegarse fondos la Liga emitió 
bonos y estampillas, cuyo valor fluctuaba entre cinco centavos y cien 
pesos y llevaban impresa al frente esta leyenda: 

«Contribución para la conquista de la libertad. 

«Año de 1927.—Méjico.» 

Y en el reverso esta otra: 

«Méjico: El sacrificio de tus hijos muertos en Zamora, Chalchihui- 
tes, León y otros lugares, como mártires de la fe cristiana, es el toque 
de lucha por la libertad. Gravísimo deber nos apremia a reconquis- 
-tarla con nuestro dinero o nuestra sangre. Liga Nacional Defensora 
de la Libertad Religiosa.» 

Los acejotaemeros, que a pesar de la gravedad de la situación no 
perdían su sana alegría ni en la ciudad ni en el campo, recibieron con 
satisfacción la peligrosa tarea de recaudar el dinero que necesitaban 
los cruzados para continuar la lucha. 

«Los socios del “Daniel O'Conell” (grupo acejotaemero de la ciudad 
de Méjico) recibimos una porción de los Bonos de la Liga, como los 
llamó el pueblo —recuerda Luis del Val, uno de aquellos bravos socios 
del grupo—, diciéndonos Humberto Pro al dárnoslos: 

»—Agquí les traigo boletos para diversos viajes de recreo: los hay de 
veinte centavos que amparan un viaje de ida y vuelta a las Islas Marías 
en segunda, los hay de cinco pesos para viaje de primera sin regreso 
y de diez pesos para excursiones a la eternidad. De modo que vayan 
inscribiéndose. . 

»Entre bromas y risas nos entregamos a esta nueva actividad, esti- 
mulándonos a su venta el deseo de no dejarnos sobrepasar por los 
otros compañeros, que también con entusiasmo se esforzaban por colo- 
car la mayor cantidad posible. »** 

Y con agobiante pobreza, pero con espléndida confianza en la razón 
de su causa, alcanzando estupendos resultados en algunas partes y 
sufriendo fracasos en otras, pero en todas llevando el sacrificio con 
alegría cristiana, el pueblo humillado trataba de sacudirse las garras 
de la fiera que lo tenía aprisionado. 


XXVI 


COLIMA EJEMPLAR 


Prosigue la lucha.—Avila Camacho ataca.—En la 
lista del martirio: Tomás de la Mora.—Éste es el 
cura Sedano.—Salvador Vizcaíno.—Tragedia en el 
Volcán. 


Prosigue la lucha.—Lo ocurrido en Colima durante esos meses ilus- 
tra el sentido sobrenatural que dieron a la defensa armada los cató- 
“licos. Y había razón para ello, al palpar los prodigios que durante 
los primeros cuatro meses de guerrear les habían sucedido, siendo uno 
entre tantos, el de que, contra escasas 20 bajas tenidas por los liber- 
tadores, los callistas sufrieron en un mismo lapso un millar. Seme- 
jante desproporción, además de humillante, resultaba peligrosa para 
el régimen revolucionario imperante y ordenó el gobierno a los gene- 
rales Manuel Avila Camacho —futuro presidente de Méjico quien, 
durante su actuación fue tolerante con la Iglesia—, y Talamantes, y al 
coronel Buenrostro, que atacaran el cuartel general de los cristeros del 
Volcán, en Caucentla, con 1,200 soldados de línea. 
El día 26 de abril de 1927 se inició el ataque contra los 250 cris- 
teros al mando de Andrés Salazar y Telesforo Placencia, mal armados 
y peor municionados. Dionisio Eduardo Ochoa, el jefe indiscutible de 
la región, al advertir la presencia de las fuerzas federales, se aprestó a 
dirigir la defensa del baluarte cristero. 
- «El sol entonces, magnífico, empezaba a aparecer, allá, en el lejano 
horizonte, engalanando con sus rayos de oro los volcanes, sus rocas y 
291 


292 Í Antonio Rius Facius. 


sus pinares. Los soldados del callismo perseguidor se iban acercando 
en largas columnas que casi ocultaba la polvareda que levantaban los. 
caballos. Desde sus fortines contemplaban los cruzados los movimien- 
tos del enemigo, pues Caucentla está, respecto del lugar por donde 
el ejército callista iba avanzando, en una posición más elevada. Lejos 
de aterrorizarse al contemplar las evoluciones del enemigo, los cruza- 
dos, dando gritos de entusiasmo y distribuidos en las posiciones que 
habían de defender, se preparaban para la lucha.» ”? 

Y en aquel ambiente de exaltación bélica los clarines de mando 
pintaron su nota musical en el pentagrama de las filas serpenteantes 
de soldados. Haciendo mofa de las órdenes musicales del enemigo, los 
clarines desentonados de los cristeros respondieron con el sonsonete 
popular de Éntrale al Toro y la canción vernácula de La Cucaracha. 
No era ese duelo de clarines, sin embargo, el que más y mejor refle- 
jaba la marcada diferencia espiritual entre ambos contendientes, sino 
los gritos que, a toda voz, se lanzaban, apenas apagados por el ruido 
siniestro de las balas. Mientras los defensores daban vivas a Cristo 
Rey y a la Santísima Virgen de Guadalupe, los atacantes respondían 
con horribles blasfemias y vivas al demonio. A pesar de la decisiva 
superioridad en hombres y armamentos del enemigo, los cristeros con- 
servaron todo el día sus posiciones, aun cuando la defensa no podía 
prolongarse por largo tiempo debido a la escasez de municiones; al 
comenzar el nuevo día sólo la mitad de ellos contaba con unos cuantos 
cartuchos que no podían ser repartidos por la gran variedad de armas 
que los defensores poseían. f 

«Al mediodía, ya no se pudo resistir: el enemigo logró apoderarse 
de la loma del Gachupín, que quedaba tras el cuartel, y fue imposible 
que los cruzados continuaran en sus puestos. Por ese motivo el gene- 
ral Ochoa, que había estado en medio del combate, al lado de los suyos, 
se vio obligado a ordenar la retirada. Ya entonces los héroes carecían 
casi en absoluto de parque: la mayor parte de las armas no tenían un 
solo cartucho. i 

»Fue preciso huir, pero no sólo los combatientes, sino también las 
innumerables familias que, deseosas de libertad y buscando un am- 
biente cristiano, se habían refugiado en el campo libertador.» *? E 

La retirada se hizo con tal orden que, si el triunfo estuviera siem- 
pre relacionado con las pérdidas sufridas por cada ejército, podría 

afirmarse que, una vez más, ganaron la partida los hombres de Dio- 


Méjico Cristero j 293 


' nisio Eduardo Ochoa, con 4 muertos contra 375 bajas sufridas por los 
federales. 

«Entre los que perecieron, encontrábase un joven de unos veinte 
-años de edad, originario del pueblo de San Jerónimo, llamado Carlos 
Zamora, y que pertenecía al grupo de la acm. Tenía un hermano como 
de unos dieciocho años, que también pertenecía a la misma Asociación, 
llamado Juan, y como él, soldado de Cristo en el grupo de Caucentla, 
“el cual por haber estado combatiendo en una posición distinta, no se 
había dado cuenta de la muerte de aquél. 

»Al partir, cuando en unión de sus compañeros dejaba la trinchera, 
tuvo que pasar por donde quedaba abandonado el cadáver de Carlos: 

»—¡Ah...!, es mi hermano —dijo con voz baja: dos gruesas lágri- 
mas brotaron de sus ojos, que secó con la manga de su camisa y, si- 
guiendo adelante, volvió una vez la mirada para verle por último, 
mientras sus labios murmuraban un “sea por Dios” empapado en santa. 
resignación: ¡Así eran los cristeros!» *? 

A su regreso a Colima, los federales pregonaron que habían aca- 
bado con la rebelión cristera en el estado. Sabido esto por el general 
Ochoa quiso que el pueblo se formase su propio juicio sobre la verdad 
de la situación y ordenó a Andrés Salazar que, con su grupo, atacase un 
barrio de las orillas de la ciudad. Así lo hizo Salazar y fue tal el 
pánico que sembró su presencia, que las atemorizadas autoridades 
ordenaron cerrar las puertas del palacio de gobierno y demás oficinas 
públicas. 

El general Ochoa estableció su cuartel provisional en La Galera, 
entre la hacienda de San Antonio y el pueblo de San José; desde ahí 
escribió a.su hermano, el Pbro. Enrique de Jesús Ochoa, que acom- 
pañase a sus fuerzas, y éste accedió. Desde entonces, aunque «faltos 
de parque y perseguidos casi a diario por una multitud de enemigos, 
tenía el santo consuelo de verse acompañados en sus infortunios por 
-un sacerdote que quiso compartir todas sus penas, y así nunca faltó 
a nuestros libertadores, en medio de sus tribulaciones sin cuento, la 
‘santa misa, los sacramentos y las palabras de aliento y exhortaciones 
. que casi a dario les dirigía.» "° 

A mediados del mes de mayo, Dionisio Eduardo Ochoa, acompa- 
ñado de tres acejotaemeros: los hermanos Anguiano Márquez y Sal- 
vador Vizcaíno, hizo un largo recorrido para entrevistarse con otros 
jefes cristeros, el primero de los cuales, Luis Navarro Origel, le causó 


294 Antonio Rius Facius 


tal impresión que, imitándolo, desde entonces añadió bajo su nombre 
el adjetivo de “Recluta de María”. 


Avila Camacho ataca.—Las tropas blasfemas del general Avila Ca- 
macho, buscando la destrucción total de aquel puñado de valientes, 
atacaron a un nuevo núcleo levantado en la hacienda de San Pedro, 
encabezado por Manuel C. Michel, católico distinguido, ilustrado y de 
gran valor, sin lograr hacerle daño 
alguno y sufriendo en cambio más. 
de 30 bajas. 

Los hombres del Volcán, concen- 
trados en Zapotitlán, a la vista del 
enemigo, se aprestaron a la defensa 
y enviaron una pequeña vanguardia 
de 9 hombres al mando de J. Nati- 
vidad Aguilar para estorbar el paso 
a. los callistas que se acercaban a 
ese lugar, pero todos ellos fueron 
copados y aniquilados con saña. 

Antonio C. Vargas, segundo de 
Dionisio Eduardo Ochoa, al escu- 
char el tiroteo, ordenó a sus hom- 
bres que salieran para reforzar a 
Natividad. A medio camino dieron. 
con los federales de Avila Camacho 
y los atacaron, con tal fuerza y de- 
cisión, que los obligaron a huir des- 
pavoridos sin darles tiempo y lugar 


Coronel Antonio C. Vargas, de la 
ACIM colimense, compañero eficaz y 
adicto de Dionisio Eduardo Ochoa, con a recoger sus numerosos muertos y 


quien compartió su suerte desde el pri- heridos que quedaron tendidos en el 


mer día en que se declararon defenso- 


res de Cristo Rey. camino. Esto sucedió el 22-de mayo 


de 1927. E 
Manuel Avila Camacho, el general callista, rehizo su columna, y 
tres días más tarde volvió por la revancha, pero al llegar al pueblo 
de Copala, camino a Zapotitlán, Justo Díaz y 20 cristeros más lo vol- 
vieron a derrotar. 
Escarmentados con tan frecuentes y costosas pérdidas, los callistas 
optaron por dejar en paz al católico pueblo de Zapotitlán y regresar” 


Méjico Cristero 295 


a San Gabriel y Sayula para emprender nuevas incursiones, esta vez 
validos de la aviación y dirigidos por el propio secretario de Guerra, 
general Joaquín Amaro, quien estuvo unos días en Colima para orde- 
nar nuevos ataques a los cristeros, que sin armas adecuadas, sin car- 
tuchos y sufriendo mil privaciones no arriaron, sin embargo, la ban- 
dera de la libertad. 

El 5 de julio lanzó el general cristero Dionisio Eduardo Ochoa una ' 
viril proclama para explicar las causas y razones de su lucha y pro- 
testar contra las mentiras y las calumnias que, en contra de la causa 
católica, propalaba el gobierno: «El que el propio secretario de Gue- 
rra y Marina —decía la proclama—, general Joaquín Amaro, haya 
dirigido personalmente la campaña en nuestra región; el que hayan 
usado en contra nuestra cuantos elementos de guerra posee el llamado 
gobierno, nos honra y enaltece; pero el que se nos haya mandado ofre- 
cer repetidas veces el indulto-con halagadoras ofertas, nos llena de 
justa indignación, por lo que protestamos con toda el alma. Pretenden 
igualarnos a los militares sin conciencia y sin honor que sostienen el 
nefando régimen del general Calles.» 7 

Esta política seguida por Obregón, que le había dado tan buenos 
resultados con los revolucionarios de su mentalidad y alcurnia, resultó 
providencial y ejemplarmente ineficaz con los cristeros de todas las 
regiones a los que, para hacerles deponer las armas, se les ofrecían 
cañonazos de cincuenta mil pesos, cañonazos que la integridad de los 
católicos siempre rechazó. Y es que el antagonismo no estaba sólo 
en el orden de las ideas, sino en la sensibilidad, en la moral, en la visión 
estética de la vida, en la proyección eterna del bien. 

Mientras que en el campo cristero se rezaba todas las tardes el 
rosario y se castigaba con penas severísimas el robo, el crimen y todo 
aquello que pudiese interpretarse como atentatorio a la moral, por el 
lado callista los soldados no desperdiciaban ocasión para exteriorizar su 
odio satánico contra todo y contra todos. La grande, desproporcionada 
mortandad que causaban los cristeros en las filas gobiernistas, era hecha 
frente a frente, siempre luchando menos contra más y en defensa de. 
los derechos humanos más sagrados. Los callistas, en cambio, ampara- 
dos por su fuerza e impulsados por su materialismo ateo, no desper- 
diciaban ocasión de dar rienda suelta a sus instintos sanguinarios. 

En Colima, ya lo he dicho, el general Avila Camacho era uno de 
los principales jefes «a cuyo mando —cuenta el autor de Los Cristeros 


296 Antonio Rius Facius 


del Volcán de Colima— venía gran multitud de callistas de lengua 
infernal. La saña de esos soldados —muchachos en su gran mayoría— 
era del todo diabólica. Muchas familias que estaban refugiadas en los 
barrancos, cayeron en las garras de la soldadesca impía, que descargó 
contra ellos su furor degenerado y bestial. En una cueva, de las que 
. habitaban las familias perseguidas, fueron encontradas varias personas, 
y hecho horripilante que casi no puede ser narrado: las mujeres, ante 
la presencia de sus esposos y de sus hijos fueron violadas; los hom- 
_bres, presos y después asesinados; y a dos criaturas pequeñitas que 
llenas de espanto lloraban y se abrazaban' a sus padres, se les mató 
estrellándolas contra las peñas de la pequeña gruta.» ”? 
No hay adjetivo suficientemente severo que pueda aplicárseles a 
estos seres infrahumanos. 


En la lista del martirio: Tomás de la Mora.—En los primeros días 

de agosto fue aprehendido, sin más motivo que el de ser sacerdote, el 
padre Miguel de la Mora; pero se le dejó en libertad bajo fianza mien- 
tras se le seguía ilegal proceso, presionándolo para que optase entre 
ser condenado a prisión o inscribirse, de acuerdo con la Ley Calles, 
en las oficinas municipales para reanudar el culto en la Catedral de 
Colima, rompiendo con ello la unidad de la resistencia. Pero antes 
que claudicar, optó el sacerdote por huir, y el primer domingo de 
, ese mes salió acompañado de otro anciano sacerdote, el padre Cris- 
piniano Sandoval, hacia un lugar denominado El Tigre, donde vivían 
familiares suyos. Al llegar a una ranchería fue reconocido por los 
'agraristas y conducidos los dos a Colima. En una apartada callecita 
pudo el padre Sandoval burlar a sus aprehensores, no así De la Mora, 
que fue entregado, en la Jefatura Militar, el general Flores, uno de 
tantos soldados-de la Revolución que habían alcanzado su alto rango 
con su servilismo para con los poderosos y su sanguinaria impiedad con 
aquellos que caían bajo sus botas enfangadas. El general Flores estaba 
de mal humor y ordenó que fuese fusilado inmediatamente el prisio- 
nero; éste fue conducido a un pestilente corral del mismo edificio y, 
sobre el estiércol de la caballada, ejecutado, sin darle apenas tiempo 
de sacar su crucifijo, besarlo, y bendecir con él a sus verdugos. 

Tres semanas más tarde la ciudad de Colima recibía la sangre de 
otro más de sus mártires. Esta vez fue un joven acejotaemero de comu- 
nión diaria y 17 años de edad, llamado Tomás de la Mora. 


Méjico Cristero 


297 


Conocidas sus relaciones con los cristeros, a quienes servía de inter- 
mediario, fue aprehendido el sábado 27 de agosto, mientras jugaba 


con sus hermanos menores. 


«—Si a mí me buscan ustedes —dijo a los soldados que habían ido 
a buscarlo—, aquí estoy; yo sólo soy el responsable de todo; no quieran 


-perjudicar a mi papá.» 


Al ver llegar a su madre, reflejando su semblante la angustia de 


su inquietud, alarmada por lo que 
sucedía, con voz quebrada le dijo: 
—;¡Mamá, me van a matar...! 

Ella lo tomó de la mano y lo 
acompañó en medio de los solda- 
dos en la revisión que hicieron de 
la casa; al llegar junto a su cama 
tomó su medalla de congregante y 
la colgó a su pecho. Tomás era un 
chico de piedad acrisolada; su fer- 
vorosa devoción le habían alcan- 
zado el grado de prefecto de la 
Congregación Mariana. 

"Fue conducido después al edi- 
ficio del seminario, del que, hasta 
la expropiación hecha por la tira- 
nía para convertirlo en cuartel, 
había sido alumno ejemplar. Ahí 
estaba, regodeándose en su puesto 
de jefe, el general Flores; lo con- 
dujeron a su presencia y se enta- 
bló el siguiente diálogo entre el 
general callista y el acejotaemero: 

—Eres un chiquillo —le dice el 
militar—, tú no eres capaz de 


Tomasito de la Mora, prefecto de la 
Congregación Mariana y miembro de 
la Mesa Directiva de la acim de Colima, 
de 17 años, ahorcado por los callistas la 
noche del 27 de agosto de 1927, 


nada; tienes que decirnos quién es el que te aconseja. 
—No diga usted —respondió Tomás de la Mora— que soy un chi- 
quillo; porque yo sé muy bien lo que hago: nadie me aconseja. 
—Mira —le replica—, si nos dices lo que sabes acerca de quiénes 
son los comprometidos con los cristeros, te perdonamos la vida, te da- 


mos la libertad. 


298 : l Antonio Rius Facius 


—Será en vano —contesta Tomás con santa resignación—, porque 
si hoy se me deja libre, mañana continuaré trabajando y luchando por 
Cristo en unión de mis compañeros: el luchar por la libertad religiosa 
es un deber de todo verdadero católico. 

—Eres un mocoso, no sabes lo que es la muerte —dice ya irritado 
el general—; di pronto lo que te preguntamos. 

—Si usted, general, dice que no sé lo que es la muerte porque 
no me he muerto ni una vez, usted tampoco lo sabe, porque no ha 
muerto nunca. 

La disputa se prolongó unos minutos más sin que el heroico joven 
rebelase lo que sabía ni los nombres de uno solo'de los cristeros. 

El general no admitía el valor en los demás; sacudió su propio 
complejo de miedo y pronunció la terrible sentencia: ahorcar al niño 
esa misma noche. . 

Tomás pidió, como única gracia, que le concediera una hora para 
rezar. Y uniendo la acción a la súplica, se postró de rodillas en un 
rincón y elevó su pensamiento a Dios. Pero ni aun allí lo dejó tran- 
quilo el militar; por sí mismo o por medio ‘de alguno de sus subordi- 
nados lo interrumpió repetidas veces, conminándolo a que denunciase 
a sus hermanos en la fe. 

Al anochecer fue sacado Tomasillo de la cárcel. En medio de los 
soldados marchaba, dicharachero y alegre, al lugar de su sacrificio. 
Al llegar a la calzada Galván se detuvo la trágica comitiva y, de un 
árbol, suspendieron la cuerda en uno de cuyos extremos estaba hecho 
el nudo corredizo. 

—¡Póngasela! —ordenó uno de los verdugos a su víctima. 

Tomás, casi sonriendo, con su característica jovialidad, le respondió: 
a —Yo no sé cómo se pone: es la primera vez que me ahorcan. 

Digame cómo. 

El verdugo le pasó con tosquedad la cuerda alrededor del cuello 

y Tomás, con la fuerza de su razón invicta y de su fe absoluta, gritó: 
_ ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe! 

En un péndulo siniestro se trocó su difusa figura entre las sombras 
de la noche. 

Al día siguiente, domingo, fue recogido de ahí el cuerpo del mártir 
por sus padres y depositado en su hogar, por el que desfiló el pueblo” 
conteniendo su rabia impotente y dando testimonio de admiración por 
otro de los mártires cristeros. 


Méjico Cristero 


299 


La acm sumó el nombre de uno más a la lista impresionante de 
sus muertos por Dios y por la Patria. 


Éste es el cura Sedano.—A esa lista de mártires hubo que añadir, 
pasados unos días, el nombre, calumniado por la prensa servil del 


callismo, de otro virtuoso sacer- 
dote: uno entre los dos centenares 
que pagaron con su sangre el tri- 
buto de su fe. 

El padre Gumersindo Sedano 
era capellán del grupo de liberta- 
«dores que operaba en la región de 
Tuxpan y Tamazula. En busca de 
algunas provisiones para sí y para 
sus fieles llegó a Zapotlán, Jalisco, 
y se ocultó en la casa de una fami- 
lia amiga, acompañado de 5 cris- 
teros más del grupo que atendía 
espiritualmente. 

Debido a una denuncia pagada 
con los inagotables treinta dineros, 
el 7 de septiembre fue sorprendido 
a la puerta de la casa en que se 
hospedaba. Él y sus 5 cristeros 
fueron llevados a la presencia de 
un capitán Urbina. Aún permane- 
cían a bordo del camión que los 
había trasladado hasta el cuartel, 
cuando el mílite se desató en in- 
sultos y blasfemias, a las que res- 
pondió el sacerdote con ardientes 
manifestaciones de fe. 


“Este es el cura Sedano”, escribieron 
los rufianes que lo asesinaron, en el 
papel prendido 'a los pantalones de su 


victima, 


—;¡Cállese! —le ordenó el grosero y salvaje capitán Urbina. 
—Mientras esté con vida nadie podrá impedirme que grite: ¡Viva 


Cristo Rey! 


respondió el sacerdote. 


Urbina sacó su pistola y la disparó sobre el padre Sedano, que aún 
no era bajado del camión. El mártir, antes de expirar, vitoreó nueva- 
mente a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe. 


300 Antonio Rius Facius 


Los cinco inermes cristeros, sin mayores averiguaciones, fueron en 
seguida pasados por las armas y amarrados a los postes del telégrafo 
unos, y pendidos de un árbol otros, junto a cinco cadáveres desnu- 
dos de soldados callistas que habían perecido ese día en un combate, 
para hacerlos pasar como cristeros y hacer más patético aquel racimo . 
de colgados. 

El cadáver del padre, despojado en parte de sus vestidos, lo ama- 
rraron del grueso tronco de un árbol y, haciendo mofa de él, le pusie- 
ron un letrero sobre las rodillas que decía: Éste es el cura Sedano, 

Una fotografía en donde aparece en esta macabra condición, la hizo 
circular el mismo gobierno haciendo constar que era “uno de los terri- 
bles jefes cristeros”. 


Salvador Vizcaíno.—Otro de los acejotaemeros que en Colima de- 
Tramaron su sangre por Cristo fue Salvador Vizcaíno, uno de los más 
activos, valientes y preparados. 

Era originario del pueblo de San Jerónimo; durante dos años estu- 
dió en el seminario, pero su necesidad de trabajar para su familia lo 
obligó a dejar la carrera del sacerdocio antes de iniciarse la persecu- 
“ción religiosa. En su aldea desarrolló con entusiasmo meritoria labor 
de apostolado desde las filas de la Asociación Católica de la Juventud 
Mejicana y, cuando Dionisio Eduardo Ochoa dio los primeros pasos 
en su santa rebelión, él se sumó a sus fuerzas. En la noche del 4 de 
"octubre visitó su pueblo para hacerse de algunos comestibles, acom- 
pañado por tres compañeros suyos. 

Iban de salida cuando fueron sorprendidos por dos agraristas del 
lugar. Se batieron a tiros y él quedó mal herido y tirado sobre el lodo 
de un callejón; sus amigos, que no se dieron cuenta de lo que le había 
sucedido, creyendo que había podido escapar por otro lado, regresaron 
solos a su campamento. Salvador fue amarrado por sus perseguidores 
y arrastrado por todo el pueblo hasta que murió, sin que nadie se atre- 
viese a ir en su auxilio. Para poner una nota de macabra ironía, los . 
agraristas, mientras despedazaban aquel cuerpo de 22 años, subieron 
a la torre de la iglesia parroquial e hicieron sonar las campanas con 
el toque de agonía. 


Tragedia en el Volcán.—El general Ochoa reorganizó a sus cruza- 
dos de las faldas del Nevado y del Volcán de Fuego, y estableció su 


Méjico Cristero 301 


„cuartel nuevamente en la región de Caucentla, en un lugar más ele- 
vado, y le puso por nombre El Refugio. 

Pronto se sintieron los efectos de esta reorganización; los grupos de 
Andrés Salazar, Antonio C. Vargas, Anguiano Márquez y los dirigidos 
por Ochoa, realizaron verdaderas proezas que animaron a muchos a 
formar nuevos grupos cristeros en los que, aunque resulte ocioso repe- 
tirlo, estaba casi siempre un acejotaemero al frente. 

El jefe de las fuerzas de la región, general Dionisio Eduardo Ochoa, 
fue visitado por un enviado de la Jefatura del Movimiento Nacional 
Libertador para anunciarle que se le había conferido el cargo de repre- 
sentante del Control Militar Cristero en la región de Colima y suroeste 
de Jalisco. Y en octubre, sujetándose al plan general que se estaba 
desarrollando, no sin algunos y naturales tropiezos, cedió el mando de 
los grupos de Zapotitlán y San José del Carmen al general Jesús Dego- 
llado. Estas fuerzas quedaron a cargo de Manuel C. Michel, al que 
se le había otorgado el grado de coronel y fue más tarde jefe militar de 
la región. 

El día 30 de ese mes celebró Dionisio Eduardo Ochoa la fiesta 
de Cristo Rey en una explanada boscosa llamada Mesa de la Yerba- 
buena. 

Todo iba viento en popa; había recibido importante ayuda militar; 
y el día 7 de noviembre, tres señoritas de Colima llegaron al campa- 
mento para fabricar bombas de mano, que produjeron en gran canti- 
dad durante cuatro días. El día 11 suspendieron todas sus actividades 
para rendir homenaje a Cristo Rey. Sacramentado, que estuvo día y 
noche en la humilde capilla del campamento, y al quebrar la aurora 
comulgaron los cristeros en la misa que ayudó el general Ochoa. 

"A media mañana se encontraban Dionisio Eduardo Ochoa y Anto- 
nio C. Vargas vigilando la fabricación de las bombas a cargo de María 
de los Angeles Gutiérrez, Faustina Almeida y Sara Flores Arias. De 
pronto se produjo una terrible explosión que los cegó y les causó terri- 
bles quemaduras. 

- A nadie le cupo duda de la gravedad de los accidentados, que fueron 
recostados sobre el duro suelo sin poder hacer nada para aliviarles sus 
terribles dolores. 

Pero las víctimas no se quejaban, antes al contrario, ofrecían estoi- 
camente sus sufrimientos a Dios, y junto con el padre Ochoa, con im- 
presionantes cánticos levantaban sus plegarias al Redentor. 


302 Antonio Rius Facius 


—¡También esto es morir por Cristo! —dijo Dionisio Eduardo a sus 
compañeros—. Muchachos: ¡Viva Cristo Rey! 

Y Antonio C. Vargas y las tres mujeres, trémulas de dolor, contes- 
taron su grito. : 


El padre Enrique de Jesús Ochoa confortó a los mártires y les 
administró la extrema unción. 


Al sentir que su gravedad avanzaba, el general Ochoa convocó a 
sus soldados y les dijo: 


qe 


Los cuerpos quemados de Dionisio Eduardo Ochoa y Antonio C. Vargas, cristeros 
del volcán de Colima, en su campamento donde perecieron víctimas de una 
explosión. 


«—Nosotros vamos a morir. Ustedes no vayan a desalentarse por 
nuestra muerte; ya Dios así lo quiso. ¡Sea por Dios! ¡Acuérdense uste- 
des que juraron luchar hasta vencer o morir! ¡Cuidado con desalientos 
por causa de nuestra muerte!» 

Avanzaba la tarde. María de los Angeles fue la primera. Con an- 
gustia inenarrable al sentir que se asfixiaba llamó al sacerdote: 

«—¡Padre, padre! ¿En dónde está usted? ¡Me muero! ¡Réceme, pa- 
dre! ¿Me está ya rezando? ¡Encomiéndeme a Dios. ..!»" 


Méjico Cristero 303 


Antes de media noche Faustina Almeida también había muerto. 

Aún no apuntaban las primeras luces del lento amanecer cuando 
el bravo acejotaemero y general cristero Dionisio Eduardo Ochoa, pro- 
nunciando el nombre de María, se entregó a su Creador. 

Su fiel compañero, Antonio C. Vargas, murió minutos después, 
y Sara Flores, que sobrevivió un día más, falleció en la madrugada 
del 15 de noviembre de 1927. 


XXVII 


LA OPOSICION ASESINADA 


Los tres candidatos. — Asesinato de Serrano y sus 
acompañantes.—Asesinato de Gómez. 


- Los tres candidatos.—Cuando Alvaro Obregón abandonó la capital, 
los últimos días de abril, para retornar a sus ricas haciendas que la 
Revolución le había producido, hubo necesidad de añadir dos furgones 
más al tren en que viajaba para dar cabida a sus numerosos admira- 
dores —funcionarios públicos o aspirantes a serlo todos ellos— que 
se disputaban el placer narcisista de acompañarlo. 

Tres lustros habían transcurrido desde que Madero, contando con 
el apoyo del protestantismo yanqui y valiéndose del lema “Sufragio 
Efectivo. No Reelección” se había lanzado contra el caduco porfirismo, 
cuyo principal error político, desde el punto de vista norteamericano, 
había sido abrir las puertas a los inversionistas de Francia e- Ingla- 
terra, en perjuicio de la penetración judío capitalista de Norteamé- 
rica. 

Aún estaban frescas las posturas recientes, los patéticos desplantes, 
caliente la sangre numerosa de los mejicanos que se habían ofrendado 
en holocausto de un ideal sentido, pero no entendido, representado 
por el postulado de la “No Reelección”. Pero nada de esto podía im- 
portarle a quien se sentía capaz y merecedor de seguir siendo árbitro 
indisputable de los destinos de Méjico. ¿Acaso no se lo repetían hasta 
la saciedad sus amigos? Además, su experiencia como jefe revolucio- 
nario, le había enseñado que las masas siguen ciegamente al más 


a 305 
MÉXICO CRISTERO.—20 


306 Antonio Rius Facius 


fuerte; y él lo era, como lo había sido en su tiempo don Porfirio, a quien 
nadie se le había opuesto cuando, mancillando la misma bandera que 
había enarbolado, se había hecho reelegir presidente durante treinta 
años. 

Obregón midió el poder de sus enemigos políticos y se sintió capaz 
de vencerlos, y sin hacer públicas sus intenciones, comenzó a mover 
influencias e intrigas para atraerse a cuantos generales con mando de 
fuerzas o sin él, podían perjudicarle. Puso en pie de guerra 15,000 
hombres en Sonora amenazando con ellos al creciente antireeleccio- 
nismo y, para limpiar el Norte de posibles obstáculos, quebrantó la opo- 
sición que la representaba el general Caraveo, de Chihuahua, amigo ` 
íntimo de Arnulfo Gómez, con el consabido y apetecible disparo de 
dinero en efectivo que le hizo. 

Aun así, muchos de sus antiguos compañeros, al sentirse defrau- 
dados con su perfidia, se dieron a conspirar contra su evidente re- 
elección. 

El general Arnulfo Gómez tenía como cosa averiguada el respaldo 
para sí de la mayor parte de los antiguos revolucionarios y su abierta 
oposición al general Obregón, y se lanzó de lleno a las lides electo- 
rales, haciéndose elegir candidato del Partido Nacional Antireeleccio- 
nista, el 23 de junio de 1927. 

Como respuesta a su desafío, Obregón presentó su propia candida- 
tura, desde Sonora, tres días después. Cerró el triángulo de candidatos 
el general Francisco Serrano, postulado por el Partido Nacional Revo- 
lucionario. 

«... los tres iban con la misma pasión al mismo fin. Obregón, 
Serrano y Gómez formaron un pacto para luchar caballerosamente en 
un torneo de ideas. Pronto se vio lo que aquello significaba. Para 
Obregón las ideas se reducían a decir que Gómez era un mentecato 
y Serrano un borrachín. Gómez se retrataba en los carteles como 
el candidato sin vicios. Sólo tenía virtudes, incluyendo la de asesinar. 
Serrano fue más hábil, y empezó a elevarse con señorío. Manejaba la 
pluma diestramente para presentar los tópicos de la política vulgar. 
Escribió un manifiesto convincente... Serrano y Gómez estrecharon 
sus lazos a reserva de que uno de ellos degollara al otro, si Obregón 
salía derrotado.» * l 

En el manifiesto lanzado a la nación, para justificar el paso dado, 
Obregón hizo la defensa del régimen. callista culpando a la reacción 


¡Méjico Cristero ] “307 


—adjetivo que los poderosos afianzados en el poder aplican tesonera- 
mente a sus adversarios políticos, así pertenezcan a su mismo grupo—, 
de haberlo obligado a volver a la palestra electoral en defensa de los 
postulados de la Revolución. 

En su programa de gobierno no ofrecía más que el continuismo 
dictatorial establecido. - 

«En materia de cultos —decía concretamente en este punto de actua- 
lidad palpitante—, libertad completa para todos, sin admitir ninguna 


Los generales revolucionarios Arnulfo R. Gómez y Francisco Serrano, candidatos 
a la Presidencia de la República. 


influencia sectaria y exigiéndoles siempre a sus ministros el absoluto 
respeto a la reglamentación que nuestras propias leyes establecen.» 
Como se ve, la perspectiva de llegar a un justo entendimiento entre 
la Iglesia y el Estado quedaba descartada. 
Gómez y Serrano, en cambio, al sentir que Calles —en quien habían 
confiado principalmente para enfrentarse a Obregón— vacilaba, bus- 


308 ` Antonio Rius Facius. 


caron el apoyo no sólo de los militares, sino del pueblo mismo. El ge- 
neral Arnulfo Gómez nombró al general Gustavo Salinas su represen- 
tante, para que buscase la fusión de todos los elementos revolucionarios 
descontentos y se atrajese a su partido a la Liga Nacional Defensora 
de la Libertad Religiosa. El general Francisco. R. Serrano, a su vez, 
pidió, por medio de un intermediario, entrevistarse con el vicepresi- 
dente de la LNDLR, licenciado Miguel Palomar y Vizcarra. 

El Comité Directivo juzgó justa y oportuna la entrevista y autorizó a 
su vicepresidente a concurrir a una cena ofrecida por el general Se- 
rrano, en la cual se tendría una plática informal con él y sus princi- 
pales colaboradores. En ella ofreció Serrano atender las demandas del 
pueblo católico, condensadas por el licenciado Palomar en la justa 
aplicación de la libertad de enseñanza. 

Aunque ninguno de los dos candidatos antirreeleccionistas — por 
sus antecedentes deshonestos— representaban la solución mejor para 
los intereses nacionales, el hecho de que se enfrentaran a la tiranía 
personalizada por Obregón y Calles los hacía aparecer como el menor 
de los males para el futuro inmediato de Méjico; y, aunque sin llegar 
a ningún compromiso con ellos, fueron vistos con relativa simpatía por 
una inmerisa mayoría de mejicanos. 

Envalentonados por el ambiente favorable, Gómez no tuvo empacho 
en proclamar, a voz en cuello, en un mitin celebrado a mediados de julio 
en la ciudad de Puebla: 

«Ustedes saben bien que los políticos convenencieros tratan de lan- 
zarnos a una nueva lucha, y si logran ver realizados sus designios, 
tengo preparados para ellos dos locales: uno en las Islas Marías, y 
otro dos metros bajo tierra, como castigo ejemplar para quienes tra- 
tan de pisotear un sagrado principio...» 

Durante dos meses recorrió este candidato numerosas ciudades, lan- 
zando los dardos venenosos de su palabra contra su antiguo jefe. 
Serrano, en cambio, sin salir casi de la capital, comenzó a mover los 
hilos tenebrosos de un golpe de estado. 

El 21 de septiembre, un grupo de 23 diputados lanzó público ma- 
nifiesto en el que desconocían la reforma constitucional que le había 
abierto el camino legal a Obregón para reelegirse, por haber sido, 
decían a casi dos años de distancia, obra de imposición. A los quince 
días quedaban desaforados y, lo que fue peor para ellos, sin partici- 
pación en el presupuesto de egresos de la Federación. 


Méjico Cristero 309 


Respondiendo a un plan general, el 24 y 26 de ese mes, se reunie- 
ron los representantes de los candidatos oposicionistas para ultimar 
los detalles de la inminente rebelión, para la que estaban comprome- 
tidos, entre otros, los generales revolucionarios Héctor I. Almada, 
Oscar Aguilar, Antonio Medina, Alfredo Rueda Quijano y el coronel 
Carlos Altamira. ` 

Al triunfo de la nueva revolución ocuparía provisionalmente la Pre- 
sidencia de la República el general Carlos Vidal, segundo de Serrano, 
quien sería a su vez favorecido en las elecciones presidenciales a las 
que convocaría una vez cesadas las hostilidades. 

Pero el gozo se les fue al pozo; no contaban con la huéspeda, que 
en este caso fue el huésped, personalizado por Obregón, quien desde 
el castillo de Chapultepec, con Calles incondicionalmente a su servicio, 
hizo fracasar los optimistas proyectos de los candidatos metidos a cons- 
piradores. 


Asesinato de Serrano y sus acompañantes.—El 1? de octubre, el ge- 
neral Francisco R. Serrano y doce amigos suyos, algunos de ellos civi- 
les, y dos o tres ajenos a la política, salieron para Cuernavaca, en 
donde mandaba su íntimo amigo el general Juan Domínguez, feroz 
indio yaqui. Allí tenía Serrano una hacienda llamada La Chicharra. 
Ese mismo día partió, con rumbo distinto, el general Arnulfo R. Gó- 
mez, quien fue a unirse al general Horacio Lucero, jefe de la guarni- 
ción de Perote, Veracruz, 

Para el día siguiente estaban anunciadas unas maniobras militares 
nocturnas en los llanos de Balbuena, situados en las orillas de la ciu- 
dad de Méjico, a las que se suponía concurrirían los generales Calles, 

` Obregón y Amaro. El general Eugenio Martínez, jefe de las operacio- 
nes del Valle de Méjico, encargado de hacerlas, fue relevado de su 
mando y enviado, con sospechosa premura, de viaje a Europa. Salir 
él e iniciarse las maniobras, al mando del general Héctor Ignacio Al- 
mada, jefe del Estado Mayor, fue todo uno. 

Anochecía; Obregón y Calles no se presentaron en Balbuena y el 
general Almada, al frente de las tropas sublevadas, salió por la carre- 
tera de Puebla, hacia Texcoco. Los batallones 48% y 50% y los regi- 
mientos 25% y 26%, al mando de los generales Oscar Aguilar, Antonio 
Medina, Alfredo Rueda Quijano y el coronel Carlos Altamira se lan- 

, zaron a la mal iniciada aventura. Los acontecimientos se sucedieron 


y 


310 Antonio Rius Facius 


rápidamente, como si la tragedia incubada en largos meses tuviese prisa, 
por llegar a su fin. 

Obregón y Calles, en tenebroso conciliábulo, dictaminaron asesinar 
a sus opositores, y dieron este ingrato encargo al general Claudio Fox, 
mientras giraban órdenes al gobernador del estado de Morelos de 
aprehender al general Serrano y colaboradores y conducirlos, por- la 
carretera de Méjico-Cuernavaca, hasta un lugar donde serían recibidos 
por el general Fox. 

A las nueve de la mañana del día 3 de octubre dieron comienzo las 
aprehensiones. Francisco Santamaría, al ser conducido en fila india 
con. sus compañeros por las calles de Cuernavaca, pudo escapar; los 
demás, maniatados con alambre retorcido, fueron conducidos a bordo 
de unos automóviles que partieron por la carretera de Méjico. El ca- 
mino fue cerrado en ambos extremos para facilitar el libre tránsito 
de la comitiva. 'A la mitad del trayecto el general Díaz González, 
aprehensor de los prisioneros, se encontró con el general Claudio Fox 
y otros militares a sus órdenes, a quienes hizo entrega del general 
Serrano y sus trece acompañaniés. 

Pardeaba la tarde cuando la caravana emprendió el regreso. Pocos 
kilómetros adelante, en un lugar llamado Huitzilac, se detuvo; fueron 
bajados brutalmente los maniatados prisioneros y, con saña inaudita, 
asesinados a tiros de ametralladora y fusil. A un lado de la carretera 
cayeron Francisco Serrano, Carlos Vidal, jefe de su partido; Enrique 
Monteverde, Augusto Peña —civil—, José Villa Arce —civil y ajeno 
a la política, el joven de dieciocho años Antonio Játiregui, sobrino 
de Serrano; Rafael Martínez Escobar, abogado, amigo de Obregón y 
partidario de Gómez; los hermanos Miguel y Daniel A. Peralta, Ernesto 
Noriega Méndez, Carlos B. Araiza, Alfonso Capetillo Robles y Octavio 
Almada. En los mismos autos fueron acomodados los cadáveres de los 
catorce asesinados y conducidos a Méjico. La macabra comitiva llegó 
hasta el bosque de Chapultepec y se detuvo en la Fuente de las Ranas, 
situada donde está ahora el antiestético monumento, hecho para bene- 
ficio de los contratistas que lo levantaron, en memoria de los Niños” 
Héroes. 

La noche había da sobre el bosque. Claudio, el general, subió 
hasta el castillo para dar cuenta a los socios Obregón y Calles de su 
hazaña, por si querían confirmarla. Después condujo los cadáveres al 
Hospital Militar para practicarles la autopsia. 


A A A A A EE E 
Méjico Cristero f 311 


~ Al otro día de los asesinatos, el auto del general Serrano se detuvo 

en la avenida Madero, frente a la joyería La Esmeralda. De él bajó 
su nuevo dueño: el general Claudio Fox, y entró en el establecimiento. 
Pidió que le mostraran unos brillantes, después otros mayores y más 
* rutilantes; ajustó el precio: veinte mil pesos. Sacó «un fajo de cuarenta 
billetes de quinientos pesos: los cuarenta con una misma rotura —era 
casi una perforación—, los cuarenta con una misma mancha negruzca, 
que se extendía casi un centrímetro desde la rotura hasta el centro». 
Pagó con ellos y se fue; no le quemarían ya las manos, 


Asesinato de Gómez.—Oculto en la sierra veracruzana, el general 
Gómez se encontraba enfermo. A la media noche del 4 de octubre fue 
sorprendido por las fuerzas enviadas en su persecución, al mando del 
general José Gonzalo Escobar. No hizo resistencia; confiaba en que 
su compadre Calles lo libraría del paredón. Junto con él estaban los 
coroneles Francisco Gómez Vizcarra y Salvador Cataño Flores. Fueron 
conducidos los tres a Teocelo y de allí, por ferrocarril, a Coatepec. 

Entraron en una cantina; «sentados frente a frente en una de las 
mesas, Escobar y Gómez se miraron un momento. Luego habló el 
gordo, el uniformado, el que traía soldados a sus órdenes: i 

»—Traigo órdenes del manco para quebrarte, ya lo sabes. Tienes. 
veinte minutos para escribir a tu familia, para lo que quieras mientras 
llega el notario... 

“»Arnulfo Gómez —un tanto desfigurado por la ausencia del Fabia 
bigote a la kaiser—, nada dijo por lo pronto. Un temblor violento, cast 
“convulsivo, fingió una risa, le tornó más borrosas aún las ojeras... 
Gómez rasgueó la pluma, raspando el alma de los presentes, abochor* 
nando un tanto a Escobar, impaciente por acabar de una vez.» 

Los presos fueron conducidos entre la tropa al cementerio. A una 
indicación se colocó Gómez de espaldas a un muro. : 

«La descarga vino, absurda, inesperada a pesar de todo. El hom= 
bre hizo una pirueta rara cuando sonó la fusilería y luego se puso 
flojo, se le doblaron las rodillas, cayó al suelo como si se derritiera, 
como si los huesos se le licuaran, como si estuviera hecho no de gloria, 
crimen y leyenda, sino de trapo. Alguien avanzó hacia el espanta- 
pájaros caído. Le disparó, de cerca, a la cabeza humosa.»* l 

Corrieron su misma suerte, en seguida, Gómez Vizcarra, Manuel 
Pulido y Cataño Flores. a 


eS Antonio Rius Facius 


A toda la República se extendieron los entrelazados tentáculos del 
Manco y el Turco asociados, y muchos significados militares revolu- 
cionarios, asqueados de los extremos a que habían llegado los dos im- 
postores, sin tener tiempo para consolidar la rebelión en la que estaban 
comprometidos, fueron fusilados o asesinados a mansalva. 

El temor cundió entre la numerosa familia revolucionaria y pronto 
quedó ahogada en sangre la protesta originada por el desvergonzado 
continuismo pretendido, y en vías de lograrlo, por Obregón, Calles y 
sus incondicionales. Para alcanzarlo definitivamente hacía falta- un 
plan político, que no estaba su concepción al alcance de esas mentes 
hechas para imponer su voluntad por el terror, y no por medios más 
sutiles y efectivos. : 

De los Estados Unidos llegó el maestro que habría de impartir tan 
útiles enseñanzas a sus congéneres masones de Méjico. ` 
~ «Fue un extranjero sin escrúpulos, el embajador de los Estados 
Unidos, agente de la casa bancaria de Morgan, Dwight Morrow, quien 
dio el consejo y la pauta. Era una especie de enano blanco, enteco y 
astuto. Se ufanaba de un solo libro El Poder de los Partidos, y lo aplicó 
a Méjico. “No es el primer caso en la historia —había dicho— en que 
una banda de pillos se apodera indefinidamente del mando sobre un 
pueblo ignorante e inerme”.» ” 

Mr. Morrow sustituyó en el cargo de la embajada a James R. Shef- 
field, quien había mostrado simpatía por los católicos mejicanos, aun 
sin serlo él, al darse cuenta de las tremendas injusticias que se venían 
cometiendo en Méjico. Es posible que esta actitud, contraria al sentir 
de la Casa Blanca, haya sido razón cis para efectuar el cam- 
bio de embajadores. 

El 29 de octubre de 1927, recientes los sangrientos hechos que 
garantizaban el futuro triunfo electoral de Obregón, presentó sus cartas 
credenciales Morrow a Calles, con quien desayunó al día siguiente en 
su rica hacienda de Santa Bárbara, colindante con la ciudad. 

Con el juego descubierto a medias, Morrow trató de ganar terreno 
en la cuestión petrolera y la crecida deuda de la Revolución a los 
nacionales de Norteamérica. Calles le insinuó que se plegaría en todo 
a sus deseos si las relaciones entre ambos gobiernos continuaban como 
hasta la fecha. Para sellar la naciente amistad entre ambos, Calles 
invitó al embajador yanqui a inspeccionar la presa Calles que se estaba . 
construyendo en Aguascalientes y la Don Martín, en Monterrey. 


XXVII 


INTERLUDIO SANGRIENTO 


Un carácter: Luis Segura Vilchis.—El atentado con- 
tra Obregón.—La investigación.—El crimen. i 


r 


Un carácter: Luis Segura Vilchis.—En la casa de Roberto Núñez, 
miembro prominente de la Liga, se encontraban escondidos tres com- 
pañeros suyos del Comité Directivo. Un poco más tarde que de ordi- 
nario, pues era domingo, habían terminado de comer, cuando el mozo 
anunció la llegada de un joven que preguntaba por el licenciado Miguel 
Palomar y Vizcarra, 

—Que pase a la habitación contigua —ordenó el aludido al tiempo 
de levantarse para ir en busca del recién llegado. 

Ţ7 —Buenas tardes, licenciado —lo saludó al entrar en la habitación 
un joven apuesto, blanco, de pelo castaño y rebelde, mirada franca e 
inteligente, pulcramente vestido. Su sonrisa agradable, casi infantil, 
“contrastaba con el gesto preocupado, rígido del vicepresidente de la 
Liga, quien, sin contestar el saludo, interrogó: 
© —¿Qué ha pasado? 

—Las órdenes están cumplidas— respondió con firmeza el joven. 
Y a continuación explicó al licenciado Palomar escuetamente que, de- 
bido al desajuste de los niples, las bombas habían fallado y que, al huir, 
Nahum Lamberto Ruiz había sido herido. 

El licenciado Palomar escuchó nerviosamente el relato. Sobre una. 
mesa había una botella de tequila; tomó dos copas, pero el visitante 
rechazó cortésmente el licor que le ofrecía. 

313 


314 Antonio Rius Facius 


—Y ahora, ¿qué va usted a hacer? —interrogó el licenciado des- 
pués de beber, de un solo golpe, el tequila de su copa. 

—Irme a los toros —respondió tranquilamente el aludido. 

Cuando éste salió, los directivos de la Liga interrogaron ansiosa- 
mente al vicepresidente, qué era lo que había sucedido. 

—Falló el atentado contra el Manco —respondió. 

Luis Segura Vilchis iba ya en camino, desde Tacubaya, a la plaza 
de toros. En el trayecto, a solas con sus pensamientos, fue hilando la 
historia de su vida hasta llegar a ese momento, que él creyó culmi- 
nante y que, sin embargo, le había fallado a pesar de todas sus cuidadosas 
previsiones. E 

Su temperamento, esencialmente analítico; su clara inteligencia y su 
capacidad de asimilación le habían hecho confiar en el éxito; así había 
sido siempre: en el Colegio Francés de Preparatoria de los hermanos 
maristas, había obtenido el primer lugar. Su carrera profesional, cur- 
sada en k Escuela Nacional de Minería, no le había significado un gran 
esfuerzo. Al recibir el título de ingeniero, apenas cumplidos los 21 años, 
la Compañía Mejicana de Luz y Fuerza Motriz, S. A., lo había contratado 
para atender su planta en Necaxa; y poco tiempo después, al regresar a 
Méjico, entró a trabajar en el departamento de ingenieros técnicos. 

Pero no fueron sus éxitos profesionales los que más le habían satis- 
fecho. Su sólida formación católica lo había impulsado a trabajar, 
dentro de la acsm, por el restablecimiento del reinado social cristiano 
en Méjico. Sonrió inconscientemente al recordar su participación en 
la defensa del Centro de Estudiantes, cuando fue atacado por las chus- 
mas un 1% de mayo; y su encarcelamiento por desarmar a un militar 
de alto rango que había intentado apoderarse de una casilla el día de 
unas elecciones que resultaron, a la postre, burladas por los falsarios 
de siempre. : 

Después, cuando la persecución cobró fuerza y violencia, su amigo 
Capistrán, al ausentarse de la República, había delegado en él sus 
anteriores atribuciones y responsabilidades dentro de la Liga, hasta Ie- 
gar a tener, bajo su directo control, la organización y desarrollo. del 
movimiento cristero. ¡Cuántos levantamientos y cuántos elementos de 
guerra había enviado a los que se batían heroicamente en los campos 
de la rebelión! 

«Pero todo ello estaba resultando insuficiente si sobrevivían los 
encumbrados responsables. Puesto que era necesario luchar, ¿no erá 


Méjico Cristero 315. 


más humano, en lugar-de abatir a los soldados, que no eran a la postre 
sino instrumentos ciegos del tirano, destruir a éste que, fría y delibe- 
radamente organizaba, ordenaba y proseguía sin tregua la sangrienta 
persecución? 

Resuelto a eliminar al caudillo principal, expuso al Comité Direc- 
tivo de la LNDLR su determinación, pero la mayoría de sus miembros 
estuvieron renuentes en aceptar tal responsabilidad. Fue entonces 
cuando él se decidió a obrar por cuenta propia. Siete meses atrás había 
organizado su primer atentado, haciendo dinamitar un puente sobre 
el que debería pasar el tren a bordo del cual viajaría, de la ciudad de 
Méjico a Huatabampo, población del estado de Sonora; el general Obre- 
gón y su plana mayor. A Juan Antonio Tirado Arias dio el encargo de 
colocar la bomba en el sitio previamente escogido. 

El día señalado se adelantó en un automóvil que manejaba el ace- 
jotaemero Angel Castillo González, quien quedó en el coche con el 
motor en marcha, listo para emprender la fuga en cuanto se consu- 
mara la voladura del tren, pero tuvo que dar contraorden al ver que 
Obregón viajaba con su comitiva en un carro agregado al tren ordi- 
nario de pasajeros, a los que habría tenido que sacrificar en el aten- 
tado dinamitero. 


El atentado contra Obregón.—Pasado algún tiempo, el Comité Di- 
rectivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa deter- 
minó unánimemente que era llegada la hora de eliminar a Obregón, 
y lo llamó para preguntarle si, como jefe del Control Militar de la 
Liga que era, estaba dispuesto a ejecutar dicha consigna, a lo que sin 
vacilar respondió afirmativamente. 

De acuerdo con su lugarteniente, Manuel Velázquez Morales, miem- 
bro del Comité General de la acm y jefe de propaganda en la Dele- 
gación Regional de la Liga, formuló un nuevo plan que éste tendría 
que ejecutar, ayudado por otros dos acejotaemeros: Nahum Lamberto 
Ruiz y Juan Antonio Tirado Arias. 

«Humildes en su origen —dice de ellos Andrés Barquín y Ruiz—, 
continuaron siéndolo en su vida ordinaria; dos muchachos que adora- 
ban a Cristo y amaban con pasión la libertad de la Iglesia; dos pala- 
dines en el ejército de. la Asociación Católica de la Juventud Mejicana; 
dos caracteres de acero, dos voluntades de bronce, dos gallardías pues- 
tas al servicio de la causa de Cristo Rey. 


316 Antonio Rius Facius 


»La acm los había formado, a Ruiz en el Grupo Local “Círculo de 
Estudios Jaime Balmes”, y a Tirado en el Grupo Local de la Colonia 
Obrera...» 

El 12 de noviembre, Luis Segura citó para la mañana del domingo 
13 a Manuel Velázquez en la llamada Casa de la Troya, donde solían 
reunirse hombres y pertrechos para reforzar las fuerzas cristeras, si- 
tuada en la vecina población de Azcapotzalco. 

Segura, a bordo de un auto marca Essex, manejado por José Gon- 
zález, que había sido propiedad, hasta pocos días atrás, de Humberto 
Pro, quien lo había vendido a Segura para servicio de la Liga, recogió, 
en la esquina de Isabel la Católica y Capuchinas (hoy Venustiano 
Carranza) a Nahum Lamberto Ruiz y Juan Antonio Tirado. De allí se 
dirigieron todos a Aztcapotzalco en busca de Manuel Velázquez; pero 
éste, después de esperar más tiempo del convenido, creyendo que se 
había suspendido la arriesgada operación, se marchó a la Villa de 
Guadalupe. , 

Luis Segura Vilchis no se desanimó por la ausencia de Velázquez; 
„él era todo un jefe y tomó sobré sí la responsabilidad de ejecutar per- 
sonalmente el tiranicidio. Ordenó a José González que se dirigiera a 
la estación de ferrocarril Colonia y que se estacionara frente a ella. 

A la una de la tarde descendió del tren, procedente de corta gira 
política emprendida a raíz de los asesinatos de Serrano y Gómez, el 
general Alvaro Obregón, acompañado de sus guardaespaldas, de un 
diputado y un senador. Numerosos curiosos y partidarios aguardaban 
su llegada e hicieron impracticable el atentado dinamitero. 

Luis Segura Vilchis viajaba en el asiento delantero del viejo Essex 
con José González; atrás iban Ruiz y Tirado. A prudente distancia 
siguieron al coche que conducía a Obregón rumbo a su domicilio en la 
avenida Jalisco. Allí bajó el general; los cuatro acejotaemeros aguar- 
daron que saliera de nuevo después de comer. A las tres de la tarde 
apareció Obregón y subió a su coche que partió, resguardado por otro, 
hacia Chapultepec. Al llegar a la antigua Fuente de las Ranas dieron 
vuelta los vehículos hacia la izquierda, para rodear todo el interior del 
bosque, sin advertir la presencia del auto Essex que los seguía. 

El auto en el que viajan los acejotaemeros se adelanta por 
un momento; éstos observan la posición del general Obregón y retro- 
cede el coche a su lugar. En aquellos tiempos y a esa hora transitaban 
muy pocos vehículos por la calzada, lo que permite a los tripulantes 


Méjico Cristero , 317 


del Essex, antes de llegar al puente que atraviesa el lago, cruzarse al 
coche del candidato presidencial. 

Luis Segura, sin perder un segundo, abre su portezuela y salta al 
camino empuñando una bomba, que arroja al interior del auto de 
Obregón. Tirado y Ruiz lanzan a su vez las suyas. Una gran huma- 
reda se levanta en el reducido escenario y los asaltantes aprovechan 
la confusión para huir. Desde el coche de los guardaespaldas del gene- 
ral han visto lo sucedido y bajan precipitadamente para atender a 
Obregón, que se encuentra sumamente pálido, pero ileso, así como 
sus amigos que lo acompañan, Tomás P. Báez y el abogado Arturo 
N. Orci. Sin desperdiciar un instante trepan sobre las salpicaderas de 
su veloz automóvil y salen disparados en persecución de los audaces 
autores del atentado. 

Nahum Lamberto Ruiz, desoyendo una orden de Luis Segura Vil- 
chis, dispara su pistola desde la ventanilla abierta, por la que asoma 
la cabeza. 

Con gran pericia José González conduce el viejo Essex a su má- 
xima velocidad por el Paseo de la Reforma. Al llegar a la columna 
de la Independencia, advierte que sus perseguidores comienzan a darle 
alcance y dobla a la derecha; sigue por varias calles hasta llegar a 
la avenida de los Insurgentes en su cruzamiento con las calles de 
Liverpool. 

Nahum Lamberto Ruiz ha recibido un balazo en un ojo; deja de 
disparar y se inclina sobre la pierna de Tirado Arias. Luis Segura 
.mide el peligro de ser alcanzados y ordena a González que provoque 
un accidente, cosa que éste ejecuta de inmediato estrellando su auto 
contra un Ford, Todos saltan a tierra, incluso el herido, y emprenden 
la huida rumbo a la avenida Chapultepec. 

» Sus perseguidores llegan al lugar del choque y corren en busca de 
los fugitivos; pronto dan alcance a Nahum y, unos pasos adelante, en 
la parada del tranvía, a Tirado, que lleva sangre delatora en el pan- 
talón. Un tercero, ajeno del todo a los acontecimientos, es apresado 
también. Luis Segura y José González logran escapar. 

Dos llantas del auto del general Obregón quedaron destrozadas con 
las explosiones, por lo que éste tuvo necesidad de abordar, juntamente 
con sus amigos, otro auto para dirigirse a su casa de la avenida Jalisco. 

Su médico desinfectó las leves heridas que había sufrido. Ya se 
disponía el general a salir nuevamente, cuando le fue llevado, con el 


318 Antonio Rius Facius 
a a a a a a aaam 


rostro bañado en sangre que le manaba abundantemente de su terri- 
ble herida, Nahum Lamberto Ruiz, quien exclamó: 

—Mi general, yo no le he tirado. 

Obregón ordenó que fuese conducido su agresor a la Inspección 
de Policía, y él se marchó con sus inseparables amigos a la plaza de 
toros. 


La investigación.—De la Inspección, dada su gravedad, fue trasla 
dado Nahum al Hospital Juárez; Juan Antonio Tirado y el inocente 
espectador apresado quedaron detenidös en los nefastos sótanos de la 
Inspección. 

En Nahum Lamberto Ruiz podía encontrarse la clave del enigma, 
por lo cual se comisionó al detective Antonio Quintana para que inves- 
tigase al herido. Estuvo junto a éste la noche del 14 al 15 haciéndose 
pasar por familiar suyo, pero todo lo que pudo lograr fueron, entre 
otras, estas frases un tanto incoherentes que anotó cuidadosamente en 
su libreta: 

«Llegamos a un acuerdo jugando a los dados y yo perdí, y me tocó 
el matarlo...» «Agustín Gómez se fue para Guadalajara a llevar el 
parque; pero ya tenemos otra partida de once cajas en Jesús María 
número treinta y ocho, donde está el cuarto verde; no, en la otra que tiene 
una cornisa la ventana...» «Humberto Pro está en las calles de Alzate, 
donde se hicieron las bombas...» «El sábado nos fuimos todos para 
Tacuba, en el coche a la calle Madero número uno, allí están los mu- 
chachos». «José Gómez trabaja en la Liga y vive en la colonia Obrera». 
«Las pistolas las compramos, la mía en casa de Etchegaray y dos, en 
frente». «Avísale a Luis, mi mero jefe». «El Ing. Luis Segura, mi mero 
jefe, vive en la Villa, Plaza Juárez número seis, y si no, lo ves en la 
Compañía de Luz». «Allí lo vi el domingo a las nueve». 

El estado de Nahum se fue agravando; su ceguera se hizo total y 
el día 20 de noviembre falleció tras larga y dolorosísima agonía. 

Tirado Arias, firme en su negativa de haber participado en el aten- 
tado, casi había logrado confundir a la policía, pues a pesar de las 
delatoras manchas de sangre en su pantalón, había resistido estoica- 
mente los más rudos suplicios sin delatarse a sí mismo ni a sus com- 
pañeros. 

José González, el chofer del Essex, estaba oculto, y Manuel Veláz- 
quez, siguiendo las terminantes instrucciones de Luis Segura, había 


Méjico Cristero 319 


disuelto la Casa de la Troya —que encontró desocupada la policía cuan- 
do fue a registrarla—, y salió después de la capital rumbo a los Esta- 
dos, Unidos, donde permaneció largos años. 

El jefe del Control Militar de la Liga continuó haciendo su vida 
ordinaria. El lunes 14 y el martes 15 de noviembre se presentó en su 

_trabajo a la hora acostumbrada, sin que nadie notase la menor alte- 
ración en sus labores. 

Pero Nahum Lamberto Ruiz lo había mencionado en sus frases 
incoherentes, por lo que, para reunir todos los cabos sueltos, el día 15 
en la tarde fue aprehendido en la Compañía de Luz. por el agente de 
la policía secreta, Alvaro Basail. En presencia del inspector, general 
Roberto Cruz, Segura Vilchis negó su participación en el atentado y, 
para probar su coartada, le mostró el boleto de los toros correspon- 

diente a la corrida del domingo 13, a la vez que afirmaba: 

—¡La corrida fue monumental!... Estaba yo cerca del general 
“Obregón; me acuerdo que brindaron. a usted un toro... Así, a gran- 
des rasgos, es todo. 

El testimonio dado a su favor por el mismo general Obregón, quien 
certificó haberlo visto en la plaza de toros, le hubiera abierto las puer- 
tas de la prisión, si éstas no se hubieran cerrado tras los hermanos 
Pro Juárez. 

El agente Quintana, acompañado de su jefe Mascort y otros detec- 
tives, localizó la casa, en las calles de Alzate, donde fueron fabricadas 
las bombas, y en la de Jesús María el depósito de municiones con 
7,500 cartuchos listos para ser enviados a los cristeros. Dos señoras 
estaban al cuidado de la casa de Alzate; al ser interrogadas dijeron 
que la señora Josefina Montes de Oca de Bolado, las había puesto allí. 

Humberto Pro, con dinero aportado por la señora Montes de Oca, 
había alquilado la casa el 7 de noviembre por instrucciones de Luis 
Segura Vilchis, sin conocer el uso para el que sería destinada. Loca- 
lizada por los agentes de la reservada la persona que había aportado 
el dinero, ésta fue detenida y enviada a los sótanos de la Inspección; 
después les fue fácil dar con su hijo, José Bolado, escondido en otro 
domicilio quien, para congraciarse con los amenazadores policías, «les 
informó que el padre Pro, acompañado de sus hermanos, se encon— 
traba oculto en la casa número 22 de la calle de Londres.» 

Desde mucho tiempo atrás la policía perseguía implacablemente al 
padre Miguel Agustín Pro, S.J., ordenado sacerdote en Europa en agos- 


` 


320 l Antonio Rius Facius 


to de 1925 y de regreso a su patria en julio de 1926. Infatigable após- 
tol de 36 años de edad que, en poco tiempo, se había dado a conocer 
y estimar por sus virtudes, su incesante actividad sacerdotal, su entrega 
desinteresada y absoluta a los pobres, a quienes socorría con cuanto 
bien llegaba a sus manos. , 

Su carácter alegre, mal disimulaba su íntimo, arrollador amor a 
Cristo y, con aparente superficialidad, se adentraba en los corazones 
de la gente para atraerlas, para unirlas fervorosamente a Él. 

Humberto, su hermano, había nacido el 18 de junio de 1903 en 
Concepción del Oro, Zacatecas. Inició su instrucción primaria en el 
Colegio de San Juan Nepomuceno, de padres jesuitas, en El Saltillo, 
y la terminó en Guadalajara. En esta ciudad, antes de cumplir los 
15 años, ingresó en las vanguardias de la acīm. Anacleto, a la vista de 
su notorio talento y edificante piedad, le auguró un señalado porvenir 
dentro de las filas del catolicismo activo. 

Su familia se trasladó a Méjico y aquí ingresó en el Colegio Francés 
de Puente de Alvarado, atendido por los hermanos maristas. Durante 
los años de 1919, 1920 y 1921 cursó la carrera de comercio. 

Su carácter jovial y enérgico, su gran capacidad para el estudio y 
su aprovechamiento le dieron los primeros lugares de su escuela, en 
forma tan decisiva que, al terminar su carrera, obtuvo un diploma espe- 
cial de sobresaliente por un total de diez puntos por materia. Ingresó 
en el Grupo “Daniel O'Conell” de la acim. Ahí desarrolló sus aptitu- 
des para el apostolado y llegó a ocupar los cargos de instructor de aspi- 
rantes y vicepresidente. No era de extrañar, pues, que al salir del 
colegio y comenzar a trabajar, ascendiera también rápidamente en su 
empleo de la casa Gerber y Cía. 

Al iniciarse la defensa armada pretendió tomar parte activa en ella, 
pero la falta de recursos lo obligó a transferir para fecha posterior su 
intento. De regreso a la ciudad de Méjico redobló sus actividades den- 
tro de la Liga, en la que fue nombradc, en el mes de junio de 1927, 
delegado regional en el Distrito Federal. 

Roberto, el tercero de los tres hermanos Pro, se había convertido 
en su fiel y eficaz ayudante. Los tres se habían refugiado, ante la 
inminencia del peligro, en el hogar de la señora Valdés, mientras po- 
dian salir: Roberto hacia los Estados Unidos; Humberto hacia los cam- ` 
pos cristeros. 

A las 3 de la madrugada del 18 de noviembre un gran número de 
soldados rodearon la casa y, descolgándose unos por las azoteas con- 


Méjico Cristero 32 


. figuas y otros bloqueando la entrada de la calle, penetraron en el inte- 
rior de la casa para sorprender al padre «Miguel Agustín Pro, que 
. dormía en un sofá y en la pieza inmediata a los hermanos Humberto 
-< y Roberto del mismo apellido, que dormían en una cama... Al verse 
sorprendidos por la policía, el padre Pro suplicó que le permitieran 
cinco minutos para arreglar un asunto con sus hermanos... llamó a 
éstos y les dijo:... “ya ha llegado el momento del suplicio, antes de 
irnos de aquí os quiero confesar, 
no me digáis vuestros pecados 
“porque ya los sé, yo los absuelvo 
en el nombre del Padre, del Hijo 
y del Espíritu Santo...” » 3° 
El círculo se había cerrado: el 
Essex tribulado por los autores del 
atentado estaba a nombre de Hum- 
- berto Pro. 
Segura Vilchis, al informarse 
que los hermanos Pro habían sido 
¿hechos prisioneros, y consciente 
«del grave peligro que corrían aque-' 
-Jlos inocentes, «pidió hablar con 
el general Cruz y le ofreció rela- 
'tarle la verdad de los hechos, a 
«condición, bajo su palabra de ho- 
„hor; de la libertad de los hermanos 
: Pro, que eran completamente aje- 
nos al atentado. El general Cruz 
empeñó su palabra y entonces Se- Los hermanos Humberto, Miguel y Ro- 
. gura Vilchis se delató abiertamente berto Pro en el corredor de su casa. 
«como el principal actor, a sabien- El Padre Pro disfrazaba su identidad 
E ON religiosa usando bigote. 
das de que su sacrificio libraba de 
la muerte a los inocentes.» % 

El día 19 les fue tomada la declaración oficial a todos, incluso al 
-general Obregón, coincidiendo los declarantes en señalar la responsabili- 
, dad que a cada quien correspondía. Los hermanos Pro quedaron limpios 

de toda sospecha. Pero el tirano tenía sed de sangre sacerdotal y el padre 
Pro era un apóstol lleno de gracia y caridad, y Humberto el proto- 
“tipo de la juventud más limpia, noble y buena del Méjico católico. 
_helxico CarsTERO.—21 


$ 


Antonio Rius Facius’ 


Al enterarse de la aprehensión de sus hermanos, Ana María Pro 
movió todas las influencias a su alcance, entre otras las del ministro 
de Argentina, quien visitó a Calles para pedirle que no se hiciese daño ` 
“alguno a los prisioneros. 


` Eros Pisarro te en 


y meno sba at el soior Fanberto Pro ce valria da Bila 
Pare tonar an arrendamiento la oasa en guestión; que al 9 
bhs Kaser de que as sirvieron para el etmtaso y que ei lea 


Alan entertoroa ruS guardado on 1e essa do les caltea de-tl 


aate, us do la peopistad dol deolarento y que la essprá por 
ecudunte del señor Josh Jorzaisut que eate Joab Acezár dl os 
Je Gomtetlio Gesocnoca J esas ee rotura a der, lud la pere 
Fana que gulaña el esche Esser cuenso se comptió el nastios 
Que na sabe sl el ehe Exaoz Pub propiedad de Eumberto Pros 
Puno $) Ja pagbicomo yo 41 je.a Joab Gonzklary aña bien A-o 
ehn apiri ond a bsta para eu compres que no hube ninguna ~e 
laso de juntes provisa para asaltar nl Amora) álvaro Coro 
Edn: que el declarante compromstib el jubves anterior al <+ 
Stemtedo a don ño las pormnte 7 o) domingo a Obest que -= 
fueron mbviles políticos los que lo movieron atertar contra 
la viga del General Obrerbar que los siete mil enrtuehos pa 
FU aaubeer que Fueron recogidos por la Poliela an la onsa > 
Niare treinta p ooho ds las cajles % Jogos Earla, eran ĉe 
u propledadz que sa tisfa 1 focir pare QÊ Cuatinaba tods 
Gartuonoa: que resibla dicare de Aita eas Peen pa ie 


compra de eso VIO Y ento otra dal astor Jirgo/rira 
Ero Mánes, Que Los FApeLidos cartuios lós envian oras 


de Kbxico, Paro qu 


e miega a decir 9 qué personaa: que T3 


Minero Honda 1a Ciutat £e Quasatarn 
Pa: qué @ uns o dos, oUbalones Pub a la cada nimero una da. 
Zad ónllen de Presidente Kadoro bn la vocina Población de = 


Tacuba, poro que as rehusa a deoir eguh psreoras vi) dl í1= 


Que cannae al esñar Eumbsrto Pro a qutan habla de TI 
Inepacalón haee soratar que el declarante ul prinelpie de = 
lan Irvnstigacionos Pollclazas negò coneoer a Euaverta rro) 
“que na eones a la añora Josefina Ventes de Ocet que Y =e 
fia del atentado estuvieron los que lo cometieron Frets ae 
la Rstaciðn de Colonia, mejor dicho, cerea ds lla esperan 
AD la lMogsds del Jeneral Obregón, pues sspareben moortrar 
oportunidad para agrióiflo1 que como no puáleren heserlo en 


sete lugar $» 6srájiaron a lan anillas do Jallene donis vira 


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el tivielonerio mim habia ponotrado a es zdita iar ene 
la raporarta 00 la osquina y Juego wo salid socapama to t 
Ptres persones siguieron eu coche por todas Las pal lee ds. 
Fa Ponorsido hasin llegar Bl Hosqio Gp Compultepes Y giaa 
4l llegar aorca dal lego emparejeros m prete al de sisbes 
General arrojinacio,como ataa ka disho, srep vomtas Ca àt, 
nanita que quíen Digo disparge de pistola fué Sedum puite 
por ver el Único que llevaba pistolar que Gespudo hiperon- 
perasguidos por unes osompeñantes del Gmeral ragin Ste- 
sentan haciendo fuego, harto llegar a la saguina que var 
man lao callos de Enfurgantos, Visa y Livergost, dn tordo 
ohosaron corra ua mtombril Ferds que luaga corrieron ap- 
bro lp Areiión Insurgartos hasta llegar a donde hata Máne. 
esquina aon la Calzada de Chapultpoo, on donde aprahandis 
Fon a doa Ge eue aesmpañantes; que el demaranto +) ehecer 
mu econo C1b orden £e que anda quien se Fuera por mu fados” 
Y que Él al Lloger a la espina d» Cnepuiteros mordá un «` 
Beenvia y so fub en bl, ¿lrijibnaoes Ampas : ia Plaza de 
Teros em denia setuto un rator que el deszecnora naad Los 
da de cerpommabilitas dorai p marertól sao mor del aten" 
ade anmitere dol pa fub Ureowri que Be tice Meda se 
Bha que deslarzo, f le mana aa sfiraè p ratified praise” 


lectura farmrdo Ai SAPRE PANG CONPLITSI Brno meon 


Jair, 
te dol sotíro de a detereldo, par sua gensráles dijar 1a 


Erasguita prosom o el dotanido Huslarto Proa. 
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Bel seo queda escrita, tener veinticuatro afas de etat, 


toites, ormercianio, natural de Zacatecas, Lesotecta, y o, 
son doniallis en la 


ma saroeda oon el nimero elmuenta y. 
Dano de lua aallon de Pinuoo do esta Cludri, Interrogaña è 
Sopo Gorreponós dasiorbr que no tuvo notizla del atorado ` 


Jinezitero de que ful victime oz amaral altere Obregia el 
Mcalrgo trar Anl 330 m orso pn la tardo, siho Basta ue 
VIS ura eltcibn extra q.. saed el Univsreal Gráfico da qe 
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hd mma de que pe elrvicron lus âinamiterga para oemmtar el 


Una de las hojas del acta levantada en la Inspección de Policia con las declara» ' 
clones de acusadores y acusados. Aparecen las firmas de Segura Vilchis y de 


Humberto Pro. 


El licenciado Arturo H. Orci, abogado consultor del Centro Directór 
Obregonista, íntimo de Obregón, había seguido de cerca las investiga- 
ciones realizadas y conocía la abstención de los hermanos Pro en el 
atentado. Confiaba en que, al ser consignados a los tribunales comipe-* 
tentes los presuntos responsables aprehendidos durante la investigación, 


“Méjico Cristero ` i 323 


se dejaría en libertad a todos aquellos que pudiesen demostrar su inocen- 

cia. Y eso, precisamente, es lo que temía Calles que sucediese, pues 
experimentaba incontenible fobia de alcances patológicos contra los 
sacerdotes católicos. 


El crimen.—El lunes 21 se reunieron Calles, Obregón y Cruz para 
“ordenar, el primero, que se fusilase a los detenidos. Fueron inútiles 
las razones expuestas por el general Roberto Cruz para hacerle ver la 
| inconveniencia de dar semejante paso, pero Calles no dejó lugar a ré- 
plicas: la orden estaba dada, 

El martes 22 al caer la tarde comenzaron los preparativos. A media 
.noche bajaron a los sótanos los generales Cruz y Palomera López —este 
. último «hombre de pésima reputación, amoral y sanguinario, llamado 
comúnmente el asesino de los católicos»—, * para revisar de pies a 
cabeza a los prisioneros y tomarles una fotografía. 

- Juan Antonio Tirado Arias, enfermo a consecuencia del tormento 
que se le había aplicado, dormitaba en un rincón de la celda envuelto 
en su sarape; el padre Pro descansaba sobre el suelo de cemento. 

«A la mañana siguiente, como a las seis, despertó el padre Pro con 
un fuerte dolor de cabeza, tomó una cafiaspirina y dijo a su hermano: 

. »==—No sé por qué presiento que algo nos va a suceder hoy. Pero no 
te apures, pidamos a Dios su gracia y Él nos la dará.»* 

Afuera de la Inspección había inusitado movimiento de tropas. 
Los diarios anunciaban que ese día serían consignados los autores del 
atentado. : 

; Al llegar con el desayuno para sus hermanos, se le impidió la en- 

-trada a Ana María Pro. 

: Tres ambulancias, militares uniformados y fotógrafos, penetraron 
en el recinto. . 

_ Las 10 de la mañana. Mazcorro, el jefe de las Comisiones de Segu- 
ridad, baja al sótano y llama en voz alta: 
© —¡Miguel Agustín Pro! 

Sin pronunciar palabra, el aludido estrecha la mano de su hermano 
-Roberto y sale de su estrecha celda. 

Frente a un muro del jardín de la Inspección, hay unas siluetas 
de acero para la práctica del tiro al blanco. Un pelotón de la policía 
montada en traje de gala está situado a unos cuantos metros de dis- 
tancia. 


De izquierda a derecha, arriba: Humberto Pro, el R. P, Miguel Agustín Pro,.S. Je © 
En el mismo orden, abajo: Ingeniero Luis Segura Vilchis y Juan Antonio Tirado - 
E Arias, Cuatro victimas del feroz callismo, : 


. Arriba: El primer pelotón de fusilamiento listo para cumplir su ignominioso come- 
tido.—Abajo: El general Roberto Cruz, con un puro en la mano, contempla con 
mal disimulada complacencia el martirio del P. Pro. A su derecha, el general 

3 Antonio Gómez Velasco. 


Vs A >ò 


Arriba: El P. Pro es conducido por sus guardianes al lugar de su sacrificio.— 
Abajo: La oración silenciosa del P. Pro sobre la dura tierra que beberá su sangre. ` 


El mártir con Gdl brazos en cruz recibe la descarga asesina.—Abajo: Un soldado 
apunta a la cabeza del sacerdote para disparar el tiro de gracia. 


328: i Antonio Rius Facius 


$ 


` Hay más soldados, y oficiales, y curiosos. El general Cruz, de uni- 
forme dominguero, saborea un aromático puro. 

LA aparecer el padre Pro se produce un repentino silencio. Camina 

pausadamente junto a Mazcorro. El 
i 1 agente Quintana se cruza en su 
f ' breve camino y le pide que lo per- 
| done. 
—No sólo lo perdono —respon- 
de el sacerdote con mansa sonri-, 
sa—, sino que le doy las gracias. 

Llega al lugar que se le desig- 
na frente al pelotón de fusila- 
miento. ; 

El mayor Torres le pregunta 
cuál es su último deseo: 

—Que me permitan rezar —res- 
ponde. , 

Se arrodilla, se santigua lenta- 
mente y hace la ofrenda de su vida 
al Redentor. Besa el crucifijo de 
su rosario, se pone de pie, abre los 
brazos en cruz y dice: » 

—¡Viva Cristo Rey! 

El silencio es total. 

Una descarga. Cae. Un soldado 
se aproxima y dispara su arma en: 


Con gallarda serenidad el ingeniero Luis 


Segura Vilchis camina hacia.el paredón 
iy contempla, por un breve instante, el 
cuerpo del padre Pro, que le ha prece- 
dido en el martirio. Lo acompaña Maz- 


la sien del mártir. ; 
Casi idénticamente se fepe la 
escena. Baja Mazcorro al sótano 


y aparece nuevamente en el jardín 
al lado de Luis Segura Vilchis, 
quien de una mirada abarca la tra- 
gedia que se cierne repentina sobre su cabeza, pero no se abate; erguido, 
con el rostro sereno, avanza hasta el sitio de su sacrificio. Al llegar 
frente al cadáver del padre Pro se detiene un instante y se inclina 
ante él, después se coloca a su derecha. 
Contesta con voz clara a las preguntas que se le hacen de si desea. 
alguna cosa y si quiere ser vendado; él responde que no. En pie firme: 
frente al cuádro de ejecución dice: “Estoy dispuesto, señores”. Sus- 


corro, el mismo agente de policia que 
lo aprehendió, 


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$. cit 


330 O Antonio Ríus Facius 


manos las lleva instintivamente a los bolsillos del pantalón; pero luego 
las saca y echa los brazos hacia atrás, presentando el pecho levantado 
para recibir la descarga. 

Se hace un silencio angustioso que se quiebra con la voz de mando: 
¡Firmes! ... ¡Tercien!... ¡Preparen!... ¡Apunten!... ¡Fuego!... 

Luis, el jefe, cae con los brazos abiertos en cruz, cerca del cadá- 
ver del padre Pro. 

Humberto fue el tercer sacrificado. Con idéntico valor caminó al 
sacrificio y recibió la muerte. 

Juan Tirado Arias fue el último. Temblaba de fiebre. Iba Seno 
en su sarape que le había facilitado el padre Pro. Cuando se le pidió 
que expresara cuál era su último deseo, respondió: 

—;¡Quiero ver a mi madre! 

Pero no le fue concedido. Angustiado, de pie frente al pelotón, no 
cesó de exclamar: ¡... Quiero ver a mi madre! 

Tenía 20 años. : 

A las tres de la tarde de aquel glorioso 23 de noviembre de 1927, 
, hechos los absurdos y engorrosos trámites burocráticos, fueron. recogi- 
dos por sus familiares los cuatro cadáveres de las víctimas. 

El pueblo, desafiando la ira. impotente de los asesinos, mostró ` pú- 
blicamente su rencor acumulado. Cuando al día siguiente fueron con- 
«ducidos los cuerpos de los mártires a la colina de Dolores, una mul- 
titud los acompañó rezando con delirante fervor el santo rosario y 
cantando loas a Cristo Rey.. 

Calles, del brazo del procónsul Morrow, celebrando las payasadas. 
de Will Rogers, un cómico de Hollywood, emprendía: a esa hora una 
deliciosa gira de recreo para visitar la Presa Calles que se construía 

.en Aguascalientes y la Don Martín, en Monterrey. 

¿Lograrían el traqueteo del ferrocarril, las insinuantes palabras de: 
Mr. Morrow y las bufonadas de Rogers apagar en sus oídos el clamor 
de un pueblo que le gritaba de frente su odio y su desprecio? 


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Juan Antonio Tirado Arias, el cuarto de tas fusilados, se ona al recibir. 
la descarga. 


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Sig A a 
De ue 


El triunfo supremo: cuatro mártires de Cristo Rey, * 


"Los cadáveres del P. Pro, Luis Segura Vilchis, Humberto Pro y Juan Antonio 
Tirado Arias. 


Arriba: Velorio de los hermanos Pro. El anciano que se ve a la izquierda es el 

padre de las victimas.—Abajo: La muchedumbre escucha electrizada la voz del 

R. P. Alfonso Méndez Medina, S. J., compañero del P. Pro, quien, desafiando las 

iras del callismo, ordena desde el balcón de la casa.del duelo: “¡Paso a los mår- 
tires de Cristo Rey!” 


XXIX 


SUR DE JALISCO, COLIMA Y MICHOACAN 
A PRINCIPIOS DE 1928 


Duplicidad de mando.—Acejotaemeros inmolados.— 
Preparación del ataque y toma de Manzanillo. 


- Duplicidad de mando.—Desde mediados de 1927, fungían como re- 
presentantes de la Liga en Guadalajara dos conocidos acejotaemeros:: 
Antonio Ruiz y Rueda y Jorge Téllez Vargas; el primero con el cargo 
de delegado del Comité Especial. Poco tiempo permanecieron en la 
-capital tapatía, pues otro ameritado exponente de la acsm, Luis B. 
Beltrán y Mendoza, fue enviado allá para tomar posesión de la Jefa- 
tura del Control Militar del Sur de Jalisco, Colima y Michoacán. 

A la muerte accidental del general cristero Dionisio Eduardo Ochoa, 
acordó Beltrán que el general Jesús Degollado Guízar se hiciese cargo 
de la situación en Colima. Éste se encontraba en su campamento de 
La Candelaria cuando se enteró de la desaparición de Ochoa y Anto- 
nió C. Vargas. De allí salió hacia el campamento La Mora, para revi- 
sar el reacondicionamiento de los cartuchos usados, cuando recibió 
órdenes de esperar al jefe del Control Militar de la región. El general 
Degollado, al- enterarse del nombramiento hecho a su favor, suplicó 
a Luis B. Beltrán que reconsiderase su acuerdo y lo eximiera de 
tal cargo, pero ante su cerrada negativa, aceptó generosamente la 
nueva responsabilidad que se le confiaba. Al día siguiente regresó al 
campamento de La Candelaria, y desde allí envió un propio al general 
Luis Ibarra con el encargo de que atendiese la división hasta su vuelta. 
Acompañado por el padre Emeterio Covarrubias, su Estado Mayor y 

335 


336 l A Antonio Rius Facius 


su escolta, partió hacia Colima. A inmediaciones de La Joya encontró 
al coronel Andrés Salazar; hombre valiente aunque falto de cultura, 
‘quien estuvo de acuerdo en reconocerlo como jefe del sector. 

Degollado esperó dos días al general Miguel Anguiano Márquez, 

pero no pudo localizarlo y regresó al Sur de Jalisco para planear el 
ataque a Ciudad Guzmán, Jal., dejando en su representación al coro- 
nel Manuel C. Michel, ya con el grado de general. Éste se instaló en 
la Mesa de la Yerbabuena. Fundió todas las fuerzas de los campa- 
mentos bajo un solo mando y nombró al coronel Andrés Salazar, jefe 
de su Estado Mayor. 

Así organiza- 
dos, emprendie- 
ron su primera 
gira, y en un 
encuentro con 
- los agraristas 
` de Camotlán 
hicieron a éstos 
nueve bajas y 
recogieron ar- 
mas y parque. ` 

Ignoraba el 
Comité Direc-- 
+ tivo de la Liga 
El general Jesús Degollado Guízar al frente de sus cristeros. €l nombramien- 
to hecho por el 
Comité Especial de Guerra en el estado de Jalisco, con residencia 
en Guadalajara, a favor del general Degollado Guízar, cuando recibió 
una solicitud del principal grupo cristero del Volcán de que se nom- 
brara jefe en Colima al general Anguiano Márquez, en sustitución de. 
Dionisio Eduardo Ochoa. El Comité Directivo, después de recoger los 
informes que juzgó necesarios, accedió a lo que se le pedía, Repueanda 
sin saberlo, el mando en aquel estado. 

El general Anguiano, a su regreso de la visita hecha a distintos 
grupos armados del Oriente hasta Coalcomán, donde conferenció con 
‘Luis Navarro Origel, se enteró de los cambios habidos y la duplicidad 
del mando. Andrés Salazar no simpatizaba: con Anguiano y había ma- 
nifestado su oposición a reconocerlo como jefe. La situación era deli- 


Méjico Cristero 337 


cada; el general Degollado Guízar se comunicó con Luis B. Beltrán; 
para exigirle que cesaran las diferencias entre la Liga y el Control 
de Occidente y que se unificara el mando o renunciaría. 

Hechas las necesarias aclaraciones, el Comité Directivo de la Liga 
‘autorizó al general Degollado Guízar para que arreglase las cosas de 
la manera más conveniente. Degollado Guízar partió luego con un 
grupo de sus inmediatos colaboradores al campamento colimense de 
Cerro Grande; allí se reunió con Anguiano y Salazar, a quienes acom- 
pañaba el padre Enrigue Ochoa. 

Sin mayores preámbulos le preguntó: 

«-—Usted, padre, es para mí el alma del movimiento cristero aquí 
en Colima y delante de Dios le preguntó a usted: ¿qué persona con- 
viene que ocupe la jefatura? 

>—Usted, general, me ha preguntado en nombre de Dios y en nom- 
bre de Dios le digo que usted es la persona indicada para ocupar esè 
puesto —contestó».? f 

Un prolongado cambio de impresiones y pareceres dio por resul- 
tado que prevaleciera esta opinión. Se levantó un acta y fue comu- 
nicado el acuerdo a la Liga. Solucionada la duplicidad de mandos, 
señaló el general Degollado Guízar dos sectores: «una parte del Occi- 
dente de Michoacán más una media parte de Colima para él general 
Anguiano; el resto del estado de Colima, más una parte del Sur de 
Jalisco para el coronel Salazar.»? . ` 

Para dar una idea justa de la gran fuerza militar del Sur de Jalisco 
y Colima, es conveniente ampliar las noticias de la organización allí 
establecida durante el mes de enero de 1928, cuando el problema de la 
división de jefaturas adquiría importancia peligrosa. . 

«El general Degollado, jefe de operaciones del Sur de Jalisco y 
Colima, había dividido su vasta jurisdicción en cuatro zonas: una for- 
mada por el estado de Colima a cargo del general Michel con 700 hom- 
bres; otra limitada por los estados de Colima y Michoacán, a cargo del 
general Carlos Bouquet, con 500 hombres; la tercera limitada por el 
mar que baña las costas de Jalisco, a cargo del coronel Lucas Cuevas 
con 325 hombres, y la última limitada por el estado de Nayarit, a cargo 
del general Luis Ibarra, con 800 hombres, incluyéndose en esta zona 
los grupos- mandados por Carlos Verdía, Arreola y Navarro,»*? 

Entretanto, Martos V. Torres había sido ascendido a coronel, jefe 
del Estado Mayor de Anguiano. Al frente de sus hombres recorrió el 
MÉXICO CRISTERO.—22 


338 Antonio Rius Facius 


Oriente y Sur del estado de Colima y, entre varios encuentros de 
importancia que sostuvo contra las fuerzas callistas, hubo uno en los 
límites mismos de la ciudad de Colima que alcanzó especial importan- 
cia. En la estación del ferrocarril se batieron 14 cristeros, Marcos V. 
Torres entre ellos, contra 400 enemigos. Tres horas angustiosas duró 
el combate, al término del cual los callistas habían sufrido 40 bajas 
l contra un solo herido que tuvie- 
ron los cristeros que se retiraron 
sin padecer mayor quebranto. 


Acejotaemeros inmolados.— 
Dos días después de este sonado 
combate, el 25 de enero de 1928, 
fueron inmolados dos acejota- 
emeros colimenses de condición 
humilde: J. Trinidad Castro y 
Anastasio Zamora. 

Cuando fue fundada la Acīm 
en Colima, a mediados del año de 
1917, J. Trinidad Castro ingresó 
en las vanguardias para ser, tiem- 
po después, socio efectivo de la 
Asociación —de cuyo Comité Dio- 
cesano fue presidente—. En ella 
realizó eficaz labor periodística; 
trabajó en los campos obrero y 
J. Trinidad Castro, acejotaemero colimen- político y en la catequesis, enfo- 
se que ocupó la presidencia de su Grupo, cando su labor principalmente 
fue delegado nO T mo y motor hacia la atención de los grupos 
del Ejec Libertador, Murió fusilado e de vanguardias, Al fundarse la 

Liga en Colima ingresó a ella y 
ocupó el puesto de secretario local de la misma. Su amor a Cristo lo 
impulsó a dejarlo todo para luchar por Él con las armas en la mano 
y, una madrugada del mes de septiembre, se unió a sus compañeros de 
la acsm en las estribaciones del Volcán. 

Anastasio Zamora se había incorporado, con anterioridad, al ejér- 
cito cristero, y como J. Trinidad Castro, también había obtenido su 
formación en las filas de la aciym y prestado sus servicios en la LNDLR. 


A 
Méjico Cristero 339 


Ambos se encontraban en la ciudad de Colima desempeñando una 
comisión, cuando la noche del 25 de enero de 1928, víctimas de cobarde 
denuncia, fueron apresados y conducidos a la Jefatura de Operaciones, 
instalada, como se recordará, en el edificio del antiguo seminario, 
No hubo piedad para ellos y, sin juicio ni defensa, se ordenó su muerte 
inmediata. 

El grito desafiante de Trinidad rompió el silencio de la lúgubre 
calzada Galván, antes que el tronido seco de los disparos acallaran la 
voz varonil y limpia de los acejotaemeros vitoreando a Cristo Rey. 

No fueron los únicos miembros de la acm de Colima que cayeron 
heroicamente en aquellos meses. Hubo más y, entre ellos, uno cuyo 
sacrificio conmovió intensamente a la sociedad. Tenía 13 años de edad 
y era nativo del pueblo de San Jerónimo, Colima. Pertenecía.a las 
vanguardias de la Acgm, que atendía con eficacia y entusiasmo J. Tri- 
nidad Castro. Cuando la LNDLR inició su improba tarea, aquel mucha- 
chito se afilió a ella para prestar su ayuda en la medida de sus fuerzas. 

Vino la lucha cristera y, nuevamente él, en compañía de otros ami- 
guitos de su edad, pidió su alta en el Ejército Nacional Libertador. 
Mucho tuvo que rogar e insistir para ser admitido en el grupo que 
"mandaba Gildardo Anguiano Márquez, hermano del general Miguel 
de los mismos apellidos; pero muy poco tiempo pudo luchar por Cristo en 
el campo de batalla. En el mes de marzo de 1928 el teniente coronel 
Gildardo Anguiano inició un recorrido por Ixtlahuacán, Col.; Coahua- 
yana, Mich., y Tecomán, Col., acompañado de su jefe superior inme- 
diato, Marcos Torres, para proveerse de armas y municiones entre los 
derrotados soldados del gobierno. 

. En una ranchería denominada Las es, perteneciente al mu- 
nicipio de Ixtlahuacán, Col., tuvieron un encuentro cristeros y callis- 
tas; en él resultó herido el joven soldadito de Cristo Rey. La rudeza 
del combate impidió a sus compañeros recogerlo y permaneció cinco 
días oculto entre las malezas, sin alimentos ni auxilio. Cuando bajó 
al caserío, lejos de recibir la ayuda que precisaba, fue delatado a los 
agraristas por una mujer; y éstos, con sanguinaria impiedad, lo ma- 
taron a tiros como a perro rabioso. Y era, en realidad, un ángel, un 
- imberbe cristero que había seguido las huellas ejemplares de sus her- 
manos, Gildardo y Miguel: se llamaba J. Mercedes Anguiano Márquez. 

Al cabo de un período de relativa calma, el coronel Marcos Torres 

emprendió una campaña en el estado contra los agraristas, que dio 


340 Antonio Rius Facius 


comienzo el 6 de marzo en el pueblo de Tepames, y continuó por toda 
la región. 

Las fuerzas del gobierno se organizaron para batir a los liberta- 
dores en su propio reducto, y los generales Avila Camacho y Pineda, 
al frente de más de mil hombres, pusieron cerco al cuartel general 
cristero en la Mesa de los Mártires. 

Salazar ordenó la evacuación del campamento, que puso en manos 
de 10 defensores al mando del capitán Ramón Cruz, para proteger 
la retirada de sus compañeros y las familias que se habían refugiado allí. 
Cuando se acercaron los callistas resistieron el capitán y šus hombres 
cuanto pudieron, causándoles 25 muertos a los agresores antes de tener 
que escapar con sus valientes. Los callistas, al entrar en el campa- 
mento evacuado, destrozaron la humilde capilla, centro de vida religiosa 
para toda la comarca, y el venerado cementerio, sobre el que se levan- 
taba el sencillo monumento al general Dionisio Eduardo Ochoa, cuyos 
restos fueron respetados por orden expresa del general Pineda. 

El general Manuel Avila Camacho creyó que le sería más fácil des: 
organizar a los cristeros disparándoles cañonazos de dinero en lugar 
de balas y escribió a los generales Degollado y Bouquet ofreciéndoles 
fuertes cantidades en efectivo a cambio de su separación del movi- 
miento, pero ambos le contestaron que preferían morir, libres como 
andaban, que vivir bajo la tiranía callista. 


Preparación del ataque y toma de Manzanillo.—El 30 de abril de 
1928, el general Degollado Guízar, acompañado de su escolta y Estado 
Mayor, salió hacia Colima; al pasar por el campamento del general 
Michel, lo invitó a que se le uniese y, el 2 de mayo, en el campamento 
colimense de la Yerbabuena, se reunieron con estos jefes cristeros el 
general Salazar, el general Bouquet, el coronel Marcos Torres en re- 
presentación del general Anguiano que estaba enfermo y no pudo asis- 
tir, el general Alberto Gutiérrez, el coronel Rodríguez, el teniente 
coronel José Gutiérrez, los capitanes Bernardo López C., Efrén Que- 
zada y Andrés Bermejillo y el mayor Rafael Covarrubias. También 
estuvieron presentes los padres capellanes Emeterio Covarrubias y 
Enrique Ochoa. 

El motivo de sta importante reunión era el de estudiar un pro- 
yecto del general Degollado Guízar para atacar el puerto de Manza- 
nillo, Colima, el 24 de mayo siguiente, día de María Auxiliadora. 


Méjico Cristero 341 


Una vez dilucidados todos los puntos y aclaradas todas las dudas, 
regresó el general Degollado Guízar a su campamento de La Cande- 
laria para preparar el audaz golpe. 

El día 20 el general Lucas Cueva recibió del general Ibarra dos 
escuadrones que incorporó a sus fuerzas y, de acuerdo con el plan pre- 
visto, siguiendo el camino de la sierra para evitar encuentros con el 
enemigo, se dirigió hacia la hacienda de Tequisquitlán, donde tenía 
que reunirse nuevamente con el general Degollado Guízar el día 23 en 
la tarde. Éste salió al mismo tiempo de su campamento con rumbo a 
Pueblo Nuevo. En el camino se les incorporó el mayor Anatolio Par- 
tida, de las fuerzas del Occidente de Michoacán, con 75 hombres, entre 
los que se encontraba el entonces capitán Rubén Guízar Oceguera, 
primo de Degollado Guízar, quien había interrumpido sus estudios en el 
Seminario Pío Latino de Roma para defender en su patria la causa 
de Cristo Rey. 

En el pueblo de Toxín, lugar fácilmente defendible, dejó el gene- 
ral Degollado Guízar una pequeña guarnición de las fuerzas del general 
Michel, para proteger la retaguardia. Sólo quedaban dos puntos débi- 
les: la ciudad de Colima y la numerosa fuerza callista de Cihuatlán. 
Para cubrir el primero quedó comisionado el general Ibarra, encar- 
gado de las operaciones en la ausencia del' general Degollado Guízar, 
con el amago frecuente de la ciudad, y, para destruir el segundo 
punto, el mismo general Degollado Guízar dio al general Cueva ins- 
trucciones precisas de atacar ese lugar por un lado mientras él lo hacía 
por el opuesto. 

El día 22 llegó el contingente del general Degollado Guizar a Pue- 
blo Nuevo, donde lo esperaban los generales Bouquet y Michel y el ma- 
yor Candelario Cisneros de las fuerzas del general Miguel Anguiano, 
quedando reunidos, así, poco más de mil hombres. Antes del mediodía 
siguiente el general Degollado Guízar juntó a los jefes y les dio sus 
últimas instrucciones: 

«Todas las tropas que se encuentran presentes quedan subordina- 
das al general Bouquet, que mandará en jefe el ataque a Manzanillo. 
El ataque se efectuará en la forma siguiente, que podrá ser modifi- 
cada, según la necesidad, si así lo cree prudente el general Bouquet. 
Las fuerzas totales se dividirán en tres columnas; la que marchará 
por el centro irá al cuidado del general Bouquet, la que cubrirá el 
-flanco izquierdo la mandará el mayor Anatolio Partida y la del flanco 


342 Antonio Rius Facius 


derecho la mandará el mayor Rafael Covarrubias. El general Bouquet 
ordenará al capitán Marcelino Ramírez que con su escuadrón bien 
reforzado se coloque en Santiago, para el caso de que venga el ene- 
migo del lado de Cihuatlán, y nombrará un retén que en punto domi- 
nante vigile la vía del ferrocarril procedente de Colima. En esta forma 
estará completamente asegurada su retaguardia. Yo salgo para la ha- 
cienda de Tequisquitlán, con sólo mi Estado Mayor y el general Michel, 
para encontrar al general Cueva, que con su gente y dos escuadrones 


El puerto de Manzanillo, Col., atacado y ocupado momentáneamente por las fuer- 
zas de la Guardia Nacional, el 24 de mayo de 1928. 


del general Ibarra llegará a aquel lugar. De ahí saldremos a las ocho 
o nueve de la noche para Cihuatlán, atacaremos la plaza, la rendire- 
mos, tomaremos camiones y coches que encontremos y luego saldremos 
para el puerto para ayudarles en lo que falte por hacer.» ?” 

Todo se hizo como estaba previsto. En la madrugada del día 24 de 
mayo de 1928 soldados del coronel Marcos Torres habían incendiado 


Méjico Cristero 343 


varios pequeños puentes y corrales al Norte y Sur de la estación del 
ferrocarril en Colima; la escolta de Alberto Gutiérrez dinamitó otro 
pequeño puente en la vía de Colima a Manzanillo, daño pequeño e insu- 
ficiente para cerrar el paso a los refuerzos que, al ser informado el 
gobierno, envió rápidamente. Al iniciar su avance las fuerzas criste- 
ras, el cañonero “Progreso” surto en el puerto, dirigió sus baterías con- 
tra los atacantes, pero a pesar de la ruda oposición, fueron éstos avan- 
zando paso a paso hasta el centro de Manzanillo. 


El general Degollado Guízar, al frente de sus hombres, victoriosos 
en el ataque a Cihuatlán, llegó oportunamente a reforzar el venturoso 
ataque. El triunfo era total para el ejército cristero: habían rendido 
a la guarnición del puerto y recogido gran cantidad de armas, pertre- 
chos y dinero de la aduana. 

«Todo estaba en silencio —narra el general Degollado Guizar en 
sus Memorias—; ya ni un disparo se oía. Unos diez soldados, que esta- 
ban en una altura, hacían señas de que se fuera a recoger las armas. 
En esos momentos avisaron nuestros vigías que venía avanzando un 
tren que, aunque caminaba despacio, pronto llegaría y que traía tro- 
pas callistas que se podían ver con los gemelos. 

»Como Manzanillo es una ratonera, ordené que inmediatamente se 
retiraran las tropas para ponerse a cubierto y no ser copadas. Bastaba 
recorrer unos mil metros para quedar fuera de ese peligro. 

»Nuestras bajas eran 6 muertos, que fueron sepultados en uno 
de los hoyos abiertos por las balas del “Progreso”; ahí se depositaron 
los cuerpos y se les cubrió con tierra. 

»Los heridos, 18, ya habían sido recogidos a la retaguardia para 
conducirlos a uno de los campamentos para su curación. Todas nues- 
tras tropas se encontraban ya en lugar seguro. Sólo el general Lucas 
Cueva, llevado por un ardor incontenible, se quedó unos minutos más 
para recoger las armas y pertrechos de un grupo de ocho o diez sol- 
dados callistas que aún no las entregaban. El tren, abarrotado de ea- 
llistas, cortó la retirada del general Cueva y de 45 soldados, entre los 
que recuerdo a los hermanos José y Luis Sahagún, teniente coronel 
y mayor, al mayor José María Gómez y al capitán primero Onésimo 
Ortiz.» 2 

Fue inútil todo esfuerzo por rescatarlos, no obstante que los solda- 
dos federales sufrieron más de trescientas bajas, el general Cueva y 
sus compañeros perecieron combatiendo al quedar copados por las fuer- 


gu Antonio Rius Facius 


zas gobiernistas al mando del general Charis, que les cerraron el paso 
cuándo tenían a la derecha la laguna, a la izquierda el mar, y a su 
espalda los soldados de la guarnición que, repuestos de la derrota, 
se ; reagmiparon para atacar. 


» 


XXX 


LA CRECIENTE LUCHA CRISTERA 


Somero balance de fuerzas.—“Peoresnada”.—Junta 
regional de autoridades.—Muerte de Miguel Gómez 
Loza.—Ocaso de Luis Navarro Origel.—Heroica 
muerte de Ignacio Navarro Origel.—Martirio de José 
Sánchez del Río.—Sangre acejotaemera. 


Somero balance de fuerzas.—El general Enrique Gorostieta había 
demostrado sus grandes dotes de organizador al frente de la Jefatura de 
Operaciones en los Estados de Jalisco, Colima y Nayarit, por lo que la 
Liga amplió su mando a los estados de Aguascalientes y Zacatecas. Sus 
actividades, de poco lucimiento hasta entonces, dirigidas como estaban a 
la preparación en gran escala del movimiento cristero, las encauzó ha- 
cia la enseñanza técnica de sus soldados; dividió la región de Los Altos 
en zonas estratégicamente situadas, para combatir eficazmente las esta- 
blecidas por el gobierno; levantó los planos necesarios para conseguir 
su intento y nombró jefes de los sectores en que había dividido Los Altos. 

El día 30 de enero de 1928 llegó a Huejuquilla, que se encontraba 
en poder del Ejército Nacional Libertador, acompañado de sus fieles 
acejotaemeros y el general Avila, antiguo villista que había ofrecido 
sus servicios a la causa cristera. Como general en jefe de la región 
extendió nombramiento de jefe de operaciones en la zona zacatecana 
al general Quintanar, al mando de la brigada del mismo nombre, com- 
puesta por elementos de distintos lugares que operaban en el estado 

345 


346 i Antonio Rius Facius 


de Zacatecas principalmente —aunque también lo hacían en los esta- 
dos de Durango, Jalisco, Nayarit y Sinaloa— y ratificó la organiza- 
ción existente de los cinco regimientos y grupos aislados que la for- 
maban. : 
Estos regimientos eran: “Libres de Huejuquilla”, que comandaron 
diferentes jefes hasta que al final de la lucha estuvo a su frente el 
mayor Epitacio Llamas; “Libres de Chalchihuites”, al mando del co- 
` ronel Francisco Sánchez; regimiento “Guadalupe”, organizado por el 
coronel Viramontes, cuyo mando quedó después a cargo del general 
Justo Avila; regimiento “Castañón”, correspondiente al sector de Fres- 


Misa de tropa celebrada por el Pbro. Herculano Cabral, en Juntas del Refugio, Zac., 
el día 6 de noviembre de 1927, para solemnizar el levantamiento de la columna 
organizada por el coronel Viramontes. 


nillo, comandado por el coronel Perfecto Castañón, cuyo nombre se le 
impuso al morir este ameritado jefe y quedar al frente del regimiento 
el coronel Reynaldo Cárdenas —quien a sí mismo se apodaba El Pe- 
cado— y el teniente coronel Aurelio Ramírez; y por último, el regi- 
miento “Valparaíso”, al mando del coronel J. Jesús Pinedo. 

Además de los regimientos antes dichos, formaban la brigada Quin- 
tanar otros grupos que, aunque de escaso número de hombres, des- 
arrollaban gran actividad. Estos grupos eran: el del general Porfirio 
Mayorquín; el del mayor Florencio Estrada, de Huamazota, Dgo.; el de 
Juan Beltrán, de Sinaloa; y posteriormente el del mayor Luis J. Mon- 


Méjico Cristero 347 


tellano, de Huejúcar, Jal.; y el de Huicholes de San Sebastián, de Juan. 
Bautista. 

En la región dominada por el general Pedro Quintanar eran cons- 

tantes las incursiones de los alzados contra el ejército federal, al que 
con frecuencia desalojaron de sus ventajosas posiciones, haciéndoles 
numerosas bajas. Algunas poblaciones zacatecanas pasaron de unas a 
otras manos repetidas veces, provocando constante zozobra entre los 
habitantes de la región. 
En el resumen hecho por el padre Adolfo Arroyo, cronista veraz y 
testigo presencial de muchos de aquellos sucesos, ofrece estas cifras 
de las actividades desarrolladas por el grupo de Valparaíso, desde el 
29 de agosto de 1926 hasta el 31 de diciembre de 1927. 

Al iniciarse el movimiento formaban el grupo 50 hombres para su- 
mar, el día último del año de 1927, quinientos, todos armados y pertre- 
chados, modesta aunque convenientemente, con las armas y municio- 
nes quitadas al enemigo. Tuvo 19 expediciones a distintas partes de 
los estados de Zacatecas, Jalisco y Durango. Sorprendió al adversario 
dos veces y fue asaltado por él seis veces. Sostuvo 18 combates de 
importancia y 15 tiroteos. Perdió 45 hombres, muertos en combate, 
y otros tantos heridos, que volvieron a filas. El enemigo les hizo 
15 prisioneros, que presumiblemente fueron fusilados. Causó, en cam- 
bio, 468 bajas —que pudieron ser plenamente confirmadas— a los 
federales y agraristas. De todas éstas 116 hombres quedaron muertos 
en el campo de batalla y 54 heridos, entre ellos dos generales, 

En el año de 1928 las actividades de éste y los demás grupos cris- 
teros de la región zacatecana multiplicaron sus triunfos, que sería largo 
y prolijo reseñar. y 

Para atender mejor las necesidades civiles, fue nombrado por la 
Liga gobernador provisional del estado Aurelio E. Acevedo, quien, en 
un principio, sabiéndose sin la preparación necesaria para asumir tal 
responsabilidad, rechazó el nombramiento. 


“Peoresnada”.—En la región dominada por la brigada Quintanar se 
editó, durante los años 1927 a 1929, en papel de color, sumamente del-. 
gado para hacer 12 copias a la vez, una hoja información escrita en una 
maquinilla portátil, a la que se le dio el título de Peoresnada. 

Los cristeros que la recibían en campaña se veían en aprietos para 
leer las últimas copias, y más cuando el papel era de color oscuro; 


348 Antonio Rius Facius 


pero por medio de ella se les tenía al corriente de los principales suce- 
sos ocurridos, no sólo en la región, sino en toda la República. 

Estaba escrita con alegre despreocupación, con ironía simple que 

. era del gusto de todos los que con ingenua, limpia intención, exponían 

su vida a cada paso para dar a su patria amor y libertad. Una muestra 

del espíritu sencillo y optimista que campeaba en aquellas hojas, lo 

_ ofrecen estos versos aparecidos en el número 90 y 91 de Peoresnada: 


Si yo fuera un gran señor, 
y que nadie me tosiera, 
es decir, que si yo fuera 
tamaño periodicón, 
yo diría que un gran torzón 
llevase al otro potrero 
a Calles y a Portes Gil, 
a Morones y a otros mil; 
pero se fuesen primero 
López, Montalvo y Quintero. 
Pero soy un chiquitin 
que apenas me asoma el diente, 
entre hablador y prudente 
travieso periodiquin; 
quiero hablar y hablar sin fin 
a Calles y a su mesnada 
(que espero ver aplastada) 
todas las veces que salgo, 
que hablar bien o mal es algo 
y algo es algo... “peoresnada”.* 


Junta regional de autoridades.—En el mes de mayo de 1928 tuvo 
lugar, en aquella región, un señalado suceso cívico social que hubiera 
alcanzado, sin duda alguna, positiva trascendencia nacional al triunfo 
de las armas cristeras. - 

Al iniciarse la lucha armada de los católicos mejicanos en varios 
lugares y diversos tiempos, se puso de manifiesto su natural inexpe- 
riencia en el manejo de asuntos públicos y. militares, pero, a medida que 
transcurrieron los «meses de continuo pelear y de tener que enfren- 
tarse con los problemas diarios de la administración de. las regiones 


Méjico Cristero 349 


ocupadas, se fue perfeccionando la disciplina, brotaron espontáneas y 
admirables las virtudes militares, el buen sentido dictó las normas 
básicas a que habían de ajustarse las autoridades civiles y pronto se 
inició en algunas regiones del país una era de libertad auténtica y 
de paz orgánica, amada y sentida.» 
En la región de Huejuquilla el 
Alto y Mezquitic, Jalisco; Valpa- 
raíso, Monte Escobedo y San An- 
drés de Teul, Zacatecas, dominaban 
las fuerzas cristeras, y sus jefes, 
ante su creciente responsabilidad y 
dominio, con positivo y admirable 
sentido del deber, juzgaron necesa- 
rio «citar a las autoridades admi- 
nistrativas y judiciales a una con- 
vención en que se fijaran los prin- 
cipios de gobierno a que habían de 
ajustarse sus actividades.» * 
Dicha asamblea se efectuó, co- 
mo queda dicho, el día 22 de ma- 
yo en el pueblo jalisciense de Mez- 
quitic, bajo la responsabilidad ini- 
cial de su organizador el coronel 
Aurelio Robles Acevedo. Se estu- 
diaron los temas siguientes: “El 
movimiento armado actual difiere 
esencialmente de los anteriores”; 
“Las autoridades administrativas y Fiesta de Corpus Christi en Huejuqui- 
judiciales deben obrar indepen- lla, Jalisco. Los soldados cristeros pre- 
3 e sentan armas al paso de la procesión. 
- dientemente de las militares, y 7 de junio de 1928. 
éstas deben garantizar a aquéllas”; 
“Las autoridades administrativas deben tener el control de las defen- 
` sas regionales en cuanto a los servicios de policía, y no en cuanto a 
movimientos militares”; “Las autoridades judiciales en los casos de 
delitos de los militares, deben imponerse para que los culpables séan 
puestos a su disposición”. À 
Fruto directo de aquella junta regional de autoridades administra- 
tivas y judiciales en la zona controlada por el movimiento libertador 


350 í Antonio Rius Facius 


católico en el estado de Zacatecas fue una magnifica “Ordenanza Gene- 
ral” compuesta por 52 artículos que legislaban sobre el reconocimiento 
del Comité Directivo de la Liga como autoridad civil y militar suprema, 
las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y las atribuciones de las auto- 
ridades administrativas, judiciales y militares, defensas regionales y 
registro civil. 

Asistieron a aquel congreso, además de los jefes militares de la 
región y representantes de la Liga, los presbíteros Pablo López, que 
ocupó el cargo de presidente, y José Félix, que actuó como secretario. 

Los cristeros, con generosidad indiscutible, se preparaban a forjar 
una patria mejor sacrificando, si era preciso, sus intereses particulares 
en bien de la comunidad y de la Iglesia, alma y esencia de Méjico. 


Muerte de Miguel Gómez Loza.—En Jalisco, mientras los grupos de 
levantados en armas —entre los que se distinguían por su audacia, 
valor y heroísmo los de Lauro Rocha, Victoriano Ramírez El Catorce y 
al padre Aristeo Pedroza— continuaban su campaña contra el ejér- 
cito federal, Miguel Gómez Loza, el infatigable acejotaemero, gober- 
nador civil del estado, atendía los múltiples y complejos problemas 
derivados de la lucha armada desde un pegueño poblado llamado Pal- 
mitos. Pocas veces salía de ahí, salvo cuando era necesaria su presen- 
cia en otro sitio. 

En la segunda quincena del mes de marzo de 1928 tuvo necesidad 
de marchar a Guadalajara para hablar, entre otras personas importan- 
tes, con el general Enrique Gorostieta. Partió de Palmitos acompañado 
de su fiel asistente y, en una ranchería llamada El Lindero, muy cerca 
"de Atotonilco, Jal., se detuvo a conferenciar con el jefe civil de la región. 
Charlaban animosamente bajo la sombra de una de tantas casas aban- 
donadas por las arbitrarias concentraciones ordenadas por el gobierno, 
cuando advirtieron que se dirigían hacia elios varios soldados federales 
a caballo. 

Sin tiempo para ir en busca de sus propias cabalgaduras, corrieron 
por distintas direcciones, pero Miguel Gómez Loza y su asistente' fueron 
alcanzados y heridos por las balas de los federales, que recogieron 
agonizante a Miguel y lo ataron a la silla de un caballo para arrastrarlo 
por el camino hasta dejar su cuerpo destrozado. 

Al día siguiente, 22 de marzo, fue conducido su cadáver a Guada- 
lajara y entregado a su esposa. Durante aquella noche y todo el día 23 


Méjico Cristero - 351 


se volcó materialmente el barrio del Santuario de Guadalupe en la casa 
del mártir para tributarle su póstumo homenaje. 

«Los muchachos de la acm y los obreros que Miguel había mane- 
‘jado con tanto cariño, hicieron la guardia, formando a la vez el cordón 
de vigilancia, cuya actuación se hizo necesaria por lo copioso de la 
afluencia.»** 


Cadáver del Lic. Miguel Gómez Loza, asesinado en El Lindero, Jal., el 21 de 
mayo de 1928. 


Gladium, el pregonero de los cristeros jaliscienses, difundió por 
toda la comarca un canto fúnebre a su memoria y a su ejemplo de 
hombría. El callismo había derribado una columna más del catolicismo 
-en Méjico. 


Ocaso de Luis Navarro Origel.—«Acerca de las campañas de Luis 
Navarro Origel en la primera parte de 1928, poco podemos decir. La 
tiranía mandó al general Juan Domínguez, el asesino de Serrano, a 
batir al cabecilla Fermín Gutiérrez, que le aniquiló dos columnas de 
2,800 hombres. Evacuó Navarro Coalcomán con la idea de atraer al 
enemigo a una emboscada, y al efecto sacó del pueblo todos los ele- 
mentos útiles; luego le puso un cerco de 18 días, y cuando Domínguez 
hablaba ya de capitulación, refuerzos federales llegaron de Colima y 


352 Antonio Rius Facius 


con su ayuda pudo romper el sitio por la parte más difícil, que es la 
del mar. Quince días más tarde llegaba Juan Domínguez a Los Reyes 
con unos cuantos hombres, a pie, casi descalzo, desmoralizado. Y visto 
que a los cristeros no se les podía vencer por las armas, Domínguez 
dejó que Lázaro Cárdenas interviniera como apaciguador, y en efecto, 
el futuro presidente de la República comenzó a intentar la seducción 
de los alzados. Pero Luis Navarro seguía implicable sus campañas.» * 

Sin dejar de combatir un solo día, sumó victoria tras victoria, con 
escasísimas pérdidas para los suyos, produciéndolas en cambio en gran 
cantidad al enemigo, como sucedió en el combate sostenido en Cerro 
Verde, el 27 de enero, donde los federales tuvieron más de 200 muer- 


misan Tna PU 


a 
Misa campal de las fuerzas de Luis Navarro Origel. 


tos, que se vieron impedidos de enterrar. De los hombres de Navarro 
sólo hubo una baja: Jesús Blanco. 

Gran parte de estos éxitos se debían a la rígida disciplina que había 
impuesto a sus hombres, a quienes, aunque llamaba cariñosamente 
“mis hijos”, no permitía que cometiesen fechorías, pues se había pro- 
puesto, según sus propias palabras, «limpiar las filas de bandidos, exi- 
gir responsabilidades, impedir la disolución y el relajamiento de la 
disciplina y formar un ejército en vez de chusmas.» 

Para hacer cumplir sus órdenes, se vio precisado a mandar al pare- 
dón a dos de sus soldados: uno por faltar gravemente a la disciplina 


Méjico Cristero $ 353 


y otro por latrocinio. Esta medida tan radical, cuanto necesaria, fue 
el comienzo de cierta hostilidad hacia él entre su gente, hostilidad que 
fue explotada hábilmente por algunos enemigos emboscados de los 
que nunca faltan, aun a aquéllos que han ajustado sus vidas a las nor- 
mas de la más estricta moral y justicia. 

Para decidir la ocupación de Chinicuila, una aldea del estado de 
Michoacán, convocó a una reunión de jefes, En dicha junta los más 
exaltados propusieron que, como los habitantes del pueblo simpatiza- 
ban, excepcionalmente, con el gobierno, fueran incendiadas todas las 
casas, a lo que se opuso Navarro Origel, quien logró convencerlos 
«de que sólo fueran destruidas las casas de los tres principales culpa- 
bles de la corrupción moral y política de dicho pueblo». l 

»Se ordenó —sigue diciendo Luis Navarro Origel en carta que escri- 
bió al cura de Coalcomán, José María Martínez— que fueran concen- 
tradas todas las mercancías a un domicilio, y que los valores que fueran 
encontrados se entregaran a los oficiales. Como no se entregó el efeé- 
tivo y hubo muchas quejas de raterías de los soldados entre sí, se 
practicó un registro, dejándoles todo lo que habían ocultado y reco- 
giéndoles una cantidad irrisoria, ciento y tantos pesos entre todos.» 

Este registro predispuso aún más a sus soldados contra él, al ser- 
tirse humillados por la desconfianza demostrada. 

Salió Navarro Origel acompañado de su pequeña escolta personal 
hacia un rancho cercano para visitar a uno de los jefes de su ejército, el 
teniente coronel Angel Castillo —José González—, que estaba gravemente 
enfermo, y dio licencia de diez días a la mayor parte de sus hombres, 
no sin antes ordenar al mayor Acosta que les entregase a cada uno de 
ellos dos paradas de vestuario, guaraches o calzado a los que los nece- 
sitaran y, además, un poco de dinero en efectivo, una provisión de 
cinco hectolitros de maíz y otros comestibles para que los llevaran “a 
sus familiares. «Todo esto con objeto de preparar a la tropa pára salir 
a campaña de alguna duración y fuera de la región por no tener ene- 
migo dentro de ella.» ?* 

Pero el oficial encargado de hacer el reparto no sólo no cumplió 
la orden dada, sino que, de acuerdo con otros dos conjurados, ' soli- 
viantó a la tropa mientras Navarro Origel se encontraba ausente y, ä 
su regreso, fue hecho prisionero por sus mismos hombres, algunos de 
los cuales pedían que fuese fusilado. Providencialmente llegó el pá- 
rroco dde Coalcomán, presbítero José María Martínez, quien ejercía 
MÉXICO CRISTERO.—23 


354 Antonio Rius Facius 


decisiva influencia entre los cristeros de la región, y ordenó la inme- 
diata libertad de aquel jefe modelo, que recibió con serenidad cris- 
tiana y edificante la inmerecida humillación que le habían infligido 
sus propios compañeros, para quienes no tuvo, sin embargo, una pala- 
bra de reproche. 

Su fe permaneció incólume y pronto recuperó entre los suyos el 
prestigio empañado por la pasión nociva de unos cuantos, pero como 
era mejor para la causa que todos defendían olvidar aquella desleal 
sublevación, consideró prudente cambiarse de sector. 

«Después de catorce meses de lidiar con los callistas en la costa de 
Michoacán, Luis Navarro la dejó para marchar a Jalisco con una sec- 
ción de la brigada “González Flores” a unirse a las tropas del general 
Bouquet. Lo acompañaba su inseparable y también heroico hermano 
Ignacio. 

»El 13 de julio envió Luis Navarro un comisionado a la ciudad de 
Méjico con el fin de solicitar del Comité Directivo de la Liga Defen- 
sora de la Libertad Religiosa que despachara un delegado a investigar 
el caso de la sublevación de sus tropas. Ese comisionado llegó a Mé- 
jico el 17 de dicho mes, o sea el día de la muerte de Alvaro Obregón, 
y no pudo cumplir su encargo. A fines del mes supo Luis Navarro 
que se internaban en la región tropas callistas al mando del general 
Rodrigo M. Quevedo y, como siempre, fue en busca del enemigo.» 24 

El 9 de agosto, él, su hermano Ignacio y 11 hombres más sostuvie- 
"ron su primer combate. Los federales sufrieron cinco bajas mientras 
los cristeros salieron ilesos de aquel encuentro. 

Transcurridos unos días, el pequeño destacamento de los Navarro 
Origel había aumentado a 55 hombres. Esta pequeña fuerza tuvo un 
nuevo encuentro con el enemigo al amanecer del día 10 de agosto 
de 1928, en un sitio denominado Cuchilla de Gualapa. Nuevamente le 
fueron causadas numerosas bajas a las tropas del general Rodrigo M. 
Quevedo, y Luis fue alcanzado en el pecho por una bala. 

Ante la fuerza de la ofensiva se habían retirado todos sus hombres, 
a excepción de su hermano Ignacio, su asistente y el mayor Gilberto 
Calvario, que continuaron combatiendo. Su situación era muy compro- 
metida cuando decidieron escapar en medio de una lluvia de balas. 

Luis Navarro Origel, con denodado valor, «al trasponer el primer 
lomillo del terreno, se volvió y empezó a hacer fuego, sin más pro- 
tección que la ligera desigualdad del terreno.» Sus compañeros lo imi- 


Méjico Cristero 355 


taron e hicieron caer a más soldados federales. Al reanudar la marcha, 
Luis fue herido de gravedad. Sus fieles compañeros no lo abandona- 
ron; desde distintas posiciones siguieron combatiendo hasta obligar al 
enemigo a abandonar el campo. Entonces fueron en auxilio de su jefe, 
pero lo encontraron muerto. Aquella madrugada había recibido la do- 
ble presencia del Señor: en la Eucaristía primero y por el martirio 
después, Sus restos fueron sepultados en el campamento cercano; ahí 
se le rindieron los honores gue por su alto rango le correspondían. 


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A O ELAR ALCA [2 


El cura de Coalcomán, Pbro. José María Gutiérrez, acompañado del general 
Ignacio Sánchez R. y el coronel José González Romo, con. sus respectivos e inme- 
diatos colaboradores, 


Cinco años después su viuda, reverente, trasladó sus amadas cenizas 
a Pénjamo, su pueblo natal. 

Cara pagaron la muerte de Luis las tropas del general Quevedo, 
pues en los tres días que se aventuraron a entrar en la reglón, perdie- 
ron 66 hombres. La desproporción de las bajas entre uno y otro bando 
era impresionante, pues contra menos de 50 hombres que perecieron 
de las filas de Navarro Origel —general Fermín Gutiérrez—, en catorce 
meses de lucha, los callistas tuvieron más de dos mil. 


356 i Antonio Rius Facius 
$ - E 


Heroica muerte de Ignacio Navarro Origel.—Ignacio Navarro Ori- 
gel, su hermano, coronel de la Guardia Nacional, en la que militaba 
con el nombre de guerra de Teódulo Gutiérrez. fue muerto en combate 
ocho meses después. El coronel Angel Castillo González, jefe de la 
Segunda Zona Militar de Michoacán, en informaciones enviadas al Co- 
mité Especial de la LNDLR, escribió: «El 5 de abril (de 1929) encontrán- 
dose de expedición por el mismo rumbo de Barreras el C. Crel. Teó- 
dulo Gutiérrez, con treinta y ocho hombres, sorprendió al enemigo com- 
puesto de agrios y guachos (agraristas y soldados) también en el camino 


` El general cristero Luis Guizar Morfín al recibir la zona de Coalcomán, Mich.. 


y los atacó. En el tiroteo que se entabló, sólo diez de sus hombres lo 
siguieron, y muerto él, pérdida que hemos lamentado muy profunda- 
mente, se retiraron los pocos que lo acompañaban, después de haber 
hecho al enemigo 8 bajas y 4 heridos... Con profunda pena hemos 
lamentado la pérdida de mi coronel Teódulo Gutiérrez, dado que fue 
el hermano, el compañero más querido durante dos años de lucha y 
para quien la generalidad de mis soldados guardaba grande estima- 
ción por sus cualidades y virtudes, por su desinterés absoluto en todas 
las vanidades, por la humildad, por su obediencia y por su voluntad 
de hierro y su inquebrantable confianza y fe en Dios, que a cada paso 
animaba a los soldados hablándoles de ser constantes, de ser fieles sol- 


Méjico Cristero 357 


dados de Cristo Rey, aunque nuestra guerra durara diez años; pues 
'gue en los primeros tiempos la persecución a la Iglesia duró tres siglos 
y no desmayaron nuestros hermanos los cristianos, 

»Estas eran sus palabras cotidianas. No daba un paso sin alabar 
a Dios y darle gracias por todo lo que sufríamos; era mi coronel un 
modelo de cristiano y cumplido jefe; hay pocos como él. Hablo yo de 
mi coronel, porque vivimos juntos y como 
antes he dicho, dos años compartimos las 
penas y las dulzuras de la guerra. Este. 
glorioso mártir debe figurar en las pági- 
nas más significativas de nuestra historia, 
porque después de dejar riquezas y a sus 
hijos que eran todo su querer, gustoso 
se entregó a la muerte por su Dios 
y obedecer a sus superiores, porque era 
hombre de dignidad, era hombre de ver- 
giienza.» '? 


Martirio de José Sánchez del Río.— 
A consecuencia de las continuas derrotas 
sufridas por los callistas, éstos tomaban des- 
piadada venganza en todos aquéllos que te- 
nian la desgracia de caer en sus manos. Tal 
fue el caso, conocido en todo el mundo ci- 
vilizado, del niño José Sánchez del Río, que 

> == perteneció a la vanguardia del Grupo Local 
José Sánchez del Río, vanguar- de la acm de Sahuayo, Michoacán, quien, 
dia acejotaemero fusilado en Contando con sólo 13 años de edad, se unió 
Sahuayo, Mich., el 10 de fe- a las fuerzas cristeras, en las que se le 
brero de 1928. aceptó como ayudante y no como soldado 

a causa de su corta edad. 

En un combate librado cerca de Cotija, Mich., el 5 de febrero de 
1928, cuando a su jefe le fue muerto su caballo, le cedió el suyo dicién- 
dole: 

—Mi general, aquí está mi caballo. Sálvese usted aunque a mí me 
maten. Yo no hago falta y usted sí. ` 

Y uniendo la acción a la palabra, cogió un fusil y se puso a dis- 
parar contra el enemigo que tenía enfrente hasta que se le terminaron 


a 


358 Antonio Rius Facius 


las balas; entonces pudo ser aprehendido y llevado al jefe de sus con- 
trarios, a quien se encaró y dijo: 

—Me han cogido porque se me acabó el parque, pero no me he 
rendido. 

Tanta audacia en un niño sorprendió al militar y quiso halagarlo- 
para que se sumara a la Revolución, incluyéndolo en la lista de sus 
soldados, pero, al ser nombrado, José protestó: 

—Yo no soy callista —dijo—, soy preso. 

Desde Cotija escribió a su madre esta sencilla epístola: 

«Mamita: Ya me apresaron y me van a matar, estoy contento. Lo 
único que siento es que tú te aflijas. No vayas a llorar, en el cielo nos 
veremos.—José, muerto por Cristo Rey». 

Este recado lo guardó el oficial y no lo envió a su destinataria, pero 
en Jiquilpan, Mich., población inmediata a donde se trasladaron, dio 
su ropa a lavar y allí las lavanderas lo encontraron, entregándolo al 
sacerdote Antonio Rojas, que lo hizo llegar a la madre del chico. 

De Jiquilpan fue trasladado a su pueblo natal, Sahuayo, y su padre, 
al enterarse de lo que a su hijo sucedía, regresó del destierro donde 
se encontraba y ofreció cuanto dinero pudo reunir a cambio de'la 
libertad de José, pero éste, preso en la iglesia parroquial usada por 
la soldadesca como cuartel, no desperdiciaba ocasión para increpar a sus 
carceleros por la irreverencia que cometían profanando el templo y, 
en una ocasión, ahorcó dos finos gallitos de pelea, propiedad del dipu- 
tado local que usaba de corral la sacristía. 

A las 11 de la noche del 10 de febrero, es decir, cinco días después 
de su aprehensión, sin juicio que lo condenara, como acostumbraban 
hacer aquellos fieles servidores de la tiranía, lo condujeron al cémen- 
terio del pueblo y fue colocado al borde de una tumba abierta. José 
rechazó una vez más unirse a los revolucionarios y, gritando vivas a 
Cristo Rey, fue apuñaleado allí mismo y rematado con un tiro en la 
cabeza. 


Sangre acejotaemera.—La acim fue pródiga en dar la sangre de 
sus miembros; hacer una lista detallada de todos ellos sería, a la vez 
que impresionante, árida enumeración para el lector. Creo, sin em- 
bargo, de justicia nombrar algunos más de ellos, porque su sacrificio no 
fue estéril: el renacimiento nacional de la fe lo atestigua, a pesar de los 
errores gravísimos que cometieron quienes más obligados estaban a 


— q AAA A A ñ  _ _—AÁ AAA 
Méjico Cristero ` i 359 
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respetar su voto decisivo en el plebiscito de los mártires, como fue 
acertadamente llamado por Anacleto González Flores. 

Manuel Moreno Aldrete, fundador del Grupo Local de la ac3m de 
Jacona, Mich., se lanzó a la lucha bajo las órdenes del general Luis 
E. Ibarra y alcanzó el grado de coronel. Conocedor de sus méritos, 
el general Jesús Degollado Guízar lo nombró jefe de su Estado Mayor. 
En el combate habido en la mesa de San Juan, Jal., murió, y su cadá- 
ver fue llevado por sus victimarios para ser exhibido en Ameca, Jal. 

El día 2 de junio de 1928 fue muerto, también en combate, el ace- 
jotaemero Pedro Radillo, del Grupo Local y de la Congregación Ma- 
riana del Seminario Conciliar de la ciudad de Colima. Por ayudar a 
los grupos cristeros que operaban en Colima, había sido capturado, 
pero logró escapar y esconderse en esta ciudad hasta que, en presencia 
del cadáver de su joven compañero Tomás de la Mora, se decidió a 
participar activamente en la lucha armada. Por su valor y capacidad 
alcanzó el grado de mayor y, en la defensa del campamento cristero de 
la hacienda El Naranjo, Jal., pereció luchando rifle en mano contra los 
soldados de la Revolución. 

Simón Magallanes, miembro de la acm y de la Liga, era soldado 

_ del regimiento “Valparaíso”, de Zacatecas. En un combate fue hecho 
"prisionero; eso significaba perder la vida, pero antes de arrancársela, 
sus verdugos lo torturaron por negarse a vitorear a Plutarco Elías 
Calles y lanzar, en cambio, sonoros vivas a Cristo Rey, por lo cual fue 
degollado el 9 de junio de 1928. 

Del mismo regimiento era también Heraclio Castorena, acejota- 
emero y miembro de la Liga, quien pereció en el campo de batalla de 
la' Mesa de las Carreras, Zac., el día 24 del mismo mes. 

Ingeniero Miguel Rodríguez Ruvalcaba, del Grupo Local de Gua- 
dalajara; Benedicto Romero, del de Colima; Manuel Hernández, Fran- 
cisco Santillana... la lista de héroes que lucharon hasta la muerte 
por defender el emblema amado de su Asociación: “Por Dios y por la 
Patria”, ascendió a varios centenares, cuyo sacrificio no puede, no 
debe ser olvidado. 


Arriba: Al centro, de espaldas al altar el general Joaquín Amaro, secretario de 
Guerra y Marina durante el régimen callista, asiste a un sacrilego banquete el 
15 de mayo de 1928, en el templo de San Joaquin.—Abajo: El coronel Aguilar 
arenga a las tropas desde el púlpito del templo de San Joaquin. ¡He aquí la rea- 
lización del máximo placer revolucionario: blasfemar en la casa de Dios! 


XXXI 


LA MUERTE DE OBREGON 


Nuevas reglamentaciones del artículo 130.—Ofensiva 
contra religiosas y seminaristas. — Destrucción del 
monumento a Cristo Rey.—Cerrando el cerco a los 
tiranos.—La madre Conchita y José de León Toral.— 
Misión tiranicida. — El juicio de los hombres.— 
El juicio de Dios. l 


Nuevas reglamentaciones del artículo 130.—Las legislaturas locales, 
fieles a la consigna de extremar la persecución contra la Iglesia, con- 
tinuaban ocupándose, las que aún no lo habían hecho, en reglamentar 
el artículo 130 constitucional y así, en el estado de Oajaca, gobernado 
por Jenaro C. Vázquez, se decretó el 20 de enero de 1928 que sólo podía 
ejercer su ministerio un sacerdote por cada cien mil habitantes. 

Tomás Garrido Canabal, el más obcecado y atrabiliario de los go- 
bernadores que Méjico ha padecido, no conforme con las absurdas dis- 
posiciones dictadas tres años antes para el ejercicio del ministerio 
sacerdotal, decretó que, de acuerdo con las mismas, a partir del 30 de 
enero de 1928 no podrían haber más de 6 sacerdotes en todo el estado 
de Tabasco, aunque para el caso lo mismo daba que hubiese dicho que 
ninguno. . 

El 3 de marzo siguiente, en San Luis Potosí, se estableció que sólo 
un sacerdote podía ejercer en cada municipio, a excepción de Mate- 
huala, Río Verde y Santa María, en donde se autorizaban 2, y en la 
capital del estado, 10. 

j 361 


A. E AA A 
362 Antonio Rius Facius 


En el estado de Guerrero se limitó, el 30 de mayo de 1928, a 40 el 
número de sacerdotes que podían atender las necesidades religiosas 
de toda la población, que ascendía en aquel entonces a 641,690 habi- 
tantes. Finalmente en Querétaro se fijó, el 20 de junio de 1928, en uno 
por cada 8,000 habitantes, el número de sacerdotes para el estado. 

La tiranía no aflojaba la opresión asfixiante que ejercía contra 
todas las libertades. 

CN sgr 

Ofensiva contra religiosas y seminaristas.—El día 25 de enero de 
1928, en la capital de la República fueron aprehendidas, por agentes 

E i de la Secretaría de Gobernación, 20 profesoras del 
P j Colegio Josefino; fue clausurado, además, el Cole- 
gio Teresiano para niñas establecido en la calle de 
Pino Suárez números 44 y 54. f 
Al día siguiente, cumpliendo un plan bien estu- 
diado, realizó el gobierno su pirático asalto al Se- 
minario Conciliar, ubicado en la calle de Regina. 
Este hermosísimo edificio, aún inconcluso, fue co- 
` menzado a construir en abril de 1901; pero en 1914, 
ante la presión desquiciadora del carrancismo 
triunfante, se suspendieron las obras. Por suerte 
= se salvó entonces el edificio de ser expropiado, y, 
PESA al recrudecerse la persecución, muchos seminaris- 


Seminario Conciliar tas del interior de la República pudieron ser reci- 
de la ciudad de Mé- bidos en él f 

jico, tid ? i 

pe pr A las 9 de la mañana del 26 de enero de 1928, 


: la gendarmería montada cerraba las bocacalles de 
la 4? calle de Regina y se presentaban, a las puertas del seminario, 
el acreditado perseguidor y jefe de las Comisiones de Seguridad, José- 
Mazcorro, y el secretario de la Inspección de Policía, licenciado Benito 
Guerra Leal con cincuenta agentes á sus órdenes. En esos momentos. 
llegó el presbítero Benigno Esquivel, vice-rector del seminario, quien 
asumió de inmediato toda la responsabilidad sobre la calumniosa espe- 
cie de que ahí se hacía propaganda contra el gobierno. En el minu- 
cioso registro hecho en todas las estancias del Seminario y a los alumnos 
y profesores, encontró Mazcorro y su grupo de sabuesos unos retratos 
del padre Pro y un mimeógrafo, objetos que fueron considerados como 
el cuerpo del delito. 


Méjico Cristero i 363 


En el interior se encontraba el obispo Maximino Ruiz y Flores, 
que había llegado la noche de la víspera para conocer a los nuevos 
alumnos que, expulsados de sus propios seminarios, procedían de San 
Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas, Nuevo León y Querétaro. 

A media mañana fueron trasladados a los tétricos sótanos de la 
Inspección de Policía, a bordo de diez camiones gue hicieron varios 
viajes, todos los ocupantes del Seminario, a excepción de tres estudian- 
tes enfermos. Durante el resto del día les fueron tomadas las huellas 
digitales y fotografías a los 220 detenidos sin que, por suerte, fuera 
reconocido el obispo. 

Las Damas Católicas les llevaron ropa y alimentos ese y el siguiente 
día en que todos, a excepción de los profesores, recobraron su liber- 
tad, pues a éstos se les fijó una multa de $500.00, y de $1,000.00 al vice- 
rector; una vez pagadas las crecidas cantidades arbitrariamente fija- 
das, les fueron abiertas las puertas de la prisión el día 28," pero núnca 
más las puertas de su magnífico Seminario Conciliar, que fue incau- 
tado por el gobierno para convertirlo, dos o tres años después, en la 
Escuela Secundaria número 1, a la que asistí como alumno y conocí 
cuando aún conservaba su inconfundible sello religioso que fue des- 
truido con las distintas modificaciones que se le hicieron posteriormente 
al edificio. 


Destrucción del monumento a Cristo Rey.—-El mismo día que fue- 
ron expulsados de su casa los seminaristas de la capital, se les ordenó 
a todos los habitantes de las rancherías cercanas al Cerro del Cubi- 
lete que abandonaran la comarca, pues iba a ser bombardeada por la 
aviación militar para combatir con esta nueva arma a los cristeros. 

El día 28 subieron al cerro el subteniente Villanueva Burgos, del 
86° Regimiento de Caballería, a las órdenes del general Daniel Sánchez, 
y nueve hombres más; aprehendieron al encargado de las obras y lo 
llevaron a Irapuato, no sin antes recoger gran cantidad de exvotos 
de plata que había en la capilla del monumento a Cristo Rey. 

El día 30 de enero en la tarde se hicieron explotar dos bombas de 
dinamita al pie del monumento provisional, que sostenía una imagen 
de Jesucristo. Después, ahí mismo en el cerro, los más destacados fun- 
cionarios del estado de Guanajuato, cuyos nombres manchados de igno» 
minia no hay para qué recordar, festejaron su hazaña, emborrachán- 
dose en compañía de ciertas damas de dudosa reputación. 


$ ~ 


364 Antonio Rius Facius 


Cerrando el cerco a los tiranos.—La exaltación de muchos católicos 
ante tanta afrenta se encauzó hacia el deseo de hacer desaparecer a 
Calles y a Obregón de la escena política. El valeroso ejemplo dado 
por Luis Segura Vilchis encontró eco en multitud de conciencias juve- 
niles, que sin la debida orientación enderezaron sus actividades hacia 
la eliminación de los tiranos. 

Un grupo de. acejotaemeros, entre ellos Jorge Gallardo Pavón, Car- 
los Castro Balda, Carlos Díez de Sollano y Eulogio González, contando 
con la colaboración de María Elena Manzano, una jóven huérfana su- 
mamente religiosa que frecuentaba, como todos ellos, el modesto con- 
vento de monjas capuchinas escondido en una calle de Chopo, de la 
que era superiora la madre Concepción Acevedo y de la Llata, de quien 
recibía cariño y comprensión, pretendieron dar muerte a las dos figu- 
ras cumbres de la Revolución, por medio de una lanceta envenenada. 

En la ciudad de Celaya, Gto., se estaban celebrando las fiestas de . 
la primavera y, en un baile al que asistirían Calles y Obregón, María 
Elena Manzano había de aplicarles el aguijón venenoso, pero a última 
hora, hechos todos los preparativos, desistieron de sus propósitos. 

Después planeó Carlos Castro Balda destruir la Cámara de Dipu- 
tados. Preparó los explosivos en una casa que tenía rentada en la calle 
del Chopo para establecer en ella un centro de la acym, colindante al 
convento de la madre Conchita, y ayudado por Manuel Trejo, un joven 
decidido y entusiasta, hizo estallar, el 23 de mayo, una bomba en los 
sanitarios del edificio de la Cámara de Diputados sin que causara más 
daño a los señores diputados que el susto consiguiente y los apuros 
subsiguientes para aliviarse de las consecuencias inmediatas, por haber 
sido destruido precisamente el lugar necesario para su remedio. 

Transcurrida una semana fue colocada otra bomba, esta vez por 
Eulogio González, que estalló en el Centro Obregonista, pero que, como 
la anterior, no causó sino leves desperfectos materiales, inferiores en 
mucho al ofrecimiento de cinco mil pesos hecho por la policía a quien - 
revelara el nombre de los autores de ambos atentados. 

Un trascendental acontecimiento vendría a dar, dos meses después, 
la clave del misterio. Para esto es preciso remontarse a los primeros 
días del mes de enero de 1927. 


La madre Conchita y José de León Toral.—En la pintoresca pobla- 
ción de Tlalpan, donde altos muros de piedra rodeaban huertas sin fin, 


Méjico Cristero 365 


había entre otros muchos un pequeño convento de monjas Capuchi- 
nas Sacramentarias. Por orden del arzobispo de Méjico, Mons. José 
Mora y del Río, fue fundado en el año de 1923 por la madre abadesa 
María Concepción Acevedo y de la Llata, originaria de la recoleta ciu- 
dad: de Querétaro. Al recrudecerse la persecución y suspenderse el 
culto público en toda la República, la madre Conchita, como era Ila- 
mada cariñosamente, no interrumpió ni varió, dentro de su convento, 
la observancia rigurosa de las reglas de su orden, lo que le valió ser 
amonestada por algún timorato de la Sagrada Mitra. Consultó el caso 
directamente con el arzobispo y éste le respondió: «Ojalá todas las 
monjas fueran como ustedes y no tuvieran tanto miedo. Sigan ahí en 
su convento vestidas con su hábito.» 

Pero el 3 de enero de 1927, víctimas de una cobarde denuncia, fue- 
ron desenclaustradas. La madre Conchita recibió oportuno aviso y lo 
hizo saber a toda la comunidad, por si alguna de sus monjas quería 
salir en ese momento, pero nadie aceptó huir. 

A las 5 de la tarde comenzaron a rezar en el coro las completas y 
un sacerdote se disponía a darles la bendición con el Santísimo, cuando 
penetró en la casa el coronel Bandala y varios agentes de la policía. 
Pidió a las religiosas que se cambiaran el hábito por ropas comunes 
y que lo acompañaran a la ciudad. Afuera del convento habíase reu- 
nido gran cantidad de gente que, al ver salir a las monjas, prorrumpie- 
ron en vivas a Cristo Rey y mueras al gobierno. 

Angela Reyes, hermana del general cristero Manuel Reyes, apos- 
trofó y golpeó a los agentes, y fue llevada con las monjas a la Ins- 
pección de Policía. Esa noche, después de tomar a todas ellas sus 
nombres, huellas digitales, etc., fueron puestas en libertad. 

' Siempre unidas, el día 5 se instalaron en una pequeña cuanto in- 
cómoda casa de la calle de Mesones número 117, de donde salieron, 
un mes más tarde, a vivir en una casa de la calle de Puebla; pero el 
temor del propietario las obligó a buscar nuevo refugio y, tras de sufrir 
estrecheces en una casa de huéspedes, fuéronse a vivir a la calle de 
Zaragoza número 68. En esa casa las visitó el padre Miguel Agustín 
Pro, S.J., en el mes de septiembre, para pedirle a la madre Conchita, 
como lo había hecho un año antes el arzobispo de Morelia, Mons. Leo- 
poldo Ruiz y Flores, que se ofreciera como víctima propiciatoria por 
Plutarco Elías Calles, para que Dios cambiara los sentimientos de su 
corazón y diera el general Calles libertad a la Iglesia. 


366 ` Antonio Rius Facius 


La madre, consciente de la responsabilidad espiritual que esto po- 
día significarle, se resistió en un principio a aceptar, pero al fin cedió, 
y el 23 de septiembre de 1927, en una misa solemne dicha por el padre 
Pro en la adornada capillita del improvisado monasterio, hicieron am- 
bos el ofrecimiento de sus vidas por la libertad de la Iglesia y la con- 
versión de su implacable perseguidor en Méjico. 

Justamente dos meses después, el reverendo padre Miguel Agustin 
Pro, S.J., alcanzaba la gloriosa palma del martirio. Ese día fue la ma- 
dre Conchita a la casa de la atribulada familia Pro y se ofreció a llevar 
los alimentos a Roberto, único sobreviviente de la tragedia que había 
enlutado aquel cristiano hogar. También se encontraba en el velorio, 
sin presentir siquiera su inadvertido encuentro, un amigo muy esti- 
mado de Humberto Pro Juárez: José de León Toral, quien relató tiempo 
después la terrible impresión que le causó ver el cuerpo destrozado 
de su amigo: 

«Yo fui a la casa el mismo día que lo llevaron ya muerto; estuve 
mucho rato viendo el cadáver de Humberto, que quedó completamente 
desfigurado, como hay fotografías que lo certifican. El tiro de gracia 
fue con una bala expansiva y le voló el cráneo completamente, tanto, 
tanto que estaba compuesto, vamos, las personas, entre ellas la her- 
mana de Humberto, es decir, Anita, que vio el cadáver en el hospital, 
dice que era un cosa tremenda; que tenía todo esto de atrás abierto...» 

Y pensó, en ese instante crucial de su vida: 

«¡Si yo tuviera un deseo igual al de Humberto, de dar mi vida por 
Cristo! ...» Y 

Era socio, como lo había sido Humberto, del Grupo Local “Daniel 
O'Connell”, de la Unión Interparroquial de Méjico de la acīm. Además 
«ocupaba un puesto en la séptima jefatura local de la Delegación Regio- 
nal de la Liga en el Distrito Federal, donde llegó a ser, en sustitución 
de su admirado compañero desaparecido, jefe de manzana primero y 
jefe local más tarde. 

Humberto y él habían intimado desde mucho tiempo atrás, jugado 
en el mismo equipo de futbol del que Humberto había sido subcapitán 
y José, capitán. Al cambiar este último de empleo, recomendó enco- 
miásticamente a Humberto para sustituirlo. 

A principios de 1927 Toral siguió a su amigo en la Liga y, cuando 
éste fue asesinado, se despertó en Toral renovado entusiasmo por tra- 
bajar activamente en el campo del apostolado, organizando prácticas 


Méjico Cristero 367 


religiosas, horas santas y misas, y tonificando su espíritu con la diaria 
comunión. 

La madre Conchita cumplió su ofrecimiento y llevó a Roberto Pro, 
en la fatídica Inspección de Policía, no sólo el alimento corporal, sino 
el eucarístico, para lo cual corrió todos los trámites necesarios en la 
Mitra. El padre Anaya, que decía misa todos los días en el disimulado 
convento, le entregaba a la madre una Forma en un relicario que lle- 
vaba al prisionero. 

En los primeros días de diciembre fue capturado el padre Benja- 
mín Paredes, religioso de los Sagrados Corazones, quien fue sorpren- 
dido en el templo de Loreto, al que entraba por una horadación prac- 
ticada en el muro colindante con su casa. El padre Paredes confesaba, 
decía misa y ejercía otras ji 
prácticas religiosas con un 
pegueño número de fieles. 

Todos fueron conducidos 
a la Inspección de Policía. El 
sacerdote, al ser interrogado 
groseramente por el general 
Cruz, respondió con energía 
y fue golpeado bárbaramente 
con la cacha de la pistola, y, 
tirado en el suelo, molido a 
puntapiés. 

El padre Paredes fue en- F F 
cerrado con Roberto Pro y pro y José de León Toral al hente y emtrema 
ahí lo encontró la madre Con- derecha e izquierda, respectivamente. 
chita. Desde entonces, con- 
tando previamente con el permiso dado personalmente por Mons. Ruiz y 
Flores, le llevó también diariamente a éste la sagrada comunión. 

Roberto Pro fue deportado el 9 de diciembre y el 23 el padre Pare- 
des. A otros sacerdotes, damas y acejotaemeros, que cayeron en los sóta- 
nos de la Inspección, la religiosa, movida por su gran caridad, continuó 
visitándolos para llevarles, además del consuelo espiritual, cuantos bie- 
nes materiales podía adquirir. 

Y, para evitar caer en manos de la policía, la madre Conchita tras- 
ladó su convento, en el mes de febrero de 1928, a una casa de la calle 
del Chopo. 


368 Antonio Rius Facius 


Un día del mes de febrero se presentaron allí dos jóvenes herma- 
nas, atraídas por el prestigio de la religiosa, quien las acogió con su 
acostumbrada benevolencia; desde entonces fueron asiduas concurren- 
tes a la misa diaria que se decía en la capilla del humilde monasterio. 


Mediaba el mes de 
marzo cuando, contra la 
expresa recomendación 
de la madre Conchita de 
que no le llevasen perso- 
nas extrañas a conocer- 

- la, pues las muchas visi- 

“tas que recibía habían 
provocado la maledicen- 
cia de gente ruin, se pres 
sentó Margot Rubio, una 
de dichas hermanas, 
acompañada de un joven 
de aspecto sencillo, tí- 
mido y afable. 

«—Te presento a Pe- 
pe —dijo Margot—, es 
nuestro jefe de la Liga, 
muy trabajador, muy 
fervoroso; un muchacho 
excelente, así que le vas 
a hablar luego, luego de 
tú, para que le tengas 

- confianza y le aconsejes 
como a nosotras. 


LA : ȃl se puso rojo y 
El padre José Jiménez orando frente al altar de su 


celda en la Penitenciaría del D. F., cuando fue apre- contesto, con EU modo 
sado pocos años después de los sucesos aquí relatados. especial que él tenía: 


She. . .guro.» ? : 

En medio de aquel ambiente de religiosidad combativa y contagiosa, 

el convento de aquellas Capuchinas Sacramentarias era un centro de 

fervor frecuentado por muchos, que encontraban en él un clima de 
piedad y misticismo grato a su inquietud espiritual. 


Méjico Cristeto 369 


Las muchas visitas que recibía y las sospechosas actividades de sus 
vecinos acejotaemeros dieron lugar a que, a principios de mayo de 1928, 
la madre superiora fuera otra vez severamente amonestada y amena- 
zada con la pena de excomunión por el secretario de la Mitra, canó- 
nigo Pedro Benavides y el también canónigo Melesio 1. Rodríguez. 

La madre, atendiendo las enérgicas órdenes dadas por los canóni. 
gos, con toda diligencia, no exenta de incomodidades y peligros, retorné 
con sus monjas a su anterior domicilio de Zaragoza número 68. Y para 
no dar ocasión a nuevas recriminaciones, a muy pocas personas infor- 
mó la nueva dirección de su convento. 

José de León Toral fue de los que la ignoraron y dejó de frecuen- 
tar, durante aquellos meses, a la religiosa. Pero un día la supo y fue 
una, dos veces. La segunda, en medio de la charla insustancial, hizo 
referencia a una conversación oída al azar: 

«—Acabo de oír —dijo— un comentario en un tranvía: que un rayo 
fue el que mató al aviador Carranza y que fue castigo” del cielo.» 
(Emilio Carranza, piloto militar, había realizado un extraordinario 
vuelo sin escalas entre la ciudad de Méjico y Nueva York. De regreso 
a su patria pereció, el día 13 de julio, al desplomarse su frágil avión en 
medio de una tormenta): «¡Cómo ese rayo no lo mandó Dios a Obre- 
gón o Calles! 

»—Pues eso Dios lo sabrá —respondió descuidadamente la madre—, 
lo que sí sé es que, para que se componga la cosa, es indispensable 
que mueran Obregón, Calles y el patriarca Pérez.» 


Misión tiranicida.—El vaso lleno de doctrina tiranicida de José de 
León Toral recibió en ese instante la gota de fe que lo hizo despa- 
rramarse. Sintió sobre sí la fuerza arrolladora de su sino: el sacri- 
ficio de Humberto Pro no sería vano. Ya lo había pensado antes. Su 
idea había seguido un tormentoso camino iniciado con un reproche a` 
Luis Segura Vilchis, que se había transformado, poco a poco, en deci- 
dida admiración por aquel gallardo joven que ofrendó su vida por la 
salvación de la fe católica en Méjico. Y recordó que Judit, la hermosa 
viuda, degolló a Holofernes, general de los asirios, para que los israe- 
litas pudieran rechazar a los invasores que amenazaban la Judea. Y el 
cielo fue tramando los hilos de su destino. 

Jorge Fernández Gallardo, otra de las víctimas de la persecución, 
había estado preso en los separos de la Inspección de Policía cuando 
la madre Conchita desparramaba su bondad, su fortaleza y caridad en- 
MÉXICO CRISTERO.—-24 


pA 5 1 
.370 i l Antonio Rius Facius 


IEA ÁÁÁ <= _->-_ ___<l- _ KA 


tre los detenidos, durante sus visitas cotidianas a Roberto Pro y al 
padre Paredes. Al salir de su prisión, Jorge Fernández Gallardo fue 
en busca de la religiosa para agradecerle sus caridades. 

Le llevó a su primo, Manuel Trejo, a presentárselo. Éste, en el 
convento, conoció a Carlos Castro Balda y a José de León Toral. Des- 
pués del atentado dinamitero a la Cámara de Diputados. Jorge llevó 
«a Manuel a la casa de la señora María Peña, viuda de Altamira, para 
.que allí se escondiera. A principios de junio dejó su refugio y volvió 
a su casa materna, hasta la primera semana de julio, que volvió al 
domicilio de la señora viúda de Altamira. Ahí fue a buscarlo José de 
León Toral para pedirle prestada su pistola; y a ese domicilio asistía 
con frecuencia también el padre Jiménez, confesor, amigo y confi- 
dente de Toral. 

En las cercanías de la Villa de Guadalupe, Toral practicó, para 
ejercitarse, aunque con poco provecho, el tiro al blanco; después llevó 
el arma al padre Jiménez; éste, al decir una misa, la colocó sobre el 
altar y la bendijo. 

Nadie conocía los propósitos de José de León Toral, porque, como 
la hermosa Judit, a nadie había revelado sus ocultos planes. Se preparó 
en silencio, con la oración y la frecuencia de los sacramentos, al 
sacrificio total de su vida en aras de la libertad de la Iglesia. 

El gobierno de la Revolución, para dar aspecto legal a la imposición 
presidencial del candidato único, organizó las elecciones que debían 
efectuarse el primer domingo de julio de 1928. 

Alvaro Obregón, con hipócrita recato, se marchó a Navojoa, Son., 
a esperar el resultado del plebiscito nacional, Allá le llegó el primer 
telegrama del licenciado Aarón Sáenz, secretario del Centro Director 
Obregonista, anunciándole su triunfo. Tras ése, recibió miles de men- 
'sajes telegráficos de otros tantos aspirantes a ocupar un puesto público 
'en su próxima administración. Y Obregón anunció su regreso a Mé- 
jico para el domingo 15 de julio. Toda la maquinaria oficial se movió 
"para prepararle una recepción entusiasta y tumultuosa. A su llegada 
“a la estación del ferrocarril, secretarios de estado, gobernadores y 
„políticos se disputaban una mirada, una sonrisa, una palabra del cau- 
‘dillo máximo, que sube a un camión de carga descubierto, al que se 
apresuran a abordar los más próximos y ágiles de sus acompañantes. 
En él hace el recorrido hasta el Centro Obregonista, contestando los 
saludos de las gentes que han sido llevadas a formarle valla. 


Méjico Cristero 371 


José de León Toral, visto por el dibujante Freyre. 


372 Antonio Rius Facius 


Entre la muchedumbre camina, paralelamente al vehículo, José de 
León Toral. Lleva en el pecho una pistola marca Star, automática, 
calibre 32, con diez cartuchos, que no puede usar ese día. 


Le miobbatz (15de Julio) 


Duron, me amail ami méd que e TE, -pued no dudadle en mmanin fermi. 
Satutas a Sesia ocificado: 
"BA, He que deshicjos el Templo y en us diad lo needibiend, doble o HE 
mido y del erd Hijo de Eos bajas de la UI y LE erro.” 
he Ll _ f 
Je gorobor miéndele tifun ¿q mokolo guia lo defindino.? 


Salas ou akora mmuiwan egas Bulad 4 ofentos ¿o kas harian, 
qua do defiendo? 


Uno de los misticos y más significados mensajes de José de León Toral. 


Martes 17. Ha dado la una de la tarde, Obregón llega al lugar de 
la cita. Situado en las orillas de San Angel, pintoresca población colo- 
nial cercana a la ciudad de Méjico, está “La Bombilla”, un restaurante 
campestre de moda. Frondosa arboleda cubre las pequeñas y rústicas 
chozas comunicadas entre sí por estrechos caminillos. También hay un 
kiosco central grande que luce, en esta ocasión, un hermoso adorno floral 
que dice: “Homenaje de honor de los guanajuatenses al C. Alvaro 
Obregón”. , 

Medio centenar de comensales —diputados, senadores, politicos—, 
se sientan a la mesa. La orquesta típica de Alfonso Esparza Oteo, co- 
locada en una plataforma tras del adorno floral, interpreta música fol- 
klórica y da comienzo a la canción El Limoncito: 

Al pasar por tu ventana 
me tirastes un limón; 

el limón me dio en la cara, 
y el zumo en el corazón. 


Méjico Cristero 373 


''Son las 2.20 de la tarde. El pulso del tiranicida es firme. Se acerca 
¡a Obregón por su espalda y, mientras le muestra con la mano izquierda 
un cuaderno de dibujo, con la derecha empuña la pistola y le dispara 
el primer tiro a la cara, después baja el arma y sigue disparando. 

Cunde la alarma. Relucen el pavón y el níquel de las pistolas. 

* Más disparos. Un decepcionado diputado se queja: “¡Después de tanto 
trabajar. ..!” 

Toral récibė, sin inmutarse, dendak golpiza. Mientras el cuerpo 
de Obregón es trasladado a su residencia, llevan al prisionero a la Ins- 
pección de Policía; el general Cruz se hace cargo de él. Calles, sin 
pérdida de tiempo, se presenta en la casa de Obregón. No habla, quizás 
por temor a comprometerse; aún ignora quién mató al presidente 
electo. Se había rumorado tanto que no llegaría vivo a la Presidencia... 

Después va a la Inspección de Policía; pide que le muestren al 
preso. 

—¿Quién te ha impulsado a hacer esto? —pregunta. Toral sabe 
quién tiene enfrente y responde: 

—Señor, ¿me promete usted que mi declaración no será cambiada? 

Calles afirma con Ja cabeza. Toral repite la pregunta y Calles la 
afirmación. 

- —Juro por la salvación de mi alma —concluye Toral— que yo obré 
solo. Lo que hice fue para que Cristo pudiera reinar en Méjico. 

Calles reflexiona. Y hace una segunda pregunta: 

—¿Qué clase de reinado es ése? 

Toral le dice que es un reinado sobre las almas, completo, abso- 
luto... 

` Calles no hace más preguntas; está satisfecho. Sabe que alguien 
se adelantó a sus recónditos deseos; la tensión de los músculos de su 
rostro se suaviza. No le importa la suerte que pueda correr el prisio- 
nero. Se lo deja a las fieras para que se festinen con él... 

Sobran nombres; a los que asistieron al inhumano tormento podrían 
añadirse los de todos aquéllos que hubieran querido asistir, aconsejar, 
vengar en el dolor de aquel estoico ejecutor de la voluntad de su pue- 
blo, su decepción y su rencor, sintetizado en la amarga exclamación 
de aquel incógnito comensal: ¡Después de tanto trabajar! ... 

Diez, veinte minutos: ¿Qué pasa? ¿No ha dicho nada? Media hora. 
Una hora. Dos horas. Tres horas. Tres horas y media: “Este amigo ya 
no siente, está caliente. Lo dejaremos para mañana que se enfríe”. 


374 A Antonio Rius Facius 


Lo habían colgado, como cordero en el asador, de un rifle colo- 
cado horizontalmente. Después de los dos pulgares, de uno solo. Sujeto 
a una cuerda delgada que le pasaba bajo las axilas y le oprimía el pe- 
cho. Golpes en partes nobles, cerillos encendidos. .. 

—;Confiesa quién eres, quiénes son tus cómplices! 

En el reloj de El Universal, cercano a la Inspección, suenan tres 
campanadas. Los verdugos se turnan y cambian de sistema: lo obli- 
gan a permanecer en pie hablándole incesantemente. Alguien le da 
un papel y lápiz para que, a cambio de dibujarle su caricatura, pueda 
descansar, pero una vez concluidos los imprecisos trazos, se mofan de 
él y continúan el inhumano castigo. 

Dan las 4, las 5, las 6; amanece. Las 7, las 8, las 9... 

Es invencible. Insiste en que obró solo y que se llama Juan. En una 
habitación contigua escucha los gritos de una mujer; le dicen que es 
de su familia y que atormentarán a todos los suyos si él no confiesa: 
Dios le da fuerzas para resistir.. 

Llega Quintana, un detective particular, y le pasa la mano sobre 
el pelo hirsuto. Con palabras suaves le hace ver la inutilidad de su 
silencio; no podrá resistir el martirio durante treinta días seguidos. 

Y lo dejan en paz por media hora, al término de la cual les dice: 

«—Si quieren ustedes ir hasta la verdad, ése es también mi ideal, 
pero a la verdad absoluta. Lo único que les recomiendo son conside- 
raciones para mi familia. Voy a decir mi nombre. No están ellos ino- 
dados en esto, ni mucho menos; ni ninguna otra persona. Yo obré solo. 
Me pueden ustedes matar en el martirio, pero no les puedo decir otra 
cosa, porque no es la verdad. Yo obré solo.» * 

Da su nombre y el de sus familiares, ajenos por completo al drama 
que se está desarrollando, pues José les había dicho el domingo ante- 
rior que, para descansar, tenía que salir fuera de Méjico, y el lunes 
temprano se había despedido de su mujer y de sus hijos. Ese día había 
idó en busca del padre Jiménez para que le consiguiera una habita- 
ción; había también visitado a la madre Conchita para rogarle que le 
permitiera ayudar en la misa del día siguiente. El martes 17 asistió 
con ejemplar fervor a ella y recibió a Dios Eucaristía. Después fue, 
serenamente, al cumplimiento de su misión. 

José de León Toral, cuando terminó su relato, condujo a sus carce- 
leros al convento de las Capuchinas para que la madre superióra tes- 
tificara la verdad afirmada por él, de ser único responsable de la 


Méjico Cristero 315 


muerte del general Alvaro Obregón. La religiosa fue detenida, coù 
todas las monjas, y acusada de complicidad como autora intelectual 
del atentado. 

En vano esgrimió argumentos contundentes en abono de su ino- 
cencia y Toral reiteró una y mil veces que nadie, sino su propia con- 
ciencia de católico y mejicano, lo había impulsado a cometer el tira- 
nicidio; los obregonistas, sin tener a quién culpar en las altas esferas 
oficiales, insistieron en señalar a la madre como autora intelectual. 


i 


Pusrarnawtz, Lod corarrened olunrod, es 
o AR ¡di Jeh indife; ind 
Da la paramenomció a Los frita, 


ES Cammo a a a Ya o runor, 


t 
2 cai de Lake Tora 
CE l 


Escrito de puño y letra de Toral. 


Busipa, deñon, los Hiniblos; 
Mauw: 


El juicio de los hombres.—El juego de Calles había sido magistral- 
mente oportuno. Una vez convencido de que Toral era por completo 
ajeno a sus propios tortuosos designios políticos, lanzó a la Iglesia la total 
responsabilidad del hecho y dejó, en manos de los obregonistas, la ma- 
quinaria de la justicia para que se tomaran cumplida venganza. 

El 18 de julio, mientras se apresuraban los preparativos para tras- 
ladar el cadáver de Obregón a su natal Cajeme, sin practicarle la 
autopsia de ley que hubiera puesto al descubierto cuántos proyectiles 
—y sus respectivos calibres— habían atravesado su cuerpo, Calles dio 
a la publicidad un manifiesto en el que afirmaba: 

«El criminal ha confesado ya, con amplitud, que su funesta acción 
fue movida por el fanatismo religioso, y las autoridades encargádas 


376 Antonio Ríus Facius 


a 


del esclarecimiento de los hechos tienen ya en su poder muchas infor- 
mationes que complican directamente la acción clerical en este crimen.» 

Pero esa supuesta complicación del clero no pudo ser jamás de- 
mostrada, a pesar de haber caído en manos de la policía numerosos 
católicos a quienes se quiso implicar en la muerte de Obregón. 

No sólo la esposa del tiranicida, sus padres y otros de sus parien- 
tes fueron encarcelados, sino también María Elena Manzano, Leonor 
y Margarita Rubio, Esperanza Arjona de Cisneros, Ana María Cisne- 
ros de Arjona, Margarita Pacheco, Piedad Rangel, Carlos Castro Balda, 
Eduardo Zozaya, Carlos Díez de Sollano, Eulogio González, Fernando 
Amor y Villalpando, Joaguín Navarro y Oswaldo Robles. Todos ellos 
fueron reunidos en una acusación general como inodados en los aten- 
-tados dinamiteros contra la vida de Obregón, para descubrir o cul- 
par a supuestos personajes del episcopado, sin que pudiera atribuirse 
a la postre participación alguna a los obispos. Minuciosas como nunca 
fueron las investigaciones: careos, declaraciones, trámites judiciales 
para dar, a la faz del mundo, la hipócrita apariencia de justicia. 

En vísperas del jurado se acercó a la madre Conchita el religioso 
agustino Ignacio Flores R. para confesarla disimuladamente, animarla 
a sufrir con resignación su pena y anunciarle que, si salía absuelta 
del juicio civil, la Mitra le prepararía otro, esta vez canónico. 

Pero aún la copa de acíbar no estaba llena. El jurado a que se 
sometió a José de León Toral y a la madre Conchita, fue la exhibición 
más sádica y ruin de la pasión política. Se inició el día 2 y terminó el : 
8 de noviembre de 1928. 

Rehusó Toral nombrar defensor y le fue designado el licenciado 
Miguel Collado quien, días antes del juicio, padeció un sospechoso 
ataque cerebral que lo tuvo paralítico y sin habla mucho tiempo; des- 
pués se encargó brillantemente de su defensa el licenciado Demetrio 
Sodi, ex magistrado y penalista honorable que tuvo que sufrir ame- 
.nazas e insultos de la mafia oficial. Los jurados fueron advertidos 
que, de no condenar a los reos, sufrirían severas represalias. No faltó 
en aquel falso jurado popular el asalto a mano armada de diputados y 
políticos que hubieran querido acabar, allí mismo, con los reos. 

El ministerio público fue ejercido por el procurador general de la 
«República, licenciado Ezequiel Padilla, auxiliado por el licenciado Co- 
rrea Nieto y otros obregonistas. Desde la tribuna escarneció Padilla 
la fe del pueblo mejicano. i 


Méjico Cristero 377 


«El jurado de Toral fue el comienzo y la base de su carrera sin par. 
En cada sesión, el procurador Padilla, montado en cólera sagrada, in- 
crepaba a los acusados: Toral y la madre Conchita, marcándolos como 
peligro inminente para el liberalismo juarista y para las conquistas de 
la revolución encarnada en figuras inmortales como Obregón, Calles, 
pese a todas las intrigas de la reacción y del clericalismo.» 7” 

Al final de aquella trágica ope- 
reta, Padilla pronunció un ampu- 
loso discurso cuyos conceptos de 
falso dogmatismo fueron rebatidos 
posteriormente, punto por punto, 
por el obispo de San Luis Potosí, 
Mons. De la Mora, quien, anterior- 
mente, había prejuzgado con lige- 
reza a la madre Conchita, supo- 
niéndola afectada en su facultades 
mentales, causándole con ello un 
gran disgusto. 

. Toral fue sentenciado a la pena 
de muerte y la religiosa a veinte 
años de reclusión, de. los cuales 
cumplió trece, la mayor parte de 
ellos en el penal de las Islas Marías, 
entre cientos de criminales de la 
peor ralea que fueron, sin embar- 
go, menos crueles y peligrosos con 
ella que los altos funcionarios en- 
cargados de custodiarla. 


` 


a ON La madre abadesa María Concepción 
Trece años de suplicio moral Acevedo y de la Llata (Madre Con- 


constante y humillante cuyos por- chita), en su celda de la Penitenciaria 


menores impone la caridad silen- del Distrito Federal. 


ciar, por cuanto sufrió la ingrati- 
tud y ofensas de quienes más obligados estaban a protegerla de la ira 
inagotable de los enemigos de su fe. 


El juicio de Dios.—Día 9 de febrero de 1929. La mañana ha trans- 
currido: son las 12 horas. Aureliano León es un anciano cuyo dolor 
lo ha enmudecido. 'Abraza largamente a su hijo, como si no quisiera 


378 ` Antonio Rius Faciné 


- 


desprenderse jamás de él; estrecha sus manos y sale por la crujía llena 
de sol, de ruidos y de gente, hacia la calle. 
José permanece sereno; la palidez de su rostro es la única que 


refleja su tensión interior: 
—Ruéguele a Dios 


que esta entereza me 
dure hasta el final —di- 
ce a sus carceleros. 

—Ya es la hora. 

—Estoy listo. 

Y parte, custodiado 
por el director y el se- 
cretario de la Peniten- 
ciaría, al encuentro de 
la escolta que lo con- 
duce hasta el lugar de 
su ejecución. Se yergue 
frente a las bocas sinies- 


= e ea tras de los fusiles que 

cuerpo de José de León Toral, instantes después 

_de haber sido atravesado por las balas del pelotón de apuntan A u pecho, Una 
fusilamiento. 


descarga cerrada ahoga 
su grito iniciado: 
—iViva Cristo Rey! —que va a terminar en la gloria. 
El eco de la descarga golpea el corazón de Méjico y el pueblo pro- 
clama, con su presencia en el sepelio, su fe renovada en la eficacia de. 
la sangre de los mártires. 


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XXXII 


LOS ACEJOTAEMEROS EN LOS ESTADOS UNIDOS 


La Unión Nacionalista Mejicana.—La Unión Dioce- 
sana de la acmm de California.—Doctrina Social. ' 


La Unión Nacionalista Mejicana.—Los acejotaemeros radicados en 
los Estados Unidos formularon un nuevo plan para atraer a los disi- 
dentes y fortalecer verdaderamente la unión de los católicos, comen- 
zando por los miles que se encontraban en territorio norteamericano. 
Prepararon entusiasta y minuciosamente una convención, de acuerdo 
con el Comité Directivo de la Liga, cuyo primer vicepresidente, licen- 
ciado Miguel Palomar y Vizcarra, escribió a Mons. Manríquez y Zárate, 
pidiéndole que aceptase la plena representación de la Liga en dicha 
convención. Esta tuvo verificativo los últimos días de julio de 1928 
y no asistió a ella el obispo de Huejutla por no dar a los enemigos. 
ocasión de atacarlo injustamente, y dejar que los muchachos tomasen 
sus decisiones con entera libertad. 

Presidió aquella asamblea Luis Chávez Hayhoe y ' fue electo como 
jefe de la nueva organización que allí surgía, el talentoso acejota- 
emero fundador de Juventud Católica —órgano periodístico oficial de 
la acim— Fernando Díez de Urdanivia. El Comité Directivo de la 
"Liga recibió con beneplácito la noticia de la fundación de la Unión 
Nacionalista Mejicana y el nombramiento de su jefe, quien contaba con 
la inapreciable ayuda y orientación de Mons. Manríquez y Zárate. 

Esta nueva organización venía a significar para los mejicanos de 
los Estados Unidos, lo que la Liga Nacional Defensora de la Libertad 

381 


. 382 Antonio Rius Facius 


Religiosa en Méjico, de la que aquélla era desde un principio una 
rama. 

Los estatutos, precedidos de un prólogo, firmados por los miembros 
del Comité Central de la Unión Nacionalista Mejicana, que lo eran: 

. presidente, Fernando Díez de Urdanivia; secretario, Octavio Elizalde 
—aún presidente del Comité General de la acimM—, y tesorero, Pedro 
González, establecían en su único artículo: 

«Se constituye la unm con los siguientes fines: 

>a) Ayudar al alivio de las necesidades públicas de Méjico. 

»b) Hacer propaganda para dar a.conocer la verdadera situación 

de Méjico. f 

əc) Instruir y preparar a los mejicanos en sus deberes cívicos y 

patrios». 

Diez de Urdanivia fue urgido para que marchara a Los Angeles 
California, a ponerse al frente de la Unión Nacionalista Mejicana. Dejó 
la dirección de El Diario de El Paso en buenas manos, y se trasladó 
a esa ciudad donde, con Octavio Elizalde, encabezó a un puñado de 
acejotaemeros para consolidar y extender la Institución, recorrió nume- 
rosas poblaciones californianas para fundar nuevos Grupos Locales 
que visitó frecuentemente, en los que se celebraron’ jornadas cívicas, 
y desarrolló constante actividad encauzada hacia la colaboración con la 
Liga y los cristeros. Obtuvo, además, la ayuda decidida de Mons. Man- 
ríquez y Zárate, que supo cumplir a maravilla con su cargo de asesor. 

La Unión fundó y sostuvo el semanario La Libertad, dirigido por 
el mismo Díez de Urdanivia, que aparecía regularmente en Los An- 
geles cada domingo. 

En dicho semanario se hacía intensa labor de orientación; los artícu- 
los y notas informativas estaban a cargo de los acejotaemeros y, de 
vez en cuando, el propio Mons. Manríquez y Zárate escribía en el 
periódico. 

La Unión extendió sus actividades al extranjero, paralelamente a 
la Unión Internacional de Todos los Amigos de la Liga Nacional Defen- 
sora de la Libertad Religiosa en Méjico —la Vita-mÉJico-—-, con sede 
en Roma. 

En un informe de la Unión Nacionalista Mejicana al Comité Direc- 
tivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, Díez de 
Urdanivia hizo la siguiente relación “de las actividades desarrolladas: 


Méjico Cristero 383 


«El éxito principal de la Unión Nacionalista, a mi entender, con- 
siste en haber acallado la penosa discrepancia antes existente y pre- 
sentando un frente único e inquebrantable adherido a la LNDLR, pues 
era sumamente penoso, para propios y extraños, el espectáculo de los 
diversos grupos que desarrollaban trabajos muy diversos, y a veces 
daban exhibiciones de lucha entre sí, que hacían pensar en una anar- 
quía moral digna de desprecio. 

»Cuenta la UNM al presente con 48 Centros Locales; la mayor parte 
de éstos se encuentra en California, aunque otros muchos están distri- 
buidos donde existen colonias mejicanas más numerosas. Existen las 
siguientes Uniones Regionales: la de Los Angeles, San Francisco y 
San Diego, California; la de Phoenix, Arz.; la de Chicago, Ill; la de 
El Paso, Tej.; la de San Antonio, Tej. Entre éstas, y después de la 
de Los Angeles, la que cuenta con mayor número de centros es la de 
Chicago. El número de socios está considerado entre cinco y seis mil. 
Pero hay que tener presente que éstos arrastran casi totalmente a la 
población mejicana en algunos lugares. 

»Excepto el grupo de San Antonio, la unm ha llegado a unificar la 
cooperación de todos. Elementos utilísimos, sin distinción, han estado 
ocupando su sitio. Y me permito señalar a algunos de los que se han 
distinguido: Octavio, Arriet, Alcocer, Silva, los Chávez, los Prieto, 
don Carlos, jóvenes y viejos, ACJM y K. OF c., en perfecta cooperación 
y Olvidadas las pequeñeces que otras veces han habido. Este aspecto 
de la Unión es muy consolador y ofrece un conjunto moral de directo- 
res muy serio y capaz.» 


La Unión Diocesana de la acsm de California.—La obligada estan- 
cia del presidente general de la acm, Lic. Octavio Elizalde, y la de 
otros acejotaemeros en Los Angeles, California, fue muy provechosa 
para la Asociación, pues aunque Octavio carecía de jurisdicción en 
aquel lugar, con su ardiente celo y el apostolado efectivo ejercido por 
sus compañeros desterrados, influyó decisivamente en la consolidación 
de los pocos Grupos Locales que había allí de tiempo atrás, galva- 
nizándolos y logrando la creación de otros muchos, lo que permitió la 
creación de la Unión Diocesana de la acim de California. 

El domingo 30 de diciembre de 1928, bajo los auspicios del Sub- 
comité General de la acym establecido en aquella ciudad, fue üelebradp 
un Congreso Diocesano que tomó los siguientes acuerdos: 


384 Antonio Rius Facius 


«I.—Cada miembro de los Grupos Foráneos debe aprovechar sus 
visitas a la ciudad de Los Angeles, o lugares en donde hubiese circu- 
los de estudios establecidos, para concurrir a una de dichas sesiones 
en los Grupos donde funcionen. Dicha asistencia es obligatoria. 

»II.—Para unificar los círculos de estudios en los Estados Unidos, - 
se aceptan como texto los resúmenes de sociología compilados por el 
Lic. Octavio Elizalde. III.—Se establece como plazo máximo para la 
fundación de círculos de estudio en todos los Grupos el término de 
seis meses. Para entonces todos los Grupos deberán tener un círculo 
de estudios cuando menos. IV.—Que los Grupos ayuden a La Voz de 
la Patria: a) Procurando conseguir suscripciones y venderla, de ma- 
nera que llegue a todos los hogares católicos mejicanos. b) Enviando 
informes sobre la vida social y religiosa de los Grupos y círculos y 
en general todas las noticias de interés.» 

Fue el tema central del Consejo la ponencia “Acción Política y 
Acción Cívica”, presentada por Elizalde y Ramos Natera, la que, por 
contener nítidamente expuestas la doctrina sostenida por la acim de 
acuerdo con las enseñanzas pontificias, y por la importancia que tuvo, 
fue publicada íntegramente en La Voz de la Patria, y después editada 
en folleto por el Subcomité General de la Asociación en Los Angeles. 
cuya síntesis, de precioso contenido doctrinal, es el siguiente: 


Doctrina Social.—Es indispensable que la juventud católica meji- 
cana residente en los Estados Unidos, reunida en la acm, fije clara- 
mente conceptos de acción política y acción cívica, pues «a pesar de 
las enseñanzas categóricas de'la Santa Sede a este respecto, aún hay 
personas que, por ignorancia unas, por la prudencia de la carne otras 
y por ceguedad inconcebible no pocas», siembran confusión en los espí- 
ritus, cosa inadmisible ahora que «se está jugando la existencia misma 
de Méjico como nación». 

El Papa se ha encargado de aclarar conceptos al definir que «polí- 
tica es el arte de gobernar a los pueblos; por lo tanto, acción política 
es la participación que los ciudadanos y las agrupaciones de ciudadanos 
denominados partidos, toman en el gobierno del pueblo». 

¿Puede la Iglesia o las instituciones católicas desarrollar la acción 
política? 

La Santa Sede enseña, por voz del cardenal Gasparri «que, cuando 
la lucha política se agita entre diferentes partidos, pero sin dañar en lo 


Méjico Cristero 385- 


más mínimo los intereses de la Iglesia, los obispos deben impedir cui-. 
dadosamente que la religión llegue a ser instrumento de un partido 
determinado... en este caso, el elero, como tal, debe observar la más 
estricta neutralidad». Es decir, la Iglesia y las instituciones que de- 
ella dependen deben conservarse al margen de la lucha de partidos, 
no así cuando están en juego los principios cristianos, la moral, el bien: 
y la salud de las almas, pues en tal caso —afirma el cardenal Gas-' 
parri— «es bastante arduo el deber de los obispos y del clero cuando 
entre los partidos se enciende la lucha precisamente sobre la cuestión: 
religiosa: en este caso es deber estricto de los obispos y del clero 
inculcar a los fieles la necesidad de tomar posiciones contra los parti: 
dos hostiles a la Iglesia y de mantenerse unidos sacrificando el propio 
parecer...» 

En “esto consiste la acción cívica. «Podemos, pués, definirla así: 
es la actividad coordinada de los católicos que ejercen en cuanto ciu- 
dadanos y en cuanto católicos, encaminada a reconquistar y defendér' 
su libertad de conciencia, sus derechos de hombres, la integridad de la 
familia, su fe, y los principios eternos de Cristo, contra los pártidos 
políticos que pretenden conculcarlos.» i 

Su santidad el papa Pío XI, en su discurso a las juventudes cató- 
licas, pronunciado el 22 de septiembre de 1922, precisó estos con- 
ceptos: T 
«Es preciso defenderse de la confusión que puede surgir, como su- 
cede, que Nos, que el episcopado, que el clero, que los seglares cató- 
licos, parece que hacemos política, cuando en realidad hacemos obra 
de religión siempre que combatimos por la libertad. de la Iglesia, por: 
la santidad de la familia, por la santidad de la escuela, por la santifi:: 
cación de los días consagrados a Dios: en todos estos casos y en casos: 
semejantes, no se hace política, sino que la política ha tocado el altar, 
ha tocado la religión... y entonces es nuestro deber defender a Dios 
y a su ás .. es deber del episcopado y del clero, es nuestro: 
deber. . 

El cool mejicano no había dicho cosa distinta en su Pastoral - 
Colectiva del 21 de abril de 1926. 

Algunos ejemplos tomados de la realidad mejicana confirmaban 
plenamente la tesis expuesta: «el régimen radical, que detenta el po- 
der público en Méjico, pretende no sólo intervenir en el campo sagrado 
de las conciencias por medio de una legislación absurda, sino hasta 
MÉXICO CRISTERO.—25 


386 Antonio Rius Facius 


destruir a la Iglesia Católica y arrancar la fe del corazón del pueblo 
mejicano.» 

Esta afirmación quedaba plenamente demostrada con el simple exa- 
men de los artículos constitucionales 3, 5, 27 y 130 y La Ley Calles, 
que justificaban, por sí mismos, la obligatoriedad de resistir, aun por 
la fuerza, su aplicación, según se desprendía de la doctrina misma de la 
Iglesia, expuesta por la suprema autoridad del papado. 

¿` Los que militan en las filas de la acsm no piensan que sea inopor- 
tuno «resistir de frente a la iniquidad del poderoso... la prudencia 
de estos'hombres es la que San Pablo llama sabiduría de la carne y 
muerte del alma...» Y como el enemigo pretende destruir a la Iglesia 
Católica en Méjico, resulta pueril suponer que, observando eterna 
complacencia con él para evitar toda provocación, se abstendrá de 
realizar sus arraigados y nefastos propósitos, «... porque no hay me- 
dio más rápido para ser oprimidos que el dormirse en cobarde segu- 
ridad...» ; 

¿3 «Y recordamos que la acsm —terminó así Octavio Elizalde su mag- 
nifica lección de doctrina :social— hizo un juramento solemne ante el 
pueblo mejicano de no cesar en el combate hasta reconquistar la liber- 
tad perdida.» 


Sobre tan brillante ponencia fueron aprobadas estas conclusiones, 
propuestas también por el presidente general de la Asociación: : 

-«L—Queda prohibido a los Grupos de Juventud Católica Mejicana 
organizados en los Estados Unidos mezclarse, como Grupos, en las lu- 
chas políticas partidaristas de nuestra patria. II.—Los Grupos ya dichos 
están obligados a tomar parte en la acción cívica, por medios lícitos, 
para lograr la libertad de la Iglesia y la libertad individual de con- 
ciencia. I1.—Todos los socios de los Grupos están obligados a trabajar 
empeñosamente en la acción cívica. 1V.—Tanto los Grupos como los 
socios deben desarrollar su actividad cívica sin violar las leyes de 
los: Estados Unidos. V.——Esta acción cívica será desarrollada bajo la 
dirección del Subcomité General, que tendrá que ponerse de acuerdo 
en la materia, por razones de conveniencia y de disciplina, con las 
instituciones que tienen a su cargo la dirección de lá acción cívica 
mejicana.» 

"Después de la celebración del primero y único Consejo Diocesano 
_de la acm en la Alta California, hasta que fue disuelta por la auto- 
ridad eclesiástica la Asociación Católica de la Juventud Mejicana a 


Méjico Cristero 387 


fines de 1929, ésta continuó su vida normal y aun se desarrolló más, 
con la atención personal que el mismo Octavio prestó a los Grupos, 
secundado por Carlos de Silva, hermano del mártir, los hermanos Fran- 
cisco e Ignacio Alcocer, Fernando Rodarte y, en general, todos los 
acejotaemeros expatriados que podían hacerlo. 

La acJM surgía vigorosa, en cualquier parte, entre la juventud me- 
jicana que amaba a su patria, 


XXXIII 


FRACASADOS INTENTOS DE SOLUCION 


Interés en Washington.—Intervención del arzobispo 
de Morelia.—Se afirma la posición política de Ca- 
lles.—Portes Gil y la oposición. 


. Interés en Washington.—Dwight Whitney Morrow, socio de Mor- 
gan, el famoso banquero judío de Wall Street, cultivaba estrecha amis- 
tad con la familia norteamericana Brady, católica de abolengo, a quien 
había prestado algunos servicios. Sabedor de esto el cardenal Hayes, 
pidió a Mr. Brady que concertase una cita con el futuro embajador de 
los Estados Unidos en Méjico, y en ella le pidió que hiciese valer su 
influencia para el arreglo del conflicto religioso en este país. Morrow 
le respondió que ya tenía instrucciones de su gobierno para tratar ese 
asunto, pero que, como él era protestante, necesitaba un sacerdote ca- 
tólico que lo asesorara. El cardenal le señaló para dicho cargo al padre 
John J. Burke, secretario del Comité Permanente de Obispos de los 
Estados Unidos en Washington. 

Antes de salir hacia la ciudad de Méjico, enviado por el gobierno de 
los Estados Unidos como su embajador, celebró una entrevista con el 
padre Burke, que era a la vez alto dignatario de la National Catholic 
Welfare Conference, y en ella le pidió que fuese a Méjico y hablase 
personalmente con Calles sobre el problema religioso. Él no entendía, 
no podía entender las causas que lo habían originado ni las razones 
para prolongarlo en perjuicio, ¡cómo no!, de los intereses económicos 
yanquis. 

389 


390 Antonio Ríus Facius 


Antes de salir el nuevo embajador, declaró a un redactor de The 
New York World que él estaba convencido de que, el anticlericalismo. 
de Juárez hacia la mitad del último siglo, de Calles y Obregón más 
recientemente, se debió a que los prelados mejicanos se habían soli- 
darizado con las fuerzas contrarrevolucionarias. Las leyes antirreli- 
giosas, “por consiguiente, eran, según su punto de vista, represalias polí- 
ticas”, y no “una antirreligiosa hostilidad de principios”. Partiendo 


El presidente Plutarco Elías Calles —derecha— acompañado del procónsul ame-' 
ricano Dwight W. Morrow —al centro—, a su regreso de una de sus amistosas 
giras por el interior del país. 


de esa base falsa, elaboró una plan simplista consistente en “persua- 
dir al gobierno mejicano de que los obispos aceptarían en lo sucesivo 
la Revolución como un hecho consumado. Resuelto este punto no sería 
ya difícil obtener una interpretación de las leyes que la Iglesia pudiera 
aceptar.” ` l 

Plutarco Elías Calles escogió, para que tuviese lugar la conferencia, 
el Viernes Santo de 1928 en San Juan de Ulúa, un apartado lugar 


Méjico Cristero 391 


del puerto de Veracruz. Allí se reunieron con él William F. Montavon, 
consejero legal de la N.c.w.c., y el padre Burke. 

El general Calles se mostró inflexible y un tanto violento, de ma- 
nera que no se llegó a ningún acuerdo, «habiendo manifestado Calles 
_—que es un hombre muy inteligente y muy zorro— que la Iglesia 
Católica en Méjico se había manifestado siempre muy orgullosa con éF, 
despreciándolo en lo absoluto; que aun cuando fuera un tirano y :el 
diablo en persona, sin embargo, de hecho, era el presidente de la Re- 
pública y no había habido ningún obispo, sacerdote o miembro de la 
Iglesia que, siquiera por cortesía, le hubiera puesto una tarjeta, tele- 
grama o carta cuando fue exaltado al poder, en el día de su santo o 
en el año nuevo. Naturalmente Mons. Burke, hombre de mentalidad 
netamente sajona, no pudo comprender el por qué de esa actitud gro- 
sera, en su concepto, de la jerarquía católica para con Calles, y bajo 
esa impresión regresó a informar a la Delegación Apostólica en Wash- 
ington.» ” 

Antes de su regreso, una semana después de la entrevista en San 
Juan de Ulúa, visitó nuevamente a Calles en el castillo de Chápul. 
tepec, residencia oficial del presidente, quien le sugirió que le diri- 
giera una carta diciéndole por escrito lo que de palabra le solicitaba. 

El 29 de marzo de 1928 el padre John J. Burke escribió al presi- 
dente en los siguientes términos: «...he sabido que nunca ha sido 

“intención de usted destruir la integridad de la Iglesia, ni molestarla 
en šus funciones espirituales... Estoy convencido de que los obispos 
mejicanos están animados por un patriotismo sincero y desean una paz 
duradera. Estoy convencido, también, de que ellos desean reanudar el 
culto público si eso se puede hacer de conformidad còn su lealtad a la 
República Mejicana y con sus conciencias. Yo creo que podría hacerse, 
si ellos fueran asegurados de una tolerancia dentro de la ley, que per- 
mitiera a la Iglesia la libertad de vivir y de ejercer sus oficios espiri- 
tuales, Esto significaría que ellos dejarían al pueblo mejicano, actuando 
dentro de la ley, por medio de sus autoridades debidamente consti- 
tuidas, el arreglo de las otras cuestiones en disputa.» 

Mal orientado había estado el padre Burke por Morrow y el :árzo- 
bispo de Morelia al escribir esta carta, porque el planteamiento' del 
problema estaba del todo equivocado; pues era la intransigencia de 
raíz masónica del gobierno, y no las pretensiones de la jerarquía eñ 
cuestiones políticas, la que impedía llegar a la solución del conflicto, 


392 Antonio Rius Facius 


como lo estaban proclamando los sangrientos sucesos ocurridos durante 
los dos últimos años. 

Calles se apresuró a contestar al padre Burke, el 4 de abril, en los 
siguientes términos: «...he quedado enterado de los deseos de los obis- 
pos mejicanos de reanudar el culto público... no es el propósito de la 
Constitución ni de las leyes, como tampoco 'el mío propio, destruir 
la identidad de ninguna Iglesia, ni entrometerme, en ninguna forma, 
en sus funciones espirituales. .. mi propósito ha sido hacer... que la ley 
sea aplicada con un espíritu razonable y sin apasionamiento alguno. . .» 


Intervención del arzobispo de Morelia.—Mientras el padre Burke, 
confiado en la buena fe del gobierno de Calles, se afanaba en poner 
fin al conflicto religioso en Méjico, en San Antonio, Tejas, el 25 de 
abril de 1928, se reunían los obispos desterrados para nombrar suce- 
sor al ilustre presidente del Comité Episcopal, recientemente fallecido. 

La votación recayó en favor del arzobispo de Morelia, Mons. Leo- 
poldo Ruiz y Flores, quien se trasladó a Méjico para asesorar a Mons. 
Burke en sus gestiones con el gobierno. 

El 28 de mayo de 1928, día de la Ascensión, Mons. Ruiz y Flores 
y el padre Burke tuvieron «una conferencia con Calles en Chapulte- 
pec y lo encontraron, gracias a ciertas influencias, más blando y ofre- 
ciendo, en sustancia, lo mismo que Portes Gil, posteriormente, conce- 
dió en junio de 1929.» 7"? 

Por disposición del delegado apostólico en Washington partió de 
inmediato para Roma Mons. Ruiz y Flores a informar al Papa sobre 
las felices gestiones que se estaban llevando a cabo. 

No eran las únicas: La señora de Lanz Duret hizo un viaje espe- 
cial a los Estados Unidos para tener una entrevista con Mons. Pascual 
Díaz, a quien llevó un mensaje de Obregón o de alguno de sus alle- 
gados, proponiendo similares condiciones para llegar a un arreglo en 
el conflicto religoso. 

Era significativo que los masones más prominentes desearan enta- 

blar pláticas con el obispo de Tabasco, cuya manifiesta antipatía hacia 
los cristeros era pública y notoria. 
, * Al ser conocidas dichas gestiones por el episcopado, la Liga y los 
levantados en armas, causaron gran alarma a todos. Mons. Man- 
ríquez y Zárate escribió al secretario del Subcomité Episcopal, Mons. 
Miguel de la Mora, obispo de San Luis: 


Méjico Cristero 393 


¿E_AA A ZE AAÓAzZz-z- Áá<Z-IIÓ/ÓÁá<((á= ——2-2A2AAXAKÁ 


«Las últimas noticias de la prensa acerca de los arreglos religiosos 
me han llenado de angustia. Sé que Mons. Ruiz ha ido a Roma pre- 
cisamente a inclinar al Santo Padre a un arreglo de la cuestión reli- 
giosa, más conveniente a nuestros enemigos que a los intereses de la 
Iglesia, al menos así lo juzgo, dado el modo de pensar de dicho ilustrí- 
simo prelado, y dadas también sus declaraciones en París, que acabo 
de recibir. 

»Yo también me pregunto: ¿Quién ha nombrado representante de 
los obispos ante el Vaticano a Mons. Ruiz?...» 

El obispo De la Mora transcribió esta comunicación a todos los pre- 
lados mejicanos y Mons. Leopoldo Lara y Torres respondió al obispo 
de San Luis que estaba de acuerdo en los principales puntos tratados 
por Mons. Manríquez y Zárate, y: 

«1.—Que debemos sostener con firmeza las peticiones del Memo- 
rial.» (El enviado a las cámaras por aquellos días). 

«2.—Que no debemos fiar en promesas. 

»3.—Que de nosotros depende, en cierto modo, el porvenir de la 
Iglesia mejicana y que debemos, por lo mismo, hacer todo esfuerzo por 
salvarla de la esclavitud a que se la quiere sujetar. 

».—Que me parece muy bien que Mons. Ruiz y Mons. Díaz ten: 
gan, respectivamente, los cargos de presidente y secretario del Comité 
Episcopal; pero que no por eso deben considerarse como represen- 
tantes de la opinión de todos y cada uno de los miembros del Comité. 
Y aun convendría que así se comunicara a la S. S. para evitarnos difi- 
cultades posteriores y deslindar responsabilidades.» 

Con fecha 31 de mayo de 1928, suscribieron diversas y significa- 
das sociedades católicas —LNDLR, ACJM, Caballeros de Colón, entre 
otras— un extenso memorial a su santidad Pío XI, en el que le daban 
a conocer la posibilidad “de que ciertos individuos del gobierno secta- 
rio y perseguidor” llegaran a un acuerdo con algunos prelados sobre 
las bases siguientes: 

«1%) Reanudación inmediata del culto público. 

_»29) Promesa, por parte de los perseguidores, de ir derogando pau- 
latinamente las leyes persecutorias.» 

Esto traería como consecuencia: 

<a) Un sentimiento de desaliento, de derrota, porque es seguro que 
así se estimaría por todos los que han conocido del conflicto, y así lo 
¡sentirían todos los que han tomado parte en él.» 


394 Antonio Rius Faciué 


< 


«h) La certeza fundada en una amarga y segura experiencia, de que 
"los perseguidores no cumplirían los compromisos contraídos... 

»i) ...lo que pretenden los perseguidores es desvirtuar la causa que 
defienden los católicos... ver a la Iglesia sujetarse a una ley que la 
misma condenó, y obtener la rendición de los que, en el ejercicio del 

“sagrado derecho de legítima defensa, se han enfrentado con los tiranos 
y resistido con las armas en la mano.» l 

Es posible que este memorándum haya surtido el efecto que se bus- 
caba, pues no se volvió a hablar más del asunto por aquel entonces. 

La muerte de Obregón apagó los últimos rumores sobre un posible 
arreglo, condicionado a la buena fe de un gobierno que había demos- 
trado carecer de ella. Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, una vez que se 
interrumpieron las negociaciones, continuó viviendo en Roma hasta 
que, en el mes de octubre, le hizo saber S. S. Pío XI la conveniencia 
de volverse a los Estados Unidos y emprendió el viaje de regreso. Inte- 
rrogado por la prensa, declaró que su gestión había fracasado, pues el 

- Papa no admitió los arreglos propuestos. «Y —añadió textualmente— 

las cosas seguirán en el estado en que están. Es probable que haya 
algunas modificaciones, pero buscamos el derecho de enseñar a los 
niños. El Estado mejicano dice que podemos darles nuestra instruc- 
ción en nuestras iglesias, pero todo el mundo sabe que, de hacerlo en 
esta forma, tendríamos una dura tarea para desarraigar lo que en las 
escuelas laicas enseñan durante el día. Además, sólo podríamos darles 
instrucción en las horas de recreo o los días festivos, y esto es por 
completo insuficiente.» 


Se afirma la posición política de Calles.—En- medio de la conmo- 
ción política causada por la desaparición del caudillo sonorense, se 
instaló el 1° de septiembre de 1928, con las violaciones acostumbradas 
a la ley electoral, el nuevo Congreso Federal. 

El informe de Calles era esperado con verdadera expectación, pues 
no faltaban optimistas que confiaran en un obligado cambio de polí- 
tica, benéfico para las libertades humanas de los mejicanos. 

Y así pareció desprenderse de algunos párrafos de su mensaje, en 
el que ofreció Plutarco Elías Calles al Congreso: «...que no única- 
mente motivos de moral, ni consideraciones de credo político personal, 
sino la necesidad que creemos definitiva y categórica, de pasar de un 
sistema más o menos velado de gobierno de caudillos a un franco régi- 


Méjico Cristero . 395 


men de instituciones, me han decidido a declarar solemnemente, y con 
tal claridad que mis palabras no se presten a suspicacias o interpre- 
taciones, que no sólo no buscaré la prolongación de mi mandato, acep- 
tando una prórroga o una designación como presidente provisional, 
sino que, ni en el período que siga al interinato, ni en ninguna otra 
ocasión, aspiraré a la Presidencia de mi país.» 


Plutarco Elias Calles, jefe del Poder Ejecutivo, durante şu informe rendido al 
Congreso, el 19 de septiembre de 1928. 


f 


Y añadió más adelante: 

«... la circunstancia de que quizá por primera vez en su historia, 
se enfrenta Méjico con una situación en que la nota predominante es la 
falta de caudillos, debe permitirnos, va a permitirnos, orientar defini- 
tivamente la política del país por rumbos de una verdadera institución, 
procurando pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de 
país de un hombre a la de nación de instituciones y de leyes.» 


396 Antonio Rius Facius 


Pero no fueron aquellos conceptos sino pura palabrería, falsa y 
hueca, dirigida hacia el apaciguamiento de los exaltados obregonistas 
para ganar tiempo y fortalecer su posición naciente de jefe máximo 
de la Revolución. 

Un grupo respetable de católicos no quiso, sin embargo, dejar pasar 
la oportunidad que parecía presentarse y envió a las Cámaras nuevos 
memoriales, pidiendo la derogación y rectificación de las leyes contra- 
rias a las libertades religiosas y ciudadanas del pueblo. 

De diversas regiones del país se enviaron copiosas adhesiones a di- 
chos memoriales, que fueron presentados los días 3 y 16 de septiembre 
y 3 de octubre de 1928, sin gue en esta ocasión se dignaran los rufianes 
con credenciales de diputados dar respuesta a las peticiones que, si- 
guiendo todos los trámites legales, se hicieron a las Cámaras, dóciles a 
la voluntad omnímoda de Plutarco Elías Calles, quien pretendía la su- 
misión total de la Iglesia a los designios de la masonería, como había 
quedado demostrado en las condiciones inadmisibles propuestas a Mons. 
Ruiz y Flores y al padre Burke. 


Portes Gil y la oposición.—Los obregonistas, a la muerte de su amo 
y señor, en peligro de perder sus jugosas influencias, conminaron a 
Calles para que eliminase del gabinete a sus ministros que más se habían 
„significado como enemigos del obregonismo. Entre los cambios habidos 
estuvo el del titular de la Secretaría de Gobernación, que fue susti- 
tuido por el licenciado Emilio Portes Gil, gobernador del estado de 
Tamaulipas, de poca significación política hasta entonces, aunque de 
brillante trayectoria masónica. 

El día 18 de agosto de 1928 recibió el nombramiento, y, según él 
mismo afirma, en su primer acuerdo con el presidente le dio a conocer 
su opinión «sobre los errores que se venían cometiendo en dicha Secre- 
taría al extremar la aplicación de las leyes en materia de cultos; expre- 
sándole que... aquella política intransigente había conducido al país 
a una sangrienta lucha fratricida... 

»Le hice ver —sigue diciendo Portes Gil en sus memorias— la ne- 
cesidad ingente que había de reprimir, con toda severidad, los incon- 
tables y escandalosos abusos que se venían cometiendo por agentes de 
las policías del Distrito Federal y de la Secretaría de Gobernación, 
que a diario realizaban saqueos en los hogares de personas clasificadas 
como fanáticas y aun en los templos, y, con pretexto de buscar cóm- 


AS 
a a o e n mo. 


Méjico Cristero 397 


plices de los rebeldes, aprovechaban la difícil situación creada para 
apoderarse de reliquias de alto valor religioso o histórico, pinturas, 
alhajas, dinero, etc., gue no se depositaban en el Museo sino que des- 
aparecían, perpetrándose así verdaderos latrocinios. Le refería que, en 
la Jefatura de Policía (hasta antes de hacerse cargo de ella el general 
Ríos Zertuche), se cometían los mayores abusos y atropellos con gentes 
acaudaladas, a quienes se acusaba de complicidad con los cristeros y 
se les obligaba a dar fuertes cantidades de dinero para no perjudicar- 
los; todo lo cual estaba creando un ambiente de odio en contra del 
gobierno. 

əLe relaté, asimismo, que en dicha Jefatura de Policía se venían 
realizando imperdonables asesinatos, simulando suicidios de las vícti- 
mas y que la opinión pública señalaba a Palomera López como el eje- 
cutor de tales crímenes. 

»Finalmente, le mostré un proyecto de decreto que encontré en la 
Secretaría de Gobernación, en el cual se imponían penas severas, de 
multas o arrestor, aun a las personas que portasen medallas o imáge- 
nes religiosas.» ** 

Calles comprendió que sus colaboradores se habían excedido y auto- 
rizó a su secretario de Gobernación para que aflojara un poco la ten- 
sión de sus medidas persecutorias. 

El peligro de que hubiese un rompimiento entre los distintos grupos 
revolucionarios fue hábilmente conjurado por Calles con su discurso 
en la apertura de las Cámaras. Sólo le faltaba, para fortalecer defini- 
tivamente su posición, escoger cuidadosamente a su sucesor, quien debé- 
ría ser dócil instrumento en sus manos y al mismo tiempo una garantía 
para los intereses del obregonismo. Con habilidad y pericia inclinó las 
voluntades, discretamente, en favor del licenciado Emilio Portes Gil, 
y, una mañana del mes de septiembre, reunido con un grupo de dipu- 
tados y senadores, confirmó su elección para que fuera propuesta a las 
Cámaras, las cuales, el día 25 de septiembre de 1928, designaron presi- 
dente provisional de los Estados Unidos Mejicanos al licenciado Emilio 
Portes Gil, para serlo a partir del día 19 de diciembre siguiente. No le 
quedaba al designado otro camino que el de ser obediente a las con- 
signas de su gran elector, y así lo manifestó a un reportero que lo 
entrevistó: 

«Mi labor será la de secundar en todo la orientación firme y defi- 
nida que ha venido siguiendo el señor presidente de.la República; y en: 


398 > Antonio Rius Facius 


esa virtud esta Secretaria de mi cargo continuará dictando cuantas me- 
didas sean necesarias para que las leyes vigentes en materia de cultos 
sean debidamente acatadas en todo el país.» 

El obispo de San Luis Potosí, Mons. De la Mora, vio en estas de- 
claraciones una oportunidad para que se circunscribiese la acción legal 
al ejercicio del culto público, y escribió una carta abierta defendiendo 
este pünto de vista que, aunque loable por su intención de aliviar a los 
católicos del excesivo rigorismo 
que empleaba el gobierno contra 
los que practicaban su religión en 
la intimidad de sus hogares, daba 
por aceptables unas leyes causan- 
tes del grave conflicto existente. 

El día 30 de noviembre de 1928, 
Portes Gil tomó posesión de la 
Presidencia de la República y dio 
a conocer su programa de gobierno 
en el que pasó por alto toda refe- 
rencia al problema religioso y rea- 
firmó su propia ideología: 

«He tenido el gran honor de fi- 
gurar entre los grupos radicales 
del país y pertenezco a un partido 
que sustenta postulados avanza- 
dos... Si al terminar mi gobierno, 
el país conviene en que no dejé 
perder ninguna de las ventajas 
logradas por las administraciones 


A: ; a de Obregón y Calles... bastará 
h Ye e fu A 3 ` 
dae eres, Edo con sólo eso para que considere 
República, saldada mi responsabilidad.» 

No había transcurrido una se- 
mana cuando Plutarco Elías Calles, siguiendo los lineamientos trazados 
por el procónsul Morrow, fundaba y se erigía presidente del Partido 
Nacional Revolucionario, institución tipo totalitario que ha hecho im- 
posible, desde entonces, el ejercicio democrático del sufragio efectivo 
en Méjico. Dicho Partido quedó integrado con los principales capitos- 
tes del régimen y, adheridos a él por la fuerza, todos los funcionarios 


ø 
li 


É 


Méjico Cristero 399 


públicos y los líderes obreros, de manera que, partido y gobierno coa- 
ligados entre sí y apoyados por Washington, han esterilizado toda reac- 
ción ciudadana, sucediéndose sin interrupción, en el monopolio del 
poder, liberales y masones con etiqueta de revolucionarios. 

Para luchar contra ese continuismo político, José Vasconcelos, el 
mejor ministro del gabinete de Obregón, hombre de gran talento y dina- 
mismo, que residía desde tiempo atrás en los Estados Unidos, cruzó 
la frontera y pronunció en Nogales, Son., el primer discurso de su cam- 
paña política el día 10 de noviembre de 1928 y, coincidiendo con la 
fundación del PNR, un numeroso grupo de estudiantes de'la capital, 
que se habían constituido en partido político con el nombre de Frente 
Nacional Renovador, lanzó un manifiesto apoyando la candidatura pre- 
sidencial de Vasconcelos. ` 

Por su parte, el pNR celebró su convención en la ciudad de Que- 
rétaro durante los primeros días de marzo de 1929. ` 

Aarón Sáenz, el amigo íntimo de Obregón, parecía ser el precandi- 
dato que contaría con el apoyo de los convencionistas; pero la con- 
signa de Calles hizo que un oscuro ingeniero, embajador de Méjico 
en Brasil, fuera favorecido, por lo que Sáenz, disciplinándose a sus 
propios intereses, se retiró de la pugna electoral. 

Otros candidatos surgieron, pero ninguno con la fuerza de Vascon- 
celos para enfrentarse, más que a Pascual Ortiz Rubio, al régimen 
hecho partido. 


XXXIV 


LA GUARDIA NACIONAL 


El acejotaemero Fidel Muro. — Alevosa muerte de: 
Marcos Torres. — El general Gorostieta, jefe de la: 
Guardia Nacional. — Consagración a Cristo Rey—: 
Actividades cristeras.—Rebelión escobarista. i 


El acejotaemero Fidel Muro.—El despotismo antirreligioso del go-: 
bierno revolucionario, conculcador de la fe y la libertad, continuaba! 
produciendo innumerables víctimas, que iban a sumar su voto de san-, 
gre en las urnas de la historia, sin que la eminencia del peligro hiciera: 
desistir de su heroico empeño a los libertadores. } 
©- Fidel Muro contaba 25 años de edad, era acejotaemero, originario 

de la capital zacatecana, e hijo de humildísimo matrimonio. Su padre, 
de oficio carpintero,-le enseñó a trabajar desde su incipiente juventud. 

Un día fue llamado Fidel por el obispo de la diócesis, Mons. Miguel 

de la Mora, para encargarle algún modesto trabajo y, en el desempeño 
del mismo, el humilde artesano pudo apreciar de cerca las virtudes del: 
prelado que se constituyó, a partir de ese día, en su consejero y pro- 
tector. Fidel, influenciado por la religiosidad del ambiente, sintió incli- 
nación hacia el sacerdocio e ingresó al noviciado de los padres Misio- 
` neros del Espíritu Santo, en la apacible población de Tlalpan; Distrito 
Federal. 
i En 1924, al cabo de dos años de permanencia en el Seminario, dejó 
“los estudios y se marchó a San Luis Potosí. Mons. De la Mora había 
sido trasladado recientemente a aquella diócesis y acogió con agrado 
: 401 
MÉXICO CRISTERO.—26 ) 


402 Antonio Rius Facius 


a Fidel; éste, con ayuda del mitrado, instaló un pequeño taller de car- 
pintería en la ciudad, ingresó a la acJM y se entregó con fervor al apos- 
tolado seglar. 

Transcurrió el tiempo y, un día del mes de marzo de 1926, el jefe. 
de armas del estado, que era el general Saturnino Cedillo, ordenó 
desatar 'la persecución religiosa en aquella entidad.* 

El pueblo atacó a los soldados y resultaron varias víctimas por am- 
bos bandos. Durante tres días el general Cedillo sometió a la ciudad al 
estado de sitio hasta que, alarmado por el grave cariz que tomaban los 
acontecimientos, optó por retirar sus fuerzas de la via pública y dejar 
en libertad al obispo, no sin antes ejercer violentas represalias contra 
los que más se habían distinguido al repeler sus injustificados ataques. 

Entre éstos se encontraban los acejotaemeros 
Fidel Muro y Ernesto Montalvo, quienes ha- 
bían permanecido en el obispado dispuestos a 
rechazar por la fuerza cualquier ataque diri- 
„gido contra Mons. De la Mora. Fidel y Ernesto 
fueron golpeados bárbaramente y arrestados, 
el primero «cinco días, y el segundo largo 
_ tiempo, acusados de asesinato frustrado. 

En San Luis Potosí existía ya Delegación 
Regional de la Liga, pero Fidel prefirió ins- 
cribirse en la Delegación de Tampico, jefatu- 
rada por Sixto Rodríguez; ahí se preparaba 

| un movimiento armado que habría de iniciarse 
Fidel Muro. el 19 de enero de 1927, bajo la dirección del 
general Ignacio Galván. 
: Una denuncia dil al general Galván a diferir la fecha de su levan- 
tamiento y, un grupo de 14 conjurados, tuvieron que salir precipitada- 
mente al campo; entre ellos se contaban Fidel Muro, Ernesto Mon- 
talvo, Humberto Hernández, Jesús Posada y Jesús Castillo, que se 
enfrentaron, de repente, a un enemigo superior en número, pero sin 
temor: alguno aceptaron su gloriosa aventura. 

..En un combate sostenido un día del mes de marzo, derrotaron los 
cristeros de San Luis a los callistas que los perseguían y 'se apodera- 
ron de gran cantidad de municiones y pertrechos, antes de retornar 
victoriosos al pueblo del que habían salido. 


- * Ver: capítulo III. 


Méjico Cristero 403 


Fue su último triunfo militar: un hacendado traidor fingía feste- 
jarlos cuando fuerzas federales avisadas por éste los atacaron sorpre- 
sivamente. Dos de los jóvenes cruzados cayeron- muertos; Ernesto 
Montalvo fue herido en una pierna, Humberto Hernández y Jesús Cas- 
tillo fueron desarmados, hechos prisioneros y -fusilados; los demás lo- 
graron romper el cerco y escapar. 

Fidel encontró refugio en una choza y sus moradores le cambiaron 
de ropa para que pudiese ocultarse mejor. Rendido por el cansancio se 
quedó dormido al margen de la carretera. Ahí fue encontrado por la 
misma columna callista que había atacado la hacienda y reconocido, 
por la documentación que portaba, como uno de los cristeros. Golpeado, 
hambriento, escarnecido, llegó a la ciudad de San Luis a media noche 
del 15 de marzo de 1927. Lo encerraron en un calabozo y lo sujetaron, 
durante varios días, a suplicios sin cuento, en presencia, muchas veces, 
del general Saturnino Cedillo, para que revelara lo que supiese de la 
organización y jefes de la Liga y los levantados en armas, pero él resis- 
tió estoicamente el inhumano tormento. 

Algunos cristeros del general Gallegos, que operaba en Guanajuato, 
fueron conducidos a San Luis y fusilados ahí, en' presencia de Muro, 
a quien amenazaron diciéndole: “Mañana te toca a ti”. 

El cambio de jefe de armas —pues Cedillo tomó el puesto de gober- 
nador del estado— y las reiteradas gestiones hechas en favor del pri- 
sionero por la familia Azanza, abrieron las puertas de la cárcel a Fidel 
el 9 de junio de 1927. 

En el mes de diciembre la desorganización de la LNDLR en el estado 
era casi total; el general Galván había sido asesinado; Jacinto Loyola 
Núñez, un excelente caballero cristiano, pero deficiente hombre de 
armas, fue nombrado por el Comité Directivo de la Liga jefe militar 
de la región de San Luis y Tampico. 

Fidel Muro secundaba ocultamente todos los planes dirigidos a la 
defensa, pues pesaba sobre él una libertad condicional, y se prepa- 
raba a unirse al nuevo grupo cristero de San Luis. Pero fue descu- 
bierta la conspiración y apresados los antiguos protectores de Fidel: 
Idelfonso Azanza y su hija, ajenos por completo a las actividades de los 
rebeldes. 

Fidel estaba en Méjico cuando se enteró de la aprehensión de sus 
benefactores y partió inmediatamente a la capital de San Luis Potosi, 
para ofrecerse como rehén a cambio de la libertad de los Azanza. Al 


404 ( Antonio Rius Facius 


llegar a la ciudad habló con su hermana, que era religiosa y había 
ejercido en él saludable influencia, y le comunicó sus propósitos; des- 
pués se presentó a los esbirros de la tiranía. 

Los Azanza, padre e hija, recobraron su libertad, previo pago al 
cacique de subida suma de dinero que no alcanzó, sin embargo, para 
dejar libre a Fidel Muro, como el tiranuelo había ofrecido. El acejota-: 
emero fue otra vez atormentado hasta el límite de su resistencia física. 

El 17 de agosto de 1928 tres jóvenes menores de 22 años fueron 
arrestados bajo la acusación de ser agentes de los rebeldes y someti- 
dos, junto con Fidel, a un juicio sumarísimo y sentenciados, con otros 
tres más, a la pena de muerte. 

A las cinco de la mañana del día 15 de agosto de 1928 fueron fusi- 
lados, de espaldas al paredón en la penitenciaría del estado, Fiarco 
Sánchez, antiguo cristero cuya hija, en esos momentos, hacía su pri- 
mera comunión en el secreto de una casa; Fidel Muro, el acejotaemero, 
al grito viril de: ¡Viva Cristo Rey!;- Dionisio Avalos, José Belén Cárde- 
nas, Nicolás Acosta, Mauro Balderas y Odilón Osorio. 

Horas antes de recibir cristiana sepultura brotó sangre de las heri- 
das del cadáver de Fidel Muro; una porción de ella recogida devota- 
mente en un frasquito de cristal, se ha conservado fresca y licuada al 
paso de los años. 

El pueblo, su pueblo sencillo y bueno aue mejor comprendió sus vir- 
tudes y estimó sù ejemplo, lo nombra desde entonces el mártir de Za. 
catecas. 


Alevosa muerte de Marcos Torres.—Coincidió su muerte, con tres: 
días de diferencia, con la del admirable y querido jefe cristero de Co- 
lima: Marcos Torres, Marquitos, como le apodaban cariñosamente “sus 
amigos y compañeros, 

Este joven coronel cristero, de extracción acejotaemera, regresaba 
de una gira por el sur de Colima y acampó, como era su costumbre, 
en las cercanías de la capital del estado. En Santa Bárbara, hacienda 
cercana a su improvisado campamento, se le había ofrecido un modesto 
donativo para el movimiento cristero y, al amanecer del día 18 de 
agosto de 1928, se encaminó hacia ese lugar, pues deseaba poder dispo- 
ner, después, de todo el día, subir al Volcán a oir misa con sus soldados 
e iniciar una gira hasta un lugar llamado Cocoyul, donde se encon- 
traba el anciano obispo de la diócesis, quien el día 30 de ese mismo 
mes iba a celebrar sus bodas de plata episcopales. 


Méjico Cristero . 405 


Al presentarse con sus hombres en la hacienda se le dijo que vol- 
viese más tarde, cosa que hizo, esta vez acompañado únicamente por 
José Placencia, su joven asistente. 

Entró en la casa para recibir el dinero y, mientras firmaba un re- 
cibo apoyado en la pared, llegaron los gendarmes callistas de Villa de 
Alvarez y lo acribillaron a tiros por la espalda. Igual suerte corrió su 
asistente, que se había quedado esperándolo en la puerta. Sus cadá- 
veres fueron trasladados a.Colima y arrojados sobre el empedrado de 
la calle, frente al palacio de gobierno, mientras una música burlesca 

_subrayaba la felonía de los perseguidores. 


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Pg 


p Es d 


Coronel Marcos Torres y su asistente José Placencia, ambos de la acsm de Colima, 
asesinados en el pueblo de Santa Bárbara. Sus cadáveres fueron llevados a la 
: capital del estado para ser exhibidos en plena calle. 


«A la muerte del coronel Marcos V. Torres, una ola helada cubrió 
los espíritus de sus cristeros. Algunos, faltos de fe, se rindieron; otros, 
sin atreverse a tanto, pero faltándoles el alma de su grupo, se remon- 
taron a las serranías.» ** La mayor parte de ellos, sin embargo, fueron 
a sumarse a las tropas del general Miguel Anguiano Márquez. 


El general Gorostieta, jefe de la Guardia Nacional.—La campaña 
contra las fuerzas callistas continuó con la variada intensidad de los 
meses anteriores, tomando parte en ella hombres y mujeres de espíritu 


406 Antonio Rius Facius 


heroico, quienes, sin escatimar sacrificios ni peligros, se entregaban 
a su Santa Causa, como acertadamente fue llamada, uniendo esfuer- 
zos y deseos de superarse unos a otros. 

El Comité Directivo de la Liga y las Brigadas Femeninas Santa 
Juana de Arco, proveedoras eficaces de municiones y pertrechos del 
Ejército Libertador, conocían la innegable mala fe del gobierno y de- 
cidieron afianzar sus estrechas relaciones en beneficio del fin común. 
Para evitar la repetición de algunas fricciones que se habían suscitado. 
por interferencias habidas en sus respectivas actividades, firmaron un 
„convenio, suscrito por el presidente del Comité Directivo de la Liga 
y el consejero y asesor de las Brigadas, en el que se reconocía la inte- 
gridad e independencia de las Brigadas Femeninas; además, y para 
continuar la buena marcha del movimiento cristero, habría de ser 
nombrado un jefe supremo de la defensa armada para toda la Repú- 
blica. Este nombramiento recayó en el ameritado general Enrique 
Gorostieta Velarde. De acuerdo con él fue redactado un manifiesto 
a la nación, para publicarlo al mismo tiempo que la declaración de 
su jefatura. 

El día 28 de octubre de 1928, fiesta de Cristo Rey, el general Goros- 
tieta lanzó, en la región de Los Altos, el manifiesto que contenía el 
programa de gobierno que se deseaba implantar y era el siguiente: 

«L—Nombrado por la genuina representación nacional, asumo el 
cargo de jefe militar del Movimiento Libertador. 

»>IL—El Movimiento Libertador, tanto en el orden civil como en el 
militar, queda sujeto desde luego a las siguientes bases: 

»IIL—<Se confirma el desconocimiento que los libertadores an hecho 
de todos los poderes usurpadores, así de la Federación como de los 
estados. : 

»IV.—Se decreta el restablecimiento de la Constitución de 1857 sin 
las leyes de Reforma; pero desde luego quedan incorporadas a sus 
preceptos y, por tanto, reformados los artículos correspondientes, las 
modificaciones que exigió el plebiscito nacional efectuado en 1926, res- 
paldando el ocurso formulado por los ilustrísimos prelados mejicanos, 
con fecha 6 de septiembre del mismo año, y las ampliaciones conte- 
nidas en el Memorial de los Católicos presentado a las Cámaras el día 
3 de septiembre de 1928. 

»V.—La Constitución podrá ser reformada por el procedimiento es- 
tablecido en el artículo 127 de la misma por el plebiscito y referéndum, 
para que todos los ciudadanos, armados o no, puedan manifestar sus 


Méjico Cristero - ‘407 


deseos, y así el pueblo mejicano tenga, por fin, una Constitución ver- 
daderamente suya, nacida de sus anhelos y tradiciones, y que corres- 
ponda a las necesidades populares. 

»VI.—En los casos en que se haga uso del plebiscito o del a 
dum, las mujeres mayores de edad tendrán obligación de votar. 

» VI. —Se tendrán por válidas cuantas disposiciones hayan sido expe- 
didas hasta la fecha, que tengan por objeto reconocer el derecho de 
los hombres de trabajo para sindicalizarse, hacer valer sus derechos, 
defenderlos y mejorar su condición, siempre que sean justas. La apli- 
cación de dichas disposiciones será efectiva para aquéllos en favor de 
quienes se expidieron y no en beneficio de favoritos. 

»VIII.—En materia de dotaciones ejidales, el Gobierno Libertadór 
establecerá comisiones que arreglen convenios entre los ejidatarios y 
los propietarios, y adoptará procedimientos adecuados para que la in- 
demnización que deba pagarse a éstos sea efectiva y justa. Además, 
se continuará, donde sea necesario y útil para el bien común, la distri- 

: buctlón de propiedades rurales; pero en forma justa y equitativa y 
previa indemnización; de este modo se procurará hacer la propiedad 
“asequible al mayor número. 

»IX.—Nuestras fuerzas libertadoras se constituyen en Guardia Na- 
cional, nombre que usarán oficialmente en lo sucesivo, y el lema de la 
Guardia Nacional será: Dios, Patria y Libertad. . 

»X.—El jefe civil del Movimiento Libertador será nombrado por a 
Comité Directivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Reli- 
giosa, previa consulta del sentir de la Guardia Nácional, y entretanto 
el jefe militar reconocerá como autoridad suprema a la persona nom- 
'brada de común acuerdo entre él Comité y el jefe militar. - : 
. »XL—El jefe militar tendrá todas las facultades que sean necesa- 
rias en los ramos de Hacienda y Guerra. 

»XIL—Este plan no podrá ser modificado sino de común acuerdo 

* entre el Comité Directivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad 
- Religiosa y el jefe militar. 

»XIIL.—Una vez nombrado por el Comité Directivo de la Liga Na- 
“cional Defensora de la Libertad Religiosa el jefe civil, el jefe militár 
. conservará las facultades que le corresponden y reconocerá en AA 
"la autoridad suprema del Movimiento Libertador. 

-- »XIV.—Al tomar la capital de la República y restablecer el arden 
cen la nación, se procederá a la reconstrucción política de la misma, 
„conforme a los preceptos de la Constitución de 1857.» 


408 y Antonio Rius Facius 


Pronto se dejó sentir el fruto del oportuno nombramiento del gene- 
ral Gorostieta, dado que la extensión de la lucha armada reavería la 
reorganización del Ejército Libertador, cuyos triunfos eran a tal grado 
evidentes que el gobierno callista ordenó fuesen escoltados todos los 
trenes que corrían a lo largo de la extensa red ferroviaria del país. 


Consagración a Cristo Rey.—No era la disciplina el único factor del 
creciente éxito de los cristeros, sino el espíritu religioso y fraternal 
gue los animaba, pues con unanimidad que asombra, todos los hombres 
en armas daban a su causa un sentido desinteresado y patriótico. 

La poderosa División del Sur de Jalisco, Colima y Nayarit, al mando 
` del general Jesús Degollado Guízar, para agradecer los señalados favo- 
res de la Providencia, organizó la'consagración de su ejército a Cristo 
Rey y Santa María de Guadalupe. El general ordenó a los jefes Lorenzo 
Arreola, Luis Ibarra, Manuel Michel, Carlos Bouquet, Vicente Guerra 
y Esteban Caro, que con un grupo de las fuerzas a su mando, ro ma- 
yor de 200 hombres. se presentaran el día 28 de octubre de 1928 en 
"la hacienda de los Volcanes, Jal. Los jefes Anguiano, Márquez y Sala- 
zar, por la gran distancia a que se encontraban. serían representados 
por el mismo general Degollado y el presbítero Emeterio Covarrubias. 

Para evitar ser sorprendidos en plena ceremonia, una vez reunidos 
los grupos representativos de la División, el general Degollado Guízar 
envió 50 hombres al mando del mayor Nazario Cisneros, para que vigi- 
lasen los caminos de Ameca y Mascota, distantes cinco kilómetros del 
lugar en que se habíari congregado. 

Todo estaba dispuesto para dar comienzo con la santa misa a la 
ceremonia de consagración, cuando fue escuchado un tiroteo en el lugar 
-al que había sido enviada la avanzada. 

Rápidamente organizó el general Degollado Guizar su ejército bajo 
el mando de sus inmediatos subordinados, para repeler el ataque de 
los callistas, superiores a ellos en hombres y equipo. Más de medio 
centenar de bajas les causaron los cristeros a los federales antes de 
verse obligados a replegarse, tras de haber sufrido a su vez el daño 
de ocho muertos y cuatro heridos. 

El día 29, alejado el peligro de verse nuevamente sorprendidos por 
el enemigo, ordenó el general Degollado que se formaran todas sus 
tropas para asistir a la santa misa; que celebró el presbítero Pedro 
Rodríguez, quien, después de ella, hizo la consagración del ejército 
cristero de la región a Cristo Rey y Santa María de Guadalupe. 


Méjico Cristero ; 409 


La soledad de la sierra se llenó de gritos jubilosos y patrióticos. 

Al caer la tarde partieron todos lọs grupos que se habían dado cita 
en aquel apartado lugar, hacia sus respectivos centros de operaciones, 
confortados y satisfechos por haber rendido público homenaje de su- 
misión al Rey de reyes y Señor de todo lo creado. 

En los tres campamentos de las fuerzas al mando de Anguiano, 
Márquez y Salazar, también fue hecho el acto de consagración el día 
de Cristo Rey. 


El día de Cristo Rey del año de 1928 hubo grandes manifestaciones de fervor 
religioso frente a la Basílica de Guadalupe, en la ciudad de Méjico, 


La fiesta de los cristeros del Volcán se efectuó en la Mesa de los 
Mártires, en una modestísima capillita levantada a corta distancia del 
cementerio donde descansaban los restos de los cruzados muertos en la 
lucha. Asistieron a ella el regimiento del general Salazar, tres escua- 
drones del Volcán y las abnegadas enfermeras que atendían el impro- 
visado hospitalito. Y aquellos hombres y mujeres de espíritu religioso, 
abnegado e indomable, elevaron su canto jubiloso al claro cielo de los 
campos de Méjico: . 


410 f Antonio Rius Facius 


¡Que viva mi Cristo! 
¡Que viva mi Rey! 
¡Que impere doquiera 
triunfante su ley! 
¡Viva Cristo Rey! 
¡Viva Cristo Rey! 


Actividades cristeras.—Los últimos meses del año transcurrieron . 
favorablemente para los cristeros. El general Gorostieta se ocupó prin- 
cipalmente de organizar militarmente a todos los grupos de alzados en 
la República, cuyo número aumentaba notablemente, pues, aunque 
escasos de municiones, su armamento había sido poco a poco sustituido 
por el reglamentario del Ejército Federal al que, combate tras combate, 
le había sido arrebatado. 

Para conseguir las municiones necesarias, fue enviado a los Estados 
Unidos José Luis Orozco, mejor conocido por su seudónimo de Jorge ' 
Tello, quien, no obstante llevar cincuenta mil pesos en efectivo, no 
pudo efectuar la compra por la vigilancia ejercida por el gobierno ame- 
ricano para evitar toda posible ayuda al Ejército Libertador. 

Restringida la libertad de prensa, eran escasas las noticias que pu- 
blicaban los periódicos nacionales sobre las actividades rebeldes. Sin 
embargo, no pudo ser ocultado el atentado dinamitero que sufrió, “el 
mismo día del sepelio de José de León Toral, el tren en que viajaba, 
de Tamaulipas a Méjico, el licenciado Portes Gil. Aunque descarriló 
la máquina, no sufrieron daño alguno el presidente y sus acompañan- 
tes; pero dicho atentado hizo saber a la opinión pública que la rebelión 
cristera no había sido dominada, antes al contrario, cada día alcan- 
zaba mayor extensión y fuerza en la República. 

En Colima, por ejemplo, los cristeros habian entrado dos veces a 
la ciudad. La primera de ellas, el 12 de enero de 1929, encabezados 
por el general Anguiano, que resultó herido en la acción; y la segunda, 
durante las fiestas del Carnaval, por las mismas fuerzas, esta vez al 
mando del coronel Verduzco, jefe del Estado Mayor de Anguiano. 

La organización emprendida por el general Gorostieta comenzaba 
a producir abundantes frutos. l 

Al estado de Zacatecas lo dividió en cinco sectores, a cargo, res- 
pectivamente, de lós jefes José María Gutiérrez, Valdovinos, Felipe 
Sánchez, Pedro Sandoval y Pedro Quintanar. La división del general 


Méjico Cristero. . 411 


Degollado Guizar conservaba sustancialmente su misma constitución: 
El control de la jefatura de Colima, dividida en dos sectores, abar- 
. caba el propio estado, la extremidad sur de Jalisco y parte de Michoa- 
cán, esta última al mando del coronel José González Romo quien, a la 
muerte del general Luis Guízar Morfín, había quedado al frente de 
la región de Coalcomán. El primer sector, a cargo del general Miguel 
Anguiano, ocupaba la casi totali- 
dad territorial del estado de Coli- 
ma y las zonas de Jalisco y Michoa- 
cán que dependían de la jefatura 
de Colima. 

. Las fuerzas del general An- 
guiano estaban divididas en cinco 
zonas principales: las del Volcán, 
a cargo del mayor Félix Ramírez; 
las del Cerro Grande, al mando 
del coronel José Verduzco, jefe del. 
Estado Mayor; las de la región de 
Tuxpan, al mando del mayor Fili- 
berto Calvario; las de El Naranjo 
y Vallecito, al mando del mayor 
Plutarco Ramírez, y las de Coal- 
comán, al mando, como antes dije, 
del coronel González Romo. 

El segundo sector, localizado 
dentro del estado de Colima, es- 
taba a cargo del brigadier Andrés 
Salazar. Su regimiento y el del 
coronel González Romo eran, si- o a 

_guiendo la enumeración hecha por i regimiento “Valparaiso” asiste dezo- 
la nueva organización militar im- rante el mes de marzo de 1929. 
plantada por el general Gorostieta, 
el sexto y octavo, respectivamente. Los regimientos segundo y cuarto, 
que formaban la brigada “Dionisio Eduardo Ochoa”, lo componían las 
fuerzas del primer sector. . 

Los números nones de los regimientos correspondíari a otros núcleos 
del sur de Jalisco, independientes de la jefatura de Colima: el primero 
era el del general Bouquet; el tercero estaba a cargo del- general Michel; 


412 $ Antonio Rius Facius 


el quinto era comandado por el general Vicente Cuevas y el séptimo 
y noveno estaban bajo las órdenes del general Luis Ibarra. Estos gran- 
des conglomerados estaban subdivididos en otros más pequeños, los 
cuales, dado el sistema de guerrillas adoptado, tenían una cierta liber- 
tad de acción y no estaban de ordinario unidos en una sola columna. 

Sería largo y tedioso enumerar detalladamente todos y cada uno 
de los grupos y sus respectivos jefes que integraban el Ejército Liber- 
tador. Como simple resumen basta saber que, en la importante región 
de Los Altos, los sectores en que fue dividida estuvieron a cargo de 
jefes tan ameritados como Pedroza, Rocha, Hernández, Loza Márquez, 
Flores, Valdés, etc. Durango tuvo como jefe al general Mora. En el es- 
tado de Michoacán operaban Ramón Aguilera, Ignacio Sánchez Ramí- 
rez, José María Méndez, Ignacio Robles, Maximiliano Barragán, ete. 

Al reorganizar su ejército, el general Gorostieta dejó como jefe 
de las fuerzas del estado de Guanajuato y regiones limítrofes de San 
Luis Potosí y Aguascalientes al general Posada Ortiz, bajo. cuyas órde- 
nes operaban Fortino Sánchez, los hermanos Ramírez y el terrible gue- 
rrillero Salinas, entre otros. 

En este punto se encontraba la defensa armada de los cristeros 
cuando surgió ura nueva esperanza en Méjico: la rebelión escobarista; 


Rebelión escobarista.—El continuismo dictatorial de Calles se per- 
filaba en el panorama nacional con la imposición en la Presidencia de 
sus incondicionales. Un sector mayoritario del Ejército Nacional se 
mostraba inconforme con tal estado de cosas y organizó un levanta- 
miento para destruir, desde sus bases, el pelelismo naciente. 

He aquí la esencia del manifiesto que, con el nombre de Plan de 
Hermosillo, dieron a conocer: 

«Pasiones bastardas, ambiciones desenfrenadas, imposturas delictuo- 
sas y cínicas, concupiscencias criminales y actuaciones sistemáticas de 
farsa y de comedia, han hecho del gobierno y de las instituciones una 
escuela de mercantilismo, de corrupción y de bajeza, ahí se ha dado 
cita todo lo que mancha, deturpa o envenena. El majestuoso recinto 
de los poderes públicos hase convertido en mercado vulgar donde se 
cotiza todo: desde la moral y la ley escrita hasta el honor y el sentir, 
el pensar y el querer del pueblo. Al alma mater de esta escuela de 
corrupción, de esta fuente de vicio que se desborda, de esta red insa- 
ciable de poder y de riqueza; el gran maestro de la mixtificación y de 
la farsa, el administrador supremo de este mercado maldito de los valo- 


t y . 


Méjico Cristero . l 413 


res morales, el diabólico inspirador de persecuciones inhumanas y sal- 
vajes, el inventor. de instituciones tabernarias y de delincuencia y de 
crimen: Plutarco Elías Calles, el judío de la revolución mejicana, pre- 
tende hoy continuar a toda costa en el sitio de los césares, quiere seguir 
imponiendo el capricho de su voluntad sobre la ley, sobre las institucio- 
nes y sobre la voluntad suprema del pueblo, y para ello inventa cada día 
nuevas mascaradas, nuevas comedias y mixtificaciones nuevas, ha so- 
ñado en la posibilidad de burlar una vez más el sentir y el querer 
del pueblo imponiendo en la Presidencia de la República, por la fuerza 
de las bayonetas y del crimen, a uno de sus títeres, a uno de sus ins- 
* trumentos, a uno de los miembros de su farándula.» ** 

El día 3 de marzo de 1929, a las primeras horas de la mañana, le 
fue comunicada a Portes Gil la no por esperada no menos temida noti- 
«cia del levantamiento del Ejército. Según confesión propia, envió inme- 
diatamente un recado a Calles, pidiéndole que fuese a verlo y, una hora 
escasa después de este angustioso llamado, el general Plutarco Elías 
Calles se había convertido en ministro de Guerra. A los pocos días 
salió Calles a enfrentarse con los rebeldes en el norte del país. 

«Se levantaron muy cerca de treinta mil hombres, perfectamente 
armados y pertrechados, quedando desde el primer día sustraídos a_la 
acción del Gobierno Federal los estados de Veracruz, Sonora, Sinaloa, 
Chihuahua, Coahuila, parte de Nuevo León, Zacatecas y Durango.» “t 

Dos semanas antes que estallara esta rebelión, representantes auto- 
rizados del general Gorostieta, conectados con el Comité Directivo de 
la Liga, entre ellos los acejotaemeros hermanos Luis y Salvador Chá- 
vez Hayhoe, teniendo presente aquella máxima que dice: “el enemigo 
de tu enemigo es tu amigo”, celebraron un pacto con el general José 
Gonzalo Escobar, que fue aprobado por el general Gorostieta, quien 
giró la siguiente orden circular N°? 5: 

«. . . Nuestro Centro de la Ciudad de Méjico, al informarme de todo 
lo anterior, me informó para conocimiento de la Guardia Nacional y 
aprobación mía, de un pacto que, antes de iniciar el movimiento, hizo 
con nuestros directores el jefe del nuevo movimiento, general Gonzalo 
Escobar. Dicho pacto se reduce básicamente a dos condiciones: 

»Compromiso solemne, de parte del nuevo movimiento, de otorgar 
todas las libertades que nosotros hemos venido reivindicando, de ma- 
nera muy especial la libertad de conciencia y de enseñanza; y el reco- 
nocimiento pleno de la Guardia Nacional, con todos los grados otorga- 
dos o por otorgar por el jefe de la Guardia... 


P) 


414 i Antonio Rius Facius 


»Yo he aceptado lo pactado por nuestro Centro, por las razones si- 
guientes: 

»Se reconoce la justicia de lo que defendemos, lo que constituye un 
triunfo completo y sin reservas para nosotros. 

»Se reconoce a la Guardia Nacional como entidad, lo que garantiza 
que no burlará nuestra victoria y que nuestro Partido contará, por pri- 
mera vez desde el año de 1857, con toda clase de garantías para des 
arrollar su acción político-social.» 3? 

La rebelión escobarista estaba ramificada principalmente en estas 
tres regiones: Veracruz, dirigida por el general Jesús M. Aguirre; 
Sonora, a las órdenes del general Francisco R. Manzo; y Durango a 
cargo del jefe de la rebelión, general José Gonzalo Escobar. 

El primer brote surgió en Veracruz el 2 de marzo, y el general Agui- 
rre, abandonado por algunos regimientos, se vió obligado a replegarse 
hacia el Istmo de Tehuantepec. Poca resistencia pudo presentar a las 
fuerzas que lo persiguieron y, el día 20, fue apresado, y fusilado al día 
siguiente. El día 6 de marzo, el general Escobar desconoció'al gobierno 
desde la ciudad de Monterrey y se trasladó a Tampico. Dos días des- 
pués el general Francisco Urbalejo, desde Durango, secundó la rebelión 
y avanzó hacia el sur. El general Marcelo Caraveo, gobernador de 
Chihuahua, también desconoció el gobierno de Portes Gil. 

Plutarco Elías Calles, secretario de Guerra, encomendó una colum- 
na al general Juan Andrew Almazán para que avanzara sobre Monte- 
rrey y Saltillo. Lázaro Cárdenas, al frente de otra columna, inició su 
marcha desde Zacatecas rumbo a Durango. Los rebeldes se replega- 

-ron hacia Chihuahua y mientras Cárdenas se trasladaba al noroeste a 
combatir a las tropas de Manzo y Topete, Almazán continuaba hacia 
el norte, y el general Saturnino Cedillo, al frente de cinco mil hom- 
bres, se dispuso a enfrentarse a los invencibles cristeros, 

«El único que se batió con provecho y demostró sus dotes militares 
fue el general Escobar. Sus ordenados repliegues, después de conse- 
guir el objetivo militar que le imponían la táctica y las circunstancias 
en que se encontraba, habían desconcertado a los callistas. La gran 
batalla que dio en Jiménez, causando al gobierno cerca de 4,000 bajas 
entre muertos y heridos, con visos de convertirse en victoria completa, 
se trocó en derrota debido al auxilio que al callismo le prestaron aero- 
planos americanos de combate que arrojaron, sobre las tropas suble- 
vadas, toneladas de bombas de gases asfixiantes y de granadas de in- 
cendio. 


Méjico Cristero 415 


». .. Calles, para salvar a su partido, no tuvo inconveniente en, que 
un país extranjero derramara impíamente la generosa sangre de los 
mejicanos que luchaban por el santo ideal de la libertad. Por eso un 
alto personaje dijo: “La desgracia es que este triunfo. no sea nuestro, 
sino americano”.» *? 


XXXV 
TRIUNFO Y MUERTE DE GOROSTIETA 


Perfiles de victoria.—El gobierno en busca de una 
solución.—Agresiva requisitoria cristera.—La muerte 
G del héroe. 


Perfiles de victoria.—El fracaso militar del pronunciamiento escoba- 
rista no menguó los ánimos, ni-la fuerza, ni las crecientes posibilida- 
des de alcanzar el triunfo de los cristeros, cuya organización, desligada' 
e independiente del Ejército Federal sublevado, no fue afectada, antes. 
bien, su poderío hízose cada vez más notorio con las frecuentes y gra- 
ves derrotas que infligieron a los callistas. Grandes regiones del terri- 
torio nacional quedaron fuera de la jurisdicción del gobierno de Portes 
Gil; entre éstas, muchas donde operaba la Guardia Nacional, que tuvo 
que salir materialmente en busca de su enemigo. 

A mediados del mes de marzo de 1929, el general Degollado Guízar 
reunió a los principales jefes de sus fuerzas que operaban en el sur 
de Jalisco, para tomar la importante población de Cocula, Jal. Era el 
medio día del 18 de marzo cuando la columna, formada por 1,700 hom- 
bres, hizo su entrada a la población bajo una lluvia de flores y confeti 
que el pueblo arrojaba a manos llenas sobre los libertadores, El alegre 
repiquetear de las campanas y los vivas a Cristo Rey y Santa María. 
de Guadalupe atronaron el espacio. 


En previsión de ser sorprendidos por el enemigo, en varios puntos 
estratégicos fueron situadas algunas avanzadas, mientras el general 
Degollado Guízar convocaba a una reunión de jefes, para darles a co- 
nocer un plan de ataque contra los agraristas de San Martín Hidalgo. 


417 
MÉXICO CRISTERO.—27 


418 ; Antonio Rius Facius 


Cuando se disponía a tomar a media noche un leve descanso, antes 
de emprender la dura jornada, recibió el general Degollado aviso de 
que una columna callista de 1,500 hombres, se acercaba al pueblo. 
Hubo necesidad de concretar, a toda prisa, un nuevo plan de batalla, 
consistente en salir de la población a las seis de la mañana y provocar 
el ataque enemigo en la llanura, pues difícilmente se atrevería éste a 
entrar al poblado, donde los cristeros podían fortificarse. 

Y así lo hicieron; al abandonar Cocula la retaguardia de las tropas 
cristeras, fueron atacadas en la llanura por los federales, pero ya esta- 
ban previstos todos los movimientos del coritraataque y, en pocos mi- 
nutos, ante el grave riesgo de ser aniquilados, los callistas huyeron 
desordenadamente hacia la población. 

Otra columna enemiga que avanzaba por el camino de Ameca fue 
detenida y derrotada por las tropas de los generales Michel, Arreola 
y el coronel José Gutiérrez, causándoles numerosas bajas y recogién- 
doles gran cantidad de armas y millares de cartuchos. El poblado, 
mientras tanto, fue cercado por los jefes Ibarra, Gómez, Cueva, Esparza, 
Silva y otros más, para obligar a los soldados enemigos que no pudie- 
ron escapar a refugiarse en el templo parroquial. Toda la tarde y la 
noche duró el cerco a la iglesia; al día siguiente, el teniente Débora 
- de los federales, rindió incondicionalmente su tropa; el general Dego- 
llado, que sabía estimar la hombría, después de desarmar a los vencidos 
los dejó en libertad y permitió, en un gesto de caballeroso reconoci- 
miento al valor, que el teniente conservara sus propias armas. 

«El teniente Débora —dice Degollado en sus memorias— era y es 
hombre de honor: nunca cometió actos indebidos contra los cristeros 
ni contra sus familias.» 

- Al término de un mes, el general Degollado recibió comunicación 
urgente del jefe del Control Militar de la Liga en Jalisco, Luis B. 
Beltrán: y Mendoza, para que se presentara un día determinado en 
cierto lugar de Los Altos a conferenciar con el general en jefe, Enrique 
Gorostieta. Desafiando todos los peligros viajó Degollado hasta Gua- 
dalajara y se comunicó con Luis B. Beltrán, quien le informó que él le 
acompañaría al lugar de la entrevista, lejos de la ciudad. Marcharon 
juntos al encuentro de los generales Enrique Gorostieta y Jesús 
Rebollo, jefe- del Comité Especial de la Liga, cargo que equivalía al 
de ministro de Guerra, y otras personas importantes del movimiento 
cristero que concurrieron a esa reunión hecha a campo abierto. 


Méjico Cristero 419 


El general Rebollo informó a Gorostieta sobre la situación de las 
distintas regiones del país. 

«—¿Cuánto suman aproximadamente las tropas bajo su mando? 
—preguntó el general en jefe a Degollado. 

»—Las fuerzas de la División, tomando en cuenta las del Occidente 
y Sur de Michoacán, pasan de siete mil hombres, los cuales están esca- 
sos de cartuchos, pero las armas todas son buenas, porque ya no hay 
más que de 7 milímetros. Actualmente en la parte Sur de Jalisco las 
fuerzas están bien armadas y con cartuchos.» 


t a 
Después de recorrer las adornadas calles de Huejuquilla, Zac., la procesión hace 
alto: en la plaza principal y es expuesto el Santisimo Sacramento en el kiosco. 
Fiesta del Corpus, 29 de mayo de 1929. 


El informe pareció agradarle al general Gorostieta quien, después 
‘de hacer algunos comentarios, le dijo: 
-~ «—Quiero comunicarle que tengo resuelto atacar Guadalajara, no 
para conservarla en nuestro poder, pero sí para hacernos de muchos 
elementos que nos permitan llevar a efecto operaciones de más enver- 
-gadura.» * 
` Le dio detalles sobre la guarnición que defendía la ciudad y los 
cálculos que había hecho sobre la cantidad de fuerzas necesarias para 
efectuar el ataque y pidió al general Degollado que estudiase un plan 
combinado para efectuarlo. Éste, que ya había pensado con anteriori- 
„dad en el asalto a Guadalajara, tras un rato de meditación le hizo cono- 
-cer su proyecto, en el que estaban previstas todas las eventualidades. 


420 Antonio Rius Facius 


El general Gorostieta quedó satisfecho y le dijo que, en su oportuni- 
dad, le haría conocer la fecha del ataque para que preparara todas 
sus tropas. 

El triunfo se acercaba. Medio millón de cartuchos estaban a punto 
de ser embarcados en los Estados Unidos con destino a la Guardia 
Nacional. Todo esto hacía 
que la situación política 
de Calles y su grupo fuera 
cada vez más inestable, 
razón por la cual el go- 
bierno comenzó a preocu- 
parse por llegar a un en- 
tendimiento directo con el 
Papa sobre la cuestión re- 
ligiosa en Méjico. 


El gobierno en busca 
de una solución.—En los 
primeros meses del año 
de 1929, le fue encomen- 
dada al abogado Nozzetti 
la tarea de localizar al 
obispo de Tulancingo, 
Mons. Vicente Castellanos 
y Núñez. Una vez puesto 
| al habla con el alto perso- 
` naje, le pidió, en nombre 
de Calles y Portes Gil, 
que le fuese facilitado el 
acceso a la Santa Sede 
por medio de los prelados 


Mons. Migwel de la Mora, obispo de San Luis que. Aun aN encontraban 

Potosi, presidente del Subcomité Episcopal. en la capital de Méjico: 

o en sus cercanías, para 

tratar de llegar a un arreglo basado en determinadas proposiciones que- 
presentó por escrito. 

Intervenía también en estos secretísimos tratos la esposa de Plu- 

tarco Elías Calles, Leonor Llorente. El obispo de Tulancingo dio cuenta 

de estas proposiciones al obispo de San Luis Potosí, Mons. De la Mora, 


Méjico Cristero 421 


y ambos citaron a una junta del Subcomité Episcopal, a la que asistie- 
ron siete u ocho mitrados, entre ellos el de Chihuahua, Mons. Antonio 
Guízar y Valencia, quien optó después por marchar a los Estados Uni- 
dos y no asistió a las demás reuniones, en las que se hicieron algunas 
modificaciones a las propuestas hechas por el gobierno, discutidas y 
aprobadas en frecuentes intercambios entre el abogado Nozzetti y el 
Subcomité Episcopal. 

Una vez terminada la redacción definitiva de la propuesta al Papa, y a 
punto de salir hacia Roma el intermediario oficial, el arzobispo Ruiz 
y Flores hizo venir por tierra los arreglos cuyas bases iniciales pro- 
puestas eran las siguientes: 

«Puntos que definen el acuerdo que podría llegar al Gobierno de 
la República Mejicana con Su Santidad el Papa, en el conflicto reli- 
gioso que afecta al país en general: 

»I.-—Todos los sacerdotes, curas y clero en general, deberán dar el 
domicilio en donde viven y el Ejecutivo tomará esta actitud como el 
registro que con anterioridad exigía el ayuntamiento. 

»11.—Todos los templos, seminarios, escuelas, y en general tidas 
aquellos edificios que fueron del uso de la Iglesia Católica y que en 
el año de mil novecientos diecisiete le fueron quitados por el gobierno 
del señor Carranza, le serán devueltos. 

ə»Ill.—Se podrá tener libertad de conciencia en absoluto. 

»IV.—Libertad de imprenta no atacando al gobierno constitucional. 

» V.—Libertad de enseñanza. 

»VI—Libertad de asociación, A y B: A) Los directores en gene- 
“ral de conventos o asociaciones católicas, tendrán que dar parte a la 
Secretaría de Gobernación, manifestando de cuántos religiosos se com- 
pone el convento o bien de los socios con que cuenta la mencionada 
“asociación; pudiendo gozar los derechos que tienen las asociaciones de 
_beneficencia privada. = 

»VII.—Los sacerdotes extranjeros podrán regresar a la República 
para el ejercicio de su cargo. 

»VIII.—El gobierno cree firmemente que arreglados los anteriores 
«puntos se podrá llegar a un acuerdo final. 
` »De la cláusula VI segundo punto llamado B.—En estos conventos 
o sociedades religiosas no tendrá que haber política contra el gobierno 
“en ninguna forma.» 

+ "El simple anuncio público de la intervención del arzobispo de Mo- 
-relia en posibles pláticas de avenimiento con Portes Gil, no sólo hizo 


422 Antonio Rius Facius 


fracasar esos arreglos en principio justos, sino que sembró la alarma 
y desorientación entre los hombres que luchaban en el campo por la 
libertad de la Iglesia. ; 


Agresiva requisitoria cristera. — El jefe supremo de la Guardia 
Nacional, plenamente consciente del peligro que representaba para la 
causa católica este coqueteo superficial con el régimen, escribió una 
extensa carta al Comité Directivo de la Liga que, por su interés, el 
claro sentido de la realidad de aquellos días, su profundo y equilibrado 
juicio, orienta, más que ningún otro documento, cuál era el sentir de 
la mayoría católica combatiente de Méjico. 

El histórico documento fechado en El Triunfo, Jalisco. el 16 de 
mayo de 1929, comienza refiriéndose a las noticias que. esporádica- 
mente, han aparecido en la prensa sobre la posibilidad de llegar a un 
arreglo para poner fin al problema religioso, entre el llamado go- 
bierno y algún señalado obispo. Dichas noticias han llenado de amar- 
gura y temor a los que arrostran infinitos peligros en el campo, a más 
de producir repentina paralización en el crecimiento de las fuerzas 
libertadoras. 

En el momento en que el déspota había consumado la derrota de 
sus propios corifeos, cuando el pavor cundía por toda la nación y se 
requería un «esfuerzo casi sobrehumano para evitar que ese desaliento 
contaminase a los que luchan», la prensa esparce el rumor de posibles 
pláticas entre Portes Gil y el arzobispo Ruiz y Flores. 

La Guardia Nacional, parte interesada en cualquiera resolución que 
` quiera dársele al conflicto, desea exponer la manera de sentir de los 
que luchan para que sea conocida por el episcopado mejicano y su san- 

tidad, y «obtener el nombramiento de un nuncio o el de un primado 
que venga a poner fin al caos existente, que unifique la labor político- 
social de nuestros obispos», pues éstos, al entrar en pláticas con el 
gobierno, «no pueden presentarse sino aprobando o desamrobando 
la actitud asumida, sin género de duda, por más de cuatro millones de 
- mejicanos y de cuya actitud es producto la Guardia Nacional, que 
cuenta por ahora con más de veinte mil hombres armados y con otros 
tantos que, sin armas, pueden seguramente ser considerados en dere- 
cho como beligerantes.» i 

El gobierno, al tratar con los obispos, lo hace en la creencia de que 

todos estos hombres entregarán sus armas, arrebatadas a él mismo. 


Méjico Cristero 423 


Si los prelados aprueban la actitud de la Guardia Nacional, «que era 
ya la única digna. que nos dejaba el déspota, tendrán que consultar 
nuestro modo de pensar y atender nuestras exigencias». Pero si,. por” 
el contrario, desaprueban los sacrificios de la «enorme multitud que 
tiene todos sus intereses y sus ideales jugándose en la lucha, si se olvi- 
dan nuestros muertos, si no se toman en consideración nuestros miles 
de viudas y huérfanos, entonces levantaremos airada nuestra voz y, en 
un nuevo mensaje al mundo civilizado, rechazaremos tal actitud como 
indigna y como traidora, y probaremos nuestra aseveración. Personal- 
mente haré cargos a los que ahora aparecen como posibles mediadores.» 

Son muchas y diversas las razones para que sea la Guardia Nacio- 
nal, y no el episcopado, quien resuelva esta situación, pues el problema 
no es exclusivamente religioso, sino afecta a la libertad política-social 
del pueblo, que la Guardia Nacional defiende y representa. 

Niega capacidad a los obispos, que por su larga ausencia del país, 
ignoran las transformaciones sufridas por el puéblo, «para represen- 
tarlo en actos de tamaña trascendencia... es el pueblo mismo el que 
necesita una representación, es la voluntad popular la que hay que 
consultar» y no son los obispos los que pueden ostentar dicha repre- 
sentación, pues no todos han corrido, «como buenos pastores, la suerte 
de sus ovejas». 

«La Guardia Nacional es el pueblo mismo; es la institución que en 
el pasado y en el presente de esta lucha se ha hecho solidaria de la 
ofensa inferida al pueblo mejicano, en un tiempo indefenso, por me- 
jicanos traidores; la Guardia Nacional velará también en el futuro por 
los intereses de ese mismo pueblo de donde ha nacido. Tiene todos los 
elementos necesarios para hacerlo; la Guardia es el contrincante natu- 
ral de todo lo que en Méjico hay de indigno y de espurio. La Guardia 
tiene ya algunas armas y son éstas la única seguridad que tenemos de 
vivir en un relativo ambiente de justicia. 

»Si se nos objetara que la fuerza material con que contamos no és- 
de tomarse en consideración, podemos desmentir tal dicho con sólo 
hacer notar que es nuestra actitud la que provoca el intento del tirano 
para solucionar el conflicto. Esto está en la conciencia de todos. Pero 
aún hay más; nuestra fuerza está constituida por un pequeño ejército, 
pobre en armas, riquísimo en virtudes militares, que lucha cada día 
con más éxito por libertarse de una jauría rabiosa que la esclavi- 
zaba; por un pueblo entero que está decidido a conquistar todas las 
libertades y que tiene puestos sus ojos no en la promesa banal que puede 


424 Antonio Rius Facius 


hacerse al episcopado, sino en la obligada transacción a que tiene que 
someterse el grupo que ahora nos tiraniza. ..» 

No es fuerza material lo que solicitan al episcopado, sino fuerza 
moral; con ella serían omnipotentes, y para obtenerla bastaría que uni- 
ficasen su criterio y aconsejase al pueblo cumplir su deber digna y 
virilmente. Pero las disensiones de los obispos han impedido «una 
“acción conjunta y pujante». 

El principal problema que han tenido que afrontar los jefes del 
movimiento ha sido el de la obtención suficiente de pertrechos, que 
fácilmente hubieran podido adquirir si, «en vez de cinco estados de la 
República, responden al grito de muerte lanzado por la patria treinta 
p más diócesis. El decantado poder del tirano que nosotros estamos 
tan capacitados para medir hubiera caído hecho añicos al primer golpe 
de maza, tal vez con que hubiera logrado que por primera y única vez 
en la historia de nuestros martirios nacionales, los príncipes de nues- 
tra Iglesia hubieran estado de acuerdo únicamente para declarar que: 
la defensa es lícita y en su caso obligatoria... ü 

»Aún es tiempo de que, enseñándonos el camino del deber y dando 
pruebas de virilidad, se pongan francamente en esta lucha del lado de 
la dignidad y del decoro. ¿Acaso no los ata ya a nosotros la sangre de 
más de doscientos sacerdotes asesinados por nuestros enemigos? ¿Hasta 
cuándo se sentirán más cerca de los victimarios que de las víctimas?» 

Incontables razones les hace «exigir, no solicitar», que la solución 
del problema sea dejado en sus manos y que se deje al pueblo «termi- 
nar su obra de liberación. 

“»Que los señores obispos tengan paciencia, que no se desesperen, 
que día llegará en que podamos con orgullo llamarlos en unión de nues- 
tros sacerdotes a que vengan otra vez entre nosotros a desarrollar su 
sagrada misión, entonces sí en un país de libres. ¡Todo un ejército de 
muertos nos manda obrar así! 

»Como última razón creemos tener derecho a que se nos oiga, si 
no por otra causa, por ser parte constitutiva de la Iglesia Católica en 
Méjico, precisamente por ser parte importantísima de la institución 
que gobiernan los obispos mejicanos.» 

Pide que sea dado a conocer a las autoridades eclesiásticas toda la 
anterior argumentación para que se ponga fin a tantas desorientacio- 
nes y se ayude, así, a la Guardia Nacional “en su labor por Dios y 
por la patria”. 


- Méjico Cristero f 425 


Terminaba el general Gorostieta su valiente requisitoria con este 
párrafo un tanto profético: 

«Creo de mi deber hacer del conocimiento de ustedes, que vamos a 
sufrir en los próximos meses la más dura prueba de toda esta epopeya, 
que tenemos que hacer frente a una agudísima crisis que señalará nues- 
tro triunfo o nuestra derrota y se hace necesario que todos pongamos 
a contribución el mayor esfuerzo y aprontemos la mayor ayuda. Yo ase- 
guro a ustedes que la Guardia Nacional cumplirá con su deber, pero 
pido que no se nos exija ir más allá del deber.» 


La muerte del héroe.—El general Gorostieta demostraba, con su 
propia y extraordinaria actividad y denodado valor, la justicia de la 
causa que defendía. No se daba un momento de reposo; viajaba ince- 
santemente de un lugar a otro para organizar sus fuerzas, disponer 
nuevos y más decisivos ataques, y atender innumerables asuntos de 
índole civil y administrativa. 

El gobierno de Portes Gil, una vez eliminado el peligro de la rebe- 
lión escobarista, concentró sus elementos de guerra para combatir a los 
eristeros. En la región de Michoacán, el general callista Lázaro Cár- 
denas recibió refuerzos. Gorostieta, en previsión de algún descalabro, 
nombró jefe militar del estado al general Alfonso Carrillo Galindo y 
dispuso que marchara hacia allá para conjurar el peligro. ` 

Para darle posesión de su cargo, el general Gorostieta y un redu- 
cido grupo de sus más adictos oficiales acompañaron al general Carri- 
llo a Michoacán. Al mismo tiempo, sin que para ello hubiera habido 
previo acuerdo, salieron del rancho Las Cuestas diez cristeros al mando 
del coronel Rodolfo Loza Márquez, entre ellos su hermano, el jefe civil 
Ildefonso Loza Márquez, procedente de Los Altos, donde había orga- 
nizado varias jefaturas Civiles. La noche del 19 de mayo de 1929 lle- 
garon al rancho Barranquillas y, minutos más tarde, el grupo del gene- 
ral Gorostieta arribó al mismo lugar. Al día siguiente, para evitar todo 
encuentro con fuerzas gobiernistas, subieron todos a un monte cercano, 
mientras cruzaba un destacamento federal por el rancho. Pasado el peli-* 
gro retornaron los cristeros a Barranquillas y allí el general Goros- 
tieta dictó al mayor Heriberto Navarrete una carta dirigida al general 
chihuahuense Marcelo Caraveo, invitándolo a unirse al movimiento. 

El polvo del camino produjo al jefe de la Guardia Nacional una 
molestísima conjuntivitis y, para evitar los rayos del sol, optaron por 


426 : Antonio Rius Facius 


caminar de noche y esconderse durante el día. Así, con variados inci- 
dentes, llegaron el día 28 de mayo a Los Sauces, un lugar cercano a. 
Ocotlán, Jal., en donde se les unió el ingeniero Alfonso Garmendia. 

El 31 de mayo partió el grupo hacia Pitahayo, Jal., y al día siguiente, 
ante la presencia de soldados federales en Tototlán y la hacienda Ca- 
rrozas, continuaron su camino para llegar, a las nueve de la mañana 
del domingo 2 de junio, a la hacienda El Valle, distante 30 kiléme- 
tros de Atotonilco. i 

Los veinte cristeros entran al patio de la finca; la jornada ha sido 
larga y cansada, atienden sus caballos, aflojan sus monturas y les qui- 
tan los frenos para que coman y beban. Después disponen su propio 
yantar: un jarro de leche y pan. El general Gorostieta siente agudas 
punzadas en los ojos; se recuesta en una habitación contigua al zaguán 
para descansar un momento. 

-Frente a la finca hay unas pobres casas de adobe; detrás una cañada 
por la que desemboca un camino. 

Los cristeros han desayunado; unos se dirigen a un pequeño comér- 
cio que abre sus puertas frente al casco-de la hacienda, otros suben a 
la azotea: desde allí se domina la llanura: Dejan desguarnecido, sin 
saberlo, el oculto camino de la cañada. 

Sorpresivamente aparecen por allí los primeros soldados del 422 
Regimiento de Caballería. Suben despacio, con descuido, metidas sus 
armas en los guardapolvos. Un capitán gordo y trigueño va al frente.. 
Uno de los hombres del general Gorostieta advierte, desde la puerta 
del pequeño comercio, la presencia de los soldados, y dispara contra 
ellos su pistola. El coronel Loza Márquez corre a ocultarse dentro de 
la finca; porta un saracof, usual entre los militares, y este detalle hace 

“que los soldados de caballería se confundan y griten que no disparen, 
que son los mismos, hasta que un grito de ¡viva Cristo Rey! los saca 
de su error y se preparan al ataque. 

El general Gorostieta se levanta con rapidez, mide el peligro que 
los acecha y da la orden: 

—Hay que salir de aguí en la forma que sea; monten todos inme- 
diatamente y salgamos antes de que ños cerquen. . 

Pero los caballos, con el ruido de los disparos, se encabritan, y sólo 
-el general Gorostieta logra montar al suyo. Toma entre sus manos por 
un instante el crucifijo que lleva en el pecho, lo mira y se lanza a toda: 
carrera hacia la salida. Una descarga cerrada lo recibe afuera y cae 
su caballo; él regresa al interior del caserón. 


Méjico Cristero 427 


—Estos mugrosos me mataron mi caballo y cogieron mi archivo 
—dice indignado. ` 

Uno de sus hombres le pregunta: 

—¿Qué hacemos, mi general? 

—Pelear como los valientes y morir como los hombres —responde. 

Los cristeros rechazan denodadamente a sus enemigos. Han sido 
rodeados y es peligroso y difícil escapar. No obstante, el mayor Heri- 
berto Navarrete, ayudante del general, el coronel Rodolfo Loza Már- 
quez y el soldado Jesusillo lo intentan por un pequeño huerto de na- 
_ranjos que está 
junto a la finca. 
Los tres logran su 
propósito, 

Gorostieta pre- 
tende seguir el 
mismo camino, 
pero el cerco. ya se 
ha cerrado. Una 
voz quiebra el gol- 
peteo de las balas: 

—¡Quién vive! 

. —¡Viva Cristo 

Rey! —responde 
desafiante Enri- 


sa de € 07 ack 


sip [yrigub 


que Gorostieta. Cadáver del generalisimo cristero Enrique Gorostieta Ve- 

Son sus postreras larde, EEE los mr ei P. Rodriguez S,, 
. a Ni -O.F . : 

palabras: una ré gorenei H G. Pachete y mayor P. Me, auien coman- 

faga de plomo del Valle, Jalisco, el 2 de junio de 1929. 

siega su vida. . 

Han transcurrido dos horas. Dieciséis hombres resisten heroica- 
mente el ataque de más de doscientos. No es posible prolongar por 
más tiempo la defensa; las municiones se agotan. Ante esta angustiosa 
situación, el general Carrillo Galindo consulta con Ildefonso Loza Mår- 
quez sobre la conveniencia de rendirse. Los cristeros quieren seguir el 
ejemplo de su jefe: luchar como valientes y morir como hombres; pero 
ceden al fin y entregan sus armas. Sólo uno permanece en la azotea 
y rechaza la orden: es Jerónimo Cortés. Ni súplicas ni amenazas lo ' 
doblegan, hasta que el hábito de la obediencia lo vence y se somete. 


428 o Antonio Rius Facius 


Estando ya todos reunidos, traen unos soldados el cadáver del gene- 
ral Gorostieta, al que han despojado de casi todo su vestido y calzado. 
El mayor Nungaray ici quién es; nadie responde. Vuelve a. 
insistir: i 

—Qué —dice—, ¿no conocen a éste? 

Uno se adelanta y contesta: 

—Es el general Gorostieta. 

El mayor Nungaray, jefe de la columna atacante; se hace cargo de 
los prisioneros y del cadáver. Su columna ha sufrido bajas de impor- 
tancia: seis soldados y dos oficiales muertos. Ordena que los primeros 
sean sepultados allí mismo y los segundos trasladados a Atotonilco, 
adonde vencidos y vencedores llegan ese mismo día a las seis de la 
tarde. 

La noticia de la muerte del generalísimo de los cristeros alcanza 
inmediata difusión. Los diarios del día 4 de julio la dan a conocer 
por medio del parte oficial rendido al secretario de Guerra y Marina, 
general Joaquín Amaro: 

«Lo saludo muy respetuosamente y tengo el honor de participarle que 
ayer fue batido por las fuerzas del 42% regimiento, al mando del ciudada- 
no general de brigada Pablo Rodríguez S., jefe del Cuarto Sector, el Ila- 
mado jefe supremo de la rebelión fanática, Enrique Gorostieta, habien- 
do sido muerto éste y hecho prisionero todo el Estado Mayor, que 
tengo en mi poder. El cadáver de éste, está perfectamente inyectado 
en esta plaza, permitiéndome consultarle si juzga conveniente activar 
se mande a esa capital, para que sea entregado a familiares que resi- 
den allá, así como también para que la llamada Liga Defensora de la 
Libertad Religiosa se dé cuenta de que su llamado general en jefe ha 
caído en poder de nuestras fuerzas. También le participo que del 30 
a la fecha han sufrido derrotas continuas las gavillas de fanáticos. Creo 
cumplir mi palabra de que, para el día 15 corrientes, dejaré en per-" 
fecta paz la región de Los Altos, encomendada a mi cuidado.—Res- 
petuosamente, Gral. Div. jefe de la División del Centro, S. Cedillo.» 

El general Amaro, en cuanto recibió el anterior mensaje, lo dio a 
conocer al licenciado Emilio Portes Gil, y éste dispuso que fuese en- 
tregado a sus familiares, en la capital de la República, el cadáver de 

` Gorostieta, y que el general Cedillo tratase de obtener de los prisio- 
neros todos los datos posibles sobre el movimiento cristero. 

Los dieciséis miembros de la Guardia Nacional en poder de Cedillo 
eran: general Alfonso Carrillo Galindo, jefe civil Ildefonso Loza Már- 


Méjico Cristero ` 429 


quez, capitán primero José Ocampo, teniente J. Guadalupe de Anda, 
Alfonso Garmendia, Faustino Sánchez, Juan Valenciano, Jerónimo L. 
Cortés, Luis del Valle, Antonio Sepúlveda, Rosendo Tamayo, Jerónimo 
. Gutiérrez, Rafael Aceves y los hermanos Ignacio, Felipe y José María 
Angulo. Siete de ellos fueron sometidos a tormento y Loza Márquez 
empleado como intermediario en una breve campaña de pacificación. 
Este comportamiento, inusitado en un cristero, dio lugar a que poste- 
riormente se sospechase de su fidelidad hacia el general Gorostieta. 
Al firmarse los arreglos, recuperaron todos su libertad. 
El cuerpo del pundonoroso militar cristero fue trasladado a Méjico 
y entregado a sus familiares. Durante dos días y dos noches se veló 
el cadáver en casa de ura hermana suya, en la vecina población de 
_ Azcapotzalco, D. F., y en la improvisada capilla ardiente, insuficiente 
para dar cabida a la numerosa concurrencia que asistió, celebráronse 
continuamente misas de cuerpo presente. Cubierto el féretro con la 
enseña tricolor, acompañado por una multitud de amigos, correligio- 
narios y admiradores, fueron llevados los restos de aquel héroe de 
38 años al Panteón Español. ¿ 
Sobre la lápida de su tumba, a los pies de un Cristo crucificado, 
se grabó este epitafio, síntesis cabal de su vida: 
¡Viva Cristo Rey! 
A la memoria del General de División Enrique Gorostieta Velarde, 
su esposa e hijos. 
Nació en Monterrey, N. L., el 18 de septiembre de 1890. 
Dios lo llamó a su seno el 2 de junio de 1929. 
Fue cristiano, patriota y caballero. 
Tuvo un ideal en su vida y por él supo morir: 
Dios, Patria y Libertad. 


XXXVI 


LOS ARREGLOS 


El pretexto de unas declaraciones.—Los prelados y 
Mr. Morrow.— ...si arreglos pueden llamarse. 


El pretexto de unas declaraciones.—El embajador norteamericano, 
Dwight W. Morrow, recibió un informe que su subordinado consular 
del estado de Durango había enviado al Departamento de Estado de 
los Estados Unidos, afirmando que los cristeros que operaban en aquella 
vasta región no habían secundado el pronunciamiento escobarista, 
Morrow vio en esta abstención local una oportunidad más para reali- 
zar sus secretos planes de dominio que, habiéndolo o no, estaban en 
peligro de fracasar con las negociaciones que se estaban realizando 
entre el Subcomité Episcopal y el Gobierno Federal, y envió a Portes 
Gil al reportero americano Dubose, para que le hiciera un reportaje 
relacionado con el problema religioso, al que se había referido el se- 
eretario de la Mitra de Oajaca, presbítero Villagómez, afirmando que 
«los católicos y padres bajo sus órdenes tienen el deber de respetar 
a las autoridades constituidas en el país.» 

Portes Gil respondió al cuestionario que se le presentó, sin ocultar 
su menosprecio hacia la Iglesia y los que la defendían: 

«—Indudablemente que, si todos los altos dignatarios de la Iglesia 
Católica procediesen como lo ha hecho el señor secretario de la Mitra 
de Oajaca —dijo en sus declaraciones—, los actos de desobediencia a 
las autoridades legítimamente constituidas y los llevados a cabo por 
grupos de fanáticos, sin miramiento alguno a las leyes, hubieran ya. 


481 3 


432 Antonio Rius Facius 


desaparecido o, por lo menos, serían muy contados. Por desgracia, esa 
falta de reprobación a dichos actos, por parte de, elementos represen- 
tativos católicos, y aun su tolerancia, da por resultado que se estén 
repitiendo con más frecuencia de la que en un principio los caracte- 
rizó. .. Naturalmente, el gobierno no culpa de estos hechos al elemento 
católico del país... no persigue en manera alguna a la religión... pero 
es natural que éstas (las autoridades) por elemental deber, tengan que 
exigir respeto a las leyes.» 

Y eran, precisamente las tan traídas y llevadas leyes, el arma con la 
que el régimen de los revolucionarios pretendía justificar su sangrienta 
persecución. 

A otra pregunta de Dubose respondió Portes Gil: 

«... respecto de los elementos que en los estados de Jalisco, Gua- 

. najuato y Michoacán, vienen operando con la bandera del fanatismo 
católico, creo que sólo han sido dirigidos por sacerdotes de ínfima cate- 
goría, algunos de los cuales encabezan pequeños grupos; pero no en 
general por representativos del clero, que se han mostrado, en cierta 
forma, indiferentes a este movimiento, con excepción del señor arzo- 
bispo de Guadalajara, Orozco y Jiménez, que sí dirige a estos grupos 
inconscientes, y aun recorre regiones del estado de Jalisco para ani- 
marlos a continuar su actitud belicosa.» i 

Ciertamente que no reprobaba el prelado la rebelión cristera, sin 
embargo, su abstención a ella había sido absoluta, pues desde el prin- 
cipio de la lucha había vivido ininterrumpidamente fuera de las zonas 
dominadas por los cristeros. 

-~ «—En vista, pues —concluyó el reportero—, de que la Iglesia Cató- 
lica no ha apoyado la rebelión de los militares ambiciosos (se refería 
a Escobar y su grupo), en vista de que un representante de la Iglesia 
ha hecho una declaración apoyando al gobierno (era absurdo darle a 
un miembro de la Iglesia representación total de la misma) y de que 
las altas autoridades de la Iglesia no apoyan la rebelión de los faná- 
ticos (falso, pues el movimiento había sido declarado lícito por el Co- 
mité Episcopal), ¿no le parece a usted, señor presidente, que es posi- 
ble que, después de terminar definitivamente con la rebelión militar, 
haya más. posibilidades de un entendimiento entre el gobierno y la 
Iglesia? i 

»Respuesta: —De parte del gobierno de Méjico no hay inconve- 
niente alguno para que la. Iglesia Católica reanude sus cultos cuando 
lo desee, con la seguridad de que ninguna autoridad la hostilizará, 


Méjico Cristero ? i f 433 


siempre y cuando los representativos de la propia Iglesia se sujeten a 
las leyes que rigen la materia de cultos, cumplan con -todo lo que las 
mismas previenen y se muestren respetuosos de las autoridades legal- 
mente constituidas.» * ; i 

_Y aunque parezca grotesco, fueron estas declaraciones las que tomó 
Mons. Fumassoni Biondi, delegado apostólico en Washington, influen- 
ciado sin duda por el Departamento de Estado norteamericano, -como 
cordial invitación para llegar a un acuerdo, y llamó con urgencia a 
Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, recién llegado de Roma, para orde- 
narle que “hiciera una declaración contestando al presidente Emilio 
Portes Gil”. 

El día 2 de mayo de 1929, el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores hizo 
a la prensa americana las siguientes declaraciones: 

«El conflicto religioso en Méjico no fue motivado por ninguna causá 
que no pueda ser corregida por hombres de buena voluntad. Como 
una prueba de buena voluntad, las palabras del presidente Portes Gil 
son de mucha importancia. La Iglesia y sus ministros están prepara- 
dos para cooperar con él en todo esfuerzo justo y moral para el mejo- 
tamiento del pueblo mejicano. 

»No pudiendo en conciencia aceptar la ley que ha sido puesta en 
vigor en el país, la Iglesia Católica —no por capricho, sing como un 
solemne deber—, encontró necesario suspender completamente todos 
los actos públicos del culto. Con sincero respeto pido al gobierno de 
mi país que reconsidere la legislación existente con un espíritu de sin- 
cero patriotismo y buena voluntad, para dar los pasos necesarios para 
eliminar la confusión entre la religión y la política y preparar el ca- 
mino para una era de verdadera paz y tranquilidad. . .» * 

Portes Gil entregó a la prensa metropolitana nuevas declaraciones; 
en ellas no hacía referencia alguna a posibles cambios en la legislación 

“porque «desde hacía más de medio siglo, el gobierno mejicano no tenía 
relaciones oficiales con el Vaticano y que, como el arzobispo Ruiz indu- 
dablemente sabía, las leyes de Méjico prohiben fales relaciones oficia- 
les. Sin embargo, esto no impide al gobierno cambiar impresiones con 
ministros de la Iglesia Católica, o de una manera personal tener plá- 
ticas con dignatarios de la Iglesia acerca del aleance y la interpreta- 
ción de las leyes aplicables al clero... Si el arzobispo Ruiz desease 
discutir conmigo el modo de conseguir la cooperación en el esfuerzo 
moral para mejorar al pueblo mejicano, que él desea, no tendria incon- 
veniente en tratar con él sobre la materia.» 

MÉXICO CRISTERO.—28 


434 i Antonio Rius Facius 


-El juego estaba en marcha y las cartas boca arriba. La revista 
católica The Commonweal, editada en Nueva York, lo dio a conocer 
én un artículo publicado en su número del 22 de mayo de 1929, en el 
que decía: 

«Desde el punto de vista católico, las declaraciones hechas por el 
señor Ruiz y Flores, casi son iguales a las que hizo a The Commonweal 
hace más de un año el señor obispo Pascual Díaz. Lo de que la. Iglesia 
y. sus ministros están dispuestos a cooperar con él (Portes Gil) en todo 

esfuerzo justo y moral que se haga para el bienestar del pueblo, sig- 
ifea, antes que nada; que los jefes del catolicismo aceptarían la dis- 
cusión de un modus vivendi con el gobierno. Pero, no sabemos por 
Qué síngular motivo, él presidente Portes Gil parece estar satisfechf- 
simo con las palabras del señor Ruiz. En un telegrama de la prensa 
se dice“; que Portes Gil vería con agrado la realización de conferencias 
con las autoridades aclesiásticas. Que se nos perdone la imagen que 
hos presenta: en esto vemos un escenario en el fondo, y un actor en él, 
pero “el personaje más importante en la representación queda casi 
oculto. Es, a un mismo tiempo, el empresario, director y. apuntador. 
Y se llama Morrow.» 

Efectivamente, el probónsul americano, en una visita hecha a Wash- 
ington, había transmitido un mensaje personal de Portes Gil a Mons, 
Pedro. Fumassoni Biondi, el cual partió inmediatamente para Roma, ér 
un viaje. extra rápido de ida y vuelta, de entrada por salida, mientras 
Mons, Ruiz y Flores visitaba al embajador mejicano en Washington, 
Manyel G. Téllez, para-entregarle una carta destinada a Portes Gil, en 
la que le decía' no: poder conferenciar con él, pues carecía de la repre- 
sentación del episcopado y del Papa. 

- El diario: Excélsior, editado en la capital de la República Mejicana, 
en su número correspondiente al 14 de mayo de 1929, dio a conocer 
este cable: . 

= : «Washington, “mayo 13. —El arreglo de laca cuestión cd de Mé- 
jico durante el verano de este año, es juzgado como muy probable en 
los centros: diplomáticos de Washington que están capacitados para 
hacer predicciones. Se espera de un día a otro que lleguen órdenes 
del Vaticano, para' que el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores regrese 
a la ciudad de Méjico, a-fin de conferenciar con el presidente provi- 
sional, licenciado Emilio'Portes Gil, y arreglar una junta entre el en- 
viado personal del Papa y los representantes del gobierno mejicano. .. 


Méjico Cristero i 435 


»En ciertos círculos de esta ciudad se declara que se ha llegado a 
la actual situación, en gran parte gracias a las gestiones diplomáticas. 
En los mismos centros se dice que Morrow está resuelto a que las ne- 
gociaciones sean llevadas a feliz conclusión y que ha empleado come- 
didamente la influencia del Departamento de Estado sobre el diia 
mejicano para lograr una transacción. 

»A Monseñor Fumassoni Biondi, delegado apostólico en los Estados 
Unidos, quizá le haya dado el Vaticano las instrucciones necesarias 
que permitan la preparación de un arreglo con el gobierno del licen- 
ciado Portes Gil.» 3 

Ese mismo día telegrafió Mons, Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo 
de Morelia y presidente del Comité Episcopal, a algunos prelados de 
la jerarquía católica en Méjico, el siguiente mensaje: 

«Orden superior ruégole telegrafiarme si en principio vota acepta- 
ción conferencia arreglo.» 

` Mons. Manuel Azpeitia y Palomar, obispo de Tepic, en declaracio- 
nes hechas a un diario comentó «que no es ilógico suponer, porque no 
conozco al detalle el criterio de cada uno de mis V.V, Hermanos, que 
la respuesta del episcopado mejicano (que ha admirado al mundo por 
su disciplina y unión hasta el sacrificio), será uniformemente afirma- 
tiva». Porque, ¿quién de los obispos podía negarse a obedecer una 
orden. superior, suponiblemente del papa Pío XI, y más para aceptar 
que se llevaran a cabo conferencias en busca de un arreglo? | 

« Sin embargo, Mons. Ruiz y Flores y Mons. Fumassoni Biondi, die- 
ron a dichas respuestas el valor de una votación unánime para nom- 
brar representante del episcopado al primero, y así lo hicieron saber 
al Vaticano. 

El día 16 de mayo llegó Mons. Pedro Fumassoni Biondi a Wash- 
ington, portador del nombramiento de delegado apostólico “ad refe- 
rendum” en Méjico, a favor de Mons. Ruiz y Flores, lo cual quería 
decir que su misión era únicamente la de conferenciar e informar a la 
Santa Sede los resultados de sus gestiones. 

- Mons, Leopoldo Ruiz y Flores, con este nombramiento en el bolsillo, 
hizo saber al embajador Téllez que estaba dispuesto a trasladarse a 
Méjico, e invitó, por indicaciones del delegado apostólico en Washing- 
ton, al único obispo que había mostrado decidido empeño en transar con 
el callismo, Mons. Pascual Díaz Barreto, para que lo acompañase en 
su viaje a Méjico, en busca de «un convenio cuyos lineamientos habían 


z 


436 Antonio Rius Facius 


sido ya trazados por las agencias de los diplomáticos, los señores Mor- 
row y Cruchaga Tocornal, oyendo las sugestiones de la jerarquía ame- 
ricana y especialmente las opiniones de algunos distinguidos sacerdotes 
que mucho se interesaban por nuestro país, debiendo mencionarse a 
los señores Wilfrid Parsons, S. J., Edmundo Walsh, S. J., y John 
Burke.» ?? 

Dado el cauce que tomaban los acontecimientos, cundió el temor 
entre todos aquellos que, en una u otra forma, se hallaban compro- 
metidos en la heroica defensa de la Iglesia, Nuevas voces de protesta 
se dejaron oir, pero su eco fue apagado antes de llegar a Roma. 

En el diario La Opinión, de Los Angeles, California, fue dado a co- 
nocer el siguiente telegrama: 

«Washington, mayo 31.—...En algunos círculos se afirma que el 
embajador Morrow ha sido un factor importante en el entendimiento 
a que se ha llegado entre la Iglesia y el gobierno, y hasta se llega a 
afirmar que el propio gobierno de los Estados Unidos ha ejercido su 
poderosa presión en favor de un pronto acuerdo. Este gobierno, se 
asegura, ha obrado así en la creencia de que no podrá haber estabi- 
lidad permanente en Méjico mientras la cuestión religiosa permanezca 
indefinida.» * 


Los prelados y Mr. Morrow.—El día 5 de junio de 1929 salieron de 
Washington los dos obispos mejicanos y el procónsul americano, éstos 
por la línea del ferrocarril de Pennsylvania y el segundo por la del 
Baltimore and Ohio, llegando los tres a San Luis Missouri casi a la 
misma hora. 

«En San Luis Missouri Mr. Morrow mandó poner su carro especial 
en el mismo tren en que nosotros veníamos a Méjico —cuenta Mons. 
Ruiz y Flores—, y a poco de salir de San Luis nos mandó un recado 
con su secretario para que pasáramos 'a su carro especial a conferen- 
ciar con él. Se informó de las condiciones que pondríamos al gobierno 
para reanudar el culto, tomó nota, cenamos juntos y nos despedimos. 

»En resumen le dijimos que todo nuestro anhelo era ver derogadas 
las leyes antirreligiosas y que si el gobierno, antes de derogar las leyes 
quería algún arreglo, el Papa sin duda no lo aceptaría sino a base del 
reconocimiento de la Iglesia con sus derechos de vivir y de funcionar 
con expreso reconocimiento de la jerarquía y de las libertades indis- 
pensables de poseer iglesias, anexos, casas curales, episcopales, semi- 
narios, ete., y libertad de enseñanza.» % 


Méjico Cristero . 437 


Los propósitos eran buenos ¡qué duda cabe!, y en San Antonio, 
Tejaş, Morrow hizo desenganchar su carro para no llegar en el mismo 
convdy a la ciudad de Méjico, cosa en exceso impolítica. 

Al cruzar la frontera, los obispos fueron tratados con todo comedi- 
miento y continuaron su viaje hacia la ciudad de Méjico, dando orden 
estricta al criado encargado del carro dormitorio de que no permitiese 
a nadie entrar al gabinete que ocupaban. En la estación de Huehue- 
toca, después de haber pasado Querétaro, recibieron una carta del 
padre Walsh y del ministro de Chile, Cruchaga Tocornal, pidiéndoles 
que abandonaran el tren una estación antes de la de Tacuba, D. F., 
para evitar que fuesen a hablar con alguien. Así lo hicieron. y de la 
estación de Lechería fueron conducidos a una cómoda residencia de 
la avenida de los Insurgentes, propiedad de Agustín Legorreta, acau- 
dalado banquero. 

«En vista de tanta excitación como sabíamos que había —confiesa 
Mons. Ruiz y Flores en sus memorias—, nos propusimos no recibir a 
nadie, y así fue, ni a los mismos señores obispos quisimos recibir, lo que 
causó algunos sentimientos y murmuraciones.» * 

No fueron sentimientos y murfmuraciones únicamente, sino protes- 
tas indignadas por tan radical actitud: ¿cómo era posible que no qui- 
sieran escuchar la opinión de los miembros del Subcomité Episcopal, 
ni enterarse siquiera de las negociaciones que con anterioridad se ha- 
bían iniciado, para ponerse al tanto de la realidad política y social que 
prevalecía en Méjico, y que ellos ignoraban por sus prolongadas ausen- 
cias del país? 

El día 9 de junio llegaron a Méjico los prelados y prepararon, desde 
luego, un escrito para Portes Gil, en el que no le decían cosa distinta 
de lo que a Mr. Morrow habían dicho. 

Tres días después fueron recibidos por el presidente, a quien leyeron 
su mémorándum, comentando punto por punto lo que llevaban escrito 
referente 'a la necesidad «de derogar algunas leyes relativas al culto, 
pero que considerando que esto requeriría tiempo —escribió después el 

` mismo Mons. Ruiz y Flores—, estaba yo cierto de que el Santo Padre 

se contentaría con declaraciones oficiales que reconocieran la jerarquía 
episcopal, que el registro de sacerdotes no se hiciera sino con depen- 
dencia de sus respectivos obispos, y de que se suavizaran cuanto más 
fuera posible las leyes ya dadas en cuanto al número de sacerdotes y 
, condiciones que se les imponían para su ejercicio, como lo eran las de 
Tabasco, que exigían el matrimonio civil de los sacerdotes.» % 


438 =- Antonio Rius Facius 


Portes Gil se dio cuenta que tenía la partida ganada y contestó a 
los obispos que pensaría y estudiaría el asunto, y después les contes- 
taría. Estos salieron de la entrevista con la más ingenua de las ale- 
grias reflejada en el rostro. 

Sin contestar a ningún punto del memorándum, —que anticipada- 
mete habían reconocido inaceptable sus propios autores,— Portes Gil 
les envió un borrador con la declaración genérica de «que la Iglesia 
podía reanudar el culto conforme a las leyes, y que él creía que con 
eso bastaba.» * 

Pero Mons. Díaz y Mons. Ruiz y Flores sintieron colo de en- 
viar eso a la Santa Sede y, en una nueva entrevista celebrada con el 
presidente, le respondieron que no se atrevían a informar al Papa sobre 
esas simples declaraciones para ser consideradas como un arreglo. 

En la tarde del 18 de junio se presentó Mr. Morrow, el embajador 
americano, en casa de los mitrados, llevándoles un ejemplar en inglés 
de nuevas declaraciones en las que se fijaba la inalterable actitud del 
gob'erno mejicano ante el problema religioso. 

Mr. Morrow convenció a sus amigos que eso era lo más que podía 
conseguirse, por lo que era inútil insistir. Los obispos respondieron a 
su servicial intermediario que no podían tomar resolución alguna antes 
de consultarlo.con el Papa. 5 

«Inmediatamente después vinieron el padre Walsh y el señor Crú- 
chaga, de la embajada de Chile —ha escrito Mons. Ruiz y Flores— 
a decirme que ellos créan suficientes las declaraciones del presidente 
para reanudar el culto, y que asi lo harían saber a Roma al enviar yo 
por medio de la embajada de Chile, en clave, el texto de las declara- 
ciones.» * 

Para d efecto redactaron un cable dirigido a su ida Pio XI, 
que presentaron a Portes Gil para sú aprobación antes de que fuera 
enviado a su destino. 

La opinión valiosísima de sus hermanos del episcopado fue pasada 
por alto, porque para ellos, y para los seglares que en el campo y en 
la ciudad exponían su vida por la santa causa de Cristo Rey, estaba 
vedada la entrada a su residencia; en esta-forma no podía nadie dar 
a conocer oportunamente su opinión y su verdad al Romano Pontífice. 


.si arreglos pueden llamarse.—«El día 29 de iunio por la tarde 
recibí telegrama cifrado del Santo Padr 
escrito por Mons. Ruiz y Flores, bastante explícito por sí mismo sobre 


Méjico Cristero 439 


la increíble ligereza con que obraron y la decisiva ingerencia dėl. pro- 
cónsul. Morrow en esta vergonzosa capitulación suya y de Mons. Pas- 
cual Díaz— por conducto de la delegación de Chile, diciéndome :que 
me autorizaba para firmar la reanudación del culto, siempre quese 
estipulara con el Gobierno: ; 

»I.—Amnistía general para todos los levantados en armas, que qui- 
sieran rendirse; É 

»II.—Que se devolvieran las casas curales y las ia, y 

»T11.—Que de alguna manera se garantizara, la estabilidad de esas 
devoluciones. 

»Al día siguiente, 21 de junio, a. eso de las 11 del dia, pas al 
palacio nacional el señor Díaz y yo; nos recibió el señor presidente, 
le enseñamos el telegrama que se acababa de recibir de Roma y en 
seguida mandó llamar al señor Canales, que fungía como secretario 
de Gobernación, y le ordenó: primero, que inmediatamente comuni- 
cara a los jefes de armas de todos los lugares donde hubiera gente 
levantada- en armas, que dieran amnistía a todos los que quisieran 
rendirse, dando a los simples soldados pasajes gratuitos a cualquier 
“punto de la República adonde quisieran irse y dejando a los oficiales 
su pistola. Segundo, dijo al mismo señor. Canales que ordenara la devo- 
lución de todas las iglesias y casas curales y episcopales que .no estu- 
vieran ocupadas con algura oficina del gobierno, v que en cuanto a 
las demás, se procurara desocuparlas para devolverlas. 

»En cuanto a la garantía que se le pedía, nos dijo que por:lo que a 
él miraba no daría un paso atrás en el arreglo que íbamos a firmar: 

»Entonces nos presentó los ejemplares de sus declaraciones y mías; 
que también habían sido preparadas por Mr. Morrow, y làs firmamos 
en seguida. Nos suplicó que no dijéramos ni una palabra a los perió- 
dicos, porque esa tarde él entregaría las declaraciones a los mismos 
para su publicación y que saldrían en el Diario Oficial.» © ` 

Así, sin más garantías ni más nada, el delegado apostólico ad refe? 
réndum y su compañero el obispo de Tabasco, se plegaron a las con- 
diciones gue Mr. Morrow les impuso, por igual, a ellos y a Portes Gil; 
después de todo, creían haber cumplido su delicada y trascendental 
misión informando previamente al Papa sobre una realidad que estaba 
lejos de ser cierta, debido a su falta de comunicación con todos aquellos 
. que podían haberles orientado. Y, para poner fin a esa prolongada sis 
tuación, de graves consecuencias para el pueblo que carecía de asisten“ 


440 Antonio Rius Facius 


cia eclesiástica, los obispos se dispusieron a firmar el documento que 
se les puso delante: 

«Aquí cabe aclarar —sigue la confesión del delegado— que a mí 
me repugnaba la frase de mis declaraciones en que se dice que el culto 
se reanudaría de acuerdo con las leyes vigentes. Yo quería cambiarla, 
pero me hicieron observar gue cuanto yo declarara estaba ya contenido 
en las declaraciones del señor Portes Gil.» * 

En seguida, antes de firmar, el presidente Emilio Portes Gil vio la 
oportunidad de redondear su triunfo mostrando su desprecio hacia los 
más distinguidos prelados de la jerarquía católica y pidió que el obispo 
de Guadalajara, Mons. Francisco Orozco y Jiménez; el de Durango, 
Mons. José María González y Valencia, y el de Huejutla, Mons. José 
de Jesús Manríquez y Zárate, permanecieran en el exilio indefinida- 
mente, suponiendo equivocadamente que Mons. Orozco y Jiménez es- 
taba fuera del territorio nacional. 

El delegado apostólico reaccionó con débil energía para protestar 
por esa nueva condición, pero Portes Gil, más hábil, le respondió son- 
riente: «Mi petición es una indicación y no una condición. Si hago 
esa petición es contando con la buena voluntad que ustedes demues- 
tran pará cooperar a la pacificación del país, y yo creo que la ausencia 
„de estos señores es necesaria por algún tiempo.» * 

Mons, Ruiz y Flores quedó satisfechísimo con tal explicación y 
firmó la declaración que Mr. Morrow había preparado. , 

«Eran como las dos de la tarde cuando terminamos con la audiencia 
—sigue relatando Mons. Ruiz y Flores— e inmediatamente el señor 
“Díaz y yo nos fuimos a la basílica de Guadalupe a dar gracias a la 
Santísima Virgen, subimos hasta el altar mayor sin que nadie nos cono- 
ciera, estuvimos ahí un buen rato rezando y, antes de levantarros, le 
dije al señor Díaz: “Le tengo que dar la noticia de que usted es el arzo- 
bispo de Méjico; conságrele aquí a María Santísima su episcopado”.»*. 

El aludido se volvió sorprendido y exclamó: “Hombre, ¡qué bar- 
baridad!” 

Días antes, por medio de la embajada de Chile, había comunicado 
su propósito al Santo Padre y, por medio de la Delegación Apostólica 
de Washington, recibió respuesta afirmativa. 

El 22 de junio de 1929 aparecieron en la prensa nacional las decla- 
raciones, mal traducidas de su borrador en inglés, escritas en papel 
blanco, sin membrete oficial alguno, suscritas por el presidente, que 
contenían el arreglo al que habían llegado: 


7 He tenido pláticas con el Arzobispo Ruiz y Flores y el 
“Obispo Pascual Díaz. Estas pláticas tuvieron lugar como » 

' resultado de las declaraciones públicas hechas por el Arzo- 
bispo Ruíz y Flores en mayo 2 y las declaraciones hechas -- 
por mí en mayo 8. : 


El Arzobispo Ruíz y Flores y el Obispo Díaz me manifes. 
taron que los Obispos mexicanos han creído qe la Constitu- 
ción y las leyes, especialmente la disposic ón que requiere 
el registro de ministros y la que concede a los Estados el- - 
derecho de determinar el número de sacerdotes, amenazan la- 
identidad de la Iglesia dando al Estado el control de sus - 
oficios espirituales. 


Ne aseguran que los Obispos mexicanos están animados - 
por un sincero patriotismo y que tienen el deseo de reanu».- 
dar el culto público, si esto puede hacerse de acuerdo con- 
su lealtad a la República Mexicana Y sus conciencias. - 
clararon que eso podría hacerze si la Iglesia pudiera gozar 

_de libertad, dentro de la ley, para vivir y ejercitar sus - 
oficios espirituales. i 


Gustoso aprovecho ésta oportunidad para đeclarar publi 
camente, con toda claridad, que no es el £nimo de la Consti 
tución, ni de las leyes, ní del Gobierno de la República, - 
doctrulr la identidad de la Iglesia Católica, ni de ninguna 
otra, ni intervenir en manera alguna en Sus funciones espi- 
rituales. De acuerdo con la protesta que rendí cuando asy 
mí el Gobierno Provisional de México, de cumplir y hacer -- 
cumplir la Constitución de la República y las leyes que de- 
ella emanen, mi propósito ha sido en todo tiempo cumplir hg 
nestamente con esa protesta y vigilar que las leyes séan -- 
aplicadas sin tendencia sectarista y sin prejuicio alguno,- 
«estando dispuesta la Administración que es a mi cargo, a ey 
cuchar de cualquiera persona, ya sea dignatario de alguna - 
Iglesia o simplemente de un particular, las quejas que pue- 
da tener respecto a las injusticias que se cometan por la -= 
¿indebida aplicación de las leyes. 


Con referencia a ciertos artículos de la Ley que han - 
sido mal comprendidos, tambien aprovecho ésta oportunidad - 
para declarar: . 


l.= Que el artículo de la Ley que determina el regis 
tro de ministros, no significa que el Gobierno pueda regis-. 
-trar a aquellos que no hayan sido nombrados por el superior 
gerárquico del credo religioso respectivo, o conforme a las 
reglas del propio credo. 


2ə- En lo que respecta a la enseñanza relígiosa la - 
Constitución y leyes vigentes prohíben en manera terninente 
que se imparta en las escuelas primarias y superiores, ofí- 
ciales o particulares, pero esto no impide que en el recin- 


442 p l Antonio Rius Facius: 


parc Ô scun 


to de la Iglesia, los ministros de cualesquiera religión £m- 
partan sus doctrinas a las personas mayores o a los hijos de 
estas que acudan para tal objeto. ` 


3.- Que tanto la Constitución como las leyes del país 
garantizan a todo habitante de la República el derecho de pe 
tición, y en ega virtud, los miembros de cualesquiera Igle - 
sia pueden dirijirse a las autoridades que corresponda para- 
la reforma, derogación o expedición de cualesquier: 


Palacio Nacional, junio 21 de 1.929. 
El Presidente de 


Estas declaraciones fueron complementadas por las siguientes, que 
firmó el arzobispo de Morelia: . 

«El obispo Díaz y yo hemos tenido varias conferencias con el C. pre- 
sidente de la República y sus resultados se ponen de manifiesto en las 
declaraciones que hoy expidió. f , 

»Me satisface manifestar que todas las conversaciones se han sig- 
nificado por un espíritu de mutua buena voluntad y respeto. Como 
-consecuencia de dichas declaraciones hechas por el C. presidente, el 
clero mejicano reanudará los servicios religiosos de acuerdo con las. 
leyes vigentes. 

>»Yo abrigo la esperanza que la reanudación de los servicios reli- 
giosos pueda conducir al pueblo mejicano, animado por un espíritu de 
buena voluntad, a cooperar en todos los esfuerzos morales que se hagan 
para beneficio de todos los de la tierra de nuestros mayores.» 


Méjico Cristero l 443 


Sa 


Harold Nicholson, autor yanqui, en la biografía del procónsul dice: 

. «El domingo 30 de junio '(junio:27) de 1929, todas las iglesias de 
Méjico volvieron a abrirse.. Morrow se había ido la tarde anterior a 
Cuernavaca; pero fue despertado al amanecer por el repique de las 
campanas de la catedral y de las otras iglesias, echadas a vuelo repen- - 
tinamente después de tres años de silencio. El embajador gritó a su 
esposa: ¡Betty!, ¿oyes eso? ¡Yo he abierto las iglesias de Méjico!» ” 


Participantes directos.en los “arreglos” (el apuntador y director, Mr. Morrow, 

no aparece «en la gráfica). De izquierda a derecha: Mr. Edmond Walsh, Mons. 

Ruiz y Flores, Sergio Mont, chileno; Mons. Pascual Díaz y el embajador de Chile, 
Miguel Cruchaga. 


Mons. Ruiz y Flores puso este telegrama el mismo día en que el 
modus vivendi se concertó, al padre John J. Burke, secretario de la 
National Catholic Wellfere Conferefce, quien, junto con Morrow, había 
sido de los iniciadores de la realización de ese plan: «La obra de recon- 
ciliación entre la Iglesia y el gobierno de Méjico, emprendida en nombre 
de la scwc, bajo los auspicios del delegado apostólico, Mons. Fumas- 


- e > Ñ . E 
344 Antonio Rius Facius 
————_—_—___ AAA A A A A 


soni Biondi, desde marzo del año pasado, ha sido coronada con los 
documentos oficiales firmados el día de hoy, como primer paso enca- 
minado a una solución definitiva. Que Dios bendiga a los obispos, 
clero y pueblo de los Estados Unidos, que bondadosamente estuvieron 
a nuestro lado en los días de prueba.» 


XXXVII 


LICENCIAMIENTO DE LA GUARDIA NACIONAL 


Nuevo jefe supremo de la Guardia Nacional.—Con- 
diciones impuestas a Portes Gil.—Ultimo mensaje a 
los cristeros.—Represalias. 


Nuevo jefe supremo de la Guardia Nacional.—La muerte del gene- 
ral Gorostieta Velarde fue rudo golpe para todos los cristeros, que le 
' querían y admiraban por sus grandes dotes de militar y caballero, pero 
ninguno sintió temor; su fe en la justicia de la causa que defendían 
los hacía invulnerables al desaliento. 

Aunque se había frustrado por el momento el ataque a la ciudad 
de Guadalajara, la Guardia Nacional preparaba el simultáneo asalto a 
Ciudad Guzmán, Jal., y a la capital de Colima. Los cristeros no habían 
sido vencidos y, para continuar la lucha, el general Jesús Degollado 
Guízar recibió, por conducto de Luis Beltrán, el nombramiento de jefe 
supremo del movimiento. 

—¡Esto no puede ser! —exclamó admirado el general y, desafiando 
los peligros del camino, marchó a Guadalajara para entrevistarse con 
Beltrán, a quien pidió que enviase una persona de confianza a la ciu- 
dad de Méjico para comunicar a la Liga que no aceptaba ese puesto, 
por no considerarse lo suficientemente capaz para desempeñarlo.- , 

Jorge Téllez había sido jefe de Degollado en la Liga, y a él se le 
confió la delicada misión de consultar con el Comité Directivo de 
la Liga. Al tercer día regresó Jorge con la confirmación del cargo; el 
general Degollado, plenamente consciente de su juramento de obedien- 
cia, lo aceptó. Jorge Téllez escribió un manifiesto que fue firmado por 

445 


446 Antonio Rius Facius 


el general Degollado y enviado para su publicación a todos los jefes 
con mando de fuerzas. 

El nuevo jefe supremo de la Guardia Nacional nombró jefe de Ope- 
raciones en su antigua División al general José Gutiérrez G., ascendió 
a general al segundo jefe de la columna volante de la División, Miguel 
Méndez, y al general Bouquet, extendió nombramiento de jefe de su 
Estado Mayor. 

La ofensiva general emprendida en aquellos días por el gobierno, 
no causó entre los cristeros tanta conmoción como el simple anuncio 
de los arreglos. 

El Comité Directivo de la Liga, al enterarse de ellos, envió un re- 
presentante al nuevo delegado apostólico para preguntarle qué debe- * 
rían hacer los jefes de la defensa armada, pues suponían que era deseo 
de Su Santidad, que para ellos equivalía a una orden, la deposición de 
las armas que tan gloriosamente habían empuñado durante tres largos 
años. 

Mons. Ruiz y Flores respondió “que lo indicado era darles a cono- 
cer la amnistía que el presidente había ordenado”. 

Los primeros grupos cristeros comenzaron a desintegrarse, confia- 
dos en que el arreglo había sido definitivo, pues la razón principal de 
su lucha, la libertad de la Iglesia; parecía haber sido alcanzada. 

El general Degollado Guizar recibió varias cartas de algunos jefes 
«en las que se le comunicaba que, como ya había misas, ya no era lícito 
seguir peleando y que los siguiera manteniendo el pueblo; que si se- 
guían peleando, sería ya por bandidos.» f 

«La situación se hacía imposible: sacerdotes hubo que dijeron que 
ya era pecado mortal seguir dándoles de comer a los cristeros.» ? 
Realizando un viaje tan arriesgado cuanto pintoresco, el general 
Degollado Guízar llegó de incógnito a la ciudad de Méjico y bajó del 
tren en la estación de Tacuba, donde lo esperaban Luis Beltrán y otros 
amigos. Ese mismo día quedó concertada una entrevista con el Comité 
Directivo de la Liga y fue conducido a la casa del licenciado Rafael 
Ceniceros y Villarreal. En ella estaba también el licenciado Miguel Pa- 
lomar y Vizcarra, el ingeniero Zepeda y otros miembros del Comité. 

—El asunto es gravísimo, señor general —dijo Ceniceros y Villa- 
rreal—, y quisiéramos saber su opinión. 

:—Ante hechos ya consumados creo que la lucha será estéril —res- 
pondió el militar cristero— «... El general Prudencio Mendoza, por 
indicaciones del señor cura Gabriel González, si no se ha presentado, 


a 


Méjico Cristero - 447 


v 

lo hará con o sin orden superior. El padre Ríos, de Aguililla, en un 
avión facilitado por el callista Lázaro Cárdenas, anda en gestiones para 
que las tropas nuestras se rindan. Es un hecho consumado que el ge- 
‘neral Miguel Hernández, de Los Altos, ya se presentó. Igual cosa hizo 
el padre Pérez Aldape en la misma región... Aun cuando algunos pre- 
lados y sacerdotes están con nosotros, muchos están en contra...» ” 

Después de un largo debate se llegó al acuerdo de licenciar a la 
Guardia Nacional. 


Condiciones impuestas a Portes Gil.—-El general Degollado Guízar 
encomendó a Luis Beltrán la delicada misión de entregar al presidente 
sus condiciones para llevar a cabo el licenciamiento. Luis, sin temor 
a represalias, dada su significada actuación en la lucha armada, se pre- 
sentó ante Portes Gil con una recomendación del delegado apostólico: 

'“«—Soy un enviado de mi general Degollado para tratar con usted 
el asunto del licenciamiento de la: Guardia Nacional. 

—>Bien —contestó Portes Gil—, puede usted exponer las condi- 
ciones. 

—»La primera condición es que usted me dé una carta para que 
pongan en libertad a la esposa del general, (La señora Degollado había 
sido apresada en Guadalajara por los esbirros del gobierno). 

_»—Eso no lo puedo admitir —contestó Portes Gil.» 

(El presidente pensaba seguramente que a todos los católicos podía 
imponerles su voluntad o la de otros.) 

. «—Entonces, con su permiso; me retiro, señor presidente. 
.. »—No se retire usted, escúcheme: que la señora de Degollado quede 
detenida en la casa que él señale, pero en libertad, no. 

»—No, señor presidente, yo no puedo aceptar eso: mi general dijo 
que si no obtiene esa carta, no entra en arreglos, porque no es honor 
para él tratar con los carceleros de su esposa. 

»—Yo no puedo reconocer a ese señor personalidad. Ya sabemos 
dónde está él y lo detendremos si está con esa exigencia. 

»—Puede usted ordenar lo que guste; pero le aseguro a usted que 
el general Degollado no entrará en tratado alguno mientras no tenga 
en su poder la carta de usted que ordene la Hbertad de la señora Dego- 
llado. 

»—Señorita —dijo Portes Gil a una secretarii—: i voy a redactar 
una carta para que la haga usted inmediatamente.» ° 


448 ` l Antonio Rius Facius 


, 


Hasta que el decidido acejotamero tuvo en sus manos la orden 
de libertar a la señora Degollado, no entregó las condiciones impuestas 
por el general para el licenciamiento de sus cristeros. Estas condicio- 
nes, aceptadas pqr el presidente de la República, fueron las siguientes: 

«I.—Garantías plenas de vidas e intereses para que puedan regre- 
sar a sus hogares todos los generales, jefes, oficiales y soldados de la 
Guardia Nacional. 

»II—Garantías plenas de vidas e intereses para todos los civiles, 
que en cualquier forma hayan ayudado al movimiento de la defensa 
de la libertad religiosa. 

»TI1.—Libertad absoluta de todos los presos por la cuestión religiosa, 
ya sean civiles o miembros de la Guardia Nacional. 

»IV.—Sobreseimiento de los juicios incoados contra los católicos, 
con motivo de la cuestión religiosa. 

»V.—Repatriación de los desterrados por el mismo motivo. 

»VI.—Entrega de veinticinco pesos por rifle a los soldados de la 
‘Guardia Nacional que entreguen su arma, adjudicándoles sus caballos 
a los que los necesiten. 

»VIL—A los jefes y oficiales se les permitirán la portación de sus 
pistolas, con la licencia respectiva de portación de armas y salvocon- 
ductos, y un auxilio en metálico a juicio de los jefes de Operaciones. 

>»VIIL.—Que se den las facilidades necesarias para que puedan des- 
arrollarse los trabajos. 

»IX.—Que el licenciamiento de las tropas de la Guardia Nacional, 
sea ante los jefes de Operaciones.» ?” 

Portes Gil no tuvo empacho en aceptar estas bases a sabiendas de 
que no las cumpliría: ¡Para ello contaba con la vigencia de las leyes 
persecutorias y la fuerza de la anarquía sembrada en las filas católicas 
con la sumisión firmada por los monseñores Díaz, y Ruiz y Flores! 


Ultimo mensaje a los cristeros.—Luis Beltrán salió inmediatamente 
hacia Guadalajara para poner en libertad a la esposa del jefe supremo 
de la Guardia Nacional. Éste procedió, después, al licenciamiento de 
sus tropas invencibles, a quienes dirigió un emotivo mensaje, del que 
son estos párrafos en los que destaca el espíritu de fidelidad y obe- 
diencia hacia la Iglesia: - 

«Su santidad el Papa, por medio del excelentísimo señor delegado 
apostólico, ha dispuesto: por razones que no conocemos, pero que, como 
católicos, acatamos, que sin derogar las leyes, se reanudaran los cul- 


Méjico Cristero i 449 


tos, y que el sacerdote, poniéndose en cierto modo al amparo de ellas, 

comenzase a ejercer su ministerio públicamente. En a acto; nuestra 

situación, compañeros, ha cambiado. . : 

»El pátriotismo, el mismo amor que profesamos a la santa causa 

` por la cual hemos combatido sin tregua, nos exigía, a pesar de que 
nos desgarra el alma, el procurar que desde luego cesase la contienda 

bélica. En realidad, el arreglo inicial concertado entre el excelentí, 

simo delegado apostólico y el licenciado Portes Gil nos ha arrebatado 

lo más noble, lo más santo que figuraba en nuestra bandera, pese el 

momento en : 

que la Iglesia 
ha declarado 

que, por de 
pronto, se re- 

signa con lo 

obtenido, y que 

espera llegar, 

por otros me- 

dios, a la recon- 
quista de las 

libertades que 

necesita y a las 

que tiene legí- 

timo derecho. 

En consecuen- 


«cia, la Guardia Reunión de los principales directores de la Liga en la ciudad 
“Nacional ha de Ke "Rafael Ceniceros Villarreal. 2.—General 
i : Jesús Degollado Guizar, 3.—Lic. Miguel Palomar y Vizcarra. 
S tod a 4—José Rebollo. 5.—Angel Castillo. 6.—Alfonso Guerrero. 
ce responsabili- 7. —Presbitero José Jiménez. 8.—Angel Galarza. 9.—Enrique 
dad de la con- Ricoi. 10.—José Posada Ortiz. 11.—Norberto Garcia, 


tienda, pero esa 
. responsabilidad no le será imputada desde el 21 de junio próximo 
«pasado: la actual situación no ha sido creada ni apetecida por ella... 
»Debemos, compañeros, acatar reverentes los decretos ineluctables 
de la Providencia: cierto que no hemos completado la victoria; pero 
nos cabe, como cristianos, una satisfacción íntima mucho más rica 
para el alma: el cumplimiento del deber y el ofrecer a la Iglesia y a 
Cristo el más preciado de nuestros holocaustos, el de ver rotos, ante 
“el mundo, nuestros ideales, pero abrigando, sí, ¡Vive Dios!, la convic- 
`, MÉXICO CRISTERO.—29 


450 Antonio Rius Facius 


ción sobrenatural que nuestra fe mantiene y alimenta, de que al fin 
Cristo Rey reinará en Méjico, no a medias, sino como Soberano abso- 
luto sobre las almas. 

»Como hombres, cábenos también otra satisfacción que jamás po- 
drán arrebatarnos nuestros contrarios: La Guardia Nacional desapa- 
rece, no vencida por nuestros enemigos, sino, en realidad, abandonada 
por aquéllos que debían' recibir, lós primeros, el fruto valioso de sus 
sacrificios y abnegaciones. ¡Ave, Cristo, los que por ti vamos a la humi- 
lación, al destierro, tal vez a una muerte ingloriosa, víctimas de nues- 
tros enemigos, con el más fervoroso de nuestros amores, te saludamos, 
$, una vez más, te aclamamos Rey de nuestra patria.» ? 

¡"Y sin-rendirse abandonaron la lucha bélica los cristeros, conven- 
cidos de que acataban con ello un deseo de su santidad Pío XI. 
.. El delegado apostólico informó al Santo Padre que la amnistía de 
stos exigida al gobierno había sido concedida, sin puntualizar que 
dicha concesión se limitaba a una simple promesa verbal del presi- 
ente, que no fue ni siquierá estipulada en las declaraciones porque 
kno creí —sigo el relato de Mons. Ruiz y Flores— que quedara esto 
n estipulaciones escritas y firmadas por ambas partes, poraue tenía 
la de testigo por mi parte al señor obispo Díaz y por parte del presi- 
dente al licenciado Canales.» ° 
: Así, de hecho, fueron abandonados los cristeros a su ingrata suerte 
E quienes no midieron a gran responsabilidad contraída de garan- 
izar sus vidas.. : 


Represalias.—Y los atentados se multiplicaron de una manera cier- 
tamente alarmante. 

«Había varias quejas de que la amnistia —sigue decido Mons. 
Ruiz y Flores—, comunicada por el señor presidente alos jefes de 
Armas, no había sido obedecida, y que en muchos casos tanto los mis 
litares de la Federación como las autoridades locales tomaban ven- 
ganza de los que'se habían levantado en armas a pesar de haberse 
rendido; yo pasaba estas quejas al señor licenciado Canales y no podía 
hacer más.» % , 

Y en medio dẹ la impotencia del arzobispo, fueron cayendo nue- 
vas víctimas del odio perseguidor. Entre los primeros estuvo el pundo- 
_hgroso general y sacerdote Aristeo Pedroza, que fue fusilado después 
de haberse acogido a la amnistía gubernamental. 


“Méjico Cristero 451 


El general José María Gutiérrez licenció a sus tropas y se amnis- 
tió con los hermanos y generales Avila Camacho, para caer asesinado 
a mansalva el 8 de diciembre de 1929. Su sentencia de muerte quedó 
sellada cuando, a una pregunta que le hicieron los militares sobre si 
nunca más volvería a levantarse en armas contra el gobierno, res- 
pondió que sí lo volvería a hacer cuando fuese atacada nuevamente 
la libertad religiosa, 

El día 18 de ese mismo mes, por órdenes de Portes Gil y de Amato, 
el general Bouquet fue pasado por las armas en Nogales, Sonora; se 
había unido a la protesta nacional que representaba el vasconcelismo. 


General Porfirio Mayorquín y algunos de sus compañeros que operaron al occi- 
dente del estado de Zacatecas y Acaponeta, Nay. El general Mayorquin fue ase- 
sinado después de los “arreglos” en 1931. 


El mayor J. Félix Ramírez, jefe cristero y héroe del combate de 
El Borbollón, en Ciudad Guzmán, Jal., fue balaceado y muerto por 
esbirros del gobierno en el mes de octubre de 1930, al estar colgando 
en el frente de su casa unos farolitos para adornar una imagen. 

«Se llegó a dar el caso —cuenta el padre Ochoa, testigo de alguno 
de aquellos criímenes— de que se ahorcase al antiguo soldado de Cristo 
o de que se le fusilase en el propio atrio del templo o plaza principal 
del lugar.» ”? 

Pero el honor y la palabra empeñada de los cristeros quedó limpia 

- de quebrantos. En el campo de lucha se cubrieron de gloria y la san- 
gre de tantos y tantos mártires, entre ellos-la de más de doscientos 


452 y Antonio Rius Faciús” 


«sacerdotes, no fue siembra estéril: la fe del pueblo mejicano recobró | 
su fuerza secular. 

Portes Gil, en sus memorias, ofreció una síntesis del espectacular. 
poderío alcanzado por la Guardia Nacional: 

«Inmediatamente después de la terminación del conflicto, se procedió 
a amnistiar a todos los elementos que se encontraban levantados en ar- 
mas en diversos estados de la República, principalmente en Jalisco, Mi- 
choacán, Colima, Durango, Aguas- 
calientes, Guanajuato y Querétaro, 
encargándose dę tal rendición los 
respectivos jefes de Operaciones. 

»El número de indiviđuos que 
se rindieron al Gobierno pasó de 
catorce mil hombres y otras tantas 
fueron las armas que entregaron.» 
(Armas que les habían arrebatado 
heroicamente a los soldados callis- 
tas en combate.) 

. según los informes que re- 
atie la Secretaría de Guerra y Ma- 
rina, los muertos por ambas partes. 
ascendían mensualmente de 800 a 
1,000. Esto, sin contar los daños 
materiales causados por incendios, 
destrucción de propiedades, vías 
férreas, etc., además de la inquié- 
tud espiritual ya insoportable que 

padecía la nación y que se tradu- 

El arzobispo de Guadalajara, Mons. cía en una alteración considerable 
Francisco Orozco y Jiménez, que fue i r e e 

obligado a salir del país al firmarse de la vida económica.» 

los “arreglos.” ¡Y en ese momento de triunfo, 

cuando los católicos estaban en po- 

sición de imponer condiciones, dos prelados, mal aconsejados y peor. 

orientados, hicieron valer su decisiva influencia y opinión para que: 

su santidad Pío XI aceptara el modus vivendi que, quiérase reconocer. 

o no, sembró profundo desconcierto, no sólo entre los seglares, sino aun 

entre muchos de los miembros del episcopado y buena parte del clero.. 

Entre las condiciones no escritas, pero impuestas por Portes Gil,* 

estuvo la de retener en el exilio a Mons. José María González.y Valen-. 


Méjico Cristero o 453 


cia, arzobispo de Durango, y Mons. José de Jesús Manríquez y Zárate, 
obispo de Huejutla. Ambos prelados recibieron un mensaje del dele- 
gado apostólico comunicándoles que no podían regresar a su patria por 
un tiempo indeterminado. 

El arzobispo de Guadalajara, Mons. Francisco Orozco y Jiménez, 
fue llamado a Méjico por Mons. Ruiz y Flores, quien le hizo saber su 
compromiso de presentarlo al presidente Portes Gil. El gallardo prín- 
cipe de la Iglesia abandonó sus montañas y se presentó a su superior 
jerárquico y viejo amigo, que había sido condiscípulo suyo en el se- 
_minario, 

Atendiendo sus instrucciones, Mons. Orozco y Jiménez entregó en 
la Secretaría de Gobernación la lista de sacerdotes, que ascendía a más 
de quinientos, que deberían. ejercer en su diócesis. 

«A los pocos días —eseribió al cabo de algún tiempo el propio arzo- 
bispo de Guadalajara—, en la fiesta de San Pedro Apóstol, se abrió 
solemnemente el culto público en Guadalajara, a la vez que en la capi- 
tal. El mismo día tuve la audiencia con el señor presidente Portes Gil, 
acompañado, por indicación mía, de los ilustrísimos señores delegado 
apostólico y arzobispo de Méjico: tuve yo la palabra durante una hora, 
y haciendo ver que si hasta la fecha había habido divergencia de crite- 
rios sobre la manera de obrar en las relaciones con las autoridades civi- 
les, de allí en adelante, dadas las nuevas normas de la Santa Sede, que 
yo, al igual que los demás prelados, acataban con todo respeto, esperaba 
no habría temores de malas inteligencias, Fui oido con excesiva seve- 
ridad, o más bien frialdad de parte del presidente; y como conclusión 
de todo lo que dije, lo único que él expresó fue, que estando convenido 
que saldría del país, debería abandonar la República el día que yo 
quisiera; pero que no fuera a ocultarme. He aquí la razón de por qué 
me encuentro en este destierro, que como es natural, yo califico de 
injusto e ilógico. Dios así lo permite ¡Bendito sea!» 


XXXVI 


SUMISION DE LOS PRELADOS 


į 


Los indiferentes.—Portes Gil confirma la derrota de 
los prelados.—El arte de ceder perdiendo. —Los últi- 
mos rescoldos. o 


Los indiferentes.—A los cuatro días de firmadas “las declaraciones 
que pusieron fin a la suspensión de cultos, el delegado apostólico pú- 
blicó una carta pastoral, escrita en tono conciliador y términos ambi- 
guos, que fue leída y aprobada, previamente, por el licenciado Portes 
Gil. El presidente, engolosinado con el fácil éxito alcanzado,' ánotó 
con lápiz al margen del documento: «Convendría decir algo repro- 
kando el recurso de las armas», a lo que respondió el bondadoso pre- 
lado: «que ya no podía hacerlo porque el Papa mismo había dicho què 
estaban en su derecho los alzados en armas.» % 

Esa carta no acabó con las crecientes murmuraciones, a pesar de 
„que en ella se le atribuía toda la responsabilidad de los arreglos a 
su santidad Pío XI, por haberlos autorizado. 

Ingentes problemas quedaban en pie: prelados, clero: y seglares se 
preguntaban si, tras las declaraciones publicadas en la prensa; habría 
habido algún pacto secreto para devolver, paulatina pero seguramente, 

"la libertad a la Iglesia; reconocer y garantizar, por medio de leyes just 
tas, los derechos ciudadanos relativos á la educación de los hijos, ala 
propiedad, a la práctica de sus creencias religiosas. . 

Aún no se apagaban los gritos jubilosos del puéblo, ` que veía ' con 
ojos asombrados la reanudación del culto público, cuando un grupo de 
madres de familia dirigió desde Guadalajara, el 30 de junio, una aflie- 
tiva carta abierta al delegado apostólico y al arzobispo de Méjico: ' 

455 


` 


456 ] . Antonio Rius Facius 


Á_EÓÓÓ__ AAA óá< A A áqí=>=»=>=z2z.2_ =2=u=uq2q42<2 o O _ q €» €m wm E _A á ( CA A K<Ká— 


«Aguijoneadas por la conciencia y llenas de angustia nuestras almas 
—decían en ella—, con la mayor veneración suplicamos a vosotros, ilus- - 
trísimos y reverendísimos señores, se dignen decir en público si en los 
arreglos que tuvieron con el señor presidente de la República, Emilio 
Portes Gil, acerca de la cuestión religiosa, se concedió la libertad de 
enseñanza. 

z Qué va a ser de nuestros hijos si esa libertad no fue concedida 
con toda la amplitud necesaria para que nosotras podamos dar a 
nuestros hijos la instrucción netamente cristiana, que por deber de con- 
ciencia, como católicas, tenemos que darles? ¿Qué va a ser de nues- 
tros pobrecitos hijos si esa libertad fue negada y si en todas las escue- 
las sigue ejerciendo su imperio el ateísmo oficial?... 

»Vosotros,: ilustrísimos y reverendísimos señores, sabéis mejor 
que nosotras que no hay ni puede haber neutralidad en el laicismo que 
prescribe la Constitución. . .» E 

Pero ya era tarde, los arreglos firmados decían: 

«En lo que respecta a la enseñanza religiosa, la Constitución y 
Jas. leyes «vigentes prohiben de manera terminante que se imparta 
.en las escuelas primarias y superiores, oficiales o particulares.» 

.:' Las preguntas quedaron sin respuesta. Igual desaire sufrieron a su vez 
los dos prelados cuando, por aquellos días, solicitaron ser recibidos 
por Plutarco Elías:Calles, el jefe máximo de la Revolución. 

Portes Gil, digno discípulo de su protector y maestro, también se negó 
.a continuar recibiendo a los mitrados, indicándoles que «para seguir 
conferenciando los asuntos que se ofrecieran», podían acudir al licenciado 
Canales, a quien, desde entonces, fueron «a ver varias veces, encontrán- 

. dolo muy bien dispuesto.» 
- Después designaron, para como representantes suyos ante el go- 
bierno, a los licenciados Fernando Noriega y Manuel Herrera y Lasso. 

«Estos señores se portaron muy bien ——afirmó Mons. Ruiz y Flores— 
y consiguieron una circular, la del 15 de agosto de 1929, en que se dė- 
elaraban anticonstitucionales muchas de las leyes dadas en los estados, 
circular que por desgracia no alcanzó el que se derogara oficialmente 
ninguna de dichas leyes, pero sí que no se aplicaran.» * 


Portes Gil cónfirma la derrota de los prelados.—No es de extrañar 
que así fuera; los compromisos adquiridos por el presidente con el dele- 
gado apostólico y su inseparable consejero, Mons. Díaz y Barreto, estu- 
vieron limitados únicamente -a las declaraciones hechas a la prensa y 


Méjico Cristero 457 


así lo afirmó categóricamente Portes Gil: «... el gobierno, represen- 
tado por mí, exigió a los delegados de la Iglesia el sometimiento incon- 
dicional a la Constitución y a las leyes vigentes, y por ningún motivo 
admitió la discusión sobre tales leyes, ni mucho menos hizo confesión 
alguna qué no estuviese determinada en la propia Constitución, admi- 
tiendo que no se reconocía personalidad ninguna a la Iglesia. ya que 
nuestra Carta Magna es terminante en este sentido, y 

»Tampoco hubo, fuera de las declaraciones publicadas, nada que 
significara pacto secreto ni compromiso alguno por parte del Gobierno. 
Lo publicado es todo y, fuera de esto, no existió ningún otro documento 
de carácter confidencial o reservado.» % i 

Esta radical afirmación se ajustaba en todo a las declaraciones que 
abrieron las puertas de los templos al culto público. Y así lo proclamó 
Portes Gil el 27 de julio de 1929, al festejar los masones el solsticio de 
verano con un banquete al que concurrió en su carácter de prešidente 
provisional de la República Mejicana: l 

«Y ahora, queridos hermanos, el clero ha reconocido plenamente al 
Estado, y ha declarado sin tapujos que se somete estrictamente a las 
leyes. Y yo no podía negar a los católicos el derecho que tienen de some- 
terse a las leyes, porque para eso está el imperativo categórico qué 
cómo gobernante me obliga a ser respetuoso de la ley. La lucha no se 
inicia. La lucha es eterna; la lucha se inició hace veinte siglos. De 
suerte, pues, que no hay que espantarse; lo que debemos hacer es estar 
en nuestro puesto; no caer en el vicio en que cayeron gobiernos ante- 
riores, y principalmente los de hace cuarenta años, que tolerancia tras 
tolerancia y contemplación tras contemplación los condujo a Ja anulación 
absoluta de nuestra legislación. 

»Lo que hay que hacer, pues, es estar vigilante, cada quien en su 
puesto. Los gobernantes y los funcionarios públicos, celosos de cumplir 
con la ley y de hacer que se cumpla. Y mientras yo esté en el gobierno, 
ante la masonería yo protesto que seré celoso de que las leyes de Mé- 
jico, las leyes constitucionales que garantizan plenamente la concien- 
cia libre, pero que someten a los ministros de las religiones a un régi- 
men determinado: yo protesto, digo, ante la masonería, que mientras 
yo esté en el gobierno, se cumplirá estrictamente con esa legislación... 
En Méjico, el Estado y la masonería en los últimos años han sido una 
misma cosa: dos entidades que marchan aparejadas, porque los hom- 
bres que en los últimos años han estado en el poder han sabido siempre 
solidarizarse con los principios revolucionarios de la masonería.» 


458 Antonio Rius Facius 


Ni Mons. Ruiz y Flores ni Mons. Díaz y Barreto se atrevieron a 
desmentir públicamente al presidente masón, a pesar de que su dis- 
curso fue publicado en la prensa. Se limitaron a hacerle una visita de 
cortesía. 

Y he aqui lo que sucedió, según lo cuenta el mismo arzobispo ds 
Morelia: 

'«Yo le pedi al señor presidente una audiencia y le reclamé seme- 
jante frase y le recordé lo que habíamos acordado» —no publicar en 
nombre del gobierno o de los obispos reclamación de ninguna clase 
porque acabarían de pleito—, «pero el señor obispo Díaz se encargó de 
contestar por el señor presidente, diciéndome: -—“Pero señor Ruiz, ¿no 
ve usted que un masón tenía que hablarles a los masones sus hermanos 
en su lenguaje, y que no había que entrar con ellos en discusiones?” » * 

" Portes Gil asentó complacido lo dicho por su gratuito defensor. 
Aun así, no faltó un tipo sectario de la calaña de Adalberto Tejeda, 
secretario de Gobernación en tiempo de Calles y posteriormente go- 
bernador de Veracruz, que, mal informado del contenido de los arre- 
glos, reclamara a Portes Gil por ellos, lamándolo, entre otras lindezas, 
traidor y cobarde. Pero las reiteradas manifestaciones públicas del 
presidente, proclamando el triunfo de la Revolución sobre la Iglesia, 
acallaron las voces discordantes de sus parciales y dieron renovado 
vigor al odio de los exaltados perseguidores, que se dedicaron a come- 
ter impunemente nuevos atropellos. 

El arte de ceder perdiendo.—Los monseñores Ruiz y Flores, y Díaz 
y Barreto se alarmaron con este inesperado recrudecimiento de las 
relaciones entre la Iglesia y el Estado, y optaron por continuar humil- 
demente su prudente política de complacencias para no exacerbar más 
la predisposición manifiesta de los caudillos masones de aquel régi- 
men oficialmente ateo. Primero con suavidad de modales, después con 
franca energía, pretendieron acabar de un plumazo con las institucio- 
nes poco gratas al gobierno que más se habían distinguido en la lucha. 
contra él: la Liga, la acim, la Unión de Damas Católicas, las Brigadas 
Femeninas. .. porque, según el parecer de los dos prelados, era llegada 
la hora de emplear, maliciosamente, ¡el arte de ganar perdiendo! 

Y es que a los déspotas del gobierro les molestaba. y veían en ello 
un peligro para su pronta seguridad, la gran simpatía nacional que 
inspiraban la LNDLR y la AcIM, 


Méjico Cristero . ` 459 


- En la primera misa pontifical celebrada por el nuevo arzobispo 
metropolitano en la basílica de Guadalupe, entre la multitud que llena. 
ba las naves del templo, fueron izadas las banderas de la Liga y de la 
ACJM, empuñada la una por José Luis Orozco y la otra por José Már- 
quez, segundo vicepresidente de la Asociación. En medio del entu- 
siasmo popular fueron conducidas hasta el altar mayor y colocadas a 
ambos lados, ahí permanecieron durante la celebración de la misa. Des- 
pués fueron llevadas triunfalmente con la procesión que recorrió las 
naves laterales del templo, no sin sorpresa del mismo oficiante, 

El delegado apostólico hizo saber 
a los directivos de la Liga su deseo SENDA 
de ove fuera cambiado el nombre de Pai ON 
la Institución y renovado su Comité - 
Directivo. Expuso, como razones fun- 
damentales, que sus directores apa- 
recían como responsables del movi- 
miento de resistencia armada y que 
el nombre de la Liga Nacional Defen- 
sora de la Libertad Religiosa signifi- 
caba un reto latente a la Revolución. 

El cauce seguido por los acon- 
tecimientos hizo necesario que se 
celebrase una convención, para tra- y 
tar en ella si la Liga seguiría ade- 


lante o no, con el mismo nombre a A 
o con otro, y quiénes deberían ser 
sus jefes. Bandera de la Liga Nacional Defen- 


Contestando a una carta perso- 5074 de la Libertad, hecha- con el 
g A ; lienzo ensangrentado que cubrió la ca- 
nal que el licenciado Miguel Palo- beza de José de León Toral, cuando 


mar y Vizcarra escribió a René Ca- jue fusilado, 

pistrán Garza para darle noticia de 

dicha convención e invitarle a asistir a ella, el antiguo presidente gene- 
ral de la acym declinó la invitación porque, «a mí me parece —escribió—=. 
que de lo que se trata es sencillamente de sacrificar a los hombres con 
la misma ferocidad con que se han sacrificado los principios, pese a to- 
das las patrañas y tonterías que se refieren neciamente a futuras modifi- 
caciones de la ley: modificarse la ley revolucionaria, cuando se abdica 
del propio derecho y de la propia fuerza. . 


460 Antonio Rius Facius 


»El cambio de nombre y el cambio de jefes en estos momentos, no 
es propiamente un cambio de cosas accidentales, constituye una trans- 
«formación radical del fondo mismo de la cuestión... 

»En cuanto a que yo concurra a la convención... ello sería de mi 
parte una nueva intervención en asuntos en los cuales me he propuesto 
no volver a intervenir jamás.»*? 

Y René Capistrán Garza le volvió el rostro a su destino. 

El 4 de agosto, como se tenía previsto, se reunió en la capital de la 
República la Convención Nacional de la Liga, a la que fue invitado 
el delegado apostólico, quien se excusó de asistir y envió en su repre- 
sentación al padre Miguel Darío Miranda. 

En ella se rechazó el cambio de nombre de la institución, pues a 
nadie se engañaba haciéndolo y, en cuanto a la sustitución del Comité 
Directivo, la Convención dio su voto de plena confianza, adhesión y 
simpatía al mismo que en forma tan heroica y desinteresada había 
conducido a la Liga entre los escollos de. la lucha. 

Esta actitud, que podría parecer de -franca oposición a los deseos 
del delegado apostólico, no pareció molestar á éste, pues una semana 
después invitó a cenar a los principales miembros del Comité y, en 
medio de la más exquisita de las cortesías, se partió el pan de la amis- 
tad y se renovaron los propósitos de marchar, cada quien por el camino 
de su deber, hacia el fin común de alcanzar la mejor cosecha de liber- 
tad para la Iglesia y para el pueblo subyugados. 

El secretario de la Delegación Apostólica, reverendo padre José 
Antonio Romero, con asentimiento del delegado apostólico, indicó, en 
términos claros y precisos, la conveniencia de que la Liga, valiéndose 
de su notable organización y ocultando su nombre, organizase clubes 
políticos, con diferentes nombres, para favorecer la candidatura de José 
Vasconcelos. 

Todo parecía anunciar un futuro y mejor entendimiento; pero des- 
graciadamente esta buena voluntad no prosperó, como tampoco habían 
prosperado los buenos augurios hechos por quienes concertaron el mo- 
dus vivendi, por lo que, para evitar la franca oposición del arzobispo de 
Méjico la Liga quitó de su nombre la palabra Religiosa. 


Los últimos rescoldos.—Sobre otro de los aspectos tratado por el 
delegado apostólico, el de la devolución de los edificios eclesiásticos, 
escribió el mismo arzobispo de Morelia: 


Méjico Cristero ` 461 


«Al ver que pasaba el tiempo y no desocupaban ningún edificio de 
los que tenían que devolver, insté por escrito, de viva voz y por medio 
de los licenciados Noriega y Herrera y Lasso. El señor Canales les dijo 
alguna vez: Sin duda, el señor presidente ofreció todo esto, yo estaba 
presente, pero no sabía lo que ofrecía, puesto que al desocupar esos 
edificios y devolverlos, se echaría encima un enjambre de enemigos.» * 
Y eso no le convenía en aquellos momentos en que la oposición cobraba 
fuerza inusitada y aclamaba al candidato independiente a la Presiden- 
cia, que paseaba por toda la República, con palabra de fuego, su pré 
dica de libertad. 

Los católicos veían en él la última y definitiva oportunidad para 
derrotar al callismo sustentado por el embajador de la Casa Blanca. 
En los estados donde la rebelión cristera había alcanzado gran auge, 
y en los que la protesta había permanecido latente pero silenciosa, 
surgió unánime la candidatura vasconcelista como promesa de un cam- 
bio radical de la relajada política mejicana. f 

El régimen advirtió nuevamente el peligro de que el pueblo pu- 
diera arrollarlo y, despiadada y sistemáticamente, se dio a la macabra 
tarea de matar: 

«En todas partes. los clubes vasconcelistas, pocos meses antes de 
la elección, fueron disueltos, sus jefes locales asesinados o arrojados 
fuera del estado.» 

Vasconcelos sabía que podía confiar en los que, durante tres años, 
habían enarbolado invicta la bandera de Cristo en los campos de la 
rebelión y continuó su titánica lucha cívica. 

«Cuando cayó el último rebelde cristero, el candidato de la oposi- 
ción comprendió que su derrota estaba sellada. Con sus partidarios más 
cercanos, los pocos jefes del antirreeleccionismo que fueron leales y 
los dirigentes del Centro Vasconcelista, se discutió la conveniencia de 
lanzar un manifiesto denunciando los asesinatos de los jefes del Comité 
Electoral del Vasconcelismo y declarando que el candidato se retiraba 
dé la lucha para evitar constituirse en cómplice de un sangriento fraude. 
Prevaleció, sin embargo, la opinión de que era mejor llegar hasta el 
fin. El candidato ii quiso dar ocasión a que su retirọ fuese calificado 
como deserción.» 7 

Las elecciones presidenciales se efectuaron el 17 de noviembre 
de 1929, y el día 28 del mismo mes, sin discusión y con dispensa de 
trámites, el Congreso de la Unión declaró consumado el gigantesco 


5 ma. 
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Méjico Cristero f : 463 


Carta manuscrita del delegado apostólico Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, en la que 
confiesa al obispo de Tepic, Mons. Azpeitia y Palomar, que “los arreglos, si arre- 
glos pueden llamarse, fueron los publicados por la prensa...” 


464 Antonio Rius Facius 


fraude electoral, dando el triunfo al candidato oficial, ingeniero Pas- 
cual Ortiz Rubio. i 

Las aprehensiones de los jefes del vasconcelismo no se hicieron espe- 
rar. El candidato se vio obligado a cruzar la frontera para sustraerse 
a la acción del gobierno y dejar que los comprometidos en la protesta 
armada, que debería estallar al ser conocido oficialmente el fraude, 
pudieran actuar sin el riesgo implícito de que el propio jefe de la rebe- 
lión pudiera ser usado como rehén, 

El Plan de Guaymas, dado en esta ciudad del estado de Sonora, 
el 10 de diciembre de 1929, fue transmitido por simpatizadores anóni- 
“mos. En él se declaraba, como única autoridad legítima de Méjico, 
a José Vasconcelos, presidente electo, quien habría de rendir la pro- 
testa de ley ante el primer ayuntamiento libremente nombrado, y se 
desconocían, por consiguiente, «a todos los poderes de facto, así los de 
la Federación como los de los estados y municipios, que desde hace 
tantos años han venido ensangrentando al país. 

»El presidente electo —terminaba el manifiesto— se dirige al extran- 
jero; pero volverá al país a hacerse cargo directo del mando, tan pronto 
como haya un grupo de hombres libres armados que estén en condi- 
ciones de hacerse respetar.» 

Pero Méjico, desangrado, sojuzgado por los Estados Unidos a tra- 
vés de su embajador mercader, puesto el gobierno en manos de los 
más despiadados ejecutores de las consignas masónicas, había llegado 
al límite de sus fuerzas, y ese grupo de hombres libres armados no 
surgió en aquel momento crucial de su historia. 


XXXIX 


LA ACJM-CONDENADA A DESAPARECER 


Breve historia del Secretariado Social Mejicano.— 
Consigna contra la: acim.—En defensa de la ACJM. - 
Angustioso llamado. 


Breve historia del Secretariado Social Mejicano. — Para promover 
una labor de acercamiento entre las diversas obras sociales de la Igle- 
sia Católica, el benemérito padre Rutten fundó en Gante, Bélgica, el 
año de 1904, el primer Secretariado Social. Y, cuando a mediados del 
mes de octubre de 1920 se reunieron los obispos mejicanos en la capital 

“de la República para tratar, tras el período sangriento de la Revolu- 
ción, el problema de la reconstrucción social de Méjico, crearon el 
Secretariado Social Mejicano, al cuidado del Comité Episcopal Perma- 
nente, integrado por los arzobispos de Méjico y de Puebla, y el obispo 
de Zamora. Este Comité designó, para que lo organizase y dirigiese, 
al eminente sociólogo y coautor de los Estatutos Generales de la ACJM, 
reverendo padre Alfredo Méndez Medina, $. J. 

En su Carta Pastoral Colectiva del 8 de septiembre de 1923, el epis- 
copado mejicano definió así la naturaleza y alcance del Secretariado 
recién constituido: «Una institución nacional encargada de la dirección 
técnica, en el campo sociológico, de la coordinación sistemática y de la 
organización eficiente de las diversas fuerzas sociales de la República, 

` conservando y robusteciendo su autonomía, fomentando en ellas lo que 

tanto las dignifica: la propia iniciativa y responsabilidad, como una 
obra que debe ayudar a todas, sin estorbar a ninguna. 

»Como órgano del episcopado —agregaba el mismo documento— 
debe ser no sólo guardián de la catolicidad de las obras, sino también 


465 
MÉXICO CRISTERO.—30 


“466 l Antonio Rius Facius 


intérpretė de la doctrina católica en sus aplicaciones a la solución del 
referido problema social en las circunstancias especiales de nuestro 
pais.» i 
- Y como resumen y síntesis de su labor, el episcopado definió en la 
Carta Pastoral: «Al Secretariado encomendamos la actuación necesaria 
para la solución del problema social. En consecuencia, dirigirá y coor- 
dinará la acción de las demás instituciones siempre que se trate de 
armonizar, organizándolas, las diversas clases de la sociedad, en orden 
a la paz social, anhelada por los sumos pontífices.» 

El padre Méndez Medina, S. J., director del Secretariado, empren- 
dió un largo recorrido por toda la República, para dar a conocer, por 
medio de brillantes conferencias, la institución encomendada a su cui- 
dado. to T 

Esta actividad, unida al esfuerzo de otros paladines de la cuestión 
social, entre los que destacaba el licenciado Miguel Palomar y Viz- 
carra, culminó en abril de 1922 con la celebración. del Congreso Obrero 
Católico de Guadalajara, con asistencia oficial y activa del Secreta- 
:riado y de 1,374 delegados obreros, representantes de 353 agrupaciones 
-católicas con un total aproximado de 80,000 miembros. 

«De este Congreso nació la Confederación Nacional Católica del 
Trabajo, cuyo comité radicó en Guadalajara hasta 1925. El padre Mén- 
¡dez Medina solicitó del episcopado el permiso para establecer las Fede- 
¿raciones Diocesanas, quedando constituida la de la arquidiócesis de 
¡Méjico, en una solemne ceremonia celebrada en el salón de actos del 
. Casino Español, el 16 de julio de 1922. Fue nombrado asistente ecle- 
«siástico de la Federación Diocesana, el señor presbítero doctor don Ra- 
fael Dávila Vilchis.».* - 

En el domicilio del Secretariado, ubicado en la calle de Motolinía 9 
de la ciudad de Méjico, quedaron instalados, a partir de diciembre de 
1922, los sindicatos de: Maestros, Empleados, Empleadas, de la Aguja, 
la Bretaña, Interprofesional Femenina, Tabaqueras, la Ericson, Inter- 
profesional La Concordia, Carpinteros, Zapateros, Carniceros, la Socie- 
dad Mutualista La. Fraternal y la bolsa de trabajo para los miembros 
profesionales de ambos sexos. 

Estos éxitos sindicales despertaron viva desconfianza en las cen- 
: trales obreras de tendencia comunista: CGT y CROM, quienes endere- 
zaron su propaganda tendenciosa contra la obra del Secretariado que, 
contra viento y marea, continuó su meritoria labor con la fundación, 
ren 1923, de la “Caja de Ahorros León XIT”. 


` Méjico Cristero 467 


En el mes de octubre de 1924 el activo jesuita, padre Méndez Me- 
dina, cesó en su brillante actuación de director, y fue designado para 
. ocupar dicho cargo el presbítero Miguel Darío Miranda, que se encon- 
traba en Europa estudiando la organización de obras sociales, quien no 
pudo, por lo tanto, entrar en funciones hasta el 28 de marzo de 1925. 
«El Secretariado —según informe oficial de aquellas fechas— con- 
taba con la Unión de Damas Católicas Mejicanas, que tenía 216 Cen- 
tros Regionales y Locales, con 22,885 socias; la Asociación Católica de 
la Juventud Mejicana, con 170 Grupos y 5,000 socios, y finalmente la 
Confederación Nacional Católica del Trabajo con 348 Agrupaciones y 
19,500 socios.» 

En el mes de septiembre de ese año se celebró, bajo los auspicios 
del Secretariado y en su propio domicilio, el Segundo Congreso de la 
Confederación Nacional Católica del Trabajo, del que surgió la impor- 
tante iniciativa de organizar la Liga Católica Campesina y la Liga 
Nacional de la Clase Media, cuya plena realización impidieron circuns- 
tancias posteriores. 

La reglamentación sectaria del ateis 3% impuesta por el gobierno 
callista a principios de 1926, orilló al Secretariado a planear una Unión 
de Colegios Católicos, cuyos estatutos se encargó de redactar. Pero esto 
sólo no bastaba y «confió a los Caballeros de Colón el promover la 
Unión Nacional de Padres de Familia y formular sus estatutos, encargo 
que cumplió el 20 de junio de 1926.» "° 

La suspensión del culto público y el recrudecimiento de la perse- 
cución frenó la obra social del Secretariado que aún pudo, sin embargo, 
impartir varios ciclos de conferencias y cursillos sobre la doctrina 
social de la Iglesia a sacerdotes y seglares de ambos sexos y organizar 
el Instituto de Cultura Femenina para preparar en él a las jóvenes 
avocadas a ser futuras dirigentes de la Juventud Católica Femenina 
Mejicana. 

El 25 de enero de 1928 fue asaltada, por los esbirros de la Inspección 
General de Policía, la casa del Secretariado: Muebles, libros y pape- 
les, sobre todo la Caja de Ahorros León XIII, fueron pasto fácil de 
la voracidad de los policías, que clausuraron la casa y apresaron a 
los miembros del Secretariado que allí se encontraban. 

Los ahorros de los pobres se esfumaron y, aunque sin recursos eco- 
nómicos, el padre director continuó con renovada energía su misión 
-y alquiló, un mes más tarde, una casa en la calle del Eliseo Núm. 12, 
en donde dio albergue al Comité Central de la Confederación Nacional 


468 Antonio Rius Facius 


Católica del Trabajo, al de la Confederación Diocesana del Trabajo con 
algunas de sus secciones filiales, al Instituto de Cultura Femenina y. 
a los círculos de la JcrMm. 

Y para poner definitivamente a flote esa obra necesaria para Mé- 
jico, el presbítero Miguel Darío Miranda emprendió un viaje hacia 
los Estados Unidos en busca de apoyo de los obispos expatriados, y allí 
visitó, en primer lugar, al anciano arzobispo de Méjico y lia 
del Comité Episcopal, Mons. José Mora y del Río, quien le dio una carta 
de presentación para el cardenal Gasparri. Visitó a otros obispos des- 
terrados en el sur de los Estados Unidos y, a su paso por Washington, : 
«el excelentísimo señor arzobispo de Morelia y el excelentísimo señor 
obispo de Tabasco no solamente le expidieron un documento como los 
demás señores obispos, sino que obtuvieron una carta oficial de pre- 
sentación y recomendación de la Delegación Apostólica de Washington 
para la Secretaría de Estado del Vaticano.» "° 

En Roma coincidió con Mons. Ruiz y Flores; quien lo alentó a 
planear la futura Acción Católica Mejicana y lo presentó al papa Pío XI. 

«El padre Miranda rindió a` Su Santidad un Informe, por escrito, 
donde estaban contenidos los trabajos que el Secretariado había des- 
arrollado durante siete años de su existencia, sometiendo a la soberana 
consideración del Pontífice un programa de reconstrucción que el padre 
director concretaba en los siguientes puntos: 

»I.—Organización de la Acción Católica Mejicana: organismo gene- 
ral que abraza todas las fuerzas vivas de los católicos de Méjico y que, 
bajo la dirección del episcopado, las coordine y dirija en orden a la’ 
restauración cristiana de la vida individual, familiar y social. 

»II.—Desarrollo de la cncr: modificación, adaptación y orientación 
de ese organismo de acuerdo con su naturaleza de organización social- 
económica, las direcciones de la Iglesia y las circunstancias parte 
lares del medio. 

»I!!.—Fundación de la Escuela de Formación Social: Para la for- 
mación de los dirigentes de la Acción Católica y de la cncr, con uni- 
dad de doctrina, de espíritu y técnica. úl 

»IV.—Preparación de la Universidad Católica de Méjico; formando 
en las varias universidades católicas de Europa y América a los futuros 
profesores, y mientras no sea posible esa fundación, supliendo la acción 
de dicha Universidad de la manera más adecuada, especialmente aten- 
diendo a la formación católica de los estudiantes de la Universidad 
oficial. 


Méjico Cristero .- Na l 469 


»V.—Para la actuación de este programa se impone el estableci- 
miento de una fundación cuyo capital se invierta en el extranjero y 
cuyos réditos serán la base estable del desarrollo de este programa.» ” 

El Romano Pontífice extendió, desde luego, varias cartas de reco- 
mendación al padre Miranda y, predicando con el ejemplo, aportó una 
importante suma de dinero que fue entregado por la Delegación Apos- 
tólica de Washington a Mons. Ruiz y Flores, ya electo presidente del 
Comité Episcopal, para que el Secretariado iniciara sus trabajos. 

Las universidades católicas de Milán, Friburgo, Deusto v Lovaina 
y el Instituto Católico de París, prestaron toda su ayuda al Secreta- 
riado eximiendo de pago a los estudiantes mejicanos enviados por éste. 
La Universidad Católica de Washington, la National Catholic Welfare 
Conference y el periódico El Debate, de Madrid, en colaboración con 
la Asociación Nacional de Propagandistas, ofrecieron varias becas al 
Secretariado. 

Al resolverse el conflicto religioso, el Secretariado Social Mejicano 
estableció su nuevo domicilio en la calle de Guillermo Prieto número 25 
de la ciudad de Méjico. En ese lugar quedaron instaladas las ófici- 
nas de la maltrecha Confederación Nacional Católica del Trabajo, la 
Confederación Diocesana del Trabajo y sus filiales, así como Cultura 
Femenina, germen de la JCFM. 


Consigna contra la acim.—A raíz de los arreglos, el Comité Gene- 
ral de la acim envió una expresiva carta al arzobispo de Méjico y al 
delegado apostólico, testimoniando su “completa adhesión a todas las 
enseñanzas y directivas de la Santa Sede en cualquier orden de cosas y 
en especial en lo relativo a la Acción Católica”; le pedía su bendición 
y le ofrecía que, con renovados bríos, seguiría la Asociación “el camino 
trazado en sus Estatutos” para llegar, por él, al fin sintetizado en su 
lema: “Por Dios y por la Patria”. 

Mons. Díaz no contestó. El arzobispo Ruiz y Flores lo hizo, en cam- 
bio, en términos encomiables: 

«Sin duda ninguna la heroica y benemérita acim debe marchar, 
como siempre lo ha hecho, a la vanguardia del catolicismo mejicano 
“y nunca más que ahora hace falta que con nuevos bríos marche siem- 
pre hacia adelante con su glorioso lema: Por Dios y por la Patria. 

»Se ha dado el primer paso para buscar la solución definitiva del 
problema religioso... grande es el campo y muchos son los trabajos 


470 . l Hos . Antonio Rius Facius., 


4 


gue... con la gracia de Dios y con la sabia y prudente dirección de 
- vuestro director ÓN y de vuestros asistentes eclesiásticos, llevaréis 
a feliz término.. 

»Recibid mi... apostólica bendición que en nombre de Dios Todo- 
poderoso muy de corazón envío a todos los socios de la AcIM.»* 3 

Seguramente el silencio del arzobispo de Méjico obedecía a deter- 
minados propósitos que aún no juzgaba oportuno dar a conocer y ordenó 
al presbítero Miguel Darío Miranda, guien estaba al frente de una cp- 
misión integrada por los padres Rafael Dávila Vilchis y Ramón Martínez 
Silva, que, de acuerdo con los estudios que había hecho sobre la Acción 
Católica Italiana, procediese a redactar los Estatutos de la Acción Ca- 
tólica Mejicana. 

Para orientar su trabajo, en relación a los compromisos verbales 
contraídos al firmarse los arreglos, el padre Miranda acudió al secre- 
tario de Gobernación, licenciado Felipe Canales, y éste le confirmó el 
deseo del gobierno de que la Liga y la AcIM fueran eliminadas. La co- 
misión, para dar cumplimiento a esta orden, se propuso establecer, 
dentro de la Acción Católica, una juventud católica masculina distinta 
de la acsm. Al enterarse de tales designios, los miembros del Comité 
General de la Asociación, que no esperaban semejante política en su 
contra, se aprestaron a defenderla, y el primero en saltar a la palestra 
fue su benemérito fundador y asistente eclesiástico, el reverendo padre 
Bernardo Bergoénd, S. J., quien dirigió a la Comisión que pretendía 
eliminar la acimM un extenso, ponderado y certero ocurso, en el que 
deshacía todas las falsas y tendenciosas argumentaciones contrarias a 
la Institución por él asistida, 

En el proyecto presentado por la Comisión de Estudio de la Acción 
Católica Mejicana, eran dos los aspectos fundamentales que amena- 
zaban a la Aacim y que fueron rebatidos por el padre Bergoénd. 

19) Suprimía el nombre de la Asociación Católica de la Juventud 
Mejicana, cosa que equivalía a deshacerla, puesto que el nombre era 
la definición abreviada de la institución. 

29) Se consideraba que la acsm servía de estorbo para la forma- 
ción, dentro de las filas de la Acción Católica, de una nueva juventud 
católica mejicana. 

Las razones expuestas por el ilustre fundador de la Asociación para 
que no la disolviesen, fueron contundentes. Una vez contestados todos. 
y cada uno de los cargos hechos a la trayectoria seguida e índole. de 
la Asociación, terminaba su escrito con estas sugestiones: Ñ 


Méjico Cristero ` mi 


«Supuesta la permanencia en el campo:de la Acción Católica de la 
„Asociación Católica de la Juventud Mejicana y para lograr su exten- 
sión a la masa de los jóvenes católicos mejicanos, se propone la espe“ 
cialización de los Grupos que la componen como partes integrantes.: 
Estos Grupos pueden ser varios; V. gr.: juventudes estudiantil, obrera, 
campesina, profesionista, etc. dea 

»Proceder de otra manera sería amontonar multitudes amorfas, cuya 
vida "sería nula. 

»En este trabajo de organización juvenil, por consejo del muy reve: 
rendo padre general de la Compañía, hay que proceder armonizando 
estas dos ideas: Especialización y Unidad.» * 

Al comprender que lo expuesto en este memorial no tenía réplica, 
la Comisión opuso nuevos obstáculos para el ingreso de la acsm a la 
Acción Católica Mejicana y le fijó condiciones imposibles de admitir; 
contenidas en una serie de preguntas formuladas a los dirigentes de 
la Agrupación, que dieron origen a un nuevo y categórico docúmento, 
suscrito por Octavio Elizalde,* José Márquez, Manuel Dávalos Lozada, 
Luis G. Barquera y Guillermo López de Lara. 


En defensa de la acim.—A la primera pregunta de si era o no con- 
veniente que la rama juvenil se acomodase en lo posible a sus similares, 
dando un paso intermedio antes de realizar tal adaptación; el Comité 
General respondió, en un amplio memorándum fechado el día 13 de 
septiembre de 1929, que en los Estatutos de la Acsm no había nada que 
contradijera las directrices de la Santa Sede, por lo cual no había nece- 
sidad de dar ese paso. Y en el detalle de la respuesta defendía el sis- 
tema seguido hasta entónces del nombramiento, por votación, del pre- 
sidente general: i 

«El punto de elección del presidente es para nosotros de suma im- 
portancia, porque engendra la responsabilidad no sólo del elegido, sino 
de los que lo eligen, y constituye, por consiguiente, un elemento fun- 
damental de formación.» i : 


t * Octavio Elizalde y Ramos Natera, presidente general de la acim, había 
regresado recientemente del exilio, desde donde escribió a su amigo y com- 
pañero Andrés Barquin: «Yo voy camino a Méjico, me impulsa a ello la concien- 
cia-de mi deber; tres años llevo de tener abandonado mi hogar; salgo de la lucha 
sin un peso, con mi carrera hecha pedazos, sin que me sonría una esperanza de 
poder. reconstruir lo destruido; pero me alienta el pensamiento de que. otros, 
los otros, sacrificaron más, de tal modo que yo ante ellos me siento pigmeo. 
Dios dirá.» ; z 


T2 E l Antonio Rius Facius 


Sobre el aspecto de abarcar a la masa, los acejotaemeros afirmaron 
haberlo hecho «cuanto lo han permitido el desarrollo firme de nuestra. 
Institución, las condiciones políticas del país, los recursos económicos ` 
de que hemos podido disponer, y sobre todo, la ayuda de los párrocos.» 

Sin embargo, no podían despreciar a la élite porque «creemos firme- 
mente que es necesaria a la masa de la juventud y a las masas en gene- 
ral, Sin ella la Asociación sería algo amorfo que para nada serviría.» 

La Comisión pretendía modificar el carácter del asistente eclesiás- 
tico, cuya misión era la de asistir y orientar, por el de un director que 
asumiera la conducción absoluta de la Asociación, a lo que argumen- 
taron los miembros del Comité General: 

«No vemos la necesidad de cambiarlo, desde el momento en que 
hay documentos pontificios expresos que lo aprueban explícitamente, 
y no hay, que sepamos, ningún otro que derogue esta aprobación 
explícita.» 

Otra de las objeciones presentadas por la Comisión Organizadora, 

` contestada por el Comité general fue: 

«Delimitación respecto a actividades netamente de Acción Cató- 
lica:—La acsm nunca jamás se ha extralimitado en este sentido, y la 
acusación de que nuestra Institución tomó parte en la defensa armada, 
el reverendo padre Bergoénd, S. J., la contestó ya a esa Honorable 
Comisión...» * E 

La segunda pregunta hecha por la Comisión, versó sobre si se con- 
sideraba o no cambio sustancial el transformar la organización interior 
de la acim, a lo que el Comité General respondió afirmativamente. 

La tercera pregunta, redactada en términos enérgicos, decía así: 
«Dado el hecho de la implantación y desarrollo de la Acción Ca- 
tólica en Méjico, acentuando el carácter de su dependencia de la auto- 
ridad eclesiástica, en momentos en que la situación de la Iglesia es en 
la Capital y en los estados muy delicada; dado también el espíritu 
de heroísmo de la acsm que la ha hecho aparecer como hostil al go- 
bierno en el terreno armado, se pregunta: si parece prudente el que 

: se desarrolle la Asociación sin perder su nombre. 

»En toda la actuación asumida por la acīm —aclaraba un párrafo de 
la amplia respuesta— con respecto a la cuestión cívica, parte princi- 
pal de los ataques que ha sufrido, no ha hecho sino seguir exclusiva- 
mente las normas dadas por la Santa Sede.. 

»Supuesto esto, quitarle el nombre a la acsm significaría una repro- 
bación pública ante la nación mejicana y ante el mundo entero del 


"Méjico Cristero i 473 


po 


cumplimiento de su deber, y de una manera indirecta una grave cen- 
sura a esas normas pontificias. Excusado es señalar la desmoraliza- 
ción y desorientación que cundiría, no sólo en la juventud católica, sino 
entre todos los elementos que por cumplir con ese mismo deber han 
luchado y luchan abnegada y esforzadamente en el terreno. católico.» 

Las respuestas fueron contundentes a los ataques escudados en esa 
serie de preguntas despiadadas y demoledoras, que falseaban la verdad 
- de la trayectoria histórica y social de la Asociación, la cual, en el resu- 
men final de su precisa y ponderada defensa, afirmó: 

«La ACJM, con su organización y su programa, llena perfectamente 
el cuadro juventud católica masculina. En ese cuadro, contando con 
“un apoyo más firme y sólido, como lo contará dada la organización de 
la Acción Católica, tendrá oportunidad de desarrollarse ampliamente 
y con grande fruto para la Iglesia y para la patria mejicana. 

»La transformación que sugiere esa H. Comisión, significa la su- 
presión de la acim, supresión que no se encuentra justificada y que 
indudablemente sería causa de grande escándalo y desmoralización en- 
el campo católico.» 


Angustioso llamado.—En otro vigoroso y preciso documento diri- 
gido al episcopado mejicano con fecha 11 de octubre de 1929, el Comité 
General de la acim defendió nuevamente a esta Institución condenada 
a desaparecer. 

En la primera parte del memorial exponía con amplitud la doc- 
trina pontificia de la Acción Católica, comparándola con la actuación 
y espíritu de la ACJM, para concluir que la Asociación encuadraba per- 
fectamente dentro de ella. 

En la segunda parte presentaba la más cabal y completa defensa 
de la acm contra las calumniosas imputaciones que se le hacían, imputa- 
ciones que no eran sino el resumen de la política derrotista seguida 
por el arzobispo de Méjico, según se desprende del texto mismo: 

_ «Tomó la acīm parte en el movimiento armado de los llamados 
«“Cristeros”. 

»Es cierto que fueron muchos los acejotaemeros que tomaron las 
armas para defender lo que ellos creyeron lo más sagrado de su patria, 
-que es su religión. Lo hicieron como católicos y como mejicanos, y no 
exclusivamente como acejotaemeros. De hecho sacaron de la Asocia- 
ción el profundo espíritu de sacrificio de que estaban animados; y la 
Asociación tiene a grande. honra el haberlos formado así y conceptúa 


474 Antonio Rius Facius 


3 


como su mayor gloria la de haber dado un contingente de héroes y de 
mártires que, en otras filas que las suyas, ofrendaron su vida en defensa * 
de su religión... y habiendo merecido bien de la Iglesia y de la patria, 
no sólo no debe desaparecer, sino es preciso que exista como ejemplo de 
las disposiciones en que deben estar las presentes y futuras genera- 
ciones juveniles para defender a Cristo y a su Iglesia. 


»B 

»Firmó la acīm un documento público en que se adhería al pro- 
grama de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, infrin- 
giendo con esto sus Estatutos que le prohiben meterse en política. 

»Las actividades de la Liga fueron de carácter meramente cívico, 
y por lo mismo, mal pudo la acgm hacer política al tomar parte en esas 
actividades. Sus muchachos, al entrar a la acim, no pierden ni sus 
derechos ni mucho menos quedan exentos de sus obligaciones cívicas. . 
Al cumplir con ellas, dieron también cumplimiento a un deber de con- 
ciencia. f 

«La Acym firmó, asimismo, un documento público de adhesión al pro- 
grama de la Liga; pero lo firmó cuando la Liga aún no había hecho 
suyo el movimiento armado. Y lo hizo fundada en aquellas palabras 
pronunciadas por Pío XI en el Congreso de la Juventud Internacional, 
reunido en Roma, en septiembre de 1925, con motivo de la Peregri- 
nación Jubilar del Año Santo, palabras que se refieren precisamente 
al género de participación de las juventudes católicas en lo que se llama 
a veces política de católicos: 2 

»Es preciso defenderse de una confusión que pudiera surgir, cuando 
sucede que Nos, que el episcopado, que el clero, que los seglares cató- 
licos parece que hacemos política, pero que en realidad no hacemos 
otra cosa que obra de religión, siempre que combatimos por la libertad 
de la Iglesia, por la santidad de la familia, por la santidad de la escuela, . 
por la santificación de los días consagrados a Dios; en todos estos casos 
y en casos semejantes, no se hace política; pero Ta política ha tocado 
el altar, ha tocado la religión...; y entonces es nuestro deber defen-. 
der a Dios y a su religión; es el deber del episcopado y del' clero; es 
vuestro deber, queridos hijos, jóvenes católicos, cualquiera que sea la 
nación a que pertenezcáis...” 


>C 
»La acIm no ha sabido ir a las masas; se ha contentado con formar 
una élite. 


“Méjico Cristero j 475 


»No hay nada en nuestros Estatutos que nos prohiba ir a las masas, 
ni nos hemos concretado a la élite. Hemos buscado la masa dentro de 
“la posibilidad: cuanto lo ha permitido el desarrollo firme de nuestra 
Institución, las condiciones políticas del país, los recursos económicos 
de que hemos podido disponer, y sobre todo, la ayuda muchas veces 
escasa cuando no contraria de los párrocos. 

»Por lo que hace a la élite, declaramos que sí la ha procurado la 
Asociación, y creemos firmemente que es necesaria a la masa de la ju- 
ventud y a las masas en general. Sin ella la Asociación sería algo 
amorfo, que para nada serviría. 


»D / 

»El espíritu de heroismo de la acm la ha hecho aparecer como hos- 
til al gobierno. De seguir trabajando en el campo de la Acción Cató- 
lica, sería preciso que perdiera su nombre. i 

»No sabemos que el gobierno haya manifestado algún deseo rela- 
cionado con la desaparición de la AcJ™m, pero caso de que sí lo hubiera 
manifestado, pedimos encarecidamente que se nos defienda con toda 
energía, manifestándole que la Asociación, como tal, no ha tomado 
parte en ningún movimiento armado. Al venerable clero se le ha defen- 
dido de semejante imputación, porque la actitud asumida por algunos 
miembros suyos aislados en el campo armado, no quiere decir que haya 
sido la de todo el clero. . , 

- »Quitarle su nombre a lá acm significaría una reprobación pública 
ante la nación mejicana y ante el mundo entero del cumplimiento de 
su deber en el campo cívico, y de una manera indirécta una censura 
a las normas pontificias, a que nos hemos referido... La verdad es 
que la sola suposición de esto ha causado ya gran descontento en mu- 

.chas partes de la República. 

»El Gobierno podrá no mirar con buenos ojos a la Asociación; pero 
hablando con sinceridad, tampoco mira con buenos ojos ni a la Iglesia 
Católica, ni a la misma Acción Católica... 


»E 
»La acim ha mostrado poca disciplina en los años de persecución. 
»Esta aseveración, en su generalidad, es falsísima. Los que hemos 
vivido su vida en tan aciagos tiempos, hemos palpado todo lo contrario; 
y bien podemos afirmar que nunca la obediencia ha sido tan general y 
tan heroica. Es cierto que ha habido ciertos casos aislados de indisci- 
plina; pero los culpables, si así se les quiere llamar, estaban en el 


e epay je i . 5 A a - r E 2 P i , 


s6 Antonio Rius Facius 


extranjero, fuera del control de la Asociación; y lo que hicieron, no’ 
: lo hicieron ni mandados, ni aconsejados por la Asociación, ni por espí- 
ritu infundido por ella. 

»Aquí ponemos punto final al memorial que presentamos al vene- 
rable y muy amado episcopado, haciéndole una petición que sale de 
lo más profundo del corazón: 

»Si la acm, alabada, bendecida y aprobada no una vez, sino mu- 
chas, tanto por el venerable episcopado nacional, como por la Santa 
Sede; encomiada, aplaudida y admirada por las Juventudes Católicas 
de todo el mundo, unidas por medio del Secretariado Internacional de 
Juventudes Católicas establecido en Roma; y bendecida también por 

. innumerables prelados extranjeros, no se la juzga capacitada para for- 
mar el cuadro general de la Juventud Católica Mejicana, pide ésta, sin 
embargo, que se la deje vivir como una de tantas entidades, que nece- 
sariamente formarán las partes integrantes de la nueva Institución. 

»Tiene la Asociación un valor real adquirido, por el concurso de 
muchas circunstancias providenciales, por ejemplo: el haber desper- 
tado entre los jóvenes un espíritu profundamente cristiano, cuya falta 
en Méjico todos lamentábamos; el haber suscitado también gran espí- 
ritu de sacrificio por la Iglesia y sus Instituciones, espíritu de verda- 
dero patriotismo y amor intenso, como en ninguna otra institución, 
al estudio de los problemas religiosos y sociales de Méjico. Los valo- 
res no se improvisan ni se crean de real orden; y una vez destruidos, 
no se pueden sustituir por otros, porque el conjunto de factores que 
los constituyeronsestá fuera de toda previsión. 

»Tiene la Asociación también un valor crédito, que no debe despre- 
ciarse, principalmente en estos momentos en que hay que utilizar todo. 
lo que ayude a la gran idea de reconstrucción de nuestra vida religiosa. 
El desconcierto y la pena que produciría tanto en Méjico como en el 
extranjero la supresión de la AcM sería, a nuestro ver, de resultados 
funestos. Hay que tener también presente que suprimida la Asócia- 
ción, sus miembros no tendrían cabida en la nueva Institución que se 
establecería; porque dado el espíritu de nuestros acejotaenieros, sería 
un estorbo grande para las nuevas orientaciones. ¿Y no sería una gran 
lástima perder esos elementos valiosos y de probada formación? ¡Qué 
triste sería para este Comité General de la Asociación tener que comu- 
nicar a ésta que ya no tiene derecho a la vida y que arríe su gloriosa 
bandera, porque o no ha sabido llenar los ideales contenidos en sus' 
bénditos pliegues o porque la ha deshonrado con acciones indignas! 


Méjico Cristero i 477 


r 


»¡Que nuestra bendita Madre de Guadalupe aparte de nosotros este 
no merecido baldón!» 5 i 

Aquel memorial dirigido por la Asociación Católica de la Juventud 
Mejicana a todos los prelados de la jerarquía católica en Méjico, era 
un verdadero grito de angustia ante la eminencia de su sacrificio en 
aras de la política acomodaticia inaugurada con el modus vivendi. 


XL 


DISOLUCION DE LA ACJM 


Antagonismo de Mons. Díaz hacia la acim.—La Aso- 
ciación, disuelta. por la autoridad eclesiástica.— 
Intento de creación de una nueva acyú.—Juventud 
Cívica. + ` 


Antagonismo de Mons. Díaz hacia la acim.—Lá acsm resistió, con 
la razón de su parte, las acometidas de la Comisión de Estudio de la 
Acción Católica para hacerla desaparecer y, ante la solidez de sus argu- 
mentos, el padre Miranda y sus compañeros aceptaron, en principio, 
la conveniencia de incluir a la Asociación dentro de la Acción Cató- 
lica Mejicana, aunque modificando sustancialmente sus estatutos. 

Mons. Pascual Díaz y Barreto, arzobispo de Méjico, había asumido 
el cargo de jefe de la proyectada Acción Católica Mejicana, y con tal 
“carácter había nombrado a dicha Comisión de Estudio que trabajaba 
bajo sus órdenes directas, aunque no fue, sino hasta el 9 de mayo 
de 1930, cuando recibió oficialmente de la Santa Sede su nombramiento 
de director pontificio de la AcM. 

A principios de noviembre, cuando ya estaban redactados los nue- 
vos estatutos particulares de la AcJm, visitó en su domicilio al reve- 
rendo padre Bernardo Bergoénd, S. J., para hacerle saber que le había 
nombrado director general, para toda la República, de la Acción Cató- 
‘lica Juvenil Mejicana. Tras un cambio de impresiones, el padre 
Bergoénd le pidió al arzobispo que le permitiera reflexionar antes de 
aceptar el nombramiento. 


479 


480 Antonio Rius Facius- 


Los nuevos estatutos habían sido enviados, mientras tanto, a todo 
el episcopado mejicano para su estudio. 

El Comité General de la acym se ocupó, desde luego, en estudiarlos 
detenida y concienzudamente y, el 27 de noviembre de 1929 escribió 
una carta al arzobispo de Méjico acompañada de un acucioso examen 
hecho a los estatutos: 

«Nuestra Asociación está animada de ardiente deseo de trabajar 
por la gloria de Dios y el bien de la patria —decia aquella epístola—, 
como leal cooperadora y bajo la amorosa y sabia dirección del vene- 
rable episcopado. Ese deseo de ser útil la hace inquietarse y temer por 
su porvenir y por la efectividad de sus trabajos, en el caso de que sean 
modificados su organización, su espíritu, los medios de formación de` 
sus miembros, etc., condensado todo ello en los estatutos que actual- 
mente la rigen.» 

Al día siguiente envió el Comité General, a todos los obispos y 
arzobispos de la República, una copia del estudio. hecho y una carta 
circular en la que les rogaba que hiciesen a éste todas las observa- 
“ciones que creyeran pertinentes. 

Dicho estudio constaba de tres partes, la primera llevaba este título 
general: 

«No es necesario redactar nuevos estatutos generales. > 

La segunda y más extensa, versaba sobre: 

«Es conveniente que la AaciM conserve sus actuales estatutos.» 

Y en la tercera, síntesis breve de las anteriores, se afirmaba: 

«Los estatutos actuales son adaptables a la orenian de la Acción 
Católica Mejicana. 

»Demostrado, como se ha visto por lo anterior, que no es necesario 
redactar para la acim unos nuevos estatutos, antes bien, conviene con- 
servar los actuales, cabe, sin embargo, decir que para entrar en forma 
más precisa dentro de la Acción Católica Mejicana, convendría esta- 
tuir la dependencia y relaciones de la primera con ésta. Al efecto, el 
Comité General declara que la Asociación gustosa haría a sus Esta- 
tutos aquellas adiciones con las cuales quedarán adaptados a la Acción 
Católica Mejicana.» 

Pocos fueron los prelados que contestaron directamente al Comité 
General dando su opinión, pero quienes lo hicieron, mostraron su sim- 
para y aprobación, en general, al estudio: 

.entre las observaciones que... hice al proyecto de Estatutos: 
para la Acción Católica Mejicana —escribió Mons. José Otón Núñez—, 


Méjico Cristero i a 481 


dije que no era conveniente destruir para edificar... Las razones que 
ustedes exponen me confirman en esta opinión y así lo digo al ilustrí- 
. simo y reverendísimo señor Díaz en carta que le escribo hoy.» 

El arzobispo de Durango, Mons. José María González y Valencia, 
~ escribió desde Chicago el 28 de diciembre de 1929: . 

«Toda mi aprobación merecen las ideas en él contenidas. Créame 
que una de las penas más grandes que he tenido en mi destierro, ha 
sido la de ver, aunque de lejos, desaparecer las tan gloriosas Institu- 
ciones de la acm y de las Damas Católicas, que tantos y tan buenos 
frutos produjeron. Yo no he hecho ninguna observación a este res- 
„pecto, porque lo he creído enteramente inútil » * i 

Y así fue: los nuevos estatutos fueron promulgados por a arzo- 
bispo de Méjico el 25 de diciembre de 1929, sin que fuèran tomadas 
en.cuenta las sugestiones hechas por el Comité General de la acim 
y algunos prelados, quedando, por consiguiente, disuelta ésta al ser sus- 
tituida por una nueva organización juvenil masculina dentro de la 
Acción Católica Mejicana. 


La Asociación, disuelta por la autoridad eelesiástica.—Los miem- 
bros del Comité General de la Asociación, dando una prueba de no- 
bleza y obediencia, se sometieron a los deseos de la autoridad eclesiás- 
tica y giraron esta circular a los Comités Diocesanos y Grupos Locales 
de la Acim: 

«La autoridad eclesiástica ha organizado una nueva agrupación de 
juventud católica, distinta de la que hasta hoy ha existido con el nom- 
bre de Asociación Católica de la Juventud Mejicana, según puede verse 
comparando los respectivos estatutos, que son los que caracterizan a 
una institución. En esa virtud, y para ser el primero en dar una prueba 
de disciplina y acatamiento a las disposiciones de la misma autoridad ; 
eclesiástica; este Comité General, como autoridad suprema de la ACJM: 

»I.—Considera que la Asociación Católica de la Juventud Meji- 
cana (acim) ha quedado por ese hecho disuelta: ` 

»II.—Recomienda a los. que fueron sus miembros que se pongan a 
Ja: disposición de sus respectivos párrocos, para trabajar en la nueva 
organización de la Juventud Católica. 

. »TH.—Da a los mismos las gracias por los ejemplos de disciplina 
y de heroísmo de que siempre dieron muestra cuando militaron en las 
filas de nuestra amada Institución. 

»Dios Nuestro Señor guarde a ustedes muchos años. 

“MÉXICO CRISTERO.—31 


482 ES l Antonio Rius Facius 


AU JM 
‘Comiti General- ` 
ferretaría 

Micic. P. J 


A LOS COMITES DIOCESANOS Y GRUPOS LOCALES DE LA A.C.J.M. 


La Autoridad Eclesiástica ha organizado una nueva 
agrupación de juventud católica, distinta de la que hasta hoy ha 
existido con el nombre de Asociación Católica de la Juventud Ke- 
xicana, según puede verse comparando los respectivos estatutos,- 
que son los que caracterizan a una institución. En esa virtud, y 
para ser.el primero en dar una prueba de disciplina y acatamien- 
to a las disposiciones de la misma Autoridad Eclesiastica, este- k 
Comité General, como autoridad suprema de la A.C.J.M.: 


i 1 - Considera que la Asociación Católica de la Juven- 
tud Mexicana (A.C.J.M.) ha quedado por ese hecho disuelta. 


: II - Recomienda a los que fueron sus miembros que se -= 
pongan a la disposición de sus respectivos párrocos, para traba- 
jar en la nueva organización de la juventud católica. 


i III - Da å los mismos las gracias por los ejemplos de - 
disciplina y de heroismo de que siempre dieron muestra cuando mi 
litaron en las files de nuestra amada institución. 


Dios nuestro Señor guarde a ustedes muchos años. 
POR DIOS Y POR LA PATRIA 


PRIMER a i 


p. SECRETARIO GENERAL 


Circular conteniendo las firmas autógrafas de los miembros del Comité General 
de la scm dando por disuelta la Asociación. : 


Méjico Cristero l ' 483 


»Por Dios y por la Patria. 

»Méjico, D. F., a 31 de diciembre de 1929.» 5 

Este documento, de. positiva trascendencia histórica, fue suscrito 
por Octavio Elizalde y Ramos Natera, presidente general; Luis G. Ruiz 
y Rueda, primer vicepresidente; José Márquez, segundo vicepresidente; 
Luis G. Barquera, Luis Vargas Varela, Antonio Díaz Fuenlabrada, 
José Luis Orozco, Pablo Sarre J., Luis Mier y Terán y Manuel Dáva- 
los Lozada, secretario general de la Agrupación. 

Adjunto a este documento se envió otro de instrucciones, autori- 
zando a los miembros activos y socios honorarios de la AcM a conser- 
var sus distintivos, disponer de las pertenencias de sus Grupos, de 
acuerdo con las respectivas mesas directivas o asambleas generales, 
y entregar, a la persona más idónea de la población, banderas y archi- 
vos o, en su defecto, remitirlos a Octavio Elizalde, a la ciudad de Mé- 
jico, para ir formando con estos objetos un museo de la acsm. 

Acatando las disposiciones postreras del Comité General, muchos 
de los Grupos y Comités Diocesanos establecidos en la República, cu- 
“yas actividades se habían visto interrumpidas por la violencia de la 
persecución o contaban aún con cierta rudimentaria existencia orga- 
nizada, se pusieron a la disposición de sus respectivos obispos o arzo- 
bispos para iniciar sus nuevas actividades, encuadradas dentro de las 
filas de la Acción Católica Mejicana. Otros optaron por disolverse 
definitivamente, siguiendo con ello el ejemplo del Comité General de 
la Institución. 

El relato de la disolución del Grupo Local “Joaquín de Silva” —an- 
tes “Gabriel García Moreno”—, de Tacubaya, Distrito Federal, puede 

. aplicarse en esencia a lo sucedido en muchísimos más: 
.. Al ser recibida la circular girada por el Comité General el día 31 de 
diciembre de 1929, la Directiva del Grupo «convocó a los socios para 
comunicarles dicho acuerdo y el domingo 12 del corriente mes —enero 
de 1930— reuniéronse los componentes del Grupo, juntamente con los 
niños de la “Vanguardia Manuel Melgarejo”,» en el oratorio semi- 
-público del Grupo mismo, para oir juntos por última vez la santa misa 
y comulgar en ella colectivamente, A la hora en que Dios bajaba 
al altar, las banderas del Grupo y la Vanguardia se abatieron hasta el 
.suelo, demostrando que sólo ante el Rey de la gloria se humillaba 
su espiritu batallador, y se escucharon sollozos ahogados, suspiros con- 
tenidos que se escapaban de los pechos juveniles que nunca temblaron 
ante el peligro de la muerte. : 


e. 


484 Antonio: Rius Facius 
a 


«Al terminar la misa, nuestro padre asistente eclesiástico dispuso 
que los socios entonaran el Tantum ergo. Resonaron las voces viriles 
y el canto brotó con dejos de tristeza y con dejos de amargura; parecia 
que cantaban en vez del himno eucaristico, aquellas palabras sublimes: 
Ave, Cesar, morituri te salutant. Salve, Rey de la Gloria, los que van 
_a perecer, los que van a dejar de existir como Grupo, te alaban, ben- 
dicen una vez más tu Santo Nombre y te dan gracias también por lo 
que sufren... y Cristo bendijo a.sus atribulados hijos. . .» 

Desayunaron juntos aquellos jóvenes amigos y después celebraron 
-su última Asamblea General, a la que dieron comienzo con la hermosa 
' oración de la acīm, compuesta por el ilustre fundador de la Asocadion, 
Bernardo Bergoénd S. J.: 

«¡Oh, Dios, que te dignaste conceder tu divino ts a los após- 
toles para que propagaran por todo el mundo la verdad de tu Santo 
Evangelio, concédenos un celo semejante al suyo para luchar porque 
vuelvan las benditas máximas cristianas a ser la norma de nuestra so- 
ciedad y de nuestros gobiernos, para que nuestra patria se salve y se 
vea libre de sus enemigos; te lo pedimos por intercesión de la Inmacu- 
lada Virgen María y por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo.» 

Después se pasó lista de presentes; mencionáronse los nombres de 
Joaquín de Silva, Manuel Melgarejo y Salvador Gutiérrez Mora, los 
mártires de ese Grupo, cuyo presidente leyó a continuación el oficio 
del Comité Central. Estaban presentes en aquel emotivo acto Octavio. 
Elizalde y el presidente del Comité Diocesano. 

«El licenciado Elizalde y Ramos Natera —narra el puntual cronista 
J. Lerma— expone concisamente cómo nos ha disuelto la autoridad 
eclesiástica, no con una orden, sino con los hechos, ya que de todos 
sun conocidos los casos de los Grupos nuestros que han sido disgre- 
gados por algunos señores curas, para formar la nueva agrupación de 
juventud católica; leyó en seguida algunos de los documentos más inte- 
resantes acerca de los cargos que la Comisión de Estudio de la Acción 
Católica hizo a nuestra Asociación, y la defensa que se hizo de ella, 
Suplicó a los socios del Grupo que no se murmurase de ese acto de la 
autoridad eclesiástica, ya que ella, con todo derecho, podía formar aso-. 
ciaciones y disolverlas a su voluntad, por lo que sólo nos tocaba some- 
ternos como fieles hijos de la Iglesia.» 

El presidente del Grupo Local de la acm “Joaquín de Silva”, hizo 
uso de la palabra para declararlo disuelto en un sentido y emotivo. 
discurso de despedida. Finalmente pasaron todos los aa da 


Méjico Cristero ] , i +” 485 


presentes a rendir su personal homenaje a la bandera de la Institución, 
besando sus pliegues en medio de un emocionado silencio en el que 
.se hacía presente el sacrificio cruento de los mártires del Grupo. 

No fue unánime la aceptación, entre el episcopado mejicano, de los 
nuevos organismos de Acción Católica decretados por Mons. Pascual 
Díaz y Barreto, como se desprende de las respuestas dadas por algu- 
nos prelados a la Comisión de Estudio o al Comité General de la Aso- 
ciación Católica de la Juventud Mejicana. 

Mons. Leopoldo Lara Torres, primer obispo de Tacámbaro, llevó 
adelante su manifiesta inconformidad con el procedimiento seguido y, 
el 3 de abril de 1930, escribió una enérgica epístola al delegado apos- 
tólico para protestar por la imposición que el arzobispo de Méjico pre- 
tendía hacer de su réplica criolla de acción católica italiana en todas 
las diócesis de la República: 

«1.—Insisto en que en la junta de prelados —decía textualmente 
la carta— se acordó solamente nombrar una Comisión encargada de 
presentar un proyecto de Estatutos de la acīm nada más, y se deter- 
minó que fuera enviado a los ilustrísimos señores obispos para que los 

_estudiaran y mandaran sus observaciones o su aprobación, no precisa- 

mente para que los aprobara, cuálquiera que haya sido el propósito 
que hayan tenido los directores del asunto; menos aún se tomó acuerde 
de que se facultara a nadie para que los promulgara, que es lo que yo 
he sostenido y sostengo. Por-lo que no los juzgo aún promulgados' 
-con el carácter de obligatorios para nadie, en general; en cada diócesis, 
cada prelado podrá imponerlos o no, como mejor le parezca. 

»2.—Tampoco se determinó plazo ninguno para presentar observa- 
ciones, ni era fácil hacerlas debidamente dentro de un mes; porque 
si los señores que formaron la Comisión habían hecho estudios pre- 
vios y tenían libros y datos suficientes para dilucidar algunos puntos 
oscuros de los estatutos, no todos teníamos esos estudios ni esos libros 
y datos para poder consultar. Ni se nos han dado a conocer las obser- 
“vaciones que hayan hecho los demás, como parecía prudente hacerlo 
-en la manera ordinaria de proceder entre esta clase de conjuntos legis- 
lativos. 

»3.—Que sólo después que llegaron las aprobaciones de la mayoría 
de los prelados, que ha sido casi la totalidad, el ilustrísimo señor arzo- 
-bispo de Méjico procedió a declararlos promulgados en fuerza de la 
aprobación. No se había determinado antes que para promulgarlos 
fuera necesaria una junta especial, dice la contestación a que me refiero. 


486 Antonio Rius, Facius 


Pues de que hayan sido aprobados por la mayoría y casi totalidad 
de los prelados, no se sigue que se haya autorizado al ilustrísimo señor 
arzobispo de Méjico para declararlos promulgados en fuerza de la mis- 
ma' aprobación. De que no se haya determinado antes que para pro- 
mulgarlos fuera necesario una junta especial de prelados, tampoco se 
sigue que se les haya conferido esa facultad. Antes bien, si no se deter- 
minó la manera de promulgarlos, claró está que habría que determi- 
narla después que se recibieran las observaciones o aprobaciones del 
proyecto. 

»Pero aun así: ¿Cuándo se hizo esa declaración o promulgación? 
¿En qué documento se nos comunicó a los prelados? ¿Qué fuerza se 
le dio a esa promulgación? ¿En qué se apoyó para hacerla? ¿Se toma- 
ron en consideración las observaciones que se hicieron? ¿Están resuel- 
tas todas las dificultades? Yo he estado en comunicación constante. 
con la Delegación Apostólica y con el ilustrísimo señor arzobispo de 
Méjico, de quien he recibido varias comunicaciones y cartas, y no re- 
cuerdo haber recibido hasta ahora ningún documento acerca de este 
punto, fuera del proyecto de estatutos y de la carta que los acom- 
pañaba. 

» Y como no sé que el episcopado haya decretado la promulgación 
de los estatutos, tal como están en el proyecto, ni modificados, no juzgo 
que sea rebeldía al episcopado la resistencia de la Acim a aceptar 
su incorporación a la acm, como se deja entrever en el telegrama alu- 
dido.» *? 

Mons. Ruiz y Flores se apresuró a contestar en tono conciliatorio, 
pretendiendo desviar la protesta del obispo de Tacámbaro hacia la ne- 
cesidad de implantar, debidamente organizada, la Acción Católica en 
Méjico. 

En esto nadie estaba en desacuerdo, sino en la oportunidad para 
hacerlo, la estructura que quería dársele y el procedimiento para implan- 
tarla, y así se lo hizo ver al delegado apostólico el obispo en su réplica, 
sin que valieran sus objeciones, que no fueron tomadas en cuenta para 
que, el 8 de junio de 1930, Mons. Díaz y Barreto, nombrado director 
pontificio de la Acción Católica Mejicana un mes antes, hiciese la 
promulgación oficial “a nombre del mismo episcopado”. 


Intento de creación de una nueva Acim.—Ya para entonces el arzo- 
bispo de Méjico, apoyado en los estatutos de la acem que él mismo- 
había auspiciado, tenía hechas las designaciones de las personas que 


Méjico Cristeto i 487 


habían de integrar la Junta Central y los Comités Centrales de las 
cuatro ramas fundamentales de la acm. Estas designaciones las dio a 
conocer el 26 de abril de 1930, es decir, antes de recibir su propio 
nombramiento oficial de director pontificio de lá Acción Católica Me= 
jicana y de que hiciese la pública promulgación delos estatutos de 
esta Institución, “a nombre del mismo episcopado”, que le confería tal 
derecho. a 

En algunas diócesis del país los Grupos y Comités Diócesanos de 
la acīm ya habían iniciado, a su vez, su propia reorganización. como 
en Guadalajara, donde fue designado presidente del Comité Diocesano 
Vicente Camberos Vizcaíno, quien se dirigió por escrito a la Junta Cen» 
tral de la acm solicitando información sobre el Comité Central de la 
ACJM —antiguo Comité General—, informándosele que el personal que 
lo integraba “por designación del ilustrísimo y reverendísimo señor 
doctor don Pascual Díaz, arzobispo de Méjico”, era el siguiente: 

Asistente eclesiástico, presbítero Luis Garibay; presidente, licen 
ciado Luis Garduño; secretario, doctor Raúl Velasco Zimbrón; 'pro= 
secretario, ingeniero Ignacio Galarza; tesorero, Felipe Castro; proteso- 
rero, Rafael de la Lama; vocales: Salvador Noriega, Antonio Martínez 
Anaya y Salvador María Campos. : os 

Con fecha 19 de junio de 1930 dicho Comité Central, instalado en 
la calle de Motolonía 9, de Méjico, D. F., giró una circular a todos los 
prelados de la República para darse a conocer y ponerse a sus órdenes. 
De 33 ejemplares de la circular enviados, contestaron únicamente 16 

“obispos, algunos en forma encomiástica por «los. sentimientos de: res- 
«peto y obediencia que manifiesta el Comité hacia la Santa Iglesia Cató- 
Hea, Apostólica, Romana y a la jerarquía de la misma Iglesia en nuestra 
patria», y otros simplemente acusando recibo de la circular. 

Sin el apoyo unánime del episcopado, los primeros pasos para im- 
plantar las nuevas organizaciones de acción católica se dificultaron, y 
hubo necesidad de hacer más ajustes y rectificaciones para encontrar, 
meses después, un camino propicio para su desarrollo nacional. 


Juventud Cívica.—Los más destacados miembros de la acsm en el 
Distrito Federal, contando con la anuencia y consejo del padre Ber- 
nardo Bergoénd, fundaron en la capital de la República una nueva 
agrupación de carácter cívico-social, el día 12 de marzo de 1930, a la 
que le dieron el nombre de “Juventud Cívica”, cuyos estatutos conden- ' 
saban, en breves palabras, el contenido de la nueva institución: 


488 Antonio Rius Facius 


«Capítulo primero.—Naturaleza y Organización. 

» Art, 1° El Grupo “Juventud Cívica” es una agrupación juvenil 
de formación cívica. 

» Art. 22 Tiene: a) por fin, trabajar porque se implante en Méjico 
la libertad civil; b) por regla, la más plena sumisión a la doctrina de la. 
Iglesia Católica y a las enseñanzas de la Santa Sede; e) por medios, 
la piedad, el estudio y la acción cívica. 

»Art. 39 El lema de la agrupación es Dios y Patria.» 

La mesa directiva fue integrada por Luis G, Ruiz y Rueda, presi- 
dente; José Márquez, secretario; Javier Ruiz y Rueda, tesorero, y 
vocales: Octavio Elizalde, José Luiz Orozco, David Thierry y Andrés 
Barquín, todos ellos acejotaemeros de prestigio. No obstante, para evi- 
tarse fricciones con algunas autoridades eclesiásticas que pudieran juz- 
garlos como rebeldes a sus consignas, en el mismo documento funda- 
cional afirmaron: «Que el Grupo Juventud Cívica no es la extinta 
ACJM... y que adopta, no obstante, medios y sistemas que usó ésta, 
por estar probados como magníficos para fines de formación general...» 

Todos los componentes de esta nueva agrupación pertenecían desde 
tiempo atrás a la Liga, y dos de ellos, Octavio Elizalde y Andrés Bar- 
quín y Ruiz, dieron, simultáneamente en todas la Jefaturas Locales 
de la Delegación Regional de la Liga en el Distrito Federal, el primero 
enjundiosas lecciones sobre la educación cristiana de la juventud, y el 
segundo ilustrativas conferencias sobre la campaña de la Asociación . 
Católica de la Juventud Belga en defensa del Méjico católico, y clases 
de acción católica y acción cívica. 

«Después se organizaron las ruidosas Jornadas Cívicas de la Liga, 
que estuvieron a cargo exclusivamente del Grupo de Propagandistas 
Anacleto González Flores, formado por el mismo Elizalde, quien lo 
dirigía, estando integrado por acejotaemeros de la vieja guardia en 
el Distrito Federal, siendo todos ellos activos propagandistas del sema- 
nario católico La Palabra, de feliz recordación, regenteado y dirigido 
por dos. de ellos, José Murillo Erro y Andrés Barquín y Ruiz, respec=" 
tivamente, y del que era otro más jefe de redacción, Jorge Téllez 
Vargas, periódico que contó siempre con la simpatía activa y los con- 
sejos paternales de don Bernardo Bergoégnd, quien le remitió para su 
publicación, asiduamente, varios artículos por él seleccionados.» Y 

El espíritu arrojado y valeroso de los acejotaemeros no podía ser 
contenido y se desbordába generosamente, bañando de esperanza el 
ensangrentado suelo mejicano. 


XLI 


“POR DIOS Y POR LA PATRIA” 


Desbarajuste politico —Un. clamor que llega a Roma. ' 
Escarceos engañosos.—Triunfal reintegración de la 
ACJM. 


Desbarajuste político.—La política seguida por el régimen de la 
Revolución continuaba sin alternativas medulares, fiel a la consigna 
masónica de la imposición de hombres y principios. La mañana del 
"5 de febrero de 1930, decimotercer aniversario de la promulgación de 
la Constitución Política de la República Mejicana, el ingeniero Pascual 
Ortiz Rubio se hizo cargo de la Presidencia de Méjico ante un nume- 
-roso público que asistió al acto en el estadio nacional, ¡oh ironía!, cons- 
. truido por su popular opositor cuando éste había sido ministro de Edu- 
cación Pública, pocos años atrás. 

Portes Gil, el presidente saliente, fue designado ministro de Go- 
-bernación y en tal carácter tomó la protesta de ley a sus compañeros de 
gabinete en el palacio nacional. Al salir Ortiz Rubio de allí, acom- 
pañado de su familia y luciendo satisfechísimo su banda tricolor cru- 
zada al pecho, un hombre se acercó resueltamente al coche en que 
“viajaba y, con admirable sangre fría, disparó su pistola, hiriéndolo en 
el carrillo derecho. Ortiz Rubio fue trasladado al hospital de la Cruz 
Roja para hacerle las primeras curaciones de emergencia y allá fue a 
visitarlo en seguida su amo y protector, Plutarco Elías Calles. 

Daniel Flores, autor del atentado, fue sometido a las crueles tortu- 
ras, cuya aplicación era cosa de rutina diaria para aquellos rufianes 
con uniforme de policías, quienes llegaron a simular el fusilamiento 

489 


490 . Antonio Rius Facius 


de su padre para hacerlo confesar un móvil de su gusto, pero todo 
resultó inútil: él era únicamente ejecutor de la justicia por la que 
clamaba su pueblo burlado. Tras de esta fracasada investigación poli- 
cíaca, fue consignado al Juzgado Segundo de Distrito y sentenciado a 
sufrir 19 años, 9 meses y 18 días de prisión, 

El 22 de abril de 1932 Daniel Flores González amaneció muerto 
en el interior de su celda de la Penitenciaría del Distrito Federal: 
Había llegado al límite de su resistencia humana. 

Un mes había transcurrido desde aquella luminosa mañana del mes 
de febrero, cuando fueron encontrados, en las inmediaciones de Topi- 
lejo, un pueblo cercano al Distrito Federal, los cadáveres semisepul- 
tados y en franco estado de descomposición de más de un centenar 
de hombres que habían sido ahorcados. ¡Todos ellos simpatizadores de 
«la oposición, que fueron sacrificados para saciar la sed de venganza de 
un hombre a quien un disparo le desfiguró el rostro y le entenebre-: 
ció de miedo el alma! 

Estos acontecimientos no eran los más a propósito para sembrar 
confianza en el pueblo ni en el gobierno, y las medidas de coacción 
contra la Iglesia y los fieles fueron nuevamente extremándose. 


Un clamor que llega a Roma.—El Comité Directivo de la Liga Na-. 
cional Defensora de la Libertad acordó dar a conocer a la Santa Sede 
la verdadera situación que prevalecía en Méjico y, a mediados de 1930, 
llamado por el desterrado obispo de Huejutla a San Diego, California, 
llegó a entrevistarse con él, Miguel Palomar y Vizcarra, vicepresidente: 
de la Liga. En dicha entrevista tomaron el acuerdo de que fuese- pers: 
sonalmente el licenciado Palomar a Roma. Éste, dé nuevo en Méjico,: 
redactó, con la colaboración de José Serrano Orozco, recién llegado. 
de la Ciudad Eterna, Manuel Puga y Acal y el licenciado Ceniceros: 
y Villarreal, el memorándum que había de presentar a la Santa Sede.. 
El día 10 de septiembre de 1930 dicho documento fue firmado por una 
treintena de socios de la Liga encabezados por los miembros de su 
Comité General y, tres días después, se embarcaba en Veracruz el 
licenciado Palomar con su familia rumbo a Europa, llevando en sus 
maletas los importantes papeles. 

Sin que para ello hubiese habido un previo acuerdo, el día 24 de 
ese mes firmaba el obispo de Tacámbaro, Mons. Leopoldo Lara y To- 
rres, un estupendo estudio sobre la situación en Méjico, a un año de 
distancia de los arreglos, concřetado en estos tres puntos: 


Médico Cristero 491 


1.—Estado de la diócesis de Tacámbaro y las dificultades que había 
tenido para regresar a ella, 

2.—La situación general en que había quedado la Iglesia, y ; 

3.—Consultas sobre algunos puntos para obrar en cumplimiento de 
sus deberes pastorales.*? : 

La gran extensión de tan precioso documento me impide reprodu- 
cirlo. en su integridad aunque refleja, como ninguno, la angustiosa 
situación reinante, a la que no se le veía ninguna solución inmediata 
favorable, como lo afirmaba clara y categóricamente en el siguiente 
resumen: 

«a) Ha sido reconocida la jerarquía eclesiástica; pero ese recono- 
cimiento no tiene base legal ninguna. 

»b) Se encontró una fórmula para que pudieran reanudarse los 
cultos; pero esa fórmula no satisface para obtener la libertad de la 
Iglesia. 

»c) Que a los fieles se les pudiera impartir instrucción religiosa 

en los templos; pero de nada servirá esa instrucción, si en las escuelas 
se les enseña lo contrario. 

«d) Que a los fieles se les pudiera impartir en los templos instruc- 
ción religiosa por los sacerdotes católicos; pero esa libertad no es bas- 
tante, y actualmente está muy mermada. 

«e) Que solamente los sacerdotes católicos aprobados por obispos 
pudieran recibir los templos de ese mismo culto; pero esto no lo ha 
cumplido el gobierno, y en lo que ha cumplido ha sido a cambio de 
humillaciones, restricciones y menoscabo de los derechos de la Iglesia. 

»f) Que los católicos tuvieran expedito el camino para pedir la 
reforma de las leyes; pero este camino ha resultado enteramente inútil 
e ilusorio. ~ 

»g) Que por el camino de buena voluntad habríamos de llegar a 
la completa solución del conflicto religioso; pero como no hay ni habrá 
buena voluntad de parte del gobierno, nunca llegaremos a esa com- 
pleta solución.» Y i 

Su punto de vista era justo, pues por el camino de las complacen- 
„cias y del arte de ganar perdiendo, la Iglesia y el pueblo se encontra- 
.ban peor de lo que estaban. 

El día 25 de octubre llegó a Roma el licenciado Palomar y Vizcarra. 
En la estación lo esperaban el reverendo padre Esteban Picón, reli- 
“gioso josefino; el presbítero Enrique de Jesús Ochoa, ejemplar cape- 
llán castrense de Colima; el general cristero Miguel Anguiano, quien 


A A A A a 
492 Antonio Rius Facius 
al finalizar la epopeya había sido enviado por sus superiores a termi- 
nar su carrera sacerdotal —lo que tuvo lugar en 1934— en el Colegio 
Pío Latino Americano; y finalmente José Antonio López Ortega, secre- 
tario general de la Unión Internacional de Todos los Amigos de la 
LNDL (VITA-Méjico). 2 

No es del caso relatar pormenorizadamente los pasos dados por el 

vicepresidente de la Liga para hacer llegar la documentación que por- 
taba a las altas esferas de la Santa Sede. En la noche del 7 de noviem- 
bre fue recibido por el cardenal Buenaventura Cerreti, a quien expuso 
de palabra el mensaje de que era portador y entregó los memoriales 
originales, sus anexos y un ejemplar de un libro blasfemo editado bajo 
los auspicios del Gobierno de Méjico en los Talleres Gráficos de la 
Nación: La Iglesia Católica ante la crítica en el pensamiento y en 
el arte. 

Los memoriales, en la parte correspondiente a los procedimientos 
' y criterio seguido para establecer la Acción Católica Mejicana por los 
monseñores Díaz y Barreto y Ruiz y Flores, contenían estas graves 
inculpaciones: 

«5).—Destruir la antigua Asociación Católica de la Juventud Meji- 
cana (ACIM). 

»6).—Esforzarse en hacer otro tanto con la Liga, a pesar de que 
ésta y aquélla, como instituciones defensoras de la religión y de la 
patria, no.han tenido, por su índole, su prestigio y su fortaleza, pre- 
cedentes en la historia de Méjico. 

»7).—Organizar con festinación la acción católica sobre bases fal- 
sas: a) sugiriendo un concepto mutilado, estrecho, impropio de esa 
acción católica, puesto que se la declara cosa extraña a la acción política 
de“defensa contra las agresiones del Estado y se procura hacer olvidar 
- ose aparenta ignorar qué punto fundamental, en estos momentos, es la 
conquista legal de la libertad religiosa. Así se desvía el celo de los 
espíritus fervorosos hacia otras actividades menos eficaces: mucha teó- 
ría, planes grandiosos, proyectos admirables de organización, trabajos. 
preliminares para un futuro remoto y, poniendo así, obstáculos graves 
al trabajo inmediato, indispensable y enérgico. b) Destruyendo o mu- 
tilando organismos de acción católica cuya vitalidad había sido ya bien 
probada, y ello con el pretexto de mejorarlos y de ajustarlos a las 
normas de la acción católica: todo esto se ha hecho con notoria falta 
de caridad para con las agrupaciones existentes. c) Suscitando pugna 
entre la acción cívica y la acción católica porque se les hace aparecer, 


Méjico Cristero l 493- 


si no de palabra, sí de hecho, como extrañas entre sí, por más que 
‘ambas deban desarrollarse unidas y sosteniéndose mutuamente. Los 
procedimientos seguidos aquí son en un todo contrarios a lo que Vues- 
tra Santidad ha fijado en su alocución a la “Francia del Trabajo”, de 
fecha 19 de mayo del corriente año, porque la Acción Católica Meji- 
cana, según las prácticas seguidas desde que se inició su organización, 

no aúna, o unifica; no coordina, sino absorbe; no agrupa, sino pro- 
miscúa. » 5 ; 

“Una vez enterado del contenido de los pra el cardenal Ce- 
rreti los dio a conocer, días más tarde, a su santidad Pío XI, y le 
mostró el libro blasfemo, que fue incluido en el Indice. 

El día 19 de noviembre de 1930, recibió el cardenal Eugenio Pacelli 
—posteriormente glorioso papa Pío XII— al licenciado Palomar y Viz- 
‘carra. En aquella audiencia el secretario de Estado del Vaticano se 
dio por enterado de los memoriales por haberlos leído —Jijo— “letra 
.por letra”. Y diez días después tuvo, el vicepresidente de la Liga, una 
audiencia especial con el Papa, a la que asistió acompañado del padre 
Picón, del presbítero Ochoa, del general Anguiano Márquez y de López 
Ortega. 

Sabedores de su viaje y presumiendo los motivos que lo habían pro- 
vocado, el arzobispo de Méjico y el delegado apostólico se apresuraron 
a informar a determinados personajes de la Santa Sede, de acuerdo 
con su particular criterio y conveniencia, sobre ciertos aspectos de-la 
personalidad de Palomar y Vizcarra y la Institución que representaba, 
por lo que, tan pronto fue recibido en algunas partes con verdaderas 
muestras de aprecio, como con manifiesta frialdad en otras. Sin em- 
“bargo, el vicepresidente de la Liga pudo ver cumplida la misión que se 
le. había encomendado, que era la de hacer llegar el angustioso mensaje 
delos católicos mejicanos a las altas esferas del Vaticano. 


Escarceos engañosos.—Los resultados de su empresa pronto se ma- 
-nifestaron. : 

Días antes de que el cardenal Cerreti recibiera los memoriales > 
“su documentación adjunta, Mons. Díaz y Barreto había llamado, en la 
ciudad de Méjico, al reverendo padre Bergoénd, para manifestarle que 
tenía verdaderos deseos de que la Asociación Católica de la Juventud - 
Mejicana quedara definitivamente integrada a la acm. 

El antiguo asistente eclesiástico de la Asociación le respondió que 
eso era precisamente lo que él y los acejotaemeros habian estado pi- 


494 3 ` Antonio Rius Facius 


diendo, siempre y cuando, como constaba en los escritos presentados 
un año antes a la Comisión Organizadora de la Acción Católica- Meji- 
cana, no fuese desvirtuado el espíritu de la acim sino que, simple- 
mente, se acondicionasen sus estatutos al nuevo organismo centra- 
lizador. Con todo respeto, pero a la vez con su peculiar franqueza, 
le hizo notar al arzobispo la justicia de esa postura tan tesonera cuanto 
brillantemente defendida. - 

Mons. Díaz y Barreto se mostró conforme en todo y pidió al padre 
Bergoénd que redactase un memorándum con lo dicho y que se lo 
presentara para responder, a su vez, también por escrito. El padre 
Bernardo Bergoénd hizo lo que se le pedía; sin embargo, la respuesta 
dada a su memorándum no se ajustó a lo convenido, pues estaba .re- 
dactada en términos harto ambiguos. 

En una nueva entrevista, el reverendo padre Bergoénd propuso al 
arzobispo hacerse cargo nuevamente de la Asociación, siempre y cuando 
se le diera libertad suficiente para actuar y escoger a sus más allegados 
colaboradores entre los miembros del disuelto Comité General de la 
Institución. Mons. Díaz y Barreto aceptó y el antiguo asistente ecle- 
siástico general de la desaparecida Asociación comenzó a llamar a sus 
muchachos para planear la reorganización de la acm en toda la Re- 
pública. 

En esta labor lo sorprendió el inasjerulo nombramiento que el 
arzobispo de Méjico hizo, el día 8 de noviembre de 1930, «en virtud 
de los derechos que como director pontificio de la acm y con la facul- 
tad que» le concedían los estatutos de la misma, de los componentes 
de las nuevas Juntas Central y Diocesana, y los Comités Centrales y 
Diocesanos de la Acción Católica Mejicana. 

Los nombramientos de los miembros que integraban el nuevo Co- 
mité Central de la Acīm no correspondían a las personas propuestas - 
por el padre Bernardo Bergoénd, aunque él sí figuraba como asistente 
eclesiástico general. 

Como presidente había sido designado el ingeniero Ignacio Galarza, 
. en lugar del licenciado Luis Garduño, que había figurado hasta enton- 
ces en dicho puesto del Comité Central Provisional de la Asociación. 

La primera reunión del nuevo Comité, a la que convocó el presi- 
“dente de la Junta Central de la acm, Luis G. Bustos, se celebró el día 
24 de noviembre de 1930. 

Quince minutos escasos duró aquella junta, en la que el sacerdote 
jesuita «adoptó una actitud imprecisa y reticente en los poquísimos 


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Méjico Cristero- - : , . 495 


puntos que se pusieron a la consideración de los allí reunidos, tra- 
tando de retardar para más adelante la resolución de los mismos. 
Esta actitud no pasó desapercibida para los jóvenes, quienes la tradu- 
jeron en una falta de confianza para ellos...» y presentaron a Luis 
G. Bustos la renuncia de sus cargos. 

El padre Bergoënd, en una conversación privada que tuvo a con- 
tinuación con el presidente de la Acción Católica Mejicana, le aseguró 
que Mons. Díaz le había ofrecido reinstalar, por mitad, a los antiguos 
directores de la acm en el nuevo Comité Central de la Asociación. 
Esto mismo le fue confirmado a Luis G. Bustos por el reverendo padre 
Alfredo Méndez Medina y el licenciado Villela, testigos del ofreci- 
miento del arzobispo. 


Triunfal reintegración de la acsm.—Mientras tanto, se hicieron sen- 
tir los efectos de las quejas y las súplicas enviadas a Roma, desde donde 
llegó un mensaje al director pontificio de la Acción Católica ¡para 
que la acm, con su viejo espíritu y sus heroicos socios, fuese repuesta 
en el cuerpo de la nueva organización de Acción Católica. Pronto 
trascendió la noticia, y fue tan abiertamente festinada, que Mons Díaz 
se vio obligado a negar la procedencia de la orden recibida para resta- 
blecer la ACIM, 

Los últimos días del año de 1930 los dedicó el benemérito funda- 
dor de la Asociación al estudio y anotación de la Carta quae nobis... 
del papa Pío XI al excelentísimo cardenal Bertram, obispo de Breslau, 
sobre los principios y fundamentos generales de la Acción Católica, 
que los primeros días de enero de 1931 fue editada con el membrete 
de la Asociación Católica de la Juventud Mejicana, para sus círcu- 
los de estudios sociales. 
© La Acm™m surgía nuevamente a la vida nacional con un texto pon- 
-tificio que venía a justificar, plena y definitivamente, su razón de ser 
«y su gloriosa trayectoria. 

Y por fin, el 25 de enero de 1931, fueron dados a conocer “por la 
renuncia que presentó ante el ilustrísimo señor arzobispo de Méjico, 
.El Comité Central de la acm”, los nombres de los acejotaemeros que, 
de acuerdo con el visionario padre Bernardo Bergoénd, S. J., integra- 
ban el nuevo Comité Central de la resucitada y gloriosa Asociación 

“Católica de la Juventud Mejicana: 
«Asistente eclesiástico: R. P, Bernardo Bergoénd, S. J. 
»Presidente: Sr. D. José Márquez. 


496 o Antonio Rius Facius” 


»Vicepresidente: Sr. Ing. D. Ignacio Galarza. 

»Secretario: Sr. D. Manuel Dávalos Lozada. 

»Tesorero: Sr. D. David Roldán. 

»Vocales: Sr. D. Luis Vargas. 

»Sr. D. Pablo Sarre D. 
»Sr. Lic. D. Luis Garduño. ' : 5 
»Sr. D. Salvador Noriega. 

»Sr. D. J. Antonio Martínez Anaya.» 

La Acym reiniciaba su marcha. El nuevo Comité Central, instalado 
en el domicilio del Secretariado Social Mejicano, celebró frecuentes. 
„reuniones para rehacer su organización y entrar en contacto con todos 
los Grupos y Comités Diocesanos subsistentes en la República. 

El día 2 de febrero de 1931 dirigió a éstos su circular B-1, en - 
la que les daba a conocer los nombres de todos los que lo inte- 
graban, incluso el de los secretarios de las provincias eclesiásticas, 
y que eran: de Durango, Rosendo O. Saldoval; de Monterrey, Fran- , 
“cisco Sánchez H.; de Guadalajara, Manuel Pacheco; de Michoacán, 
Juan Gutiérrez Lascuráin; de Méjico, Manuel Velázquez; de Puebla, 
Luis Morales; de Oajaca, David Thierry; de Yucatán, Félix Galindo y 
“Díaz Bonilla. 

En el texto de esta circular, firmada por el presidente y el -secre- 
tario del Comité Central, surgía remozado el viejo espíritu de lucha, 
entusiasta, confiado y generoso, de la juventud católica de Méjico. 

«El Comité Central de la acm —decía la circular— espera funda- 
mentalmente de los Grupos y Comités, y de cada uno de los miembros 
de nuestra Asociación, una entusiasta y decidida cooperación. El fuego : 

juvenil que ello requiere, en esta nueva etapa de nuestra amada ACJM, 
hoy más que nunca es urgente y necesario. : 

 »Así, pues, el propio Comité excita a los organismos de la Asocia- 
ción que a la fecha se encuentran funcionando, a que prosigan su obra 
llena de aliento, y, a los que hubieren entrado en receso desde el 31 de 
diciembre de 1929, fecha de la última circular del Comité General, 
a surgir nuevamente a la vida mediante una pronta y activa reorga- ` 
nización, conforme a los Estatutos de la Acción Católica Mejicana, a fin 
de que sean nuestros trabajos de ahora verdadera continuación de los 
anteriores.» 5 

Aquel paso trascendental para la acim, al quedar definitivamente . 
incorporada a la Acción Católica Mejicana, conservando sus primiti- 
vos estatutos y su probado espíritu de lucha, fue recibido con bene-. 


Méjico Cristero 497 


plácito general, tanto por los antiguos y nuevos acejotaemeros, como 
por el episcopado mejicano, borrando diferencias de criterio y reser- 
vas mentales, porque, como lo demostraba la primera publicación oficial 
hecha por la Asociación, al ser reorganizado su Comité Central, el con- 
cepto claro de la verdadera acción católica no era diferente, ni mu- 
-cho menos opuesto, al sustentado en la letra y en la práctica por la 
.ACJM a través de sus años de vida inquieta y fecunda. 

Tal cosa quedó plenamente confirmada en el contenido de las cartas 
enviadas por 23 prelados al Comité Central de la Institución acusando 
recibo de la circular B-1;, girada por éste. 

De las primeras congratulaciones recibidas fue la escrita por el 
delegado apostólico, Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo de Mo- 
relia, en la que decía: 

«Felicito sinceramente a ese H. Comité Central de la acm y viva- 
mente deseo que pueda trabajar activa y fructuosamente, para lo cual 
envío a todos y cada uno de los miembros que lo forman, mi bendición 
especial.» 

Desde su amargo destierro, Mons. José de Jesús Manríquez y 
Zárate envió a sus viejos amigos acejotaemeros un mensaje optimista: 

«Dios Nuestro Señor quiera bendecirlos y fortificarlos para que 
luchen sin cesar por el triunfo de la causa de Cristo en nuestra hoy 
atribulada patria. » 
` “Y añadía más adelante en su carta autógrafa: 

«¡Adelante, pues, esforzados jóvenes!, cooperemos con la Providen- 
cia'a la obra de nuestra liberación!» 

Mons. José María González y Valencia, arzobispo de Durango, tam- 
“bién escribió con no disimulado placer: 

«Verdadero gusto y gran satisfacción produjo en mí el ver figurar 
al padre Bergoénd, a quien todos los viejos acejotaemeros queremos y 

“admiramos, como asistente eclesiástico del Comité Central. Estoy se- 
guro que, con la dirección del referido padre, la Institución marchará 
bien, y todos ustedes trabajarán llenos de entusiasmo por la causa de 
Dios.» 

El obispo auxiliar de Tulancingo, Mons. Luis Benítez y Cabañas, 
antiguo jesuita, en carta autógrafa escribió estas frases: 

<... felicito cordialmente a la valiente Asociétión que tan bien ha 
merecido de la Iglesia y de la patria desde su fundación... y como la 
conozco a fondo, por las íntimas relaciones que tuve siempre con su 
MÉXICO CRISTERO.—32 


498 Antonio Rius Facius 


A 


fundador, y después con la misma ACJM, pediré siempre a Dios N. S. la: 
siga bendiciendo, como yo también de corazón la bendigo.» 

No podía faltar el mensaje del arzobispo de Guadalajara, Mons, 

Fráncisco Orozco y Jiménez, redactado en estos bellos términos: 
i «... quiero, una vez más, manifestarles mi especial simpatía por 
esta agrupación de la Acim, que tiene un glorioso pasado y más que 
todo un risueño porvenir; esperando que trabajará con todas sus fuer- 
zas por extender el reinado de Jesucristo Rey en nuestra patria.» 

Por último citaré las frases que Mons. José Otón Núñez, arzobispo 
de Antequera, dedicó a la Asociación, síntesis y resumen de la opinión 
unánime de sus hermanos del episcopado: 

«Me congratulo por la reanudación de las actividades del Comité. 
Central de la benemérita acīm y pido a Dios Nuestro Señor que, como 
siempre, esa Asociación que tiene un pasado tan glorioso, siga siendo 
él almácigo de hombres grarides y 'abnegados hasta el heroísmo, aman- 
tes de su Dios y de su patria.» * 

La Asociación Católica de la Juventud Mejicana, ahora convertida 
“en una de las cuatro ramás fundamentales de la Acción Católica Meji- 
cana, en pie firme, se aprestaba nuevamente a proclamar y defender 
con obediencia filial hacia el episcopado, como siempre lo había hecho, 
su fe cristera, su devoción guadalupana y su amor sin límites a Méjico: 

Con diáfana sonrisa y gesto varonil enarboló su gloriosa e invicta 
bandera, conocida y admirada en el mundo entero, en la que, al pie 
de su hermoso escudo, formado por la imagen de Santa María de Gua- 
dalupe, bordeada por la cruz de Malta, destacaba su lema. incompa- 
rable, grito de victoria y síntesis de sus altos ideales: 


“Por Dios y por la Patria”. i 


A DIOS GRACIAS. 


DELEGACION APOSTOLICA ; Al contestar eftese este Núm ..... 
: 220 MEXICO, D. F, > 


CALLE DE PUEBLA No, 249 
Asunto: 


23 de Febrero de 1931. 


Señores. 
José Márquez y 
Manuel Dávalos Lozada 
Presidente y il del 0.0. 
de la "A.C.J.M 
Motolinía, 9. 
CIUDAD. 


Muy amados hijos en Cto.: 

Con verdadera complacencia me enteré dei 
contenido de su atenta carta del 18 del actual y 
de la Circular No. B-l. 


Felicito muy sinceramente a ese H.Comité 
Central de la A.C.J.M.y vivamente deseo que pueda 
trabajar activa y fructuosamente,para lo cual,en- 
vío a todos y cada uno de los miembros que lo for- 


men mi bendicióm muy especial. 


De Udes. Afmo. P. en Cristo: 


bispo de More 


a APOSTOLICO, 


Carta de Congr atulación enviada por Mons. 1 
Ruiz Yy Flores al Comité Centra 
de la ACJM. 


OBRAS Y DOCUMENTOS CITADOS | 
EN EL TEXTO 


10 


11 


Acta de la Inspección de Policia del 19 de noviembre de 1927. Diario Nove- 
dades, de Méjico, D. F., noviembre y diciembre de 1956, 

ACEVEDO Y DE LA LLATa, Ma. Concerción. Obregón (Memorias inéditas de Ya 
Madre Conchita). Libro-Méx, editores. Méjico, 1957. , 

Archivo del autor. 

Archivo de la Junta Central de la acm. 

Archivo del Comité Central de la ACJM. 

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zón de Maria. Madrid, 1927. 

Arroyo, Paro. Anonro. Memorias de un sacerdote de Zacatecas. Obra inédita, 
copia en mi archivo, 

BaLDERRAMA, Lurs C. (seudónimo del periodista José González). El clero y 
el gobierno de Méjico. Editorial Cuauhtémoc, 1927, 

Banraas GaLvÁn, Mons. Francisco. Correspondencia del obispo de Querétaro, 
Archivo Comité Central ACJM. 

Barquín y Ruz, Annrés. Copia en mi archivo de las siguientes obras inéditas: 
Octavio Elizalde y Ramos Natera.—Semblanza de Miguel Palomar y Vizcarra, 
—El R. P. Bernardo Bergoénd, S. J.—El santo y heroico Mons, José Mora y del 
Río.—El gran mártir coronel cristero Ignacio Navarro Origel.—Enrique Goros- 
tieta y Velarde, generalisimo cristero, 

Barquín y Ruiz, Anbrís, Los mártires de Cristo Rey. Editorial Criterio. 
Méjico, 1937, 

Branco Gu, Joaquín (seudónimo de Andrés Barquin y Ruiz). El clamor de 
la sangre. Editorial Rex-Mex. Méjico, 1947. 

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de la LNDER, copias en el archivo del autor. 

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1943, ; 
503 


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506 Bibliografía 


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72 SCHLARMAN, Josep H. L. Méjico, tierra de volcanes, Editorial Purrúa, Méjico, 
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33 SPECTATOR (seudónimo del Pbro, Enrique Ochoa). Los cristeros del volcán: de 
Colima. Editorial Veritas. 

T4 Sopr DE PALLARES, Marfa ELENA. Los cristeros y José de León Toral. Editorial 
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15 Sopr DE PALLARES, María ELENA. Historia del último conflicto «religioso. Revista 
Jueves de Excélsior, 

716 Toro, ALFONSO, La Iglesia y el Estado en Méjico. Publicaciones del Archivo 
General de la Nación. Méjico, 1927. 

77. VasconcELOs, José. La Flama. Cía, Editorial Continental. 1959. 

18 VELÁZQUEZ, PERO. PEDRO. El Secretariado Social Mejicano. Méjico, 1945, 

79 Colecciones de los diarios de la época, 

$0 La epopeya cristera y la iniciación de un derecho nuevo, 1938. Sin pie de 
imprenta. 


INDICE 


CAPITULO 1 


CONSPIRACION CONTRA LA IGLE- 
- SIA.—El perfil de la persecución.— 
Primeros escarceos periodisticos.—El 
rigorismo de la ley. c.occocicncncinincinn. 9 


CAPITULO II 


GALLARDA ACTITUD DE PROTES- 
` TA. —Carta apostólica. — Convención 
en Guadalajara.—Ataque al templo de 
la Sagrada Familia.—Protesta de la 


CAPITULO III 


LA ASOCIACION CATOLICA DE LA 

JUVENTUD MEJICANA ACTUA.— 
,- Consejos diocesanos.—Sexto Consejo 
„i Arquidiocesano de Puebla.—Segundo 
“+. Consejo Provincial de Monterrey.—En 
Zacatecas cunde el malestar.—Mani- 
+ ¡fiesto acejotaemero.—La' reglamenta- 
ción del artículo 130 en los estados.— 
San Luis Potosi rechaza la reglamen- 
tación.—Otros estados afectados. 31 


s CAPITULO IV 


ATAQUES A LA JERARQUIA CATO- 
LICA.—Expulsión del delegado apos- 
:tólico.—Valerosa actitud del obispo de 
Huejutla.—Memorial del obispo de Ta- 

. cámbaro.—Primera Carta Pastoral Co- 
«Jectiva, ca El 


` 507 


CAPITULO V 


PROMULGACION DE LA LEY CA- 
LLES.—Los atentatorios articulos de 
la Ley.—Integración del Comité Epis- 
copal.—Aprehensión de los directivos 
de la A 59 


CAPITULO VI 


¡BOICOT!—La Liga decreta el boicot.— 
La AciM propaga la resistencia pasi- 
“va.—Suspensión del culto público en 
los templos.—Efectos del boicot.—El 
bloqueo económico en Colima.—En 
León.—En Monterrey.—En Jalisco.— 
En Pénjamo y en Ciudad Juárez. 69 


CAPITULO VII 


PROPAGANDA IDEOLOGICA.--—Apoyo 


de la crom a Calles.—Primera contro. 
versia pública.—Segunda controver- 
.sia.—Tercera controversia, 


CAPITULO VIII 


EN BUSCA DE UNA SOLUCION LE- 
GAL.—Entrevista de los obispos con 
Calles.—El informe de Calles a las 
Cámaras.-—Memorial de los obispos.— 
Dos millones de firmas. ..ooomoc.. 95 


CAPITULO IX 


LOS CRISTEROS.—José García Far- 
fán.—Mortifero encuentro en Guada- 


508 


Indice 


lajara.—Los mártires de Chalchihui- 
tes—El principio de la lucha criste- 
ra. 107 


CAPITULO X 


HACIA LA DEFENSA ARMADA— 
Víctimas de Momax, Zacatecas.—Con- 
vención Nacional de la Liga.—Capis- 
trán Garza sale en busca del general 
Estrada. 119 


CAPITULO XI 


SILVA Y MELGAREJO. —Joaquín de 
Silva.—Manuel Melgarejo.—La parti- 
da.—El Sacrificio. .ococeococinonennanaoo=o 127 


CAPITULO XII 


LA GIRA DE RENE CAPISTRAN 
GARZA. Preparativos para la gira.— 
Con la Jerarquía Católica de los Es- 
tados Unidos. .---.-.------ -222-11211111 415+ 137 


CAPITULO XINH 


NUEVOS BROTES DE REBELION.— 
Luis Navarro Origel—Santiago Ba- 
yacora, Dgo. coccocooccncnononccnnnnccaniananaso 143 


CAPITULO XIV 


LOS PRELADOS MEJICANOS ANTE 
LA DEFENSA ARMADA.—Inculpa- 
ción a la Jerarquía católica.—Negati- 
va del Comité Episcopal.—Petición de 
la Liga al Comité Episcopal.—Declara- 
ción de la licitud del movimiento.— 
Declaraciones públicas de los prela- 
OS: ibi aiii 151 


CAPITULO XV 


LA DEFENSA ARMADA.—Comisión de 
obispos ante la Santa Sede.—Nom- 
bramiento de jefe del movimiento ar- 
mado.—Desconocimiento del gobierno 
callista.—Los conjurados. ............ 159 


CAPITULO XVI 


EL PLEBISCITO DE LOS MARTI- 
RES.—Ocultación del arzobispo de 
Guadalajara, —Primer brote cristero 
en Jalisco.—Anacleto González Flores 
frente a la situación.—La AcJm, pelda- 
ño de gloria.—Hacia el calvario.—Los 
hermanos Vargas González.—Luis Pa- 
dilla Gómez.—El triunfo del marti- 
rio. 169 


CAPITULO XVII 


FUEGO EN EL BAJIO.—Levantamien- 
to anticipado.—José Valencia Gallar- 
do.—Ezequiel Gómez.—Salvador Var- 
'“gas.—Nicolás Navarro.—Alistándose a 

la defensa.—Conspiración descubier- 

ta. .. 


CAPITULO XVIII 


COLIMA RECURRE A LAS ARMAS.— 
Dionisio Eduardo Ochoa.—Los prime- 
ros cruzados del Volcán.—Sangre de 
martirio, 197 


CAPITULO XIX 


LA REBELION CRISTERA SE EX- 
TIENDE.—Herminio Sánchez.—Pedro 
Quintanar.—El Martirio del Padre Co- 
rrea.—Los cristeros de El Saltillo.— 
Vanguardia cristera de Parras.—Con- 
cepción del Oro, Zacatecas. .......... 205 


CAPITULO XX 


LOS CRISTEROS DEL AJUSCO.—Ar- 
mando Téllez Vargas.—Solemne ju- 
ramento.—La campaña.—El diario de 
Manuel Bonilla.—En las garras del 
CEDOM sasos ai - AT. 


CAPITULO XXI 


DESTITUCION DE RENE CAPISTRAN 
GARZA.—Informe sobre los levanta- 


Indice 


509 


dos en arímas.—Destierro del obispo 
de Tabasco.—Gestiones fracasadas.— 
"Dos tendencias opuestas se encuen- 
tran en Roma.—Obligada renun- 
CÍA. isis 233 


CAPITULO XXI 


PANORAMA DE LA SITUACION.— 
Preparativos para la reelección pre- 
sidencial.—Asalto al tren de Guadala- 
jara—Gestiones de Luis G. Bustos.— 
El Partido Unión Nacional.—Oposi- 
ción de la acym al proyectado parti- 

241 


CAPITULO XXIII 


HEROINAS VICTIMAS DE LA PER- 
SECUCION.—Las Brigadas de Santa 
Juana de Arcó.—Mujeres ejempla- 
res.—Deportados al penal de las Is- 
las Marías.—Los mártires de San 
Joaquin. A 257 


CAPITULO XXIV 


INTENSIFICACION DE LA CAMPA- 
.¿ ÑA CRISTERA.—Navarro Origel al. 
canza señaladas victorias.—Jesús De- 
gollado Guizar, jefe de operacio- 
. nes.—Rabia impotente. .................. 271 


CAPITULO XXV 


OTOÑO DÈ 1927.—El general Goros- 
' tieta entra en la lucha.—Armando J. 
Ayala.—Miguel Gómez Loza.—Gober- 
nador de Jalisco.—Aprovisionamiento 
cristero.—Los bonos de la liber- 


" CAPITULO XXVI 


COLIMA EJEMPLAR.—Prosigue la lu- 
cha.—Avila Camacho ataca.—En la 
lista del martirio: Tomás de la Mo- 
ra.—Este es el cura Sedano.—Sal- 


vador Vizcaino.—Tragedia en el Vol- 
CA. a N RA RE 291 


CAPITULO XXVII 


LA OPOSICION ASESINADA.—Los 
tres candidatos.—Asesinato de Serra- 
no y sus acompañantes.—Asesinato de 
Gómez. 305 


CAPITULO XXVII 


INTERLUDIO SANGRIENTO.—Un ca- 
rácter: Luis Segura Vilchis.—El aten- 
tado contra Obregón.—La investiga- 
ción —El Crimen. ociociccccccicccanas 313 


CAPITULO XXIX 


SUR DE JALISCO, COLIMA Y ML. 
CHOACAÁN A PRINCIPIOS DE 1928. 
—Duplicidad de mando.—Acejotaeme- 
ros inmolados.—Preparación del ata- 
que y toma de Manzanillo. ........ 335 


CAPITULO XXX 


LA CRECIENTE LUCHA CRISTERA.— 
Somero balance de fuerzas.— Peores. 
nada.—Junta regional de autorida- 
des.—Muerte de Miguel Gómez Lo- 
za.—Ocaso de Luis Navarro Origel.— 
Heroica muerte de Ignacio Navarro 
Origel.—Martirio de José Sánchez del 
Río.—Sangre acejotaemera, ........ 345 


CAPITULO XXXI 


LA MUERTE DE OBREGON.—Nuevas 
reglamentaciones del artículo 130,— 
Ofensiva contra religiosas y semina- 
ristas.—Destrucción del monumento 
a Cristo Rey.—Cerrando el cerco a 
los tiranos.—La madre Conchita y Jo- 
sé de León Toral-—Misión tiranici- 

- da.—El juicio de los hombres.—El 
juicio de Dios. mcocicicionciicannnconmens 361 


510 


CAPITULO XXXII 


LOS ACEJOTAEMEROS EN ESTADOS 


UNIDOS.—La Unión Nacionalista Me- 
jicana.—La Unión Diocesana de la 
acim de California.—Doctrina so- 
Cal. a isa 381 


CAPITULO XXXIII 


FRACASADOS INTENTOS DE SOLU- 


CION.—Interés en Washinston.—In- 
tervención del arzobispo de More- 
lia.—Se afirma la posición politica 
de Calles.—Portes Gil y la oposi- 


MOD. is 389 


CAPITULO XXXIV 


LA GUARDIA NACIONAL.—El acejo- 


taemero Fidel Muro.—Alevosa muer- 


_ te de Marcos Torres.—El general Go- 


rostieta, jefe de la Guardia Nacio- 
nal—Consagración a Cristo Rey.— 
Actividades cristeras.—Rebelión esco- 
Parista: ecn smpn 401 


CAPITULO XXXV 


-TRIUNFO Y MUERTE DE GOROS- 


TIETA.—Perfiles de victoria.—El go- 
bierno en busca de una solución.— 
Agresiva requisitoria cristera.—La 
muerte del héroe. cocino... 417 


CAPITULO XXXVI 


LOS ARREGLOS.—El pretexto de unas 


declaraciones.—Los prelados y Mr. 
Morrow.—... si arreglos pueden Ila- 
MATIE naci e e 431 


Indice. 


CAPITULO XXXVII 


LICENCIAMIENTO DE LA GUARDIA 


NACIONAL.—Nuevo jefe supremo 
de la Guardia Nacional.—Condiciones 
impuestas a Portes Gi].—Ultimo menz `, 
saje a los cristeros.—Represalias. 445 


CAPITULO XXXVIII 


SUMISION DE LOS PRELADOS.— 


Los indiferentes. —Portes Gil confir- 
ma la derrota de los prelados.—El 
arte de ceder perdiendo.—Los últimos 
TSCOLAOS. cococococconannnco non concnnconor normas 455 


CAPITULO XXXIX 


LA ACIM CONDENADA A DES- 


APARECER.—Breve historia del Se- 
cretariado Social Mejicano.—Consig- 
na contra la acim.-——En defensa de la 
Acim.—Angustioso llamado. ........ 465 


CAPITULO XL 


DISOLUCION DE LA ACJM.—Antago- 


nismo de Mons. Díaz hacia la AcIM.— 
La Asociación, disuelta por la auto- 
ridad eclesiástica.—Intento de crea- 
ción de una nueva Acim.—Juventud 
Civitas Luis 479 


CAPITULO XLI 


“POR DIOS Y POR LA PATRIA”. — 
Desbarajuste político.—Un clamor que 


llega a Róma.—Escarceos engaño- 
sos.—Triunfal reintegración de la 
ACTM ti te 489 


SE TERMINO LA IMPRESION DE ESTE LIBRO 
EL DIA 10 DE NOVIEMBRE DE 1960, tN Los 
TALLERES DE LA IMPRESORA AZTECA, E. VE 
R. L, EN LA CALLE DE LOS ALMACENES 
NUMS. 19 Y 21 DE MEXICO, D. F.